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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

SIGNIFICACIÓN HISTÓRICA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

SIGNIFICACIÓN HISTÓRICA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

Una de las cosas más resaltantes del proceso revolucionario bolivariano -proyectado, liderado y encarnado por Hugo Chávez Frías- es, sin duda alguna, la reivindicación del socialismo revolucionario, en momentos cuando mucha gente de izquierda se rendía ante lo que se creyó el triunfo definitivo del capitalismo (con Estados Unidos al frente) al producirse el derrumbe del bloque soviético. Además de ello, desde el primer momento en que se diera a conocer el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), los ideales del Libertador Simón Bolívar, del Maestro Simón Rodríguez y del General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora sirvieron de motores ideológicos para lo que sería en lo adelante la fragua de un proyecto político inédito en nuestra América, a tal punto de inspirar corrientes similares en muchos de sus países que coronaron sus esfuerzos con la instalación de gobiernos progresistas y/o de izquierda, causando una conmoción no superada aún entre la clase gobernante de Estados Unidos. Ambos elementos representan una cuota fundamental de lo que es el proceso revolucionario bolivariano, caracterizándolo sobremanera, por lo que ninguno podría aislarse respecto al otro, aun cuando haya alguna gente interesada en lograrlo, olvidando adrede que el ideario republicano bolivariano es parte esencial de la idiosincrasia popular, incluso más allá de las fronteras venezolanas, y que el socialismo revolucionario es intrínsecamente participación y poder popular; complementándose con aportes teóricos y experiencias revolucionarias antiimperialistas, tanto del pasado como del presente, muy importantes. De ahí que exista la imperiosa necesidad de profundizar ambos elementos, de forma que haya una interiorización y un empoderamiento de parte de los sectores populares que haga irreversible el avance y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano.

Esto supone, en una primera instancia, adecuar las estructuras del Estado vigente en beneficio del protagonismo y la participación popular, haciendo de la cotidianidad un campo propicio para los diversos cambios que han de producirse a fin de transformar el modelo de sociedad actual, lo que conlleva a plantearse igualmente un cambio cultural amoldado a los intereses colectivos en vez de servir de vehículo de legitimación de la clase dominante. Esto último representa una importante conquista de quienes fueron excluidos e invisibilizados desde hace siglos por aquellos que ejercieron el poder bajo una óptica eurocentrista (ahora anglosajona) que negó la existencia y significado de una cultura de resistencia (protagonizada por nuestros pueblos aborígenes, africanos esclavizados y sus descendientes marginalizados) que, en la actualidad, recobra su espacio vital y tiende a caracterizar el momento histórico que se vive en Venezuela, al igual que en otros países de nuestra América, aunada a una espiritualidad ajena a los aparatos eclesiásticos tradicionales.

Por ello, la significación histórica del proceso revolucionario bolivariano no podría aprehenderse a la luz de la llamada cultura occidental, ya que sus rasgos esenciales son (y debieran ser) precisamente aquellos que siempre fueron combatidos y execrados por los sectores dominantes, lo cual explica el por qué gran parte de sus herederos actuales no atinan a comprender, por ejemplo, la conexión emocional y/o sentimental del pueblo venezolano con su Presidente Hugo Chávez. Sin embargo, es preciso que se comience a ahondar -de manera exhaustiva y objetiva- en sus raíces, su evolución, sus potencialidades, sus características y sus perspectivas; concretándose en consecuencia la revolución socialista bolivariana que se aspira.-        

¿CUÁL ES EL PAPEL REVOLUCIONARIO A CUMPLIR AHORA POR EL PSUV?

¿CUÁL ES EL PAPEL REVOLUCIONARIO A CUMPLIR AHORA POR EL PSUV?

La conformación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) representó, en su momento inicial, la posibilidad de crear una organización política revolucionaria que -a lo interno, en su concepción teórica, su estructura, toma de decisiones y procedimientos- fuera capaz de prefigurar la sociedad socialista del futuro. Esto, a la luz de los diversos acontecimientos desarrollados con posterioridad, sobre todo, en lo que respecta a la escogencia de candidatos a los diferentes cargos de elección popular y de dirección partidista, no resultó como tal. Una prueba de ello es la reactivación de partidos políticos aliados de Hugo Chávez con ex dirigentes del PSUV, así como la dualidad de candidaturas surgidas del chavismo en las elecciones de gobernadores y legisladores regionales del 16 de diciembre pasado. Tales antecedentes han reducido el papel revolucionario e innovador a cumplir por el PSUV, convirtiéndolo en una eficiente maquinaria electoral difícil de vencer, pero incapaz de provocar una correlación de fuerzas que le permita a los sectores populares incidir en la transformación estructural del Estado liberal-burgués que subsiste aún en el país. En vez de ello, la dirigencia peseuvista reprodujo el clientelismo político que fuera norma habitual entre adecos y copeyanos durante sus cuarenta años de hegemonía política, a tal grado que estos últimos -preteridos por sus mismos partidos políticos- ahora disfrutan de los cargos públicos y demás prebendas que antes no consiguieran, a través del PSUV.

No obstante, en medio de este panorama negativo salta a la vista la existencia de un pueblo consciente que exige su propio espacio de participación y protagonismo revolucionario, tratando de llevar a la práctica los diversos aspectos contemplados en la Constitución Bolivariana, las leyes del poder popular y aquellos lineamientos estratégicos emanados de su máximo líder, el Presidente Chávez. En este caso, se puede percibir la madurez política alcanzada en estos últimos catorce años por la base chavista. Sin embargo, como lo expusiera en mi artículo “La batalla del PSUV”, publicado en 2007, “hace falta que toda ella se inculque la necesidad perentoria de la formación revolucionaria, así como su difusión en todos los rincones del país, porque la idea es que el proceso revolucionario bolivariano sea sustentado de modo autogestionario por las bases populares y no por una dirigencia que, en su mayoría, ha obstaculizado el cambio estructural y no ha generado nada diferente a sus antecesores en el ejercicio del poder”. Como complemento, vale recordar también las palabras emitidas por Hugo Chávez el 18 de mayo de ese mismo año, quien resaltara: “O inventamos o erramos. Inventemos nuestro socialismo. En esa invención estamos. Para que haya una creación heroica debe haber un creador heroico, y ese creador no puede ser un hombre, una mujer, un caudillo, ni un mesías. El único creador heroico capaz de lograr una Revolución Socialista es el pueblo culto y consciente”.

Lamentablemente, dichas palabras no han tenido un eco efectivo y permanente entre quienes -de una u otra forma- han dirigido, por ahora, el PSUV y ostentan -paralelamente- cargos de ministros, diputados, gobernadores, legisladores, alcaldes y concejales, entre otros, lo cual ha originado una brecha profunda que los separa cada día de la militancia de base. Y más lamentable aún es la dispersión de cuadros revolucionarios que pudieran armar una opción realmente revolucionaria, capaz de aglutinar la voluntad y los esfuerzos de los sectores populares en función de una efectiva refundación de la República Bolivariana, en momentos en que es crucial obtener mayores avances, profundizaciones y definiciones del proceso revolucionario bolivariano; una cuestión que no ha sabido asumir el PSUV, a pesar de Chávez.-

A CERRAR FILAS EN DEFENSA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

A CERRAR FILAS EN DEFENSA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

La coyuntura política actual nos obliga a todos los revolucionarios a cerrar filas en defensa del proceso revolucionario bolivariano, de manera que éste pueda mantenerse y profundizarse en beneficio del pueblo venezolano. Este es el momento en que debemos declinar posiciones sectarias o personalistas y demostrar hasta qué punto somos realmente revolucionarios, puesto que el proyecto bolivariano liderado por Hugo Chávez requiere de una acción unitaria y de una mayor responsabilidad de parte de todos, independientemente de todas las fallas, deficiencias y omisiones observadas desde el momento en que éste se pusiera en práctica, lo cual debe reflejarse en los resultados electorales del 16 de diciembre.

Resaltamos, por tanto, que los hombres y las mujeres que han apoyado al Presidente Chávez y al proceso revolucionario tienen ante sí la tarea de trabajar por una unidad orgánica en torno a lo que aún esté pendiente por hacerse para alcanzar la transición hacia el socialismo bolivariano, teniendo como principal soporte al poder popular. De ahí que cada uno debe recapacitar respecto a si es revolucionario o no continuar con posiciones personales que contradicen el propósito fundamental de la revolución socialista y, en consecuencia, hacer posible cada día esa unidad orgánica que hará irreversibles los cambios habidos en nuestro país bajo el liderazgo de Hugo Chávez. Este sería entonces el mejor momento para que todos nos hermanemos en profundizar dichos cambios, enarbolando la bandera de la unidad revolucionaria y generando espacios de mayor organización, participación y protagonismo del pueblo venezolano en vez de continuar con los viejos esquemas políticos del pasado. Esto último tiene que orientarse a la conformación de un Estado de tipo comunal que sustituya en todas sus expresiones al viejo Estado burgués-liberal institucionalizado por la democracia representativa durante cuatro décadas consecutivas, cuestión ésta que no podrá hacerse si se continúa eludiendo un debate serio y permanente junto con los sectores populares.

De igual forma, se necesita que haya una revisión objetiva y exhaustiva de las distintas gestiones de gobierno y cuál ha sido -hasta ahora- su contribución real para adelantar esa transición hacia el socialismo revolucionario que muchos invocan y alaban, pero que todavía se mantiene en un estado larvario, lo cual debiera preocupar a toda la gente revolucionaria y progresista, ya que pudiera facilitar el retorno al poder de quienes adversan abiertamente el proceso revolucionario bolivariano. De esta forma, podremos implementar medidas conjuntas que permitan obtener una mayor eficiencia y calidad revolucionaria en las instituciones públicas, sin las alcabalas burocráticas que todavía sobreviven en ellas y que restringen enormemente la acción del poder popular.

Asimismo, la actual coyuntura política exige la mayor movilización posible de los revolucionarios para evitar que todo este proceso revolucionario caiga en el vacío, desperdiciándose así catorce años de protagonismo popular y de confrontación abierta con las clases dominantes y el imperialismo yanqui. De ahí que se necesite (con sentido de urgencia) la producción de propuestas revolucionarias de alto contenido popular y socialista, ya que no podemos ni debemos actuar en razón de antipatías o simpatías que estarían contribuyendo así a la victoria final de los grupos contrarrevolucionarios.-

¿QUÉ HACER PARA PRESERVAR EL PROCESO REVOLUCIONARIO EN VENEZUELA?

¿QUÉ HACER PARA PRESERVAR EL PROCESO REVOLUCIONARIO EN VENEZUELA?

Si se anhela lograr, en verdad, el cambio estructural que exige el pueblo venezolano y que contempla el proyecto revolucionario bolivariano, habrá que pensar en la conformación de un Estado de tipo comunal que sustituya en todas sus expresiones al viejo Estado burgués-liberal, institucionalizado por la democracia representativa durante cuatro décadas consecutivas. Para ello será imprescindible que hombres y mujeres con una evidente formación revolucionaria asuman la dirección de las instituciones, con el compromiso de trabajar realmente por esta tarea, de modo que los postulados fundamentales de la Constitución en cuanto a la soberanía, la participación y el protagonismo del pueblo se conviertan en rasgos constantes del ejercicio del poder en la Patria chica de Bolívar.

Se impone entonces que sean los mismos sectores populares quienes se planteen a sí mismos el pleno ejercicio de sus derechos constitucionales y, al mismo tiempo, el combate frontal y decidido a toda manifestación de reformismo que posibilite la reproducción de las viejas estructuras puntofijistas que aún sobreviven y obstaculizan el avance y fortalecimiento de la democracia directa. En tal situación, es necesaria una revisión objetiva de las gestiones de gobierno y cuál ha sido su contribución real para adelantar la transición hacia el socialismo revolucionario que todos invocan y alaban, pero que todavía se mantiene en un estado larvario, lo cual pudiera facilitar el retorno al poder de quienes adversan abiertamente el proceso revolucionario bolivariano. Esto amerita promover en todo el territorio nacional debates abiertos que fortalezcan la convicción revolucionaria de los movimientos populares, con propuestas generadas entre todos y una critica que desnude los vicios y desviaciones que pudiera estar sufriendo el proceso revolucionario bolivariano, sin que ello sea descalificado como una acción contrarrevolucionaria, encaminada a dañarlo.

Es preciso, por consiguiente, que los movimientos revolucionarios y progresistas emprendan igualmente una labor a favor de una eficiente y transparente gestión administrativa, la contraloría social y la democracia directa. Por  lo tanto, la actual coyuntura política debe contribuir a despejar la incógnita que se presenta entre unas y otras organizaciones políticas y sociales respecto a la continuidad o no del  proceso revolucionario venezolano. Esto requiere la mayor movilización de los revolucionarios para evitar que todo caiga en el vacío, desperdiciándose catorce años de protagonismo popular y de confrontación con las clases dominantes y el imperialismo yanqui. No será una tarea fácil, dado que gran parte de la dirigencia chavista -renuente a suscitar cambios y saltos cualitativos que consoliden el avance revolucionario- no estará dispuesta a perder los privilegios que ahora goza, lo que determinará ineludiblemente un enfrentamiento y una agudización de las contradicciones que tienen en relación a los movimientos revolucionarios y populares. Esta última situación -postergada en base al liderazgo desempeñado por Hugo Chávez y a la necesidad de preservar y de ampliar los espacios de poder conquistados- impone la producción de propuestas revolucionarias de alto contenido popular y socialista que puedan ser implementadas por las diferentes organizaciones del poder popular y sirvan de punto de partida para alcanzar el cambio estructural del Estado venezolano, unas nuevas relaciones de poder basadas en la participación popular y, por supuesto, la expansión democrática del proceso revolucionario bolivariano.-

LA COMUNA SOCIALISTA COMO HECHO REVOLUCIONARIO SIGNIFICATIVO

LA COMUNA SOCIALISTA COMO HECHO REVOLUCIONARIO SIGNIFICATIVO

La comuna en Venezuela debiera ser ciertamente una forma de gobierno popular revolucionario que supla el poder ejercido tradicionalmente por las autoridades constituidas. No se trata, por ende, de tutelarlas o de integrarlas a las diversas instituciones del Estado, coartando así el ejercicio de la democracia participativa y protagónica que debe caracterizarla en todo momento. Esto quizá sea un escándalo para aquellos que tratan de acceder al poder sin comprender que, como hecho revolucionario significativo, la construcción de las comunas representa un salto cualitativo en la evolución que debe producirse en lo que respecta a la consolidación del proceso revolucionario bolivariano en Venezuela, del mismo modo que los sectores populares comprometidos con su activación y funcionamiento han de entender que éstas no pueden (ni deben) reproducir los criterios, la ideología y las estructuras burocrática-representativas del Estado vigente. De esta manera se evitará que el actual proceso revolucionario bolivariano derive hacia arreglos opuestos a la existencia, consolidación e influencia del poder popular, retornándose al sistema y a las prácticas de la democracia representativa en vez de profundizar el poder constituyente del pueblo como garantía y preámbulo de la construcción real del socialismo revolucionario.

Sin embargo, es de admitirse que aún existe un vacío en lo tocante a la formación de una conciencia revolucionaria que podría echar al traste con este propósito. Tal vacío representa el principal obstáculo que debe vencerse, de modo que la construcción de las comunas no sea simplemente un cambio cosmético que termine por dejar todo igual. De hecho, la difusión y discusión del Segundo Plan Socialista de Desarrollo de la Nación para el período 2013-2019 que se ha estado realizando en el país debiera convertirse en el instrumento inmediato para que este  hecho revolucionario significativo sea una realidad posible, a pesar del burocratismo incrustado en las instituciones del Estado que, de una u otra forma, conspiraría contra su existencia, desarrollo y funcionamiento autónomo. En este sentido, vale decir que los mismos sectores populares tienen que apropiarse del mismo, generando sus propios espacios organizativos, utilizando por lo pronto las distintas leyes del poder popular sancionadas por la Asamblea Nacional, lo cual -a su vez- debiera motivarlos a cuestionar las estructuras estatales, logrando que el Estado sufra un cambio estructural que esté acoplado a la necesidad de consolidar la participación y el protagonismo revolucionario del pueblo, deslastrándolo de los procedimientos burocrático-representativos que los imposibilitan.

Por ello, las comunas no deben convertirse en una consigna revolucionaria carente de contenido popular y, por supuesto, en parte de un cambio gatopardiano. Ellas deben ser consecuencia directa del debate y las aspiraciones de los sectores populares, adaptadas a cada situación específica, a cada región, siendo construidas desde abajo, sin interferencia alguna del Estado, sea cual sea su nivel; lo que redundará -sin duda- en el avance cualitativo del proceso revolucionario bolivariano.-

EFICIENCIA POLÍTICA Y CALIDAD REVOLUCIONARIA EN EL GOBIERNO. ¡CÚMPLASE!

EFICIENCIA POLÍTICA Y CALIDAD REVOLUCIONARIA EN EL GOBIERNO. ¡CÚMPLASE!

Los revolucionarios tenemos que olvidarnos del conformismo y actuar en consecuencia para lograr la eficiencia política y la calidad revolucionaria sin importar si ello perjudica o no los intereses grupales y/o particulares de quienes les ha tocado en suerte dirigir las instituciones públicas en nombre del proceso revolucionario bolivariano. De ahí que lo manifestado este 5 de noviembre por el presidente Hugo Chávez en Consejo de Ministros sea pertinente, puesto que la mayoría de los electores venezolanos tuvieron en cuenta al momento de la elección presidencial del 7 de octubre pasado la necesidad de que haya, realmente, eficiencia política y calidad revolucionaria en las instancias de gobierno o, de lo contrario, será la noche, es decir, el acabose del proceso revolucionario bolivariano, tal como ocurriera con el bipartidismo puntofijista. No otra cosa podría hacerse, dado el evidente respaldo mayoritario recibido por Chávez en todas las elecciones realizadas, incluso favoreciendo a candidatos a gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos y Asamblea Nacional que dejan mucho que desear por su escasa sintonía con el pueblo y su inconsistencia ideológica con el socialismo revolucionario; lo cual representa actualmente un imperativo que no puede pasar por debajo de la mesa, si en realidad se aspira construir y consolidar una revolución socialista en Venezuela.    

Esta demanda revolucionaria sitúa a quienes siguen a Chávez ante la disyuntiva de revelarse como verdaderos revolucionarios o, simplemente, destaparse como simples reformistas a los cuales no les interesa que nada cambie en cuanto al orden social, político y económico establecido, por lo que será altamente necesario que los sectores populares sepan distinguir acertadamente entre una posición y otra, a fin de no equivocar el camino, retrasándose -en consecuencia- la transición hacia el socialismo revolucionario y, con él, el pleno ejercicio de la soberanía popular. Esto nos exige a los revolucionarios la superación del individualismo y de la fragmentación tradicional del Estado burgués-liberal impuestos por los sectores dominantes, a tal grado que cualquier acción de gobierno se ve ajena a los ojos del pueblo, les afecte en uno u otro sentido. De ahí que tenga que cumplirse -ineludiblemente- con una serie de mecanismos participativos establecidos en la Constitución y en las leyes del poder popular para que el proceso de cambios revolucionarios avance y se profundice, ante lo cual no le cabe a los gobernantes regionales y locales (y el conjunto de servidores públicos) que se catalogan de revolucionarios otra cosa que contribuir efectivamente a la instauración de un nuevo modelo de Estado; en el caso venezolano, de un Estado comunal socialista, lo que implica la generación de un debate teórico respecto a sus fundamentos principales en atención a lo que significa el ejercicio de la democracia participativa y protagónica en contraposición a la democracia representativa.

Como sea, el reto del proceso revolucionario bolivariano va más allá de lo dicho por el Presidente Chávez, puesto que no es suficiente alcanzar la eficiencia política y la calidad revolucionaria si éstas no están orientadas hacia la consecución del cambio estructural del Estado vigente mediante la participación constante y consciente de las bases populares, además de la incorporación y actuación de verdaderos cuadros revolucionarios en las diferentes instituciones públicas con el objetivo de hacerlo realmente posible.-   

CONSIDERACIONES GENERALES EN TORNO AL FORTALECIMIENTO DEL PROCESO REVOLUCIONARIO VENEZOLANO

CONSIDERACIONES GENERALES EN TORNO AL FORTALECIMIENTO DEL PROCESO REVOLUCIONARIO VENEZOLANO

Si se aspira a construir con suficiente solidez, eficiencia y participación popular el socialismo revolucionario en nuestro país es necesario comprender que la actual coyuntura política nacional, con una importante y decisiva victoria electoral lograda el 7 de octubre de 2012 que garantiza la legitimidad del mandato presidencial de Hugo Chávez y de su liderazgo al frente del proceso de cambios revolucionarios, requiere de elementos imprescindibles que ayuden a elevar la toma de conciencia, la organización y la movilización del pueblo en general, de modo que la gestión de gobierno se convierta también en instrumento que permita alcanzar esta meta.

Esto debiera implementarse con un mayor énfasis, dado que ello extendería el apoyo popular respecto a la necesidad de los cambios estructurales que debieran propiciarse en todas las instituciones del Estado vigente. De igual forma, hay que entender que algunas iniciativas revolucionarias han generado bastante resistencia no sólo de parte de los grupos de oposición tradicionales sino también dentro del chavismo cupular o gobernante, producto de una evidente falta de formación teórica revolucionaria y de un cabal discernimiento de los cambios que implicará la construcción revolucionaria del socialismo. Tal situación contribuye, incluso, a mantener un ambiente de desinformación que atenta contra su puesta en práctica, haciéndose más dificultoso su profundización y, eventualmente, su continuidad más allá de la presencia de Chávez.

A tal realidad se le debe sumar la ausencia de una conciencia revolucionaria y clasista sostenida entre los diversos sectores populares, lo cual les hace presas fáciles de la demagogia populista de algunos personeros del chavismo cupular o gobernante, además de la manipulación mediática orquestada por la oposición. Dicha ausencia es estimulada, de una u otra forma, por quienes ocupan cargos de gobierno y de dirección partidista, sometiendo a las bases del chavismo a un clientelismo político que explota sus necesidades materiales y les impide ejercer conscientemente la democracia directa, obstaculizando, a su vez, los espacios de gobernabilidad popular que pudieran gestarse, al aplicar el conjunto de leyes que les abren puertas al poder popular como primera y principal instancia organizativa del socialismo.

Con estas consideraciones de tipo general, precisamos que debe establecerse un plan de trabajo que ayude a fomentar la conciencia, la organización y la movilización populares, llevándose a cabo con criterios de amplitud y de sistematización, de acuerdo a las diversas experiencias que se deriven de su cumplimiento. En atención a estas consideraciones, es importante elaborar foros, talleres, charlas, debates, artículos de opinión, programas radiales y televisivos, así como también periódicos, mediante los cuales sea divulgado dicho plan, tanto en las diferentes instituciones públicas como en las comunidades, de manera que  se avance en este importante aspecto.

ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN ACTUAL DEL PSUV

El Partido Socialista Unido de Venezuela vive una situación atípica al plantearse ser un partido de masas y, al mismo tiempo, un partido de cuadros revolucionarios, sin profundizar mucho en el aspecto teórico-ideológico, sólo unido por el liderazgo indiscutible de Hugo Chávez y contentándose con mantener e incrementar su número de militantes, además de una hegemonía política-gubernamental mediante los votos obtenidos tras cada elección celebrada en el país. Esto ha permitido la reproducción de los viejos vicios clientelares de los gobiernos adeco-copeyanos, lo cual tiene su repercusión negativa en la conducción y ampliación del proceso revolucionario bolivariano en todos los ámbitos de la vida social en que se actúe, haciendo de las bases militantes objeto de la demagogia y, muchas veces, de descalificaciones extremas por parte de la dirigencia actual al no compartir su forma de actuar, contradiciendo abiertamente los lineamientos de su máximo líder.

Esta situación ha provocado algunas deserciones de militantes y dirigentes chavistas que han migrado hacia otras organizaciones partidistas al exigírseles una incondicionalidad absoluta, sin debates internos de ningún tipo que hagan realidad el pleno ejercicio de la democracia participativa y el contenido del Libro Rojo; facilitándose la penetración de elementos de comprobada trayectoria antichavista y contrarrevolucionaria, incluso en estructuras del Estado. Con ello, la apatía y el desencanto que podría estarse esparciendo entre muchos leales al Presidente Chávez y al proceso revolucionario bolivariano nos sitúa ante una perspectiva un tanto pesimista de persistir dichas condiciones inalterables en el tiempo.

A ello se agrega las acusaciones de corrupción administrativa que habría en algunas instituciones gubernamentales sin que exista una investigación convincente de las mismas de parte de los organismos encargados de hacerlo que minimice su impacto en la opinión pública. En tal sentido, la militancia del Psuv no ha asumido una posición de combate frontal contra estos presuntos hechos de corrupción, dejándose llevar por la creencia generalizada e inducida que esto perjudicaría al proceso revolucionario, olvidando que ésta fue una de las causas por las cuales hubo las dos insurrecciones cívico-militares de 1992.

Igualmente, la ausencia de un debate político-teórico serio, objetivo y consecuente a lo interno del Psuv limita enormemente la práctica revolucionaria de la crítica y la autocrítica, especialmente cuando aquellos que ejercen la dirección política y el gobierno se mantienen al margen, obviando los constantes llamados hechos por Hugo Chávez para que promuevan, asistan y tomen en cuenta las conclusiones de tal debate. Tal cosa incrementa la poca atención restada a la formación teórica, desacreditándola como algo desfasado, innecesario y demasiado complicado, optándose por un pragmatismo que -eventualmente- se manifestaría en el logro de una buena gestión pública. En algunos casos, no pocos funcionarios públicos llegan a afirmar que desconocen qué es el socialismo y, en consecuencia, lo que es la lucha de clases.

Otro elemento a considerar es la dualidad de cargos gubernamentales y político-partidistas en manos de una misma persona, cosa que legitima en ella la creencia de ser la encarnación de la revolución por lo que cualquier crítica a su gestión es inmediatamente invalidada, tildada de contrarrevolucionaria y de indisciplina. Asimismo, la existencia de grupos tribales con intereses comunes, pero sin ningún trasfondo político-teórico que pudiera atribuirles la condición de tendencias o corrientes internas del Psuv. Esto se ha manifestado con mayor ímpetu cuando tuvieron lugar las elecciones internas de candidatos al recurrirse a la compra de votos, violando el respeto a la dignidad de las personas, la igualdad de oportunidades y la ética socialista que debe prevalecer en este tipo de eventos. En ello ha influido el papel adoptado por Chávez como presidente del Psuv al elegir a dedo a unos cuantos candidatos, no obstante el enorme rechazo de las bases hacia los mismos, consiguiendo que algunos espacios políticos los esté ocupando la oposición actualmente.

Todo esto ocasiona que las diversas luchas sociales emprendidas por campesinos, estudiantes, jóvenes, comunidades y trabajadores en general sean mal vistas, atribuyéndoselas a planes desestabilizadores de la oposición, a pesar de la legitimidad de sus acciones y su indiscutible militancia en el proceso revolucionario bolivariano. Así, las luchas sociales han perdido la combatividad que las identificó en el pasado, minimizándose en función de una falsa disciplina revolucionaria que se debe acatar sin discusión alguna, no obstante la persistencia de Chávez para que el Psuv le haga acompañamiento a las mismas, teniendo en su dirigencia un eco prácticamente nulo.

A pesar de este conjunto de fallas, vicios, desviaciones y contradicciones, una buena porción de la militancia de base del Psuv confía en la viabilidad del proceso revolucionario bolivariano y en la oportunidad que exista una mejor vanguardia, capaz ésta de trabajar desinteresadamente en función del socialismo. Haría falta crear, entonces, grupos activos, interconectados a nivel nacional, estadal y municipal, con una dirección (si cabe el término) colectiva, horizontal, que apliquen los resultados del Congreso Fundacional del Psuv, lo mismo que los lineamientos programáticos del Libro Rojo; organizando, movilizando y formando, independientemente del cargo partidista o gubernamental que puedan ocupar sus integrantes, ahora o más adelante. Los mismos podrían llevar a cabo actividades de discusión de la situación internacional y/o nacional, sin obviar lo local, ligada a la marcha del proceso de cambios revolucionarios, que contribuya a elevar la conciencia política y teórica de todos sus participantes, convirtiéndose en puntos de referencia a lo interno, sin que se antepongan otros objetivos ajenos a dicho propósito, como el de aspirar a ser candidatos o candidatas en una próxima elección.

Es importante que se entienda que el Psuv no puede ni debe continuar al margen de las luchas populares, convirtiéndose en un cenáculo similar a los de Ad y Copei, siendo sólo una maquinaria electoral efectiva, pero sin promover espacios de protagonismo y de participación de sus bases que sirvan de antesala a la construcción del socialismo revolucionario que se pregona. A lo interno, habría que desempolvar todas aquellas líneas de acción estratégicas formuladas en su momento por el Presidente Chávez, de manera que el Psuv actúe de acuerdo al papel revolucionario que le correspondería.-

¡SI QUEREMOS HACER REVOLUCIÓN (CON MAYÚSCULA), ACABEMOS CON LA “REVOLUCIÓN”!

¡SI QUEREMOS HACER REVOLUCIÓN (CON MAYÚSCULA), ACABEMOS CON LA “REVOLUCIÓN”!

Desde el momento en que Hugo Chávez planteara que la solución a todos los problemas e injusticias inherentes al capitalismo está en la construcción del socialismo revolucionario, se generó un auge respecto a la definición y características de ese socialismo del siglo veintiuno que nada tendría -en lo inmediato- nada que lo vinculara con aquel que se pretendió implementar en la extinta Unión Soviética y en las naciones bajo su órbita imperial. Desde entonces, muchísimas han sido las reflexiones, algunas críticas y propositivas, otras repetitivas, aunque en medio prevalecen más aquellas que pecan de inmediatismo y emotividad, haciéndose eco automático de lo dicho por el Presidente Chávez, sin ahondar mucho. De esta forma, en Venezuela se habla con entusiasmo singular de socialismo, revolución bolivariana o, simplemente, de proceso revolucionario, siendo una nota común que ahora existan empresas socialistas, instituciones públicas socialistas de todo tipo, frentes sociales socialistas y profesionales socialistas (aun cuando su instrucción sea diametralmente opuesta), lo que causa la impresión -a vuelo de pájaro- que el socialismo revolucionario es una realidad consolidada en la patria chica de Bolívar.

Sin embargo, al detallar dicha realidad salta a la vista que la misma todavía está saturada de antivalores y vicios que caracterizaron al régimen representativo administrado por los partidos políticos tradicionales, Ad y Copei, juntamente con las cúpulas empresariales, sindicales, católicas y militares. Esto último es lo que ha impedido -desde cualquier ángulo que se le analice- el avance, la organización y el ejercicio verdaderamente democrático de los sectores populares, los cuales han captado la esencia de lo que significa una revolución socialista; de ahí el porqué del apoyo electoral brindado a Chávez el 7 de octubre, triunfo éste que se le quiere escamotear al pueblo chavista por parte de las organizaciones partidistas que le postularon como candidato a la presidencia de la República.

Esto nos ubica ante dos situaciones absolutamente diferentes, aunque hermanadas por un mismo discurso: por una parte, una “revolución” institucionalizada o burocratizada que tiene en la dirigencia partidista y en quienes ejercen cargos de elección popular a sus exponentes más distintivos, incapaces de promover cambios efectivamente revolucionarios y socialistas, aun cuando se mantienen plegados a una aparente incondicionalidad al líder, Chávez; por otra parte, coexiste a su lado una revolución, con una escasez de teoría que la sustente y profundice, pero mejor compenetrada con los ideales de justicia social, igualdad y democracia participativa que siempre fueron banderas de lucha del pueblo venezolano. Entre ambas hay un forcejeo constante que es apaciguado por la voz del máximo líder (Chávez), lo que ha favorecido mayormente a quienes ocupan cargos gubernamentales y de dirección política, a pesar del amplio rechazo de las bases ante su franca ineficiencia, corrupción e hipocresía. Todo lo cual impone la necesidad de que estas mismas insurjan alguna vez de manera contundente, haciendo irreversible el proceso revolucionario bolivariano y deslastrándolo de aquellos elementos y patrones de conducta pertenecientes al pasado.

Un primer paso en esta dirección sería la multiplicación de las diferentes organizaciones que conformarían el poder popular, ejerciendo éste una contraloría social directa sobre la gestión de gobierno, con la capacidad de enfrentar sin titubeo alguno la demagogia populista, el burocratismo y el clientelismo político heredados de Ad y Copei, además de afianzar las condiciones legales y extralegales que permitan el cambio de estructura del Estado vigente. Para lograrlo, hará falta también la formación teórica de cuadros revolucionarios que asuman la vanguardia en todos los terrenos (incluso, el electoral), de modo que la revolución sea un acontecimiento permanente, desprovisto de dogmas y sectarismos que obstaculicen y estigmaticen la crítica y la autocrítica que podrían contribuir a un mayor avance revolucionario. Sin embargo, hay que advertir que ello no será nada posible mientras no se tenga la audacia de comprender que la revolución implica cambios más allá del simple voto o discurso, dejándose atrás el viejo modelo de sociedad en el cual nacimos y vivimos.-