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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

ENTRE EL FASCISMO Y LA REVOLUCIÓN

ENTRE EL FASCISMO Y LA REVOLUCIÓN

Variadas y encontradas opiniones se han suscitado a propósito de la política de pacificación impulsada por el Presidente Nicolás Maduro frente a los grupos de la derecha ultraconservadora que han ocasionado asesinatos de civiles y militares, además de los destrozos a edificaciones públicas y el aislamiento de zonas urbanas de clase media en algunas ciudades de Venezuela. Para un porcentaje significativo de revolucionarios y chavistas ello significaría una claudicación inaceptable, tomando en cuenta que los promotores de esta violencia fascista tienen como meta única el derrocamiento del gobierno venezolano y, con él, la desaparición de todas las conquistas sociales, culturales, económicas y políticas que le devolvieron la dignidad a los sectores populares que, por espacio de más de cuarenta años, fueran invisibilizados, explotados, marginados y masacrados por las élites dominantes. Por otra parte, los hay quienes justifican tal iniciativa presidencial, basándose en la necesidad de consolidar un clima de gobernalidad en el país que impida, eventualmente, cualquier otra tentativa injerencista de parte de Estados Unidos y sus lacayos en la región.

Sea como sea, lo cierto del caso es que este diálogo de paz adelantando por el Presidente Maduro ha dejado al descubierto a quienes, desde el bando opositor, se ubican en el fascismo más puro y quiénes están impulsados por una vocación democrática legítima. Esto no ha impedido, sin embargo, que el gobierno de Maduro sea víctima de una satanización a ultranza que lo presenta ante la opinión pública internacional como un gobierno altamente represor, una dictadura comunista que, día y noche, persigue, encarcela, tortura y asesina a sus opositores, violando sistemáticamente todos los derechos humanos y, por añadidura, comete toda suerte de crímenes de lesa humanidad; todo lo cual legitimaría la “resistencia cívica” de burgueses y pequeños-burgueses, en oposición a la mayoría de la población nacional que siempre ha respaldado el proceso revolucionario bolivariano socialista. Ahora bien, ¿a qué obedece esta disparidad de puntos de vista entre chavistas y revolucionarios? Aunque pocos gustan admitirlo y, menos, corregirlo, a la falta de una formación política-ideológica sostenida, autocrítica y propositiva, que, al mismo tiempo que sirve para afianzar la convicción y el compromiso entre revolucionarios y chavistas, permita la constitución de una verdadera vanguardia popular revolucionaria, la cual resulte capaz de llevar a cabo transformaciones revolucionarias realmente trascendentes y esté ligada a los sectores populares en todo momento.

Además de lo anterior, se palpa prácticamente la ausencia de unos objetivos concretos que reactiven el protagonismo, la participación, la movilización y la organización de los sectores populares, cumplida ya una primera fase del proceso revolucionario bolivariano socialista bajo el liderazgo indiscutible del Comandante Chávez. Es fundamental que se comprenda la necesidad histórica de modificar sustancialmente las estructuras económicas, la correlación de fuerzas y la herencia o realidad cultural existentes en Venezuela en oposición a la mezquindad consumista y excluyente, inducida y reforzada a través de su sistema de propaganda por el capitalismo mundial; todo lo cual tendría como su mayor soporte la acción revolucionaria de los sectores populares conscientes y organizados, lo que supondría entonces la conformación de una nueva hegemonía, esta vez de carácter popular, socialista y revolucionario.- 

POR ENCIMA DE TODO, REVOLUCIÓN Y SOBERANÍA

POR ENCIMA DE TODO, REVOLUCIÓN Y SOBERANÍA

La necesidad de garantizar la soberanía nacional y la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista requiere de un debate político e ideológico que resulte prospectivo, propositivo y proactivo, de modo que no solamente contribuya a definir situaciones puntuales en cuanto a la gestión pública y la gestión política, sirviendo de soporte a las acciones que habrían de emprenderse de acuerdo a una estrategia revolucionaria a largo plazo en cuanto a lo que sería entonces la construcción del socialismo bolivariano en Venezuela. Sin embargo, ello es visto con sumo recelo por quienes ejercen cargos de dirección política y de gobierno, impidiendo que esto tenga alguna trascendencia respecto al nivel de conciencia, de organización y de movilización de los sectores populares como actores principales en el desarrollo y profundización del proceso revolucionario bolivariano socialista, aun cuando se recurra al discurso y la imagen del Comandante Hugo Chávez como forma legitimadora de sus actuaciones.

Por esto, el debate político e ideológico debiera constituir la mejor herramienta a utilizar para fortalecer la convicción y el compromiso de la militancia chavista y revolucionaria en todos los niveles posibles. De ahí su importancia en la tarea del diseño e implementación de un vasto proyecto histórico de transformación de la sociedad venezolana que, en los momentos actuales, es fuertemente combatido por los sectores reaccionarios del país y por sus mentores extranjeros, ya que entienden que éste tendería a fortalecerse y, por consiguiente, a instaurar un nuevo orden social, político y económico que los desplazaría, el cual se asentaría en la hegemonía del poder popular, dándosele cumplimiento a lo establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela respecto al ejercicio de la democracia participativa y protagónica.

En la introducción de la Agenda Alternativa Bolivariana, de 1996, el Comandante Hugo Chávez, refiriéndose a la multiplicidad de factores que engendraron la crisis política, económica, social, moral y militar que padeciera Venezuela en las últimas décadas del siglo pasado y la imposibilidad del Estado burgués-liberal para resolverla satisfactoria y plenamente, dejó asentado: "El poder constituido no tiene, a estas alturas, la más mínima capacidad para hacerlo, por lo que habremos, necesariamente, de recurrir al Poder Constituyente, para ir hacia la instauración de la Quinta República: la República Bolivariana". Esta comprensión de Chávez de cuál sería la alternativa a seguir hizo que millones de venezolanos y venezolanas confiaran en su liderazgo para salir del laberinto al cual las élites les habían arrastrado de forma totalmente irresponsable, cuestión que logró más allá de su fallecimiento, al implementar una serie de leyes y medidas que favorecieron ampliamente a los sectores populares antes marginados. Por ello, la estrategia de desgaste llevada a cabo por los grupos minoritarios de la oposición busca que este mismo Estado deje de funcionar bajo la orientación que le diera Chávez, de modo que la lucha de clases (aun sin tener conciencia de ello) halle otros cauces y sea el detonante de una mayor injerencia de factores externos, entre ellos el gobierno de Estados Unidos, evaluando así que todo se reduce a atacar al gobierno y demás instituciones, pero sin entender que enfrenta a un pueblo decidido a defender el proyecto de revolución bolivariana y a reivindicar su soberanía por encima de todo.-

LA REVOLUCIÓN FRENTE A LA GUERRA "POPULAR" DE LA BURGUESÍA

LA REVOLUCIÓN FRENTE A LA GUERRA "POPULAR" DE LA BURGUESÍA

Se ha hecho evidente que el accionar violento de los grupos más extremistas de la oposición en Venezuela viene a cumplir el papel de detonante de una situación que obligue al gobierno de Nicolás Maduro a bajar la guardia y, eventualmente, a dimitir en función de alcanzar un estado de paz y gobernabilidad mediante un aparente nuevo gobierno democrático. En todo caso, ello comprende, sencillamente, un deseo de poder que les hace disfrazar sus discursos, propagando sin rubor alguno mentiras deliberadas y conscientemente tramadas, con evidente asesoramiento de sus mentores yanquis, lo que ya deja mucho que decir sobre lo que quizás ellos pudieran entender eventualmente como libertad y como democracia.

Así, el hecho concreto que el Comandante Hugo Chávez haya planteado una revolución de carácter socialista en Venezuela, restableciendo los ideales de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, encendió las alarmas de la Casa Blanca, pero más aún de aquellas capas sociales que hasta entonces se habían dedicado a usufructuar el poder y suponían que jamás el pueblo venezolano habría de reaccionar de una u otra forma, ante su indiferencia su corrupción y sus arbitrariedades. Por ello, resulta irónico que la burguesía haya emprendido una guerra “popular” en contra del mismo pueblo venezolano al atacar y al negarse a aceptar los diversos logros del proceso revolucionario bolivariano socialista.

Desde entonces, los sectores oligárquicos y ultraderechistas han apelado a la violencia extrema, al sabotaje económico, a la manipulación informativa y al golpe de Estado para imponerle al pueblo venezolano su agenda particular y restablecer el viejo orden existente antes de 1999. Todo ello estimulado por la falta de resolución de un estamento político chavista que no ha sabido y, en algunos casos, no ha querido, corresponder a las expectativas y al carácter subversivo de las luchas populares, impidiendo -de una u otra manera- que se hagan letra viva la práctica y los espacios democráticos participativos contenidos en la Constitución Bolivariana y en las diversas leyes del poder popular. A ello se agrega la indolencia y la incapacidad de un Estado adecuado para una realidad nacional que ya dejó de existir, que -por sus características- resulta anacrónico para dar respuestas puntuales a los problemas y necesidades generados por la dinámica social actual, por lo que se hace más que necesaria su total transformación; pero sin obviar (bajo ningún criterio) la participación y el protagonismo efectivos inherentes a las organizaciones y/o colectivos del poder popular, ya que, de no hacerlo así, cundiría la indiferencia entre éstos por la suerte que le tocaría enfrentar al gobierno chavista, incrementándose entonces la espiral de terrorismo y violencia desatada por los grupos más reaccionarios de la oposición.-

 

NO HAY MÁS OPCIÓN QUE PROFUNDIZAR EL PROCESO REVOLUCIONARIO

NO HAY MÁS OPCIÓN QUE PROFUNDIZAR EL PROCESO REVOLUCIONARIO

Intolerancia, fanatismo, racismo, violencia, odio, xenofobia y disociación son los rasgos más evidentes observados a través del tiempo entre los grupos más radicalizados de la oposición antichavista en Venezuela. A tales rasgos se añade su empeño en hacer creer a la opinión pública internacional toda una realidad virtual, presentando hechos generados por ellos mismos como si fueran ocasionados por adeptos del gobierno presidido por Nicolás Maduro, incluso recurriendo a la descarada manipulación de fotografías pertenecientes a otros hechos acaecidos en diversos países, u ocurridos anteriormente en Venezuela durante los gobiernos que precedieron al mandato de Hugo Chávez. Todo esto, en medio de una guerra económica que ha afectado la distribución y adquisición oportuna por parte del pueblo de aquellos productos de primera necesidad, en una gran parte acaparados por empresarios y comerciantes inescrupulosos, ocasionando malestar y zozobra entre la población, sin que las medidas adoptadas por el gobierno de Maduro hayan tenido los efectos deseados.

En general, la arremetida opositora busca poner en jaque al gobierno chavista, exigiéndole su dimisión e imponiéndole condiciones secundadas desde Washington, según el mismo guión aplicado en algunas naciones del Este europeo (como actualmente en Ucrania), lo mismo que en varias del Medio Oriente, incluso con el asesoramiento, financiamiento y apoyo político a grupos de mercenarios que han asolado diversas poblaciones en Siria. Como se podrá deducir, lo que acontece en esta patria bolivariana tiene demasiadas similitudes con dichas situaciones, lo que indica que tras todo ello se halla la mano del imperio yanqui, lo cual debiera motivar al Presidente Maduro y al estamento político chavista en general a entender que la opción revolucionaria que les queda aplicar es la profundización y el aseguramiento permanentes de las iniciativas y cambios impulsados por Hugo Chávez desde la presidencia, puesto que las mismas contribuyeron a la movilización y a la organización a los sectores populares al mismo tiempo que se elevaba su conciencia política, siendo el soporte principal que hizo el triunfo de Chávez en cada elección realizada. Maduro tendría que convencerse que no hay más opción que ésta en vista que su llamado al diálogo y a la paz hecho a quienes lo adversan acérrimamente sólo ha servido para que éstos se hayan radicalizado, sin importarles los graves daños causados al patrimonio público ni las diferentes muertes de ciudadanos venezolanos que han causado, tanto en abril del año pasado como ahora en febrero de 2014.

Todo este plan de desestabilización, sin embargo, pudo evitarse a tiempo si el Presidente y las diferentes organizaciones político-sociales del chavismo se habrían aprestado a contrarrestarlo a tiempo, a través de una amplia y sostenida movilización popular y manteniendo sin pausa alguna el avance revolucionario de los sectores populares. Aun con ello, se puede llevar a cabo, pero contando siempre con la participación y el protagonismo del pueblo organizado y consciente, de modo que éste resulte ser un dique imbatible ante las pretensiones antidemocráticas de los grupos opositores.-

LOS MEJORES CÓMPLICES DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

LOS MEJORES CÓMPLICES DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

 

La ineficiencia administrativa, la falta de visión política y el bajo nivel de compromiso y de formación revolucionarios que exhiben muchos de los responsables de la dirección del Estado venezolano podrían convertirse, a la larga, en los mejores cómplices de la oposición fascistoide para dar al traste con todo aquello que ha significado el proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela e, incluso, en las demás naciones de nuestra América.

Por ello mismo, el debate político e ideológico debiera constituir la mejor herramienta a utilizar para fortalecer la convicción y el compromiso de la militancia chavista y revolucionaria en todos los niveles posibles, lo cual serviría, a su vez, para lograr los avances necesarios que establezcan las condiciones objetivas y subjetivas que aseguren la continuidad y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano socialista, sin que sus enemigos de clase puedan aprovecharse de sus debilidades, inconsistencias y contradicciones. Al respecto, los militantes chavistas y revolucionarios, en especial aquellos con responsabilidades de dirección política y de gobierno, tendrían que esforzarse algo más en comprender que el escenario político nacional, con el resurgimiento de algunos hechos violentos aislados y minúsculos de parte de los grupos fascistas de la oposición, exige actuar -ahora con mayores razones que antes- con determinación para concretar la transición al socialismo bolivariano revolucionario.

Esto último obliga -ineludiblemente- a hacer realidad, de manera consciente y sostenida- la democracia participativa y protagónica, de manera que la soberanía popular sea capaz de influir en los cambios estructurales que deben producirse a lo interno del Estado venezolano, transformándolo, en consecuencia, en un Estado socialista y comunal que corresponda fielmente a la voluntad soberana de las amplias mayorías populares y no de una minoría social, política o económica. Hace falta, por tanto, empezar a cumplir con seriedad y suficiente voluntad política para concretar todos los propósitos inconclusos del Comandante Hugo Chávez. No puede haber, entonces, comportamientos irresponsables y cuartorepublicanos por parte de quienes ejercen cargos de elección gracias al liderazgo carismático de Chávez, limitándose éstos a darle más vida a las viejas prácticas demagógicas y clientelares que tanto caracterizaron a los gobiernos y a la dirigencia política del pasado puntofijista. Es hora que el pueblo consciente y organizado sepa distinguir entre quienes se afanan en satisfacer sus mezquinos intereses y aquellos que buscan definir y construir un nuevo orden social, económico, cultural y político, inspirado en los ideales e historias de luchas de resistencia de nuestros pueblos.-

LA REVOLUCIÓN NO ES GOBIERNO

LA REVOLUCIÓN NO ES GOBIERNO
Al considerarse los quince años transcurridos desde el momento en que el Comandante Hugo Chávez Frías asumiera la presidencia de la República de Venezuela, generalmente se resaltan los diversos logros materiales e, incluso, culturales que fueran impulsados y consolidados durante este período. Sin embargo, ello reduce la trascendencia de lo hecho por Chávez, limitándolo a unas acciones de gobierno que bien pudieron implementarse antes bajo el bipartidismo derivado del Pacto de Punto Fijo mediante una redistribución equitativa y efectiva de los ingresos nacionales, sobre todo de la renta petrolera. Al hacerlo de esta manera, se tiende a confundir que el proceso revolucionario bolivariano socialista es nada más que el control absoluto de las diferentes estructuras que componen el Estado vigente, obviándose que, al plantearse la construcción de un socialismo bolivariano, éste abarcaría también la deslegitimación y la sustitución radical del sistema capitalista, de modo que existan las condiciones subjetivas que permitan el surgimiento de nuevos paradigmas que caractericen-en lo adelante- a las nuevas ciudadanas y a los nuevos ciudadanos del país.
           
De ahí que sea necesario insistir en que la Revolución no es simplemente ser gobierno. A ésta le atañe sustentarse en la práctica cotidiana de la democracia participativa y protagónica por parte del pueblo organizado, en la transformación estructural del Estado y en el desarrollo de unas nuevas relaciones de producción. En esta situación, el dominio hegemónico del Estado debería servir para el impulso y consolidación de estos objetivos mínimos, apartándose en un cien por ciento de aquellas normativas burocráticas que fueron sostén de la democracia representativa que se instauró en este país a partir de 1.958, impidiéndole a las amplias mayorías ejercer su plena soberanía. A ello hay que agregarle el obligatorio nivel de compromiso y de madurez revolucionarios al cual se deben todos aquellos servidores públicos que, identificados con el proceso revolucionario bolivariano socialista, estarían- aparentemente- mejor dispuestos en hacer la Revolución socialista junto con el pueblo revolucionario.

Si tal cuestión pudiera ser cabalmente comprendida por revolucionarios y chavistas, en especial de quienes ostentan cargos de elección popular, se podría trascender todo aquello que ahora se enmarca en lo que se ha dado en llamar el legado de Chávez. Esto implicaría, por supuesto, adoptar cambios de actitud, una ética y una voluntad política decididamente revolucionarios, esto es, la disposición de producir verdaderos cambios revolucionarios, quedando el gobierno subordinado a su papel de vocero del poder popular, tal como debiera ocurrir según los ideales y la praxis del socialismo.- 

LA JUVENTUD Y EL OBJETIVO GRANDE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA JUVENTUD Y EL OBJETIVO GRANDE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

 

Es hora de definir, en este año decisivo para el logro de muchos cambios aún pendientes, el objetivo grande de la Revolución Bolivariana. Para ello es necesario asegurar -desde ya- el relevo generacional que se encargue de acentuar y de darle la continuidad requerida a los diversos cambios producidos en Venezuela bajo la tutela del Comandante Hugo Chávez, lo cual podrá producirse si a este mismo relevo lo caracteriza -además de una práctica revolucionaria- una verdadera formación teórico-política revolucionaria, siendo entonces capaz de entender cuál es su papel a cumplir en el desarrollo de los futuros acontecimientos que definirán el curso de la revolución socialista bolivariana en este país.

Aunque algunos quizás piensen que es prematuro plantearlo, hay que tomar en cuenta que la población juvenil en Venezuela (en una gran mayoría) ha vivido estos cambios propiciados por Chávez, algo que le permitiría admitir con una mayor facilidad la necesidad de consolidarlos y de ampliarlos al hallarse ésta dotada de mejores herramientas de conocimientos que sus antecesoras. Esto último -por supuesto- no implica que muchos de los revolucionarios y chavistas provenientes de las primeras generaciones ya no tengan nada que aportar al proceso revolucionario bolivariano socialista. Al contrario. De muchos de estos dependerá también que este proceso avance y se concrete, dada su innegable experiencia y sus conocimientos, sobre todo en el área formativa, un talón de Aquiles que es preciso fortalecer cuando se ha propuesto la construcción socialista de las comunas en todo el territorio nacional; evitándose así que todo se limite a discursos y a propaganda oficiales, sin conexión con la realidad imperante.

De ahí que le corresponda a la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista retomar la senda iniciada por Chávez, esta vez con la convicción de ser la continuadora de su obra y de su pensamiento, pero imprimiéndole su propia dinámica subversiva, de manera que exista siempre esa posibilidad de agotar etapas en la búsqueda permanente de condiciones objetivas y subjetivas que precisen mejor lo que será el socialismo bolivariano en Venezuela. Por ello mismo, los y las jóvenes revolucionarios/as y chavistas no deberían sujetarse a las viejas reglas políticas heredadas del pasado, reglas que sólo conducirían a una restauración firme del antiguo régimen, con una democracia representativa que sólo representa los intereses de una minoría dominante y una dependencia semicolonial con el imperio estadounidense. De hacerlo, se convertirían entonces en unos viejos prematuros, enredados en un conservadurismo totalmente inapropiado para echar adelante la revolución socialista, en lugar de ser los motores impulsores de la organización, la movilización y la concientización de los sectores populares, conformando por consiguiente la vanguardia de esta revolución aún incipiente.

Consecuentemente, la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista tiene ante sí el formidable desafío de desplegar toda su potencialidad creadora y re-creadora en función de alcanzar y afianzar el objetivo grande de la Revolución Bolivariana que es la institucionalización de un Estado comunal en el cual predomine la voluntad, el interés, la toma de decisiones vinculantes y la influencia de los sectores populares. Esto tendrá que ser acompañado -ineludiblemente- por un cambio significativo de las actuales relaciones de producción, de manera que surjan y se impongan unos nuevos valores sociales, espirituales y culturales que permitan, a su vez, propagar un nuevo tipo de ciudadanía en la Patria chica de Bolívar. Por ello, no resultaría desmedido afirmar que gran parte de este compromiso revolucionario le toca en suerte ser asumido conscientemente -a partir del presente año- por la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista de Venezuela.- 

LA DEMOCRACIA CONSEJISTA Y EL PORVENIR DE LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA

LA DEMOCRACIA CONSEJISTA Y EL PORVENIR DE LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA

Un amplio conjunto de circunstancias históricas, económicas, políticas, sociales y culturales han permitido que en Venezuela -en uno u otro aspecto- se esté definiendo y construyendo lo que podría llamarse una democracia consejista, producto ella de ese ejercicio pleno de la soberanía popular que se desprende de lo establecido en la Constitución Bolivariana y que se traduciría en acciones puntuales de transformación estructural del viejo Estado burgués-liberal que aún persiste, a pesar del andamiaje legal que le da protagonismo y participación a las diferentes organizaciones del poder popular. Debido a ello (más la infeliz situación creada por algunos jerarcas políticos y gobernantes en cuanto a los viejos vicios de la política tradicional que los convierte en arribistas de nuevo cuño, obsesionados por un enriquecimiento súbito, amparado en la legalidad), se impone la necesidad insoslayable de profundizar en el avance y en la organización revolucionarios de los sectores populares, de modo que exista la posibilidad inmutable de hacer irreversible el proceso revolucionario bolivariano socialista, no obstante las evidentes contradicciones e inconsistencias ideológicas que acusa en su interior.

Bajo tal perspectiva, la democracia consejista representaría ese salto cualitativo que requiere con sentido de urgencia el proceso revolucionario bolivariano socialista, convirtiéndose sin demagogia alguna en una democracia directa que haga realidad la emancipación integral del pueblo venezolano y asiente, de una vez por todas, las bases de un nuevo modelo civilizatorio totalmente opuesto al impuesto por el sistema capitalista. De ahí que, junto con la transformación estructural del Estado vigente y el surgimiento de un nuevo modelo económico que rompa con los paradigmas capitalistas, la participación protagónica del pueblo organizado es elemento fundamental para asegurar entonces el porvenir de la revolución venezolana, venciendo todas las resistencias y todas las contradicciones que han impedido -por ahora- su definitiva realización.

Esta democracia consejista, por supuesto, exige de los sectores revolucionarios populares que asuman con conciencia socialista la comprensión objetiva del importante momento histórico que les corresponde vivir, dotados ellos de una formación teórica revolucionaria sostenida, de manera que contribuyan a la transición al socialismo bolivariano, más allá de los discursos oficiales o de moda, permitiéndose a sí mismos el control definitivo del poder, ejerciendo el autogobierno, en vez de ser actores pasivos y dependientes de aquellos que ocupan cargos de gobierno y de dirección político-partidista.  Ello haría posible, además, una efectividad real en la solución de los problemas coyunturales y estructurales que presenta la sociedad venezolana desde antes que Hugo Chávez irrumpiera en la escena política del país en 1992, los cuales resultarán difíciles de reducir y/o eliminar sin esa participación cierta de dichos sectores.

Al respecto, hay que admitir que el control total del poder constituido no es una condición sine qua non para que se lleve a cabo la revolución socialista, aunque la facilite en muchos casos, si dicho control se basa en una simple reproducción y acentuación de las relaciones y de las estructuras de poder que usurparan por tanto tiempo las minorías dominantes ahora desplazadas. El hecho mismo que personas sin la debida capacidad, integridad y formación revolucionaria hayan copado este poder constituido, hace más urgente este cometido de vital importancia para la evolución y porvenir del proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela.-