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LA OTREDAD NUESTRA-AMERICANA

LA OTREDAD NUESTRA-AMERICANA

La especificidad de nuestra América, de lo que ésta es y ha sido como el amplio ámbito geográfico, cultural, sociológico, económico y político situado entre el sur del río Bravo y la Patagonia, donde se ha gestado una tradición ininterrumpida de luchas populares desde el instante que los europeos decidieron adueñarse de ella hasta la época actual, es una especificidad que ha ocupado a una gran porción de intelectuales tratando de explicarla y de darle alguna orientación que haga posible aflorar sus potencialidades como territorio de la emancipación integral humana. El Libertador Simón Bolívar al dirigirse a los diputados del Congreso de Angostura en 1819, destaca que se debe tener «presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de la Europa; pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado; el europeo se ha mezclado con el indio y con el africano. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia». Esta conclusión de Bolívar será compartida, de uno u otro modo, por una amplia gama de pensadores, algunos bajo la influencia ideológica del eurocentrismo y otros guiados por la dialéctica y el materialismo histórico, lo que le convierte en un tema de discusión que no cesa, a pesar de los siglos transcurridos. Ahora muy especialmente cuando, desde las más recientes décadas, muchos acogen la propuesta de emprender y asentar un proceso de descolonialidad del pensamiento; lo que implica entender y aceptar la realidad de otros universos culturales, tan válidos o más que el representado por el eurocentrismo.

En su ensayo «Nuestra América», el Apóstol de la independencia cubana, José Martí, recomienda que «la historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria». Tiempo antes, el Maestro revolucionario Simón Rodríguez, con su singular estilo, hizo una acotación similar al señalar: « ¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original. Original han de ser sus instituciones y su Gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otro. O inventamos o erramos». Es decir, la otredad americana es una preocupación constante entre nosotros, los hijos y las hijas de nuestra América, presente en los llamados a la unidad e integración de nuestros países, especialmente frente a lo que éstos han sido bajo la hegemonía imperialista de Estados Unidos. Pero también es la comprensión (poco compartida con las clases dominantes) de cuáles podrían ser sus potencialidades en el campo económico, de forma totalmente independiente, sin aceptar tácita y sumisamente el papel de réplicas o sucursales de las metrópolis del sistema capitalista, convertidas -desde un primer momento- en simples proveedoras de materia prima y consumidoras de lo que produzcan las grandes corporaciones transnacionales.

Hace falta entender, junto con Karl Marx, que «el descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria». Gracias a ello, la Europa y los Estados Unidos alcanzaron los niveles de desarrollo que, ilusamente, algunos esperan que algunos de nuestros países puedan tener en el futuro, sin detenerse a pensar que a aquellos no les conviene que esto ocurra, por muchas reformas legislativas y económicas que se hagan, ajustándose a los esquemas neoliberales.

La sumisión pasiva a la ley capitalista ha representado un escollo formidable contra el cual se han estrellado muchos de los objetivos de emancipación trazados por teóricos y movimientos populares, impidiendo que pueda así concretarse una verdadera revolución democrática y soberana, conducida y sustentada en toda circunstancia por los pueblos de nuestra América. En este caso, la multiplicidad y la unicidad de nuestra América representan la fortaleza y el espíritu con que nuestros pueblos puedan romper el estado de explotación y de dependencia en que aún se les desea mantener indefinidamente. Esto entraña, por otra parte, una ruptura radical con la concepción del Estado-nación a la cual nos habituamos y defendemos desde 1810, basándose más en los valores que preservan la vida en un sentido generalizado que aquellos que privilegian, por encima de todo, el lucro y el interés privado. 

LA MUJER Y EL LARGO CAMINO HACIA SU EMANCIPACIÓN

LA MUJER Y EL LARGO CAMINO HACIA SU EMANCIPACIÓN

En el largo camino hacia su  emancipación, las mujeres han tenido que confrontar siempre el mito extendido de la superioridad que tendrían los hombres sobre ellas. «Superioridad» que es refrendada por distintos credos y tradiciones que no reconocen más que culpas y deberes de las mujeres, por lo que, en consecuencia, según esto, debieran solo dedicarse a la reproducción, a la atención de sus cónyuges y a los quehaceres domésticos. Esto también sirvió para que a la mujer se le negara por mucho tiempo la posibilidad de ser propietaria, de divorciarse, de votar o de acceder al sistema educativo formal, convertida así en una paria hasta avanzado el siglo XX. En la actualidad, al margen de varios de sus derechos alcanzados, muchas mujeres son víctimas de la  violencia doméstica, cuyos casos apenas logran ser condenados en los tribunales, muchas veces desestimados por algún tecnicismo legal, que no contribuyen a disminuir la cifra creciente de tal violencia y los feminicidios que se producen a escala mundial, en especial en algunos países de nuestra América.

En este marco, en su artículo "Patriarcado", Marcelo Colussi hace referencia al hecho que «propiedad privada, familia, dominación y patriarcado son elementos de un mismo conjunto. Es imposible -quimérico, podría agregarse- pretender establecer un orden cronológico en todo ello. Lo cierto es que, desde sus orígenes hasta la fecha, funcionan indisolublemente. El pensamiento dominante de una época, la ideología -también las religiones, con la importancia toral que han tenido y continúan teniendo en la actualidad en todos los asuntos que podrían llamarse sociales, o éticos-, certifican esta unión entre los elementos mencionados. Nuestras sociedades se basan indistinta e indisolublemente en todo eso. Por tanto propiedad privada, su defensa violenta (léase: guerras, entre otras cosas, represión de toda protesta social, de todo intento de cambio), y patriarcado son una misma cosa».

Tal aseveración iguala lo que generalmente es atacado de forma aislada, sin relacionarlo con otras situaciones que son generadas por la misma causa, cuestión que ha permitido, además, que cada una sea combatida de modo particular y sea aprovechada por los sectores dominantes para explotarla en su propio beneficio, haciendo creer a muchas que si son aceptadas es consecuencia de su vocación democrática y no de la lucha librada por las mujeres a favor de sus derechos. Sin embargo, aún se sigue ignorando (muy a propósito, dado el efecto subversivo que ello tendría) la ligazón o conexión existente entre dichos elementos, pese a que el cuestionamiento de uno conduciría inexorablemente al cuestionamiento de los otros; teniendo en puerta una revolución de mayor trascendencia.

Es por eso que la posición de los diferentes movimientos feministas no podría centrarse en la satisfacción de una sola demanda, teniendo que abarcar otros aspectos igualmente importantes en los planos políticos, económicos y sociales donde la condición femenina sigue estando en minusvalía, a pesar de los distintos códigos vigentes. Y esto pasa por desarraigar la cultura de sumisión en que ha crecido la mayoría de las mujeres, haciéndoles trabajadoras sin remuneración y objetos sexuales sin dignidad propia, reproduciéndose ésta, así, de un modo ininterrumpido, sirviendo -pese a sí mismas- de vehículos de transmisión de los paradigmas que las degradan. Algo que no deja de ser polémico pero que exige más que análisis someros, de manera que se perciba la emancipación de la mujer como parte esencial de la transformación estructural del tipo de civilización existente, dando espacio y posibilidades al logro de una emancipación integral -sin discriminación- para todas y todos. 

 

LA REVOLUCIÓN DE LO REAL ALTERNATIVO

LA REVOLUCIÓN DE LO REAL ALTERNATIVO

 

La aceptación (inducida o no) del contexto general creado -desde hace siglos- por la lógica del capitalismo implica una renuncia tácita a la libertad por parte de quienes experimentan dicha lógica a diario. Lo que se extiende a una falta de responsabilidad en relación con las acciones que estos generan -como individuos-; comisionándosela a Dios, al destino, a un líder carismático o al Estado (representado por el gobierno de turno), en vez de asumirla como expresión axiomática de su propia libertad. Los trabajadores (profesionales, técnicos y obreros no calificados) terminan por convertirse en otro tipo de mercancías al vender sus conocimientos y su fuerza de trabajo al capital, buscando asegurar así sus esperanzas de vida; llegando esto a convertirse  en una cierta manera modernizada de esclavitud consensuada que deja ver, a grandes rasgos, una relación asimétrica de clases que muchos aún se niegan en admitir, llevados por la influencia de la ideología hegemónica. Sus múltiples efectos se hacen sentir en cada aspecto de la vida cotidiana y, generalmente, empujan a muchas personas a un callejón sin salida y ocasionan disturbios constantes que ponen en evidencia la fragilidad del sistema vigente.
Frente a este escenario, numerosas voces en todo el planeta hablan de la necesidad imperiosa de crear un nuevo orden civilizatorio. Especialmente cuando está comprobado que el actual, dominado por los intereses capitalistas, ha expuesto a la humanidad y, junto con ella, a la naturaleza que le sirve de soporte de vida, a una extinción inminente si no se cambian radicalmente los paradigmas que lo legitiman y sostienen. Para lograrlo, es fundamental que haya una subjetividad subversiva capaz de imaginar y de concretar ese nuevo orden civilizatorio, evitando repetir o conservar todo aquello que dificulte o desvíe su realización. Ello requiere la suma de voluntades para alcanzar y profundizar un nuevo tipo de democracia, ajena a minorías dirigentes que, de forma habitual, son escasamente receptivas a las demandas populares; cuestión que tendrá que repercutir, también, en la configuración de un nuevo Estado donde la burocracia -incluyendo los más altos niveles- esté efectivamente al servicio de los ciudadanos, haciéndolo así más funcional y menos oneroso.
 
Sería entonces una revolución de lo real alternativo, con expresiones organizativas populares inéditas que supriman las barreras existentes entre gobernantes y gobernados. En ella, cada uno de los movimientos ciudadanos o sociales deben tener su voz y espacio, en función de sus necesidades e intereses particulares, en una manifestación pluralista, multiétnica y multicultural mediante la cual se haga realidad permanente la soberanía popular. Esto plantea la comprensión de una lucha de resistencia integral de los sectores populares. Mujeres, jóvenes, adultos mayores, campesinos, obreros, profesionales, ecologistas y pueblos originarios tienen ante sí el reto de asumir una lucha en común con la cual puedan trascender el orden establecido, gracias a lo cual tendrán la oportunidad de solventar los diversos problemas que los aquejan y de no permitir que sigan siendo invisibilizados y excluidos por quienes mantienen en sus manos las riendas del poder.
  
Lo real alternativo en este caso no puede verse como simple utopía. Debiera superar lo existente no solo en los aspectos políticos y económicos, sin limitarse a una eventual reforma que poco contribuirá a eliminar la conflictividad y las diversas contradicciones sociales. Esto implica llevar a cabo una transformación estructural que influya en el pensamiento y la conducta (como en otros elementos) de las personas. Es importante que en ello resalte -como componente esencial- una concepción distinta de la vida que armonice, entre otras cosas no menos importantes, el deseo común de la paz y del bienestar material con el respeto a las diferencias y a la autodeterminación de los pueblos del mundo. No sería, en consecuencia, una revolución ceñida a los esquemas tradicionales sino el preámbulo y la realización de la emancipación integral a que han aspirado siempre nuestros pueblos a lo largo de toda su historia de exclusión, explotación y desigualdades. -

 

LA UTOPÍA ALTERNATIVA DEL ANTI-ESTADO

LA UTOPÍA ALTERNATIVA DEL ANTI-ESTADO

Numerosas voces en todo el planeta coinciden en la necesidad imperiosa que se le presenta a la humanidad de crear un nuevo orden civilizatorio. Muchas de ellas tomando como referencia los postulados que definen el materialismo histórico y otros que nos presentan la propuesta de una ecología social mediante la cual armonicen seres humanos y naturaleza. En uno y otro caso surge la figura del anti-Estado, distinto al Estado prevaleciente, producto de la transformación estructural con que serían eliminadas las barreras que separan a gobernantes y gobernados, es decir, a las minorías dominantes de las mayorías subordinadas.

Tal propuesta choca, indefectiblemente, con la ideología hegemónica. Especialmente, contra lo que ésta ha logrado en un amplio segmento de la población cuando se le inculca una despreocupación deliberada, lo que le hace desligarse de todo asunto que, en cualquier grado, afecte a la sociedad; limitándose, generalmente, a emitir una crítica amargada pero sin proponer alternativa alguna que palie o elimine la situación cuestionada. Esto requiere que se planteé una lucha de resistencia integral, protagonizada y sustentada de un modo totalmente distinto por los sectores populares; lo que exige, además, un contexto teórico global con qué explicar todo cambio revolucionario y con qué guiarse al momento de realizar las rectificaciones necesarias.

Para muchas personas, la oportunidad de crear un modelo civilizatorio ajeno a los cánones tradicionales implica algo remoto de lograr. Y esto no debe sorprender, dada la carga ideológica que llevan a cuestas. Por ello, al hablar de un anti-Estado, resaltan aquellos rasgos, procedimientos y acciones que caracterizan al Estado liberal burgués (al margen de la denominación con que se le conozca), ya que gran porcentaje de ellos son, justamente, los que generan los cuestionamientos de la población, pudiendo ser un punto de partida para la elaboración de dicha propuesta. Ésta, por demás, ha de contemplar, entre otros objetivos, la configuración y fortalecimiento de instancias organizativas populares autónomas de decisión, así como de instituciones y de estructuras políticas y sociales capaces de asegurar en todo momento el ejercicio democrático de los sectores populares. Sin tales elementos, la propuesta que se presente sería una propuesta más, sin nada semejante a lo que serían (o representarían) una amplitud de visión y una voluntad de transformación verdaderas.

Como es percibido por mucha gente a nivel mundial, los actuales Estados ejercen a medias su soberanía, sometidos como están a la influencia inequívoca de los grupos que manejan los grandes capitales del planeta, los cuales no se contentan con solo controlar los mercados financieros sino que aspiran hacerlo también con los recursos naturales y los territorios de los diversos continentes, sin obviar la conducta y el pensamiento de toda la humanidad. Dichos Estados, según afirmación de Álvaro García Linera, «se encargan de privatizar los recursos, de disciplinar la fuerza laboral al interior de cada Estado territorialmente constituido, de asumir con los recursos públicos del Estado los costos, los fracasos o el enriquecimiento de unas pocas personas»; en correspondencia con los dictados e intereses del capitalismo neoliberal. Por eso es importante que la materialización de una correlación de fuerzas sociales y políticas revolucionarias debe ser capaz de superar tal influencia y/o hegemonía y apuntar a la estructuración de un gobierno de movimientos sociales antes que de cualquier minoría. Esto pasa también por un proceso de descolonización del pensamiento, elemento de un valor fundamental para emprender los cambios revolucionarios que exige la coyuntura presentada.

Lo que queda entender de este anti-Estado es lo referente a la definición de poder de Estado y aparato de Estado, de modo que uno y otro puedan funcionar en correspondencia con los intereses y las necesidades de los sectores populares, lo que debe traducirse, a su vez, en la realidad de una nueva práctica de la política. 

LA OTAN Y LA GEOESTRATEGIA DE LA INGOBERNABILIDAD PLANETARIA

LA OTAN Y LA GEOESTRATEGIA DE LA INGOBERNABILIDAD PLANETARIA

La cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte realizada el 29 y 30 de junio de 2022 en España determinó que es vital para sus gobiernos la contención de China y de Rusia, a quienes calificaron de amenaza a sus intereses en el escenario global; lo que extiende su papel neocolonial en los demás continentes, de modo que pueda y consiga conservar y reforzar su hegemonía (lo que podría denominarse, en el caso de nuestra América, neomonroísmo, sin ser mucha novedad), por lo que gobiernos como los de Irán, Cuba, Nicaragua y Venezuela son objetivos a ser atacados por todos los medios, a fin de evitar que sus gestiones resulten exitosas y sirvan de ejemplo a las demás naciones. Esto no es simple retórica. Para los grupos dominantes de Estados Unidos y Europa es un asunto de vida o muerte, a sabiendas que, desde hace más de cuatro décadas, el neoliberalismo capitalista proyectó un mundo de progreso infinito y de satisfacción de las necesidades si se seguían sus patrones de destrucción del Estado de bienestar, pérdida de derechos sociales y laborales, control absoluto de recursos naturales estratégicos y consolidación del dominio plutocrático, lo que se tradujo en el ataque sistemático a los gobiernos que no se apegaran a sus dictámenes, guerras violatorias del derecho internacional, imposición unilateral de sanciones y bloqueos económicos y estigmatización de los movimientos y luchas populares; llegándose el momento de hacerlo más descaradamente, sin más justificaciones que las suyas.

Con ello, estando al frente de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Estados Unidos está aplicando la estrategia de la militarización de la producción, la distribución, el comercio y la comunicación, dejando a un lado cualquier atisbo de consideración legal y moral; lo cual quedó reflejado en el Nuevo Concepto Estratégico de Madrid, documento en el cual se plantea combatir todas las amenazas y desafíos que existan o puedan surgir, recurriendo a una mayor “cooperación civil-militar”, en asociación con la industria y donde se articulen “los gobiernos, el sector privado, y la academia para reforzar nuestra ventaja tecnológica”. Es la conformación de una estrecha alianza entre las grandes corporaciones transnacionales, los centros financieros mundiales y el complejo militar-industrial que domina Estados Unidos, con una perspectiva claramente belicista bajo la cual quedaría subordinada toda soberanía. Para la OTAN (lo que es decir, Estados Unidos), aunque no haya amenazas probables, cercanas e inminentes a la seguridad atlántica, es indispensable tener a la vista un enemigo que confrontar, como ocurre con China, Rusia y toda otra potencia que desafíe el status quo internacional. 

Como lo reseña Andrés Piqueras en su artículo «La OTAN se hace global», “desde la caída de la URSS, EE.UU., al sentirse única potencia mundial, viene pergeñando distintos documentos en los que ha ido diseñando su estrategia global. Así, por ejemplo, la Doctrina de la ‘Dominación Permanente’, en la que contemplaba la reestructuración del dominio mundial estadounidense, la adaptación a un nuevo tipo de guerra o un nuevo America Way of War. También, en el que se conoció como ‘Plan Rumsfeld-Cebrowski’ (salido de la al parecer recién creada Oficina para la Transformación de la Fuerza), en el que se concebía la reestructuración total del ‘Medio Oriente Ampliado’ (toda la región de Asia Occidental y África Nororiental). Una vez que comenzó a identificar a China como enemigo a batir, cobraría existencia la Doctrina del ‘Pivote asiático’ y el Documento ‘Ventaja en el mar’, que apuntan a rodear al gigante asiático mediante un despliegue de instalaciones militares y medios de combate para impedir y/o limitar el abastecimiento energético de China por vía marítima». Sus objetivos son bastantes amplios y ambiciosos, ya que abarca la totalidad de las distintas regiones del planeta, incluyendo a Europa (con Israel a la distancia, en el Oriente Medio) que vendría a constituirse en un apéndice del imperio gringo, despojada de cualquier gesto de autonomía, como pudo ser la Unión Europea.

La OTAN y su geoestrategia del ingobernabilidad planetaria es lo más opuesto a la idea democrática de universalismo pregonado por el pensamiento liberal o eurocentrista como ideología dominante, el único racional y dotado de vigencia absoluta. Aunque no debiera causar extrañeza alguna, puesto que éste siempre se impuso al resto de la humanidad sobre la creencia de la superioridad racial de Europa; de otro modo, sus monarquías no habrían subyugado América, África y Asia durante algunos siglos, y menos se habría consolidado el capitalismo como sistema económico. El alfa y omega de este paradigma no es otra cosa que acaparar y controlar riquezas y poder sin límites a una escala global. Por ello, a Estados Unidos y sus subordinados les preocupa y aterroriza la idea del surgimiento de un mundo multipolar y multicéntrico donde su dominio quedaría completamente reducido, igualándose a las demás naciones de la Tierra. La incompatibilidad que esto supone frente a una realidad humana que demanda mayores niveles de igualdad social, de distribución equitativa de la riqueza y de mayores espacios de participación democrática debiera motivar en toda persona el compromiso solidario con todas las causas justas, las que defienden la democracia y los derechos humanos y ambientales ante la voracidad de poder del capitalismo y de su fase superior, el imperialismo, ahora yanqui-otanista. Sin embargo, esta gran tarea histórica demanda un combate continuo contra los paradigmas vigentes, gran parte de los cuales representan la legitimación del sistema-mundo que debiera cambiarse, en función de la vida en nuestro planeta.

DECOLONIALIDAD, DEMOCRACIA Y ANTIIMPERIALISMO EN NUESTRA AMÉRICA

DECOLONIALIDAD, DEMOCRACIA Y ANTIIMPERIALISMO EN NUESTRA AMÉRICA

Las luchas obreras, indígenas, campesinas, afrodescendientes, juveniles y de mujeres (entre las más notables) que se han producido en nuestra América desde comienzos de siglo se caracterizan por darle una mayor profundidad y un mejor sentido a la democracia, entendiéndola como algo más que la oportunidad de emitir un voto y elegir gobernantes. Y tales luchas tienen lugar en medio de represiones y del surgimiento de nuevas derechas y sectores ultrareaccionarios que, de una u otra manera, pretenden limitarlas y acabarlas, contando en muchos casos con la anuencia imperial de Washington. A todo esto se suma el papel injerencista de la Organización de Estados Americanos, cuyo secretario general no ha dudado en secundar los planes hegemónicos estadounidenses hasta el colmo de avalar el golpe de Estado propiciado al Presidente boliviano Evo Morales, argumentando un fraude electoral inexistente. 

Aún cuando la soberanía nacional, la autodeterminación de los pueblos y la intervención del Estado en la economía han estado bajo asedio por los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos y las grandes corporaciones transnacionales, en la actualidad se ha intensificado dicho asedio. La pretensión de adueñarse de los mercados, de los territorios ocupados, en gran parte, por los pueblos originarios, y de los recursos naturales estratégicos de todo lo que comprende nuestra América, al sur del río Bravo, ahora combina diversos métodos, tanto los aplicados durante la Guerra Fría como los extraídos de las nuevas tecnologías de la informática y la comunicación. Esta realidad es aupada desde adentro de cada una de nuestras naciones por sectores derechistas, cuyos rasgos racistas, violentos, misóginos y antidemocráticos son más que evidentes y constituyen lo que podría calificarse su ideología; siguiendo las pautas marcadas por grupos y partidos políticos similares de Europa y Estados Unidos. La posición antiimperialista que esto originaría tendría, como consecuencia asociada, una posición antifacista, en defensa de los derechos nacionales, democráticos y humanos que están plasmados en cada Constitución; lo que exigiría adoptar de quienes los defienden una militancia permanente.

Vistas en conjunto, las diferentes luchas populares emprendidas a lo largo de nuestra América pueden enmarcarse igualmente en un proceso de descolonización frente a la permanencia de la colonialidad, representada por el pensamiento eurocentrista que perdura en los centros académicos y en muchos ámbitos de la vida social, lo que vendría a complementar (o a integrarse a) la lucha contra el racismo, el patriarcado y el capital. No podrían circunscribirse nada más a una conquista parcial o local cuando el sistema u orden establecido se mantiene inalterable en sus raíces, sin atacar decididamente las causas de los problemas estructurales que nos han agobiado desde mucho tiempo. La descolonización del pensamiento reivindicaría a las clases y sectores sociales preteridos y oprimidos que serían, así, reconocidos y considerados sujetos históricos del nuevo tipo de sociedad a construirse.

Por ello, para que la democracia sea realmente funcional, participativa y popular, es preciso “hacer - como lo expresa Enrique Dussel - que la gente pueda participar, que no sea sólo representativo, que no se reduzca a una cúpula burocrática que gobierna desde arriba hacia abajo. Hay que modificar las instituciones políticas desde la base para poner un límite a la representación. La participación no puede ser sólo eventual, a través de algún tipo de plebiscito o consulta: la participación debe ser orgánica, con la presencia constante del pueblo, con las instituciones construidas a tal efecto. Eso exige por supuesto un tipo radicalmente nuevo de Estado, de una revolución con la participación institucional del pueblo”. Dado este paso trascendental, se podrá afirmar que existirá realmente una revolución en nuestros países, sin que hayan obstáculos que no puedan superarse, gracias en gran medida, a esos movimientos de obreros, indígenas, campesinos, afrodescendientes, jóvenes y mujeres que se hicieron visibles y cuestionan abiertamente el injusto, desigual y excluyente régimen imperante.

LA ILUSIÓN DE LA COMUNICACIÓN LIBRE

LA ILUSIÓN DE LA COMUNICACIÓN LIBRE

En un mundo sometido a la lógica capitalista y al control de la información en todos sus aspectos, será algo anormal suponer que existe una comunicación libre; a pesar de los grandes avances tecnológicos y afluencia de redes sociales por doquier. Ello explica, por ejemplo, la ola rusofóbica que se ha extendido por gran parte de Europa y Estados Unidos, a propósito de las acciones militares de Rusia en suelo ucraniano, o los epítetos aplicados al gobierno de Nicolás Maduro, con lo que se buscaría justificar cualquier tipo de medidas en su contra.

Sobre tal tema, se puede citar al intelectual francés Albert Camus cuando señala que «la libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa. Está por construirse la verdad, como el amor, como la inteligencia. Nada es dado ni prometido, pero todo es posible para quien acepta empresa y riesgo. Es esta apuesta la que hay que mantener en esta hora en que nos ahogamos bajo la mentira, en que estamos arrinconados contra la pared. Hay que mantenerla con tranquilidad, pero irreductiblemente, y las puertas se abrirán». Esto, indudablemente, marca una profunda diferencia respecto a la ética y la moral de los grandes medios corporativos, muchos de los cuales mantienen una línea editorial ajena a los intereses populares y están alineados con la preservación del orden establecido.

En la actualidad, el vasto proceso de producción, distribución y recepción de información a escala global oscila entre la verdad o la mentira. Si se opta por la primera, es muy posible que se repita una situación similar a la sufrida por el editor de WikiLeaks, Julian Assange, encarcelado por dar a conocer públicamente documentos militares de Estados Unidos sobre la invasión a Afganistán; o los asesinatos sistemáticos de periodistas en México y Colombia, envueltos en una impunidad que desmerita el Estado de derecho y justicia. La sincronía de las corporaciones transnacionales de la comunicación logra que la opinión pública acepte como verdaderas las mentiras, creando imágenes de personajes (especialmente, políticos) que los hacen ver ya sea de forma negativa o, en otros casos, positiva, dependiendo de cuál es el interés que se persigue y defiende. Como ocurre con el escenario electoral presidencial colombiano.

Con muchos elementos en contra, sin embargo la comunicación alternativa es factible y, de hecho, comenzó a minar y contrarrestar la influencia de los grandes medios tradicionales, obligándolos a utilizar los mismos recursos tecnológicos pero sin los mismos efectos. La información compartida por Internet ha conseguido que muchas personas sean escépticas y se esfuercen por escudriñar la verdad de las cosas. Así, la diversidad y la autonomía observadas entre los movimientos, individualidades o grupos que promueven esta comunicación alternativa podrían incrementar las exigencias democratizadoras que se extienden por todo, incluyendo las limitaciones a la apropiación de datos por parte de Facebook y otras corporaciones transnacionales similares que lucran con las informaciones extraídas de sus millones de usuarios, quienes son víctimas de los algoritmos que censuran sus contenidos, así se refieran a hechos y personajes históricos. Esto último ha hecho que muchos planteen la alternativa de desprenderse de Internet. No obstante, «la complejidad del mundo de hoy - en afirmación de Guiomar Rovira Sancho - obliga a desentrañar que, frente a la datificación de la vida, la resistencia no pasa por desconectarse sino por explotar sus potencias, desenmascarar las trampas de un panóptico digital movido por intereses capitalistas y militares, y tomar las riendas democráticas del ciberespacio común». Quedará en nuestras manos emprender un nuevo tipo de cruzada contra aquellos que, validos de su poder político y económico, pretenden mantener su hegemonía o conformarnos con la realidad que éstos nos impondrían en nombre de la libertad y la democracia; envolviéndonos con la ilusión de una comunicación libre.

LECCIONES DE MARX, O CÓMO COMPRENDER AL CAPITALISMO ACTUAL

LECCIONES DE MARX, O CÓMO COMPRENDER AL CAPITALISMO ACTUAL

El capitalismo suele mutar. Tras cada una de sus crisis cíclicas, de algún modo, genera rasgos o situaciones que lo hacen vigente, dando la impresión que es un sistema exitoso, imbatible e inevitable. Así, desde mucho tiempo atrás, son varios los pronósticos que dan cuenta de su inminente crisis final y, eventualmente, de su superación por un sistema económico de nuevo tipo (con sus consiguientes agregados políticos y sociales); en algún caso, por uno de origen socialista (aunque, quizás, algo diferente a lo anticipado por los marxistas-leninistas de viejo cuño). Sin embargo, en esencia, continúa siendo el mismo, con sus secuelas de desigualdad, de represión y de explotación. Todo conjugado en la búsqueda del máximo beneficio en el mínimo tiempo posible. Por lo que no debe extrañar que, adentrándonos en el siglo XXI, tras la experiencia inicial del neoliberalismo económico en las décadas finales del siglo XX, nos hallamos envueltos en una realidad de desigualdad de ingresos y riquezas que ha profundizado la brecha existente entre ricos y pobres, extendida ésta por razones similares a las naciones del norte desarrollado y del sur subdesarrollado. Una realidad, por demás, no exenta de inestabilidad sistémica, incertidumbre y convulsiones de variada intensidad que exige nuevas propuestas con que superarla, pero que aún no cuajan, sin formar una propuesta mayor de transformación estructural que atraiga la atención de las grandes mayorías.

En artículo escrito por Juan Hernández Zubizarreta y Pedro Ramiro, «Salir del necrocapitalismo: los derechos humanos frente al poder corporativo», éstos afirman que “asistimos a una ofensiva mercantilizadora en la que las dinámicas capitalistas, patriarcales, coloniales, autoritarias e insostenibles se exacerban. La democracia liberal-representativa y sus instituciones transitan por espacios cada vez más alejados de los verdaderos conflictos globales que se mueven entre la vida y la muerte. El capital y las empresas transnacionales se han lanzado a la destrucción de cualquier derecho que impida la mercantilización a escala global. El capitalismo, que ha rebasado con creces los límites biofísicos del planeta, se transforma en puro expolio territorial. A la vez, el sistema financiero especula con la propia existencia y dispone de un poder que le permite expropiar lo que ya existe”. En el mundo contemporáneo, los seres humanos pasaron a ser una mercancía más, siendo desechables aquellos que no participan de la sociedad de consumo (a los que se deja a su suerte, sin ningún tipo de asistencia) o no aportan valor en el proceso de reproducción del capital; cuestión que tiene su incidencia en la pérdida y la desvalorización de los derechos sociales, con salarios mínimos de subsistencia y una amplia flexibilización laboral legalizada en la práctica.

Así, el mayor deseo de los capitalistas es obtener, cada día en grandes proporciones, un crecimiento sin crisis ni intervenciones o regulaciones por parte del Estado; esto último, sólo cuando se requiere de su auxilio financiero o de una legislación que le sea favorable a sus intereses. Es el programa neoliberal de la economía. Ahora las minorías enriquecidas no se contentan con explotar a las mayorías populares. Ahora quieren subyugarlas en todo sentido, más allá de los ámbitos geopolítico, ideológico y económico tradicionales, como si no fuera suficiente el poder adquirido y ejercido a lo largo del tiempo; una lección de Karl Marx que tiene mucha vigencia, en especial cuando todos somos testigos de la depredación tremenda del capitalismo que no solo afecta la vida de millones de seres humanos sino que también está afectando considerablemente (y de forma indudablemente negativa) toda forma de vida sobre este planeta.

En el Manifiesto Comunista, Karl Marx y Friedrich Engels señalaron lúcidamente: “las pequeñas capas medias existentes hasta la fecha, los pequeños industriales, comerciantes y rentistas, los artesanos y campesinos, todas estas clases van hundiéndose en el proletariado, en parte porque su pequeño capital resulta insuficiente para la explotación de la gran industria y sucumbe a la competencia con los capitalistas de mayor envergadura, en parte porque sus habilidades quedan desvalorizadas en virtud de nuevos modos de producción. El proletariado se recluta así, por tanto, entre todas las clases de la población”. Algo que ha terminado por acentuarse a nivel planetario y que, con los planes actuales de las economías avanzadas del capitalismo, representadas por Inglaterra, Estados Unidos y Europa occidental, se haría extensiva a todos los niveles de la vida en sociedad. Lo que Marx habría anticipado al describir “que con la extensión de la actividad a una escala histórico-universal los individuos particulares han ido viéndose sojuzgados en medida creciente por un poder extraño a ellos (independientemente de cómo se representara la presión de éste, recurriendo a una presunta argucia del llamado espíritu universal, etc...) un poder de dimensiones cada vez más masivas y que en última instancia se ha revelado como el mercado mundial, es, en cualquier caso, un hecho empírico no menos relevante de la historia precedente”. Tal situación, en resumen, ubica a la humanidad ante un dilema, si continuar indiferente ante los estragos liberal-capitalistas o plantearse una transformación estructural que reivindique la vida y los valores que debieran sustentarla; lo que debiera ser, en la concepción de Marx, una revolución.