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EL DESAFÍO HISTÓRICO DE NUESTRA AMÉRICA

EL DESAFÍO HISTÓRICO DE NUESTRA AMÉRICA

Las debilidades estructurales y funcionales del socialismo real en las naciones de Europa Oriental y Asia, que acarrearon posteriormente su declive y eclosión, abonaron las condiciones para que el capitalismo en su versión neoliberal llegara a proclamarse vencedor, a tal punto que muchos creyeron llegado el fin de la historia y, con ella, de toda ideología contraria. Desde entonces, Estados Unidos y sus socios de Europa Occidental -sin rivales que pudieran cuestionar y enfrentar su afán de hegemonía- comenzaron a configurar un mundo unipolar según sus intereses geopolíticos, echando a un lado el respeto de fronteras y límites jurídicos y éticos que obstaculizaran su objetivo primordial de dominio mundial.

 

No obstante, el predominio del mercado capitalista produjo otras consecuencias que se han mantenido y ampliado con el tiempo, abarcando la totalidad del planeta. Uno de tales frutos es el actual cuestionamiento a su validez, en vista de los resultados desastrosos obtenidos en la aplicación de medidas económicas neoliberales para superar las continuas crisis que se han originado en las dos últimas décadas, causando mayores niveles de pobreza, de desempleo, de desigualdad social, de desastres ecológicos, de inestabilidad familiar y de limitación de derechos constitucionales al combatir supuestamente los gobiernos las amenazas de un terrorismo internacional convenientemente ubicuo; todo lo cual se ha propagado gracias a las nuevas tecnologías en comunicación. Sin embargo, esta nueva realidad surgida en Europa y Estados Unidos todavía carece de elementos teóricos y políticos que oriente la lucha y le confiera coherencia, sistematicidad y perspectiva para transformarse en revolución. En este contexto, surgen protestas y experiencias comunitarias en las naciones de nuestra América que resitúan al socialismo revolucionario como la alternativa a construir frente a la lógica irracional del capital y de la democracia burguesa que lo ampara y legitima, justamente cuando los ejes históricos del socialismo ya han dejado de existir-salvo Cuba que enfrenta con dignidad revolucionaria un embargo económico de medio siglo por parte de los gobiernos gringos-, lo que supone para los defensores del status quo una contradicción que todavía no han sabido explicarse, incluso muchos de los llamados intelectuales de izquierda, sorprendidos todos por el ímpetu de las mayorías populares excluidas que desmoronó gobiernos en Argentina, Ecuador y Bolivia e impuso a Hugo Chávez como presidente de Venezuela.

Así, la última década del siglo XX es escenario de la rebeldía de los pueblos de nuestra América. En Venezuela había tenido lugar una revuelta popular contra el paquete de medidas económicas del Fondo Monetario Internacional, a la cual se sumaron dos insurrecciones cívico-militares en 1992. En México hubo la insurrección armada de indígenas y campesinos pertenecientes al Ejército Zapatista de Liberación en momentos que entraba en vigencia el Tratado de Libre Comercio que el gobierno de ese país suscribiera con Canadá y Estados Unidos. Con una realidad social, política, cultural, militar y económica de dependencia respecto al imperialismo yanqui, nuestra América comienza a transitar un camino propio, a contracorriente de lo sucedido a escala planetaria. Sus nuevos gobiernos se enmarcan en una política de izquierda aunque sin cambios estructurales significativos. Todo ello obligará al imperialismo yanqui a redefinir algunas estrategias, buscando minimizar el impacto de los cambios producidos que representan una correlación de fuerzas negativa a sus intereses hegemónicos. A pesar de promover durante mucho tiempo el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) como el remedio eficaz para superar el subdesarrollo, éste fue repudiado por los gobiernos y pueblos del continente, lo que significó un serio revés para la política imperialista estadounidense. En la actualidad, nuestra América se constituye en faro de las luchas de los pueblos del mundo contra el sistema capitalista globalizado, sosteniendo como principal bandera de acción la construcción del socialismo revolucionario. Esto ha servido de motivación para que gran parte del legado teórico de Karl Marx, Friedrich Engels, Vladimir Lenin, León Trotsky, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, José Carlos Mariátegui, Ernesto Che Guevara y muchos otros socialistas sea reivindicado y revalorado al calor de las luchas y experiencias populares en un vasto esfuerzo que fusiona el nacionalismo y el deseo secular de libertad, identidad cultural, soberanía, justicia social, independencia y de felicidad general que han caracterizado sus venturas y desventuras bajo el régimen capitalista. Queda por verse aún si esta amalgama se transforma en un instrumento ideológico y político bien definido, capaz de formar una sociedad de nuevo tipo que aventaje y remplace el orden imperante; cuestión ésta que supone un desafío histórico de nuestros pueblos frente a la realidad de crisis y barbarie impuestas por las potencias capitalistas al resto del planeta.-

LA FUSIÓN POLÍTICO-ECONÓMICA, LA NUEVA REGLA DEL CAPITAL GLOBALIZADO

LA FUSIÓN POLÍTICO-ECONÓMICA, LA NUEVA REGLA DEL CAPITAL GLOBALIZADO

La fragilidad del sistema económico capitalista a nivel global se hace cada vez más notoria a medida que la crisis de los países de Europa se asemeja mucho a la sufrida durante las últimas décadas del siglo XX por los países periféricos, entre éstos los de nuestra América. Así, la actual inseguridad laboral, con sus efectos colaterales, patentizados en elevados porcentajes de familias con ingresos económicos inestables o inexistentes, además de mayor delincuencia, dan cuenta del caos social producido por las imposiciones del capital globalizado. De esta forma, muchas personas a nivel mundial han descubierto que, entre la producción social y el consumo social, se encuentra la explotación capitalista como elemento único y característico de la sociedad humana en general. Esto ha generado en mucha de la gente afectada la convicción que el capitalismo es absolutamente criminal y depredador, implantándose en ella la necesidad de remplazarlo decididamente por un modelo alternativo que centre sus objetivos en el bienestar colectivo y no en el de un reducido número de personas.

Para el capitalismo neoliberal o globalizado, la idea de un proyecto nacional es interpretada como un obstáculo a la libre expansión y control del mercado internacional que debe eliminarse a cualquier costo, desatando la guerra, incluso, bajo argumentos infundados, sin base alguna. Por tal motivo, le resulta más práctica la efectividad de gobiernos que actúen como gestores de su voluntad e intereses que la acción de un Estado nacional esgrimiendo su soberanía. Ahora, el capitalismo neoliberal o globalizado ha establecido una nueva modalidad en su estrategia de dominio mundial, tímidamente asomada en la década de los noventa del siglo pasado, pero que ha pasado a ser una regla de primer orden en el presente siglo: la fusión político-económica, es decir, el intercambio de roles políticos y empresariales. Dicha fusión político-económica pone su interés central en las ganancias del capital más que en crear condiciones de vida digna para la población que gobierna.

De esta manera, las grandes corporaciones transnacionales tienen un mayor control de la economía mundial y se aseguran, al mismo tiempo, el fiel cumplimiento del recetario impuesto por el Fondo Monetario Internacional para minimizar el impacto de las crisis provocadas por sus ambiciones y obtener los pagos puntuales de las naciones endeudadas; lo mismo que el respeto de los tratados bilaterales de libre comercio, de promoción y de garantía de las inversiones extranjeras. Algo que, incluso, comienza a manifestarse y a extenderse en los diferentes órganos que conforman la Organización de las Naciones Unidas, llegando a “coincidir” con las sugerencias, expresamente neoliberales, hechas por dichas corporaciones. Esto último explica el por qué la ONU legitima y es tan flexible con las acciones saqueadoras de gobiernos dominados por el gran capital en contra del derecho internacional y de la autodeterminación de los pueblos, violando así su propia acta constitutiva.-

EL MULTILATERALISMO APLICADO A LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

EL MULTILATERALISMO APLICADO A LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

El multilateralismo o lo que siempre se ha difundido como la unidad en la diversidad es un elemento primordial para el avance, la consolidación y la profundización de la revolución socialista, puesto que lo contrario sería destruir su esencia creadora y su desarrollo integral, limitándola a unos logros parciales que poco afectarían las estructuras y subestructuras políticas, sociales y económicas vigentes. Es así que -contrario a la mal entendida hegemonía que busca agrupar y restringir el libre albedrío de las personas- este multilateralismo aplicado a la revolución socialista amplía todavía más sus posibilidades, generando entonces variadas situaciones que afinarán, sin duda, la praxis y los ideales del socialismo en cualquier nación en que éste se propicie.

De hecho, el poder popular -entendido como la manifestación más distintiva de una sociedad socialista- no puede ni debe confinarse a espacios reducidos y estrechos de soberanía simbólica que, a la larga, sean manipulados por la jerarquía gobernante en su provecho, desarticulando así su capacidad política para alterar sustancialmente las situaciones originadas por ésta, dada la gran concentración de dominio económico y político que ella tiene en sus manos. Por ello, se impone la necesidad de generar condiciones que eliminen los lazos de dependencia y sumisión en las relaciones de poder, diferenciándolas de las presentes bajo cualquier régimen democrático representativo. En el fondo, de lo que se trata es de forjar (como lo plantearía Paulo Freire) una práctica de auto-emancipación a través de una política crítico-dialógica, la cual tendría que consolidarse desde abajo hasta alcanzar los grados superiores de la gestión pública. En tal sentido, los sectores populares no serán más objeto de los subsidios y las indulgencias del sector público, sino sujeto histórico de las verdaderas transformaciones que deben causarse en lo económico, lo político, lo social y lo cultural para hablar apropiadamente de revolución y de socialismo. Sin estos rasgos fundamentales, cualquier proceso político que busque definirse como socialista estará condenado a repetir los mismos esquemas tradicionales, tornado en simple reformismo. La relación entre gobernantes y gobernados, entre dirigentes y dirigidos, tendería -por tanto- a modificarse radicalmente, correspondiéndoles a los primeros el rol de voceros mientras las decisiones y la soberanía le corresponderán siempre al pueblo. En este caso, se manda obedeciendo, sin la reproducción automática o programada de los instrumentos ni las estructuras de la dominación representativa-capitalista.

Por consiguiente, el multilateralismo -o la unidad en la diversidad- que debe favorecerse dentro de la revolución socialista no puede concebirse bajo la óptica de la dominación, la cual hace de los sectores populares simples activistas a quienes se les niega alguna teorización sobre su propia acción revolucionaria. Acción ésta que debe enmarcarse en la consecución de una sociedad de nuevo tipo, completamente diferente a la vigente. De ahí que en la misma no tenga cabida el mesianismo, ni el discurso vertical ni la consigna burocrática, ya que estos impiden el diálogo crítico que debiera impulsarse y resaltarse en todo momento, aun cuando la revolución esté sometida a ataques y amenazas en determinados momentos. Como lo resumiera Javier Biardeau R. en uno de sus artículos recientes, “la dirección política en la democracia socialista del siglo XXI, no puede confundirse con estilos burocráticos o militaristas, debe ser fundamentalmente una acción pedagógica y cultural liberadora”.

Lograr la síntesis de múltiples determinaciones por parte de los diversos sectores populares podría concretar la posibilidad de construir realmente el socialismo revolucionario. Este nuevo objetivo revolucionario por alcanzar haría de la participación social su primera trinchera de lucha, evitando -en consecuencia- la burocratización y el oportunismo que socavarían las bases de la revolución.-

LA LUCHA DE CLASES, REALIDAD E INFLUENCIA ACTUAL

LA LUCHA DE CLASES, REALIDAD E INFLUENCIA ACTUAL

Las luchas entre opresores y oprimidos o, mejor entendido, entre clases sociales con intereses antagónicos, han marcado -de uno u otro modo- la historia de la humanidad, muchas veces ocultada o tergiversada por quienes aspiran mantener intactas las estructuras de poder, beneficiándose a sí mismos antes que al pueblo que dicen representar. Esto último ha hecho posible que los sectores populares de épocas distintas terminen decepcionándose al observar y sentir cómo sus esperanzas de igualdad, democracia y libertad se convierten en pasto de la demagogia más desvergonzada. Así, generalmente se le atribuye a la clase dominante la responsabilidad directa del orden de desigualdad, corrupción, explotación, represión y miseria que se cuestiona y se busca remplazar por otro totalmente opuesto. En algún caso, se llega a obviar la existencia de una lucha de clases, la cual no sólo tiene lugar en una sociedad bien diferenciada como la regida por el capitalismo, sino que se manifestaría indistintamente a lo interno de cualquier proceso revolucionario al originarse disputas por mayores espacios de participación y de poder, cuestión que -por lo demás- no resulta fácil de conceptualizar, dado el discurso utilizado, el cual tiende a confundir, más que aclarar, a quienes está dirigido, si estos no tienen una formación teórica revolucionaria adecuada.

Con Karl Marx, el concepto de clases sociales se simplifica, estableciéndose su jerarquización respecto al sistema de producción existente: explotadores y explotados, burguesía y proletariado. Sin embargo, este esquema es más profundo y se ha visto afectado por la misma evolución dinámica del sistema capitalista contemporáneo, a tal punto que a tales grupos se agregan otros, como la burguesía financiera, la pequeña burguesía, la clase media, la burocracia y el lumpen proletariado; clasificación que aun podría soportar nuevas añadiduras o agrupamientos sociales. Según Marx, “los propietarios de simple fuerza de trabajo, los propietarios de capital y los propietarios de tierras, cuyas respectivas fuentes de ingresos son el salario, la ganancia y la renta del suelo, es decir, los obreros asalariados, los capitalistas y los terratenientes, forman las tres grandes clases de la sociedad moderna basada en el régimen capitalista de producción”. Tal categorización se ha modificado enormemente, no por la “ignorancia” del teórico socialista ni por lo desfasado de sus análisis, como algunos quieren hacernos creer, sino por la diversificación y expansión experimentada por las fuerzas productivas desde hace un siglo. Esto, a pesar que el autor de El Capital admitiera ya en su época, refiriéndose a la sociedad inglesa, que “existen fases intermedias y de transición que oscurecen en todas partes las líneas divisorias”, reconociendo de este modo la complejidad de la estructura de las clases sociales.

En el contexto histórico actual, sobre todo, en nuestra América, la lucha de clases exige una comprensión dialéctica de su realidad, en momentos en los cuales se cuestionan simultáneamente los órdenes económico y político tradicionales. Algo que ya no es exclusividad de este continente, sino que se ha extendido a Europa y Estados Unidos, ampliando el escenario de lucha anticapitalista a escala mundial. Lo mismo se aplica en relación a la conciencia de clase, con mayor énfasis entre quienes padecen la explotación y la exclusión del capitalismo: los trabajadores asalariados (englobando entre éstos a la clase media o profesionales, puesto que -por mucho que quieran diferenciarse del resto- son igualmente explotados por el capital). Finalmente, no es admisible el limitarse a una simple estratificación de carácter sociológico de la sociedad, como tampoco desconocer las contradicciones que puedan descubrirse en una misma clase social. De esta forma podrían establecerse nuevos parámetros definitorios de la lucha de clases en la realidad actual y en la influencia que la misma tendría en los diversos cambios que caracterizarían, a su vez, la revolución socialista por construir para bien de la humanidad entera.-

LOS 5: TRECE AÑOS DE INJUSTA PRISIÓN

LOS 5: TRECE AÑOS DE INJUSTA PRISIÓN

Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González son nombres de cinco ciudadanos cubanos que se han dado a conocer a nivel mundial, generando masivas expresiones de solidaridad al conocerse en detalle la situación de injusta prisión a la cual han sido sometidos por las autoridades de Estados Unidos por descubrir acciones terroristas en ese país contra Cuba. A pesar de la falta de pruebas respecto a la serie de delitos que se les imputa, los tribunales estadounidenses decidieron condenar a Gerardo Hernández a dos cadenas perpetuas, al igual que Antonio Guerrero y Ramón Labañino, mientras que Fernando González y René González fueron condenados a 19 y 15 años, respectivamente; siendo éstas las máximas sentencias en todos los casos, acusándolos de cometer actos de espionaje, conspiración, conspiración para cometer actos de espionaje y de ser agentes extranjeros, todo lo cual ha quedado en entredicho en vista que el FBI (Buró Federal de Investigaciones) actuó de manera prejuiciosa, favoreciendo la opinión de organizaciones anticastristas radicadas en Miami. El 9 de agosto de 2005 el XI Circuito de Apelaciones de Atlanta abolió sus sentencias y decidió la realización de un nuevo juicio, pero los cinco continuaron en prisión. Posteriormente, la misma corte que los enjuiciara rechazó por mayoría tal dictamen, reiterando las condenas y rechazando la realización de un nuevo juicio.

A mediados de 1998, funcionarios de la Seguridad del Estado cubano, en un intercambio con el FBI, le entregan 230 páginas sobre las actividades terroristas contra Cuba, cinco videocasetes con conversaciones e informaciones transmitidas por las cadenas de televisión sobre acciones terroristas contra Cuba y ocho casetes de audio, ascendentes a dos horas y 40 minutos, sobre llamadas telefónicas de terroristas centroamericanos que estaban arrestados con sus tutores en el extranjero. Sin embargo, el FBI -contrariamente a lo que se pensaba- procedió a la detención de los ciudadanos cubanos el 12 de septiembre de 1998, iniciándose un verdadero vía crucis para ellos y sus familiares, obteniendo un trato totalmente violatorio de los derechos humanos, a tal punto que no se les permite visita alguna de sus familiares y se les expone a un completo aislamiento. Esta situación ha revelado al mundo el doble rasero con que actúa Estados Unidos al erigirse como paladín de la lucha antiterrorista, pero permitiendo en cambio la libre circulación por su territorio de connotados terroristas, como el funestamente célebre Luis Posada Carriles, declarado terrorista por los gobiernos de Venezuela y Cuba, acusado de ser el autor intelectual del atentado perpetrado contra una aeronave cubana en 1976 donde perecieron 76 personas a bordo y fugitivo de la justicia venezolana, sin que las autoridades gringas hayan cedido a la solicitud de deportación de tal personaje, desconociendo descaradamente los convenios internacionales existentes contra la piratería aérea y, en el caso de Venezuela, un acuerdo bilateral suscrito en 1922.

Como en otros casos en el pasado, el gobierno de Estados Unidos ha procedido según los intereses particulares de quienes lo conforman y no ajustado a las leyes de su país, menos a aquellas referidas al respeto de los derechos humanos, todo lo cual es una burla a sus propios ciudadanos y, por supuesto, a todo el mundo. No obstante, la solidaridad internacional -sumada a la nación cubana- se incrementa cada vez más, exigiendo la liberación inmediata de quienes, con justicia, son llamados los cinco héroes cubanos presos del Imperio, cuestión que no podría seguir ignorando olímpicamente el gobierno estadounidense sin exponerse al repudio de la opinión pública mundial.-

PERSPECTIVAS Y DEFINICIONES NECESARIAS DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

PERSPECTIVAS Y DEFINICIONES NECESARIAS DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

De una u otra forma, el proceso de cambios revolucionarios en Venezuela ha entrado en una etapa vital de definiciones. Esta coincide con los comicios presidenciales del 7 de octubre, en los cuales se enfrentan dos concepciones de lo que debe ser la sociedad venezolana totalmente opuestas: una, de tendencia socialista; la otra, defensora del capitalismo, así de sencillo. Sin embargo, aguas abajo, los sectores populares se mantienen en pugna con el esquema tradicional de gobernar y de ser del Estado vigente que les impide ejercer e incrementar la democracia participativa y protagónica. Por ello mismo se podría afirmar que el proceso revolucionario bolivariano tiene, básicamente, dos definiciones que precisar: la primera respecto a quienes se oponen abiertamente al mismo y la segunda respecto a quienes, en nombre de la revolución socialista, no han contribuido a crear las condiciones para un mayor avance y consolidación de esta.

Esto, necesariamente, tiene que orientarse a producir una revolución anticapitalista, vislumbrando nuevas relaciones de producción en las cuales destaque el control obrero, evitando la alienación y la explotación a que son sometidos los trabajadores. En este sentido, si no se tiene el cuidado y la advertencia que el socialismo revolucionario supera y mejora cualitativamente los mecanismos democráticos logrados bajo el modelo capitalista, se contribuirá de modo inconsciente a concretar tal situación, generando en consecuencia una realidad que suprime la amplitud de criterios, el debate democrático y la vigencia de organizaciones populares soberanas respecto a las diversas instituciones del Estado, siendo esta la característica más resaltante del socialismo revolucionario.

Hace falta, por tanto, profundizar la lucha popular, sin limitarla al ámbito meramente reivindicativo, sino adoptándose una mentalidad de poder. Así, las perspectivas del proceso revolucionario bolivariano debieran apuntar a la conformación de una sociedad de nuevo tipo, cuestión que exige de quienes lo aúpan un mayor nivel de compromiso ciudadano y revolucionario. Esto supone también la adopción de una nueva ética y una nueva moral, basada en la formación teórica y práctica del socialismo revolucionario, con criterio de amplitud y responsabilidad con el futuro de nuestro país, y combate frontal a toda expresión de reformismo. Cabe entonces pensar que el proceso revolucionario bolivariano -de propiciarse mayores espacios de protagonismo popular- podrá enfrentar exitosamente cualquier pretensión de los grupos desplazados del poder, sobre todo, de la red capitalista global conformada por el gobierno de Estados Unidos junto a sus socios de Europa. En este último aspecto, el proceso revolucionario bolivariano tendría que ser antimperialista, siguiendo la senda del Libertador Simón Bolívar y de aquellos que, como él, estuvieron luchando por la emancipación absoluta de nuestra América, asumiendo una posición decididamente internacionalista en favor de la autodeterminación de los pueblos. Todos estos rasgos -en conjunto- podrían significar un salto cualitativo en lo que tiene que ver con su continuidad y consolidación definitiva.-

LA LIBERACIÓN FEMENINA Y LA LUCHA POR EL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO

LA LIBERACIÓN FEMENINA Y LA LUCHA POR EL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO

Cuando nos referimos al “Día Internacional de la Mujer” muchas veces obviamos el carácter clasista, socialista y revolucionario que se le quiso imprimir a tal celebración por iniciativa de las mujeres socialistas (o comunistas) como Clara Zetkin. Como antecedentes hallamos que el 28 de febrero de 1909 se proclamó por primera vez el “Día de las mujeres socialistas” en Estados Unidos tras una proposición del Partido Socialista estadounidense. Luego, en agosto de 1910, la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, con más de 100 mujeres procedentes de 17 países, reunida en Copenhague, proclamó el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”, propuesto por la socialista alemana Luise Zietz respaldada por Clara Zetkin, el cual serviría de referencia para todos los colectivos femeninos como una jornada de lucha por los derechos de las mujeres. La proposición se aprobó unánimemente. El objetivo, desde entonces, era promover la igualdad de derechos, incluyendo el sufragio para las mujeres. Pero no se limitaba nada más que a una igualdad en un mundo-sistema dominado por los hombres, lo que puso a prueba el carácter revolucionario de muchos que aún seguían pensando y actuando como sus pares burgueses.
Lenin entendió, desde mucho antes, que “no es posible incorporar las masas a la política sin incorporar a las mujeres. Porque, bajo el capitalismo, la mitad femenina del género humano esta doblemente oprimida. La obrera y la campesina son oprimidas por el capital, y además, incluso en las repúblicas burguesas más democráticas no tienen plenitud de derechos, ya que la ley les niega la igualdad con el hombre. Esto, en primer lugar, y en segundo lugar -lo que es más importante-, permanecen en la ‘esclavitud casera’, son ‘esclavas del hogar’, viven agobiadas por la labor más mezquina, más ingrata, más dura y más embrutecedora: la de la cocina y, en general, la de la economía doméstica familiar individual”. Esto supuso cierta comprensión del estado de desigualdad y de explotación padecido desde siglos por las mujeres basado en las normas impuestas por la familia, la propiedad privada y el Estado, pero siguió siendo una concesión de parte de los hombres, a pesar que ya algunos espacios no serían en lo adelante una exclusividad de estos gracias al empeño de aquellas en situarse en pie de igualdad con sus semejantes masculinos, asumiendo conductas propiamente varoniles, sobre todo, en cargos ejecutivos o de gobierno, desvirtuando en algún grado la lucha de sus congéneres. De esta forma, la discriminación hacia la mujer tuvo que explicarse bajo otros parámetros, esta vez históricos y sociales, tal como lo hizo Federico Engels mediante su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”. Esto obligó, a su vez, a los hombres revolucionarios (al igual que a las mujeres revolucionarios) interrogarse respecto a los vínculos existentes entre la lucha por la liberación de las mujeres y la lucha por el socialismo revolucionario, algo que no ha sido unánimemente respondido.
En la actualidad, la lucha por la liberación femenina se ha extendido hacia otros ámbitos, resultando ser al mismo tiempo pacifista, ecologista, antiimperialista, anticapitalista, antirracista, anticolonialista y defensora de su identidad cultural, tanto en sentido colectivo como individual, convirtiéndose, por consiguiente, en la lucha más integral que pudiera darse, puesto que no se limita nada más que a lo político o a lo económico, sino que los trasciende y transversaliza. De ahí que la liberación femenina tenga más aproximaciones ideológicas con el socialismo revolucionario que con el capitalismo depredador y explotador, cuestión que merecería una mayor extensión y profundización.-  
 

LA OFENSIVA IMPERIALISTA EN SIRIA APUNTA A IRÁN

LA OFENSIVA IMPERIALISTA EN SIRIA APUNTA A IRÁN

Con acusaciones reiteradas, pero sin comprobación tajante alguna, respecto a que la República Islámica de Irán construye armas de destrucción masiva que amenazan la paz mundial, el gobierno de Estados Unidos ordenó el desplazamiento de  su V Flota, ubicada en Bahrein, país monárquico del Golfo Pérsico, en torno al Estrecho de Ormuz, canal por donde transita el 35% del petróleo a nivel mundial. Al mismo tiempo, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) comenzó maniobras militares en el Mar Jónico, cuyo objetivo principal es la preparación de una intervención militar a gran escala que asegure el suministro de petróleo, través de esta importante vía marítima, a las naciones que la integran. Sin embargo, el trasfondo de todas estas maniobras por parte del imperialismo gringo y de sus aliados europeos es la reconfiguración de todo el Medio Oriente, tal como lo había previsto en su momento el gobierno guerrerista de George W. Bush, de modo que cada país de esta estratégica región quede bajo su influencia directa, estableciendo Estados y mini-Estados, cuyas soberanías respondan sumisamente a sus intereses capitalistas.
 
Así, a las acciones intervencionistas de Estados Unidos y sus socios en Afganistán, Irak y Libia (cuyo control no ha sido definitivo) se suma lo que sucede actualmente en Siria donde grupos de mercenarios reclutados por Arabia Saudita y Qatar han sido infiltrados en su territorio con la finalidad de derrocar al gobierno de Bachar al-Assad e imponer un régimen más propenso a favorecer las demandas estadounidenses y europeas, en un colonialismo de nuevo cuño que se pretende extender a todas las regiones del planeta, basándose en su poderío militar. Tales mercenarios han sido equipados sin disimulo por la OTAN, del mismo modo que lo hicieran en Libia, suministrándoles también informaciones de los desplazamientos e intercepción de las comunicaciones telefónicas de las tropas sirias por medio de su red de satélites. Todo ello aderezado con una campaña de manipulación de la opinión pública en los diferentes medios de información que hacen ver que se trata de una insurgencia popular contra la “dictadura” que padece Siria, exigiendo libertad y democracia para sus ciudadanos, cuestión que está muy a propósito del objetivo estadounidense de agredir a Irán, prácticamente cercado por las fuerzas hostiles de la OTAN, contando con el territorio sirio como plataforma de ataque, además de Israel.
 
Tal como ya lo señalara Álvaro Cunhal en 2001, “la ofensiva imperialista actualmente en curso tiene como objetivo declarado y anunciado, la imposición en todo el mundo del dominio absoluto del capitalismo como sistema único, universal y final”. Esto significa que cualquier concesión a Estados Unidos y sus socios de Europa estará limitando y subordinando la soberanía de los pueblos del mundo a sus intereses, de forma que esta realidad sea absoluta; cuestión que pareciera preocupar a los gobiernos de Rusia y China, los cuales tienen también sus intereses en la región del Medio Oriente y otros continentes que, ineludiblemente, estarían en confrontación con aquellos. En este último caso, tanto Rusia como China han utilizado su veto en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en contra de un mayor incremento de las actividades desestabilizadoras de la OTAN en Siria, anticipando quizás que ésta caiga en manos del imperialismo binario de Estados Unidos y Europa, afianzándose para sí mismos el control de mayores recursos energéticos. Esto es algo que no debe ignorarse a la hora de conocer qué persiguen realmente los regímenes estadounidense y europeos al apoyar a supuestas rebeliones populares en distintas latitudes del planeta en defensa de la democracia, puesto que se les estará dando carta blanca para hacer lo mismo en nuestras naciones.-