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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

PARA AVANZAR HACIA EL SOCIALISMO

PARA AVANZAR HACIA EL SOCIALISMO

En su Propuesta Para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019 como candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez expone, entre otras cosas no menos importantes: “Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma de Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política”.

            Tal necesidad pasa por comprender que ello será posible si existe un cambio radical en la conciencia de las mujeres y los hombres de la revolución, adoptándose nuevos patrones de comportamiento que reduzcan, eliminen y se opongan siempre a los existentes bajo el dominio del capital. De nada valdrán reformas constitucionales y legales mientras persista en la gente esa manera de concebir el mundo, en el cual todas las relaciones humanas tienen -prácticamente- un matiz mercantilizado, siendo cosificadas las personas. De igual manera, es imperativo que haya un cambio en las relaciones de poder y de producción, de manera que el poder popular pueda, verdaderamente, asumir el protagonismo, el control y la participación democrática que le destina el socialismo revolucionario. Sin tales elementos en marcha, no perdurará ninguna revolución socialista, del mismo modo como ocurrió con la Unión Soviética y otras experiencias históricas revolucionarias.      

            De ahí que resulte fundamental la promoción de valores que sustituyan los antivalores inculcados por la sociedad de consumo, creados según los intereses egoístas, competitivos y depredadores del capitalismo; valores estos que ya se han difundido a través de muchas de las doctrinas religiosas y forman parte de la educación impartida a niños y adolescentes, pero que -ante el embate constante de la publicidad capitalista- pierden arraigo durante la edad adulta de las personas. Esto debiera representar un objetivo invariable de los revolucionarios, a fin de ir influyendo en ese cambio de conciencia que permitirá, finalmente, la construcción efectiva y duradera del socialismo revolucionario por parte de los sectores populares.

            No basta, por tanto, proclamar al socialismo como alternativa revolucionaria frente a la hegemonía del capital si ello no va acompañado por una firme resolución de cambio cultural y estructural que lo defina y lo consolide. Tampoco es suficiente suponer que la revolución socialista sólo requiere de líderes predestinados y organizaciones monolíticas que no dan espacio a la divergencia de opiniones ni a la crítica en nombre de una mal entendida disciplina de sus militantes, puesto que ello sería condenar de antemano al fracaso todas las tentativas de transformación social, económica y política que se plantearan bajo los ideales socialistas, además de restringir torpe y antidemocráticamente la actuación soberana del poder popular.-

PERSPECTIVAS Y DEFINICIONES NECESARIAS DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

PERSPECTIVAS Y DEFINICIONES NECESARIAS DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

De una u otra forma, el proceso de cambios revolucionarios en Venezuela ha entrado en una etapa vital de definiciones. Esta coincide con los comicios presidenciales del 7 de octubre, en los cuales se enfrentan dos concepciones de lo que debe ser la sociedad venezolana totalmente opuestas: una, de tendencia socialista; la otra, defensora del capitalismo, así de sencillo. Sin embargo, aguas abajo, los sectores populares se mantienen en pugna con el esquema tradicional de gobernar y de ser del Estado vigente que les impide ejercer e incrementar la democracia participativa y protagónica. Por ello mismo se podría afirmar que el proceso revolucionario bolivariano tiene, básicamente, dos definiciones que precisar: la primera respecto a quienes se oponen abiertamente al mismo y la segunda respecto a quienes, en nombre de la revolución socialista, no han contribuido a crear las condiciones para un mayor avance y consolidación de esta.

Esto, necesariamente, tiene que orientarse a producir una revolución anticapitalista, vislumbrando nuevas relaciones de producción en las cuales destaque el control obrero, evitando la alienación y la explotación a que son sometidos los trabajadores. En este sentido, si no se tiene el cuidado y la advertencia que el socialismo revolucionario supera y mejora cualitativamente los mecanismos democráticos logrados bajo el modelo capitalista, se contribuirá de modo inconsciente a concretar tal situación, generando en consecuencia una realidad que suprime la amplitud de criterios, el debate democrático y la vigencia de organizaciones populares soberanas respecto a las diversas instituciones del Estado, siendo esta la característica más resaltante del socialismo revolucionario.

Hace falta, por tanto, profundizar la lucha popular, sin limitarla al ámbito meramente reivindicativo, sino adoptándose una mentalidad de poder. Así, las perspectivas del proceso revolucionario bolivariano debieran apuntar a la conformación de una sociedad de nuevo tipo, cuestión que exige de quienes lo aúpan un mayor nivel de compromiso ciudadano y revolucionario. Esto supone también la adopción de una nueva ética y una nueva moral, basada en la formación teórica y práctica del socialismo revolucionario, con criterio de amplitud y responsabilidad con el futuro de nuestro país, y combate frontal a toda expresión de reformismo. Cabe entonces pensar que el proceso revolucionario bolivariano -de propiciarse mayores espacios de protagonismo popular- podrá enfrentar exitosamente cualquier pretensión de los grupos desplazados del poder, sobre todo, de la red capitalista global conformada por el gobierno de Estados Unidos junto a sus socios de Europa. En este último aspecto, el proceso revolucionario bolivariano tendría que ser antimperialista, siguiendo la senda del Libertador Simón Bolívar y de aquellos que, como él, estuvieron luchando por la emancipación absoluta de nuestra América, asumiendo una posición decididamente internacionalista en favor de la autodeterminación de los pueblos. Todos estos rasgos -en conjunto- podrían significar un salto cualitativo en lo que tiene que ver con su continuidad y consolidación definitiva.-

¿CÓMO ORIENTAR EL EJERCICIO DEL PODER REVOLUCIONARIO?

¿CÓMO ORIENTAR EL EJERCICIO DEL PODER REVOLUCIONARIO?

Para muchos en el planeta, la revolución socialista representa un cambio radical de las relaciones de poder vigentes. No obstante, pocos son quienes asumen con convicción que tal revolución, al transformar las relaciones de poder, tendría que hacer lo propio respecto a la transformación radical de la sociedad en general. Generalmente, esto último se percibe como algo utópico, muy difícil de lograrse, dando por descontado que el pueblo no se hallará jamás preparado para ello, por lo que será preciso acometer algunas reformas bien intencionadas para satisfacer parcialmente las demandas y aspiraciones populares, lo cual implica reforzar las viejas estructuras del Estado que debiera abolirse para instaurar en su lugar otro con características completamente diferentes, tanto en lo que concierne a la soberanía como a la participación protagónica del pueblo. 

Así, el ejercicio del poder revolucionario tendría que orientarse en todo momento al desmontaje del Estado burgués vigente, facilitando las condiciones objetivas para que el poder popular se convierta en el motor fundamental de los diferentes cambios políticos, sociales, culturales y económicos que deben implantarse, de manera que éste reafirme su condición política y revolucionaria con atributos constituyentes, confrontando la lógica y estructuras que sustentan dicho Estado. Esto exige que no exista ausencia de autonomía y de rebeldía por parte de los diferentes colectivos revolucionarios, articulados entre sí, pero cada uno luchando por consolidar la revolución socialista según su ámbito y perspectivas de lucha. En tal sentido, la revolución socialista debiera constituirse desde diversos centros de dirección colectiva, sin la verticalidad que muchas veces se impone creyendo que, de esta forma, se hace más eficiente la lucha revolucionaria, ignorando el papel esencial que deben cumplir en todo momento las asambleas populares a la hora de las decisiones y de la planificación. Esto no puede verse como simple concesión sino que debe marcar la evolución de todo proceso revolucionario si se aspira a su profundización y continuidad, una vía insoslayable para lograr la erradicación definitiva de los valores y de la ideología capitalistas-representativos imperantes.

Sin embargo, hay que señalar que sin una apropiada formación teórica revolucionaria -en constante verificación frente a la realidad circundante- esta aspiración resultará nula, a pesar de ponerse en vigencia leyes de todo tipo que estén determinadas por un alto contenido reivindicativo que hagan pensar que ello es el socialismo revolucionario. Esta última tarea revolucionaria es algo permanente respecto al ejercicio del poder revolucionario. Además, exige mucha crítica y autocrítica de parte de los revolucionarios, de modo que se imposibilite cualquier especie de dogmatismo que termine por inmovilizar toda iniciativa revolucionaria, alejando la posibilidad de derrocar la realidad creada según los intereses del capitalismo.- 

4F-92, ¿REBELIÓN MILITAR O SACUDIDA POLÍTICA?

4F-92, ¿REBELIÓN MILITAR O SACUDIDA POLÍTICA?

Más que el típico golpe de Estado -de los muchos que han marcado y trastocado la historia de la mayoría de las naciones de nuestra América, dominadas tradicionalmente por  “elites” inmorales, parásitas y antisociales- la insurrección del 4 de febrero de 1992 en Venezuela merece catalogarse como un alzamiento patriótico que vino a develar el grave estado de desnacionalización neoliberal y de descomposición moral acelerada que se cernía sobre el pueblo venezolano. Este innegable hecho histórico parece perderse entre el anecdotario y la exaltación del entonces líder del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, ahora convertido por obra y gracia de la voluntad popular en Presidente de la República Bolivariana de Venezuela; quedando siempre abierta la posibilidad de un análisis más exhaustivo y objetivo de las múltiples circunstancias que lo hicieron realidad, enriqueciendo así el pensamiento crítico revolucionario.

Ya antes, la espontánea protesta popular del 27 de febrero de 1989 había evidenciado de manera contundente cuál era la realidad que rodeaba a la partidocracia vigente en Venezuela desde 1958 cuando el estamento político-gubernamental se vio completamente deslegitimado por los sectores populares. A partir de tal fecha, sin un programa político revolucionario a la mano, el país estaba a la búsqueda de alternativas frente a la corrupción impune de quienes lo dirigían, situados en una realidad totalmente distinta a la vivida a diario por la mayoría de venezolanos excluidos.

Como lo refleja Kléber Ramírez Rojas en 1994, en el preámbulo de su libro Historia documental del 4 de febrero, “se produjo un deslinde en la sociedad venezolana entre los eternos usufructuarios del poder y la nación entera, la cual, al captar días después la esencia democrática que motivó esa gesta, le brindó su total solidaridad y apoyo. Esta acción elevó considerablemente el nivel político de la sociedad venezolana hasta alturas no vistas después del 4F. Hoy en día, independientemente del letargo en que se encuentre el pueblo, sabemos que allí hay ideas y sentimientos políticos más claros que antes del 4F-92”. Esto da cuenta de la dimensión política que comenzó a adoptar la rebelión militar, no obstante haber sido aplastada por las fuerzas leales al gobierno de Carlos Andrés Pérez, algo que aún siguen sin explicarse convincentemente algunos analistas e historiadores, lo cual confirma el abismo existente entre el pueblo empobrecido, a pesar de la riqueza petrolera, y quienes se erigieron como sus conductores iluminados.

Por ello es válido calificar de sacudida política lo realizado por los militares y civiles del MBR-200, dándole una estocada mortal al régimen instaurado bajo los lineamientos del Pacto de Punto Fijo, algo de lo que nunca pudo recuperarse y que, por supuesto, siguen sin aceptar sus principales beneficiarios, pero que -entre los sectores populares- tiene una connotación de renovación y de esperanza, otorgándose a sí mismos la oportunidad de protagonizar los cambios que harán más participativa la actividad política y más digna su propia vida. Esto, sin embargo, sigue siendo apenas uno de los muchos ángulos desde los cuales se pudiera caracterizar la rebelión cívico-militar del 4F, cuyo nuevo aniversario debiera estimular en todos los venezolanos una más amplia comprensión, dadas sus repercusiones en el presente y en el futuro del país.-

“NI CAPITAL NI BURÓCRATAS. MÁS SOCIALISMO Y MÁS REVOLUCIÓN”

“NI CAPITAL NI BURÓCRATAS. MÁS SOCIALISMO Y MÁS REVOLUCIÓN”

Entre 2010 y 2011 hubo marchas de trabajadores y agrupaciones de izquierda en algunas ciudades de Venezuela que, pancartas en mano, exigían del Presidente Hugo Chávez una mayor profundización de los cambios con orientación socialista fomentados por su gobierno. En una de tales pancartas se proclamaba “Ni capital ni burócratas. Más socialismo y más revolución”, lo cual resume la posición política e ideológica de amplios sectores populares que respaldan a Chávez y al proceso revolucionario bolivariano que lidera. Ésta ha sido una exigencia constante, puesta de manifiesto en cada foro organizado, incluso durante el debate de las Cinco Líneas Estratégicas de Acción Política del PSUV, resultando fuertemente cuestionados los dirigentes y gobernantes chavistas actuales en cada uno de estos escenarios; algo que, indudablemente, habla de la necesidad de una mayor reflexión, puesto que se palpa y evidencia una falta de sintonía entre lo que se predica y lo que hace en nombre de la revolución socialista. Esta situación -poco advertida por quienes ejercen cargos de gobierno- imposibilita la organización y actuación de un verdadero poder popular revolucionario en el país, dadas las prácticas clientelares y demagógicas que subordinan a sus voceros a los intereses de quienes usufructúan el poder.

Esto, sin embargo, no ha sido obstáculo para que un alto contingente de la población venezolana esté dispuesto a seguir respaldando a Chávez y los diversos cambios de corte revolucionario que viene propiciando. Por ello, los grupos de oposición han buscado concentrar su poder de fuego sobre las deficiencias y contradicciones evidentes de muchos gobiernos locales, a sabiendas que el pueblo mantiene hacia ellos una actitud de rechazo, muy diferente a la que tiene respecto al Presidente. Pero, más allá de ello, el grueso porcentaje de revolucionarios y chavistas progresistas cree indispensables mayores medidas de parte del gobierno nacional, regional y municipal que tiendan a fortalecer el poder popular y, junto al mismo, un cambio estructural del Estado vigente que consolide el socialismo revolucionario. De ahí que el requerimiento en contra del capital y de los burócratas tiene una justificación válida al notar que estos han frenado -en uno u otro sentido- el avance y la organización revolucionaria del pueblo, suscitándose realidades abiertamente incompatibles con el socialismo. En esto último influye enormemente el hecho que gran parte de la dirigencia del chavismo tiene una formación socialdemócrata, con resabios anticomunistas apenas disimulados. Frente a tal circunstancia, no le resta sino a los revolucionarios y chavistas progresistas trabajar a diario por elevar el nivel de conciencia revolucionaria de los sectores populares organizados, apelando a los instrumentos legales y extralegales que contribuyan a darles un perfil de verdadero poder popular, siendo capaz de influir en las decisiones del gobierno.  Con tal orientación, los revolucionarios y chavistas progresistas podrían acelerar la profundización del proceso de cambios revolucionarios, superando la actual transición pequeño-burguesa. Para lograrlo, es importante que tengan en claro que “el reto no es sólo ganar las elecciones. Es ganarlas organizando, educando, movilizando y actuando para que el pueblo sea poder. Podemos ganarlas en las urnas y perderlas en la conciencia y en el inconsciente popular, si las ideas que quedan reforzadas son ideas capitalistas, que fortalezcan las soluciones individuales y, en general, las soluciones que vienen desde poderes externos, como el Estado, alguna iglesia o algún monopolio empresarial con `responsabilidad social’,” como lo refiriera Julio Escalona en uno de sus artículos. En este caso, la participación de revolucionarios y chavistas progresistas en las elecciones presidenciales (y cualquier otra) no tendría otro objetivo que asegurar las condiciones objetivas y subjetivas que han permitido hablar de revolución y de socialismo en Venezuela, antes que considerarla como la estrategia única o principal para alcanzarlo, subestimando así la democracia participativa y los poderes creadores del pueblo.-

NI CABALLOS DE TROYA NI QUINTAS COLUMNAS

NI CABALLOS DE TROYA NI QUINTAS COLUMNAS

“Tomar el poder puede ser relativamente fácil, pero, mantenerse ahí, es extraordinariamente difícil”, afirmaba Vladimir Lenin. Esta es una realidad que ha vivido todo gobierno a través de la historia, sea cual sea el signo ideológico que lo identifique y los intereses que defiende. Por eso, su desgaste progresivo representa una de las mayores preocupaciones que tienen ante sí quienes han accedido al mismo, olvidando el origen o causa que los catapultara al nivel privilegiado que ocupan, secundados muchas veces por el fervor de las masas.

Generalmente, tal situación ocurre cuando la concepción del poder resulta similar a aquella que se pretende desplazar, sin que haya un cambio estructural -sustancial- que dé cuenta de las transformaciones políticas, económicas, sociales, culturales y militares que integrarían el nuevo proyecto de sociedad. Si ello no está marcado por esta característica primordial sólo existe entonces una vulgar ambición de poder por el poder, así tal ambición se encubra bajo una retórica aparentemente revolucionaria. De ahí que surjan las exigencias de una incondicionalidad absoluta, carente de cualquier asomo de crítica o denuncia, que haga posible la perpetuación en el poder de una minoría en nombre de una mayoría, haciéndole saber a esta última que ello es necesario, por el bien de la Patria, inserto en una ideología acomodadiza, demasiado conveniente para muchos “dirigentes” mediocres, oportunistas y demagogos que explotan la credulidad de los sectores populares.

Así, se llega al colmo de señalar que las deficiencias, errores y desviaciones, sumados a la corrupción de algunos funcionarios públicos, es parte de las embestidas de una quinta columna y, en algún caso, de caballos de Troya, representados por enemigos encubiertos del gobierno que se dedican a minar su gestión desde adentro, sirviéndoles de excusa casi de manera permanente cuando la realidad es completamente distinta a la que se denuncia. De esta manera, aquellos que arribaron al poder, revestidos de un aura de renovación y revolución, terminan por actuar igual que sus antecesores, apegados a una especie de manual que los hace alejarse de las expectativas y las necesidades populares, repitiendo las mismas inconsecuencias de los gobiernos del pasado.

A ello habría que agregarle la estructura centralista y vertical del Estado burgués vigente, el cual obstaculiza un mejor desenvolvimiento democrático e independiente de los diferentes movimientos sociales que pudieran organizarse en la búsqueda de una mejor calidad de vida y en la defensa de sus derechos humanos y constitucionales más elementales, cuestión que facilita la vigencia de un clientelismo político que restringe y daña el ejercicio de una democracia realmente participativa y protagónica. Por esto mismo, difícilmente podría hablarse de quintas columnas y de caballos de Troya, puesto que la lógica del poder en nuestros países, principalmente, sigue los mismos patrones que en otras latitudes.

De aceptarse como cierta tal afirmación, los agentes de dichas columnas y caballos de Troya serían entonces quienes demandan una mayor compenetración de los gobernantes de turno con los ideales democráticos que enarbolaran para conquistar el poder (a través de las armas o por el voto popular), resultando en consecuencia “extraños” a la trama de complicidades e intereses de éstos y de su entorno. Para aquellos que usufructúan el poder, sería cosa sencilla endilgarles tal acusación, convencidos de la grave amenaza que representan para sus intereses, en vista que expondrían al sol las garrafales contradicciones de su gestión pública.-

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA, SI NO ES EL SOCIALISMO, ¿QUÉ ES, ENTONCES?

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA, SI NO ES EL SOCIALISMO, ¿QUÉ ES, ENTONCES?

 

            En la instalación de la IV Cumbre de la Deuda Social celebrada en Caracas, Hugo Chávez planteó la necesidad de librar frente a la hegemonía del capital una batalla ideológica y de construir un nuevo mundo para la vida. Allí afirmó que bajo el capitalismo no habría posibilidades para el futuro de los pueblos siempre explotados por las potencias industrializadas del mundo y que el socialismo se imponía como la solución a los graves y profundos desequilibrios generados por este sistema económico. “Yo no tengo dudas, es el socialismo”, manifestó, sugiriendo que, ante tantos socialismos conocidos, se debería inventar el socialismo del siglo XXI.

            Quizás para algunos esta declaración de Chávez constituyó un alerta difícil de asimilar, habida cuenta de la alienación ideológica que arrastran consigo, haciéndoles ver como una aberración cualquier mención al socialismo o al comunismo. No obstante, para otros, formados en la línea ideológica de Marx, Engels y Lenin, sería una confirmación de que la revolución bolivariana iría derivando hacia los cánones clásicos de la revolución mundial. Sin embargo, tal parece que lo afirmado por Chávez no entra de manera irrefutable en ninguna de estas categorías. En el tiempo transcurrido, se ha visto una mezcolanza de ideas y frases que, a nivel de discurso, parecieran exteriorizar que el proyecto bolivariano venezolano se inserta en uno u otro rumbo, sin llegar a una definición más aproximada de lo que ocurre realmente en Venezuela.

           Por ello, cobra relevancia el hecho que Chávez haya planteado el debate, especialmente cuando muchos nos preguntamos cuál es la caracterización más acertada de este proceso revolucionario venezolano. Más aún, si consideramos como sus antecedentes históricos e ideológicos lo hecho por gente de izquierda, los cuales parten de la década de los sesenta cuando el país estaba sumido en la lucha guerrillera y, luego de 1989, cuando se empezó a manejar la hipótesis de la toma del poder mediante un golpe de Estado cívico-militar-religioso, tal como lo esbozaran en su tiempo Douglas Bravo y sus camaradas del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) y del Movimiento Político Ruptura.

            Esto exige que haya una exhaustiva revisión de aquellos antecedentes y verificar cuáles elementos originales se conservan todavía y cuáles habrán cambiado a la luz de los nuevos tiempos. En tal sentido, las fuerzas revolucionarias y progresistas de este país debieran abocarse a discutir sus pormenores, puesto que de ello se desprendería una mejor definición ideológica de lo que es, y debiera ser, la revolución bolivariana. Sin embargo, poco se ha hecho al respecto, quedando todo en esporádicos debates que, prácticamente, denotan una completa ausencia de debate, por lo limitado de su convocatoria, influencia y participantes. Tal ausencia de debate favorece que mucha gente que se dice revolucionaria reproduzca, sin rubor y, en algunos casos, hasta, sin culpa, el mismo tipo de conducta observado bajo el anterior régimen puntofijista. Por eso, una iniciativa de esta naturaleza luce desenfocada, en opinión de gran parte de los dirigentes chavistas, al no controlar sus posibles e impredecibles consecuencias. Otros sencillamente la estiman innecesaria, ateniéndose sólo a la imagen de Chávez para todo. Otros creen que todo está reflejado en la Constitución de 1999. No obstante, cabe preguntarse, en este último caso: si todo el texto constitucional se cumpliera al pie de la letra, ¿cuál sería, entonces, el siguiente paso de la revolución bolivariana, enfrentada -en apariencia- a la vorágine de la globalización neoliberal? ¿Acaso no sería el socialismo, lo que implicaría una socialización del ejercicio del poder político y de la riqueza, en nada subordinada a las estructuras del Estado?

          Basta analizar el conjunto de acciones emprendidas por el Presidente Chávez para entrever de qué tipo de socialismo se trata, yendo más allá del simple discurso. Guiados por este espíritu, podríamos determinar hasta qué punto se estaría construyendo el socialismo en Venezuela y cuáles serían los pasos a seguir para que ello sea posible, sin caer en mero reformismo. Esto coincidiría con la iniciativa promovida recientemente por algunos colectivos revolucionarios, deseosos de ahondar en los cambios y la orientación socialista del proceso bolivariano en Venezuela.- 

           

 

EL RECLAMO DE LOS YUKPAS: PRUEBA DE FUEGO PARA LA "REVOLUCIÓN BOLIVARIANA"

EL RECLAMO DE LOS YUKPAS: PRUEBA DE FUEGO PARA LA "REVOLUCIÓN BOLIVARIANA"

 “El gobierno le teme al pueblo…por eso tiene tantos soldados y policías. Tiene un miedo muy grande. En consecuencia, es muy pequeño. Nosotros le tenemos miedo al olvido, al que hemos ido achicando a fuerza de dolor y sangre. Somos, por tanto, grandes.” Sub-Comandante Insurgente Marcos, EZLN.

El reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indígenas de Venezuela en 1999 supuso un avance positivo en la historia de segregación, explotación, marginamiento y desprecio consuetudinario que éstos padecieran desde la invasión europea al extenso territorio de Abya Yala, nuestra América. Sin embargo, la ponencia del Tribunal Supremo de Venezuela del pasado 31 de julio, a través de la Sala Constitucional, que declaró inadmisible el amparo procurado por representantes del pueblo yukpa de la Sierra de Perijá, en el estado Zulia, en contra del cacique Sabino Romero, deja prácticamente convertida en letra muerta dicho reconocimiento.

Los yukpas solicitaron que se declarara sin lugar la decisión de la Corte de Apelaciones Número 2 de esta entidad federal respecto al juicio que se le sigue a Romero, además de a otros indígenas, acusados todos de homicidio calificado y lesiones por un problema de tenencia de tierras (las cuales comprenden, por cierto, una franja de explotación de minerales de carbón, fosfato y uranio, además de ser apetecidas por hacendados), acaecido el 13 de octubre de 2009, considerando que el artículo 260 de la Carta Magna venezolana establece que “las autoridades legítimas de los pueblos indígenas podrán aplicar en su hábitat instancias de justicia con base en sus tradiciones ancestrales y que sólo afecten a sus integrantes, según sus propias normas y procedimientos (…)”, algo que se podría ampliar con la interpretación y aplicación del artículo 119 del mismo texto, al hablar del reconocimiento de las instituciones del Estado de su organización social, política y económica, sus culturas, usos y costumbres, entre otros derechos inalienables. Según el reclamo de los yukpas, la justicia ordinaria penal es incompetente para juzgar este caso, basándose en lo enunciado en la Constitución y en los acuerdos internacionales suscritos y ratificados por Venezuela que le reconocen a los pueblos indígenas una jurisdicción especial, algo que ahora se pone a prueba con este amparo denegado por el TSJ.

En esta situación, los poderes del Estado venezolano estarían contradiciendo el espíritu de la máxima ley de los venezolanos, no obstante conocer que los hechos se suscitaron en un territorio indígena, siendo protagonizados por indígenas, lo cual -de aceptarse la legitimidad del reclamo yukpa- no choca con los demás derechos admitidos y garantizados constitucionalmente. Sin embargo, es innegable que aún existe un prurito clasista y conservador en las instituciones públicas de este país que les impide adecuarse a las corrientes del tiempo histórico que se vive en éste y resto de naciones de nuestra América, en especial con lo que corresponde a la total transformación de los poderes públicos, en concordancia, precisamente, con los postulados de la Constitución bolivariana.   

Como escribiera, a propósito de este tema, Francisco Sierra Corrales: “Más valor y posiciones de avanzada ha tenido la judicatura Colombiana, a pesar de reinar un régimen terrorista de ultraderecha, gobernado por el narco-paramilitarismo y una constitución de democracia representativa y no obstante han tomado decisiones, en donde magistrados y jueces han enjuiciados a connotados jefes del régimen, le negaron la segunda re-elección al capo mayor y ahora le han abierto averiguación al hijo de Uribe y han destapado el caso de la fosa de la Macarena, con paracos armados hasta los dientes y las tropas yanquis de respaldo, apuntándolos al corazón o a la cabeza”. En tiempos supuestamente revolucionarios y socialistas, ésta sería la mejor oportunidad de demostrar la disposición de cambiar sustancialmente el viejo modelo civilizatorio en que nos desenvolvemos, sin las contradicciones ni las injusticias que le son característicos.-