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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA JUVENTUD Y EL OBJETIVO GRANDE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA JUVENTUD Y EL OBJETIVO GRANDE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

 

Es hora de definir, en este año decisivo para el logro de muchos cambios aún pendientes, el objetivo grande de la Revolución Bolivariana. Para ello es necesario asegurar -desde ya- el relevo generacional que se encargue de acentuar y de darle la continuidad requerida a los diversos cambios producidos en Venezuela bajo la tutela del Comandante Hugo Chávez, lo cual podrá producirse si a este mismo relevo lo caracteriza -además de una práctica revolucionaria- una verdadera formación teórico-política revolucionaria, siendo entonces capaz de entender cuál es su papel a cumplir en el desarrollo de los futuros acontecimientos que definirán el curso de la revolución socialista bolivariana en este país.

Aunque algunos quizás piensen que es prematuro plantearlo, hay que tomar en cuenta que la población juvenil en Venezuela (en una gran mayoría) ha vivido estos cambios propiciados por Chávez, algo que le permitiría admitir con una mayor facilidad la necesidad de consolidarlos y de ampliarlos al hallarse ésta dotada de mejores herramientas de conocimientos que sus antecesoras. Esto último -por supuesto- no implica que muchos de los revolucionarios y chavistas provenientes de las primeras generaciones ya no tengan nada que aportar al proceso revolucionario bolivariano socialista. Al contrario. De muchos de estos dependerá también que este proceso avance y se concrete, dada su innegable experiencia y sus conocimientos, sobre todo en el área formativa, un talón de Aquiles que es preciso fortalecer cuando se ha propuesto la construcción socialista de las comunas en todo el territorio nacional; evitándose así que todo se limite a discursos y a propaganda oficiales, sin conexión con la realidad imperante.

De ahí que le corresponda a la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista retomar la senda iniciada por Chávez, esta vez con la convicción de ser la continuadora de su obra y de su pensamiento, pero imprimiéndole su propia dinámica subversiva, de manera que exista siempre esa posibilidad de agotar etapas en la búsqueda permanente de condiciones objetivas y subjetivas que precisen mejor lo que será el socialismo bolivariano en Venezuela. Por ello mismo, los y las jóvenes revolucionarios/as y chavistas no deberían sujetarse a las viejas reglas políticas heredadas del pasado, reglas que sólo conducirían a una restauración firme del antiguo régimen, con una democracia representativa que sólo representa los intereses de una minoría dominante y una dependencia semicolonial con el imperio estadounidense. De hacerlo, se convertirían entonces en unos viejos prematuros, enredados en un conservadurismo totalmente inapropiado para echar adelante la revolución socialista, en lugar de ser los motores impulsores de la organización, la movilización y la concientización de los sectores populares, conformando por consiguiente la vanguardia de esta revolución aún incipiente.

Consecuentemente, la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista tiene ante sí el formidable desafío de desplegar toda su potencialidad creadora y re-creadora en función de alcanzar y afianzar el objetivo grande de la Revolución Bolivariana que es la institucionalización de un Estado comunal en el cual predomine la voluntad, el interés, la toma de decisiones vinculantes y la influencia de los sectores populares. Esto tendrá que ser acompañado -ineludiblemente- por un cambio significativo de las actuales relaciones de producción, de manera que surjan y se impongan unos nuevos valores sociales, espirituales y culturales que permitan, a su vez, propagar un nuevo tipo de ciudadanía en la Patria chica de Bolívar. Por ello, no resultaría desmedido afirmar que gran parte de este compromiso revolucionario le toca en suerte ser asumido conscientemente -a partir del presente año- por la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista de Venezuela.- 

LA DEMOCRACIA CONSEJISTA Y EL PORVENIR DE LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA

LA DEMOCRACIA CONSEJISTA Y EL PORVENIR DE LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA

Un amplio conjunto de circunstancias históricas, económicas, políticas, sociales y culturales han permitido que en Venezuela -en uno u otro aspecto- se esté definiendo y construyendo lo que podría llamarse una democracia consejista, producto ella de ese ejercicio pleno de la soberanía popular que se desprende de lo establecido en la Constitución Bolivariana y que se traduciría en acciones puntuales de transformación estructural del viejo Estado burgués-liberal que aún persiste, a pesar del andamiaje legal que le da protagonismo y participación a las diferentes organizaciones del poder popular. Debido a ello (más la infeliz situación creada por algunos jerarcas políticos y gobernantes en cuanto a los viejos vicios de la política tradicional que los convierte en arribistas de nuevo cuño, obsesionados por un enriquecimiento súbito, amparado en la legalidad), se impone la necesidad insoslayable de profundizar en el avance y en la organización revolucionarios de los sectores populares, de modo que exista la posibilidad inmutable de hacer irreversible el proceso revolucionario bolivariano socialista, no obstante las evidentes contradicciones e inconsistencias ideológicas que acusa en su interior.

Bajo tal perspectiva, la democracia consejista representaría ese salto cualitativo que requiere con sentido de urgencia el proceso revolucionario bolivariano socialista, convirtiéndose sin demagogia alguna en una democracia directa que haga realidad la emancipación integral del pueblo venezolano y asiente, de una vez por todas, las bases de un nuevo modelo civilizatorio totalmente opuesto al impuesto por el sistema capitalista. De ahí que, junto con la transformación estructural del Estado vigente y el surgimiento de un nuevo modelo económico que rompa con los paradigmas capitalistas, la participación protagónica del pueblo organizado es elemento fundamental para asegurar entonces el porvenir de la revolución venezolana, venciendo todas las resistencias y todas las contradicciones que han impedido -por ahora- su definitiva realización.

Esta democracia consejista, por supuesto, exige de los sectores revolucionarios populares que asuman con conciencia socialista la comprensión objetiva del importante momento histórico que les corresponde vivir, dotados ellos de una formación teórica revolucionaria sostenida, de manera que contribuyan a la transición al socialismo bolivariano, más allá de los discursos oficiales o de moda, permitiéndose a sí mismos el control definitivo del poder, ejerciendo el autogobierno, en vez de ser actores pasivos y dependientes de aquellos que ocupan cargos de gobierno y de dirección político-partidista.  Ello haría posible, además, una efectividad real en la solución de los problemas coyunturales y estructurales que presenta la sociedad venezolana desde antes que Hugo Chávez irrumpiera en la escena política del país en 1992, los cuales resultarán difíciles de reducir y/o eliminar sin esa participación cierta de dichos sectores.

Al respecto, hay que admitir que el control total del poder constituido no es una condición sine qua non para que se lleve a cabo la revolución socialista, aunque la facilite en muchos casos, si dicho control se basa en una simple reproducción y acentuación de las relaciones y de las estructuras de poder que usurparan por tanto tiempo las minorías dominantes ahora desplazadas. El hecho mismo que personas sin la debida capacidad, integridad y formación revolucionaria hayan copado este poder constituido, hace más urgente este cometido de vital importancia para la evolución y porvenir del proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela.-        

 

A PROPÓSITO DEL TRIUNFO CHAVISTA EL 8-D

A PROPÓSITO DEL TRIUNFO CHAVISTA EL 8-D

        Es innegable que, con los resultados de las recientes elecciones municipales en Venezuela donde las opciones del chavismo obtuvieron el triunfo mayoritario, se abren algunas interrogantes respecto a si dicho triunfo responde a un avance firme del proceso revolucionario bolivariano socialista o si, por el contrario, es simplemente algo que encaja en lo que siempre han sido las elecciones en cualquier lugar del mundo según las reglas burguesas tradicionales, sin mayores consecuencias respecto a los cambios que han de producirse todavía a la luz del Plan de la Patria que se heredara de las manos del Comandante Hugo Chávez. Hasta ahora, algunos dirigentes chavistas y analistas políticos sólo se han limitado a resaltar el porcentaje de votos de diferencia en relación a elecciones pasadas, pero sin explicar -con un mínimo de objetividad- qué pasó en aquellos municipios donde venció la oposición, incluso en aquellos donde la gestión de alcaldes de la derecha no es nada satisfactoria, según la percepción generalizada de sus habitantes.

        Quizás valga la pena rememorar a propósito lo afirmado por Chávez en el Encuentro de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad en 2004 en Caracas: “No hace falta ser militar para saber que la mejor defensa es el ataque. Por eso, la humanidad debe pasar a la ofensiva. Pero toda ofensiva requiere un plan, una estrategia, unos actores coordinados, estructurados conscientes. Y también se requiere saber hacia dónde va la ofensiva, quién es el oponente principal o los oponentes principales”. Tal ofensiva, tal plan y tales actores no pueden (ni deben) responder a coyunturas que se presenten eventualmente, sin disponer de una comprensión cabal de las mismas, evitándose con ello la improvisación. Esto no ocurriría si se contara con una conciencia revolucionaria sistemática y sensatamente formada, la cual advertiría perfectamente quiénes son los oponentes a vencer, de modo que se garantice la continuidad y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano socialista; erigiéndose, en consecuencia, todas las condiciones subjetivas y objetivas requeridas para que surja con toda su potencialidad creadora y re-creadora el poder popular, además del Estado comunal o consejista que se derivaría de su accionar revolucionario.

            Si los resultados electorales del 8 de diciembre apuntan a esto último, entonces quienes ahora ejercen cargos de dirección política y de elección popular tendrán que coadyuvar al surgimiento de unas nuevas relaciones de poder, con evidente hegemonía popular, sin que exista una posibilidad minúscula de reproducción de los viejos vicios clientelares que aún persisten en muchas instituciones públicas. Su compromiso como revolucionarios (y chavistas, en el caso de considerarse como tales) sería -más que todo- favorecer los cambios estructurales de las instituciones que dirigen y no permitirse que sus intereses estén centrados en sí mismos, coartando toda expresión de participación y protagonismo del movimiento popular revolucionario, sobre todo, cuando éste debe orientarse a la construcción revolucionaria de las comunas socialistas. Esto no puede sujetarse, por supuesto, a una cotidianidad meramente pragmática, reduciéndose todo al cumplimiento de una gestión eficaz, pero que no armoniza con el propósito primordial de hacer una verdadera revolución socialista, de manera que ella sea entonces la nueva realidad que construya el pueblo organizado, dotado de las herramientas teóricas y legales que la harán permanente.-

EL LEGADO DE CHÁVEZ: ¿REVOLUCIÓN O GOBERNABILIDAD REFORMISTA?

EL LEGADO DE CHÁVEZ: ¿REVOLUCIÓN O GOBERNABILIDAD REFORMISTA?
              
En su fase actual, el proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela -de continuar fortaleciéndose en su seno una tendencia pro capitalista y reformista, tanto en la dirección política como en las diversas estructuras de gobierno- podría derivar en una versión remozada del antiguo Pacto de Punto Fijo  (con inclusión de sectores abiertamente contrarios a los ideales socialistas pregonados por Hugo Chávez). Esto precipitaría, en alguna forma, la agudización de las múltiples contradicciones que pudieran existir, muchas de las cuales fueran contenidas durante algún tiempo gracias al liderazgo carismático de Chávez, pero que, al desaparecer éste sin poder darle bases sólidamente sustentadas al proyecto de la revolución bolivariana mediante el papel protagónico y decisivo de los sectores populares, aflorarían sin mayores controles frente a quienes le han sucedido en el poder.

Siendo ello posible, no es descartable que la dirigencia de tal tendencia se esté planteando a sí misma optar explícitamente por esta vía, a fin de preservar los espacios conquistados y continuar explotando a su favor el fervor popular despertado por el Comandante Chávez, pero ahora contando con el apoyo de quienes están en la acera de enfrente aunque esto se niegue -por ahora- de manera rotunda y reiterada. Todo esto bajo el argumento de preservar la gobernabilidad del país, asegurar el cumplimiento de los acuerdos comerciales internacionales y reducir las amenazas potenciales de una mayor injerencia del imperio estadounidense en los asuntos internos de Venezuela.

Con base a este somero análisis, podría deducirse que ya no serían entonces las acciones desestabilizadoras de los grupos opositores las que obliguen al gobierno y a la dirección política chavistas a definir posiciones respecto a darle o no la continuidad y la profundización de los cambios iniciados por Chávez  o, por el contrario, los frenarían para conservar -sencillamente- el estatus alcanzado. En este caso, serían los mismos sectores populares organizados que respaldaron siempre el liderazgo y toda iniciativa de Chávez, a pesar de conocer o entrever que muchos de sus partidarios en el poder no tienen su mismo nivel de compromiso revolucionario.

Como lo sugiriera Íñigo Errejón en su artículo “Chávez somos todos”, “la elevación de la figura del Comandante por encima de la disputa política, ya sea por la hipócrita condescendencia a posteriori o por una sincera nostalgia militante, puede contribuir a convertirlo en un ´transversal ideológico’: un referente central en la cultura política venezolana, que ya no suscita choques y que es un consenso conjugado en pasado, pero de poco impacto político en el presente. Tras su fallecimiento, la figura de Chávez es tan solo abiertamente rechazada por la minoría que aún sueña con volver, pacíficamente o no, al país anterior a la irrupción de masas en el Estado. Cuando estos sectores acusan a la revolución bolivariana de polarización la están acusando de politizar la pobreza y la exclusión, esto es: volverlas un asunto público, discutible y solucionable, en lugar de un dolor sordo y privado”.

Esta nueva situación pudiera desencadenarse a través de protestas aisladas, exigiendo algunas reivindicaciones básicas no satisfechas, pero que -generalizándose-  tendrían visos de una amplia rebelión popular en vista del estancamiento y retroceso que afectaría la marcha del proceso revolucionario bolivariano socialista. Aunque también sería posible que la misma sea superada, adoptando sin pudor los parámetros capitalistas para compensar las demandas de bienestar de la población venezolana y recurriendo entonces a medidas que aseguren su poder adquisitivo y otros bienes materiales, lo que significaría el abandono de los elementos ideológicos y políticos que alimentaron inicialmente el proyecto de revolución bolivariana que enarbolara Chávez con todo aquello que había enfrentado el pueblo consecutivamente desde 1989.-   

LA INSURRECCIÓN CÍVICO-MILITAR DEL 27 DE NOVIEMBRE DE 1992

LA INSURRECCIÓN CÍVICO-MILITAR DEL 27 DE NOVIEMBRE DE 1992

La insurrección cívico-militar del 27 de noviembre de 1992 en contra del régimen puntofijista representó la evidencia más palpable del grado de deterioro moral y de falta de legitimidad popular que éste ya venía sufriendo desde hace algunas décadas atrás, cuyos rasgos más resaltantes eran el parasitismo empresarial, la impunidad y la corrupción política generalizada. Para entonces, las luchas populares fueron moldeando e incrementando un estado tal de resistencia, incluyendo la resistencia pasiva expresada en la abstención electoral que se mantenía en persistente ascenso, sin que las elites dominantes llegaran a imaginar y a comprender cabalmente la magnitud del deterioro continuo de la hegemonía largamente ejercida sobre los sectores populares; una cuestión que debió ponerlas en alerta inmediata luego de producirse la rebelión popular del 27 de febrero de 1989 cuando el gobierno de Carlos Andrés Pérez quiso implementar obedientemente el recetario neoliberal recomendado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para remediar el serio declive sufrido por la economía rentista venezolana.  

Sin embargo, citando a uno de sus líderes militares principales, el General Francisco Visconti, de la Fuerza Aérea, “siendo la insurgencia cívico-militar del 27 de noviembre de 1992 un acontecimiento de extraordinaria trascendencia en la historia contemporánea de nuestra Patria, este capítulo no ha sido analizado, estudiado ni registrado con suficiente interés, atención y profundidad: sin el 27-N no hubiese sido sometido a juicio y finalmente removido de la presidencia de la República el ciudadano Carlos Andrés Pérez; sin el 27-N no se hubiese consolidado la opinión y la voluntad nacional por el cambio y la transformación político-social de nuestro país. Tampoco habríamos logrado, sin el 27-N, una matriz de opinión favorable al proceso de cambio venezolano a nivel internacional y obtenido los sobreseimientos de las causas de los compatriotas combatientes del 4-F que se encontraban presos y, en general, no habríamos fortalecido férreamente el gran sentimiento nacional por el proceso revolucionario bolivariano que los venezolanos estamos construyendo hoy día”.

Teniendo en cuenta este breve análisis del General Visconti, habría que reivindicar esta importante insurrección cívico-militar, puesto que sin ella quizás la historia fuera otra. Aquella unidad de patriotas civiles y militares tenía como orientación principal el rescate de la dignidad y de la soberanía nacional frente a un sistema de exclusión social, cuyos planes contemplaban la privatización de todas las empresas públicas y de los servicios básicos de la población, la apertura del mercado nacional al capital transnacional estadounidense sin protección legal para los trabajadores venezolanos y la posible negociación de los recursos existentes en el Golfo de Venezuela, sin que en nada de ello se tuviera en cuenta la opinión del pueblo.

Según lo señalara el Comandante y Presidente Hugo Chávez, quienes protagonizaron esta acción subversiva “tuvieron el valor y la dignidad de no ser cómplices de aquella dictadura con careta democrática”. Gracias a su rebeldía, el pueblo venezolano pudo confiar más plenamente en su capacidad de lucha, animándolo a emprender un camino distinto al que se le hiciera transitar durante cuarenta años consecutivos sólo para beneficiar a una minoría parasitaria y pro-imperialista que no tuvo empacho alguno en ordenar el asesinato sistemático de todos aquellos que pudieran cuestionar su corrupción y hegemonía (incluyendo a los miles de venezolanos que fueran masacrados durante la lucha armada de las décadas de los 60 y 70).

Tal confianza se ha manifestado grandemente, en un primer momento, en el apoyo masivo a los insurgentes del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992; luego en la elección de Hugo Chávez como presidente constitucional de Venezuela, lo que se ha mantenido casi de forma inalterable hasta el momento, a pesar de algunos desaciertos e inconsistencias ideológicas, lo cual ha perfilado que este país sea hoy por hoy una referencia mundial en cuanto a la experiencia revolucionaria socialista que acá tiene lugar de manera inédita.-  

EL 8-D Y EL LEGADO DE CHÁVEZ

EL 8-D Y EL LEGADO DE CHÁVEZ

Quienes sentimos esa vocación patriótica y revolucionaria que cultivara siempre el Comandante Hugo Chávez por hace de nuestra nación un lugar digno donde vivir, rescatando la esencia revolucionaria de nuestro Libertador Simón Bolívar e impulsando la puesta en marcha de una propuesta socialista inédita y basada en el poder creador del pueblo, no podemos ni debemos -en consecuencia- distraernos más en lo adelante con aquellas personas que siguen ignorando a propósito la trascendencia histórica y política de las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre en Venezuela, al evidenciarse que sólo les anima un revanchismo político y deseo pequeño-burgués de satisfacer sus propios intereses personales en vez de mantenerse leales a un proyecto revolucionario que aún requiere consolidarse y profundizarse en función de lograr, de modo definitivo, la transición al socialismo.

En tal sentido, las bases del chavismo tendrán que evaluar concienzudamente cuáles de las opciones electorales actuales están inscritas en los planes de la oposición para causar, sencillamente, la división, la desorganización y el debilitamiento de las fuerzas revolucionarias en cada municipio y estado del país, o si, por el contrario, éstas buscan consolidar y profundizar los logros revolucionarios junto al pueblo organizado. Para ello bastaría conocer de qué manera algunas candidaturas tienen o no un perfil realmente revolucionario y si su propuesta de gestión contiene o no la construcción autónoma y socialista de las comunas y la restitución del poder al pueblo como sus objetivos revolucionarios fundamentales.

Por tales motivos, los revolucionarios y chavistas estamos en la obligación moral y revolucionaria de preservar y apuntalar el legado de Chávez por encima de los enemigos declarados de este proceso revolucionario bolivariano socialista, así como también de aquellos que, llamándose chavistas, únicamente acuden al pueblo en épocas electorales, prometiendo villas y castillos, manteniendo sin solución los diversos problemas que aquejan a las comunidades. Entre ambos grupos, el pueblo debe optar por las candidatas y los candidatos que se identifiquen con sus intereses colectivos, sin quejarse embaucar con promesas fáciles, como siempre sucedió bajo el régimen del puntofijismo.

Asimismo, hay que tener en cuenta que la derecha fascista mantiene inalterable su guión desestabilizador, como lo demuestran sus contactos en el extranjero con personeros de esta ideología retrógrada y contrarrevolucionaria en busca del respaldo necesario para cualquier eventualidad que signifique la ruptura del hilo constitucional en el país. Esto se ha puesto de manifiesto últimamente en el acaparamiento de algunos alimentos y otros productos de uso cotidiano, a pesar de las medidas coyunturales adoptadas por el gobierno nacional, lo cual exige un mayor nivel de organización, de movilización y de madurez política e ideológica de los movimientos sociales y políticos del chavismo que neutralice cualquier acción opositora dirigida a crear un clima de ingobernabilidad. Esta es una cuestión que no puede perderse de vista bajo ninguna circunstancia. De ello dependerá en gran medida la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela, de un modo quizás mucho más amplio y acentuado que antes, obligándose el pueblo a convertirse en el protagonista fundamental del mismo, en todo espacio y en todo momento.

SÍ, HACE FALTA UN VERDADERO GOLPE DE TIMÓN EN VENEZUELA

SÍ, HACE FALTA UN VERDADERO GOLPE DE TIMÓN EN VENEZUELA

            Desaparecido físicamente Hugo Chávez, no ha existido -a pesar del esfuerzo de Nicolás Maduro- un liderazgo capaz de evitar y disminuir las contradicciones, fracturas y controversias que se suscitan en el chavismo, lo que ha sido un caldo de cultivo bien aprovechado por quienes han sido sus enemigos políticos e ideológicos, obteniendo algunos espacios de aceptación que presagian una eventual correlación de fuerzas a su favor si no se profundizan los cambios revolucionarios hasta ahora alcanzados. Pareciera que la dirigencia chavista no atinara a vislumbrar alguna estrategia efectiva que contenga tal eventualidad, limitándose tan sólo a continuar administrando lo adelantado por Chávez, pero sin el mismo ímpetu ni la audacia de éste. Quizás no quieran darse cuenta que la única fórmula a la mano para trascender lo hecho en catorce años de gobierno de Chávez es la restitución efectiva y sin condicionamientos del poder al pueblo, lo cual -de momento- podría ser posible por medio de las comunas, los consejos comunales, los consejos de trabajadores y otras expresiones organizativas populares.

            Haría falta un golpe de timón, tal como lo planteara el Presidente Chávez el 20 de octubre de 2012, el cual tiene que abarcar aspectos y procedimientos relativos a lo político, lo económico, lo social, lo ético y lo moral. Esto haría mermar la confianza recuperada por los grupos de la oposición que actualmente enfilan todas sus baterías en conseguir que estalle en el país una crisis generalizada que obligue a claudicar al gobierno de Nicolás Maduro al no mantenerse la hegemonía popular que se impusiera bajo el liderazgo de Chávez desde 1998.

            A ello ha contribuido, sin duda, el hecho de sólo instruir y comprometer a las bases del chavismo para su participación exitosa en cada contienda electoral celebrada, pero sin ahondar mucho en su formación teórica, de modo que haya un proceso de desalienación de las mismas que les permita plantearse, en consecuencia, la deslegitimación continua del capitalismo y de los esquemas representativos de la democracia burgués-liberal que, en una fase posterior, dé paso, por consiguiente, a la construcción colectiva del socialismo revolucionario.

            Es preciso entonces que el Presidente Maduro y todos los que le acompañan en los diferentes niveles de gobierno y de dirección política acepten y se convenzan que sin la participación real del pueblo, tanto en la toma de decisiones como en la creación socialista de una nueva institucionalidad, el proceso revolucionario bolivariano socialista podría naufragar con más penas que glorias. Sin este elemento primordial, se tendería a precipitar en el vacío todo el esfuerzo y el sacrificio del pueblo venezolano en estas dos últimas décadas de su historia de luchas, y -junto con ello- de las esperanzas de una humanidad subyugada por los intereses hegemónicos de un imperio gringo que ha hecho del mundo entero su coto de caza exclusivo, en complicidad con los grupos antinacionales que le siguen, en una clara demostración de su subordinación colonial.-  

LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA SEGÚN LA VISIÓN SOCIALISTA DEL CHE

LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA SEGÚN LA VISIÓN SOCIALISTA DEL CHE

Desglosando parte de lo escrito en 1965 por Ernesto Che Guevara en su obra “El Socialismo y el hombre en Cuba”, al referirse a esa etapa de transición entre el viejo modelo de sociedad capitalista y burguesa y la que se estaba gestando en Cuba bajo las banderas del socialismo, se podría establecer un paralelo (salvando las distancias y algunas circunstancias muy particulares) con el desarrollo del proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela.  Revelaba el Che, entre otras cosas de importancia: “La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia”. Vistos los resultados de las políticas económicas implementadas durante su mandato presidencial por el Comandante Hugo Chávez y continuadas por el Presidente Nicolás Maduro se pudiera inferir que hay algo chueco en la construcción y consolidación de un modelo de sociedad realmente socialista. Basta ver cómo muchos sectores sociales se han conformado con imitar el consumismo que caracteriza a la sociedad capitalista a nivel mundial, dejando a un lado lo relativo a una nueva conciencia social o colectiva, labrada bajo los valores del socialismo revolucionario, quedándose esto último en un discurso que no es compatible con la praxis revolucionaria que debe prevalecer en todos aquellos que se dicen revolucionarios y seguidores de Chávez.

Más adelante, el Che define con una mayor claridad la situación creada en aquellas naciones donde se ha planteado realizar una revolución de carácter socialista: “En estos países no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación. El subdesarrollo, por un lado, y la habitual fuga de capitales hacia países «civilizados», por otro, hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios. Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande. Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo”.

Aplicando lo expresado por el Che al caso venezolano, hay, por tanto, razones para cuestionar mucho de lo hecho y de lo que se ha dejado de hacer en esta larga transición para la construcción de la sociedad de nuevo tipo que emergerá, tarde o temprano, de la lucha por el socialismo revolucionario en Venezuela, considerando las evidentes contradicciones existentes al mantenerse intactas las estructuras del viejo Estado burgués-liberal (no obstante llamarlas socialistas) y las relaciones de producción derivadas del capitalismo. Esto explicaría en parte lo que está ocurriendo actualmente cuando la derecha intenta cuajar sus intenciones de acabar con el proceso revolucionario bolivariano socialista, valiéndose de ese afán casi natural de muchas personas identificadas con el chavismo de querer acceder a mejores estándares de vida, producto de esa falta de formación de una conciencia revolucionaria y de la alienación infundida durante décadas por la propaganda capitalista. Haría falta, entonces, aprovechar las circunstancias que parecieran cercar en estos momentos al proceso revolucionario bolivariano socialista y optar decididamente por su radicalización, definiéndolo en medio de una lucha de clases que no podría postergarse por más tiempo, so pena de sufrir un revés definitivo, truncándose las esperanzas de todo un pueblo y, más allá, de una humanidad que aún sueña con otro mundo posible sin las rémoras nefastas del capitalismo.-