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EL MUNDO DEL CAPITALISMO

LA GUERRA MULTIDIMENSIONAL DEL CAPITALISMO IMPERIAL

LA GUERRA MULTIDIMENSIONAL DEL CAPITALISMO IMPERIAL

El sistema capitalista mundial podría enfrentar la posibilidad inminente de una desaceleración económica, lo que plantearía consecuencias graves para las naciones periféricas, además de las principales naciones desarrolladas capitalistas (entre ellas, Francia y Alemania) que padecen en el presente los costos sociales de las recomendaciones neoliberales del FMI y del Banco Mundial para superar sus crisis internas; afectando también la estabilidad democrática y la garantía de respeto a las soberanías y los derechos humanos.

Es evidente que la economía global -centrada en el dólar- se duplicó durante los últimos 30 años, sin embargo, esto no significa que la riqueza se haya distribuido de un modo equitativo entre trabajadores y dueños de capital, lo que se traduce en mayores niveles de desigualdad económica y social, reflejándose en la situación desigual de un 1% que acumula diariamente más riquezas que el resto del 99% de la población mundial; lo cual supone la redefinición de la correlación de fuerzas, aparte de una situación signada de luchas y retos a asumir por los sectores populares empobrecidos, tomando en cuenta que la mayoría de los gobiernos favorecen políticas que le dan prioridad a las reglas del mercado, incluyendo aquellos que podrían señalarse de progresistas.

Esto obliga al diseño y debate de novedosas propuestas políticas y económicas que tengan, desde una óptica particular, pero sin obviar lo que acontece fronteras afuera, como eje central deslegitimar, enfrentar y derrotar a quienes pretenden controlar al sistema económico mundial, pasando por alto el respeto a los derechos humanos y la soberanía de los países víctimas de su apetencia de grandes ganancias. De ahí que no sean casuales situaciones como la disminución de los precios de productos primarios, como el petróleo en el caso venezolano, la aplicación estricta de planes de ajustes de gasto público y las solicitudes de préstamos de algunos gobiernos a las instituciones de crédito subrogadas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos; todo esto orientado a mantener la hegemonía de las grandes corporaciones transnacionales y a frenar el avance de las economías emergentes, además del potencial de preeminencia que China y Rusia representan en un futuro inmediato.

Todos conocemos que la expansión incesante del mercado capitalista requiere de territorios, de recursos naturales y de mano de obra barata que le aseguren la obtención segura de ganancias, lo que ha colocado a la humanidad (junto con toda otra forma de vida) al borde de un colapso total. Sin embargo, poco se ha hecho para contener esta apetencia desbocada de los grupos capitalistas corporativos y para eliminar, por parte de las economías periféricas, la dependencia primario-exportadora tradicional a que parecen estar condenadas indefinidamente, en lo que muchos califican de subdesarrollo; lo que representa un serio problema para todo régimen que aspire saltarse tal realidad.

En consecuencia, se ha ido desarrollando a la vista de todo el mundo una guerra multidimensional -con dispositivos de manipulación y de agresión de toda clase que lesionan gravemente la vigencia del derecho a la autodeterminación de los pueblos- por parte del capitalismo imperial. Para justificarla, cualquier argumento es válido: combate al narcotráfico y al terrorismo, ayuda humanitaria o, simplemente, la amenaza inusual y extraordinaria de un gobierno catalogado de dictatorial y violador de los derechos humanos fundamentales. Todo en función de defender, asegurar y reproducir la hegemonía del capitalismo. Por ello, todo gobierno de izquierda, centro-izquierda y/o progresista que quiera abandonar el redil, estará siendo condenado a sufrir las consecuencias. A fin de lograr sus propósitos, este capitalismo imperial dispondrá, sin rubor alguno, de los organismos multilaterales existentes, llámense FMI, Banco Mundial, ONU o, su brazo armado, la OTAN; lo que importa es el sometimiento incondicional de los gobiernos y pueblos a sus intereses económicos y geopolíticos, así esto cause un genocidio irreversible a escala planetaria.-

 

LA ACULTURACIÓN Y LA REVOLUCIÓN ESPIRITUAL PERMANENTE

LA ACULTURACIÓN Y LA REVOLUCIÓN ESPIRITUAL PERMANENTE

A fin de ganar una legitimidad indeleble e incuestionable, el capitalismo requiere una cultura estandarizada que le facilite presentarse ante el mundo como una realidad irrevocable, por lo que sus agentes mantendrán activado, bajo distintos procederes (algunos perceptibles, otros no) un proceso de aculturación, en un manejo de códigos de manipulación, con la finalidad de imponer una sola visión o pensamiento a escala mundial, lo que convierte a los valores culturales de los pueblos originarios en algo prescindible y arcaico.

Quizás resulte vano y necio afirmarlo, pero es una imperiosa necesidad confrontar la subjetividad estructural que conforma la cultura del pillaje capitalista para asegurar el avance revolucionario de los sectores populares, que se genere una reflexión crítica respecto a este tema y se pueda reescribir la historia de nuestros pueblos bajo una perspectiva propia, sin el toque positivista, evolucionista, eurocentrista y/o estadounidense con que se reviste tradicionalmente el conocimiento adquirido en los centros educativos o académicos (externos y locales), tomando en cuenta que gran parte del mismo conduce a posiciones de corte racista y desvalorizadoras de las culturas autóctonas, en función de los intereses económicos y políticos de las clases dominantes.  

Según lo determinara el sociólogo mexicano Pablo González Casanova, los pueblos de nuestra América  vieron alterada su propia percepción en función de las ideologías, las utopías y las creencias culturales europeas, lo cual hizo que su identidad e historia no fueran explicadas a partir de la realidad vivida y sufrida por ellos, sino que se extrapolaban las ideas de la civilización europea, “cargando su visión de errores, prejuicios y carencia de análisis críticos”.

También, en este caso, bien se podrá compartir con Ludovico Silva, hablando de la plusvalía ideológica, “que la forma como el capitalismo suministra esa ideología es pocas veces la de mensajes explícitos doctrinales, en comparación con la abrumadora mayoría de mensajes ocultos, disfrazados de miles de apariencias y ante los cuales sólo puede reaccionar en contra, con plena conciencia, la mente lúcidamente entrenada para la revolución espiritual permanente. Y no sólo el hombre medio, sin conciencia revolucionaria, vive inconscientemente infiltrado de ideología, sino también todos aquellos revolucionarios que, como decía Lenin, se quedan en las consignas o en el activismo irracional, pues tienen falsa conciencia, están entregados ideológicamente al capitalismo, sin saber que lo están; la razón por la cual todos estos revolucionarios se precipitan en el dogmatismo es precisamente su falta de entrenamiento teórico para la revolución interior permanente”.

Con esto, la acción transformadora de la realidad del mundo en que vivimos tendría que revelarse, en un primer plano, en lo que querríamos ser como personas y naciones, es decir, convertirnos en reflejo de esta acción transformadora; en lo que sería entonces una revolución espiritual permanente. Esta visión o concepción de un nuevo modelo civilizatorio requiere, por tanto, de un esfuerzo constante, dirigido a evitar y a descubrir la aculturación inducida desde los grandes centros hegemónicos, centrándolo en la revalorización de los elementos culturales característicos de nuestros pueblos. Ello contribuiría a la abolición de la lógica, de las clases sociales y de las relaciones de producción originadas por el capitalismo por medio de su industria ideológica. En consecuencia, el desarrollo de las fuerzas productivas, la conversión de las relaciones de producción capitalistas, la revolución cultural antiburocrática y el nuevo sistema político (invirtiendo radicalmente la pirámide de las relaciones de poder tradicionales) tendrían que ser el resultado de una voluntad colectiva que se manifieste en lo creativo y no se limite a un reparto algo más equitativo de la riqueza social o a retribuir, desde el Estado, a un pueblo demandante de derechos.-   

LA BARBARIE "CIVILIZADA" DEL CAPITALISMO

LA BARBARIE "CIVILIZADA" DEL CAPITALISMO

El escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura, auguró hace algún tiempo: “El desplazamiento del sur al norte es inevitable; no valdrán alambradas, muros ni deportaciones: vendrán por millones. Europa será conquistada por los hambrientos. Vienen buscando lo que les robamos. No hay retorno para ellos porque proceden de una hambruna de siglos y vienen rastreando el olor de la pitanza. El reparto está cada vez más cerca. Las trompetas han empezado a sonar. El odio está servido y necesitaremos políticos que sepan estar a la altura de las circunstancias”.


Los pueblos de Afganistán, Irak, Libia, Siria y Yemen -víctimas desde 2001 de la codicia inconmensurable de las grandes corporaciones transnacionales petroleras que operan desde Estados Unidos y Europa occidental- se han visto obligados a sufrir penurias de todo tipo, gracias a la cruzada protagonizada por estos países “civilizados” en su combate sin límites ni fecha de terminación contra el “terrorismo internacional”, el cual sólo tiene como enemigos presuntos o potenciales a aquellos pueblos y regímenes que no comulgan con su credo de superioridad racial, religiosa y/o cultural, ni aceptan continuar sometidos a una tiranía mundial compartida donde sobresale Estados Unidos -con su mando de la OTAN- como el policía de mayor rango. Esto sin incluir la ofensiva militar de Arabia Saudita a Yemen o las decenas de miles de muertos y heridos provocados por los bombardeos y ataques de Israel a zonas residenciales de Gaza y Cisjordania en su empeño por exterminar de la faz de la tierra al pueblo ancestral de Palestina, condenado a sufrir privaciones de toda clase bajo el régimen sionista israelí.


Con Libia, Estados Unidos y la OTAN cambiaron en parte el formato de agresiones aplicado en el resto de naciones invadidas. Esta vez la agresión a Libia (a diferencia de Afganistán e Irak) estuvo concentrada en los bombardeos y el uso de mercenarios pro-occidentales, los mismos que darían nacimiento al grupo Al Qaeda, acaudillado por Osama Bin Laden, ex pupilo de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) durante la Guerra Fría, del cual -a su vez- deriva el denominado Estado Islámico (ISIS o Dáesh).


Además, se debe mencionar que dicha agresión neo-imperialista se basó en dos resoluciones de la ONU, las números 1970 y 1973, emanadas del Consejo de Seguridad, con lo que sus acciones adquirían cierta dosis de legitimidad ante el mundo, ya que se trataba de “proteger a los civiles y a las áreas pobladas bajo amenaza de ataques” por parte de las fuerzas leales a Muamar el Gadafi. Esto ha servido de fundamento para aspirar en hacer lo mismo en territorio sirio. No obstante, ni Estados Unidos ni Europa occidental supieron calcular las consecuencias de sus acciones belicistas en Oriente Medio y África subsahariana.


Al producirse abruptamente la disminución de sus condiciones materiales de vida, con destrucción sistemática de toda la infraestructura existente hasta entonces y, además, padecer el terrorismo y la inestabilidad política en sus países, viendo completamente trastornada la realidad socio-política, socio-económica y socio-histórica en la cual se desenvolvieran toda su vida, muchos de sus habitantes optaron por migrar en masa a las naciones responsables de su nueva condición, convertidos así en una "onda expansiva" de migrantes, al parecer incontrolable, que ahora sí preocupa a los gobiernos europeos.


Éstos son los residuos poblacionales que antiguamente constituían el ejército de reserva del sistema capitalista avanzado y periférico; y que hoy, a riesgo de perder la vida -como pasó con muchos durante la travesía por el mar Mediterráneo, incluyendo a niños que no rebasan la edad de tres años- prácticamente, ante la indiferencia absoluta de la ONU y la opinión pública mundial, constituyen la mayor demostración respecto a que el sistema capitalista no contabiliza como haberes la dignidad ni los sueños rotos de los demás seres humanos; incluyendo en ello la destrucción irracional de poblaciones enteras y de vestigios de civilizaciones antiguas, en una estrategia por acabar con cualquier sentido nacionalista y/o de pertenencia de quienes resisten la barbarie civilizada del capitalismo actual.-

 


LOS CRÍMENES HUMANITARIOS DEL CAPITALISMO

LOS CRÍMENES HUMANITARIOS DEL CAPITALISMO

 

Frente a una realidad excluyente en un amplio sentido, cuyo signo más resaltante (y oculto) es la eutanasia social aplicada desde los grandes centros económicos del planeta, evidenciada en los crímenes "humanitarios" causados por el capitalismo neoliberal desde hace algo más de treinta años -éxodos masivos, hambre, pobreza extrema, explotación laboral abusiva y guerras-, principalmente en naciones del Medio Oriente y norte de África (donde yace una enorme cantidad de minerales estratégicos, necesarios todos para el estilo de vida consumista de las potencias capitalistas occidentales), se hace vital abrir un camino de resistencia colectiva que haga factible un cambio estructural al servicio de la vida en general y no únicamente de los grandes capitales. Esta nueva realidad del mundo ha comenzado a ser parte de la cotidianidad de los países de Europa, sacudidos por el arribo de miles de inmigrantes provenientes de estas regiones en búsqueda de un mejor nivel de vida para sus familias, y que coloca a los gobiernos de tales países ante un dilema que no hallan cómo resolver satisfactoriamente, sin que se vean afectados la visión y los intereses que defienden.

Esto va en consonancia con lo que ya describiera Atilio Boron en artículo publicado en 2006: “cien mil muertos diarios a causa del hambre o enfermedades perfectamente prevenibles y curables es la cifra que, según el PNUD, se requiere para sostener la globalización neoliberal; y la acelerada destrucción de bosques y selvas, así como la contaminación del aire y del agua, y el agotamiento de estratégicos recursos no renovables, constituyen el saldo negativo del ecosidio que reclama el capitalismo contemporáneo. El orden jurídico internacional, laboriosamente construido luego de la Segunda Guerra Mundial, yace despedazado ante la prepotencia imperialista, y la militarización de la escena internacional preanuncia nuevos y más letales conflictos. Este es el necesario telón de fondo de cualquier discusión seria sobre el tema del imperialismo hoy”. Esta nefasta situación representa una grave amenaza para la autodeterminación de los pueblos que es preciso abordar y anticipar, dada la conflictividad existente entre Estados Unidos y Rusia, por una parte, y Estados Unidos y China, por la otra; más aún al considerar el surgimiento de alianzas estratégicas entre unos y otros, conformando bloques de naciones de diversos continentes, cuyos objetivos económicos, geopolíticos y militares difieren entre sí.


De ahí que las naciones de la Unión Europea sean hoy receptáculo (Estados Unidos lo es desde su frontera sur con México) de los efectos de la voracidad del capitalismo financiero neoliberal, obligadas por las circunstancias, muy a su pesar, a brindarle cobijo a la gran ola inmigratoria que toca a sus puertas. Sin embargo, la opción que no han considerado hasta ahora sus gobiernos sería la de acabar de raíz con los conflictos armados que ellos mismos han protagonizado y aupado en los últimos treinta años. Cuando no pueden enviar a sus tropas oficiales, optan por financiar, entrenar y pertrechar a grupos mercenarios (o paramilitares, en los casos de México y Colombia), como el denominado Estado Islámico (punta de lanza del anexionismo sionista en el Cercano Oriente), para que lleven a cabo sus guerras neocolonialistas y proimperialistas en contra de aquellos gobiernos etiquetados de forajidos e inconvenientes para sus intereses.


Para los capitalistas (especialmente los neoliberales), la guerra siempre es un negocio altamente lucrativo. Su dividendo más evidente y apetecible sería la eliminación de las soberanías y de las fronteras nacionales, de modo que sólo exista un suprapoder, regido por las grandes corporaciones transnacionales, las cuales tratarán de hallar y aplicar la fórmula que les permita vencer cualquier tipo de resistencia popular, a través de la combinación de bases militares más Tratados de libre comercio, como lo ha hecho Estados Unidos en nuestra América y en otras latitudes del planeta; buscando así mantener y ampliar su hegemonía mundial en nombre de "la democracia y los derechos humanos".-

SI EL SOCIALISMO FRACASÓ, ¿PARA QUÉ DEFENDER TANTO AL CAPITALISMO?

SI EL SOCIALISMO FRACASÓ, ¿PARA QUÉ DEFENDER TANTO AL CAPITALISMO?

Una vez triunfante la Revolución Bolchevique en Rusia, quedó abierta la posibilidad a los diferentes pueblos oprimidos de la Tierra de emprender un camino totalmente distinto al trazado desde hace siglos por el capitalismo. Setenta años luego, la eclosión soviética fue tomada como un hecho irrebatible respecto a su fracaso y a la inviabilidad del régimen creado por sus impulsores; coincidiendo esto con lo que el apologista del imperialismo gringo, Francis Fukuyama, habría de señalar pomposamente en esa época como el fin de la historia.

Desde entonces, muchos se aferran obcecadamente a tal afirmación para refutar y demoler los planteamientos y las realidades históricas actuales, muchas de las cuales han rescatado -cada una respondiendo a sus particularidades nacionales- la alternativa revolucionaria del socialismo, con sujetos históricos que no fueron considerados en un primer momento por sus principales teóricos.

Estos nuevos movimientos -escribe Martha Harnecker en su artículo ’Los movimientos sociales y sus nuevos roles frente a los gobiernos progresistas’, publicado en ww.rebelión.com- en no pocos casos partieron de dinámicas de resistencia originadas en sus comunidades o espacios locales, y en otros lo hicieron desde temáticas de género, de derechos humanos, de preocupaciones ambientalistas. Los desastrosos efectos del neoliberalismo los condujo, en muchos casos, a pasar de la preocupación por temas puntuales a la preocupación por temas nacionales.

Esto no solo enriqueció sus luchas y sus demandas sino que, además, les permitió convocar en torno ellas a los sectores sociales muy diversos, todos afectados por el mismo sistema”. La decepción y el empobrecimiento causados por la aplicación irrestricta de las medidas económicas neoliberales en nuestra América, emanadas del FMI, con su mandamiento absoluto de obtener grandes ganancias por encima de cualquier otra posible consideración, incluyendo el desmantelamiento del Estado de bienestar, hizo que estos nuevos movimientos emergieran con fuerza telúrica inusitada en algunas de sus naciones, a tal punto que sus movilizaciones masivas dieron al traste con algunos gobiernos, como ocurriera en Argentina, Ecuador o Bolivia, mientras que en otras, como Venezuela, se produjeron verdaderas insurrecciones populares que terminaron por deslegitimar a las elites dominantes.

Sin embargo, muchos de los que confrontan la opción socialista apenas pueden exponer las bondades del capitalismo sin que se les cuestione la explotación, la opresión y la exclusión (además de las guerras) que éste genera en todos las naciones del planeta. Generalmente, sus argumentos se basan en lo que éste representa en sus vidas, en lo individual, pasando por alto la miseria y desplazamiento de vastos sectores de la población mundial, la explotación de los trabajadores y el impacto altamente negativo en lo que a la naturaleza se refiere.

Es decir, a su modo, aún inconscientemente, se hacen eco de la lógica capitalista y, en consecuencia, defienden lo que creen es lo más razonable y beneficioso para todos, así se les explique pormenorizada y sensatamente el por qué resulta altamente perjudicial el sistema capitalista para el mundo. Lo más gracioso del caso es que, si el socialismo fracasó, como afirman algunos, ¿de qué vale defender al capitalismo, atacando con tanto afán al socialismo revolucionario?. Muchos “olvidan” que el socialismo revolucionario, pese a las diferentes experiencias históricas que buscaron concretarlo durante el siglo XX, aún no ha sido posible en ninguna nación de la Tierra (al menos, como se extrae de la teoría socialista), por lo que su “fracaso” está basado en una irrealidad, por muy racional que pueda parecer. Pero, también “olvidan” que este resurgimiento del socialismo revolucionario, especialmente entre los pueblos de nuestra América, se debe en gran parte al fracaso del Estado burgués-liberal y de las economías de mercado que éste adoptara, un punto más en contra del capitalismo que pocos admiten como tal.-

¿AGONIZA REALMENTE EL CAPITALISMO?

¿AGONIZA REALMENTE EL CAPITALISMO?

Pudiéramos suponer y desear que después de contínuas décadas de gran inestabilidad en diversas latitudes del planeta, el sistema capitalista neoliberal sucumbirá víctima de las convulsiones políticas, económicas y sociales que él mismo ha generado al impedir que la gran mayoría de los pueblos disfruten de la riqueza generada entre todos. Sin embargo, esto pareciera no representar un hecho histórico inmediato, dados los reacomodos que estarían impulsando algunos gobiernos en unión simbiótica con los grandes consorcios económicos para evitar la hecatombe capitalista que muchos -de una u otra forma- ya anticipan; lo que, incluso, tendría entre otras opciones estudiadas el desencadenamiento de una nueva guerra mundial, a fin de erigir un nuevo orden mundial menos convulsivo que el existente. De ahí que, en algunos casos, se estén promoviendo bloques de integración comerciales, sobre todo con China, el nuevo gigante capitalista del mundo, lo que tiende a desequilibrar la hegemonía económica europeo-estadounidense, extendiéndose no solamente al área asiática sino también a las naciones de nuestra América, como se evidencia con Mercosur, Alba-TCP, y Petrocaribe, entre las más resaltantes. A ello se añade la vinculación con Rusia, otra economía fuerte en competencia con Europa y Estados Unidos.

 

Consciente de esta situación desventajosa para Estados Unidos frente a sus rivales, la administración Obama apela a la conformación del Tratado Transatlántico para el Comercio y la Inversión (Transatlantic Trade and Investment Partnership, TTIP), estableciendo una zona de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, el cual estaría negociándose de espaldas a la población, secretamente. Al mismo tiempo, proyecta el Acuerdo de Comercio de Servicios (Trade In Services Agreement, TISA en sus siglas en inglés), que tendría como uno de sus metas esenciales la liberalización de todos los servicios -incluyendo salud, educación, comunicaciones, agua, energía y comercio digital, entre otros-, y viene negociándose desde 2013. De entrar en vigencia, el mismo estaría por encima de los gobiernos de los países signatarios, preservando los intereses de las empresas corporativas, cuestión que vulneraría enormemente los derechos fundamentales de las personas y del ambiente. En una dirección semejante, se sitúa el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Strategic Economic Partnership, o Trans-Pacific Partnership, TPP), dirigido por Washington, como un elemento clave del “giro” estadounidense hacia los países del continente asiático, sirviendo de muro de contención a la expansión china. Esta fórmula inspira poca confianza. Al contrario de ella, muchas de las naciones de Asia prefieren ubicarse en la Asociación Económica Regional Integral (Regional Comprehensive Economic Partnership, RCEP), dirigida fundamentalmente por China, con la posibilidad cierta de convertirse en el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, al cual se adherirían, además de China, Japón, Corea del Sur, India, Australia y Nueva Zelanda. La RCEP tendría, prácticamente, influencia determinante en un 46% de toda la población mundial, aparte de un PIB que abarcaría la cifra astronómica de unos 17 billones de dólares, aproximadamente, y el manejo de casi la mitad de todo el comercio generado a escala internacional. Esto, sin contar las economías emergentes del grupo BRICS.

 

Ante este panorama, donde el capitalismo busca subsitir, mutando, pero sin perder su esencia expoliadora, especuladora y depredadora, se requiere construir con sentido de urgencia alternativas viables, revestidas de un significado político e histórico con el cual se identifique cada pueblo y que sirvan para enfrentar -desde su diversidad inherente- los tratados de libre comercio o bloques de integración comerciales que se proponen como panaceas para la amplia variedad de problemas y necesidades que caracterizan al modelo civilizatorio actual, regido (a grandes rasgos) por la globalización neoliberal.-

 


LA TRETA DEL DÓLAR Y LA "CATÁSTROFE" ECONÓMICA DEL SOCIALISMO

LA TRETA DEL DÓLAR Y LA "CATÁSTROFE" ECONÓMICA DEL SOCIALISMO

Una de las matrices de opinión que ha tratado de imponer insistentemente desde hace algún tiempo la oposición en Venezuela es la relativa a un supuesto fracaso del modelo económico socialista implantado por Hugo Chávez. Así, representantes de los diversos gremios del sector privado y voces agoreras del capitalismo neoliberal se unen en coro para anunciar que el país se halla al borde de una catástrofe económica inminente, por lo que se requeriría que el gobierno de Nicolás Maduro implemente la dolarización y  elimine todos los controles existentes para que se acabe entonces la ola de desabastecimiento, acaparamiento e inflación inducida que azota a la familia venezolana. Todo eso a pesar de disfrutar de la asignación de divisas para importaciones fraudulentas y permitirse imponer un tipo de cambio al margen de los controles establecidos por las autoridades nacionales, de modo que termina por afectarse el poder de compra de todos los trabajadores.

Hasta ahora, tal estrategia no ha funcionado a plenitud. El pueblo, a pesar de las colas cotidianas, se mantiene esperanzado en que Maduro resuelva finalmente esta situación. Sin embargo, sí se nota cierta erosión en el ánimo de alguna gente, lo que debiera activar las alarmas del gobierno y de quienes dirigen al Psuv y resto de partidos políticos aliados del chavismo, al percibirse que a las autoridades se les escapó de las manos el control de la situación, en especial sobre el mercado paralelo de dólares que tanto ha desequilibrado a la economía nacional.

Todo lo que ocurre en el orden económico no puede, en consecuencia, atribuírsele al fracaso del socialismo bolivariano. Como lo refiere Antonio J. González Plessmann, “la experimentación de una democracia socialista, a la venezolana, nace justamente del fracaso de las democracias liberales, representativas, de las economías de mercado. Estas fueron incapaces de generar igualdad sustantiva, participación real de las mayorías en los asuntos públicos, protección a los derechos humanos y garantías de preservación de la vida en el planeta. El modelo que realmente fracasó es aquel que divide en dos la riqueza mundial: 'casi la mitad está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante [lo que implica] el secuestro de los procesos democráticos por parte de la élites' (Informe Oxfam). Quienes denuncian 'fracaso' son justamente los operadores de unas elites que secuestran a las mayorías su poder de decidir”.

    Se debe tener en cuenta que la oposición siempre ha jugado al sico-terrorismo. Sus tretas se enfocan al desgaste moral de quienes luchan por la Revolución Bolivariana Socialista, por lo que su campaña mediática persigue neutralizar cualquier apoyo que ésta requiera, ya sea ante una agresión directa del imperialismo gringo o desde dentro del territorio venezolano. Para impedir que esto suceda eventualmente, el poder popular organizado tiene que empezar a crear y a manejar espacios autogestionarios desde los cuales se promuevan nuevas formas de hacer política y, en consecuencia, se haga posible construir un Estado totalmente nuevo, ajustado al ideario revolucionario socialista.-

BRICS: ¿EL TURNO DEL SUR?

BRICS: ¿EL TURNO DEL SUR?

 

A grosso modo, las economías emergentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica constituyen nada menos que el 43% de la población mundial, con un PIB mundial tan elocuente de un 21%, cuyo valor tiende a incrementarse anualmente, aparte de activar el 20% de la inversión mundial. Este hecho ya de por sí le otorga una importancia capital a dichas economías, especialmente cuando se observa el declive de las economías europeas y estadounidense, a pesar que sus grandes empresas transnacionales ejercen, prácticamente, un control dictatorial sobre todo el sistema capitalista mundial, asistidas en todo momento por el poderío militar de sus respectivos gobiernos. Por ello, cualquier iniciativa del grupo BRICS tendría su repercusión inmediata en el sistema económico del planeta, afectando sobre todo la preeminencia estadounidense, la cual ha buscado apuntalarse a través de la guerra y de los Tratados de Libre Comercio establecidos con algunas naciones de nuestra América. 

De allí que la declaración conjunta de los BRICS en la cumbre realizada en Brasil, donde asumen el compromiso de respeto al derecho internacional (hoy vulnerado impunemente por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN ante la mirada impávida y cómplice de la ONU), el multilateralismo político (estimulado desde nuestra América por Hugo Chávez, Fidel Castro, Rafael Correa, Evo Morales y otros mandatarios de la región, impulsando la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos, el Mercado Común del Sur, la Unión de Naciones Suramericanas, y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), el desarrollo económico, la equidad social, el crecimiento sostenible y la preservación del medio ambiente, viene a ser un hito importante en la búsqueda de un equilibrio económico que beneficio especialmente a los países del sur. En este sentido, la posición de los BRICS respecto al Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (surgidos de los acuerdos de Bretton Woods), que son organismos que defienden únicamente los intereses económicos norteamericanos y de los países industrializados, proyecta un cambio de primer orden en cuanto a las relaciones económicas internacionales, dándoles un nuevo tinte que supera el estado de dependencia y de explotación a que fueran sometidos nuestros países durante siglos a manos de los grandes países industrializados. Tal como lo reconoce Fidel Castro: “En la Declaración de los BRICS, aprobada el 15 de julio de 2014 en Fortaleza, se aboga por una mayor participación de otros países, especialmente los que luchan por su desarrollo con miras a fomentar la cooperación y la solidaridad con los pueblos y de modo particular con los de América del Sur, se señala en un significativo párrafo que los BRICS reconocen en particular la importancia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en la promoción de la paz y la democracia en la región y en el logro del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza”.

Si todo esto llega a cumplirse a cabalidad y la preponderancia de los BRICS se consolida a través del tiempo, podríamos ser optimistas respecto al destino de nuestros países y concluir en que, finalmente, le llegó el turno al sur.-