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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LAS ELECCIONES REGIONALES Y LA DEPURACIÓN NECESARIA DEL PROCESO BOLIVARIANO

LAS ELECCIONES REGIONALES Y LA DEPURACIÓN NECESARIA DEL PROCESO BOLIVARIANO

Quienes serán candidatos en nombre del Presidente Hugo Chávez y del proceso revolucionario bolivariano (aún en funciones de gobierno) ahora más que nunca estarán obligados a propiciar cambios sustantivos en sus respectivas gestiones, de modo que no se defraude esa fe popular manifestada a través del voto este 7 de octubre. Así, cada uno de ellos, lo mismo que las organizaciones partidistas del chavismo, debe contribuir efectivamente a la organización y a la formación teórica del poder popular, haciendo irreversible la marcha hacia el socialismo revolucionario, siendo parte de uno de los objetivos históricos dados a conocer por Chávez durante su reciente campaña electoral. En conformidad con este propósito revolucionario, es preciso generar cuanto antes un debate de altura respecto a lo que sería la nueva etapa del proceso bolivariano que se inicia con la reelección del Presidente Chávez y no confiarse nada más que en el acompañamiento pasivo de la población chavista. Con esto se podrían adelantar acciones tendentes a asegurar mejores niveles de conciencia política e ideológica de las bases chavistas, velando por lograr la efectividad y la transparencia de la gestión gubernamental y, por añadidura, la transformación del modelo de Estado burgués actual, convirtiéndolo en un Estado comunal de características realmente socialistas.

Se hace necesario, por tanto, no seguir atrapados en el círculo vicioso del sectarismo y el clientelismo político heredado del puntofijismo, algo que ha impedido sobremanera la independencia y un mayor avance de los sectores populares organizados en el ejercicio de la democracia participativa y la contraloría social. Lo mismo vale respecto a la prepotencia con que actúan muchos funcionarios públicos “revolucionarios”, desdeñando la participación y el protagonismo del poder popular, cuestión ésta que debe ser combatida en todo momento, puesto que -de continuar- hará dificultoso mantener en el futuro esa empatía lograda hasta ahora por Chávez con el pueblo venezolano, reflejada en esta última elección presidencial y en los demás procesos electorales realizados. Éste sería el momento oportuno para iniciar esa depuración necesaria del proceso bolivariano, contando con el apoyo de los sectores populares que reclaman eficiencia y efectividad de sus actuales gobernantes.

No se debe obviar que la madurez política del pueblo le ha permitido diferenciar la gestión de Chávez de aquellas que vendrían cumpliendo gobernadores y alcaldes, por lo que no sería sensato pensar que los votos del Presidente se endosarían automáticamente a cualquier candidato chavista, lo que exige mayor inteligencia de parte de los partidos políticos aliados, incluyendo al PSUV, para no permitirle a la oposición la conquista de espacios en las siguientes elecciones a través de una designación candidatural basada en simpatías o compromisos particulares. Aunque el tiempo sea relativamente muy corto para una reflexión más profunda al respecto, se podría iniciar diálogos abiertos con todas las fuerzas políticas y sociales que respaldan el proceso revolucionario bolivariano, conformándose mesas de trabajo puntuales que permitan visualizar las herramientas y las medidas a adoptar para que exista una compenetración real y permanente a nivel gubernamental con las organizaciones populares. Con ello en mente, podría hacerse realidad una plataforma unitaria revolucionaria basada en acciones y propuestas viables más que en acuerdos cupulares partidistas que, muchas veces, secuestran la participación de las bases, algo que debiera desterrarse a partir del momento en que la voluntad popular ratificara a Hugo Chávez en la presidencia de la república para el período 2013-2019.-

LA ESTRATEGIA DE DESCONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

LA ESTRATEGIA DE DESCONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

Tras el discurso “progresista” del candidato de los factores “democráticos” hay, indudablemente, un programa económico de estirpe neoliberal que no solamente atentaría directamente contra las condiciones socioeconómicas de los sectores populares -en el hipotético caso que él resultara electo presidente- sino que afectaría igualmente a la clase media y a los empresarios venezolanos, ya que se privilegiaría enormemente la participación de corporaciones transnacionales en condiciones flexibilizadas en la economía nacional, quedando ésta sometida al engranaje de la globalización económica bajo la tutela estadounidense y europea.

No es casual esta identidad  neoliberal (y neofascista) del principal candidato opositor, dada su extracción social y los vínculos ideológicos con los neo-con yanquis a través de organismos sobrevivientes de la Guerra Fría como la USAID y la NED. Para que esto tenga su efecto en los resultados electorales, la oposición activó una campaña propagandística que borra todo el pasado de corrupción administrativa, miseria y represión que representaron los gobiernos adecos y copeyanos, atribuyéndole a Hugo Chávez Frías todos los males habidos y por haber en Venezuela, además de todas las negligencias y omisiones cometidas o por cometer de la administración pública a nivel regional o municipal, haciendo irrelevante el hecho comprobado que un grueso porcentaje de funcionarios públicos provienen de aquellos gobiernos anteriores a 1998. De esta suerte, tales funcionarios adoctrinados en la socialdemocracia serían responsables directos de la negligencia y omisiones del Estado venezolano al no corresponder su práctica burocrática con la exigencia de cambio estructural impuesta por una democracia participativa y protagónica, dinamizada y empoderada por los sectores populares organizados.

Esta descontextualización histórica por parte de los grupos opositores le ha servido para presentarse ante el electorado como una opción de futuro cuando la realidad es totalmente inversa, al representar ese pasado atroz y antidemocrático que fuera confrontado y deslegitimado por el pueblo de Bolívar, produciendo una crisis generalizada que tendía a agudizarse a medida que transcurría el tiempo. Gracias a este recurso propagandístico, lo hecho por los colonizados liderados por el Libertador Simón Bolívar para obtener la independencia política de España resulta algo sin mucha relevancia para el presente y el futuro nacionales, un asunto obsoleto que atrasa al país respecto al mundo globalizado de hoy, razón más que suficiente para deslastrarse de Chávez y su propuesta de refundación de la república bolivariana. Según esta visión opositora, desde 1958 hasta 1998 Venezuela vivió una era democrática de idílica relación de clases sociales. Nunca hubo -por consiguiente-  represalia, encarcelamiento, tortura, asesinato y desaparición de militantes de la izquierda revolucionaria ni de dirigentes populares bajo su régimen representativo.

Esto ha permeado, incluso, la opinión de algunos chavistas, interesados como están en contar con cierta seguridad respecto al rumbo a seguir por el proceso de cambios bolivariano, pero sin los riesgos de una revolución socialista radicalizada, como lo demanda una gran mayoría de los movimientos populares revolucionarios. Por ello, se impone una lectura más profunda y objetiva de lo que está en juego el 7 de octubre y actuar en consecuencia para que el proceso de cambios bolivariano se haga una realidad irreversible, consolidando el protagonismo popular y la transición hacia el socialismo revolucionario.-

EL EFECTO MARIPOSA DE LA OPOSICIÓN

EL EFECTO MARIPOSA DE LA OPOSICIÓN

Los grupos de derecha que se oponen al proceso revolucionario bolivariano dentro y fuera de Venezuela se hallan actualmente activando una campaña de rumores y matrices de opinión que siembren temores, dudas y zozobra entre los venezolanos a través de sus diferentes canales mediáticos, de tal manera que ella pueda precipitar resultados distintos a los proyectados hasta ahora en la mayoría de las encuestas que dan como seguro ganador al Presidente Hugo Chávez. Esta es una situación que -al margen de lo que se crea o no respecto a quién o quiénes estarían detrás de su planificación y ejecutoria- de no saberla enfrentar el gobierno nacional y las fuerzas políticas que le respaldan, podría desencadenar el efecto deseado por las fuerzas opositoras, avivando sus expectativas y estimulando la abstención de algún porcentaje de votantes chavistas al momento de efectuarse la elección presidencial. Esto se aprecia -sobre todo- en el ataque pertinaz de la dirigencia contrarrevolucionaria a propósito del fatal incendio ocurrido en la planta de refinación de PDVSA, ubicado en Amuay, atribuyéndole toda la culpa a Chávez y a su equipo de gobierno, a pesar de conocer que ello pudo ocurrir igualmente en cualquier refinería del mundo y conocer, además, la prontitud con que actuaron las autoridades respecto a la atención a las familias de las víctimas, tanto militares como civiles, y al incendio en sí.


Por ello, no obstante adoptarla oposición una apariencia demócrata, humanista e incluyente para posicionarse electoralmente frente a los sectores populares que siempre despreciaron sin disimulo alguno, tildándolos repetidas veces de hordas salvajes, la misma está afanada en provocar un clima de violencia política, de ingobernabilidad y de miedo que le permita generar el marco adecuado para desconocer los resultados electorales del 7 de octubre, algo que poco se han cuidado de disimular sus dirigentes, en la confianza que serán secundados en sus propósitos fascistas por el imperialismo yanqui, refrescando el guión aplicado en otros países bajo la excusa de defender la democracia. Así, esta campaña de rumores y matrices de opinión tendría un efecto mariposa, con una finalidad predeterminada, por lo que, en esta dirección, se requeriría una contraofensiva mediática de parte del chavismo que desnude los propósitos antidemocráticos, privatizadores y desnacionalizadores que encubren los grupos opositores con su oferta demagógica de “progreso”, desmantelándose, al mismo tiempo, su estrategia de manipulación informativa.

Esto es algo que el pueblo venezolano no puede ignorar ni pasar por alto, haciendo caso de los cantos de sirena de la oposición derechista, puesto que sus intereses no son los mismos de los sectores populares, tal como lo quiere hacer creer en la presente campaña electoral, eludiendo su identificación con el modelo capitalista neoliberal. Por dicho motivo, quienes defienden la posibilidad nunca descartable de organizar una verdadera revolución socialista en la patria bolivariana tendrían que articular esfuerzos alrededor de un mismo proyecto político revolucionario, con una ética socialista bien definida, sin sectarismos partidistas ni ambiciones personalistas que son contrarios al logro de este importante objetivo.-
 

 

LO QUE ESCONDE CAPRILES RADONSKI

LO QUE ESCONDE CAPRILES RADONSKI

El discurso de Capriles Radonski está dirigido primordialmente a una minoría de mentalidad reaccionaria o conservadora, a quien le induce a pensar solamente en el presente y en la satisfacción egoísta de sus propios intereses, sin tener preocupación alguna por los demás ni por el futuro de la nación. Esto último apunta -sin duda- al establecimiento de un proceso de desnacionalización progresiva, como lo apuntara no hace mucho tiempo Carlos Lanz Rodríguez, que cree en lo futuro las condiciones ideales requeridas para un protectorado de Venezuela por parte del imperialismo yanqui, respondiendo así al plan de dominación continental que éste se trazara décadas atrás, cuando apuntalara para ello el ALCA y los diferentes planes militares que harían de nuestra América una vasta colonia regida por Washington. Para Capriles Radonski y sus acólitos, la Patria es algo obsoleto, siendo lo deseable el estilo de vida de los estadounidenses, con lo que se estaría generando la misma situación de alienación, de psicosis y de discriminación que padece -desde hace más de un siglo- la sociedad de consumo norteamericana. Asimismo, se debe resaltar que la oferta electoral de Henrique Capriles Radonski y sus acompañantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) buscan esquivar el espinoso asunto de la explotación capitalista de los trabajadores (profesionales o no), enarbolando un supuesto progreso que alcanzará para “todos”, pero que no alteraría en absoluto la existencia de las dos clases sociales predominantes en el sistema capitalista a nivel mundial: burguesía y proletariado (trabajadores asalariados, profesionales o no), las cuales son antagónicas y bien diferenciadas, en tanto intereses y estilos de vida.

Esto no es admitido, por supuesto, públicamente por los representantes de la oposición, pero el análisis simple de sus “propuestas” de gobierno no dejan lugar a dudas al respecto, quedando en un limbo retorico todo lo referente a la democracia participativa y protagónica, la solidaridad, la inclusión social y la independencia nacional, cuya concepción y comprensión son diametralmente contrarias a aquellos que aprendió a valorar la mayoría de los venezolanos desde 1998. De esta forma, se apela al individualismo, dejando entrever que únicamente quienes estén dispuestos a sobresalir -en una competencia darwiniana promovida y amparada por el Estado- obtendrán el progreso que envidian a Estados Unidos, Japón y Europa (obviando las secuelas de la crisis actual del régimen capitalista neoliberal en todo el planeta); la cual, extendida a toda la nación bolivariana, suscitaría la ruptura de la unidad geopolítica y, por ende, el desequilibrio en la distribución del ingreso nacional, quedando a la zaga aquellos estados y municipios que no disponen de los recursos y las potencialidades económicas de los demás. Esto, forzosa e indudablemente, conduciría a Venezuela a una política de privatización de empresas y servicios a cargo del Estado, sobre todo, de PDVSA, la tan apetecida gallina de los huevos de oro, quedando la población venezolana a merced de los dueños del capital transnacional y de sus lacayos locales, decidiendo los mismos qué le “convendría” a ésta, sin afectar sus negocios e intereses.


Básicamente, Capriles Radonski, y la oposición en general, está reivindicando el viejo recetario neoliberal recomendado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que hizo detonar el alzamiento popular del 27 de febrero de 1989, así como lo contenido en la Agenda Venezuela bajo la presidencia de Rafael Caldera que significó la eliminación de las prestaciones sociales de los trabajadores y la privatización de la CANTV y otras empresas estatales.

Todo ello enlaza la opción opositora con ese pasado adeco-copeyano que niegan y no quieren asumir como propio; de ahí que reiteren las palabras cambio y futuro en su estrategia propagandística como un mecanismo para desmarcarse -aparentemente- de tal pasado nefasto y antidemocrático. Para lograr su cometido final, de resultar victorioso Capriles el 7 de octubre, la oposición tendría que desmontar pieza por pieza el marco jurídico-constitucional levantado en Venezuela por iniciativa (prácticamente) exclusiva del Presidente Hugo Chávez, precisamente todo aquello que ha elevado la moral, la dignidad, la convicción democrática y su razón de ser de los sectores populares, creyendo quizás, en su ceguera ante la realidad nacional, que éstos reaccionarán de modo pasivo e indiferente ante sus medidas de corte neoliberal.-

NO SE TRATA SIMPLEMENTE DE APOYAR A CHÁVEZ

NO SE TRATA SIMPLEMENTE DE APOYAR A CHÁVEZ

         En plena campaña electoral por la presidencia del país, las venezolanas y los venezolanos que respaldan a Hugo Chávez no deben olvidar que la trascendencia de su reelección radica más en la disposición de avanzar resueltamente en la construcción de un socialismo revolucionario verdadero  en Venezuela que en la obtención segura de una cantidad desbordante de votos a su favor el 7 de octubre. Esta es una circunstancia histórica que no sólo se reflejará a lo interno de Venezuela sino que tendrá también sus repercusiones en el ámbito internacional, sobre todo en lo que atañe a las luchas populares de nuestra América. Por ello, quienes se manifiestan de acuerdo con el socialismo revolucionario en esta nación tienen ante sí un compromiso que va más allá de la defensa de unas siglas partidistas, de un interés personal o de una gestión de gobierno determinada.

            Así, habría que recalcar que, al hablarse del reconocimiento de la soberanía del pueblo, se debe comprender que ello significa ser partícipes de la idea de transferirle a ese mismo pueblo el poder que tradicionalmente ha sido usufructuado por las elites gobernantes, eliminando todo rasgo de representatividad para dar nacimiento a la democracia participativa y protagónica en toda su potencialidad y originalidad creadora. De ahí que no basten los discursos ni las buenas voluntades para lograrlo. Hace falta producir una revolución desde abajo que termine por influir en el cambio estructural del Estado en todas sus manifestaciones, de manera que el ejercicio pleno de la soberanía popular marque el camino a seguir en la construcción y  el desarrollo del socialismo revolucionario, sin dogmas preestablecidos que afecten su organización y movilización, por lo que todas las instancias gubernamentales han de compartir esta nueva concepción del poder, lo que implicará que la gestión del gobierno (y, por extensión, del Estado) sea esencialmente popular. Habría que procurar, por tanto, una democratización del poder, expresada ésta en la autogestión de las comunidades organizadas, evitándose entonces el autoritarismo, la verticalidad y la jerarquización que caracterizan hoy por hoy, a nivel mundial, las relaciones de poder en beneficio de unas minorías dominantes. Como podría inferirse, todo esto escapa al escenario meramente electoral y supone una tarea permanente, sustentada en la elaboración, difusión y debate de una teoría revolucionaria que la explique y la consolide, definiéndose el socialismo revolucionario propiamente dicho. 

Otra de las cosas que debiera revisarse a profundidad -a la par de la campaña electoral- es lo que tiene que ver con el orden económico imperante, si aún estamos hablando de la construcción de un socialismo revolucionario que, aunque parezca algo trasnochado para algunos dentro del chavismo gobernante, representa la alternativa histórica para desmantelar definitivamente el sistema capitalista, explotador y depredador de plusvalía y de recursos naturales. No se pueden promover relaciones económicas capitalistas que, en el fondo, resultan ser relaciones eminentemente egoístas, y querer construir -al mismo tiempo- formas de convivencia de carácter socialista, siendo las mismas incompatibles, en esencia y objetivos; repitiéndose así, en cierto modo, la historia y planteamientos de los socialistas utópicos de hace siglos atrás, quienes creyeron ingenuamente que de esta forma se humanizaría el capitalismo. Hace falta ser más decididos en esta materia y no prolongar más las contradicciones que resultan de ello, dejando brechas abiertas para que se perfile una nueva clase burguesa, pero ahora con ropajes “socialistas”, manteniéndose en consecuencia los mismos grados de diferenciación entre ricos y pobres que siempre ha combatido el socialismo revolucionario en el mundo. De ahí que no se trate simplemente de apoyar a Hugo Chávez en estas elecciones sino de contribuir a la profundización y ampliación de los cambios hasta ahora alcanzados bajo su liderazgo.-

CINCO OBJETIVOS HISTÓRICOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SOCIEDAD MEJOR

CINCO OBJETIVOS HISTÓRICOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SOCIEDAD MEJOR

Mediante los cinco objetivos históricos que forman parte de su propuesta de gobierno, el Presidente Hugo Chávez ha puesto de relieve asuntos de primer orden que debieran contribuir a una mayor definición de los diversos cambios políticos, económicos, sociales, culturales y militares que han tenido lugar en Venezuela, apuntando con ello a la realización, consolidación y profundización de una revolución socialista inédita y, por tanto, de nuevo tipo que sirva, a su vez, de guía para el resto de los pueblos que luchan por su liberación y su desarrollo integral. Por eso, el objetivo referido a la independencia no sólo abarca el derecho que asiste a  toda nación de existir de manera soberana en el contexto internacional, sino también a lo que la misma implica -de modo general- en el contexto actual cuando el imperialismo yanqui y sus socios de la OTAN pisotean la soberanía de nuestros pueblos para imponerles el control de sus recursos estratégicos, como ocurre con los países del Medio Oriente. Tal cosa no puede interpretarse como patriotería trasnochada, dando por entendido que nuestros países deban plegarse a los dictados imperiales de Washington para acceder a las “bondades” del mercado capitalista globalizado y así “modernizarlos”, tal como se desprende de la oferta demagógica de “progreso” de los sectores contrarrevolucionarios.

Pero ello no sería aún suficiente sino se consigue impulsar, consolidar y profundizar la construcción del socialismo revolucionario, modificando sustancialmente los patrones de conducta y las relaciones de poder actualmente existentes, de manera que correspondan a los esquemas de la democracia participativa. De este modo será posible también construir un nuevo esquema económico productivo, diametralmente diferente al capitalista, y un Estado acorde con las exigencias de mayor participación y de control democrático del poder popular. A la larga, una vez desarrollados estos objetivos históricos, Venezuela se transformaría en un país-potencia económica, política y socialmente que contribuya a la conformación de una zona de paz en nuestra América, en vez de la proliferación de planes y de bases militares bajo la tutela directa del Comando Sur estadounidense. De ahí que resulte fundamental entender que esto responde a la necesidad del establecimiento de una nueva geopolítica internacional -con un mundo multicéntrico y pluripolar-, que rompa así con la hegemonía mundial impuesta por las transnacionales capitalistas por medio de sus gobiernos y ejércitos imperialistas.

Con el quinto objetivo, se plantea la urgencia que tiene la humanidad de salvaguardar la vida en nuestro planeta, cuestión que nos obliga a proyectar un modelo productivo eco-socialista en el cual predomine la relación armónica de las personas y el medio ambiente por encima del interés comercial habitual. Así, conquistados tales objetivos históricos podrían alcanzarse los niveles de soberanía, de democracia, de cambio económico y de justicia social que aspira el pueblo bolivariano de Venezuela.-

PARA AVANZAR HACIA EL SOCIALISMO

PARA AVANZAR HACIA EL SOCIALISMO

En su Propuesta Para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019 como candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez expone, entre otras cosas no menos importantes: “Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma de Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política”.

            Tal necesidad pasa por comprender que ello será posible si existe un cambio radical en la conciencia de las mujeres y los hombres de la revolución, adoptándose nuevos patrones de comportamiento que reduzcan, eliminen y se opongan siempre a los existentes bajo el dominio del capital. De nada valdrán reformas constitucionales y legales mientras persista en la gente esa manera de concebir el mundo, en el cual todas las relaciones humanas tienen -prácticamente- un matiz mercantilizado, siendo cosificadas las personas. De igual manera, es imperativo que haya un cambio en las relaciones de poder y de producción, de manera que el poder popular pueda, verdaderamente, asumir el protagonismo, el control y la participación democrática que le destina el socialismo revolucionario. Sin tales elementos en marcha, no perdurará ninguna revolución socialista, del mismo modo como ocurrió con la Unión Soviética y otras experiencias históricas revolucionarias.      

            De ahí que resulte fundamental la promoción de valores que sustituyan los antivalores inculcados por la sociedad de consumo, creados según los intereses egoístas, competitivos y depredadores del capitalismo; valores estos que ya se han difundido a través de muchas de las doctrinas religiosas y forman parte de la educación impartida a niños y adolescentes, pero que -ante el embate constante de la publicidad capitalista- pierden arraigo durante la edad adulta de las personas. Esto debiera representar un objetivo invariable de los revolucionarios, a fin de ir influyendo en ese cambio de conciencia que permitirá, finalmente, la construcción efectiva y duradera del socialismo revolucionario por parte de los sectores populares.

            No basta, por tanto, proclamar al socialismo como alternativa revolucionaria frente a la hegemonía del capital si ello no va acompañado por una firme resolución de cambio cultural y estructural que lo defina y lo consolide. Tampoco es suficiente suponer que la revolución socialista sólo requiere de líderes predestinados y organizaciones monolíticas que no dan espacio a la divergencia de opiniones ni a la crítica en nombre de una mal entendida disciplina de sus militantes, puesto que ello sería condenar de antemano al fracaso todas las tentativas de transformación social, económica y política que se plantearan bajo los ideales socialistas, además de restringir torpe y antidemocráticamente la actuación soberana del poder popular.-

PERSPECTIVAS Y DEFINICIONES NECESARIAS DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

PERSPECTIVAS Y DEFINICIONES NECESARIAS DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

De una u otra forma, el proceso de cambios revolucionarios en Venezuela ha entrado en una etapa vital de definiciones. Esta coincide con los comicios presidenciales del 7 de octubre, en los cuales se enfrentan dos concepciones de lo que debe ser la sociedad venezolana totalmente opuestas: una, de tendencia socialista; la otra, defensora del capitalismo, así de sencillo. Sin embargo, aguas abajo, los sectores populares se mantienen en pugna con el esquema tradicional de gobernar y de ser del Estado vigente que les impide ejercer e incrementar la democracia participativa y protagónica. Por ello mismo se podría afirmar que el proceso revolucionario bolivariano tiene, básicamente, dos definiciones que precisar: la primera respecto a quienes se oponen abiertamente al mismo y la segunda respecto a quienes, en nombre de la revolución socialista, no han contribuido a crear las condiciones para un mayor avance y consolidación de esta.

Esto, necesariamente, tiene que orientarse a producir una revolución anticapitalista, vislumbrando nuevas relaciones de producción en las cuales destaque el control obrero, evitando la alienación y la explotación a que son sometidos los trabajadores. En este sentido, si no se tiene el cuidado y la advertencia que el socialismo revolucionario supera y mejora cualitativamente los mecanismos democráticos logrados bajo el modelo capitalista, se contribuirá de modo inconsciente a concretar tal situación, generando en consecuencia una realidad que suprime la amplitud de criterios, el debate democrático y la vigencia de organizaciones populares soberanas respecto a las diversas instituciones del Estado, siendo esta la característica más resaltante del socialismo revolucionario.

Hace falta, por tanto, profundizar la lucha popular, sin limitarla al ámbito meramente reivindicativo, sino adoptándose una mentalidad de poder. Así, las perspectivas del proceso revolucionario bolivariano debieran apuntar a la conformación de una sociedad de nuevo tipo, cuestión que exige de quienes lo aúpan un mayor nivel de compromiso ciudadano y revolucionario. Esto supone también la adopción de una nueva ética y una nueva moral, basada en la formación teórica y práctica del socialismo revolucionario, con criterio de amplitud y responsabilidad con el futuro de nuestro país, y combate frontal a toda expresión de reformismo. Cabe entonces pensar que el proceso revolucionario bolivariano -de propiciarse mayores espacios de protagonismo popular- podrá enfrentar exitosamente cualquier pretensión de los grupos desplazados del poder, sobre todo, de la red capitalista global conformada por el gobierno de Estados Unidos junto a sus socios de Europa. En este último aspecto, el proceso revolucionario bolivariano tendría que ser antimperialista, siguiendo la senda del Libertador Simón Bolívar y de aquellos que, como él, estuvieron luchando por la emancipación absoluta de nuestra América, asumiendo una posición decididamente internacionalista en favor de la autodeterminación de los pueblos. Todos estos rasgos -en conjunto- podrían significar un salto cualitativo en lo que tiene que ver con su continuidad y consolidación definitiva.-