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EL RECLAMO DE LOS YUKPAS: PRUEBA DE FUEGO PARA LA "REVOLUCIÓN BOLIVARIANA"

EL RECLAMO DE LOS YUKPAS: PRUEBA DE FUEGO PARA LA "REVOLUCIÓN BOLIVARIANA"

 “El gobierno le teme al pueblo…por eso tiene tantos soldados y policías. Tiene un miedo muy grande. En consecuencia, es muy pequeño. Nosotros le tenemos miedo al olvido, al que hemos ido achicando a fuerza de dolor y sangre. Somos, por tanto, grandes.” Sub-Comandante Insurgente Marcos, EZLN.

El reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indígenas de Venezuela en 1999 supuso un avance positivo en la historia de segregación, explotación, marginamiento y desprecio consuetudinario que éstos padecieran desde la invasión europea al extenso territorio de Abya Yala, nuestra América. Sin embargo, la ponencia del Tribunal Supremo de Venezuela del pasado 31 de julio, a través de la Sala Constitucional, que declaró inadmisible el amparo procurado por representantes del pueblo yukpa de la Sierra de Perijá, en el estado Zulia, en contra del cacique Sabino Romero, deja prácticamente convertida en letra muerta dicho reconocimiento.

Los yukpas solicitaron que se declarara sin lugar la decisión de la Corte de Apelaciones Número 2 de esta entidad federal respecto al juicio que se le sigue a Romero, además de a otros indígenas, acusados todos de homicidio calificado y lesiones por un problema de tenencia de tierras (las cuales comprenden, por cierto, una franja de explotación de minerales de carbón, fosfato y uranio, además de ser apetecidas por hacendados), acaecido el 13 de octubre de 2009, considerando que el artículo 260 de la Carta Magna venezolana establece que “las autoridades legítimas de los pueblos indígenas podrán aplicar en su hábitat instancias de justicia con base en sus tradiciones ancestrales y que sólo afecten a sus integrantes, según sus propias normas y procedimientos (…)”, algo que se podría ampliar con la interpretación y aplicación del artículo 119 del mismo texto, al hablar del reconocimiento de las instituciones del Estado de su organización social, política y económica, sus culturas, usos y costumbres, entre otros derechos inalienables. Según el reclamo de los yukpas, la justicia ordinaria penal es incompetente para juzgar este caso, basándose en lo enunciado en la Constitución y en los acuerdos internacionales suscritos y ratificados por Venezuela que le reconocen a los pueblos indígenas una jurisdicción especial, algo que ahora se pone a prueba con este amparo denegado por el TSJ.

En esta situación, los poderes del Estado venezolano estarían contradiciendo el espíritu de la máxima ley de los venezolanos, no obstante conocer que los hechos se suscitaron en un territorio indígena, siendo protagonizados por indígenas, lo cual -de aceptarse la legitimidad del reclamo yukpa- no choca con los demás derechos admitidos y garantizados constitucionalmente. Sin embargo, es innegable que aún existe un prurito clasista y conservador en las instituciones públicas de este país que les impide adecuarse a las corrientes del tiempo histórico que se vive en éste y resto de naciones de nuestra América, en especial con lo que corresponde a la total transformación de los poderes públicos, en concordancia, precisamente, con los postulados de la Constitución bolivariana.   

Como escribiera, a propósito de este tema, Francisco Sierra Corrales: “Más valor y posiciones de avanzada ha tenido la judicatura Colombiana, a pesar de reinar un régimen terrorista de ultraderecha, gobernado por el narco-paramilitarismo y una constitución de democracia representativa y no obstante han tomado decisiones, en donde magistrados y jueces han enjuiciados a connotados jefes del régimen, le negaron la segunda re-elección al capo mayor y ahora le han abierto averiguación al hijo de Uribe y han destapado el caso de la fosa de la Macarena, con paracos armados hasta los dientes y las tropas yanquis de respaldo, apuntándolos al corazón o a la cabeza”. En tiempos supuestamente revolucionarios y socialistas, ésta sería la mejor oportunidad de demostrar la disposición de cambiar sustancialmente el viejo modelo civilizatorio en que nos desenvolvemos, sin las contradicciones ni las injusticias que le son característicos.- 

EL NOBEL DE LA “PAZ” QUIERE GUERRA

EL NOBEL DE LA “PAZ” QUIERE GUERRA

El desplazamiento de naves militares estadounidenses -escoltadas por submarinos nucleares- en dirección a las costas de Irán dan cuenta de las intenciones belicistas del gobierno de Barack Obama, tratando de imponerle su voluntad al gobierno iraní respecto a sus planes de desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos, utilizando para ello toda medida de presión, incluyendo las sanciones recientemente sancionadas por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, por recomendación (o imposición, vale lo mismo) de Estados Unidos.

En este escenario de preguerra, Arabia Saudita autorizaría el uso de su espacio aéreo por parte de la aviación militar de Estados Unidos e Israel. Por su parte, se habrían instalado interceptores de misiles en cuatro países: Qatar, Emiratos Árabes, Bahréin y Kuwait, en una operación tenazas que invalidaría cualquier defensa del lado iraní. Esta acción militar sería secundada por el Estado de Israel, cuyas naves tendrían la facultad supra legal de revisar cuanta embarcación pudiera circular en aquellas aguas, bajo la sospecha de servir para el transporte de armamento, ya que Irán estaría en la lista de Estados que cobijan el terrorismo, ignorándose lo propio respecto a los gringos y sionistas en todo territorio.

El trasfondo de todas estas maniobras radica en la ambición de las corporaciones transnacionales (gringas y europeas) de hacerse del control de los recursos energéticos existentes en toda la región del Medio Oriente, tal como ya se logró con las invasiones a Afganistán e Iraq, buscando al mismo darle una configuración más adecuada a la hegemonía de Estados Unidos, cosa que ya se planteara durante el mandato nefasto de George B. Bush, lo cual no ha sido descartado, si tomamos en cuenta el contenido de la visión estratégica que le asigna a este país el control territorial de los recursos naturales a escala mundial, constituyéndose en un gendarme planetario para quien la vida y la cultura independiente del resto de los pueblos es algo secundario, cuyo valor no es nada ante los intereses económicos que defiende.

Si a lo anterior, le agregamos los amagos belicistas que se han escenificado en la península de Corea, creando una situación de choque que facilite la intervención directa de las tropas yanquis, podemos afirmar que el presidente Obama está jugando con fuego, ejecutando las directrices del consorcio empresarial-militar que domina su país, legitimando el uso de armas nucleares de modo unilateral solo bajo la presunción de ser Estados Unidos atacado eventualmente; una cuestión que nos retrotrae a la tensión reinante durante la llamada Guerra Fría, pero sin el contrapeso de una potencia militar a semejanza de la extinta Unión Soviética.

Con ello, Obama (galardonado tempranamente con el premio Nobel de la paz) mantiene y perfecciona la doctrina de guerra preventiva que Bush diera a conocer luego del turbio derrumbamiento de las Torres Gemelas de Nueva York, permitiéndose hacer lo mismo que Israel con sus vecinos árabes, pero ya en una proporción global e indefinida, sin concederle derecho alguno a la autodefensa a quienes tengan la desgracia de ser atacados. Toda esta situación no resulta inusual ni casual, por lo que no debiera extrañarle a nadie. Ya anteriormente, Estados Unidos ha realizado simulacros bélicos de su V Flota, estacionada en aguas del Golfo Pérsico, frente a las costas iraníes, con evidentes propósitos intimidatorios.

El imperialismo yanqui, por consiguiente, no estará dispuesto a modificar el rumbo adoptado, al presionar a Ia República Islámica de Irán para que desista de su programa nuclear, menos ahora cuando ha logrado que la ONU y resto de las naciones agachen la cabeza, violando descaradamente cualquier disposición del derecho internacional, sin que haya una medida concreta que se lo impida, aceptando sus acciones como hechos inevitables.

Además, se pone al descubierto que Washington utiliza una doble moral respecto al tema nuclear, denunciando a Irán de ser una amenaza para la paz mundial, pero haciéndose de la vista gorda en cuanto al cumplimiento del Tratado de No Proliferación Nuclear concebido en 1968 con el objetivo de restringir la posesión y uso de armas nucleares, el cual -por cierto- infringen, precisamente, EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia y China, quienes las tienen en grandes cantidades. Otro tanto ocurre con Pakistán, la India, Israel y Corea del Norte, los cuales no han suscrito tal acuerdo y disponen de bombas atómicas, pero que -al ser aliados los tres primeros nombrados- han recibido un trato irregular por parte de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, dependiente de las Naciones Unidas que supervisa los posibles incumplimientos en esta materia.

En los casos de Corea del Norte e Irán (firmante éste del Tratado de No Proliferación Nuclear, pero acusado reiteradamente, sin pruebas concretas, de querer desarrollar la bomba), reciben una condena directa y abierta por parte de la AIEA y de los países fundadores del Tratado, cuestión que evidencia una subordinación prácticamente colonial (y cómplice) en relación a los intereses del imperialismo yanqui y de sus socios europeos.-

PALESTINA: MÁS DE 60 AÑOS DE OPRESIÓN CONTINUADA

PALESTINA: MÁS DE 60 AÑOS DE OPRESIÓN CONTINUADA

Durante más de medio siglo, la campaña desinformativa orquestada por el capital sionista nos ha impuesto una realidad falseada sobre lo que acontece en la explosiva región del Oriente Medio, con un pueblo palestino en lucha constante por obtener su derecho a existir como nación independiente. Así, la limpieza étnica ejecutada por escuadrones terroristas sionistas, logrando la expulsión forzada de palestinos y palestinas de sus hogares ancestrales, ateniéndose a razones de “seguridad”, en un proceso de recolonización del territorio de Palestina, ha sido silenciada prácticamente, sin generar mayores acciones de parte de la ONU y del conjunto de naciones que la integran, de modo que se condene y se impida contundentemente el holocausto de esta población. En contraste con esta realidad tergiversada, Palestina es víctima diaria de los desmanes y despotismo genocida y racista del gobierno sionista de Israel, valiéndosele de la doctrina que establece que ésta era “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, en este caso, el judío, segregado, perseguido y asesinado por todos los países de Europa desde la Edad Media hasta 1945.

Con tal justificación en mano, además de su victimización por parte del régimen nazi de Alemania, bien explotada y recordada a través de los diferentes medios de comunicación, en especial por el cine, lo cual le ha servido al sionismo como chantaje moral frente a las acusaciones de estar aplicándoles a los palestinos el mismo tratamiento sádico de los nazis, con ghettos incluidos, tal como se manifiesta con el bloqueo inhumano en la Franja de Gaza actualmente, prohibiéndoseles todo tipo de ayuda humanitaria, aún la más elemental. Aunado a ello, a los palestinos se les niega también su derecho a la ciudadanía, a pesar de morar en sus tierras desde antes que las recolonizara el Estado de Israel con la “ley de retorno” de los judíos a Israel, la cual le facilita a cualquier descendiente de judío -aún sin contar con una genealogía comprobadamente judía, a la manera bíblica- inmigrar hacia Israel. Con un arsenal militar moderno que incluye la posesión de armas nucleares, Israel se ha dado el lujo de atacar impunemente a sus vecinos árabes, contando con la complicidad y defensa a ultranza del imperialismo yanqui. Ha desempeñado, por tanto, un papel de punta de lanza de los intereses gringos y europeos en el Medio Oriente, fustigando de cualquier modo los movimientos nacionalistas de resistencia que se han expresado en contra a tales intereses en el mundo árabe y para lo cual han apelado a métodos incontestablemente terroristas, con asesinatos selectivos de personajes políticos, incluidos de otras naciones, y masacres de poblaciones enteras. Esto resume en la práctica lo que el periódico israelí Haaretz señalaba en 1951: “Israel se convertirá en el perro guardián. No hay ningún peligro de que Israel asuma ningún tipo de política hacia los estados árabes si ésta contradice explícitamente los deseos de EEUU y Gran Bretaña. Pero quizá, si los poderes occidentales alguna vez prefieren cerrar sus ojos, Israel puede confiar en que puede atacar uno o más estados vecinos, los cuales han mostrado su descortesía con Occidente más allá de los límites permitidos”.

Esto es, justamente, lo que explica el silencio y la aparente apatía e “impotencia” de Occidente frente al holocausto palestino, salvo en ocasiones como la de los últimos días a propósito del ataque criminal perpetrado contra una flotilla de embarcaciones provistas de alimentos y medicinas que se dirigía al puerto de Gaza. No hay en todo ello la leyenda interesadamente creada y aceptada que ambos pueblos no pueden coexistir en paz, lo que demanda un mayor análisis y exposición, apelando a la historia que comparten, ya que es claro que el sionismo es un elemento de perturbación exógeno utilizado por los Estados y transnacionales petroleras gringo-europeas para apoderarse de los grandes recursos energéticos que reposan bajo el subsuelo de la región del Medio Oriente (“el gran premio material de la historia de la humanidad”, como lo declarara en 1945 el Departamento de Estado estadounidense), imponiendo su reconfiguración total a favor de sus intereses geopolíticos y capitalistas.-

EL MEDIO AMBIENTE Y LA ELECCIÓN CONSCIENTE DEL SOCIALISMO

EL MEDIO AMBIENTE Y LA ELECCIÓN CONSCIENTE DEL SOCIALISMO

           Desde el momento en que comenzara a imponerse el sistema económico del capitalismo a todas las naciones de este planeta se modificó sustancialmente la relación de armonía y de dependencia existente entre los seres humanos y el medio ambiente, lo cual se agudizó más en aquellas naciones que le han servido de soporte al desarrollo económico Europa, Estados Unidos y Japón mediante la explotación indiscriminada de sus recursos naturales, sin que haya una retribución efectiva que minimice, por ejemplo, sus niveles de pobreza.

Tal situación ha implantado un desdén suicida en la conciencia de las personas por la preservación de todo lo que integra un ecosistema, a tal punto que muchas empresas buscan paliar los efectos destructivos y contaminadores de sus actividades a través de fondos de ayuda, pero sin invertir un céntimo para hallar alternativas a corto o mediano plazo que den cuenta de sus esfuerzos por sanear los suelos, el aire y las aguas, otorgándonos a todos una oportunidad de vivir sin la zozobra del cambio climático que nos afecta mundialmente.

De ahí que el socialismo viene a ser una elección consciente que debemos asumir frente al capitalismo depredador, ya que el mismo no está orientado por un afán desmedido de obtener ganancias fáciles sino, más bien, por una visión ecologista de la vida. Sin embargo, hay que acotar que algunas personas convencidas de su necesidad histórica siguen aferradas a los esquemas desarrollistas del capitalismo como fórmulas efectivas para sacar a sus países del nivel de atraso y dependencia en que se encuentran, con lo cual estarían contribuyendo también a que la situación de deterioro acelerado de nuestro medio ambiente continúe, sin que se vislumbre una solución factible e inmediata al enorme problema creado por dicho sistema económico. Ello es parte de la contradicción que debe enmendarse en beneficio de todos los seres vivos de este planeta, por lo cual les corresponde a los revolucionarios socialistas definir un modelo económico completamente distinto al capitalismo, sin que sobrevivan resabios de éste en el nuevo modelo económico socialista por instaurarse.

Esto nos impone un debate político serio que deben emprender por igual todos los ciudadanos en cada uno de sus países, no solamente por los ecologistas, convirtiendo así el tema ambiental en una materia de primer orden que active un cambio sustantivo e integral en la manera de hacer la política. Hay que revisar, en consecuencia, los modos de producción vigentes, dado que el capitalismo industrializado mantiene un régimen consumista voraz, basado en un presupuesto errado de la profusión de los recursos naturales, como asimismo la administración de los mismos por parte de algunas naciones en proceso de crecimiento económico. En la República Bolivariana de Venezuela, por ejemplo, tenemos que, por mandato constitucional, se establece el derecho y el deber de cada generación de proteger y mantener el ambiente en beneficio de sí misma y del mundo futuro, no obstante, su producción de hidrocarburos contribuye a elevar los niveles de deterioro de nuestra capa de ozono al ser consumida tanto en los países desarrollados como en los menos desarrollados; una cuestión que, al examinarla objetivamente, resulta discordante, por mucho que se alegue en contrario, pero que no se ha abordado abiertamente todavía.

Semejante realidad nos obliga a trascenderla mediante la construcción decidida del socialismo -pero sin las aristas del capitalismo-, sobre todo, cuando la crisis capitalista nos ubica ante la perspectiva nada descartable de nuevas guerras imperialistas que, inevitablemente, aumentarían aún más las cifras extremas de escaseces, hambre y miseria existentes en la Tierra, además del control directo de las fuentes energéticas y otros recursos naturales estratégicos de parte del imperialismo yanqui-sionista y sus socios europeos. Ello constituye, sin duda, una tarea histórica inaplazable a cumplir por los revolucionarios.-          

EL SOCIALISMO COMO PROGRAMA HISTÓRICO DE LA LUCHA POPULAR

EL SOCIALISMO COMO PROGRAMA HISTÓRICO DE LA LUCHA POPULAR

El socialismo debiera ser entendido, antes que nada, no como modelo de Estado y gobierno sino como un programa histórico construido y postulado por las diferentes corrientes de la lucha popular. Bajo tal premisa se podrían evitar, quizás, algunos de los equívocos habituales al momento de planteárselo como alternativa revolucionaria frente al capitalismo; evitándose también los procedimientos que, a la larga,  reproducirán la vieja estructura política y social que se pretende erradicar, como ocurriera en la extinta Unión Soviética, siendo ella el modelo más a la mano para entender que no basta con estatizar los grandes medios de producción y creando algunas nuevas formas de propiedad social, si se carece del dinamismo impuesto por la lucha de clases y la participación popular en la definición de las nuevas políticas públicas.

Se tendría, entonces, que evitar, mediante la lucha organizada de las masas por conseguir y consolidar definitivamente los cambios revolucionarios, que el mando político corporativo y burocrático establecido en todas las estructuras del viejo modelo de Estado (incluidos los partidos políticos, sindicatos y otras formas organizativas clásicas) bloqueé la perspectiva que tales cambios causen el cambio estructural que debe sufrir dicho Estado, de manera que se trascienda el marco de la victoria meramente político-electoral y se construya, en consecuencia, un nuevo referente político donde el protagonismo popular sea un elemento primordial.

Es necesario, por ende, acelerar las condiciones que permitan el desarrollo de un sujeto popular que garantice el dominio político del proceso revolucionario bajo las banderas del socialismo, sin lo cual cualquier tentativa distinta por producirlo podría desviarlo y hacerlo fracasar, ocasionando un grave retroceso en la lucha popular que fortalecería la posición hegemónica de los grupos dominantes.

En consecuencia, la hegemonía de la cual disfrutan las instituciones asociadas a la representación en la actualidad tiene que ser combatida, necesariamente, por las fuerzas populares en el mismo plano que éstas lo han hecho para legitimar su poder, pero simultáneamente en todos los escenarios posibles, tanto en lo que tiene que ver con el ejercicio de su soberanía como en todo aquello que permita organizar un poder (o contrapoder) popular que tense las relaciones habitualmente aceptadas con el Estado, de modo que pueda plantearse su sustitución y erradicación por uno completamente diferente y revolucionario. Para lograrlo es preciso promover desde abajo una sociedad sin clases, con instituciones y modos de vida encauzadas por costumbres y valores democráticos impulsados por el pueblo que respondan a sus necesidades y expectativas largamente postergadas, de forma que las viejas instituciones del Estado burgués y las relaciones de producción capitalista den paso a otras de carácter eminentemente popular y socialista.

Se hace preciso entonces fundar una democracia comunitaria o consejista, arraigada en las mejores tradiciones sociales y de camaradería de nuestros pueblos ancestrales (tanto americanos como africanos, sin excluir lo que pudiera valorarse igualmente de Europa en este sentido), la cual tendría que restringir y supeditar la jerarquización verticalista del Estado porque entonces carecería de sentido y mecanismos que la hagan una realidad consolidada, entendida ésta como una voluntad de revolucionar cultural y políticamente a la sociedad imperante, generándose así unos nuevos modos de vivir que hagan posible el socialismo revolucionario como un programa histórico centrado en la realidad presente de nuestros pueblos,  elaborado y fundamentado por los diversos movimientos de la lucha popular.-

 

LA PREFIGURACIÓN DEL NUEVO ESTADO, O TODO EL PODER PARA EL PUEBLO

LA PREFIGURACIÓN DEL NUEVO ESTADO, O TODO EL PODER PARA EL PUEBLO

El cambio estructural que plantea (o se deriva de) la revolución socialista obligan a reflexionar y a trabajar dinámicamente en la constitución de un Estado que sustituya sustancialmente -en todas sus expresiones, niveles, procedimientos y componentes- al viejo Estado representativo, institucionalizado por la burguesía desde hace siglos en defensa de sus intereses de clase. Para ello es imprescindible su completo y constante cuestionamiento deslegitimador, de manera que su conquista signifique cumplir con la antigua, pero acertada, consigna bolchevique de darle todo el poder al pueblo, haciéndose realidad el empeño ancestral de todo revolucionario de construir una sociedad de nuevo tipo.

Como lo refiere Wladimir Ruiz Tirado, “la prefiguración de un nuevo Estado, ampliamente democrático, participativo y protagónico, está en relación directa con la herramienta de dirección a construir, pero, a la vez, con la calidad y la eficacia de la gestión gubernamental”.  Se impone, entonces, que a esta tarea revolucionaria se sumen todos los sectores populares y revolucionarios quienes le darían a la nueva institucionalidad por crearse el carácter democrático, pluralista, diversificado y popular que el mismo debe revestir, sin obviar el internacionalismo y el apoyo decidido a otros pueblos que, igualmente, se hallan en lucha por su liberación nacional. No basta, por consiguiente, que los revolucionarios crean de buena fe que las desigualdades e injusticias sociales, económicas, jurídicas, culturales y políticas podrán subsanarse con algunas soluciones parciales (efectivas en un primer momento, pues responden a hechos coyunturales) que no afectarán en lo medular el estado de cosas vigente, cayendo en el terreno del reformismo tradicional.

Se requiere que estos mismos sectores pugnen por la conquista de espacios propios en los cuales su participación y protagonismo sean una realidad en permanente avance, de forma tal que ella incida en la estructuración de dicha institucionalidad, eliminando la relación tradicionalmente aceptada entre gobernantes y gobernados, e invirtiendo la pirámide social; lo que constituirá, sin dudas, un nuevo modelo de civilización y de entender y de hacer la política.

Quien se atreva a oponerse a este escenario, invocando una falsa concepción gradualista o evolucionista de la revolución socialista, estará manifestando una desconfianza respecto a la capacidad política del pueblo, producto de la ideología dominante que aún arrastra, ya que propone conducir los cambios revolucionarios a un paso que no violente el orden reinante, ubicándose en contra de la revolución socialista y, por añadidura, en el bando de la contrarrevolución, al negarle a la misma su naturaleza subversiva.

Todas las experiencias revolucionarias del pasado acabaron por perfeccionar la maquinaria del Estado sin darle cabida a la democracia de las masas cuando lo que hacía falta era romperla y destruirla para así instaurar otro en su lugar, el cual tendría por misión histórica principal posibilitar el poder popular; generando su autodestrucción, sin buscar su continuidad y mejoramiento.

En la actualidad, diversas experiencias políticas en nuestra América podrían calificarse de revolucionarias (aunque otras no dejan de ser simplemente progresistas y algunos quizás no estén de acuerdo con tal apreciación), pero éstas tendrían que dar el salto cualitativo respecto a la existencia del aparato estatal, ya que en ello está incluida la liberación de las grandes mayorías excluidas, explotadas y oprimidas. La comprensión de esta realidad por parte de los revolucionarios dará la medida del socialismo revolucionario que se ansía implantar, sin las relaciones ni las estructuras capitalistas que, desde mucho tiempo atrás, han reglamentado nuestras existencias en beneficio de las clases dominantes.-  

FRANCISCO DE MIRANDA, VIGENCIA DE UN EMPEÑO LIBERADOR

FRANCISCO DE MIRANDA, VIGENCIA DE UN EMPEÑO LIBERADOR

            Pese a la diversidad de hechos insurreccionales que se suscitaron en la América colonizada durante los trescientos años de duro dominio español, le corresponde a Francisco de Miranda idear la emancipación de nuestro continente como un todo, asignándole, incluso, un nuevo nombre: Colombia, nombre que sería reivindicado por los patriotas, tanto al norte como al sur de este amplio y variopinto territorio.

            Ciertamente, Miranda muestra un mejor nivel teórico respecto a la causa de la independencia de la América meridional, lo cual le convierte -más que en un precursor- en el protolíder, como le llamara Alfonso Rumazo González, ya que éste “no anunció a nadie; promovió y organizó una revolución americana, como creación suya auténtica, diseñada en forma magistral, haciéndose el líder de su propia forja y luego actuando dentro de ella al momento de la acción militar”. Aunado a ello, es de reconocerse en Francisco de Miranda el empeño de tantas décadas en dotar de sólidos argumentos a los americanos colonizados que anularan la ideología de la dominación, con sus prejuicios y supersticiones inculcadas, sobre todo, por la religión. Para lograrlo, apelará a la diferenciación existente (mas no constatada) entre “el ser español” y “el ser americano”, clarificando el asunto de la identidad de los pobladores de nuestro continente, en “la afirmación constante de América frente a Europa y, en particular, frente a España”, como lo resume la historiadora Carmen L. Bohórquez-Morán, quien indica adicionalmente que “esta diferenciación constituye, además, el punto de partida en la construcción de una noción de pertenencia a una entidad cuya existencia no solamente puede ser disociada de la de España, sino que, más importante aún, es anterior a la presencia española en América”.

            Miranda cuestiona los razonamientos que terminaron por legitimar el imperio de España en nuestra América, tales como el derecho que le asistía al Papa Alejandro VI de “donar” estas vastas regiones a los llamados “Reyes Católicos”, en virtud de ser él “heredero o vicario de Jesucristo en La Tierra”, y, también, el derecho de conquista de los españoles, según el cual podrían adueñarse de las mismas, ya que se hallaban despobladas o, en todo caso, pobladas por salvajes incultos e infieles que era preciso catequizar, esclavizar y, si se resistían, simplemente exterminarlos en nombre de la civilización (como ocurre en la actualidad con Estados Unidos e Israel en Oriente Medio, a la vista de todos, en contra de los musulmanes). Pero, aparte de esto, Miranda opone a la falta de libertad civil, política y económica padecida por los americanos, su necesidad vital y legítima de emanciparse e instaurar un sistema republicano distinto al experimentado en Estados Unidos y en la Francia revolucionaria; una cuestión que ha merecido poca atención de los estudiosos, limitando la trascendencia del prócer caraqueño a su relevante actuación militar en la independencia estadounidense y americana, como en la Revolución Francesa, ignorando o subestimando la reivindicación que hace de la indianidad como paradigma de la libertad.

            No obstante la incomprensión de sus contemporáneos, a Francisco de Miranda no se le puede escatimar su dedicación al proyecto de liberación de nuestra América, así como su condición incuestionable de revolucionario, al margen de las anécdotas galantes que rodean su vida. Como nadie antes, percibió y desarrolló la posibilidad que América se sacudiera exitosamente el yugo ibérico, abriéndole nuevas perspectivas a las propuestas republicanas y de regeneración humana que ya eran conocidas en su tiempo y que, a partir de entonces, animarían las luchas de los pueblos en todo el mundo por alcanzar una libertad integral.-

 

 

COMUNAS: UN PROYECTO Y UNA EXPERIENCIA MULTIDIMENSIONALES

COMUNAS: UN PROYECTO Y UNA EXPERIENCIA MULTIDIMENSIONALES

 

 

Ahora  que se habla con tanto entusiasmo de comunas en Venezuela como una manera  organizativa de acceder al socialismo en un futuro no lejano, es preciso acotar que las mismas  debieran constituir siempre un proyecto y una experiencia multidimensional, dirigida -sobre todo- a que ese socialismo posible realmente trascienda los esquemas representativos de la democracia burguesa y de explotación capitalista, en un accionar constante y renovador del protagonismo y de la participación política de los sectores populares, sin que exista coacción alguna de parte de los poderes constituidos. Sería una suerte de ensayo de un nuevo tipo de civilización (o su punto de partida), basado en el principio ético y revolucionario antijerárquico de unidad en la diversidad, la autogestión y el apoyo mutuo, en oposición a los patrones de conducta egoísta, irracional y depredadora que han condicionado la vida de la humanidad desde hace, aproximadamente, dos últimos siglos.

Las Comunas, por consiguiente, no tendrían que decretarse oficialmente desde arriba, como es la tendencia aceptada, sino todo contrario, siendo ellas generadas y adecuadas desde abajo, como consecuencia lógica de las luchas, las necesidades, la voluntad y las perspectivas entrevistas por las mismas comunidades de construir un mejor nivel de vida, restableciendo -de ser posible aún- la armonía resquebrajada con la naturaleza y diferenciándose suficientemente de la sociedad consumista actual. Adicionalmente, las Comunas -como expresión genuina y primaria del poder popular por constituirse- habrían de echar mano a los distintos mecanismos legales y extralegales que permitirían realizar los cambios políticos, económicos, sociales, espirituales y militares que conformarán, a su vez, una revolución cultural definitiva, en la cual los entes públicos tendrán necesaria y forzosamente que transformarse en función de los intereses colectivos de las amplias mayorías.

Sin estas características básicas, las Comunas carecerían de sentido revolucionario y no abrirían cauce alguno para cimentar sólidamente la revolución socialista que se anuncia. De esta manera, las Comunas podrían cumplir un papel todavía mejor del que se cree comúnmente, asumiendo éstas unas funciones políticas y de autogobierno que harían absolutamente obsoletas las estructuras que componen el Estado burgués tradicional, ya que éstas últimas resultan totalmente incompatibles con el ejercicio del poder popular. En esta dirección, los movimientos revolucionarios populares debieran dar un paso adelante, siendo audaces en la formulación teórica de nuevos esquemas civilizatorios y organizativos, sin el lastre de los convencionalismos, prejuicios y certidumbres inculcados por la ideología de los sectores dominantes. De esta forma, podrían aprehender y explicar la realidad cambiante y caótica de nuestros tiempos, donde el concepto, la vigencia y la efectividad del Estado-nación estarían siendo seriamente erosionados, con una escasa asertividad de parte de aquellos que pretenden su reajuste, sea cual sea la dirección escogida.

Sin embargo, existiría siempre el riesgo no descartado que las Comunas reproduzcan en su seno justamente los elementos burocrático-representativos que desviarían y desvirtuarían su carácter revolucionario, lo cual exigiría de sus promotores e integrantes una revisión constante, además de debates reiterativos, no exentos de polémicas, culpas y responsabilidades.-