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EL NUEVO COLONIALISMO GRINGO-EUROPEO: EXPRESIÓN DE LA BARBARIE CAPITALISTA

EL NUEVO COLONIALISMO GRINGO-EUROPEO: EXPRESIÓN DE LA BARBARIE CAPITALISTA

Según lo revelara en una entrevista realizada en marzo de 2007 el General Wesley Clark, ex Comandante Supremo de la OTAN durante la guerra en Kosovo, Estados Unidos anticipaba ya una intervención militar en Iraq, Libia, Siria, Irán y otras naciones del Medio Oriente, todo con el deliberado propósito de apoderarse de sus yacimientos petroleros y de reconfigurar dicha región según sus intereses económicos con el apoyo de sus socios de Europa e Israel, involucrados todos en una moderna cruzada colonialista. La excusa sería luchar contra el terrorismo, teniendo como telón de fondo lo ocurrido a las torres del World Trade Center de New York.

En la actualidad, los hechos confirman cada día las pretensiones del complejo militar-industrial que domina la Casa Blanca, apuntando al control de los recursos petroleros y a la imposición de un nuevo orden mundial regido por el capital transnacional. Para ello, las situaciones críticas o de conflicto interno existentes en algunas naciones (algunas de ellas inducidas por Washington y sus aliados europeos) son el pretexto para intervenir en las mismas, aduciendo que lo hacen en resguardo de los ciudadanos amenazados y/o masacrados por sus gobiernos, ahora convertidos por obra y gracia de los grandes medios industriales de información en dictaduras o regímenes que usurpan la soberanía popular y violan los derechos humanos. Mediante esta estratagema, el imperialismo binario de Estados y Europa viene imponiéndole al resto del mundo una versión modernizada del colonialismo, tutelando las soberanías nacionales, como lo está haciendo en el caso de Grecia, valiéndose de la crisis económica que atraviesa.

En consecuencia, nada de lo que está sucediendo en Medio Oriente podría casual. Las intenciones son muy claras y no han sido negadas por ninguno de los gobiernos involucrados en su puesta en práctica. Incluso se ha buscado sumar al festín a Rusia y a China, de forma que su poder de veto en el seno de la ONU no entorpezca dichas intenciones. Así, las naciones poseedoras de riquezas naturales estratégicas, como el gas y el petróleo, vitales para el estilo de vida de sus pares industrializadas, corren el grave riesgo de ser víctimas de su voracidad insaciable. El hecho que algunas de ellas no lo sean todavía, no niega que ya estén en la mira de los halcones gringos y europeos, animados por el éxito de sus recientes operaciones militares.

Todo esto tiene, sin embargo, su contraparte y eso le imprime cierto optimismo a la situación programada por los grandes centros de poder hegemónico a nivel mundial: la reacción de los indignados que amenaza con extenderse a los cinco continentes en contra del sistema capitalista. Esta es una cuestión que merece un mayor análisis. Comprender sus causas ayudaría a detener los planes imperialistas de gringos y europeos, concientizados los pueblos de la necesidad de una alternativa revolucionaria que acabe de una vez por todas con la recurrente transferencia de riqueza de los más pobres a los más ricos para superar coyunturalmente la crisis sistémica del capitalismo. A través de esta comprensión, sumada a la necesidad de un mundo multipolar, los pueblos de todo el planeta harían retroceder los planes hegemónicos de las grandes potencias industrializadas, incluso por su propio bienestar, puesto que se trata de liberarlos a todos de la actual barbarie capitalista.-

LA LUCHA DE CLASES NO ES ALGO AJENO A LA LUCHA POR EL SOCIALISMO

LA LUCHA DE CLASES NO ES ALGO AJENO A LA LUCHA POR EL SOCIALISMO

La lucha de clases no es algo que deba entenderse de modo abstracto y ajeno respecto a la lucha por el socialismo revolucionario, tal como lo asumieron los partidos revisionistas en Italia, Portugal y España, dando paso a lo que llamaron eurocomunismo. Aunque se presenten argumentos a su favor, es absurdo concluir en que el mismo resulte posible sin definirse dicha lucha. Ciertamente, un punto en beneficio de tales argumentos es el hecho innegable de los cambios sufridos por el capitalismo durante el siglo pasado y las primeras décadas del presente, sin embargo, sus rasgos esenciales, generadores de explotación, depredación ambiental y desigualdades sociales, siguen intactos, lo cual nos impone replantearnos los conceptos de la lucha socialista de un modo que nos permita una mejor comprensión del momento histórico actual, tanto en términos nacionales como internacionales.

Al producirse una crisis global del sistema capitalista que sacude por igual a naciones ricas como pobres, con medidas de ajuste económico y protestas populares que apenas se diferencian entre sí y que han merecido una represión similar de parte de los organismos de seguridad del Estado, hace falta una aproximación dialéctica mediante la cual determinemos los acontecimientos del presente con la objetividad requerida, especialmente si hay la disposición revolucionaria de construir el socialismo. Esto, por supuesto, no debe llevarnos a generalizaciones que se conviertan en dogmas que obvien las peculiaridades específicas de cada situación analizada, puesto que ello no contribuye al avance revolucionario, estancándolo muchas veces. Así, en el caso de la lucha por el socialismo revolucionario, algunos olvidan las contradicciones presentes en la sociedad regida por el capitalismo, degradando la calidad revolucionaria de las luchas emprendidas por los sectores populares y, otras veces, llevándolas a un nivel revolucionario del cual carecen absolutamente.

Por ello, al plantearse la lucha por el socialismo revolucionario no puede eludirse lo inherente a la lucha de clases, desconociéndose al mismo tiempo el carácter de la turbulencia social, política y económica causada por el capitalismo a nivel mundial, en una confrontación generalizada de trabajadores de todo nivel y corporaciones transnacionales, cuyos intereses han hecho de la soberanía nacional un asunto hipotecable y descartable, como puede rastrearse a través de las guerras de intervención imperialistas y la imposición de recetarios neoliberales bajo la batuta del Fondo Monetario Internacional. De hacerse así, sería más que difícil la posibilidad real de una revolución socialista, logrando en su lugar una mera reforma, sin cambios sustanciales que transformen la realidad existente.

Como bien lo refleja Alan Woods, “es imposible consolidar las conquistas de la revolución dentro de los límites del sistema capitalista. Tarde o temprano, habrá que elegir: o la revolución liquida el poder económico de la oligarquía, expropia a los banqueros y a los capitalistas y emprende la dirección al socialismo, o la oligarquía y el imperialismo liquidarán la revolución”. Esta es una conclusión que paulatinamente se está haciendo presente en las actuales luchas sociales, no obstante que sus dirigentes estén dominados aún por un espíritu reivindicativo, sin trazarse ir más allá de ello; representando una prueba de fuego para los revolucionarios socialistas, venciendo las resistencias ideológicas, políticas, legales y extralegales montadas por quienes piden cautela cuando un grueso porcentaje de los sectores populares exigen acciones más radicales. En tal momento, la lucha de clases definirá el perfil de la revolución socialista que se estaría impulsando, sin caer en medias tintas.-

EL CINISMO IMPERIAL: “NOSOTROS ESTAMOS EN LIBIA POR EL PETRÓLEO”

EL CINISMO IMPERIAL: “NOSOTROS ESTAMOS EN LIBIA POR EL PETRÓLEO”

Durante el diálogo sostenido con la periodista Andrea Mitchell, a través de la cadena internacional MSNBC, el senador demócrata Ed Markey aseguró que “... Bueno, nosotros estamos en Libia por el petróleo. Igual que Japón lo está por la tecnología nuclear. Y esta dependencia que tenemos por el petróleo, es una necesidad que tiene Estados Unidos de tener un programa de energía renovable en el futuro”.

Así, los gobiernos y ejércitos que integran la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) violaron descaradamente las disposiciones de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la cual -pese a su carácter evidentemente intervencionista y neocolonialista, prohibió las operaciones militares en tierra y no contemplaba el derrocamiento de Muammar Gadafi ni el reconocimiento del Consejo Nacional de Transición como gobierno de facto de Libia. Dicha resolución solo autorizaba a los mandos de la OTAN a brindarle  protección de los civiles supuestamente masacrados por las fuerzas gubernamentales libias, pero estos se extralimitaron y organizaron una operación combinada de fuerzas aéreas, navales y terrestres, violando radicalmente la decisión del Consejo de Seguridad, secundados por una campaña mediática a nivel mundial que daba cuenta de la tiranía de Gadafi y de sus crímenes de lesa humanidad.

Muammar Gadafi se convirtió en uno de los socios más fieles del imperialismo en la región de Oriente Medio, especialmente de Francia e Italia, lo que no impidió que los gobiernos de tales naciones, junto con el de Estados Unidos, armaran y respaldaran militarmente a mercenarios, cuya misión principal es la de asegurarles el acceso al petróleo de alta calidad existente en el subsuelo libio. Este hecho, de por sí, constituye una señal de advertencia para el resto de las naciones que disponen de recursos estratégicos esenciales para las potencias capitalistas, las cuales -como quedó demostrado en este caso, al igual que en Afganistán e Iraq- no tendrán reparo alguno en violar la Carta de las Naciones Unidas, validas de su poder de veto en dicha organización, además de su poder bélico, para imponer su voluntad a todo el planeta en un reparto neocolonial que nos recuerda lo hecho en los siglos anteriores por Europa.

Luego de la confusión producida por las rebeliones de Túnez y Egipto -que los hizo defender los regímenes derrocados-, los gobiernos de Estados Unidos y Europa reaccionaron de distinta manera en el caso de Libia, desatando una bien cuidada campaña de desinformación que hizo ver a los mercenarios que ellos patrocinaron como rebeldes enfrentados a una cruel tiranía, llegándose a calificar los acontecimientos allí como una guerra civil. En cierto modo, siguieron los mismos patrones aplicados durante la llamada Guerra Fría cuando enfrentaban la “conspiración mundial comunista”, representada por la URSS. Ahora que la estrategia resultó exitosa, no podemos sustraernos a la idea que la misma será aplicada en algún otro lado, teniendo como blancos principales aquellos países provistos de materias primas requeridos por el capitalismo mundial. Para Estados Unidos, tal estrategia la orientaría hacia su “patio trasero”, nuestra América, lo que debiera prevenir a los gobiernos y pueblos de esta amplia región a contrarrestarla de antemano, de una forma parecida a la empleada contra las pretensiones del ALCA, en una confrontación asimétrica, pero efectiva, que desnude y venza el cinismo imperialista de Washington y de sus socios europeos.-

EL MUNDO CAPITALISTA SE TAMBALEA

EL MUNDO CAPITALISTA SE TAMBALEA

Durante varias décadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) enarboló las banderas del Consenso de Washington promoviendo privatizaciones, reducción del papel de los gobiernos en la economía de sus países, disciplina fiscal sin déficit, reformas impositivas, liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas, reordenamiento de las prioridades del gasto público, auge de los mercados financieros, liberalización del comercio exterior, desregulación para suscitar la competencia, liberalización de las tasas de interés, promulgación de tasas de cambio competitivas y el reconocimiento de derechos de propiedad. También impuso los famosos programas de ajuste estructural (PAE),  convocados a “apretar el cinturón” a los pueblos de los países en quiebra para que sus gobiernos pudieran pagar sus deudas a sus pares desarrollados.

Esto trajo como consecuencia que las crisis cíclicas del capitalismo a nivel planetario se resolvieran a expensas de las economías de los países periféricos, sin que se vieran grandemente afectadas las economías de las metrópolis. Sin embargo, ahora el panorama es otro. A pesar de mantenerse aferrados a sus viejos esquemas, los capitalistas de Europa y Estados Unidos observan -no sin temor- cómo la crisis económica también se ha hecho presente en sus propios países, obligándolos a desenmascararse tal cual son frente a las mayorías, demostrando que sus intereses particulares son más importantes que los del resto del mundo.

Así, el mundo del capitalismo se tambalea. Tal como lo reseña Marco A. Gandásegui, docente de la Universidad de Panamá, “la perdida de hegemonía de EE.UU. se ha agudizado dentro de sus propias fronteras. Los estados federales experimentan un giro político hacia la extrema derecha creando una nueva legislación orientada a expropiar a los trabajadores de sus derechos y beneficios sociales. La excusa que se utilizó en cada uno de estos casos era que las arcas estatales se estaban vaciando y había que eliminar de los presupuestos las conquistas laborales que se remontaban a más de medio siglo. Mientras que el segmento más rico de EEUU tiende a aumentar sus ingresos, producto de las leyes que lo beneficia, las capas medias y los trabajadores pierden sus empleos, sus beneficios sociales y jubilaciones, así como sus viviendas. En los estados del sur de EE.UU, donde no existe una historia de conquistas sociales, la política de “desposesión” de la extrema derecha se dirigió a los trabajadores inmigrantes que ocupaban los empleos menos remunerados, pero que reciben beneficios sociales. La táctica es continuar explotando a los trabajadores extranjeros, pero eliminando sus beneficios sociales”. Igual cosa pudiera adjudicársele a los países europeos, buscando la manera de mantenerse a flote, en especial de aquellos que integran la euro-zona, tratando de fortalecer el euro, antes que la rebelión iniciada por los pueblos de nuestra América y retomada con fuerza por los pueblos de África y Asia, termine por arroparlos, produciendo una verdadera revolución social.

De esta forma, por su extensión mundial, la actual crisis capitalista impone nuevas perspectivas de lucha y de comprensión del momento histórico que vivimos. En palabras de Víctor Álvarez, ex Ministro de Industrias Básicas del Presidente Hugo Chávez, “la visión productivista, economicista o mercantilista del modelo productivo que aún prevalece, es precisamente la que hay que superar para extender la mirada hacia los demás ámbitos, áreas, esferas y dimensiones en los que pueden encontrarse nuevas claves para la masiva inclusión social y el desarrollo humano integral. La posibilidad real de abatir las causas de la pobreza y la miseria y abrir nuevas vías para la participación e inclusión de la gente, pasa por marcar una clara diferencia con esa escueta visión productivista, economicista o mercantilista de lo que significa un modelo productivo”. En esta perspectiva tendrían que insertarse las luchas que se libran masivamente contra los desmanes del sistema capitalista en gran parte del mundo, sin limitarse al ámbito meramente reivindicativo, como la falta de empleo, por ejemplo. Ello exige un ejercicio dialéctico de comprensión de todos los elementos involucrados, incluyendo -por supuesto- el rol cumplido hasta ahora por los diferentes regímenes a favor de los privilegiados de siempre del capitalismo y en perjuicio de quienes sólo cuentan con su fuerza de trabajo para sobrevivir, lo que desembocará, sin duda, en una mayor demanda de espacios de participación política por parte de las grandes mayorías, del mismo modo como ocurriera en Venezuela y en otras naciones de nuestra América en esta última década de importantes rebeliones sociales.-

PARA CONSTRUIR EFECTIVAMENTE EL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO

PARA CONSTRUIR EFECTIVAMENTE EL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO

“Los que hacen las revoluciones a medias no hacen más que cavar sus propias tumbas”. Consigna del Mayo Francés, 1968. 

La disyuntiva del socialismo revolucionario siempre ha oscilado entre la continuidad del orden establecido y la irrupción de uno que lo reemplace mediante el establecimiento de unos nuevos valores y unas nuevas relaciones políticas y económicas que se diferencien de forma substancial de los tradicionalmente aceptados.  

En efecto, para construir efectivamente el socialismo revolucionario es fundamental armonizar los deseos de las mayorías de disfrutar mayores niveles de justicia social en combinación con mayores niveles de protagonismo político, además de aquellos que permitan una equidad económica que tienda a disminuir y a eliminar la explotación de los trabajadores, lo que se traduciría en la autogestión y el control ejercido por éstos en la producción, transformándose -en consecuencia- lo que entendemos por propiedad privada de los medios de producción.    

Una cuestión que debe manifestarse en el ejercicio efectivo del poder por parte de los sectores populares aunque se convenga en que ello sería algo difícil de lograr, dadas las ancestrales relaciones de poder existentes entre gobernados y gobernantes. Sin embargo, en descargo de ello, es lícito afirmar que tales relaciones bajo el socialismo revolucionario tienen que modificarse de una forma radical, invirtiendo la pirámide social y política actual por un sistema que privilegie la organización, el protagonismo y la participación del pueblo. En tal caso, habría que dilucidar el dilema entre mandar obedeciendo, conforme a la democracia participativa y protagónica, o mandar sometiendo, propio de la democracia representativa, todo lo cual exige cuestionar y replantearse los esquemas políticos, sociales, económicos y culturales imperantes, produciendo una nueva teoría y un nuevo conocimiento basados en el socialismo revolucionario y en correspondencia con la realidad específica de cada país donde tenga lugar.

De crearse las condiciones apropiadas para su logro, la nueva realidad que surja de estos cambios revolucionarios tendrá que arropar ineludiblemente al Estado, en tanto estructura que rige a la sociedad, sometiéndolo a un cambio estructural que sea expresión del carácter participativo y protagónico del nuevo modelo de democracia, siendo el poder popular su elemento más distintivo y decisivo. Así, en oposición a ese Estado de minorías privilegiadas, subordinado a las decisiones e intereses de quienes hegemonizan el sistema capitalista, es obligatorio constituir otro de nuevo tipo, uno mediante el cual se beneficie realmente a las mayorías, pero sin disminución ni irrespeto de los derechos de sus opuestos. De esta forma, el socialismo revolucionario pudiera vivir una transición efectiva, profunda e indetenible que facilite luego la autogestión comunal, sin interferencia alguna del Estado, lo que sentaría las bases para un nuevo orden social, político y económico -emancipatorio, humanista, justo, solidario, igualitario y respetuoso de la vida en todas sus manifestaciones- que represente una verdadera alternativa a seguir por los pueblos del mundo.-

LA ÉTICA REPUBLICANA DE SIMÓN BOLÍVAR, SU VIGENCIA PERDURABLE

LA ÉTICA REPUBLICANA DE SIMÓN BOLÍVAR, SU VIGENCIA PERDURABLE

La vigencia del pensamiento y la obra del Libertador Simón Bolívar se manifiestan de distintas maneras. En el campo político, Bolívar se encamina hacia la autonomía de cualquier poder imperial; en lo jurídico hacia la unidad latinoamericana; en lo económico hacia la justicia agraria y en lo social hacia la igualdad de todos los ciudadanos. Para él, la Independencia no es un fenómeno político aislado, producto de las elucubraciones y la buena fe de algunos: es justicia económica, autonomía política, unidad latinoamericana, libertad de espíritu, igualdad social, perfección ética, progreso cultural y educativo. Todo lo cual implica darle nacimiento a una nueva sociedad, distinta en todo a las existentes en la vieja Europa y al coloso que emergía en aquel entonces al norte del continente: Estados Unidos.

En Simón Bolívar, el factor ético se expresa en la intransigencia patriótica, la condena al despotismo colonial, el odio a los que oprimen a la nación, la valentía política y la honradez a toda prueba; lo que servirá de estímulo para que exista una conciencia nacional sólida entre quienes harán posible la vida de las nuevas repúblicas americanas. Esta posición ética se debe asumir en la lucha por la independencia, en especial, en lo relativo al sacrificio personal, la satisfacción por el deber cumplido, el anteponer los intereses colectivos por encima de los propios y trabajar activamente por la independencia y la democracia. “Es preciso -afirmará en Carta dirigida al Cnel. Antonio Morales el 25 de febrero de 1820- el último rigor con los malvados, sean  godos o sean patriotas, porque la República tanto gana con la destrucción de un buen realista como de un mal ciudadano. El crimen en todos los partidos es igualmente odioso y condenable: hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad”.

Igualmente, para el Libertador la soberanía no es algo ajeno al pueblo, reservado para las elites gobernantes. Para Bolívar, ella es la única autoridad legítima de las naciones, por ello insiste en la necesidad de educar a los nuevos republicanos, inculcándole valores morales que les permitan ejercer cargos gubernamentales, elegir y ser electos, dado que conocían sus deberes y podrían reclamar con propiedad sus derechos. Al respecto, su posición es diáfana:Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres: hacerlos honrados y felices. Poniendo restricciones justas y prudentes en las asambleas primarias y electorales, ponemos el primer dique a la licencia popular, evitando la concurrencia tumultuaria y ciega que en todos tiempos ha imprimido el desacierto en las elecciones y ha ligado por consiguiente, el desacierto a los Magistrados y a la marcha del Gobierno; pues este acto primordial es el acto generativo de la libertad o de la esclavitud de un pueblo”.

Si bien es cierto que Bolívar estimulaba el respeto a la soberanía popular, no menos es cierto que buscaba que la misma descansara sobre los ciudadanos de un modo consciente, alejada de la demagogia de quienes sólo lisonjean al pueblo para usufructuar el poder. Esto lo dejará plasmado admirablemente en su Discurso al Congreso de Angostura, al proponer un cuarto poder: el moral. Con él, buscaba estimular y premiar la conducta cívica de los ciudadanos, con la finalidad de que éstos sirvieran de ejemplo al resto de la sociedad. Para su mantenimiento, Bolívar consideraba importante la responsabilidad de los empleados públicos en la organización y funcionamiento del gobierno, el respeto a la propiedad por parte del Estado, el respeto de la opinión pública y de la prensa, ésta última como medio de información y de orientación de la opinión pública, no como su manipuladora. De ahí que esta ética republicana tenga una vigencia perdurable en nuestra América, del mismo modo que su visión integracionista y antiimperialista, siendo referencia obligada de todas las luchas del presente.-

LA CELAC Y LA RUPTURA DEL MUNDO UNIPOLAR

LA CELAC Y LA RUPTURA DEL MUNDO UNIPOLAR

     La creación oficial de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) -planteada inicialmente para el 5 de julio de este año en Caracas- viene a rubricar los nuevos procesos sociales y políticos que se han originado en las naciones de nuestra América en la búsqueda de mayores niveles de democracia e independencia respecto a la hegemonía del imperialismo estadounidense. En este contexto, las experiencias previas de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), están enmarcadas en los principios de cooperación pacífica entre las naciones e impulso y consolidación de la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos que debe regir el Derecho internacional.

     De esta manera, el surgimiento de este nuevo bloque regional se acopla al proceso de luchas sociales, económicas y políticas libradas por nuestros pueblos desde finales del siglo pasado, las cuales han determinado, a su vez, que haya gobiernos de tendencia progresista y/o revolucionaria abocados a reivindicar la soberanía popular y demás derechos democráticos. Por ello mismo, las latinoamericanas y los latinoamericanos debemos comprender y compartir la trascendencia de este hecho indudablemente histórico, ya que nos permite ocupar un lugar propio en el amplio escenario mundial; ahora controlado por las apetencias de recursos y de territorios estratégicos por parte de Washington.

     En síntesis, la creación de la CELAC contribuye enormemente a romper con esa concepción de un mundo unipolar que ha provocado intervenciones y guerras de carácter neocolonial, ahora legitimadas por la ONU, una cuestión que han enfrentado los pueblos del mundo de una forma espontánea, pero que podrían asumir en conjunto los gobiernos de los países que se sumen a esta iniciativa integracionista, dando así un ejemplo a los demás bloques regionales existentes, dominados básicamente por intereses económicos.

     No obstante, es vital que a tal iniciativa se incorporen de manera activa y protagónica los movimientos populares, tal como lo han hecho con la ALBA-TCP, haciendo de la integración latinoamericana y caribeña un elemento fundamental de la lucha común que se libra contra la hegemonía capitalista, la explotación sin una compensación válida de trabajadores y de recursos naturales, y el ordenamiento imperialista de Estados Unidos. En la medida que esto sea posible, la integración de nuestra América podrá emprender exitosamente la consolidación de uno de sus sueños más caros y largamente postergados: su pleno desarrollo económico. Para ello requerirá de un amplio abanico de acciones e iniciativas colectivas que logre la ruptura de un mundo unipolar donde el acceso a los mercados de crédito, tecnología y comercio se halla dominado por las grandes transnacionales estadounidenses, europeas y japonesas; algo que no pueden obviar jamás los gobiernos de la región.-

DÓLARES Y MISILES EN LA ESTRATEGIA IMPERIALISTA DE EE.UU.

DÓLARES Y MISILES EN LA ESTRATEGIA IMPERIALISTA DE EE.UU.

         Con la película de Stanley Kubrick, “Chaqueta metálica” (exhibida en nuestro país con el título de “Nacido para matar”), quedó de manifiesto la mentalidad de las tropas estadounidenses cuando uno de los soldados confiesa que fue a la guerra de Vietnam porque “quería conocer gente de una vieja cultura y matarla”. Es lo que han hicieron antes los soldados de George Walker Bush y los de Barack Obama ahora cuando atacan y matan a ciudadanos inermes en Irak, Afganistán y Libia, pretendiendo hacerlo en resguardo del mundo libre, occidental y cristiano amenazado por extremistas bárbaros que, en su mente simplista, deben desaparecer de la faz de la Tierra. Una cuestión concienzudamente exacerbada por los halcones guerreristas en la Casa Blanca (secundados por sus socios ingleses y europeos) para quienes la guerra preventiva dejó de ser un ejercicio teórico del Pentágono para convertirse en una realidad que amenaza cada día más la paz mundial.

        A pesar de la autocensura impuesta por las corporaciones industriales de noticias estadounidenses, el gobierno de Estados Unidos no pudo impedir que algunas imágenes de la guerra contra el “terrorismo” fueran difundidas en algunas cadenas televisivas de su país y en Internet, despertando indignación y horror en distintas latitudes del mundo, al observarse el comportamiento habitual de las fuerzas militares anglosajonas en aquellas tierras milenarias. Los ciudadanos estadounidenses dudan, incluso, que su gobierno desconociera los planes terroristas que se concretaron en los ataques del 11 de septiembre de 2001 y, tras la fachada de la lucha contra el terrorismo, descubren que existen poderosos intereses de grandes corporaciones transnacionales que buscan controlar el mercado de los hidrocarburos en el Asia Central, conectados a la clase gobernante de su país.

         Esto confirma lo plasmado en el Documento de Santa Fe IV, según el cual “Estados Unidos no debe tener miedo de actuar como la superpotencia invencible que es en realidad. La mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño invisible”. Tal puño se llama Ejército de los Estados Unidos. Así, McDonald´s no puede expandirse sin McDouglas, el fabricante de los aviones F-15.

         Tales patrones de imperialismo y fascismo descarado se vieron oportunamente estimulados por los ataques del 11-S, lo que facilitó que se viera enemigos a vencer en todos aquellos que no compartieran su visión parcializada del mundo; justamente aquellos que luchan por mantener sus raíces históricas ante el avance demoledor, excluyente y uniformador de la globalización capitalista. De ahí en adelante todo giraría (o debiera girar) en torno de los intereses vitales de seguridad nacional que constituyen el imperio económico y geopolítico de Estados Unidos en todo el planeta. Así, Bush estableció que el “eje del mal” contra los “buenos” de Estados Unidos no sólo lo representaban Corea del Norte, Irán, Siria o Cuba, sino todo aquello que pudiera ser denominado radicalismo populista, según la acepción del General James T. Hill, ex jefe del Comando Estratégico del Sur, al referirse a los casos particulares de Haití y Venezuela. Obama ha seguido la misma senda que su antecesor en la Casa Blanca sin ningún tipo de rubor y desmereciendo el Premio Nobel de la Paz que le fuera otorgado.

            Lo peor de todo este panorama es que Obama y sus halcones es constatar que están convencidos que no existe fuerza alguna, a nivel mundial, que les haga contrapeso o contenga sus apetitos territoriales. Por ello, buscan acomodar sus piezas de dominio hegemónico en América Latina y el Caribe, enfilando sus baterías hacia las reservas energéticas e hídricas que existen en abundancia en esta importante región del planeta, como es el caso de la Amazonia, aprovechándose del auge delictivo existente en algunas de estas naciones, especialmente centroamericanas. De este modo, a la par de la diplomacia del dólar, Estados Unidos ha ido potenciando firmemente su supremacía militar en esta región, gracias a la implementación de algunos planes militares que le dan potestad para intervenir, incluso, en los asuntos internos de estos países si considera que deben hacerlo y si sienten amenazados sus intereses comerciales, gracias a la posición servil y mercantilista de algunos de sus gobiernos.-