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EL AGUA, ¿BIEN PÚBLICO O MERCANCÍA PRIVATIZABLE?

EL AGUA, ¿BIEN PÚBLICO O MERCANCÍA PRIVATIZABLE?

               Aproximadamente unos 1.200 millones de personas tienen limitaciones respecto al servicio de agua potable a nivel mundial. Entre ellas, una cifra superior a los cien millones habita el continente americano. Una realidad inquietante si consideramos que únicamente un 2.5 % del total del agua existente en nuestro planeta sirve para el consumo humano. Más todavía si tomamos en cuenta que los mayores reservorios de agua dulce se hallan, precisamente, en este continente y cuyo control y privatización estaría ya en la mira de los grandes consorcios transnacionales, cuestión que -de darse- impediría el acceso equitativo de todos al agua potable y podría convertirse en el detonante de un conflicto bélico de dimensiones mundiales.

Ya Bolivia padeció días de tensión, muertes y conflictos a raíz de la exigencia de agrupaciones populares al Presidente Evo Morales para que frenara la privatización del vital líquido. Algo parecido se dio, tal vez no con el mismo impacto, en Argentina, México y otras naciones, cuyos gobiernos orbitaron (u orbitan) alrededor del neoliberalismo económico. Lo cierto es que el agua ha pasado a constituir una nueva mercancía a ser privatizada en función de los altos intereses de las transnacionales. De ahí que la elite gobernante estadounidense se haya trazado como meta el control de toda la Amazonia, amplia región que comprende a Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Guyana, Surinam y Venezuela, forjando la tesis de su internacionalización, debido a la incompetencia mostrada por estos gobiernos para proteger este importante pulmón vegetal. Es claro que Estados Unidos y sus asociados europeos prevén la situación de escasez de agua dulce que podría afectarles en las siguientes décadas. Para impedirlo, cuentan ya con una cabeza de playa establecida en Colombia a través del Plan Colombia o Patriota, supuestamente orientado a eliminar el tráfico de drogas. También se tiene previsto el control del Sistema Acuífero Guaraní (SAG), “un verdadero océano de agua potable subterráneo que tiene allí su principal punto de recarga", como lo determinara una investigación del Centro de Militares para la Democracia de Argentina. Adicionalmente, Estados Unidos dispone de una decena de bases militares que circundan la Amazonia, aparte de los planes militares diseñados para dominar nuestra América y a ser ejecutados por el Comando Sur.

La problemática del agua dulce afecta, incluso, a aquellos países que poseen gran cantidad de acuíferos, dado que muchas empresas transnacionales tienen un consumo excesivo e irresponsable que no es frenado por gobierno alguno, evitando la migración de las inversiones extranjeras en su territorio. A esto hay agregarle la desertificación en auge de los suelos y la destrucción de ecosistemas, lo que originará una menor producción de alimentos y aumento de enfermedades infecciosas. Esta perspectiva no es impedimento para que la Coca-Cola, por ejemplo, vaticine la posibilidad de obtener en muy breve tiempo mayores dividendos con la venta de agua embotellada -a un precio superior al de la gasolina en algunos países- que con sus bebidas gaseosas tradicionales.

Por ende, la privatización del agua, acción respaldada por el Banco Mundial, sitúa a los pueblos frente a un combate aún por librar. No hay que obviar que el creciente mercado del agua se está volviendo cada día más codiciado, librándose una lucha que apenas trasciende a la opinión pública. Sin embargo, se comenzó a generar una importante toma de conciencia que, simultáneamente a la formada por la lucha antiglobalizadora en el plano económico, social y político, se destaca en la defensa del agua y demás recursos naturales estratégicos. Esto ha permitido que se denuncien algunas estrategias del imperialismo yanqui, como la denominada Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA), un apéndice del ALCA que busca establecer mecanismos de coordinación entre el sector privado, los gobiernos y los entes financieros multilaterales, con unos “corredores de desarrollo” para los cuales la explotación del agua es una pieza fundamental.-

LA AGRESIÓN A IRÁN O LA MUNDIALIZACIÓN DEL MIEDO Y DE LA SUMISIÓN

LA AGRESIÓN A IRÁN O LA MUNDIALIZACIÓN DEL MIEDO Y DE LA SUMISIÓN

Bajo la presunción (no comprobada) de representar Irán un serio peligro para la paz mundial, el gobierno belicista de George W. Bush ordenó al Pentágono el despliegue de sus fuerzas militares en la región, al vencerse el plazo fijado para que Teherán desista de sus propósitos nucleares. Coincidencialmente, el ubicuo Osama Bin Laden y su organización Al Qaeda reaparecen en escena, justamente para amenazar a los proveedores de petróleo de Estados Unidos, entre los cuales se halla Venezuela. Como en otros casos de agresión imperialista, la campaña propagandística montada desde hace tiempo justifica el derecho casi divino de Bush de recurrir a la guerra preventiva para reafirmar mediante ella el rol hegemónico indiscutible de Estados Unidos en el espectro mundial. En la situación actual, las intenciones de Irán de acceder al dominio del átomo es la excusa que podría favorecer la conformación de una coalición militar similar a la que ocupa Afganistán e Irak, con la adición de que el gobierno iraní estaría ayudando a la resistencia iraquí, con lo que se exacerbaría aún más el temor europeo al terrorismo internacional. Todo ello configurando un cuadro que no deje lugar a dudas sobre la conveniencia de acabar con la soberanía iraní, algo que Washington ha tolerado a regañadientes desde 1979 cuando su buen aliado, el Sha de Persia, fuera derrocado por la revolución islámica encabezada por el Ayatollah Ruhollah Jomeini.           

Dotado de una doctrina apocalíptica, Bush protagoniza esta nueva cruzada, dirigida más a asegurarle a su país el control del petróleo en la región del Oriente Medio que a combatir, como argumenta, por la libertad y en contra del terrorismo. Es interesante notar que –una vez desaparecido el imperialismo soviético- la teoría del complot islámico y del choque de las civilizaciones delineada por Bernard Lewis, Samuel Huntington y Laurent Murawiec en combinación con los ziocons (conservadores sionistas) vino a reemplazar los argumentos ideológicos que prevalecieron durante la época de la Guerra Fría, con un Estados Unidos, convertido en paladín de la civilización occidental, enfrentado a la barbarie y el arcaísmo atribuidos al mundo árabe-musulmán. Esto se ha ido reforzando y agudizando a través de los diferentes medios de comunicación, a tal extremo que cualquier ciudadano estadounidense considera su deber patriótico y religioso aniquilar el “terrorismo islámico” e imponer en su lugar los valores que representan a su nación. En este sentido, se explica el apoyo incondicional brindado por Estados Unidos al Estado de Israel en su largo conflicto histórico con los palestinos y sus vecinos árabes, cosa que se incrementó con Bush al incluir el remodelamiento político-territorial del Medio Oriente y Asia como parte fundamental de su estrategia geopolítica, como un primer paso para asegurar su abastecimiento energético y enfilar sus baterías, posteriormente, contra China, de modo que no exista ya ningún posible adversario de Estados Unidos en el mundo. Algo que también anticipa y denuncia Rusia al constatar cómo sus fronteras están rodeándose con armas estratégicas con sello estadounidense, en clara advertencia de que se le considera, igualmente, un rival de cuidado.           

Es obvio, entonces, que al gobierno de George W. Bush lo domina la idea de establecer, a cualquier precio, la mundialización del miedo y de la sumisión. Para ello le es vital someter al régimen incómodo de Irán, así como neutralizar a Siria y, eventualmente, a Venezuela. A la par del control directo de los yacimientos petrolíferos y expandir su dominio económico y militar, disminuiría significativamente las fuerzas rebeldes que, desde el mal llamado Tercer Mundo, cuestionan tal dominio, en lo que es una falange global fascista manejada desde las corporaciones transnacionales. De este modo, por encima del raciocinio más elemental y del Derecho Internacional, la agresión imperialista en curso contra Irán constituye parte de la estrategia neocolonialista que se han fijado Estados Unidos, Gran Bretaña y sus demás socios europeos: redibujar el orden de seguridad internacional de acuerdo con los principios e intereses de Washington.-                

EL IMPENITENTE FABRICANTE DE VELAS, ANUNCIADOR DE UTOPÍAS

EL IMPENITENTE FABRICANTE DE VELAS, ANUNCIADOR DE UTOPÍAS

 

            Inabarcable en su proyección de redención social, inagotable en su devenir andariego, insoportable a la tradición castradora, interesante al afán civilizatorio y libertario, insobornable frente a la mediocridad de las castas ufanas de privilegios e instituciones antisociales e iconoclasta ante la verdad metafísica que niega el imperio de la razón; Simón Rodríguez, el impenitente de nuestra historia Latinoamérica, intransigente e irreductible en sus convicciones propias, es la influencia más cercana a nuestros pueblos irredentos en su secular anhelo por disfrutar de un orden republicano menos restringido y más abierto a todos. No es menos casual, por tanto, que aún represente la vigencia de un pensamiento por consolidar, el cual le permita a nuestra América transitar un camino propio, con una identidad propia extraída de sus raíces ancestrales, y proyectada al futuro como un crisol de justicia y emancipación en el cual puedan reflejarse todos los pueblos de La Tierra.

             De tal pensamiento, podríamos extraer tres grandes rasgos singulares, alimentados por las vivencias, las observaciones y las preocupaciones que el inefable Simón Rodríguez, trocado en Samuel Robinson, supo darle a lo largo de toda su vida de andariego caballero de la educación republicana: 1) la ruptura creadora del discurso colonial tradicionalmente aceptado en nuestras repúblicas acabadas de nacer; 29 la imposición de la búsqueda de lo original (“O inventamos o erramos”); y 3) la formación político-ideológica del ciudadano republicano. Sobre estas bases fundamentales descansa la prédica robinsoniana de construir la América antes española, sin imitar servilmente a la vieja Europa o a Estados Unidos. En síntesis, toda la obra y el accionar sin pausa de Simón Rodríguez apunta a crear las condiciones necesarias y urgentes para que nuestra América irrumpiera con una conciencia republicana y libre, inédita en sus formas y prácticas, pero no por ello imposible de lograr, de manera que a la par de la independencia política, primero, y la independencia económica, después, se plasmara también una independencia del pensamiento americano, vivo y múltiple, que caracterizara el momento histórico de entonces y de ahora.

            Como lo resalta Juan Calzadilla Arreaza, Simón Rodríguez “considera que el sujeto humano –no sólo sujeto psicológico y jurídico sino sujeto de la acción social en general- se conforma y se constituye política e históricamente”. Sin duda, subversivo, ya que se asienta en la convicción de disponer de herramientas nuevas que modifiquen radicalmente el tipo de conciencia que heredaron los individuos del antiguo régimen de dominación, de forma que el nuevo edificio social tenga como bases firmes los valores inherentes a la libertad y a la democracia, sin que ello signifique inmovilidad alguna sino constante movimiento creativo. Con ello, el irreverente Samuel Robinson buscó romper los paradigmas imperantes, haciendo posible una subjetividad nueva que reemplace por completo la alienación en que se mantienen algunos individuos, sin que puedan explicarse racionalmente las causas y las condiciones que hacen de ellos unos seres humanos dominados, a pesar de la aparente libertad en que viven y mueren.-   

           

EL SOCIALISMO SEGÚN CHÁVEZ

EL SOCIALISMO SEGÚN CHÁVEZ

En la instalación de la IV Cumbre de la Deuda Social celebrada en Caracas, el Presidente Hugo Chávez planteó la necesidad de librar una batalla ideológica y construir un nuevo mundo para la vida. Fue claro al afirmar que bajo el capitalismo no habría posibilidad alguna para el futuro de los pueblos siempre explotados por las potencias industrializadas del mundo y que el socialismo se imponía como la solución a los graves y profundos desequilibrios generados por este sistema económico. “Yo no tengo dudas, es el socialismo”, manifestó. Pero esto lo llevó a sugerir que, ante tantos socialismos conocidos, se debería inventar el socialismo del siglo XXI. “En Venezuela no hemos definido este proyecto como socialista. Lo digo a título personal para abrir el debate”, terminó expresando.
Quizás para algunos, semejante declaración por parte de Chávez constituya un alerta difícil de digerir, habida cuenta de la prolongada herencia cultural capitalista que arrastran consigo y que les hace ver como una aberración cualquier mención de socialismo o de comunismo, producto de la propaganda invariable que se ha mantenido al través del tiempo. Para otros, formados en la línea ideológica de Marx, Engels y Lenin, sería una prueba de que la revolución bolivariana está derivando hacia los cánones clásicos de la revolución mundial. Sin embargo, tal parece que lo afirmado por Chávez no entra en ninguna de estas categorías absolutas. En el tiempo transcurrido, se ha visto una mezcolanza de ideas y frases que parecieran indicar que el proyecto bolivariano se inserta en uno u otro rumbo de los socialismos conocidos, incluyendo el de los utópicos o utopistas. Así, las referencias a la revolución cubana, a Marx, a Lenin, al Che Guevara, a Mao Tse-Tung, al Libro Verde de Moammar Kadhaffy, y otros iconos revolucionarios, nos harían suponer que éste o aquel es la definición más aproximada de lo que ocurre en Venezuela.
Por ello, cobra relevancia el hecho que Chávez no eluda, sino que plantee el debate, especialmente cuando muchos nos preguntamos cuál debe ser la caracterización más acertada del proceso revolucionario venezolano. Más aún, al considerar que sus antecedentes históricos e ideológicos se pueden rastrear desde la época de la lucha guerrillera en Venezuela y se empezó a manejar la teoría de la toma del poder mediante una insurrección cívico-militar-religiosa, tal como lo esbozara en su tiempo el comandante y líder del PRV-RUPTURA, Douglas Bravo, aun cuando hubiera otras que pudieron gestarse en ese tiempo o posteriormente. Si partimos de esto, podría señalarse que este proyecto revolucionario bolivariano tiene mucho de socialismo, un socialismo depurado, que no coincide en muchas cosas con lo efectuado en la extinta URSS y en otros países “socialistas”, aunque en otras sí sean manifiestas las coincidencias.
Todo esto impone realizar una exhaustiva revisión de aquellos antecedentes y verificar cuáles son los elementos originales que se conservan todavía y cuáles no, además de determinar hasta qué punto se enlaza con los aportes ideológicos de Marx y quienes continuaron, tras de él, enriqueciendo la alternativa socialista a escala mundial. En tal sentido, todas las fuerzas revolucionarias y progresistas del país están obligadas a discutir en su seno y con el pueblo estos pormenores, puesto que de ello se desprenderá una mejor definición ideológica de lo que es, y debiera ser, la revolución bolivariana. Lamentablemente, la necesidad urgente de este debate ha sido obviado reiterativamente en función de los intereses electoralistas que se apoderaron del accionar y de la teoría (si es que la hubo alguna vez) de la mayoría de los partidos políticos afectos a este proceso; de ahí que se haya dejado a un lado y se espere que ello lo defina el mismo Chávez e indique, en consecuencia, qué hacer. Esta ausencia de debate es una gran deficiencia, ya que se observa cómo mucha de la gente que se dice revolucionaria repita, sin rubor y hasta sin culpa, el mismo tipo de conducta visto bajo el régimen puntofijista. Por eso, en opinión de algunos “chavistas”, la iniciativa socialista del Presidente pareciera desenfocada. Otros la estiman innecesaria, dado que creen que todo el proyecto revolucionario bolivariano está contenido en la Constitución. No obstante, cabe preguntarse: si todo el texto constitucional se cumpliera al pie de la letra, ¿cuál sería, entonces, el siguiente paso de la revolución bolivariana, enfrentada como está al imperialismo yanqui y a la globalización capitalista neoliberal? ¿Acaso no sería el socialismo o, por lo menos, un socialismo con tintes venezolanos?
Basta analizar el conjunto de acciones emprendidas por el Presidente Chávez para vaticinar que, si no es uno de los socialismo ya experimentados en otras tierras, por lo menos, es uno que se adapata perfectamente a la idiosincrasia de la nación venezolana, en lo que estaría cabalmente conectado con las recomendaciones hechas por el Libertador Simón en su famoso Discurso de Angostura respecto al tipo de gobierno y de leyes que le correspondería adoptar a la Venezuela republicana.-

GUERRA DESINFORMATIVA CONTRA CHÁVEZ

GUERRA DESINFORMATIVA CONTRA CHÁVEZ

             Desde el primer momento en que Hugo Chávez asumiera la presidencia de Venezuela en 1998 -incluso, antes de ser oficialmente candidato presidencial- se desató una guerra mediática en su contra, tanto dentro como fuera del país. A lo largo de este tiempo, se le han negado reiteradamente sus credenciales democráticas, a pesar de ser el primer mandatario nacional en someterse a un referéndum revocatorio, de haber promovido la inclusión social de millones de venezolanos sin la oportunidad de una vida digna y de permitir, entre otras cosas, una libre expresión esencialmente oposicionista que llega al paroxismo más extremo. Aún así se sigue insistiendo en que Chávez ejerce el poder dictatorialmente, con persecución de periodistas y opositores, amenazas a la propiedad privada y ala paz regional, y destrucción de la economía venezolanas, sin mencionar sus presuntos vínculos con el narcotráfico y el terrorismo internacionales, en una inverosímil mezcolanza de malas intenciones y potenciales perversidades que lo equiparan con Adolf Hitler, Benito Mussolini e Idi Amín Dada.

Todo esto se mantiene sistemáticamente sin que haya cambiado un ápice esta guerra de desinformación sino que, al contrario, se incrementa con nuevos elementos como la alianza formada con Irán para producir armas nucleares y la carrera armamentista que estaría emprendiendo el gobierno de Caracas sin justificación alguna y sin que existan, supuestamente, amenazas de invasión o agresión por parte de otra nación. Hay, por tanto, un avieso propósito en crear una matriz de opinión favorable que permita una mayor y efectiva acción desestabilizadora, inspirada y financiada por el imperialismo yanqui en una clara demostración por impedir, a toda costa, el surgimiento y perdurabilidad de un régimen soberano al sur de sus fronteras, no obstante sus fuertes nexos comerciales, especialmente en materia energética.

Así, teniendo sus fuentes ubicadas en Estados unidos, los medios de comunicación internacionales se hacen eco de denuncias y hechos supuestamente originados en suelo venezolano, pero sin indagar lo suficiente para verificarlos, como les correspondería. Con ello se evidencia una cruzada propagandística que afecte la credibilidad de Chávez como líder apegado a las normas democráticas formalmente aceptadas por todos, pero que en el Presidente bolivariano son vistas como parte de su presunta estrategia manipuladora para perpetuarse indefinidamente en el poder. Es decir, a Chávez no se le quiere reconocer su empeño democrático en deshacer las ligaduras que mantuvieron excluidos social, política, cultural y económicamente a un grueso sector de la población venezolana por más de cuatro décadas consecutivas. En vez de eso, se le espeta el grado de corrupción administrativa de algunos de sus seguidores en cargos de gobierno, cuestión que el mismo Chávez ha afrontado públicamente, sin eludirlo, exigiendo su castigo, a pesar de que el sistema judicial se mantiene, a grandes rasgos, penetrado por funcionarios del antiguo régimen puntofijista. Ahora que adelanta una reforma constitucional, una ley habilitante, una educación con valores socialistas, el reordenamiento socialista de la geopolítica de la nación y el poder comunal, directamente ejercido por las comunidades organizadas, los que componen los cinco motores constituyentes; la estrategia desinformativa tiende a agudizarse cada vez más.

No es simple casualidad que Washington renueve sus esfuerzos políticos y diplomáticos, tratando de meter una cuña en la alianza geoestratégica lograda por Chávez en el sur de nuestra América y neutralizar algún apoyo de la comunidad internacional, si las cosas en el interior de Venezuela ameritan una acción más directa y definitiva, como lo han sugerido algunas voces agoreras en estados Unidos, incluyendo la posibilidad de un magnicidio. Todo ello, sin embargo, sigue estrellándose contra la muralla de amplio respaldo popular que rodea al Presidente Chávez. Aún así, el proceso revolucionario bolivariano requiere disminuir y conjurar con resolución y audacia los peligros que se ciernen sobre el mismo, ya que ello le facilitará su consolidación y avance definitivos.-          

EL PARTIDO UNIDO: ALGUNOS RASGOS POR DEFINIR

EL PARTIDO UNIDO: ALGUNOS RASGOS POR DEFINIR

          En torno a la estructuración del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) propuesto por el Presidente Hugo Chávez se han vertido algunas ideas interesantes, todas coincidentes sobre que sus rasgos característicos sean por completo diferentes a los de los partidos políticos tradicionales, incluyendo a aquellos denominados de izquierda. Algunas de tales ideas pretenden definir el perfil que debe caracterizar a los futuros militantes de esta novedosa organización, así como destacar la necesidad de que éstos adquieran suficientemente una formación realmente socialista. Asimismo, que los dirigentes sean electos por las bases, a fin de evitar se perpetúen cúpulas partidistas que, con el transcurrir del tiempo, terminen por distanciarse de éstas y adopten conductas contrarrevolucionarias y antidemocráticas.           

Por eso es bueno tener presente con el Che Guevara que “quien aspire a ser dirigente, tiene que enfrentarse o, mejor dicho, exponerse al veredicto de las masas y tener confianza de que ha sido elegido dirigente o se propone como dirigente porque es el mejor entre los buenos, por su trabajo, su espíritu de sacrificio, su constante actitud de vanguardia en todas las luchas que el proletariado debe realizar a diario para la construcción del socialismo”. Esto constituye uno de los nódulos centrales que debe prevalecer en el PSUV, puesto que ello garantiza el ejercicio pleno y creador de la democracia participativa y protagónica, además de permitir que nuevas cohortes generacionales revolucionarias asuman el papel de la vanguardia revolucionaria, una cuestión que es de vital importancia, si se quiere asegurar la continuidad y profundización del proceso revolucionario bolivariano, evitando su estancamiento o, sencillamente, su posible desviación reformista.

Siguiendo con el Che, todos los dirigentes y militantes del PSUV “deberán ser creadores, deberán manejar la teoría y crear la práctica de acuerdo con la teoría y con las condiciones propias de este país en que nos toca vivir y luchar”. Sin ello, se corre el riesgo nada imposible de que los remanentes del reformismo puntofijista afloren de nuevo, con tanto o más ímpetu como ocurriera en el seno de los distintos partidos políticos que apoyan a Chávez, no obstante proclamarse revolucionarios todos. Por ello, es significativo que haya cierta reserva, toda vez que se rememora lo hecho por las principales cúpulas partidistas del chavismo, sin respeto alguno a los liderazgos naturales existentes en las regiones y municipios, lo cual incidió en la proliferación de organizaciones políticas afectas a Chávez.

Ahora, cuando se acepta la conveniencia histórica de activar esta nueva fuerza política, es imprescindible que ella cumpla un rol fundamental en la conversión de la conciencia de quienes apoyan el liderazgo de Chávez, aún asentada en el egoísmo y la búsqueda de soluciones fáciles, por una conciencia social que sirva de sustentación, a su vez, de una conciencia definidamente socialista. Tal conversión repercutirá, sin duda, en la transformación radical del país, no sólo a nivel político, sino al nivel económico, social y cultural. De ahí que la formación ideológica represente un pilar insoslayable, acompañada de una serie de valores sociales y ciudadanos esenciales que deben rescatarse de manera simultánea a dicha formación.

El PSUV debe ser instrumento político al servicio del pueblo y promover incansablemente el cambio estructural y el bien colectivo. Para que lo sea, es requisito que el socialismo emerja entre sus filas, fomentando una definición más acabada de sí mismo a la luz del acontecer venezolano, enlazado con el sueño integracionista y la lucha antiimperialista de nuestros Libertadores; siendo -en esencia- anticapitalista, a pesar de lo que se afirme en contra. No puede ni debe subordinar todo instrumento de articulación, de expresión y de organización de las masas, creyéndose la vía más adecuada de hacer la revolución. Al contrario, el PSUV debe verse como uno más de los instrumentos que se requieren para afianzar el hecho revolucionario en Venezuela, de tal suerte que complemente los logros revolucionarios hasta ahora alcanzados de la mano del Presidente Chávez.-

EL 4 DE FEBRERO, QUINCE AÑOS DESPUES

EL 4 DE FEBRERO, QUINCE AÑOS DESPUES

         El 4 de febrero de 1992 dividió la historia contemporánea venezolana en un antes y en un después que se mantiene en el tiempo y el espacio. No fue simplemente la insurgencia justificada de un grupo de patriotas civiles y militares en contra de un régimen representativo que acabó por deslegitimarse a si mismo mediante el fraude, la represión sistematizada, la corrupción administrativa, la red de complicidades partidistas y la impunidad más descarada. Para entonces, las ofertas engañosas de los partidos políticos tradicionales, sumadas a la aparente desorientación de quienes se ubicaban en la izquierda, originaron en las masas frustración y desencanto, lo que -a la larga- les hiciera anhelar la aparición de un vengador social que castigara a aquellos que, desde las cúpulas, usufructuaron el poder, sin que ello resultara beneficioso para el pueblo en modo alguno. Las masas se hallaban, por tanto, predispuestas para apoyar cualquier acción en este sentido, sobre todo, luego de la insurrección popular del 27 de febrero de 1989, la cual fuera reprimida a sangre y fuego por el régimen adeco de turno y cuyo saldo real de muertes aún se desconoce con exactitud.           

Pero la rebelión cívico-militar del 4 de febrero no fue producto del azar. Ello respondió a un esquema desarrollado en el seno del Partido de la Revolución Venezolana (PRV), escisión del Partido Comunista durante la época de las guerrillas, y de su brazo legalizado, el Movimiento Político Ruptura, dirigido a la captación de militares activos y penetración de las Fuerzas Armadas con el objeto de producir una situación revolucionaria en Venezuela. En el PRV-Ruptura se daba paso a un rompimiento parcial con el marxismo-leninismo, adoptándose ideas fundamentales de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. A falta de una concepción bien definida de lo que sería el Estado, se asumió la insurrección cívico-militar-religiosa como idea clave para hacer la revolución. Así, el Frente Militar de Carrera, cuyo génesis podría rastrearse a finales de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, tuvo una importancia de primer orden y con mayor énfasis a partir de 1977. Uno de los primeros militares contactados fue William Izarra, de la Aviación Militar, quien funda el R-83 (Revolución 83) y, más tarde, ARMA (Alianza Revolucionaria de Militares Activos). Para aquellos momentos, se crea igualmente el Comité de Militares Patriotas, Bolivarianos y Revolucionarios, antecedente inmediato del MBR-200 (Movimiento Bolivariano Revolucionario 200), denominado de esta forma por Hugo Chávez Frías. Paralelamente, otros grupos y células militares y cívico-militares discutían planes tendentes a cambiar la situación degradante en que se encontraba la democracia representativa. Todos coincidían que en el país se fraguaba una gran crisis que obligaría a las elites gobernantes a aplicar el recetario neoliberal del Fondo Monetario Internacional, lo que marcaría el punto crítico y la ruptura creadora que se esperaba.           

El planteamiento inicial era que se debían crear las bases de una sociedad de nuevo tipo que rompiera con los paradigmas del pasado y los modelos existentes, basándose en el ejercicio de la democracia directa y en la ruptura con el fundamento de la civilización capitalista, de una manera autogestionaria y libertaria. Se trataba de inventar o de errar, como lo consignara el Maestro Simón Rodríguez. Para ello era necesario proponerse la nacionalización del pensamiento revolucionario, partiendo de la realidad específica venezolana, sin que esto significara desconocer los aportes ideológicos y las experiencias revolucionarias originados en otras épocas y en otras naciones.           

Quince años después, venciendo todas las resistencias, el proceso revolucionario bolivariano se afianza cada día con mayor fuerza con el respaldo decidido de las masas populares, identificadas con la propuesta socialista enarbolada por el Presidente Hugo Chávez. Esto convierte al 4 de febrero en motivo de reflexión y de punto de partida respecto a los cambios políticos, sociales, económicos y culturales que se forjan actualmente en el país. Por ello, quince años después, se comprende la trascendencia del 4 de febrero y el por qué sigue esparciendo su espíritu reivindicador, rebelde y revolucionario sobre los corazones de quienes confían en el Presidente Chávez y en la buena marcha del proceso revolucionario bolivariano.-             

CONSTRUYENDO LA NUEVA ERA REVOLUCIONARIA EN VENEZUELA

CONSTRUYENDO LA NUEVA ERA REVOLUCIONARIA EN VENEZUELA

Es importante acotar que la embestida de Hugo Chávez contra las viejas estructuras del Estado burgués y reformista heredado del Pacto cupular de Punto Fijo, una vez ratificado como Presidente mediante los votos del pueblo venezolano el 3 de diciembre pasado, no debiera extrañarle a nadie. Hasta el presente, el proceso revolucionario bolivariano se ha mantenido cabalgando sobre tales estructuras, con todos los inconvenientes y obstáculos creados por una metodología, una cultura y una burocracia afincadas en el reformismo; todo lo cual hizo que las iniciativas revolucionarias impulsadas por Chávez, como las Misiones, tuvieran que activarse de manera paralela al Estado vigente. Por eso, los opositores aún mantienen sus esperanzas en que, agotado el entusiasmo de las masas, las cosas volverán a su punto de partida, puesto que el viejo Estado, organizado para mantener el clientelismo político y la división social, sería incapaz de darle respuesta satisfactoria a las demandas y a las expectativas populares. Sin embargo, Chávez sorprendió a propios y extraños, generando todo tipo de hipótesis y de especulaciones, cuestión que lo sigue ubicando en la cúspide de la atención nacional e internacional porque está demostrando su disposición irreductible de producir el cambio estructural que le dará personalidad propia al proceso revolucionario que lidera y es ejemplo a nivel continental y mundial.

Así, su propuesta de constituir el Partido Socialista Unido de Venezuela -en vez de mantener la treintena de siglas partidistas que lo respaldan electoralmente, pero que escasamente tienen conexión social- hizo que muchos de sus seguidores acortaran los tiempos que creían debían cumplirse para arribar al mismo, especialmente en lo atinente a que surjan caras nuevas dentro de la revolución, promovidas por las bases populares en un ejercicio de democracia participativa y protagónica o de poder constituyente popular, cosa que elimina, de antemano, la posibilidad de que se eternicen los mismos cogollos que han evitado su desarrollo, autonomía y diversificación. En este caso, el Partido Unido no cumple, simplemente, la misión de agrupar a todos los revolucionarios bolivarianos sino que estará llamado a darle contenido real al socialismo, construido desde abajo por el pueblo, así como impulsar la organización, la formación ideológica, la movilización, la contraloría social, la iniciativa legislativa y la elección de verdaderos revolucionarios en cargos de elección popular. Esta propuesta va de la mano de la construcción, a su vez, del nuevo socialismo como alternativa al capitalismo y a la reforma liberal a que estamos acostumbrados. Ello, por supuesto, produce cierto desasosiego e incertidumbre entre algunos dirigentes de las cúpulas partidistas, ya que serían las bases militantes quienes sustentarían dicho partido, en consonancia con los lineamientos estratégicos diseñados por el Presidente.

Esto forzará la eliminación de la estructura excluyente y explotadora del viejo Estado, concibiéndose una diversidad de espacios que serán ocupados por las organizaciones, las estructuras e instrumentos de participación popular que se dé el pueblo a sí mismo. Pero no podrá limitarse a la estructura política. Tendrá que abarcar, asimismo, las estructuras económica y social, forjándose una nueva cultura, una nueva ética y una nueva moral que configurarán a la nueva mujer revolucionaria y al nuevo hombre revolucionario que edificarán la sociedad de nuevo tipo que se encuentra insertada en el socialismo en el siglo XXI. Para ello es requisito que los revolucionarios bolivarianos sean capaces de asumir con total responsabilidad la consigna de “inventamos o erramos” de Simón Rodríguez y de concederle a las masas el derecho a desencadenar sus poderes creadores. Esto supone romper paradigmas y establecer otros, nuevos, de modo que se engendre realmente en Venezuela una revolución inédita, pero posible. De esta manera, el proceso bolivariano se afirmará sobre fundamentos sólidos, aún con sus contradicciones y algunos retrocesos inevitables, pero que harán del mismo algo singular en la historia de los pueblos, del socialismo y de la revolución mundial. No será fácil, pero tampoco imposible. La nueva era del proceso revolucionario bolivariano anunciada por Chávez exige rebasar la conciencia conformista e individualista, moldeada bajo el capitalismo, y trabajar cada día por lograr sustituirla por una conciencia social, solidaria y firmemente revolucionaria; de ahí en adelante la revolución será un hecho cotidiano, sin anclarse en el tiempo, ni en los hábitos, ni en los cogollos.-