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TEMAS ANTIIMPERIALISTAS

¿SE IMPONDRÁ EL GOBIERNO MUNDIAL DE ESTADOS UNIDOS?

¿SE IMPONDRÁ EL GOBIERNO MUNDIAL DE ESTADOS UNIDOS?

Nadie -en su sano juicio- negará de forma categórica el carácter belicista e imperialista de Estados Unidos, la potencia industrializada y capitalista que en la actualidad se ha esparcido con sus tropas libremente por todo el planeta, ejerciendo un derecho de conquista jamás igualado en la historia humana. Menos aún, los planes militares que ha diseñado y pretende aplicar desde hace tiempo para controlar de manera directa los diversos recursos estratégicos diseminados en varios continentes que requiere su modelo de sociedad consumista, entre los cuales resaltan el agua, la biodiversidad y los hidrocarburos.

El poder supranacional encarnado por Estados Unidos no es producto del azar, ni el “destino manifiesto” decretado por alguna deidad, como algunos lo creen, sino la consecuencia de un bien ponderado y prolongado trabajo de think-tanks que tiene su principal base de sustentación a las oligarquías financieras, las fundaciones “democráticas” y los grupos elitistas políticos; todo lo cual se ha traducido en un consenso generalizado que legitima e, incluso, justifica cualquier acción imperialista gringa, aún cuando ello sea una deliberada violación de la autodeterminación de los pueblos y de los principios del derecho internacional, basada en una campaña sistemática de mentiras y de manipulación de noticias. Cosa que, indudablemente, beneficia los intereses capitalistas de una minoría, cuya influencia es activa aún respecto a aquellos gobiernos que son nominalmente anticapitalistas y antiimperialistas, obligados como están a mantenerse dentro del círculo de la economía internacional que ésta maneja a su antojo, actuando en un teatro de operaciones mundial, sin dependencia de ningún poder constituido.

Para tener una visión definitiva, o global, del gobierno mundial que estaría ya imponiéndonos Estados Unidos, bastaría echar una simple ojeada al mapamundi y ubicar dónde están funcionando sus comandos y bases militares, cercando poco a poco a sus potenciales enemigos económicos, políticos y militares, cual si fuera un jugador de ajedrez moviendo sus fichas antes del jaque mate, provocando crisis e incidentes que desemboquen en un conflicto de mayores magnitudes. Así, en lo que respecta a nuestra América, su última adquisición o movida es Costa Rica, cuyo gobierno les autorizó el desembarco de soldados y el uso de su territorio, amparado en un acuerdo bilateral de lucha contra el “terrorismo” y el “narcotráfico”, a usanza de otros en esta vasta región.

A diferencia de sus auspiciadores, a Estados Unidos le resulta altamente conveniente la constitución de continentes políticos o uniones regionales, como la Unión Europea, la Unasur, la Comunidad Económica Euro-Asiática, el Sistema de Integración Centro-Americana, la Unión Africana, el Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico, y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, entre otras, ya que cada una de ellas está enmarcada en la consecución de un sistema económico globalizado o único que, justamente, manejan las transnacionales estadounidenses y sus socios del G-8, irrigado por una sola fuente financiera. De este modo, Estados Unidos se aseguraría de que se instaure -en nombre del desarrollo económico- una limitación aceptada de las soberanías nacionales, con el traspaso de leyes y de los poderes nacionales a tales sistemas de integración regionales, además de la creación de una fuerza armada supranacional, bajo el comando -evidentemente- de los generales estadounidenses.

Entonces, ¿se podrá negar ahora la pretensión hegemónica estadounidense a escala mundial cuando todos sus movimientos lo evidencian así cada vez más?

 

ESTADOS UNIDOS Y SUS JUEGOS DE GUERRA

ESTADOS UNIDOS Y SUS JUEGOS DE GUERRA

La aprobación del Congreso de EE.UU. de nuevos fondos para la continuación de la guerra en Afganistán da señales claras de la intención de la actual administración estadounidense de validar y de mantener la tesis guerrerista de su antecesora, lo cual ahora se extiende al Golfo Pérsico, a la península de Corea y, más cercanamente, a nuestra América, con el uso de bases militares en una buena porción de naciones latinoamericanas y caribeñas; creando así un ambiente cargado de tensiones que, eventualmente, podrían desembocar en una guerra de carácter mundial, con indudables consecuencias catastróficas para toda la humanidad.

En el caso de nuestra América, la estrategia de Washington persigue, evidentemente, amenazar y minimizar los procesos políticos de transformación que se han suscitado en la región, posicionar su fuerza militar en áreas estratégicas de gran riqueza natural, como la biodiversidad existente en el ancho territorio amazónico y los yacimientos petroleros ubicados en las aguas profundas del Atlántico sur. Aunque se quiera ocultar bajo el argumento de una lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, la realidad es que Estados Unidos ha iniciado la implementación del control directo de un abanico de regiones vitales para su modo de vida, lo cual representa un arremetida real contra la soberanía de las naciones situadas en ellas, además de atentar contra la paz y la seguridad internacionales. Extremando el análisis, todo esto constituye un colonialismo militarizado que, a través de los diversos programas militares suscritos con algunos gobiernos de la región, como el Plan Puebla-Panamá y el Plan Colombia, como los más resaltantes, además de la reactivación de la IV Flota del Caribe, en momentos en que no existe una amenaza real contra la seguridad de Estados Unidos. Sería de tontos no creer que dichos planes configuren la puesta en marcha de megaproyectos en manos de sus corporaciones transnacionales para lo cual se requiere antes que nuestra América sea intervenida militarmente, cuestión que se adelanta por medio de adiestramientos y ejercicios en toda América Latina, el comercio de armamento, la instalación de sistemas de vigilancia y espionaje, incluida la instalación de bases militares en medio continente, siendo las de Costa Rica las más recientes.

Como se evidencia, con el Plan Colombia se han destruido más de un millón de hectáreas de bosques colombianos, contaminadas por las fumigaciones con agentes químicos, llegándose a desplazar forzosamente a miles de personas mediante el terror y el asesinato colectivo desatados por los paramilitares, de forma que abandonen sus tierras para ser ocupadas posteriormente por hacendados y empresarios ligados al capital estadounidense. Por su parte, el Plan Puebla-Panamá prevé la construcción de un canal terrestre, uniendo el territorio situado al sur de México hasta Panamá, el cual -como la Amazonía- es abundante en biodiversidad y en recursos naturales, aparte de facilitar la utilización de mano de obra barata y no sindicalizada con la instalación de  maquiladoras, o líneas de montaje, bajo control de empresas multinacionales estadounidenses, gracias a las “áreas de libre comercio”, con una producción exportada casi en su totalidad, sin la obligación de pagar tributos.

Todo esto coincide con las maniobras de una formidable fuerza militar dirigiéndose a aguas del Golfo Pérsico, amenazando la soberanía de Irán y la paz de Medio Oriente, y con la filtración de documentos militares a través del portal Wilikeaks en relación con la invasión de Estados Unidos a Afganistán que dan cuenta de las operaciones encubiertas (con asesinatos selectivos y ejecuciones extrajudiciales) y del comportamiento homicida y sádico de las tropas gringas en contra de miles de civiles indefensos (incluyendo niños y mujeres) con su secuela de bombardeos indiscriminados, torturas e injerencias políticas; todo ello ocultado o distorsionado para salvaguardar la imagen creada de ser una invasión justificada ante las atrocidades de los talibanes y, por extensión, de todo el mundo musulmán (considerando lo hecho en Iraq y los amagos belicistas sobre Irán), tras los sospechosos ataques al World Trade Center de Nueva York el 11 de septiembre de 2001.

Así, Barack Obama -irónicamente, premio Nobel de la Paz con el dedo en el gatillo- estaría desatando lo que sería, sin duda, el apocalipsis que acabaría con cualquier vestigio de vida sobre la Tierra, como bien lo viene advirtiendo el Comandante Fidel Castro en sus Reflexiones más recientes.-

EL NOBEL DE LA “PAZ” QUIERE GUERRA

EL NOBEL DE LA “PAZ” QUIERE GUERRA

El desplazamiento de naves militares estadounidenses -escoltadas por submarinos nucleares- en dirección a las costas de Irán dan cuenta de las intenciones belicistas del gobierno de Barack Obama, tratando de imponerle su voluntad al gobierno iraní respecto a sus planes de desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos, utilizando para ello toda medida de presión, incluyendo las sanciones recientemente sancionadas por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, por recomendación (o imposición, vale lo mismo) de Estados Unidos.

En este escenario de preguerra, Arabia Saudita autorizaría el uso de su espacio aéreo por parte de la aviación militar de Estados Unidos e Israel. Por su parte, se habrían instalado interceptores de misiles en cuatro países: Qatar, Emiratos Árabes, Bahréin y Kuwait, en una operación tenazas que invalidaría cualquier defensa del lado iraní. Esta acción militar sería secundada por el Estado de Israel, cuyas naves tendrían la facultad supra legal de revisar cuanta embarcación pudiera circular en aquellas aguas, bajo la sospecha de servir para el transporte de armamento, ya que Irán estaría en la lista de Estados que cobijan el terrorismo, ignorándose lo propio respecto a los gringos y sionistas en todo territorio.

El trasfondo de todas estas maniobras radica en la ambición de las corporaciones transnacionales (gringas y europeas) de hacerse del control de los recursos energéticos existentes en toda la región del Medio Oriente, tal como ya se logró con las invasiones a Afganistán e Iraq, buscando al mismo darle una configuración más adecuada a la hegemonía de Estados Unidos, cosa que ya se planteara durante el mandato nefasto de George B. Bush, lo cual no ha sido descartado, si tomamos en cuenta el contenido de la visión estratégica que le asigna a este país el control territorial de los recursos naturales a escala mundial, constituyéndose en un gendarme planetario para quien la vida y la cultura independiente del resto de los pueblos es algo secundario, cuyo valor no es nada ante los intereses económicos que defiende.

Si a lo anterior, le agregamos los amagos belicistas que se han escenificado en la península de Corea, creando una situación de choque que facilite la intervención directa de las tropas yanquis, podemos afirmar que el presidente Obama está jugando con fuego, ejecutando las directrices del consorcio empresarial-militar que domina su país, legitimando el uso de armas nucleares de modo unilateral solo bajo la presunción de ser Estados Unidos atacado eventualmente; una cuestión que nos retrotrae a la tensión reinante durante la llamada Guerra Fría, pero sin el contrapeso de una potencia militar a semejanza de la extinta Unión Soviética.

Con ello, Obama (galardonado tempranamente con el premio Nobel de la paz) mantiene y perfecciona la doctrina de guerra preventiva que Bush diera a conocer luego del turbio derrumbamiento de las Torres Gemelas de Nueva York, permitiéndose hacer lo mismo que Israel con sus vecinos árabes, pero ya en una proporción global e indefinida, sin concederle derecho alguno a la autodefensa a quienes tengan la desgracia de ser atacados. Toda esta situación no resulta inusual ni casual, por lo que no debiera extrañarle a nadie. Ya anteriormente, Estados Unidos ha realizado simulacros bélicos de su V Flota, estacionada en aguas del Golfo Pérsico, frente a las costas iraníes, con evidentes propósitos intimidatorios.

El imperialismo yanqui, por consiguiente, no estará dispuesto a modificar el rumbo adoptado, al presionar a Ia República Islámica de Irán para que desista de su programa nuclear, menos ahora cuando ha logrado que la ONU y resto de las naciones agachen la cabeza, violando descaradamente cualquier disposición del derecho internacional, sin que haya una medida concreta que se lo impida, aceptando sus acciones como hechos inevitables.

Además, se pone al descubierto que Washington utiliza una doble moral respecto al tema nuclear, denunciando a Irán de ser una amenaza para la paz mundial, pero haciéndose de la vista gorda en cuanto al cumplimiento del Tratado de No Proliferación Nuclear concebido en 1968 con el objetivo de restringir la posesión y uso de armas nucleares, el cual -por cierto- infringen, precisamente, EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia y China, quienes las tienen en grandes cantidades. Otro tanto ocurre con Pakistán, la India, Israel y Corea del Norte, los cuales no han suscrito tal acuerdo y disponen de bombas atómicas, pero que -al ser aliados los tres primeros nombrados- han recibido un trato irregular por parte de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, dependiente de las Naciones Unidas que supervisa los posibles incumplimientos en esta materia.

En los casos de Corea del Norte e Irán (firmante éste del Tratado de No Proliferación Nuclear, pero acusado reiteradamente, sin pruebas concretas, de querer desarrollar la bomba), reciben una condena directa y abierta por parte de la AIEA y de los países fundadores del Tratado, cuestión que evidencia una subordinación prácticamente colonial (y cómplice) en relación a los intereses del imperialismo yanqui y de sus socios europeos.-

PALESTINA: MÁS DE 60 AÑOS DE OPRESIÓN CONTINUADA

PALESTINA: MÁS DE 60 AÑOS DE OPRESIÓN CONTINUADA

Durante más de medio siglo, la campaña desinformativa orquestada por el capital sionista nos ha impuesto una realidad falseada sobre lo que acontece en la explosiva región del Oriente Medio, con un pueblo palestino en lucha constante por obtener su derecho a existir como nación independiente. Así, la limpieza étnica ejecutada por escuadrones terroristas sionistas, logrando la expulsión forzada de palestinos y palestinas de sus hogares ancestrales, ateniéndose a razones de “seguridad”, en un proceso de recolonización del territorio de Palestina, ha sido silenciada prácticamente, sin generar mayores acciones de parte de la ONU y del conjunto de naciones que la integran, de modo que se condene y se impida contundentemente el holocausto de esta población. En contraste con esta realidad tergiversada, Palestina es víctima diaria de los desmanes y despotismo genocida y racista del gobierno sionista de Israel, valiéndosele de la doctrina que establece que ésta era “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, en este caso, el judío, segregado, perseguido y asesinado por todos los países de Europa desde la Edad Media hasta 1945.

Con tal justificación en mano, además de su victimización por parte del régimen nazi de Alemania, bien explotada y recordada a través de los diferentes medios de comunicación, en especial por el cine, lo cual le ha servido al sionismo como chantaje moral frente a las acusaciones de estar aplicándoles a los palestinos el mismo tratamiento sádico de los nazis, con ghettos incluidos, tal como se manifiesta con el bloqueo inhumano en la Franja de Gaza actualmente, prohibiéndoseles todo tipo de ayuda humanitaria, aún la más elemental. Aunado a ello, a los palestinos se les niega también su derecho a la ciudadanía, a pesar de morar en sus tierras desde antes que las recolonizara el Estado de Israel con la “ley de retorno” de los judíos a Israel, la cual le facilita a cualquier descendiente de judío -aún sin contar con una genealogía comprobadamente judía, a la manera bíblica- inmigrar hacia Israel. Con un arsenal militar moderno que incluye la posesión de armas nucleares, Israel se ha dado el lujo de atacar impunemente a sus vecinos árabes, contando con la complicidad y defensa a ultranza del imperialismo yanqui. Ha desempeñado, por tanto, un papel de punta de lanza de los intereses gringos y europeos en el Medio Oriente, fustigando de cualquier modo los movimientos nacionalistas de resistencia que se han expresado en contra a tales intereses en el mundo árabe y para lo cual han apelado a métodos incontestablemente terroristas, con asesinatos selectivos de personajes políticos, incluidos de otras naciones, y masacres de poblaciones enteras. Esto resume en la práctica lo que el periódico israelí Haaretz señalaba en 1951: “Israel se convertirá en el perro guardián. No hay ningún peligro de que Israel asuma ningún tipo de política hacia los estados árabes si ésta contradice explícitamente los deseos de EEUU y Gran Bretaña. Pero quizá, si los poderes occidentales alguna vez prefieren cerrar sus ojos, Israel puede confiar en que puede atacar uno o más estados vecinos, los cuales han mostrado su descortesía con Occidente más allá de los límites permitidos”.

Esto es, justamente, lo que explica el silencio y la aparente apatía e “impotencia” de Occidente frente al holocausto palestino, salvo en ocasiones como la de los últimos días a propósito del ataque criminal perpetrado contra una flotilla de embarcaciones provistas de alimentos y medicinas que se dirigía al puerto de Gaza. No hay en todo ello la leyenda interesadamente creada y aceptada que ambos pueblos no pueden coexistir en paz, lo que demanda un mayor análisis y exposición, apelando a la historia que comparten, ya que es claro que el sionismo es un elemento de perturbación exógeno utilizado por los Estados y transnacionales petroleras gringo-europeas para apoderarse de los grandes recursos energéticos que reposan bajo el subsuelo de la región del Medio Oriente (“el gran premio material de la historia de la humanidad”, como lo declarara en 1945 el Departamento de Estado estadounidense), imponiendo su reconfiguración total a favor de sus intereses geopolíticos y capitalistas.-

EL ANTIIMPERIALISMO DE AHORA Y LA REVOLUCIÓN CONTINENTAL

EL ANTIIMPERIALISMO DE AHORA Y LA REVOLUCIÓN CONTINENTAL

Al destacar el carácter antiimperialista que adquiriría cualquier iniciativa revolucionaria socialista en nuestra América, hay que advertir que no es simplemente porque éste sea parte de la tradición retórica de las diversas organizaciones de izquierda denunciando el pillaje y el poderío hegemónico ejercido por Estados Unidos sobre nuestros pueblos.

Esto va en correspondencia con el hecho que mucha gente está consciente de la grave amenaza que siempre ha representado del imperialismo yanqui para la soberanía y la autodeterminación de la América mestiza, algo que se ha incrementado en las últimas décadas, más de lo que pudo lograrse en el pasado. Ahora hay cierta identidad -no profundizada, por supuesto- con la lucha antiimperialista que ya a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX germinara en nuestra América, víctima de las apetencias territoriales y de recursos estratégicos, primeramente, por parte de Europa y, más tarde, de la potencia emergente del Tío Sam. Este último elemento de comprensión de nuestra historia común latinoamericana está reivindicando de modo acelerado, a lo largo y ancho del Continente, la gesta cumplida desde las guerras de independencia por nuestros pueblos, de modo que ya las nuevas generaciones latinoamericanas interpretan en qué línea de acción y motivaciones reales se inserta la lucha antiimperialista en nuestro tiempo y en qué medida podremos nutrirnos de los aportes de aquellos primeros luchadores antiimperialistas que enfrentaron el coloniaje español.

Es inevitable que esto sea así. La misma dinámica de la historia contemporánea, caracterizada por el abismo profundo que separa las naciones más poderosas económicamente del resto del planeta, impone una nueva visión humanista que nos haga entender que todas nuestras diferencias sociales y políticas tienen una raíz en común: el modo de producción capitalista y, con él, el imperialismo desarrollado por los países europeos y Estados Unidos, solos o conjuntamente. Ello contribuiría a entender el por qué nuestros mercados siguen dominados por las metrópolis y por qué, cuando se busca defender la soberanía nacional, somos víctimas de golpes de Estado, asesinatos o invasiones militares (algunas de ellas, legitimadas por gobiernos títeres cómplices y organismos internacionales como la OEA y la ONU).

Una revolución socialista a nivel continental, con sus rasgos particulares en cada país latinoamericano y caribeño, forzosamente tendrá que enfrentarse al hegemonismo capitalista, lo mismo que al imperialismo, definido por Lenin como su fase superior, lo cual no puede ignorarse, creyendo que ambos no tienen conexión alguna. Sería una seria contradicción que, a la larga, podría perjudicar la marcha de un proceso revolucionario simultáneo en nuestra América que sería ejemplo para el resto del planeta.

PALESTINA: UNA TRAGEDIA "OLVIDADA"

PALESTINA: UNA TRAGEDIA "OLVIDADA"

            La tragedia sempiterna que padece el pueblo de Palestina a manos de sus verdugos sionistas viene a incrementarse más con la decisión del gobierno de Egipto de construir una cerca de acero que les impida el acceso a los ciudadanos palestinos a alimentos y medicinas que no pueden obtener en su territorio, prácticamente encerrados por las fuerzas militares del estado de Israel, sin que haya una acción decidida y determinante de la comunidad internacional ante este hecho genocida, racista y fascista sin parangón en la historia humana.

 

            Para nadie es un secreto que tras la impunidad y la prepotencia mostradas por el gobierno israelita, está el apoyo cómplice e incondicional de su socio imperialista, Estados Unidos, el cual -en su loco empeño por configurar un Medio Oriente mejor plegado a sus intereses geopolíticos y económicos- no ha hecho sino estimular el desalojo salvaje de quienes vienen ocupando estas tierras desde hace siglos, siendo violentados todos sus derechos humanos, incluyendo la de su autodeterminación, mediante constantes operativos militares que causan zozobra y muertes a los palestinos.

 

            Ésta es una situación repudiable de la cual deben hacerse eco todos los pueblos del mundo en respaldo a Palestina, desestimando la campaña mediática orquestada por los diferentes medios de comunicación (incluido el cine) controlados por el capital israelita que presenta a los palestinos como furibundos terroristas que deben ser erradicados de la faz de la tierra, tergiversando así la realidad que allí se vive. Por ello, aunque tal realidad acontece muy lejos del territorio de nuestra América es preciso tomar conciencia plena de ello e insertarlo en una posición antiimperialista firme y solidaria, ya que el imperialismo gringo no ha desechado aplicar su política del caos constructor en cualquier región del planeta, ejecutando dispositivos militares para apuntalar su decadente hegemonía mundial, en especial sobre aquellas naciones cuyos gobiernos son catalogados de enemigos de la democracia y de los intereses capitalistas estadounidenses. No podríamos, por tanto, hacer de esta tragedia una tragedia “olvidada”, sin tratar de entender su origen y los intereses de todo tipo allí en juego.

 

            En tal sentido, lo que estaría ocurriendo actualmente en territorio palestino encaja en la estrategia de posicionamiento desarrollada por el gobierno de Barack Obama en la estratégica región de Oriente Medio, sumada a la advertencia hecha respecto a que Yemen estaría siendo convertida en un centro de operaciones terroristas dirigido por Al Qaeda; todo lo cual, visto en conjunto, vendría a crear las condiciones de inestabilidad necesarias para una eventual guerra con la República Islámica de Irán, pretendiendo inutilizar su programa nuclear y anexarse sus ricos yacimientos de gas y petróleo, al igual que ya se hiciera con Irak, cosa que no escapa del ajedrez geopolítico que estaría dispuesto a jugar Washington en este nuevo siglo, imponiendo su visión e intereses, así se condene a la humanidad entera a una destrucción sin igual.-     

UNA GUERRA A MUERTE CONTRA LA RESISTENCIA DE LOS PUEBLOS

UNA GUERRA A MUERTE CONTRA LA RESISTENCIA DE LOS PUEBLOS

                 Para muchos, la realidad del imperialismo yanqui sobre nuestra América forma parte del realismo mágico que caracteriza grandemente nuestra cotidianidad y nuestra esencia como continente. Esto ha logrado que el imperialismo yanqui sea percibido por algunos como la excusa recurrente de la gente de izquierda para explicar todos los males sufridos por nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños, sin molestarse en conocer a profundidad los elementos históricos que lo han hecho posible, contentándose con una visión simplista que no termina de explicar las causas del subdesarrollo al cual pareciéramos estar condenados sin redención alguna. Sin embargo, las acciones del imperialismo gringo se evidencian desde finales del siglo XIX y a todo lo largo del siglo XX, extendiéndose hasta hoy, con una secuela aparentemente interminable de intervenciones militares (directas e indirectas), golpes de Estado, bloqueos económicos, secuestros, asesinatos y desapariciones de dirigentes y luchadores populares, todo lo cual conforma una vasta gama de tácticas y estrategias dirigidas a asegurarle a Washington y sus grandes corporaciones transnacionales la hegemonía y el control de los mercados latino-caribeños, de los diversos recursos naturales indispensables y de las soberanías subordinadas de nuestras naciones, a las cuales sólo se les permite, hasta cierto nivel, algunos asomos de nacionalismo e independencia que no afecten el orden imperante.

 

            No obstante, la estrategia de mayor consecuencia puesta en práctica por la clase dominante de Estados Unidos, aquella que es menos visible, pese a todo el despliegue militar y las imposiciones políticas y económicas que suelen marcar la relación de éstos con nuestra América, está representada por la transculturización, en una guerra a muerte contra la resistencia de los pueblos, ya no únicamente a escala continental sino también mundial, valiéndose para ello del dominio monopólico y oligopólico de los diferentes medios de información, reduciendo todo a una única visión del mundo en que vivimos y a la adopción inducida del llamado “american way life”, en una especie de darwinismo cultural que desconoce (con la prepotencia que le es característico) la diversidad cultural existente.

 

            De esta forma, nuestras sociedades “subdesarrolladas” mantienen latente una paradoja entre la cultura “moderna” (léase, gringa) y la cultura autóctona (refiriéndonos con ello no únicamente a las expresiones de nuestras primeras naciones indígenas, sino además a la amalgama resultante de las mezclas étnicas y culturales producidas desde el momento de la invasión europea a estas tierras hasta los días actuales). De esta suerte, las víctimas de esta alienación constante terminan por avergonzarse de todo lo relacionado con la cultura popular y prefieren pasar por cultos, asumiendo como propios los patrones de conducta reinantes en el norte anglosajón, no importa que ello les haga ver como verdaderos ignorantes, al imitarlos torpemente.

 

            Según su concepción neoliberal de globalización económica, para el imperialismo yanqui toda expresión de independencia, autodeterminación e identidad cultural entre los pueblos de nuestra América y del resto del planeta constituye una grave amenaza para el éxito de sus planes hegemónicos, de control territorial de recursos básicos y mercados, en una guerra de baja intensidad que es secundada por la mayoría de los medios de comunicación controlados por empresarios nacionales que, por otra parte, están asociados a los grandes capitales estadounidenses; forjándose, en consecuencia, la degradación persistente de la autoestima y demás valores que resaltan su carácter nacional. De ello están muy conscientes los jerarcas de Washington, pues reconocen tácitamente que los movimientos culturales de nuestros pueblos son claras manifestaciones de resistencia ante su acción depredadora y avasalladora. Esto  impone la activación de tendencias culturales que promuevan en lo inmediato una mayor toma de conciencia, con profundo sentido revolucionario, de manera que contribuyan a una mejor comprensión, creadora y re-creadora, de la realidad circundante y a evitar que, en esta guerra a muerte contra la resistencia cultural de nuestros pueblos triunfe el más fuerte.-    

UN NOBEL PARA LA "PAX NORTEAMERICANA"

UN NOBEL PARA LA "PAX NORTEAMERICANA"

            El otorgamiento del premio Nobel de la Paz al Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, aduciéndose que es merecedor del mismo por sus "extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos", aparte de inmerecido e injustificable (pese al criterio aparentemente favorable del Comandante Fidel Castro y Adolfo Pérez Esquivel), es una demostración de la aceptación -resignada o no- del papel hegemónico asumido y reafirmado por la potencia industrial-militar gringa, en momentos que se explota el miedo europeo a una nueva conflagración mundial, esta vez a propósito de la rebeldía de Irán al no someterse al arbitrio del llamado mundo occidental, al continuar adelante con su programa nuclear con fines pacíficos. Este reconocimiento tiene, por tanto, como otras veces en el pasado siglo, un innegable componente ideológico, puesto que Obama no ha ejecutado hasta ahora alguna acción realmente importante en aras de la paz del planeta; al contrario, de ello, ha buscado mantener la ocupación militar de Irak y Afganistán (aún a conciencia que dicha ocupación no le reporta sino pérdidas humanas y económicas a su país a la coalición internacional que encabeza), además del bloqueo inmisericorde y extemporáneo contra el pueblo de Cuba, y el respaldo irrestricto a la política expansionista, genocida y colonialista de Israel. Suficientes razones para que el Premio Nobel recayera en otras manos menos comprometidas con la guerra, pero que fueron ignoradas, quizás debido a los prejuicios eurocentristas más que al sentido común.

 

            De hecho, ésta no es la primera vez que ocurre algo similar, aunque quizás no con el mismo impacto, si recordamos lo propio con los representantes de Israel, Yitsjak Rabin y Simón Peres, responsables de dirigir y perpetrar campañas militares de cerco y exterminio contra los palestinos. Para atenuar el asunto, se incluyó el nombre de Yassir Arafat, olvidando que en los grandes medios de comunicación occidentales se le tildó de ser uno de los principales cabecillas del terrorismo internacional; obedeciendo a una estrategia para minimizar la combatividad y las ansias de autodeterminación del pueblo palestino. Este año, la concesión a Obama contiene, sin duda, un mensaje al mundo entero, en especial para aquellas naciones y gobiernos que tratan de hacer prevalecer el pluralismo en un orden internacional unipolar regido, precisamente, por el gran complejo militar-industrial de Estados Unidos. Quizás se piense ingenuamente que tal premio estimule en Barack Obama un cambio de rumbo y de propósitos en la política exterior y militar yanqui, sin embargo, todo apunta a que se le dará continuidad y acentuación a la estrategia contemplada en el Proyecto para un Nuevo Siglo Norteamericano, esto es, la imposición en escala planetaria de la “pax norteamericana”, sostenida a punta de marines y misiles para hacerse del control de las principales fuentes de energía y demás recursos naturales, sin importar para nada las resoluciones de la ONU y de otras instancias multilaterales del derecho internacional, en un despliegue de arrogancia fascista, sin parangón en la historia humana.

 

            Esta es una bofetada a la dignidad y al sufrimiento de millones de seres humanos que sufren las arremetidas del imperialismo yanqui, con intervenciones directas o por medio de guerras de baja y alta intensidad, libradas por sus socios comerciales y militares. En el caso de Obama, no ha habido de su parte un repudio a la doctrina de guerra preventiva adoptada por su país, tampoco ha manifestado una disposición tajante de devolverle plenamente a Cuba la soberanía del territorio usurpado de Guantánamo, así como la liberación de todos los prisioneros árabes allí encarcelados, acusados de terrorismo y envueltos en un limbo jurídico injustificable, aparte de los Cinco Héroes Cubanos, aislados desde hace diez años en cárceles de máxima seguridad en Estados Unidos, sin el beneficio de un juicio realmente imparcial. Si esto es parte de las acciones de Obama, estará reivindicado el Nobel de la Paz; de lo contrario, éste se diluirá en una ceremonia vacua, alejada de sus objetivos de ennoblecimiento y de reconocimiento universales que se fijara su creador, Alfred Nobel.-