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¿CÓMO ORIENTAR EL EJERCICIO DEL PODER REVOLUCIONARIO?

¿CÓMO ORIENTAR EL EJERCICIO DEL PODER REVOLUCIONARIO?

Para muchos en el planeta, la revolución socialista representa un cambio radical de las relaciones de poder vigentes. No obstante, pocos son quienes asumen con convicción que tal revolución, al transformar las relaciones de poder, tendría que hacer lo propio respecto a la transformación radical de la sociedad en general. Generalmente, esto último se percibe como algo utópico, muy difícil de lograrse, dando por descontado que el pueblo no se hallará jamás preparado para ello, por lo que será preciso acometer algunas reformas bien intencionadas para satisfacer parcialmente las demandas y aspiraciones populares, lo cual implica reforzar las viejas estructuras del Estado que debiera abolirse para instaurar en su lugar otro con características completamente diferentes, tanto en lo que concierne a la soberanía como a la participación protagónica del pueblo. 

Así, el ejercicio del poder revolucionario tendría que orientarse en todo momento al desmontaje del Estado burgués vigente, facilitando las condiciones objetivas para que el poder popular se convierta en el motor fundamental de los diferentes cambios políticos, sociales, culturales y económicos que deben implantarse, de manera que éste reafirme su condición política y revolucionaria con atributos constituyentes, confrontando la lógica y estructuras que sustentan dicho Estado. Esto exige que no exista ausencia de autonomía y de rebeldía por parte de los diferentes colectivos revolucionarios, articulados entre sí, pero cada uno luchando por consolidar la revolución socialista según su ámbito y perspectivas de lucha. En tal sentido, la revolución socialista debiera constituirse desde diversos centros de dirección colectiva, sin la verticalidad que muchas veces se impone creyendo que, de esta forma, se hace más eficiente la lucha revolucionaria, ignorando el papel esencial que deben cumplir en todo momento las asambleas populares a la hora de las decisiones y de la planificación. Esto no puede verse como simple concesión sino que debe marcar la evolución de todo proceso revolucionario si se aspira a su profundización y continuidad, una vía insoslayable para lograr la erradicación definitiva de los valores y de la ideología capitalistas-representativos imperantes.

Sin embargo, hay que señalar que sin una apropiada formación teórica revolucionaria -en constante verificación frente a la realidad circundante- esta aspiración resultará nula, a pesar de ponerse en vigencia leyes de todo tipo que estén determinadas por un alto contenido reivindicativo que hagan pensar que ello es el socialismo revolucionario. Esta última tarea revolucionaria es algo permanente respecto al ejercicio del poder revolucionario. Además, exige mucha crítica y autocrítica de parte de los revolucionarios, de modo que se imposibilite cualquier especie de dogmatismo que termine por inmovilizar toda iniciativa revolucionaria, alejando la posibilidad de derrocar la realidad creada según los intereses del capitalismo.- 

4F-92, ¿REBELIÓN MILITAR O SACUDIDA POLÍTICA?

4F-92, ¿REBELIÓN MILITAR O SACUDIDA POLÍTICA?

Más que el típico golpe de Estado -de los muchos que han marcado y trastocado la historia de la mayoría de las naciones de nuestra América, dominadas tradicionalmente por  “elites” inmorales, parásitas y antisociales- la insurrección del 4 de febrero de 1992 en Venezuela merece catalogarse como un alzamiento patriótico que vino a develar el grave estado de desnacionalización neoliberal y de descomposición moral acelerada que se cernía sobre el pueblo venezolano. Este innegable hecho histórico parece perderse entre el anecdotario y la exaltación del entonces líder del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, ahora convertido por obra y gracia de la voluntad popular en Presidente de la República Bolivariana de Venezuela; quedando siempre abierta la posibilidad de un análisis más exhaustivo y objetivo de las múltiples circunstancias que lo hicieron realidad, enriqueciendo así el pensamiento crítico revolucionario.

Ya antes, la espontánea protesta popular del 27 de febrero de 1989 había evidenciado de manera contundente cuál era la realidad que rodeaba a la partidocracia vigente en Venezuela desde 1958 cuando el estamento político-gubernamental se vio completamente deslegitimado por los sectores populares. A partir de tal fecha, sin un programa político revolucionario a la mano, el país estaba a la búsqueda de alternativas frente a la corrupción impune de quienes lo dirigían, situados en una realidad totalmente distinta a la vivida a diario por la mayoría de venezolanos excluidos.

Como lo refleja Kléber Ramírez Rojas en 1994, en el preámbulo de su libro Historia documental del 4 de febrero, “se produjo un deslinde en la sociedad venezolana entre los eternos usufructuarios del poder y la nación entera, la cual, al captar días después la esencia democrática que motivó esa gesta, le brindó su total solidaridad y apoyo. Esta acción elevó considerablemente el nivel político de la sociedad venezolana hasta alturas no vistas después del 4F. Hoy en día, independientemente del letargo en que se encuentre el pueblo, sabemos que allí hay ideas y sentimientos políticos más claros que antes del 4F-92”. Esto da cuenta de la dimensión política que comenzó a adoptar la rebelión militar, no obstante haber sido aplastada por las fuerzas leales al gobierno de Carlos Andrés Pérez, algo que aún siguen sin explicarse convincentemente algunos analistas e historiadores, lo cual confirma el abismo existente entre el pueblo empobrecido, a pesar de la riqueza petrolera, y quienes se erigieron como sus conductores iluminados.

Por ello es válido calificar de sacudida política lo realizado por los militares y civiles del MBR-200, dándole una estocada mortal al régimen instaurado bajo los lineamientos del Pacto de Punto Fijo, algo de lo que nunca pudo recuperarse y que, por supuesto, siguen sin aceptar sus principales beneficiarios, pero que -entre los sectores populares- tiene una connotación de renovación y de esperanza, otorgándose a sí mismos la oportunidad de protagonizar los cambios que harán más participativa la actividad política y más digna su propia vida. Esto, sin embargo, sigue siendo apenas uno de los muchos ángulos desde los cuales se pudiera caracterizar la rebelión cívico-militar del 4F, cuyo nuevo aniversario debiera estimular en todos los venezolanos una más amplia comprensión, dadas sus repercusiones en el presente y en el futuro del país.-

EL DOMINIO IMPERIALISTA DE LAS TRANSNACIONALES

EL DOMINIO IMPERIALISTA DE LAS TRANSNACIONALES

 

El mundo contemporáneo es, sin duda alguna, víctima de una expoliación global planificada, cuyos antecedentes se pueden rastrear en la última década del siglo pasado, teniendo como primer escenario las naciones endeudadas de nuestra América. Desde entonces, los grandes centros de poder -manejados por quienes integran las grandes corporaciones transnacionales, siendo el caso más representativo el gobierno de George W. Bush, cuyos miembros provenían de las nóminas de algunas empresas petroleras- han impuesto sus condiciones a casi la totalidad del planeta, en un juego que pretende salvar las economías en crisis a cambio de concesiones que, en la práctica, significan hipotecar la soberanía y el futuro de muchos países. En todo ello, los grandes ganadores son las transnacionales, a tal punto que se han dado el lujo de colocar directamente en el poder en algunos países de Europa a personeros formados bajo sus directrices.

Esta situación coloca al planeta en un escenario de alta conflictividad social, como ha quedado evidenciado suficientemente con el movimiento de los indignados, tanto en Europa como en Estados Unidos, lo que da cuenta de las consecuencias desfavorables que tienen en las personas las medidas adoptadas por sus gobiernos en beneficio de los intereses de las grandes corporaciones. En este caso, ya poca gente da cuenta de los beneficios inherentes al capitalismo, pero tal cosa no significa que exista aún una conciencia revolucionaria que postule al socialismo como su contrapartida. Quizás ello pueda derivar más tarde en una lucha social que vaya transformándose en política, cuestión ésta que pretende minimizarse alegando que son ajustes necesarios que se deben implementar para rescatar y consolidar las economías nacionales en bancarrota, quedándole a los ciudadanos la amarga convicción de ser manipulados por los grupos empresariales en connivencia con el estamento gobernante.

Ya en nuestra América la experiencia neoliberal demostró que a los empresarios sólo les importa disponer de mecanismos flexibles para la obtención segura y a corto plazo de mayores ganancias, dejando en la intemperie -literalmente- a familias enteras, cuyos ingresos económicos rozan los niveles de sobrevivencia. Esto se ha extendido a otros continentes, siendo ya una situación común en todo el mundo, asignando al sector privado de la economía un papel destacado como agente del desarrollo de cada país en llave con sus gobiernos, en lo que algunos han llamado capitalismo inclusivo, capitalismo real y, hasta, capitalismo popular, buscando hacer menos visible el carácter depredatorio y anti-ecológico de tal sistema.

Como lo hace ver C.K. Prahalad, en su libro La fortuna en la base de la pirámide: Cómo crear una vida digna y aumentar las opciones mediante el mercado, “el compromiso activo de las empresas privadas con la base de la pirámide es un elemento esencial para la creación de un capitalismo incluyente en la medida en que la competencia del sector privado por dicho mercado fomenta la atención hacia los pobres como consumidores y crea opciones para ellos”. Ésta es la esencia real de tal preocupación empresarial: disponer de un mercado de consumo. Allí no entra ninguna otra consideración, así se esté a las puertas de un gran cataclismo mundial, como parecen estar animadas a provocarlo las transnacionales que controlan la economía global, en su empeño por tener en sus manos los recursos estratégicos de cada nación y obtener grandes ganancias, como lo han estado haciendo en los países árabes invadidos por el imperialismo gringo y sus aliados en las últimas décadas.-

LA CAUSA PRINCIPAL DE TODAS LAS INJUSTICIAS Y DESIGUALDADES

LA CAUSA PRINCIPAL DE TODAS LAS INJUSTICIAS Y DESIGUALDADES

El escenario de pauperismo extremo que se cierne apocalíptico sobre muchas naciones otrora caracterizadas por sus altos niveles de prosperidad material, así como el desempleo masivo al cual están condenados millones de hombres y mujeres que sólo disponen de su fuerza de trabajo para sobrevivir dignamente, las protestas callejeras de igual cantidad de personas en contra de las medidas económicas adoptadas por sus gobiernos siguiendo las recomendaciones de quienes produjeron las crisis que sufre el sistema capitalista en su empeño por mantener y reforzar la injusta forma de distribución de la riqueza generada entre todos; sin olvidar la degradación y explotación irracional del medio ambiente que ha provocado un cambio climático que amenaza la existencia de toda forma de vida, sitúan al capitalismo  como la causa principal de todas las injusticias y desigualdades padecidas en todo nuestro planeta. Todo ello representa el sometimiento de más de la mitad de la humanidad a condiciones de vulnerabilidad que ponen en entredicho la soberanía, los derechos humanos, la seguridad y bienestar que le corresponde. Para la ética del mercado son daños colaterales que no pueden impedir su finalidad suprema: la obtención pronta y segura de mayores ganancias. Así, “las bases individualistas, utilitaristas y pragmáticas que fundamentan filosóficamente el capitalismo”, al decir de Pedro Henríquez Ureña, justifican que tal panorama sea visto por muchos ciudadanos del mundo como un mal necesario ante la carencia de fórmulas inmediatas que lo superen exitosamente, cosa que afecta, incluso, a quienes propugnan su liquidación mediante la implantación del socialismo revolucionario, vistos los cambios habidos en aquellos países que, como China, Vietnam y Cuba, lo asumen como su sistema político.

No obstante, hay una realidad creciente en oposición a las injusticias y desigualdades derivadas del capitalismo, extendida ahora a Europa y Estados Unidos donde sus poblaciones resienten lo que se está haciendo para salvarlo de la crisis en que se halla. Esto impone en algunos la convicción que el sistema capitalista se halla en su fase final, sin embargo, las guerras neocoloniales asumidas conjuntamente por las camarillas gobernantes de Europa y Estados Unidos buscan suministrarle nuevos aires de vida, lo cual supone que nada impedirá que la entidad burocrático-financiera transnacional que representan avasalle a cualquier nación del mundo en su interés mercantil por controlar los recursos naturales estratégicos que ésta posea. De esta manera, las potencias capitalistas, con Estados Unidos a la cabeza, buscan asegurar su preponderancia por encima del resto del planeta, así ello implique el desconocimiento y la violación sistemática del derecho internacional.

Como lo indica Wim Dierckxsens, en su obra La transición hacia el postcapitalismo: el socialismo del siglo XXI, “la relación mercantil, al totalizarse, produce distorsiones graves en la vida humana y en la naturaleza. La relación mercantil totalizadora se fundamenta en la ética `sálvese quien pueda’, que finalmente no salvará a nadie. Esta ética constituye una amenaza para toda la vida humana y natural. En la guerra económica por el reparto del mercado mundial no cabe ni siquiera todo el gran capital. Con ello la guerra por el reparto del mercado mundial sobrepasa el ámbito económico y tiende a alcanzar dimensiones militares. Esta ética de salvarse a toda costa de todo y todos no salvará a nadie, aunque generará un sufrimiento cada vez más amplio e insoportable para amplias mayorías. En medio de este dolor se genera la resistencia mundial contra la globalización. Esta resistencia no solo deslegitima al propio sistema sino además genera una ética alternativa: la ética solidaria”. Esto último es lo que forja algunas esperanzas. Mientras, identificado el causante principal de todas las injusticias, explotaciones y desigualdades por la humanidad en su conjunto, es necesario trabajar concienzudamente respecto a su alternativa revolucionaria, el socialismo, de modo que no se apele simplemente a ilusiones filantrópicas, cuyo efecto es sólo apariencia, sin soluciones definitivas, sino que se tienda a su realización plena y a su consolidación.-           

“NI CAPITAL NI BURÓCRATAS. MÁS SOCIALISMO Y MÁS REVOLUCIÓN”

“NI CAPITAL NI BURÓCRATAS. MÁS SOCIALISMO Y MÁS REVOLUCIÓN”

Entre 2010 y 2011 hubo marchas de trabajadores y agrupaciones de izquierda en algunas ciudades de Venezuela que, pancartas en mano, exigían del Presidente Hugo Chávez una mayor profundización de los cambios con orientación socialista fomentados por su gobierno. En una de tales pancartas se proclamaba “Ni capital ni burócratas. Más socialismo y más revolución”, lo cual resume la posición política e ideológica de amplios sectores populares que respaldan a Chávez y al proceso revolucionario bolivariano que lidera. Ésta ha sido una exigencia constante, puesta de manifiesto en cada foro organizado, incluso durante el debate de las Cinco Líneas Estratégicas de Acción Política del PSUV, resultando fuertemente cuestionados los dirigentes y gobernantes chavistas actuales en cada uno de estos escenarios; algo que, indudablemente, habla de la necesidad de una mayor reflexión, puesto que se palpa y evidencia una falta de sintonía entre lo que se predica y lo que hace en nombre de la revolución socialista. Esta situación -poco advertida por quienes ejercen cargos de gobierno- imposibilita la organización y actuación de un verdadero poder popular revolucionario en el país, dadas las prácticas clientelares y demagógicas que subordinan a sus voceros a los intereses de quienes usufructúan el poder.

Esto, sin embargo, no ha sido obstáculo para que un alto contingente de la población venezolana esté dispuesto a seguir respaldando a Chávez y los diversos cambios de corte revolucionario que viene propiciando. Por ello, los grupos de oposición han buscado concentrar su poder de fuego sobre las deficiencias y contradicciones evidentes de muchos gobiernos locales, a sabiendas que el pueblo mantiene hacia ellos una actitud de rechazo, muy diferente a la que tiene respecto al Presidente. Pero, más allá de ello, el grueso porcentaje de revolucionarios y chavistas progresistas cree indispensables mayores medidas de parte del gobierno nacional, regional y municipal que tiendan a fortalecer el poder popular y, junto al mismo, un cambio estructural del Estado vigente que consolide el socialismo revolucionario. De ahí que el requerimiento en contra del capital y de los burócratas tiene una justificación válida al notar que estos han frenado -en uno u otro sentido- el avance y la organización revolucionaria del pueblo, suscitándose realidades abiertamente incompatibles con el socialismo. En esto último influye enormemente el hecho que gran parte de la dirigencia del chavismo tiene una formación socialdemócrata, con resabios anticomunistas apenas disimulados. Frente a tal circunstancia, no le resta sino a los revolucionarios y chavistas progresistas trabajar a diario por elevar el nivel de conciencia revolucionaria de los sectores populares organizados, apelando a los instrumentos legales y extralegales que contribuyan a darles un perfil de verdadero poder popular, siendo capaz de influir en las decisiones del gobierno.  Con tal orientación, los revolucionarios y chavistas progresistas podrían acelerar la profundización del proceso de cambios revolucionarios, superando la actual transición pequeño-burguesa. Para lograrlo, es importante que tengan en claro que “el reto no es sólo ganar las elecciones. Es ganarlas organizando, educando, movilizando y actuando para que el pueblo sea poder. Podemos ganarlas en las urnas y perderlas en la conciencia y en el inconsciente popular, si las ideas que quedan reforzadas son ideas capitalistas, que fortalezcan las soluciones individuales y, en general, las soluciones que vienen desde poderes externos, como el Estado, alguna iglesia o algún monopolio empresarial con `responsabilidad social’,” como lo refiriera Julio Escalona en uno de sus artículos. En este caso, la participación de revolucionarios y chavistas progresistas en las elecciones presidenciales (y cualquier otra) no tendría otro objetivo que asegurar las condiciones objetivas y subjetivas que han permitido hablar de revolución y de socialismo en Venezuela, antes que considerarla como la estrategia única o principal para alcanzarlo, subestimando así la democracia participativa y los poderes creadores del pueblo.-

UN MODELO ECONÓMICO CENTRADO EN LAS PERSONAS

UN MODELO ECONÓMICO CENTRADO EN LAS PERSONAS

Ahora que la alianza de las potencias industrializadas se ha propuesto revitalizar el sistema capitalista por medio de sus guerras de conquista a nivel mundial, sobre todo, al proponerse el control directo de los yacimientos gasíferos y petrolíferos tan necesarios para su estilo de vida, es importante que los diversos movimientos políticos y sociales enfrentados a la hegemonía del capital, tanto en nuestra América como en el resto del planeta, tengan muy presente la necesidad urgente de establecer un modelo económico centrado en las personas y la protección del medio ambiente más que en la ganancia de grandes capitales. Por ello es importante que tales movimientos generen un debate que desnude la perversidad intrínseca del capitalismo, así haya defensores que divulguen la creencia de una auto regeneración del sistema que luego redundaría en el bienestar de toda la sociedad.

En este caso, el actual extremado afán destructor del capitalismo ha reivindicado con creces al socialismo revolucionario como la alternativa para frenar sus desmanes y establecer en su lugar algo totalmente diferente que tenga como su principal base de sustentación el accionar de las comunidades organizadas en unidades socioproductivas autónomas, sumadas a una planificación económica de carácter nacional, de manera que su inserción en el proceso productivo tenga realmente un efecto transformador, tanto en las relaciones de producción como en las relaciones de poder, puesto que tal inserción implica también posesionarse de un papel político activo, participativo y protagónico. Esto, sin embargo, no es suficiente. Hace falta romper con los viejos esquemas de la división del trabajo, así como la propiedad social de los medios de producción donde los trabajadores tengan la oportunidad de tomar decisiones, tanto en su rol de ciudadanos como productores. Sin este último elemento cualquier cambio que se proponga no podría calificarse de socialista o revolucionario. Por consiguiente, éste representaría un cambio trascendental que marcaría el avance y consolidación del socialismo revolucionario en contraposición al capitalismo depredador.

Aun así, es de reconocerse que la construcción de un modelo económico basado en el socialismo revolucionario no resulta nada fácil. Sin embargo, algunas iniciativas -como la propiedad social de los medios de producción- podrían contribuir a ello. Como lo expone Michael Lebowitz en su obra El camino al desarrollo humano, ¿capitalismo o socialismo?, “la propiedad social de los medios de producción es fundamental porque es la única forma de garantizar que nuestra productividad comunal y social sea dirigida hacia el libre desarrollo de todos en lugar de utilizarse para cumplir los objetivos privados de los capitalistas, grupos de personas, o burócratas del Estado”. Lograr este cometido revolucionario envuelve comprender que no se trata de una simple propiedad estatal, como lo anticipan los apologistas del capitalismo en base a la experiencia distorsionada de la URSS, sino trascender el marco tradicional de la democracia representativa, haciéndola participativa y protagónica, un elemento primordial que no puede obviarse a la hora de hablar de socialismo, menos cuando se trata de un nuevo tipo de economía dirigido a satisfacer las necesidades básicas de las mayorías.-

¿CÓMO TRANSFORMAR EL PROCESO PRODUCTIVO CAPITALISTA EN SOCIALISTA?

¿CÓMO TRANSFORMAR EL PROCESO PRODUCTIVO CAPITALISTA EN SOCIALISTA?

Bajo el sistema capitalista todos los actores sociales que participan en el proceso productivo están -en uno u otro sentido- subordinados a la reproducción de la ganancia que corresponde a los dueños del capital y de los medios de producción (incluyendo la explotación de su fuerza de trabajo) en un ciclo que pareciera normal y eterno, sin posibilidades reales de cambio. Así, desde Karl Marx y Friedrich Engels hasta la época actual, a través del socialismo revolucionario se ha planteado que tal sistema de desigualdades, injusticias y expoliación indiscriminada de la naturaleza sea superado, dando entonces nacimiento a un nuevo tipo de civilización en el cual prevalezca siempre el desarrollo integral del individuo y de la comunidad, en igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades, sin dominación alguna del mercado y el capital, algo que se considera utópico, pero que no deja de ser posible.

Sin embargo, mucho de lo hecho para trascender al capitalismo ha significado apenas un deseo de hacerlo menos terrible de lo que es, hablando de un capitalismo con rostro humano o de una tercer vía, como la intentada en Yugoslavia bajo Tito, pero sin afectar en el fondo la división del trabajo, la alienación del trabajador y las relaciones de producción; obviando, además, lo relativo a la ley del valor. En todo caso, las medidas adoptadas -aun las más radicales- han derivado en un capitalismo de Estado, o simple reformismo, dejando puertas abiertas (como ocurrió en la extinta Unión Soviética y ocurre en China y Cuba) para su restauración, no obstante socializar la propiedad de los medios de producción y orientarse su actividad productiva a la satisfacción de las necesidades básicas y espirituales del pueblo. Esto impone, sin duda, pautas que tiendan a diferenciarse cada día de lo que es la sociedad capitalista, promoviendo y fortaleciendo la capacidad de gestión de las comunidades organizadas, de forma que la participación y la actividad de las mismas tengan como resultado palpable e inmediato un modelo económico socialista, con esquemas verticales y horizontales entrelazados en todo lo que comprende, entonces, la producción, la distribución, el intercambio y el consumo, al igual que los criterios para conformarlo.

Como lo expresara Erich Fromm en su obra Psicoanálisis de la sociedad contemporánea, “el hombre tiene que ser establecido en su lugar supremo en la sociedad, no siendo nunca un medio, no siendo nunca una cosa para ser usada por los otros o por él mismo. Debe de terminar el uso del hombre por el hombre, y la economía tienen que convertirse en la servidora del desenvolvimiento del hombre”. Todo lo anterior nos remite, en consecuencia, a reorientar el sentido o concepto de la propiedad, estableciendo nuevos tipos, inspirados en las nuevas formas de organización socio-productivas. Esto, a su vez, debiera generar en el ámbito político el fomento y la consolidación de la organización popular en todas sus expresiones posibles, como asimismo un desarrollo endógeno que reduzca drásticamente los índices de desempleo y subempleo existentes, rompiendo las cadenas especulativas que condenan al hambre a vastos sectores de la población. Tales elementos podrían conducirnos a la emancipación del trabajo, “ubicando a la fuerza de trabajo o trabajo vivo -según lo manifiesta Carlos Lanz en uno de sus artículos- como la fuente real de la creación de nuevo valor”. Tal objetivo podría obtenerse de existir una planificación democrática, un presupuesto participativo, un control obrero y una humanización de las condiciones y medio ambiente de trabajo que sean capaces de estimular la inserción socioproductiva como mecanismo fundamental del desarrollo social integral de las personas y la colectividad, con criterios de eficiencia-eficacia que faciliten, a su vez, la sostenibilidad y la factibilidad de los diversos procesos que, en tal sentido, estén realizándose. Al lograrlo, podríamos afirmar que el proceso productivo capitalista comienza a transformarse en socialista, sin conceptuar al recurso humano como un componente más de los costos de producción de las empresas y teniendo en la participación y protagonismo del pueblo su manifestación constante y característica.-

LA TAREA PRINCIPAL DE TODA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

LA TAREA PRINCIPAL DE TODA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

El poder popular -por su misma esencia múltiple, conformado por diversidad de formas orgánicas y ámbitos de acción- no puede someterse al rigor estricto de las leyes, puesto que ello significa coartar el ejercicio pleno de la soberanía del pueblo. Ninguno de los poderes constituidos tendría la facultad de restringirlo y, por tanto, desconocerlo y subordinarlo a sus intereses particulares. Si ello ocurre, no se podría hablar -en consecuencia- de revolución y, menos, de socialismo, ya que la participación y el protagonismo de los sectores populares tendrían que ser las características diarias de todo proceso revolucionario. No siendo así, se correría el riesgo no descartable de sufrir un retroceso histórico o la restauración del viejo orden que se pretende abolir. En este caso, el decreto de algunas leyes puntuales y la actuación realmente revolucionaria de los organismos públicos pudieran contribuir positivamente a elevar la capacidad de lucha, organización y movilización de parte de los movimientos populares; sin embargo, esto no es suficiente. Es vital para todo proceso revolucionario que la participación y el protagonismo populares no estén concertados por las formalidades impuestas por el Estado burgués-liberal, logrando conquistar espacios propios, llegándose a constituir entonces como poder y estableciendo una dualidad de poderes que, a la larga, debe orientarse a la instauración de un verdadero poder popular.

Esto no significa que tal poder popular deba repetir los cánones establecidos por la democracia representativa. Sus voceros deben combatir a diario por evitar que los mismos trunquen el ejercicio de su soberanía, lo cual exige una predisposición para cambiar las relaciones de poder existentes entre gobernantes y gobernados, aplicando lo que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha dado a conocer como “mandar obedeciendo”, una concepción política revolucionaria que muchas veces se cita, pero que pocos están dispuestos a cumplir cabalmente, aun en los niveles inferiores o sencillos de las estructuras del Estado. Así, quienes ostenten cargos de dirección y/o de gobierno debieran estar subordinados a las decisiones de las asambleas populares, permitiendo que éstas sean escenarios de la práctica de la democracia directa y, por tanto, impulsoras del cambio estructural del Estado tradicional, modificando sustancialmente el orden de cosas existente.

El poder popular requiere deslastrarse de los usos y costumbres del pasado. Como lo define Roland Denis, “dentro del poder popular debe operar una ‘dictadura del sueño igualitario’, no un falso debate y ‘encuentro’ pacífico entre la reafirmación y la negación del sistema colonial y capitalista”. Ello exige un cuestionamiento serio y permanente de lo actualmente existente, sin justificaciones originadas por la necesidad extrema de subsanar el conjunto de problemas, desigualdades e injusticias que agobia a los sectores populares, olvidando la tarea principal de toda revolución socialista: darle todo el poder al pueblo. Sin embargo, hay que acotar que dicha tarea no podrá concretarse jamás sin disponer de una teoría revolucionaria que la sustente, dando lugar a nuevos paradigmas que definan un nuevo tipo de civilización, diferente en mucho a la regida por el capitalismo y la democracia representativa.-