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TEMAS ANTIIMPERIALISTAS

ESTADOS UNIDOS Y SU ESTATUTO IMPERIAL FRENTE AL MUNDO

ESTADOS UNIDOS Y SU ESTATUTO IMPERIAL FRENTE AL MUNDO

            Si hubiera una mejor disposición moral y política de los gobiernos, de los pueblos y de los diferentes organismos multilaterales del mundo por hacer cumplir y respetar las disposiciones del Derecho internacional (Convención de Ginebra, Declaración Universal de los Derechos Humanos y/o las resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad de la ONU, éstas últimas vetadas por un solo voto de Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Francia o China, en un contradictorio ejercicio de la democracia entre las naciones), ya Estados Unidos habría sido juzgado y condenado en reiteradas ocasiones por perpetrar crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio; del mismo modo que lo hecho por el Tribunal de Nüremberg contra los jerarcas más emblemáticos del nazismo en Alemania. Pero existe un “pequeño” detalle: Estados Unidos no reconoce, por ejemplo, la jurisdicción extraterritorial de la Corte Penal Internacional que podría encargarse de ello, como ya lo ha hecho en varias oportunidades; toda vez que quiere imponer su propia interpretación y aplicación de las leyes, estableciendo en consecuencia nuevas categorías legales que respondan a sus intereses particulares, como sucede con los prisioneros de guerra que mantienen en un limbo jurídico en la ilegítima base naval de Guantánamo, torturados, vejados e incomunicados, sin llegar a demostrarse convincentemente su condición de terroristas, calificados de combatientes o enemigos ilegales, por lo que serían ajenos a la aplicación de la Convención de Ginebra, más aún de los derechos consagrados en la misma Constitución estadounidense al hallarse en un territorio que no pertenece propiamente a Estados Unidos.

            De este modo, Estados Unidos ha asumido una posición de arrogancia por sobre toda la humanidad. Ya bien lo describía en 1998, durante la presidencia de Bill Clinton, la entonces Secretaria de Estado Madeleine Albright, tras un ataque de misiles cruceros contra Iraq: “si tenemos que emplear la fuerza es porque somos Estados Unidos. Somos la nación indispensable. Somos grandes. Anticipamos el futuro”. Siendo así, toda iniciativa de la Casa Blanca inscrita en su guerra contra el terrorismo global tendrá, por consiguiente, una duración y un ámbito territorial indefinidos, y será, además, “justa” desde todo punto de vista. Así, los diferentes gobiernos yanquis se han convertido en los ejecutores consecuentes de la estrategia comercial y militar del capitalismo neoliberal globalizado, en plena correspondencia con lo expuesto por Thomas Friedman, Consejero de Seguridad del gobierno de Clinton, respecto a que “la mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño invisible. Mac Donalds no puede extenderse sin Mc Donald Douglas, el fabricante del F-15. El puño invisible que garantiza la seguridad mundial de las tecnologías del Silicon Valley es el ejército, la fuerza aérea, la fuerza naval y el cuerpo de marines de los Estados Unidos”.

            Como se puede inferir, para Washington es vital que nadie ni nada contraríe este estatuto imperial. Por ello, el estado de ingobernabilidad o caos que viene propiciando desde hace algún tiempo en diferentes regiones y naciones (caso del Medio Oriente y Siria) se transforma por obra y gracia de la política imperial yanqui en escenario que facilite la imposición y existencia del neoliberalismo capitalista como expresión incuestionable de libertad, progreso y civilización; sobre todo, frente a quienes se resisten a ello, defendiendo su identidad cultural y su inalienable derecho a la autodeterminación.-        

OBAMA: LA FACHADA RISUEÑA DE UNA DICTADURA GLOBAL

OBAMA: LA FACHADA RISUEÑA DE UNA DICTADURA GLOBAL

La elección de Barack Obama como nuevo presidente de Estados Unidos llenó de entusiasmo y de expectativas a mucha gente, tanto de su propia nación como del resto del planeta, incluso de personas con una clara formación de izquierda, a tal punto que fue merecedor del altamente prestigioso premio Nobel de la Paz en reconocimiento anticipado del importante papel que habría de cumplir en el aseguramiento de un orden mundial que se destacaría por permitirle a toda la humanidad -finalmente- disfrutar de un clima permanente de paz y de absoluto respeto al derecho internacional y a los derechos humanos. Mucho de ello se debió al hecho que Obama es el primer presidente estadounidense con ascendencia africana, lo que algunos interpretaron (y continúan interpretando) ingenuamente como el cumplimiento del discurso del líder de la lucha por los derechos civiles de la población negra estadounidense, Martin Luther King, en el cual reflejaba su sueño de ver sentados a la misma mesa, sin discriminación alguna, a los descendientes de los esclavistas y a los descendientes de los esclavizados.

Sin embargo, transcurrido el tiempo, tal ilusión de armonía se ha desplomado ante las acciones gubernamentales y militares ordenadas por Obama, a tal grado que muchos coincidimos en que las mismas podrían precipitar una situación catastrófica de guerra mundial que haría añicos todo el nivel de desarrollo alcanzado a lo largo de los siglos por la humanidad, incluyendo su capacidad de sobrevivencia, al igual que en lo que respecta a la naturaleza en general. Así, Obama se ha revelado igual o peor que su antecesor en la Casa Blanca, el presidente de la guerra, como alguna vez se jactó públicamente de sí mismo: George W. Bush. Pero esto no es simplemente parte de un engaño bien urdido sino que responde a los intereses de ese poder tras el poder que domina a Estados Unidos, el cual está conformado, principalmente, por los dueños y señores de los grandes bancos estadounidenses, cuyo control (por vía legal) de la Reserva Federal les permite manejar a su antojo los hilos de la economía interna y externa, provocando quiebras, reajustes económicos draconianos y guerras por doquier que les garantice el dominio exclusivo del planeta, en lo que sería entonces una dictadura de signo global que –hasta ahora- sigue siendo imperceptible para una gran mayoría de ciudadanos de Estados Unidos y de otras naciones.

En este caso, Barack Obama es el peón ejecutante de una conspiración que viene tomando cuerpo visible desde hace varias décadas atrás y que, ulteriormente a la implosión de la URSS, se ha hecho suficientemente evidente luego de la declaratoria de Bush de guerra permanente contra el terrorismo. De este modo, la élite gobernante yanqui ha ido imponiendo los intereses de “seguridad nacional” de Estados Unidos para justificar las agresiones militares a otros Estados soberanos, al mismo tiempo que instalan gobiernos más dóciles a la voluntad de quienes rigen a Washington y Wall Street, sin que los pueblos, los organismos multilaterales y la opinión pública puedan -por ahora- contenerla y anularla, evitando su impío resurgimiento.-

SIRIA, CON LA URGENCIA DE LA RESISTENCIA Y LA SOLIDARIDAD MUNDIALES

SIRIA, CON LA URGENCIA DE LA RESISTENCIA Y LA SOLIDARIDAD MUNDIALES

La pretensión de las cúpulas gobernantes de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia de enfilar sus baterías contra el territorio soberano de la República Árabe de Siria con la aparente finalidad de acabar con los ataques que perpetra el gobierno del  Presidente Bashar al-Asad contra sus opositores y, en general, contra las poblaciones civiles indefensas, incluso con armas químicas prohibidas, tiene sus raíces en los planes elaborados en Washington durante la administración de George W. Bush que establecían el reordenamiento de la geopolítica en el Medio Oriente, de modo que allí pudieran modificarse las fronteras y se contara con gobiernos títeres, subordinados a los intereses del imperialismo yanqui y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). A pesar del hecho aparente de no contar con el aval necesario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para acometer una acción punitiva contra el gobierno sirio, el presidente Barack Obama estaría dispuesto a conformar una amplia alianza militar con gobiernos de Europa, así como también de otros países de la región del Medio Oriente, en una ofensiva que quiebre de forma contundente las defensas sirias y le facilite la toma de Damasco a las fuerzas mercenarias que han sido financiadas y apertrechadas por estos mismos gobiernos. Para Obama resulta fundamental que se logre operación internacional de claros tintes intervencionistas, puesto que su objetivo apunta al derrocamiento del gobierno de Siria, utilizando argumentos similares a los esgrimidos en su oportunidad contra Saddam Hussein cuando se ordenó la invasión a Irak a finales del siglo pasado. Sin embargo, las conjeturas de algunos analistas aluden a la posibilidad que sea aplicado el mismo esquema del bombardeo aéreo sobre la antigua Yugoslavia cuando la OTAN actuó por su cuenta, ignorando a propósito cualquier resolución que adoptara la ONU respecto a la situación allí creada. Como se determinó posteriormente, la intervención humanitaria, justificación presentada tardíamente por los Estados de la OTAN, no figura en la Carta de las Naciones Unidas ni en el derecho internacional consuetudinario; de modo que en dicha nación sólo hubo un interés meramente anexionista o, por lo menos, dirigido a conseguir un control efectivo de este territorio cercano a Rusia.

Como lo pregunta Diana Johnstone en un artículo de su autoría, “¿Cuántas veces puede utilizar EE.UU. una falsa alarma para comenzar una guerra agresiva? Un ‘genocidio’ inexistente en Kosovo y Libia, armas de destrucción masiva inexistentes en Irak, y ahora lo que gran parte del mundo considera un ataque de armas químicas de ‘bandera falsa’ en Siria”. El mundo entero conoce que Estados Unidos, sea republicano o demócrata su presidente, ha puesto en práctica los lineamientos del  Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (o en inglés Project for the New American Century), el cual sencillamente plantea la dominación suprema, tanto militar como económica, de todo el mundo, lo mismo que del espacio y el ciberespacio por parte de Estados Unidos, procediendo a la intervención sin tapujos en los problemas internos de otras nacionales e imponer, en consecuencia, la Pax Americana.

Por ello, la agresión inminente a Siria implica una alerta que no se puede subestimar, puesto que la misma estaría orientada a propiciar un enfrentamiento bélico de mayores proporciones y consecuencias con la República Islámica de Iraq, por lo que los sirios deben defenderse del acoso imperial con todos los recursos a su disposición, contando igualmente con la urgencia de la resistencia y la solidaridad de todos los pueblos del mundo.-

EE.UU. Y “SU” RESPETO AL DERECHO INTERNACIONAL

EE.UU. Y “SU” RESPETO AL DERECHO INTERNACIONAL

Prácticamente desde su nacimiento como nación, Estados Unidos se atribuyó un “destino manifiesto” sobre las demás naciones del mundo, comenzando por sus vecinas ubicadas al sur de sus fronteras, a las cuales debía extender su “protección” y su obligación “civilizadora”, y cuya mezcolanza étnica justificaba entonces ser dominadas por quienes eran portadores de la sabiduría occidental. A partir de esta convicción supremacista, los diferentes inquilinos de la Casa Blanca han seguido invariablemente un mismo patrón de conducta imperialista, ordenando todo tipo de tropelías en contra de la autodeterminación de los pueblos, en un juego de ajedrez geopolítico que les garantice la hegemonía mundial, sin rivales que se la disputen. De esta forma, Estados Unidos ha tenido una injerencia -directa e indirecta- en los asuntos internos de muchos países considerados estratégicos para sus intereses económicos, políticos y militares, a tal grado de ordenar el asesinato de presidentes y dirigentes políticos “disidentes”, el desembarco de marines, golpes de Estado y bloqueos económicos (como ocurre desde hace largo tiempo con Cuba); todo ello enmarcado en “la defensa de la democracia y de la paz universal”, que es decir todo aquello que beneficie y consolide dichos intereses.

A todas estas acciones imperialistas se suma la interpretación unilateral que ha hecho Washington del derecho internacional en la actualidad -según su propia conveniencia-, incluyendo lo pertinente a la Convención de Ginebra y el respeto a los derechos humanos, sin tomar en cuenta la posición contraria de gobiernos, organismos multilaterales y la opinión pública mundial. Así, los gobiernos de George Bush (padre e hijo) y de Barack Obama han violentado las normas establecidas por la ONU, han desconocido la jurisdicción de la Corte Penal Internacional y han fijado como fronteras de su país al planeta entero, contando para ello con sus secuaces de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en lo que fácilmente podría catalogarse de actos de piratería internacional, además de representar una vuelta al colonialismo que los mismos protagonizaran en el pasado en África, Asia y nuestra América, exterminando a sus pueblos aborígenes y saqueando sus riquezas.

De ahí que no extrañe nada las medidas de coerción y control que ahora pretende aplicar la corporación gobernante estadounidense a escala planetaria, las cuales deben aceptarse sumisa e incondicionalmente, bajo pena de ser castigados, en una u otra forma. Por eso, lo sucedido a sus propios ciudadanos (exacerbando el miedo atávico a un enemigo externo incivilizado,  e inculcado sistemáticamente a través de los diversos medios de información), ahora EE.UU. lo aplica a todos los continentes, creando una amplia red de espionaje (sin respeto a la intimidad de los hogares) y de chantajes políticos que explica -en parte- ese silencio cómplice que rodea todas sus acciones de terrorismo de Estado; todo esto en una cruzada neocolonialista, injerencista e imperialista que es preciso denunciar y enfrentar en todo momento, si se quiere preservar todavía lo más sagrado para cada persona y cada pueblo: su libertad integral.-

EL DESDÉN IMPERIAL Y LA LUCHA COMÚN DE NUESTROS PUEBLOS

EL DESDÉN IMPERIAL Y LA LUCHA COMÚN DE NUESTROS PUEBLOS

Con infinito cinismo y desdén imperial, los gobiernos que han regido Estados Unidos, sobre todo los de las dos últimas décadas, regularmente dan a conocer una lista en la cual condenan a naciones y gobiernos que estarían (aparentemente) patrocinando y/o respaldando la violación sistemática de los derechos humanos, la impunidad del terrorismo internacional y el tráfico ilícito de drogas; en una especie de chantaje que siempre obvia los múltiples desmanes cometidos dentro y fuera por los propios Estados Unidos.

Como lo cita Yldefonso Finol en su libro La falacia imperialista de los derechos humanos: “Bajo el cobijo de la promoción de los valores de la civilización occidental, Estados Unidos, erigido en ejemplo y paradigma de la libertad, ha desarrollado una política exterior, cuyo emblema discursivo ha sido la democracia. Han variado muchas cosas, los estilos, los mecanismos, pero lo que se ha mantenido inmutable es la creencia estadounidense del ‘destino manifiesto’; es decir, el derecho que se atribuyen de dirigir el destino de todo un continente. El argumento de los derechos humanos cae a pelo a esta práctica y se trasmuta en falacia mayúscula ante los horrendos saldos cosechados”. Ahora mismo, esta falacia le sirve al imperialismo gringo para desplegar sus tropas en cualquier parte del planeta, contando con la complicidad de sus socios agrupados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Así, bajo la excusa de preservar la paz mundial, los gobiernos yanquis han creado matrices de opinión que se repiten cada cierto tiempo que legitiman lo que será mañana noticia de primera plana, esto es, la invasión militar a algún país considerado disidente o una potencial amenaza, tal como ocurriera con Afganistán (afirmando que era albergue de las presuntas células musulmanas terroristas que destruyeron las Torres Gemelas de Nueva York), Iraq (acusando a Saddam Hussein de poseer un cuantioso e inexistente arsenal de armas de destrucción masiva), Libia (atribuyéndole a Muammar al-Gaddafi haber emprendido masacres contra su pueblo desarmado) y, últimamente, Siria (esgrimiendo que allí hay una tiranía que el pueblo sirio aspira sacudirse a través de las armas).

Sin embargo, al escrutar objetivamente las consecuencias de tales intervenciones, salta a la vista que las mismas siempre benefician los intereses económicos y geoestratégicos de Washington; quedando, por su parte, los países víctimas devastados o en peores condiciones a las supuestamente padecidas antes que ello ocurriera. Esta realidad -ocultada, minimizada y tergiversada sistemáticamente por las grandes empresas de la información- ha situado a los pueblos del mundo ante el dilema de sucumbir ante la nueva barbarie representada por Estados Unidos y sus socios europeos, o, por el contrario, luchar denodadamente por preservar su identidad cultural, sus recursos naturales y su soberanía, para lo cual será ineludible que se planteen a sí mismos la necesidad de la integración en bloques regionales, al modo de la UNASUR, la ALBA-TCP y la CELAC, promovidas desde Venezuela por el Presidente Hugo Chávez. De esta forma, la resistencia a las intenciones neocolonialistas e imperialistas estadounidenses y europeas se estrellarían, una a una, ante un muro de contención eficaz, cuyo soporte principal será la organización y la conciencia humanista, pluralista y democrática de nuestros pueblos, unidos siempre en un mismo objetivo y en una misma acción colectiva.

EL GLOBALISMO IMPERIAL Y SU CAOS “CONSTRUCTOR”

EL GLOBALISMO IMPERIAL Y SU CAOS “CONSTRUCTOR”

 

Las justificaciones de guerra justa contra el terrorismo internacional -formuladas a raíz del derrumbamiento de las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York el 11 de Septiembre de 2001- le han servido de mucho al imperialismo gringo en su ambicioso propósito de hacer del siglo XXI el siglo (norte) americano en el cual prevalezca, sin discusión alguna, su hegemonía absoluta. Para ello ha contado con la complicidad de sus socios, principalmente de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); utilizando, además de la intervención militar, la extorsión y el chantaje económico-político, cada vez con mayor descaro e impunidad, vulnerando ostensiblemente la soberanía del resto del mundo a fin de imponerles las políticas económicas que más les favorezcan, causando mayores niveles de pobreza, exclusión social y explotación de la clase trabajadora. Así, sus zarpas se han hecho sentir a sangre y fuego en aquellas naciones que poseen grandes yacimientos de gas y petróleo, sobre todo en Asia central, Medio Oriente y norte de África, asegurando su control directo por parte de sus poderosas corporaciones transnacionales.          

En Estados Unidos, como bien lo describe Pedro Ibáñez, “desde la conspiración comunista internacional de posguerra hasta la lucha contra el terrorismo de comienzos del siglo, la propaganda oficial de este país, en distintas épocas y con diferentes recursos, justifica el gasto militar, una política exterior intervencionista y el apoyo del pueblo estadounidense a un belicismo que sostiene al complejo militar industrial, cuyo fin es una perversa forma de desarrollar el capitalismo”. (El imperio antiheróico: entre la ficción y la mentira. Revista A Plena Voz, nº 55-56). Esto ha logrado que los ciudadanos estadounidenses, a pesar de lo cuestionable de las guerras emprendidas por sus gobiernos en los últimos veinte años, hayan terminado por legitimarlas, previendo una eventual amenaza exterior, convirtiendo en enemigos de su país a todo gobierno que no comparta sus criterios imperiales. De este modo, los distintos inquilinos de la Casa Blanca (desde Reagan hasta Obama) han compartido el inadmisible privilegio de ordenar guerras y operaciones militares en diversas latitudes, siempre invocando la guerra justa contra el terrorismo internacional como razón de Estado frente a un mundo que batalla contra una crisis cíclica del capitalismo que lo hace depender de una economía subsidiada por todos: la de Estados Unidos. Esta conexión entre economía y guerra es lo que le ha permitido a los grupos gobernantes de Estados Unidos erigirse como los amos y/o directores del sistema económico internacional, instituyendo un globalismo imperial que amenaza, incluso, con destruir todo vestigio de vida, dada su voracidad irracional de recursos naturales.

Para alcanzar sus mezquinos propósitos, el imperialismo global está perpetrando crímenes de lesa humanidad bajo la argucia de defender los derechos humanos, pisoteando la autodeterminación de los pueblos en nombre de la democracia e imponiendo sus mentiras como verdades inobjetables a través de los diferentes medios de comunicación a su servicio; todo ello con la innoble finalidad de causar un caos “constructor” de ese nuevo siglo estadounidense que se delineara tras el último gobierno de George W. Bush. Por eso, no debe sorprender a nadie las situaciones padecidas por Siria, Mali y otras naciones de la periferia capitalista, puesto que -simplemente- a esta nueva modalidad imperialista no le importa echar mano a los mismos recursos colonialistas de sus antepasados cuando sometieron y expoliaron los pueblos libres de África, Asia y América, disfrutando de la bonanza de sus suelos.-

 

GAZA Y LA SAGRADA IMPUNIDAD DEL SIONISMO

GAZA Y LA SAGRADA IMPUNIDAD DEL SIONISMO

A pesar del silencio cómplice de los gobiernos y de los grandes medios de información, que no sólo apoyan las agresiones constantes del sionismo contra el pueblo de Palestina, sino que tergiversan los hechos ocurridos en esa lejana región de nuestro planeta, la indignación de millones de personas se hizo manifiesta en muchos lugares ante el bombardeo desproporcionado recientemente desplegado por la Fuerza de Defensa de Israel contra Gaza, acribillando indiscriminadamente tanto a niños como a adultos, sin ningún tipo de reparación. La reacción de la Organización de las Naciones Unidas ha sido, como otras veces, poco menos que estéril y tardía, dada la indiferencia con que es recibida por las autoridades israelíes, apoyadas, como siempre, por el imperialismo yanqui y sus socios europeos, sin que ninguna resolución resulte decisiva para acabar con el martirio de los palestinos, cuya data traspasa más de cincuenta años entre desalojos forzados, detenciones arbitrarias, torturas, asesinatos selectivos de dirigentes, masacres planificadas y bloqueos sistemáticos; todo lo cual ha configurado -sin lugar a dudas- un genocidio mayor al que proyectaron y ejecutaron los nazis en Alemania y Europa.

Todo esto ha sido constantemente esgrimido por los gobernantes sionistas como resultado de una estrategia antisemita de parte de quienes critican y condenan sus agresiones al pueblo palestino, lo cual ha logrado que muchísima gente crea que los agresores son los palestinos, fanatizados por su credo religioso, y no las víctimas, como sucede realmente. A esto ha contribuido el manejo de la información a escala mundial y las llamadas películas de acción que colocan a los árabes en el cuestionable papel de terroristas, capaces de activar una bomba nuclear en medio de cualquier ciudad europea o estadounidense. Esto -y más- le ha permitido al Estado de Israel hacer de las suyas sin que nadie se lo impida, convirtiéndolo en un Estado atípico y decididamente guerrerista. Como lo describiera el escritor Eduardo Galeano, “Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza?”

Por otra parte, no hay que olvidar la limpieza étnica sionista de 1948, buscando dejar sin población palestina los ancestrales territorios que venían ocupando antes de la creación artificial del Estado de Israel. Este procedimiento discriminatorio persiste -no obstante las Regulaciones de La Haya de 1907 y la Cuarta Convención de Ginebra de 1949 sobre el tratamiento del ejército ocupante de las poblaciones ocupadas-, impidiéndoles a los palestinos, incluso, el derecho a la salud y a la alimentación, como a una identidad cultural propia, obligándolos a ser parias en su propia tierra. Para perpetuar sus “hazañas” bélicas, los sionistas se escudan tras una supuesta amenaza de los palestinos contra su existencia como Estado soberano, tratando de hacernos olvidar a todos en el mundo el cuantioso arsenal que poseen, con tanques blindados, artillería pesada, helicópteros de combate y aviones F-16 y F-18, sin incluir las armas atómicas, frente a las escuálidas armas con que pretenden defenderse los palestinos, en una guerra asimétrica en la cual hay más víctimas palestinas que israelitas. La realidad es que la verdadera amenaza para el sionismo es la paz que se logre, en pie de igualdad, con el pueblo de Palestina. De ahí que no sorprenda el por qué se mantiene inalterable su propósito original: liquidar definitivamente a Palestina.-

 

LA OFENSIVA IMPERIALISTA EN SIRIA APUNTA A IRÁN

LA OFENSIVA IMPERIALISTA EN SIRIA APUNTA A IRÁN
Con acusaciones reiteradas, pero sin comprobación tajante alguna, respecto a que la República Islámica de Irán construye armas de destrucción masiva que amenazan la paz mundial, el gobierno de Estados Unidos ordenó el desplazamiento de  su V Flota, ubicada en Bahrein, país monárquico del Golfo Pérsico, en torno al Estrecho de Ormuz, canal por donde transita el 35% del petróleo a nivel mundial. Al mismo tiempo, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) comenzó maniobras militares en el Mar Jónico, cuyo objetivo principal es la preparación de una intervención militar a gran escala que asegure el suministro de petróleo, través de esta importante vía marítima, a las naciones que la integran. Sin embargo, el trasfondo de todas estas maniobras por parte del imperialismo gringo y de sus aliados europeos es la reconfiguración de todo el Medio Oriente, tal como lo había previsto en su momento el gobierno guerrerista de George W. Bush, de modo que cada país de esta estratégica región quede bajo su influencia directa, estableciendo Estados y mini-Estados, cuyas soberanías respondan sumisamente a sus intereses capitalistas.
 
Así, a las acciones intervencionistas de Estados Unidos y sus socios en Afganistán, Irak y Libia (cuyo control no ha sido definitivo) se suma lo que sucede actualmente en Siria donde grupos de mercenarios reclutados por Arabia Saudita y Qatar han sido infiltrados en su territorio con la finalidad de derrocar al gobierno de Bachar al-Assad e imponer un régimen más propenso a favorecer las demandas estadounidenses y europeas, en un colonialismo de nuevo cuño que se pretende extender a todas las regiones del planeta, basándose en su poderío militar. Tales mercenarios han sido equipados sin disimulo por la OTAN, del mismo modo que lo hicieran en Libia, suministrándoles también informaciones de los desplazamientos e intercepción de las comunicaciones telefónicas de las tropas sirias por medio de su red de satélites. Todo ello aderezado con una campaña de manipulación de la opinión pública en los diferentes medios de información que hacen ver que se trata de una insurgencia popular contra la “dictadura” que padece Siria, exigiendo libertad y democracia para sus ciudadanos, cuestión que está muy a propósito del objetivo estadounidense de agredir a Irán, prácticamente cercado por las fuerzas hostiles de la OTAN, contando con el territorio sirio como plataforma de ataque, además de Israel.
 
Tal como ya lo señalara Álvaro Cunhal en 2001, “la ofensiva imperialista actualmente en curso tiene como objetivo declarado y anunciado, la imposición en todo el mundo del dominio absoluto del capitalismo como sistema único, universal y final”. Esto significa que cualquier concesión a Estados Unidos y sus socios de Europa estará limitando y subordinando la soberanía de los pueblos del mundo a sus intereses, de forma que esta realidad sea absoluta; cuestión que pareciera preocupar a los gobiernos de Rusia y China, los cuales tienen también sus intereses en la región del Medio Oriente y otros continentes que, ineludiblemente, estarían en confrontación con aquellos. En este último caso, tanto Rusia como China han utilizado su veto en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en contra de un mayor incremento de las actividades desestabilizadoras de la OTAN en Siria, anticipando quizás que ésta caiga en manos del imperialismo binario de Estados Unidos y Europa, afianzándose para sí mismos el control de mayores recursos energéticos. Esto es algo que no debe ignorarse a la hora de conocer qué persiguen realmente los regímenes estadounidense y europeos al apoyar a supuestas rebeliones populares en distintas latitudes del planeta en defensa de la democracia, puesto que se les estará dando carta blanca para hacer lo mismo en nuestras naciones.-