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TEMAS ANTIIMPERIALISTAS

SIRIA, CON LA URGENCIA DE LA RESISTENCIA Y LA SOLIDARIDAD MUNDIALES

SIRIA, CON LA URGENCIA DE LA RESISTENCIA Y LA SOLIDARIDAD MUNDIALES

La pretensión de las cúpulas gobernantes de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia de enfilar sus baterías contra el territorio soberano de la República Árabe de Siria con la aparente finalidad de acabar con los ataques que perpetra el gobierno del  Presidente Bashar al-Asad contra sus opositores y, en general, contra las poblaciones civiles indefensas, incluso con armas químicas prohibidas, tiene sus raíces en los planes elaborados en Washington durante la administración de George W. Bush que establecían el reordenamiento de la geopolítica en el Medio Oriente, de modo que allí pudieran modificarse las fronteras y se contara con gobiernos títeres, subordinados a los intereses del imperialismo yanqui y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). A pesar del hecho aparente de no contar con el aval necesario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para acometer una acción punitiva contra el gobierno sirio, el presidente Barack Obama estaría dispuesto a conformar una amplia alianza militar con gobiernos de Europa, así como también de otros países de la región del Medio Oriente, en una ofensiva que quiebre de forma contundente las defensas sirias y le facilite la toma de Damasco a las fuerzas mercenarias que han sido financiadas y apertrechadas por estos mismos gobiernos. Para Obama resulta fundamental que se logre operación internacional de claros tintes intervencionistas, puesto que su objetivo apunta al derrocamiento del gobierno de Siria, utilizando argumentos similares a los esgrimidos en su oportunidad contra Saddam Hussein cuando se ordenó la invasión a Irak a finales del siglo pasado. Sin embargo, las conjeturas de algunos analistas aluden a la posibilidad que sea aplicado el mismo esquema del bombardeo aéreo sobre la antigua Yugoslavia cuando la OTAN actuó por su cuenta, ignorando a propósito cualquier resolución que adoptara la ONU respecto a la situación allí creada. Como se determinó posteriormente, la intervención humanitaria, justificación presentada tardíamente por los Estados de la OTAN, no figura en la Carta de las Naciones Unidas ni en el derecho internacional consuetudinario; de modo que en dicha nación sólo hubo un interés meramente anexionista o, por lo menos, dirigido a conseguir un control efectivo de este territorio cercano a Rusia.

Como lo pregunta Diana Johnstone en un artículo de su autoría, “¿Cuántas veces puede utilizar EE.UU. una falsa alarma para comenzar una guerra agresiva? Un ‘genocidio’ inexistente en Kosovo y Libia, armas de destrucción masiva inexistentes en Irak, y ahora lo que gran parte del mundo considera un ataque de armas químicas de ‘bandera falsa’ en Siria”. El mundo entero conoce que Estados Unidos, sea republicano o demócrata su presidente, ha puesto en práctica los lineamientos del  Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (o en inglés Project for the New American Century), el cual sencillamente plantea la dominación suprema, tanto militar como económica, de todo el mundo, lo mismo que del espacio y el ciberespacio por parte de Estados Unidos, procediendo a la intervención sin tapujos en los problemas internos de otras nacionales e imponer, en consecuencia, la Pax Americana.

Por ello, la agresión inminente a Siria implica una alerta que no se puede subestimar, puesto que la misma estaría orientada a propiciar un enfrentamiento bélico de mayores proporciones y consecuencias con la República Islámica de Iraq, por lo que los sirios deben defenderse del acoso imperial con todos los recursos a su disposición, contando igualmente con la urgencia de la resistencia y la solidaridad de todos los pueblos del mundo.-

EE.UU. Y “SU” RESPETO AL DERECHO INTERNACIONAL

EE.UU. Y “SU” RESPETO AL DERECHO INTERNACIONAL

Prácticamente desde su nacimiento como nación, Estados Unidos se atribuyó un “destino manifiesto” sobre las demás naciones del mundo, comenzando por sus vecinas ubicadas al sur de sus fronteras, a las cuales debía extender su “protección” y su obligación “civilizadora”, y cuya mezcolanza étnica justificaba entonces ser dominadas por quienes eran portadores de la sabiduría occidental. A partir de esta convicción supremacista, los diferentes inquilinos de la Casa Blanca han seguido invariablemente un mismo patrón de conducta imperialista, ordenando todo tipo de tropelías en contra de la autodeterminación de los pueblos, en un juego de ajedrez geopolítico que les garantice la hegemonía mundial, sin rivales que se la disputen. De esta forma, Estados Unidos ha tenido una injerencia -directa e indirecta- en los asuntos internos de muchos países considerados estratégicos para sus intereses económicos, políticos y militares, a tal grado de ordenar el asesinato de presidentes y dirigentes políticos “disidentes”, el desembarco de marines, golpes de Estado y bloqueos económicos (como ocurre desde hace largo tiempo con Cuba); todo ello enmarcado en “la defensa de la democracia y de la paz universal”, que es decir todo aquello que beneficie y consolide dichos intereses.

A todas estas acciones imperialistas se suma la interpretación unilateral que ha hecho Washington del derecho internacional en la actualidad -según su propia conveniencia-, incluyendo lo pertinente a la Convención de Ginebra y el respeto a los derechos humanos, sin tomar en cuenta la posición contraria de gobiernos, organismos multilaterales y la opinión pública mundial. Así, los gobiernos de George Bush (padre e hijo) y de Barack Obama han violentado las normas establecidas por la ONU, han desconocido la jurisdicción de la Corte Penal Internacional y han fijado como fronteras de su país al planeta entero, contando para ello con sus secuaces de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en lo que fácilmente podría catalogarse de actos de piratería internacional, además de representar una vuelta al colonialismo que los mismos protagonizaran en el pasado en África, Asia y nuestra América, exterminando a sus pueblos aborígenes y saqueando sus riquezas.

De ahí que no extrañe nada las medidas de coerción y control que ahora pretende aplicar la corporación gobernante estadounidense a escala planetaria, las cuales deben aceptarse sumisa e incondicionalmente, bajo pena de ser castigados, en una u otra forma. Por eso, lo sucedido a sus propios ciudadanos (exacerbando el miedo atávico a un enemigo externo incivilizado,  e inculcado sistemáticamente a través de los diversos medios de información), ahora EE.UU. lo aplica a todos los continentes, creando una amplia red de espionaje (sin respeto a la intimidad de los hogares) y de chantajes políticos que explica -en parte- ese silencio cómplice que rodea todas sus acciones de terrorismo de Estado; todo esto en una cruzada neocolonialista, injerencista e imperialista que es preciso denunciar y enfrentar en todo momento, si se quiere preservar todavía lo más sagrado para cada persona y cada pueblo: su libertad integral.-

EL DESDÉN IMPERIAL Y LA LUCHA COMÚN DE NUESTROS PUEBLOS

EL DESDÉN IMPERIAL Y LA LUCHA COMÚN DE NUESTROS PUEBLOS

Con infinito cinismo y desdén imperial, los gobiernos que han regido Estados Unidos, sobre todo los de las dos últimas décadas, regularmente dan a conocer una lista en la cual condenan a naciones y gobiernos que estarían (aparentemente) patrocinando y/o respaldando la violación sistemática de los derechos humanos, la impunidad del terrorismo internacional y el tráfico ilícito de drogas; en una especie de chantaje que siempre obvia los múltiples desmanes cometidos dentro y fuera por los propios Estados Unidos.

Como lo cita Yldefonso Finol en su libro La falacia imperialista de los derechos humanos: “Bajo el cobijo de la promoción de los valores de la civilización occidental, Estados Unidos, erigido en ejemplo y paradigma de la libertad, ha desarrollado una política exterior, cuyo emblema discursivo ha sido la democracia. Han variado muchas cosas, los estilos, los mecanismos, pero lo que se ha mantenido inmutable es la creencia estadounidense del ‘destino manifiesto’; es decir, el derecho que se atribuyen de dirigir el destino de todo un continente. El argumento de los derechos humanos cae a pelo a esta práctica y se trasmuta en falacia mayúscula ante los horrendos saldos cosechados”. Ahora mismo, esta falacia le sirve al imperialismo gringo para desplegar sus tropas en cualquier parte del planeta, contando con la complicidad de sus socios agrupados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Así, bajo la excusa de preservar la paz mundial, los gobiernos yanquis han creado matrices de opinión que se repiten cada cierto tiempo que legitiman lo que será mañana noticia de primera plana, esto es, la invasión militar a algún país considerado disidente o una potencial amenaza, tal como ocurriera con Afganistán (afirmando que era albergue de las presuntas células musulmanas terroristas que destruyeron las Torres Gemelas de Nueva York), Iraq (acusando a Saddam Hussein de poseer un cuantioso e inexistente arsenal de armas de destrucción masiva), Libia (atribuyéndole a Muammar al-Gaddafi haber emprendido masacres contra su pueblo desarmado) y, últimamente, Siria (esgrimiendo que allí hay una tiranía que el pueblo sirio aspira sacudirse a través de las armas).

Sin embargo, al escrutar objetivamente las consecuencias de tales intervenciones, salta a la vista que las mismas siempre benefician los intereses económicos y geoestratégicos de Washington; quedando, por su parte, los países víctimas devastados o en peores condiciones a las supuestamente padecidas antes que ello ocurriera. Esta realidad -ocultada, minimizada y tergiversada sistemáticamente por las grandes empresas de la información- ha situado a los pueblos del mundo ante el dilema de sucumbir ante la nueva barbarie representada por Estados Unidos y sus socios europeos, o, por el contrario, luchar denodadamente por preservar su identidad cultural, sus recursos naturales y su soberanía, para lo cual será ineludible que se planteen a sí mismos la necesidad de la integración en bloques regionales, al modo de la UNASUR, la ALBA-TCP y la CELAC, promovidas desde Venezuela por el Presidente Hugo Chávez. De esta forma, la resistencia a las intenciones neocolonialistas e imperialistas estadounidenses y europeas se estrellarían, una a una, ante un muro de contención eficaz, cuyo soporte principal será la organización y la conciencia humanista, pluralista y democrática de nuestros pueblos, unidos siempre en un mismo objetivo y en una misma acción colectiva.

EL GLOBALISMO IMPERIAL Y SU CAOS “CONSTRUCTOR”

EL GLOBALISMO IMPERIAL Y SU CAOS “CONSTRUCTOR”

 

Las justificaciones de guerra justa contra el terrorismo internacional -formuladas a raíz del derrumbamiento de las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York el 11 de Septiembre de 2001- le han servido de mucho al imperialismo gringo en su ambicioso propósito de hacer del siglo XXI el siglo (norte) americano en el cual prevalezca, sin discusión alguna, su hegemonía absoluta. Para ello ha contado con la complicidad de sus socios, principalmente de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); utilizando, además de la intervención militar, la extorsión y el chantaje económico-político, cada vez con mayor descaro e impunidad, vulnerando ostensiblemente la soberanía del resto del mundo a fin de imponerles las políticas económicas que más les favorezcan, causando mayores niveles de pobreza, exclusión social y explotación de la clase trabajadora. Así, sus zarpas se han hecho sentir a sangre y fuego en aquellas naciones que poseen grandes yacimientos de gas y petróleo, sobre todo en Asia central, Medio Oriente y norte de África, asegurando su control directo por parte de sus poderosas corporaciones transnacionales.          

En Estados Unidos, como bien lo describe Pedro Ibáñez, “desde la conspiración comunista internacional de posguerra hasta la lucha contra el terrorismo de comienzos del siglo, la propaganda oficial de este país, en distintas épocas y con diferentes recursos, justifica el gasto militar, una política exterior intervencionista y el apoyo del pueblo estadounidense a un belicismo que sostiene al complejo militar industrial, cuyo fin es una perversa forma de desarrollar el capitalismo”. (El imperio antiheróico: entre la ficción y la mentira. Revista A Plena Voz, nº 55-56). Esto ha logrado que los ciudadanos estadounidenses, a pesar de lo cuestionable de las guerras emprendidas por sus gobiernos en los últimos veinte años, hayan terminado por legitimarlas, previendo una eventual amenaza exterior, convirtiendo en enemigos de su país a todo gobierno que no comparta sus criterios imperiales. De este modo, los distintos inquilinos de la Casa Blanca (desde Reagan hasta Obama) han compartido el inadmisible privilegio de ordenar guerras y operaciones militares en diversas latitudes, siempre invocando la guerra justa contra el terrorismo internacional como razón de Estado frente a un mundo que batalla contra una crisis cíclica del capitalismo que lo hace depender de una economía subsidiada por todos: la de Estados Unidos. Esta conexión entre economía y guerra es lo que le ha permitido a los grupos gobernantes de Estados Unidos erigirse como los amos y/o directores del sistema económico internacional, instituyendo un globalismo imperial que amenaza, incluso, con destruir todo vestigio de vida, dada su voracidad irracional de recursos naturales.

Para alcanzar sus mezquinos propósitos, el imperialismo global está perpetrando crímenes de lesa humanidad bajo la argucia de defender los derechos humanos, pisoteando la autodeterminación de los pueblos en nombre de la democracia e imponiendo sus mentiras como verdades inobjetables a través de los diferentes medios de comunicación a su servicio; todo ello con la innoble finalidad de causar un caos “constructor” de ese nuevo siglo estadounidense que se delineara tras el último gobierno de George W. Bush. Por eso, no debe sorprender a nadie las situaciones padecidas por Siria, Mali y otras naciones de la periferia capitalista, puesto que -simplemente- a esta nueva modalidad imperialista no le importa echar mano a los mismos recursos colonialistas de sus antepasados cuando sometieron y expoliaron los pueblos libres de África, Asia y América, disfrutando de la bonanza de sus suelos.-

 

GAZA Y LA SAGRADA IMPUNIDAD DEL SIONISMO

GAZA Y LA SAGRADA IMPUNIDAD DEL SIONISMO

A pesar del silencio cómplice de los gobiernos y de los grandes medios de información, que no sólo apoyan las agresiones constantes del sionismo contra el pueblo de Palestina, sino que tergiversan los hechos ocurridos en esa lejana región de nuestro planeta, la indignación de millones de personas se hizo manifiesta en muchos lugares ante el bombardeo desproporcionado recientemente desplegado por la Fuerza de Defensa de Israel contra Gaza, acribillando indiscriminadamente tanto a niños como a adultos, sin ningún tipo de reparación. La reacción de la Organización de las Naciones Unidas ha sido, como otras veces, poco menos que estéril y tardía, dada la indiferencia con que es recibida por las autoridades israelíes, apoyadas, como siempre, por el imperialismo yanqui y sus socios europeos, sin que ninguna resolución resulte decisiva para acabar con el martirio de los palestinos, cuya data traspasa más de cincuenta años entre desalojos forzados, detenciones arbitrarias, torturas, asesinatos selectivos de dirigentes, masacres planificadas y bloqueos sistemáticos; todo lo cual ha configurado -sin lugar a dudas- un genocidio mayor al que proyectaron y ejecutaron los nazis en Alemania y Europa.

Todo esto ha sido constantemente esgrimido por los gobernantes sionistas como resultado de una estrategia antisemita de parte de quienes critican y condenan sus agresiones al pueblo palestino, lo cual ha logrado que muchísima gente crea que los agresores son los palestinos, fanatizados por su credo religioso, y no las víctimas, como sucede realmente. A esto ha contribuido el manejo de la información a escala mundial y las llamadas películas de acción que colocan a los árabes en el cuestionable papel de terroristas, capaces de activar una bomba nuclear en medio de cualquier ciudad europea o estadounidense. Esto -y más- le ha permitido al Estado de Israel hacer de las suyas sin que nadie se lo impida, convirtiéndolo en un Estado atípico y decididamente guerrerista. Como lo describiera el escritor Eduardo Galeano, “Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza?”

Por otra parte, no hay que olvidar la limpieza étnica sionista de 1948, buscando dejar sin población palestina los ancestrales territorios que venían ocupando antes de la creación artificial del Estado de Israel. Este procedimiento discriminatorio persiste -no obstante las Regulaciones de La Haya de 1907 y la Cuarta Convención de Ginebra de 1949 sobre el tratamiento del ejército ocupante de las poblaciones ocupadas-, impidiéndoles a los palestinos, incluso, el derecho a la salud y a la alimentación, como a una identidad cultural propia, obligándolos a ser parias en su propia tierra. Para perpetuar sus “hazañas” bélicas, los sionistas se escudan tras una supuesta amenaza de los palestinos contra su existencia como Estado soberano, tratando de hacernos olvidar a todos en el mundo el cuantioso arsenal que poseen, con tanques blindados, artillería pesada, helicópteros de combate y aviones F-16 y F-18, sin incluir las armas atómicas, frente a las escuálidas armas con que pretenden defenderse los palestinos, en una guerra asimétrica en la cual hay más víctimas palestinas que israelitas. La realidad es que la verdadera amenaza para el sionismo es la paz que se logre, en pie de igualdad, con el pueblo de Palestina. De ahí que no sorprenda el por qué se mantiene inalterable su propósito original: liquidar definitivamente a Palestina.-

 

LA OFENSIVA IMPERIALISTA EN SIRIA APUNTA A IRÁN

LA OFENSIVA IMPERIALISTA EN SIRIA APUNTA A IRÁN
Con acusaciones reiteradas, pero sin comprobación tajante alguna, respecto a que la República Islámica de Irán construye armas de destrucción masiva que amenazan la paz mundial, el gobierno de Estados Unidos ordenó el desplazamiento de  su V Flota, ubicada en Bahrein, país monárquico del Golfo Pérsico, en torno al Estrecho de Ormuz, canal por donde transita el 35% del petróleo a nivel mundial. Al mismo tiempo, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) comenzó maniobras militares en el Mar Jónico, cuyo objetivo principal es la preparación de una intervención militar a gran escala que asegure el suministro de petróleo, través de esta importante vía marítima, a las naciones que la integran. Sin embargo, el trasfondo de todas estas maniobras por parte del imperialismo gringo y de sus aliados europeos es la reconfiguración de todo el Medio Oriente, tal como lo había previsto en su momento el gobierno guerrerista de George W. Bush, de modo que cada país de esta estratégica región quede bajo su influencia directa, estableciendo Estados y mini-Estados, cuyas soberanías respondan sumisamente a sus intereses capitalistas.
 
Así, a las acciones intervencionistas de Estados Unidos y sus socios en Afganistán, Irak y Libia (cuyo control no ha sido definitivo) se suma lo que sucede actualmente en Siria donde grupos de mercenarios reclutados por Arabia Saudita y Qatar han sido infiltrados en su territorio con la finalidad de derrocar al gobierno de Bachar al-Assad e imponer un régimen más propenso a favorecer las demandas estadounidenses y europeas, en un colonialismo de nuevo cuño que se pretende extender a todas las regiones del planeta, basándose en su poderío militar. Tales mercenarios han sido equipados sin disimulo por la OTAN, del mismo modo que lo hicieran en Libia, suministrándoles también informaciones de los desplazamientos e intercepción de las comunicaciones telefónicas de las tropas sirias por medio de su red de satélites. Todo ello aderezado con una campaña de manipulación de la opinión pública en los diferentes medios de información que hacen ver que se trata de una insurgencia popular contra la “dictadura” que padece Siria, exigiendo libertad y democracia para sus ciudadanos, cuestión que está muy a propósito del objetivo estadounidense de agredir a Irán, prácticamente cercado por las fuerzas hostiles de la OTAN, contando con el territorio sirio como plataforma de ataque, además de Israel.
 
Tal como ya lo señalara Álvaro Cunhal en 2001, “la ofensiva imperialista actualmente en curso tiene como objetivo declarado y anunciado, la imposición en todo el mundo del dominio absoluto del capitalismo como sistema único, universal y final”. Esto significa que cualquier concesión a Estados Unidos y sus socios de Europa estará limitando y subordinando la soberanía de los pueblos del mundo a sus intereses, de forma que esta realidad sea absoluta; cuestión que pareciera preocupar a los gobiernos de Rusia y China, los cuales tienen también sus intereses en la región del Medio Oriente y otros continentes que, ineludiblemente, estarían en confrontación con aquellos. En este último caso, tanto Rusia como China han utilizado su veto en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en contra de un mayor incremento de las actividades desestabilizadoras de la OTAN en Siria, anticipando quizás que ésta caiga en manos del imperialismo binario de Estados Unidos y Europa, afianzándose para sí mismos el control de mayores recursos energéticos. Esto es algo que no debe ignorarse a la hora de conocer qué persiguen realmente los regímenes estadounidense y europeos al apoyar a supuestas rebeliones populares en distintas latitudes del planeta en defensa de la democracia, puesto que se les estará dando carta blanca para hacer lo mismo en nuestras naciones.-  

EL NUEVO COLONIALISMO GRINGO-EUROPEO: EXPRESIÓN DE LA BARBARIE CAPITALISTA

EL NUEVO COLONIALISMO GRINGO-EUROPEO: EXPRESIÓN DE LA BARBARIE CAPITALISTA

Según lo revelara en una entrevista realizada en marzo de 2007 el General Wesley Clark, ex Comandante Supremo de la OTAN durante la guerra en Kosovo, Estados Unidos anticipaba ya una intervención militar en Iraq, Libia, Siria, Irán y otras naciones del Medio Oriente, todo con el deliberado propósito de apoderarse de sus yacimientos petroleros y de reconfigurar dicha región según sus intereses económicos con el apoyo de sus socios de Europa e Israel, involucrados todos en una moderna cruzada colonialista. La excusa sería luchar contra el terrorismo, teniendo como telón de fondo lo ocurrido a las torres del World Trade Center de New York.

En la actualidad, los hechos confirman cada día las pretensiones del complejo militar-industrial que domina la Casa Blanca, apuntando al control de los recursos petroleros y a la imposición de un nuevo orden mundial regido por el capital transnacional. Para ello, las situaciones críticas o de conflicto interno existentes en algunas naciones (algunas de ellas inducidas por Washington y sus aliados europeos) son el pretexto para intervenir en las mismas, aduciendo que lo hacen en resguardo de los ciudadanos amenazados y/o masacrados por sus gobiernos, ahora convertidos por obra y gracia de los grandes medios industriales de información en dictaduras o regímenes que usurpan la soberanía popular y violan los derechos humanos. Mediante esta estratagema, el imperialismo binario de Estados y Europa viene imponiéndole al resto del mundo una versión modernizada del colonialismo, tutelando las soberanías nacionales, como lo está haciendo en el caso de Grecia, valiéndose de la crisis económica que atraviesa.

En consecuencia, nada de lo que está sucediendo en Medio Oriente podría casual. Las intenciones son muy claras y no han sido negadas por ninguno de los gobiernos involucrados en su puesta en práctica. Incluso se ha buscado sumar al festín a Rusia y a China, de forma que su poder de veto en el seno de la ONU no entorpezca dichas intenciones. Así, las naciones poseedoras de riquezas naturales estratégicas, como el gas y el petróleo, vitales para el estilo de vida de sus pares industrializadas, corren el grave riesgo de ser víctimas de su voracidad insaciable. El hecho que algunas de ellas no lo sean todavía, no niega que ya estén en la mira de los halcones gringos y europeos, animados por el éxito de sus recientes operaciones militares.

Todo esto tiene, sin embargo, su contraparte y eso le imprime cierto optimismo a la situación programada por los grandes centros de poder hegemónico a nivel mundial: la reacción de los indignados que amenaza con extenderse a los cinco continentes en contra del sistema capitalista. Esta es una cuestión que merece un mayor análisis. Comprender sus causas ayudaría a detener los planes imperialistas de gringos y europeos, concientizados los pueblos de la necesidad de una alternativa revolucionaria que acabe de una vez por todas con la recurrente transferencia de riqueza de los más pobres a los más ricos para superar coyunturalmente la crisis sistémica del capitalismo. A través de esta comprensión, sumada a la necesidad de un mundo multipolar, los pueblos de todo el planeta harían retroceder los planes hegemónicos de las grandes potencias industrializadas, incluso por su propio bienestar, puesto que se trata de liberarlos a todos de la actual barbarie capitalista.-

EL CINISMO IMPERIAL: “NOSOTROS ESTAMOS EN LIBIA POR EL PETRÓLEO”

EL CINISMO IMPERIAL: “NOSOTROS ESTAMOS EN LIBIA POR EL PETRÓLEO”

Durante el diálogo sostenido con la periodista Andrea Mitchell, a través de la cadena internacional MSNBC, el senador demócrata Ed Markey aseguró que “... Bueno, nosotros estamos en Libia por el petróleo. Igual que Japón lo está por la tecnología nuclear. Y esta dependencia que tenemos por el petróleo, es una necesidad que tiene Estados Unidos de tener un programa de energía renovable en el futuro”.

Así, los gobiernos y ejércitos que integran la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) violaron descaradamente las disposiciones de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la cual -pese a su carácter evidentemente intervencionista y neocolonialista, prohibió las operaciones militares en tierra y no contemplaba el derrocamiento de Muammar Gadafi ni el reconocimiento del Consejo Nacional de Transición como gobierno de facto de Libia. Dicha resolución solo autorizaba a los mandos de la OTAN a brindarle  protección de los civiles supuestamente masacrados por las fuerzas gubernamentales libias, pero estos se extralimitaron y organizaron una operación combinada de fuerzas aéreas, navales y terrestres, violando radicalmente la decisión del Consejo de Seguridad, secundados por una campaña mediática a nivel mundial que daba cuenta de la tiranía de Gadafi y de sus crímenes de lesa humanidad.

Muammar Gadafi se convirtió en uno de los socios más fieles del imperialismo en la región de Oriente Medio, especialmente de Francia e Italia, lo que no impidió que los gobiernos de tales naciones, junto con el de Estados Unidos, armaran y respaldaran militarmente a mercenarios, cuya misión principal es la de asegurarles el acceso al petróleo de alta calidad existente en el subsuelo libio. Este hecho, de por sí, constituye una señal de advertencia para el resto de las naciones que disponen de recursos estratégicos esenciales para las potencias capitalistas, las cuales -como quedó demostrado en este caso, al igual que en Afganistán e Iraq- no tendrán reparo alguno en violar la Carta de las Naciones Unidas, validas de su poder de veto en dicha organización, además de su poder bélico, para imponer su voluntad a todo el planeta en un reparto neocolonial que nos recuerda lo hecho en los siglos anteriores por Europa.

Luego de la confusión producida por las rebeliones de Túnez y Egipto -que los hizo defender los regímenes derrocados-, los gobiernos de Estados Unidos y Europa reaccionaron de distinta manera en el caso de Libia, desatando una bien cuidada campaña de desinformación que hizo ver a los mercenarios que ellos patrocinaron como rebeldes enfrentados a una cruel tiranía, llegándose a calificar los acontecimientos allí como una guerra civil. En cierto modo, siguieron los mismos patrones aplicados durante la llamada Guerra Fría cuando enfrentaban la “conspiración mundial comunista”, representada por la URSS. Ahora que la estrategia resultó exitosa, no podemos sustraernos a la idea que la misma será aplicada en algún otro lado, teniendo como blancos principales aquellos países provistos de materias primas requeridos por el capitalismo mundial. Para Estados Unidos, tal estrategia la orientaría hacia su “patio trasero”, nuestra América, lo que debiera prevenir a los gobiernos y pueblos de esta amplia región a contrarrestarla de antemano, de una forma parecida a la empleada contra las pretensiones del ALCA, en una confrontación asimétrica, pero efectiva, que desnude y venza el cinismo imperialista de Washington y de sus socios europeos.-