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TEMAS ANTIIMPERIALISTAS

EL NUEVO COLONIALISMO GRINGO-EUROPEO: EXPRESIÓN DE LA BARBARIE CAPITALISTA

EL NUEVO COLONIALISMO GRINGO-EUROPEO: EXPRESIÓN DE LA BARBARIE CAPITALISTA

Según lo revelara en una entrevista realizada en marzo de 2007 el General Wesley Clark, ex Comandante Supremo de la OTAN durante la guerra en Kosovo, Estados Unidos anticipaba ya una intervención militar en Iraq, Libia, Siria, Irán y otras naciones del Medio Oriente, todo con el deliberado propósito de apoderarse de sus yacimientos petroleros y de reconfigurar dicha región según sus intereses económicos con el apoyo de sus socios de Europa e Israel, involucrados todos en una moderna cruzada colonialista. La excusa sería luchar contra el terrorismo, teniendo como telón de fondo lo ocurrido a las torres del World Trade Center de New York.

En la actualidad, los hechos confirman cada día las pretensiones del complejo militar-industrial que domina la Casa Blanca, apuntando al control de los recursos petroleros y a la imposición de un nuevo orden mundial regido por el capital transnacional. Para ello, las situaciones críticas o de conflicto interno existentes en algunas naciones (algunas de ellas inducidas por Washington y sus aliados europeos) son el pretexto para intervenir en las mismas, aduciendo que lo hacen en resguardo de los ciudadanos amenazados y/o masacrados por sus gobiernos, ahora convertidos por obra y gracia de los grandes medios industriales de información en dictaduras o regímenes que usurpan la soberanía popular y violan los derechos humanos. Mediante esta estratagema, el imperialismo binario de Estados y Europa viene imponiéndole al resto del mundo una versión modernizada del colonialismo, tutelando las soberanías nacionales, como lo está haciendo en el caso de Grecia, valiéndose de la crisis económica que atraviesa.

En consecuencia, nada de lo que está sucediendo en Medio Oriente podría casual. Las intenciones son muy claras y no han sido negadas por ninguno de los gobiernos involucrados en su puesta en práctica. Incluso se ha buscado sumar al festín a Rusia y a China, de forma que su poder de veto en el seno de la ONU no entorpezca dichas intenciones. Así, las naciones poseedoras de riquezas naturales estratégicas, como el gas y el petróleo, vitales para el estilo de vida de sus pares industrializadas, corren el grave riesgo de ser víctimas de su voracidad insaciable. El hecho que algunas de ellas no lo sean todavía, no niega que ya estén en la mira de los halcones gringos y europeos, animados por el éxito de sus recientes operaciones militares.

Todo esto tiene, sin embargo, su contraparte y eso le imprime cierto optimismo a la situación programada por los grandes centros de poder hegemónico a nivel mundial: la reacción de los indignados que amenaza con extenderse a los cinco continentes en contra del sistema capitalista. Esta es una cuestión que merece un mayor análisis. Comprender sus causas ayudaría a detener los planes imperialistas de gringos y europeos, concientizados los pueblos de la necesidad de una alternativa revolucionaria que acabe de una vez por todas con la recurrente transferencia de riqueza de los más pobres a los más ricos para superar coyunturalmente la crisis sistémica del capitalismo. A través de esta comprensión, sumada a la necesidad de un mundo multipolar, los pueblos de todo el planeta harían retroceder los planes hegemónicos de las grandes potencias industrializadas, incluso por su propio bienestar, puesto que se trata de liberarlos a todos de la actual barbarie capitalista.-

EL CINISMO IMPERIAL: “NOSOTROS ESTAMOS EN LIBIA POR EL PETRÓLEO”

EL CINISMO IMPERIAL: “NOSOTROS ESTAMOS EN LIBIA POR EL PETRÓLEO”

Durante el diálogo sostenido con la periodista Andrea Mitchell, a través de la cadena internacional MSNBC, el senador demócrata Ed Markey aseguró que “... Bueno, nosotros estamos en Libia por el petróleo. Igual que Japón lo está por la tecnología nuclear. Y esta dependencia que tenemos por el petróleo, es una necesidad que tiene Estados Unidos de tener un programa de energía renovable en el futuro”.

Así, los gobiernos y ejércitos que integran la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) violaron descaradamente las disposiciones de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la cual -pese a su carácter evidentemente intervencionista y neocolonialista, prohibió las operaciones militares en tierra y no contemplaba el derrocamiento de Muammar Gadafi ni el reconocimiento del Consejo Nacional de Transición como gobierno de facto de Libia. Dicha resolución solo autorizaba a los mandos de la OTAN a brindarle  protección de los civiles supuestamente masacrados por las fuerzas gubernamentales libias, pero estos se extralimitaron y organizaron una operación combinada de fuerzas aéreas, navales y terrestres, violando radicalmente la decisión del Consejo de Seguridad, secundados por una campaña mediática a nivel mundial que daba cuenta de la tiranía de Gadafi y de sus crímenes de lesa humanidad.

Muammar Gadafi se convirtió en uno de los socios más fieles del imperialismo en la región de Oriente Medio, especialmente de Francia e Italia, lo que no impidió que los gobiernos de tales naciones, junto con el de Estados Unidos, armaran y respaldaran militarmente a mercenarios, cuya misión principal es la de asegurarles el acceso al petróleo de alta calidad existente en el subsuelo libio. Este hecho, de por sí, constituye una señal de advertencia para el resto de las naciones que disponen de recursos estratégicos esenciales para las potencias capitalistas, las cuales -como quedó demostrado en este caso, al igual que en Afganistán e Iraq- no tendrán reparo alguno en violar la Carta de las Naciones Unidas, validas de su poder de veto en dicha organización, además de su poder bélico, para imponer su voluntad a todo el planeta en un reparto neocolonial que nos recuerda lo hecho en los siglos anteriores por Europa.

Luego de la confusión producida por las rebeliones de Túnez y Egipto -que los hizo defender los regímenes derrocados-, los gobiernos de Estados Unidos y Europa reaccionaron de distinta manera en el caso de Libia, desatando una bien cuidada campaña de desinformación que hizo ver a los mercenarios que ellos patrocinaron como rebeldes enfrentados a una cruel tiranía, llegándose a calificar los acontecimientos allí como una guerra civil. En cierto modo, siguieron los mismos patrones aplicados durante la llamada Guerra Fría cuando enfrentaban la “conspiración mundial comunista”, representada por la URSS. Ahora que la estrategia resultó exitosa, no podemos sustraernos a la idea que la misma será aplicada en algún otro lado, teniendo como blancos principales aquellos países provistos de materias primas requeridos por el capitalismo mundial. Para Estados Unidos, tal estrategia la orientaría hacia su “patio trasero”, nuestra América, lo que debiera prevenir a los gobiernos y pueblos de esta amplia región a contrarrestarla de antemano, de una forma parecida a la empleada contra las pretensiones del ALCA, en una confrontación asimétrica, pero efectiva, que desnude y venza el cinismo imperialista de Washington y de sus socios europeos.-

DÓLARES Y MISILES EN LA ESTRATEGIA IMPERIALISTA DE EE.UU.

DÓLARES Y MISILES EN LA ESTRATEGIA IMPERIALISTA DE EE.UU.

         Con la película de Stanley Kubrick, “Chaqueta metálica” (exhibida en nuestro país con el título de “Nacido para matar”), quedó de manifiesto la mentalidad de las tropas estadounidenses cuando uno de los soldados confiesa que fue a la guerra de Vietnam porque “quería conocer gente de una vieja cultura y matarla”. Es lo que han hicieron antes los soldados de George Walker Bush y los de Barack Obama ahora cuando atacan y matan a ciudadanos inermes en Irak, Afganistán y Libia, pretendiendo hacerlo en resguardo del mundo libre, occidental y cristiano amenazado por extremistas bárbaros que, en su mente simplista, deben desaparecer de la faz de la Tierra. Una cuestión concienzudamente exacerbada por los halcones guerreristas en la Casa Blanca (secundados por sus socios ingleses y europeos) para quienes la guerra preventiva dejó de ser un ejercicio teórico del Pentágono para convertirse en una realidad que amenaza cada día más la paz mundial.

        A pesar de la autocensura impuesta por las corporaciones industriales de noticias estadounidenses, el gobierno de Estados Unidos no pudo impedir que algunas imágenes de la guerra contra el “terrorismo” fueran difundidas en algunas cadenas televisivas de su país y en Internet, despertando indignación y horror en distintas latitudes del mundo, al observarse el comportamiento habitual de las fuerzas militares anglosajonas en aquellas tierras milenarias. Los ciudadanos estadounidenses dudan, incluso, que su gobierno desconociera los planes terroristas que se concretaron en los ataques del 11 de septiembre de 2001 y, tras la fachada de la lucha contra el terrorismo, descubren que existen poderosos intereses de grandes corporaciones transnacionales que buscan controlar el mercado de los hidrocarburos en el Asia Central, conectados a la clase gobernante de su país.

         Esto confirma lo plasmado en el Documento de Santa Fe IV, según el cual “Estados Unidos no debe tener miedo de actuar como la superpotencia invencible que es en realidad. La mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño invisible”. Tal puño se llama Ejército de los Estados Unidos. Así, McDonald´s no puede expandirse sin McDouglas, el fabricante de los aviones F-15.

         Tales patrones de imperialismo y fascismo descarado se vieron oportunamente estimulados por los ataques del 11-S, lo que facilitó que se viera enemigos a vencer en todos aquellos que no compartieran su visión parcializada del mundo; justamente aquellos que luchan por mantener sus raíces históricas ante el avance demoledor, excluyente y uniformador de la globalización capitalista. De ahí en adelante todo giraría (o debiera girar) en torno de los intereses vitales de seguridad nacional que constituyen el imperio económico y geopolítico de Estados Unidos en todo el planeta. Así, Bush estableció que el “eje del mal” contra los “buenos” de Estados Unidos no sólo lo representaban Corea del Norte, Irán, Siria o Cuba, sino todo aquello que pudiera ser denominado radicalismo populista, según la acepción del General James T. Hill, ex jefe del Comando Estratégico del Sur, al referirse a los casos particulares de Haití y Venezuela. Obama ha seguido la misma senda que su antecesor en la Casa Blanca sin ningún tipo de rubor y desmereciendo el Premio Nobel de la Paz que le fuera otorgado.

            Lo peor de todo este panorama es que Obama y sus halcones es constatar que están convencidos que no existe fuerza alguna, a nivel mundial, que les haga contrapeso o contenga sus apetitos territoriales. Por ello, buscan acomodar sus piezas de dominio hegemónico en América Latina y el Caribe, enfilando sus baterías hacia las reservas energéticas e hídricas que existen en abundancia en esta importante región del planeta, como es el caso de la Amazonia, aprovechándose del auge delictivo existente en algunas de estas naciones, especialmente centroamericanas. De este modo, a la par de la diplomacia del dólar, Estados Unidos ha ido potenciando firmemente su supremacía militar en esta región, gracias a la implementación de algunos planes militares que le dan potestad para intervenir, incluso, en los asuntos internos de estos países si considera que deben hacerlo y si sienten amenazados sus intereses comerciales, gracias a la posición servil y mercantilista de algunos de sus gobiernos.-

LA JURISDICCIÓN IMPERIAL GRINGA Y EL CASO VENEZUELA

LA JURISDICCIÓN IMPERIAL GRINGA Y EL CASO VENEZUELA

El reciente anuncio del Departamento de Estado estadounidense de aplicar sanciones a Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), bajo la Ley de sanciones contra Irán y la Ley integral de sanciones, responsabilidades y desinversión contra Irán, viene a sacudir -sin duda- la confianza del estamento gubernamental venezolano respecto a las “buenas intenciones” de la administración de Barack Obama, sirviéndole esto de preámbulo para mayores acciones en contra del gobierno de Hugo Chávez, acusándolo de colaborar con el gobierno de Teherán en su programa nuclear. Esto no es nada casual ni fortuito, habida cuenta del interés de Washington de reconfigurar su hegemonía en nuestra América, teniendo en el proceso bolivariano un obstáculo para lograrlo. Por ello, quienes confiaron en que la garantía del suministro de petróleo venezolano a Estados Unidos amortiguaría sus propósitos intervencionistas en Venezuela han quedado “sorprendidos” en su buena fe, olvidando que el imperialismo yanqui sólo tolera aquellos regímenes que no se opongan a sus intereses, así se revistan de nacionalismo y de revolución, en lo que serían unas democracias controladas. Fuera de este marco, nada estaría en consonancia con la jurisdicción imperial gringa, por lo que le corresponde actuar en consecuencia y doblegar cualquier tentativa de independencia que surja al sur del río Bravo.

Esta situación quizás busque sentar a la mesa de negociaciones a Chávez y conseguir de este una posición más conciliadora, de sometimiento y de menos confrontación con Estados Unidos, sin que ello signifique que no dejen de mostrarle las posibilidades (nada disimuladas) de exponerlo a las mismas presiones y estrategias desestabilizadoras e intervencionistas empleadas contra otros gobernantes que quisieron salirse de la raya, tanto en el pasado como en el presente.

Para quienes respaldan el proceso revolucionario en Venezuela (y fuera de sus fronteras) es oportuno citarles las palabras de Fabricio Ojeda, quien en 1966 anticipaba lo que sería la confrontación de nuestros pueblos con el imperialismo yanqui en su empeño por alcanzar la plenitud de su liberación nacional: “La lucha revolucionaria de hoy -así tenemos que verla- es una lucha de todas las fuerzas progresistas del mundo, de carácter complementaria, que se extiende y consolida, como unidad dialéctica, en una situación de gran auge popular y donde las condiciones objetivas de cada país constituyen el elemento principal”. De esta manera, ningún proceso revolucionario puede verse como algo aislado. En este caso, la lucha revolucionaria en Venezuela tendría que insertarse en una de más amplio espectro: la lucha antiimperialista y anticapitalista que se viene librando a nivel continental y mundial desde hace dos décadas, lo cual no podría entrever una convivencia tutelada con el imperialismo yanqui, pues sería desvirtuar su esencia socialista y revolucionaria.

 Por ello, lo afirmado por Fabricio Ojeda cobra una vigencia íntegra. “Todo el ejército norteamericano de hoy sería insuficiente para distribuirlo como fuerza de ocupación en la extensa geografía sacudida por la revolución. Venezuela es un importante factor del campo revolucionario mundial. Su lucha de liberación es complementaria con la de otros pueblos en trance similar. Una es necesariamente, querámoslo o no, continuación de la otra. Y aunque cada país, como el nuestro en este caso, actúa conforme a sus propias realidades y realiza el tipo de revolución que históricamente le corresponde, no puede eludir, ni ello sería correcto, su integración con otros movimientos similares. No es culpa de los revolucionarios venezolanos que su lucha sea en primer término contra los imperialistas, en lo cual guarda perfecta identidad con las luchas que se realizan en Vietnam, en Angola, en el Congo o las que se libraron en Cuba y en Argelia. La culpa en este caso es de los imperialistas, que no han respetado fronteras ni continentes para extender su explotación”. Esto debiera obligarnos a todos los revolucionarios a revisar cuál es el alcance de la revolución socialista que nos hemos planteado hacer, tanto en Venezuela como en el resto de América. De otro modo, situaciones como la suscitada por la administración de Obama tendrán una respuesta tímida y poco ajustada a lo que es, en definitiva, la jurisdicción imperial estadounidense, ahora extendida a todo nuestro planeta, sin un contrapoder que le ponga coto alguno.-

LOS INSTRUMENTOS DE LA DOMINACIÓN IMPERIALISTA EN EL ESCENARIO MUNDIAL

LOS INSTRUMENTOS DE LA DOMINACIÓN IMPERIALISTA EN EL ESCENARIO MUNDIAL

Gracias a su diversificado sistema propagandístico, Estados Unidos ha conseguido imponerle su visión, estilo de vida e intereses particulares al resto del mundo, en un contexto internacional donde sus grandes corporaciones transnacionales contarán siempre con el despliegue inmediato de sus fuerzas armadas en cualquier zona geográfica, aún las más distantes, sin que le asista a ninguno de los países agredidos el derecho natural de defenderse, con todo lo que ello implica y representa para la continuidad y el respeto de su correspondiente soberanía nacional. Del mismo deriva la anuencia sutilmente forzada en torno a situaciones álgidas con gobiernos que -de una u otra manera- buscan una vía independiente del curso de la historia marcado por las elites dominantes de Washington desde el momento mismo que cesara la Segunda Guerra Mundial, cosa que devino en golpes de Estado, bloqueos económicos, sabotajes, invasiones, acusaciones sin base de violaciones a los derechos humanos, de totalitarismo, de comunismo, de narcotráfico y de terrorismo, asesinatos selectivos de dirigentes políticos y sociales, amenazas constantes de agresión y manipulación de los organismos multilaterales, entre éstos la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA) que tienen como soporte principal las mentiras vertidas por dicho sistema. De este modo, Estados Unidos ha justificado su injerencia imperialista en Guatemala, Cuba, República Dominicana, Vietnam, Grenada, Líbano, Panamá, Afganistán e Irak, sin olvidar lo mismo mediante el derrocamiento de los gobiernos de Chile, Haití, Venezuela y, en el tiempo reciente, de Honduras.

Esta forma de doctrina fue acompañada por la constitución de la USAID bajo el gobierno de Harry S. Truman en 1946, del Banco de Importaciones y Exportaciones (Eximbank), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento o Banco Mundial (BM), la Organización para el Fomento de Inversiones en América Latina (ADELA) y sus otros apéndices financieros, los cuales han tenido -fundamentalmente- un papel relevante en la promoción y mantenimiento de la dependencia económica de los países de Nuestra América respecto al Tío Sam.

Todo ello, conformando una vasta estrategia hegemónica diseñada al cabo de la Segunda Guerra Mundial y enunciada por el ideólogo y fundador de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, Allen W. Dulles, en el libro titulado “El arte de la inteligencia”, para contrarrestar, derrotar y, finalmente, eliminar a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), su enemigo ideológico y militar, de modo que la hegemonía estadounidense se impusiera sin rivales a nivel mundial, aplicándose luego en cada una de las zonas geográficas del planeta donde la autodeterminación de los pueblos personificaba una amenaza para la hegemonía imperialista, siendo el comunismo internacional la excusa perfecta para legitimar la intervención abierta o encubierta de Washington, como se evidenció desde entonces en Nuestra América, el sudeste asiático y África. Según Dulles, “solo unos pocos acertarán a sospechar e, incluso, a comprender lo que realmente sucede. Pero a esa gente la situaremos en una posición de indefensión, ridiculizándolos, encontrando la manera de calumniarle, desacreditarle y señalarle como desecho de la sociedad” y, dependiendo del grado potencial de amenaza que representara, matándola.

Tal estrategia fue perfeccionándose con el tiempo a través de equipos multidisciplinarios, teniendo en la industria cinematográfica de Hollywood, sin duda alguna, uno de sus mejores medios de propaganda, al crear una serie de iconos -tipo Superman o Rambo- que resaltan la supremacía racial, cultural, militar e ideológica de Estados Unidos. A lo interno de Estados Unidos, esta misma industria le ha inculcado a la población estadounidense ignorancia, odio y miedo respecto a los demás pueblos del mundo, de tal suerte que los indígenas, los mexicanos, los vietnamitas, los soviéticos, los alemanes, los árabes y los latinos en general, son presentados como salvajes, carentes de alguna moralidad e incultos, a quienes es preciso dominar, sin importar el precio que se pague.

Para lograr su cometido, el imperio ha conformado un frente mediático con canales de televisión, radios y prensa encargados de desinformar a los ciudadanos que acuden a ellos en búsqueda de información y de una opinión equilibrada que les permita conocer qué está aconteciendo. De ahí que éstos busquen influir en la mente de la gente a través de contenidos triviales o que resalten todo lo negativo y morboso que ocurra, como escándalos, accidentes trágicos, asesinatos y/o violaciones. Todo esto tiene que ser desmontado y deslegitimado por los movimientos revolucionarios mediante acciones concretas que les muestren a nuestros pueblos todo el entramado de desinformación y de alienación aplicado por el consorcio gobernante de Estados Unidos, de manera que exista una posibilidad real de emancipación, arraigada en el carácter nacional de cada uno, derrotando la imposición de un pensamiento único como parte de los mecanismos de dominación imperialista en el mundo.-

GAZA SIGUE EN RUINAS

GAZA SIGUE EN RUINAS

Al cumplirse un nuevo aniversario de la ejecución de la Operación Plomo Fundido -iniciada el 27 de diciembre de 2008 y finalizada el 18 de enero de 2009- por parte de las Fuerzas de Defensa Israelíes en contra de la población civil de la Franja de Gaza, tendríamos que recordarle al mundo entero que sus poblaciones siguen en ruinas, impidiéndoseles incluso el suministro necesario de alimentos y de medicinas. Dicha Operación militar estuvo centrada en la destrucción sistemática de cualquier resistencia del pueblo, en especial de la organización Hamás que se atrevió a enfrentar los ataques del ejército sionista, representando la esperanza de miles de palestinos de lograr la soberanía plena sobre sus territorios ancestrales ilegalmente ocupados.

Como siempre, el gobierno sionista de Israel desoyó los llamados de gobiernos y organismos internacionales al cese de esta ofensiva militar por aire, mar y tierra, totalmente desproporcionada y, fundamentalmente, genocida. Para justificar tal ofensiva, el gobierno de Tel Aviv expresó que su objetivo era destruir la "infraestructura terrorista”, además de la capacidad militar de Hamás, como represalia al lanzamiento de cohetes y proyectiles de mortero por parte de milicianos palestinos desde la Franja de Gaza. En el balance de muertes, los israelitas tuvieron catorce bajas, tres civiles y once soldados mientras que los palestinos sufrieron aproximadamente mil cuatrocientos, una mayoría de ellos civiles, a consecuencia del bombardeo indiscriminado e implacable. Este ataque -al igual que muchos otros ocurridos desde que se fijara la intención de desalojar a los palestinos de sus tierras, con apoyo del imperialismo combinado de Inglaterra y Estados Unidos- sigue el patrón genocida y racista de los nazis, sin que la comunidad internacional -sobre todo, la ONU- haga algo realmente serio para detener al gobierno sionista de Israel, como quedó demostrado al éste ordenar detener a la flotilla de voluntarios que se dirigía a Gaza a suministrar ayuda a sus habitantes; de manera que los palestinos tengan que optar por la migración forzosa ante lo precario de sus condiciones de sobrevivencia.

Está demás decir, que el sionismo logró su meta. En la actualidad, los habitantes de Gaza carecen de las cosas más elementales para vivir, en especial sus niños y adolescentes, quienes padecen el hostigamiento constante de las Fuerzas de Defensa Israelíes, siendo gravemente afectados en su bienestar sicológico general. Todo esto no es simple casualidad. Como lo expresara Ur Shlonsky, un escritor y activista anti sionista israelí, además de ser profesor en la Universidad de Ginebra, los sionistas pretenden “aterrorizar a la población civil, asegurando la máxima destrucción de propiedades y recursos culturales… La vida diaria de los palestinos debe llegar a ser insoportable: Hay que encerrarlos en ciudades y pueblos, impedir que ejerzan una vida económica normal, separarlos de sitios de trabajo, escuelas y hospitales. Esto alentará la emigración y debilitará la resistencia a futuras expulsiones.” Es lo que alguien denominara con certeza “desastre humanitario planificado” o, lo que es lo mismo, una limpieza étnica perpetrada sin disimulo alguno ante los ojos del mundo. Para conseguirlo, incentivan entre la población israelí el uso de la fuerza como mecanismo de autodefensa frente a lo que estiman una agresión irracional de los palestinos al defender su derecho a tener una patria, montando una calculada matriz de opinión que los hace ver como salvajes y fanáticos religiosos, sin respeto por sus derechos y su cultura milenaria.

Por otra parte, el cinismo de las autoridades sionistas es innegable, complementado por quienes desde Washington se han plegado a sus directrices en lo que comprende el Medio Oriente. Así, entretanto hablan de conversaciones de paz que distraiga la atención de los representantes palestinos, los sionistas nunca han dejado de lado sus planes de erradicar a la población árabe del territorio que alegan les pertenece por mandato divino, justamente aquel que rigiera en su tiempo el rey David, por lo que sus ambiciones geopolíticas se extienden más allá de Palestina. Por consiguiente, el Estado de Israel es el más interesado en crear y explotar las condiciones que hagan inestable la amplia región del Medio Oriente. Con esto en mente, Israel requiere eliminar hasta su raíz cualquier pretensión reivindicativa de los palestinos, como asimismo el fortalecimiento y la independencia de alguno de los Estados circundantes.

Como se podrá concluir, la Operación Plomo Fundido es un amargo recordatorio de la agenda militar, racista y genocida del Estado de Israel. A pesar de su campaña desinformativa a nivel mundial, esta es una realidad que jamás podrán ocultar. Mientras tanto, los habitantes de la Franja de Gaza esperan que la solidaridad internacional sea algo más que palabras sin efectividad y pueda contener los planes expansionistas y guerreristas del sionismo israelí, en beneficio de la paz en toda la geografía del Cercano Oriente.-         

 

 

¿CUÁL ES EL VERDADERO PROPÓSITO DE WIKILEAKS?

¿CUÁL ES EL VERDADERO PROPÓSITO DE WIKILEAKS?

            Entre las informaciones de mayor impacto mediático de 2010 se halla, sin duda, las revelaciones hechas por el portal WikiLeaks sobre documentos clasificados de Estados Unidos. Haciendo alusión a su nombre en español, filtraciones rápidas o fugas rápidas, esta organización mediática internacional sin fines de lucro e integrada por “periodistas, programadores de software, ingenieros de redes, matemáticos y otros”, le ha asestado un golpe demoledor al Departamento de Estado, al Pentágono y a las agencias de seguridad estadounidenses al revelar algunos detalles ocultos sobre su participación en las invasiones a Afganistán e Iraq y las labores de espionaje realizadas por su cuerpo diplomático a todo lo largo y ancho de nuestro planeta. En sí, tal portal no ha dado a conocer algo que ya no se supiera antes y que ha sido corroborado por algunos documentos desclasificados por las mismas autoridades estadounidenses, como la instigación y financiamiento de Estados Unidos para que se derrocara al Presidente Salvador Allende, además de otros hechos que dan cuenta del régimen de este país como un Estado terrorista de marca mayor.

           Todo esto ha contribuido a desarmar el andamio construido y reforzado por el régimen gringo desde la implosión de su contraparte imperialista, la Unión Soviética, para conservar e incrementar su presencia hegemónica a nivel mundial, cosa que le facilitó incursionar junto a sus aliados en Afganistán e Iraq, sin que el resto de los gobiernos protestara exitosamente, a pesar de la violación descarada del derecho internacional. Sólo habrá gente en los mismos Estados Unidos y Europa que, sugestionada por los grandes medios informativos, siga creyendo que todo ello es parte de una conspiración contra el mundo libre, cristiano y occidental. Sin embargo, algo que ha de resaltarse es, justamente, el papel que cumplen los diferentes medios de comunicación en el moldeamiento de la opinión pública, haciéndola permeable a los intereses de gobiernos y corporaciones transnacionales, aún en contra de los intereses y los derechos de los ciudadanos. Ésta sería una de las consecuencias de las revelaciones de WikiLeaks. De ahí el interés de algunos Estados de iniciar una cacería en contra de Julian Assange, el fundador y director de WikiLeaks, acusándolo de delitos no relacionados con su actividad, además de la suspensión del portal en Internet, pues consideran que vulnera su seguridad, a tal extremo que un columnista neoconservador de The Washington Times pidió tratarlo “de la misma manera que tratamos a otros objetivos terroristas de alto valor: matándolo”.  

           Ahora, nadie pone en duda la veracidad de estas revelaciones, lo que suscita suspicacia es su propósito, precisamente en momentos cuando el gobierno de Barack Obama y el mundo capitalista en general atraviesan uno de sus peores momentos y requieren controlar el avance de sus opositores. Otro tanto son los canales utilizados: The New York Times, El País, Le Monde, Der Spiegel y The Guardian, los cuales han publicado sólo aquello que sus editores juzgaron importantes para el público. ¿Tendría, acaso, un propósito similar al de Osama Bin Laden y Al Qaeda, los cuales resurgen cuando Estados Unidos necesita reforzar su lucha “antiterrorista” mundial? Si detallamos lo destapado por WikiLeaks, sólo resaltaría la hipocresía de los gobiernos de Estados Unidos y de otras naciones al presentarse como paladines de la democracia, pero en modo alguno tiende a cambiar las relaciones de poder existentes. Uno de sus efectos deseables es que se imponga un control social que funcione de abajo hacia arriba, lo cual tendría su repercusión en la responsabilidad de los diversos medios de difusión, acercándonos a la verdad de las cosas, aunque hayan intentos exitosos por diluirla y distorsionarla.-        

EL 11-S, ¿ATENTADO O AUTOATENTADO?

EL 11-S, ¿ATENTADO O AUTOATENTADO?

         Paulatinamente, desde hace algunos años se ha venido imponiendo en el territorio estadounidense un nuevo enfoque en relación a lo acontecido el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York con el derribo de las edificaciones del World Trade Center, un acontecimiento gracias al cual la administración Bush consiguió legitimar el intervencionismo yanqui a una escala mundial, sin las restricciones del derecho internacional. Ahora muchos grupos o asociaciones profesionales han presentado evidencias que demuestran la falsedad de la versión oficial. Según las evidencias acumuladas, el  ataque atribuido a integrantes de la red Al Qaeda (una creación del gobierno de James Carter para combatir a las tropas soviéticas en Afganistán), liderada por Osama Bin Laden, sólo fue una coartada del gobierno y de las transnacionales relacionadas con el mismo para tener vía libre -mediante el uso de tropas- en sus propósitos de control directo de los recursos energéticos en Oriente Medio; todo lo cual se deduce de videos que dan cuenta de explosiones previas al desplome de las Torres Gemelas, incluso a una altura diferente a aquella en que se estrelló uno de los aviones, específicamente en los pisos inferiores de la Torre Sur. Ello ha servido para concluir que el 11-S fue un auto-atentado en lugar del atentado aceptado y difundido oficialmente, resultando parte de una conspiración más amplia, propiciada por elementos vinculados al gobierno de Bush para así disponer de una matriz de opinión favorable a la doctrina de guerra preventiva, algo que se enlaza con las mentiras vertidas respecto a la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq y que fuera confirmado recientemente por personeros del gobierno de Barack Obama.

         Un dato importante que refuerza tal conclusión es el hecho que la comisión encargada de la investigación de lo ocurrido en Nueva York, aparentemente bajo la dirección de sus dos copresidentes, Thomas Kean, ex gobernador republicano, y Lee Hamilton, ex miembro demócrata del Congreso, en realidad estaba dirigida por Philip Zelikow, quien era además una pieza de la administración Bush-Cheney, el cual mantenía contacto con Condoleezza Rice y Karl Rove, el Secretario adjunto de la Casa Blanca. El informe de dicha comisión habría sido pre-elaborado por Zelikow, de modo que la destrucción del World Trade Center se entendiera y se aceptara como una operación de Bin Laden y Al Qaeda, es decir, un atentado perpetrado por árabes musulmanes a quienes era preciso castigar, someter o destruir, sobre todo, por ser diferentes en cultura y religión a los “cristianos sionistas” estadounidenses y, más aún, por ser éstos enemigos declarados del “pueblo elegido de Dios”, Israel.

         A semejanza de otros acontecimientos históricos utilizados por los gobiernos gringos para la declaración de guerras e intervenciones militares en otros países, como El Álamo, la explosión del Maine, el hundimiento del barco Lusitania, el ataque japonés a Pearl Harbour y el incidente de Tonkin, el 11-S le sirvió de excusa a Bush y a sus aliados comerciales para lograr el consenso de la opinión pública estadounidense respecto a su línea imperialista. De hecho, ello confirmaba lo que años antes señalaba el neo-conservador Zbigniew Brzezinsk sobre la necesidad de un nuevo Pearl Harbour que le permitiera a Estados Unidos justificar su estrategia de dominación, convirtiéndose así en la única potencia hegemónica del planeta, una vez eclosionada la URSS. Todo esto ha quedado prácticamente sepultado por la manipulación mediática de las grandes cadenas noticiosas estadounidenses y europeas, afectando incluso el respeto a los derechos civiles de la población de Estados Unidos, en razón de la lucha contra el “terrorismo internacional” decretada por Bush, al promulgarse y ejecutarse la Patriot Act (o Ley Patriota). Sin embargo, las investigaciones recientes tienden a reafirmar las sospechas respecto a la mentira, la operación militar y la conspiración conjunta del gobierno de Bush, el Pentágono y sus agencias de inteligencia que culminaron en lo acaecido al World Trade Center.-