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EL MUNDO DEL CAPITALISMO

SI EL SOCIALISMO FRACASÓ, ¿PARA QUÉ DEFENDER TANTO AL CAPITALISMO?

SI EL SOCIALISMO FRACASÓ, ¿PARA QUÉ DEFENDER TANTO AL CAPITALISMO?

Una vez triunfante la Revolución Bolchevique en Rusia, quedó abierta la posibilidad a los diferentes pueblos oprimidos de la Tierra de emprender un camino totalmente distinto al trazado desde hace siglos por el capitalismo. Setenta años luego, la eclosión soviética fue tomada como un hecho irrebatible respecto a su fracaso y a la inviabilidad del régimen creado por sus impulsores; coincidiendo esto con lo que el apologista del imperialismo gringo, Francis Fukuyama, habría de señalar pomposamente en esa época como el fin de la historia.

Desde entonces, muchos se aferran obcecadamente a tal afirmación para refutar y demoler los planteamientos y las realidades históricas actuales, muchas de las cuales han rescatado -cada una respondiendo a sus particularidades nacionales- la alternativa revolucionaria del socialismo, con sujetos históricos que no fueron considerados en un primer momento por sus principales teóricos.

“Estos nuevos movimientos -escribe Martha Harnecker en su artículo ’Los movimientos sociales y sus nuevos roles frente a los gobiernos progresistas’, publicado en ww.rebelión.com- en no pocos casos partieron de dinámicas de resistencia originadas en sus comunidades o espacios locales, y en otros lo hicieron desde temáticas de género, de derechos humanos, de preocupaciones ambientalistas. Los desastrosos efectos del neoliberalismo los condujo, en muchos casos, a pasar de la preocupación por temas puntuales a la preocupación por temas nacionales.

Esto no solo enriqueció sus luchas y sus demandas sino que, además, les permitió convocar en torno ellas a los sectores sociales muy diversos, todos afectados por el mismo sistema”. La decepción y el empobrecimiento causados por la aplicación irrestricta de las medidas económicas neoliberales en nuestra América, emanadas del FMI, con su mandamiento absoluto de obtener grandes ganancias por encima de cualquier otra posible consideración, incluyendo el desmantelamiento del Estado de bienestar, hizo que estos nuevos movimientos emergieran con fuerza telúrica inusitada en algunas de sus naciones, a tal punto que sus movilizaciones masivas dieron al traste con algunos gobiernos, como ocurriera en Argentina, Ecuador o Bolivia, mientras que en otras, como Venezuela, se produjeron verdaderas insurrecciones populares que terminaron por deslegitimar a las elites dominantes.

Sin embargo, muchos de los que confrontan la opción socialista apenas pueden exponer las bondades del capitalismo sin que se les cuestione la explotación, la opresión y la exclusión (además de las guerras) que éste genera en todos las naciones del planeta. Generalmente, sus argumentos se basan en lo que éste representa en sus vidas, en lo individual, pasando por alto la miseria y desplazamiento de vastos sectores de la población mundial, la explotación de los trabajadores y el impacto altamente negativo en lo que a la naturaleza se refiere.

Es decir, a su modo, aún inconscientemente, se hacen eco de la lógica capitalista y, en consecuencia, defienden lo que creen es lo más razonable y beneficioso para todos, así se les explique pormenorizada y sensatamente el por qué resulta altamente perjudicial el sistema capitalista para el mundo. Lo más gracioso del caso es que, si el socialismo fracasó, como afirman algunos, ¿de qué vale defender al capitalismo, atacando con tanto afán al socialismo revolucionario?. Muchos “olvidan” que el socialismo revolucionario, pese a las diferentes experiencias históricas que buscaron concretarlo durante el siglo XX, aún no ha sido posible en ninguna nación de la Tierra (al menos, como se extrae de la teoría socialista), por lo que su “fracaso” está basado en una irrealidad, por muy racional que pueda parecer. Pero, también “olvidan” que este resurgimiento del socialismo revolucionario, especialmente entre los pueblos de nuestra América, se debe en gran parte al fracaso del Estado burgués-liberal y de las economías de mercado que éste adoptara, un punto más en contra del capitalismo que pocos admiten como tal.-

¿AGONIZA REALMENTE EL CAPITALISMO?

¿AGONIZA REALMENTE EL CAPITALISMO?

Pudiéramos suponer y desear que después de contínuas décadas de gran inestabilidad en diversas latitudes del planeta, el sistema capitalista neoliberal sucumbirá víctima de las convulsiones políticas, económicas y sociales que él mismo ha generado al impedir que la gran mayoría de los pueblos disfruten de la riqueza generada entre todos. Sin embargo, esto pareciera no representar un hecho histórico inmediato, dados los reacomodos que estarían impulsando algunos gobiernos en unión simbiótica con los grandes consorcios económicos para evitar la hecatombe capitalista que muchos -de una u otra forma- ya anticipan; lo que, incluso, tendría entre otras opciones estudiadas el desencadenamiento de una nueva guerra mundial, a fin de erigir un nuevo orden mundial menos convulsivo que el existente. De ahí que, en algunos casos, se estén promoviendo bloques de integración comerciales, sobre todo con China, el nuevo gigante capitalista del mundo, lo que tiende a desequilibrar la hegemonía económica europeo-estadounidense, extendiéndose no solamente al área asiática sino también a las naciones de nuestra América, como se evidencia con Mercosur, Alba-TCP, y Petrocaribe, entre las más resaltantes. A ello se añade la vinculación con Rusia, otra economía fuerte en competencia con Europa y Estados Unidos.

 

Consciente de esta situación desventajosa para Estados Unidos frente a sus rivales, la administración Obama apela a la conformación del Tratado Transatlántico para el Comercio y la Inversión (Transatlantic Trade and Investment Partnership, TTIP), estableciendo una zona de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, el cual estaría negociándose de espaldas a la población, secretamente. Al mismo tiempo, proyecta el Acuerdo de Comercio de Servicios (Trade In Services Agreement, TISA en sus siglas en inglés), que tendría como uno de sus metas esenciales la liberalización de todos los servicios -incluyendo salud, educación, comunicaciones, agua, energía y comercio digital, entre otros-, y viene negociándose desde 2013. De entrar en vigencia, el mismo estaría por encima de los gobiernos de los países signatarios, preservando los intereses de las empresas corporativas, cuestión que vulneraría enormemente los derechos fundamentales de las personas y del ambiente. En una dirección semejante, se sitúa el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Strategic Economic Partnership, o Trans-Pacific Partnership, TPP), dirigido por Washington, como un elemento clave del “giro” estadounidense hacia los países del continente asiático, sirviendo de muro de contención a la expansión china. Esta fórmula inspira poca confianza. Al contrario de ella, muchas de las naciones de Asia prefieren ubicarse en la Asociación Económica Regional Integral (Regional Comprehensive Economic Partnership, RCEP), dirigida fundamentalmente por China, con la posibilidad cierta de convertirse en el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, al cual se adherirían, además de China, Japón, Corea del Sur, India, Australia y Nueva Zelanda. La RCEP tendría, prácticamente, influencia determinante en un 46% de toda la población mundial, aparte de un PIB que abarcaría la cifra astronómica de unos 17 billones de dólares, aproximadamente, y el manejo de casi la mitad de todo el comercio generado a escala internacional. Esto, sin contar las economías emergentes del grupo BRICS.

 

Ante este panorama, donde el capitalismo busca subsitir, mutando, pero sin perder su esencia expoliadora, especuladora y depredadora, se requiere construir con sentido de urgencia alternativas viables, revestidas de un significado político e histórico con el cual se identifique cada pueblo y que sirvan para enfrentar -desde su diversidad inherente- los tratados de libre comercio o bloques de integración comerciales que se proponen como panaceas para la amplia variedad de problemas y necesidades que caracterizan al modelo civilizatorio actual, regido (a grandes rasgos) por la globalización neoliberal.-

 


LA TRETA DEL DÓLAR Y LA "CATÁSTROFE" ECONÓMICA DEL SOCIALISMO

LA TRETA DEL DÓLAR Y LA "CATÁSTROFE" ECONÓMICA DEL SOCIALISMO

Una de las matrices de opinión que ha tratado de imponer insistentemente desde hace algún tiempo la oposición en Venezuela es la relativa a un supuesto fracaso del modelo económico socialista implantado por Hugo Chávez. Así, representantes de los diversos gremios del sector privado y voces agoreras del capitalismo neoliberal se unen en coro para anunciar que el país se halla al borde de una catástrofe económica inminente, por lo que se requeriría que el gobierno de Nicolás Maduro implemente la dolarización y  elimine todos los controles existentes para que se acabe entonces la ola de desabastecimiento, acaparamiento e inflación inducida que azota a la familia venezolana. Todo eso a pesar de disfrutar de la asignación de divisas para importaciones fraudulentas y permitirse imponer un tipo de cambio al margen de los controles establecidos por las autoridades nacionales, de modo que termina por afectarse el poder de compra de todos los trabajadores.

Hasta ahora, tal estrategia no ha funcionado a plenitud. El pueblo, a pesar de las colas cotidianas, se mantiene esperanzado en que Maduro resuelva finalmente esta situación. Sin embargo, sí se nota cierta erosión en el ánimo de alguna gente, lo que debiera activar las alarmas del gobierno y de quienes dirigen al Psuv y resto de partidos políticos aliados del chavismo, al percibirse que a las autoridades se les escapó de las manos el control de la situación, en especial sobre el mercado paralelo de dólares que tanto ha desequilibrado a la economía nacional.

Todo lo que ocurre en el orden económico no puede, en consecuencia, atribuírsele al fracaso del socialismo bolivariano. Como lo refiere Antonio J. González Plessmann, “la experimentación de una democracia socialista, a la venezolana, nace justamente del fracaso de las democracias liberales, representativas, de las economías de mercado. Estas fueron incapaces de generar igualdad sustantiva, participación real de las mayorías en los asuntos públicos, protección a los derechos humanos y garantías de preservación de la vida en el planeta. El modelo que realmente fracasó es aquel que divide en dos la riqueza mundial: 'casi la mitad está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante [lo que implica] el secuestro de los procesos democráticos por parte de la élites' (Informe Oxfam). Quienes denuncian 'fracaso' son justamente los operadores de unas elites que secuestran a las mayorías su poder de decidir”.

    Se debe tener en cuenta que la oposición siempre ha jugado al sico-terrorismo. Sus tretas se enfocan al desgaste moral de quienes luchan por la Revolución Bolivariana Socialista, por lo que su campaña mediática persigue neutralizar cualquier apoyo que ésta requiera, ya sea ante una agresión directa del imperialismo gringo o desde dentro del territorio venezolano. Para impedir que esto suceda eventualmente, el poder popular organizado tiene que empezar a crear y a manejar espacios autogestionarios desde los cuales se promuevan nuevas formas de hacer política y, en consecuencia, se haga posible construir un Estado totalmente nuevo, ajustado al ideario revolucionario socialista.-

BRICS: ¿EL TURNO DEL SUR?

BRICS: ¿EL TURNO DEL SUR?

 

A grosso modo, las economías emergentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica constituyen nada menos que el 43% de la población mundial, con un PIB mundial tan elocuente de un 21%, cuyo valor tiende a incrementarse anualmente, aparte de activar el 20% de la inversión mundial. Este hecho ya de por sí le otorga una importancia capital a dichas economías, especialmente cuando se observa el declive de las economías europeas y estadounidense, a pesar que sus grandes empresas transnacionales ejercen, prácticamente, un control dictatorial sobre todo el sistema capitalista mundial, asistidas en todo momento por el poderío militar de sus respectivos gobiernos. Por ello, cualquier iniciativa del grupo BRICS tendría su repercusión inmediata en el sistema económico del planeta, afectando sobre todo la preeminencia estadounidense, la cual ha buscado apuntalarse a través de la guerra y de los Tratados de Libre Comercio establecidos con algunas naciones de nuestra América. 

De allí que la declaración conjunta de los BRICS en la cumbre realizada en Brasil, donde asumen el compromiso de respeto al derecho internacional (hoy vulnerado impunemente por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN ante la mirada impávida y cómplice de la ONU), el multilateralismo político (estimulado desde nuestra América por Hugo Chávez, Fidel Castro, Rafael Correa, Evo Morales y otros mandatarios de la región, impulsando la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos, el Mercado Común del Sur, la Unión de Naciones Suramericanas, y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), el desarrollo económico, la equidad social, el crecimiento sostenible y la preservación del medio ambiente, viene a ser un hito importante en la búsqueda de un equilibrio económico que beneficio especialmente a los países del sur. En este sentido, la posición de los BRICS respecto al Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (surgidos de los acuerdos de Bretton Woods), que son organismos que defienden únicamente los intereses económicos norteamericanos y de los países industrializados, proyecta un cambio de primer orden en cuanto a las relaciones económicas internacionales, dándoles un nuevo tinte que supera el estado de dependencia y de explotación a que fueran sometidos nuestros países durante siglos a manos de los grandes países industrializados. Tal como lo reconoce Fidel Castro: “En la Declaración de los BRICS, aprobada el 15 de julio de 2014 en Fortaleza, se aboga por una mayor participación de otros países, especialmente los que luchan por su desarrollo con miras a fomentar la cooperación y la solidaridad con los pueblos y de modo particular con los de América del Sur, se señala en un significativo párrafo que los BRICS reconocen en particular la importancia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en la promoción de la paz y la democracia en la región y en el logro del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza”.

Si todo esto llega a cumplirse a cabalidad y la preponderancia de los BRICS se consolida a través del tiempo, podríamos ser optimistas respecto al destino de nuestros países y concluir en que, finalmente, le llegó el turno al sur.-

EL ORDEN NATURAL CAPITALISTA Y LA ACCIÓN REVOLUCIONARIA

EL ORDEN NATURAL CAPITALISTA Y LA ACCIÓN REVOLUCIONARIA

De acuerdo a la lógica del sistema capitalista, el orden natural de la sociedad supone la existencia de una jerarquización que no debe alterarse entre una minoría dominante y una amplia mayoría dominada; la primera con todos los privilegios posibles, así estos rebasen el sentido común y busquen justificarse de un modo carente de racionalidad, y la segunda, ahogada en miseria, explotación y opresión, aun cuando todo el discurso burgués-liberal le da preeminencia a la soberanía popular. De este modo, el capitalismo ha impuesto (o reacomodado) aquella concepción del mundo que legitimó el poderío de castas, estamentos y clases sociales presentes en las sociedades antiguas, en algunos casos con reyes y emperadores, cuyo poder se derivaba directamente de sus dioses o por su linaje divino, cosa que se mantuvo por largo tiempo y fue reforzado -de una u otra forma- por los jerarcas y teólogos de la iglesia católica, apostólica y romana.

Así, disponiendo de los recursos de la educación y de la religión, del control ejercido sobre las estructuras del Estado y del uso manipulador de los medios masivos de información, el sistema capitalista ha podido expandirse y consolidarse, a tal punto que mucha gente (incluyendo a la que se autoproclama revolucionaria) lo ve como un mal necesario, difícil de transcender y, por ende, de eliminar por completo. Algunos, incluso, lo defienden con argumentos similares a los esgrimidos por quienes se benefician del mismo, a pesar de saberse explotados, en vista que su nivel de conciencia de clase es muy precario todavía, no obstante la instrucción avanzada que puedan mostrar.

Esto ha hecho que la resistencia a los cambios revolucionarios que se proponen para erradicar las injusticias, desigualdades, guerras imperialistas, depredación del ambiente y exclusiones de todo tipo causadas por el capitalismo se manifieste de una manera permanente, máxime cuando no hay una vanguardia de verdaderos cuadros revolucionarios que oriente a los sectores populares en el logro de su autonomía frente al Estado y la lógica capitalista, evitando su burocratización y su aburguesamiento.

A pesar de dicha realidad, el mundo contemporáneo es testigo de las luchas diarias en contra de la hegemonía capitalista, dada su naturaleza expoliadora y destructora de las soberanías y las identidades nacionales, lo cual impone la urgencia de  una acción revolucionaria impostergable  Esto ya habla, ciertamente, de la necesidad histórica de plantearse sin dudas la construcción de una sociedad de nuevo tipo bajo la inspiración del socialismo revolucionario como alternativa posible e inmediata.

 Por supuesto, de ello han de  ser protagonistas fundamentales quienes ahora son víctimas del capitalismo: los trabajadores con conciencia de clase y, junto a ellos, todos los extractos sociales que aspiren emanciparse de forma integral y definitiva, haciendo posible, en consecuencia, la sociedad democrática por la cual tanto se ha luchado tanto a través del tiempo en todo el planeta.-

EL SOCIALISMO SIGUE SIENDO LA ALTERNATIVA AL CAPITALISMO

EL SOCIALISMO SIGUE SIENDO LA ALTERNATIVA AL CAPITALISMO

Quienes se han afanado inútilmente desde siempre en anatematizar los ideales revolucionarios del socialismo parten de un razonamiento (si es que alguna vez el fanatismo extremo llegara ser racional) totalmente equivocado. Acusan -siempre- al socialismo revolucionario de ser un fracaso histórico a nivel mundial, olvidando a propósito que nada de lo previsto por los teóricos socialistas -con Marx y Engels en primera fila- ha podido concretarse debido a múltiples factores, pero principalmente por la alienación y la fetichización del poder de las cuales ha sido víctima la humanidad entera, sobre todo, luego de producirse la Revolución Francesa de 1789, cuyo epílogo fue el surgimiento de la burguesía como clase dominante. A partir de este importante hecho histórico, la burguesía no basó su poder -como lo hicieran reyes y “nobles” invocando la sacrosanta voluntad de un dios conveniente que legitimara su lugar en la pirámide social- sino que lo hizo a través del capital y de las relaciones sociales y productivas que de él se derivarían, ejerciendo el control de las distintas instituciones del Estado en su propio beneficio. Para alcanzar este propósito, la burguesía inculcó entre los sectores populares que explota la ilusión de armonía entre ambas clases sociales, en un modelo de sociedad que garantiza la igualdad de oportunidades para escalar social y económicamente, bastando para ello trabajar arduamente y respetar las leyes existentes. Sin embargo, la realidad cotidiana revela la verdad de las cosas que niega y oculta el capitalismo, como ocurriera en Venezuela en 1989 y, luego de ese año emblemático hasta ahora, a escala planetaria.

Por lo tanto, aquellos que vilipendian al socialismo revolucionario buscan minimizar el impacto negativo de todo lo sucedido en nuestros países para que exista el capitalismo, siendo una evidencia innegable de ello, por ejemplo, el cambio climático, llegándose al colmo de pretender imponer que el mismo es algo natural, un ciclo que se cumple por leyes inexorables de la naturaleza. Para esto le es indispensable al capitalismo que haya entre los seres humanos cierta plasticidad de sus conciencias que los impulse a renunciar a su propia identidad y que esto se sujete posteriormente a una conveniente ausencia de memoria crítica de la realidad que les rodea. Este tipo de personas es el que legitima las relaciones sociales, de poder y de producción engendradas bajo el sistema capitalista, viéndolas y sintiéndolas de modo fatalista e imposibles de trascender y de reemplazar, aun cuando las resienta y combata al verse afectado en su condición individual.

Tal alienación se manifiesta en la aceptación tácita de la propiedad privada, la división del trabajo y la producción mercantil, siendo entonces necesario que tales elementos sean radicalmente transformados mediante una revolución de signos socialista y popular que permita, en consecuencia, que los cambios culturales, espirituales, económicos, sociales y políticos se manifiesten igualmente en el desarrollo integral de la individualidad de cada persona, sin que ello signifique la reproducción y permanencia de los antivalores capitalistas que siempre han menoscabado el deber social y el interés colectivo. Por consiguiente, ante la devastación causada por el capitalismo en muchos aspectos de la vida en sociedad, la alternativa revolucionaria al mismo seguirá siendo el socialismo (así continúen recurriendo los apologistas del capitalismo a la experiencia fallida de la URSS para convencernos de lo contrario).-

¿TELEVISORAS POR “LA PAZ SOCIAL”?

¿TELEVISORAS POR “LA PAZ SOCIAL”?

No se puede censurar a priori la solicitud hecha por el presidente Nicolás Maduro a los propietarios de las empresas televisivas venezolanas para que contribuyan a crear un clima de paz a través de su programación diaria, de manera que ésta incida positivamente en la disminución de hechos violentos que afectan a la ciudadanía en general. Con esta descalificación tendenciosa se pretende inculcar la idea de un control de los canales de televisión por parte del gobierno chavista, ignorando adrede la responsabilidad social que los mismos deben cumplir, de acuerdo a lo establecido en la ley que regula su actuación en Venezuela.

En este sentido, es difícil hacerse de la vista gorda y desconocer la influencia que tiene la televisión al inducir un patrón de vida entre quienes recurren a ella diariamente, lo que muchas veces se ajusta al moldeamiento de una conducta que termina por legitimar la lógica del capitalismo, imponiéndonos modelos ajenos a nuestra realidad. De esta forma, se nota a leguas que quienes opinan en contra de esta solicitud del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, sean o no expertos en esta materia, están sencillamente ocultando que algunas de estas televisoras privadas del país frecuentemente difunden programas que estimulan antivalores entre la población, así como su actuación determinante en el desencadenamiento de los hechos violentos que indujeron el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 en contra del Presidente Hugo Chávez cuando manipularon un video sobre quienes se hallaban situados en Puente Llaguno, defendiendo ese día el proceso revolucionario bolivariano.

Así que no puede ni debe confundirse libertad de expresión con este tipo de cosas que contradicen la objetividad y la imparcialidad que le corresponde asumir a todo medio de comunicación, incluyendo, por supuesto, a aquellos que están en manos del gobierno.

Lo que se requiere es que cada ciudadano venezolano, aun cuando milite en la oposición, esté ciertamente dispuesto a aportar su granito de arena en el logro de una sociedad cuyos valores se basen en el respeto mutuo, la paz, la seguridad personal, la igualdad y la justicia social, entre otros, mediante los cuales se formen y/o eduquen a las nuevas generaciones.

En consecuencia, todos los venezolanos estarían obligados moralmente a apoyar esta petición del Presidente Nicolás Maduro, puesto que la misma está sustentada en un sentimiento generalizado de la población venezolana, víctima de una programación televisiva que desdibuja tanto la realidad del país como del mundo y que refuerza cierto desprecio hacia nuestro rico patrimonio artístico-cultural en función de modas e intereses meramente económicos.

Esto jamás podría calificarse como una amenaza a la libertad de expresión, como se acostumbra decir cada vez que se le ha pedido a algún medio de comunicación que cumpla con su deber de informar de modo veraz o que no se parcialice demasiado con una postura política determinada, como muchos lo hacen sin ser sancionados por la ley.

En vez de ello, debiera promoverse un debate abierto sobre el papel cumplido y a cumplir por las diferentes empresas de comunicación, de manera que el pueblo tenga una opinión mejor sustentada al respecto, sin manipulación de ningún tipo.-      

CON EL CAPITALISMO NO BASTAN LAS BUENAS INTENCIONES (AUNQUE LO VISTAN DE SEDA)

CON EL CAPITALISMO NO BASTAN LAS BUENAS INTENCIONES (AUNQUE LO VISTAN DE SEDA)

Se dice que la mayor mentira de Satanás, es hacerle creer a la gente que él no existe, habiendo sido un recurso eficaz para evitar que muchos cayeran en la senda del pecado al aterrorizarlos con su figura y sus sádicas torturas de nunca acabar en el infierno hasta que la filosofía y el psicoanálisis lo hicieron parte de sus elucubraciones, invalidando entonces las supersticiones inculcadas por la religión. Al margen de estas consideraciones teológicas, algo similar se pudiera afirmar respecto al capitalismo y la secuela de desigualdades, guerras, injusticias y explotación indiscriminada de la naturaleza  y de los trabajadores que tiene tras de sí, a tal punto que un gran porcentaje de personas lo aceptan cono un mal necesario, inevitable y poco menos que reformable, obligándose a una resignación que les niega la dignidad y la plenitud de sus vidas.

Aun así, en oposición a esta realidad , millares de seres humanos protestan, baten sus cadenas y se hermanan en una lucha asimétrica a nivel mundial contra el sistema capitalista, sometiéndolo a presiones, cuestionamientos y reacomodos que obligan a plantearse su total eliminación y la fundación de un nuevo tipo de sociedad que -hasta el presente- se definiría como socialista, haciendo propios los aportes teóricos y las experiencias de muchos de los revolucionarios socialistas de los dos últimos siglos. En esta coyuntura histórica, los defensores del capitalismo, sobre todo en nuestra América, recurren a la misma estrategia aplicada en el pasado por sus antecesores: “humanizar” al capitalismo, llegándose al colmo de las “innovaciones” al referirse a un capitalismo serio y a un capitalismo popular, amén de otros que proponen un socialismo “productivo”, en un esfuerzo por hacerlo digerible para los sectores populares que son, precisamente, las victimas permanentes de la usura y de la explotación capitalistas, sea cual sea la modalidad de gobierno y/o Estado vigente.

Por consiguiente, aunque lo vistan de seda, sería sumamente ingenuo y escasamente inteligente suponer que, en relación al capitalismo, sólo bastan las buenas intenciones. Según esta posición, bastaría con darles oportunidades de superación a quienes han tenido la mala ventura de empobrecerse o de nacer en la pobreza, sometidos -como han estado- a las grandes limitaciones socioeconómicas que ello implica. Es lo que afirman muchos políticos, despertando ilusiones que luego se estrellan contra la realidad de las medidas gubernamentales mediante las cuales se intenta capear la situación de crisis prolongada que sufre el capitalismo, como ocurre en muchas naciones actualmente. Lo único cierto de todo esto es que el capitalismo no podría entrar en contradicciones consigo mismo. Su naturaleza no va de la mano con ese sempiterno deseo humano de vivir en una sociedad de iguales, donde se manifieste la democracia participativa en toda su dimensión creadora y emancipadora. Entender lo contrario sería negar tercamente todo lo que ha significado este sistema para la humanidad oprimida, discriminada y expoliada a lo largo de la historia, contribuyendo al enriquecimiento cínico de una minoría.-