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TEMAS ANTIIMPERIALISTAS

LAS NUEVAS FRONTERAS DE ESTADOS UNIDOS

LAS NUEVAS FRONTERAS DE ESTADOS UNIDOS

Es un secreto a voces que Estados Unidos busca mantener, reforzar y ampliar su hegemonía a nivel mundial. Esto ha impulsado al complejo militar-industrial que gobierna a Estados Unidos a emprender, a la vista de todos y con la bendición de la ONU y el acompañamiento incondicional de la OTAN, de una expansión militar sin precedentes en su historia particular, la cual -por lo inmediato- se hace sentir desde hace algo más de dos décadas consecutivas y con absoluta impunidad en los países de Asia, con un énfasis especial en la región del Medio Oriente, donde la presencia de una organización extremista como Daesh (mejor conocida como Estado Islámico) le sirve de excusa perfecta para incrementar sus acciones militares en “defensa de la comunidad internacional”, haciendo olvidar su responsabilidad directa en los acontecimientos que en dicha región tienen lugar.

De esta forma, la elite gobernante gringa demuestra su disposición de aplicar lo se ha dado a conocer como la “teoría del caos constructor” (o constructivo), la cual no es otra cosa que el plan diseñado por Washington para remodelar las fronteras, en este caso, de las naciones del Medio Oriente, teniendo en cuenta la riqueza petrolera allí existente, por lo que no es ninguna casualidad que naciones como Afganistán, Iraq, Libia y Siria sean blanco del mismo. Para esto, Estados Unidos ha desconocido y aplicado a su total conveniencia las normativas contempladas en los Convenios de Ginebra, además de sus Protocolos de 1949 y 1977, respecto a la “humanización” de la guerra, e incluso haciendo accesoria la autorización del Congreso al presidente para que ordene la agresión militar contra cualquier país soberano.

Así, considerando al planeta entero como su actual teatro de operaciones, el Pentágono se ha permitido rediseñar la doctrina militar que le fuera característico durante largos años, a tal punto que ha preponderado el número de efectivos activos y de equipos de sus fuerzas navales en cada mar y océano de la Tierra, sumado a la diseminación de bases militares de todo tipo que -como en la amplia geografía de nuestra América- tienen por misión primordial “custodiar” aquellas zonas con profusión de recursos estratégicos para los intereses y el estilo de vida capitalista estadounidenses. Bajo tal lineamiento imperialista y neocolonialista, las fronteras de Estados Unidos se han extendido a todos los continentes, lo que ya ha causado serias fricciones, por ejemplo, con Rusia, la cual se ve cercada y amenazada por vecinos alineados con los dictados gringos, así ello provoque eventualmente un conflicto bélico de incalculables consecuencias para toda la humanidad, aún mayores a las sufridas con la Primera y la Segunda Guerra Mundiales. Por tal motivo, a la humanidad y, por supuesto, a todos los gobiernos, no les debe ser indiferente lo que haga la Casa Blanca en su pretendida guerra contra el terrorismo internacional, puesto que ello sería como otorgarle la aprobación a sus pretensiones imperialistas y neocolonialistas de expandir sus fronteras “naturales” a costa de la soberanía de las demás naciones del mundo, esgrimiendo como argumento válido su presunto “destino manifiesto”.-   

 

EL VAQUERO LOCO Y SU GUIÓN GUERRERISTA

EL VAQUERO LOCO Y SU GUIÓN GUERRERISTA

La paulatina y, al parecer, inexorable pérdida de su hegemonía a nivel mundial -disputada en algunos campos por Rusia y China a quienes considera sin ambages sus rivales-, ha hecho que Estados Unidos esté acelerando la puesta en escena de un plan laboriosamente elaborado desde hace unas cuantas décadas por el Pentágono y sus asesores en seguridad nacional y que contempla, sencillamente, el dominio absoluto estadounidense sobre todo aquello que le sea indispensable para sostener su estilo de vida mediante un control indiscutible de recursos y territorios estratégicos. En atención a ello, cada inquilino de la Casa Blanca -desde el ex actor Ronald Reagan hasta el falaz premio Nobel de la Paz Barack Obama- ha contribuido con este guión guerrerista, haciendo ver a su país como un vaquero loco por la irracionalidad y prepotencia con que actúa frente al resto del mundo e imponer sus criterios imperialistas.

Así, las invasiones a varias naciones de Oriente Medio tienen como primordial misión la de apoderarse de los yacimientos de hidrocarburos que éstas poseen más que el combate al terrorismo internacional y el respeto de los derechos humanos, como ya se ha puesto en evidencia tras cada incursión armada de Estados Unidos y de sus aliados de la OTAN, aumentando la inestabilidad y la violencia política propiciadas, precisamente, por estas potencias occidentales. Ahora, sin eufemismos con qué encubrir su estrategia expansionista y neocolonial, la elite gobernante yanqui protagoniza un juego de tensiones diplomáticas y militares con Rusia, lo que ha hecho concluir a muchos analistas que se está en los umbrales de una nueva y más catastrófica conflagración mundial, con unas consecuencias nefastas para toda la humanidad. En tal sentido, Estados Unidos ha recurrido, una vez más, a sus grandes centros industriales de manipulación informativa, distorsionando a su favor todo lo que está ocurriendo con Rusia a propósito de la situación interna de Ucrania. Es un forcejeo entre colosos del que espera Estados Unidos aspira salir airoso, apuntando también a China e Irán.

Como se podrá inferir, el guión guerrerista de este vaquero loco no se limita a lo que sería su confrontación con alguna de estas potencias que, incluso, se han atrevido a tener presencia activa en nuestra América, considerada su patio trasero, sino a todo aquello que represente la posibilidad de implantar un mundo pluripolar, sin centros de poder hegemónico que menosprecien y sometan a su antojo la soberanía de los demás países, ya que todo eso iría en contra de lo que se diseñó en Washington como el nuevo siglo estadounidense, por lo cual todos estaríamos involucrados.-           

NO ES UNA GUERRA, ES UN GENOCIDIO

NO ES UNA GUERRA, ES UN GENOCIDIO

Prácticamente desde su fundación como Estado auspiciado por las potencias occidentales luego de la Segunda Guerra Mundial, Israel se fijó como meta la expansión de su territorio y el exterminio de Palestina. Para lograr tal cometido nunca ha necesitado más razones o justificaciones que aquellas que le brinden la seguridad de no ser cuestionado o detenido en su actuación genocida por derecho internacional alguno, así se invoque la condena de la Organización de las Naciones Unidas en bloque, contando siempre con el apoyo irrestricto de Estados Unidos.  Al respecto, muchísimas personas en el mundo entero ignoran las raíces históricas del conflicto y lo simplifican como producto del fanatismo religioso, atribuyéndoles la peor parte a los palestinos quienes han cargado con el estigma de terroristas gracias al poder mediático y a la cinematografía maniquea de Hollywood. La agresión militar desproporcionada de la cual es víctima el pueblo de Palestina responde a la línea trazada desde siempre por el sionismo de despojar de sus tierras a quienes -históricamente- han vivido por generaciones en ellas y no como lo expresan las autoridades políticas y militares israelíes de acabar con “el terrorismo de Hamas”.

Como lo comenta Juan Francisco Coloane en reciente artículo publicado en ARGENPRESS.info, “el verdadero objetivo va más allá de Hamas y es donde el Sionismo comparte objetivos con la industria terrorista en la estrategia de dividir al mundo árabe e islámico y desestabilizar estados como Irak Siria e Irán que puedan significar una amenaza a dos aliados por conveniencia temporal, Arabia Saudí e Israel. Todo manejado con maestría por Estados Unidos que no cesa en su campaña de cambio de régimen en esos tres países que incomodan tanto a la industria petrolera como a Israel. Las corporaciones transnacionales de la industria del petróleo e Israel son aliados y en esa alianza, Arabia Saudí juega un papel central por su capacidad de aportar con recursos. Sus múltiples vínculos con la industria terrorista se han visto especialmente reflejados en el plan de derrocar al gobierno en Siria”. Tal situación ha sido ampliamente reseñada, sin embargo, no ha sido posible frenarla de un modo definitivo, aun con todas las garantías que se le pudiera ofrecer al Estado sionista de Israel para que exista lo mismo que un Estado palestino.

A pesar de la condena casi unánime del planeta, Israel prosigue su labor de limpieza étnica sin rubor alguno. Su propaganda y su poderoso lobby han neutralizado prácticamente toda acción humanitaria a favor del pueblo palestino. No obstante, aún debemos creer que el holocausto de Palestina tendrá que cesar algún día y se le permitirá a las familias árabes vivir en paz finalmente.-  

EL INFORTUNIO PERMANENTE DE PALESTINA

EL INFORTUNIO PERMANENTE DE PALESTINA

A través de una política metódica, cuyo objetivo primordial es la deshumanización del otro, el Estado de Israel ha emprendido desde hace décadas acciones de todo tipo en contra del pueblo de Palestina, constituyendo estas -sin duda- crímenes de lesa humanidad, sin que hasta ahora hayan sido frenadas. "Se trata de una esfuerzo sistemático y continuo de cambiar la composición étnica de Jerusalén y hacer más difícil a los palestinos mantener su residencia", según lo expresara Richard Falk, un jurista estadounidense que, por seis años, ha ejercido funciones como relator especial de la ONU sobre los derechos humanos en los territorios palestinos.

Esta situación consuetudinaria persigue, entre otras cosas, desmantelar las estructuras de la legítima resistencia palestina frente al poder autoritario y fascista de Israel. De esta forma, el gobierno sionista completaría la ocupación de los territorios robados a Palestina, utilizando toda suerte de mecanismos de hostigamiento, represión, bloqueos, y discriminación, llegando al colmo de negársele el suministro de agua a la población palestina. En este último caso, como lo resalta Amira Hass, una conocida y galardonada periodista israelí, “la discriminación del agua es un instrumento más del sistema de gobierno que se utiliza para desgastar a los palestinos social y políticamente. En Cisjordania, decenas de miles de familias gastan enormes cantidades de tiempo, dinero y  energía emocional y física sólo para realizar las tareas básicas de baño y aseo. Cuando no hay agua en la cisterna del inodoro, incluso las visitas de familiares se vuelven esporádicas. Las familias del valle del Jordán realizan con disimulo, para no ser descubiertos por la Administración Civil, largos recorridos en busca de acarrear agua potable en tanques. Mientras, el agua fluye abundante por  las tuberías de la compañía Mekorot hacia  las granjas de cultivo de las colonias adyacentes”.

En la actualidad reciente, la población palestina ha sido blanco de las represalias del ejército sionista en venganza por la muerte de tres jóvenes israelíes, provocando muertes de niños, la detención arbitraria de adolescentes y la destrucción de edificaciones donde residen familias palestinas ante la frialdad de los organismos multilaterales (como la ONU) que prefieren dejar pasar, dejar hacer ante el apoyo incondicional que le brinda Estados Unidos al Estado de Israel, sin importarles los atropellos diarios a que son sometidos los palestinos desde hace más de cincuenta años.

Así, los crímenes contra Palestina por parte de Israel obedecen a un plan de larga data para desalojar a sus habitantes de los territorios que venían ocupando desde hace siglos, al mismo tiempo que le permitiría a Israel convertirse en una suerte de bastión del imperialismo binario gringo-europeo en la estratégica región del Medio Oriente, sobre todo cuando se pretende imponer un control directo de los ricos yacimientos de gas y petróleo existentes en la misma; de tal modo que el infortunio palestino tiene como causas inmediatas, por una parte, la ambición territorial de la dirigencia sionista y, por la otra, la ambición neocolonialista de Europa y de Estados Unidos.- 

 

EE.UU. Y LA NECESIDAD DE NUEVOS POLÍGONOS DE PODER

EE.UU. Y LA NECESIDAD DE NUEVOS POLÍGONOS DE PODER

 

 

            El gobierno tras bastidores de Estados Unidos (aquel que algunos suponen que su sede se halla en el extranjero) está más que decidido a instaurar una dictadura consensuada a nivel planetario junto con sus socios de Europa y Japón, a los cuales podrían unirse eventualmente Rusia y China, explotando a su favor el estado caótico padecido en la mayoría de las naciones -gracias a la crisis estructural del sistema capitalista que estos mismos han propiciado desde el FMI y el Banco Mundial- y la necesidad de sus ciudadanos de disfrutar de cierto clima de gobernabilidad y de seguridad personal, sin importarles que esto pueda significar para ellos mismos una restricción y un cercenamiento de los derechos civiles, como ya ocurre desde hace algunos años en el propio territorio estadounidense, a partir del gobierno neoconservador de George W. Bush.

            Esta situación -que para muchos resulta irreal y paranoica- ya tiene sus antecedentes en varias latitudes de la Tierra, excusándose Estados Unidos tras una inacabable lucha contra el narcotráfico y el terrorismo internacionales, sirviendo de referencia para esta afirmación lo acontecido en Afganistán, Iraq, Libia y Siria, y, más cercanamente, en México y Colombia. En el caso de estos dos últimos países, sin conseguir resultados efectivos, a pesar de la existencia de planes militares de vieja data suscritos con la gran potencia imperial para cumplir con dicho objetivo y del uso de una alta tecnología de vigilancia desde sus respectivas fronteras. Toda esta realidad en su conjunto (sin excluir lo propio de la crisis económica que roe a todo el sistema capitalista neoliberal mundial) le serviría a Estados Unidos para justificar la imposición de un régimen supranacional que, por supuesto, estaría bajo su guía directa, reconfigurando entonces el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial y ajustándose a sus propios intereses. Algo que los grandes jerarcas político-militares-empresariales gringos ya delinearan previamente en lo que se dio a conocer como el Nuevo Siglo norteamericano, buscando subordinar todos los pueblos y todos los poderes existentes mediante la eliminación preventiva de hipotéticas amenazas a su seguridad nacional, tal como lo exponen abiertamente Barack Obama y su equipo de gobierno en algunas de sus intervenciones públicas.

            Esto cobra ahora mayor sentido de urgencia para quienes aspiran el control total de la economía, el poder político incondicional y los recursos naturales estratégicos de nuestro planeta cuando los mismos han visto surgir ante sus ojos a una heterogeneidad de movimientos sociales, políticos y culturales contestatarios que desafían la continuidad de un orden unipolar y plantean en su lugar el surgimiento de nuevos polígonos de poder. Un claro ejemplo de esta nueva realidad lo tenemos en nuestra América con la aparición de gobiernos progresistas, populares y/o revolucionarios que se oponen a la sempiterna hegemonía imperial yanqui, lo que ha supuesto la implementación de nuevos planes injerencistas que incluyen la utilización de artimañas legalistas y la vieja fórmula del golpe de Estado para derrocar a aquellos gobiernos que no acaten sus directrices, valiéndose para ello de la complicidad disciplinada de grupos antinacionales y abiertamente pro-fascistas; lo que exigiría de los sectores revolucionarios, populares y progresistas disponer de una claridad ideológica y política para comprender adecuadamente lo que se halla en juego actualmente en cuanto a la autodeterminación de los pueblos y la preservación misma de la vida sobre la Tierra que permita contrarrestar las intenciones imperiales estadounidenses, de un modo realmente efectivo y permanente.-

 

ESTADOS UNIDOS Y SU GUERRA SIN FRONTERAS

ESTADOS UNIDOS Y SU GUERRA SIN FRONTERAS

Tal como lo expone el sociólogo Miguel Ángel Contreras Natera, “con el 11 de septiembre, la administración de George W. Bush ha intensificado una guerra permanente, sin fronteras territoriales, ni plazos temporales, que viola las cuestionadas normas del Derecho internacional y pone en jaque la autoridad menguada de las Naciones Unidas. En el caso particular de las decisiones posteriores al 11 de septiembre, la ONU demostró su ineficacia para restringir poder cuando están en juego asuntos que el gobierno de los Estados Unidos no está dispuesto a someter a la decisión de otros Estados. En sus primeras formulaciones, la guerra contra el terrorismo del gobierno de George W. Bush logró imponer un consenso alrededor de la idea de que todos los terrorismos son iguales y con una visión maniqueísta promovió la exacerbación de los enfrentamientos identitarios de carácter nacional, cultural o religioso, tanto locales como globales. La célebre frase o se está con nosotros o se está con ellos se convirtió en la semiótica de la guerra”.

Bajo tal concepción unilateralista e innegablemente imperialista, el actual inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama, ha desarrollado su política exterior, de modo que su país ejerza en consecuencia un rol incuestionable de máximo rector del planeta, imponiendo sus intereses políticos, económicos y militares a diestra y siniestra, invocando para ello razones de seguridad nacional. Todo esto contando con la complicidad abierta y silente de los gobiernos de Europa y de los demás continentes que prefieren secundar la política guerrerista yanqui antes que perder la oportunidad de obtener alguna migaja del botín; sin importar que se viole el viejo principio de la no injerencia en los asuntos internos de cualquier país soberano, aparentando que se hace por razones humanitarias. Esta situación de alto riesgo para una paz duradera en el mundo entero, al margen de los regímenes que los gobiernan, ha logrado que una diversificada mayoría de grupos sociales estén reaccionando en contra de las pretensiones estadounidenses y ante la ineficacia (más bien, complicidad) de la ONU para frenarlas. Así, mucha gente ha descubierto tardíamente que Obama no es el imaginado paladín de la paz que premiara el Comité del Premio Nobel sino que, independientemente del color de su piel (al igual que la ex Secretaria de Estado Condolezza Rice), éste es parte de ese conglomerado político-empresarial-militar neoconservador que controla el poder en Estados Unidos desde los días de la administración de Ronald Reagan (el mismo que armara y catalogara de combatientes por la libertad a los grupos contrarrevolucionarios que enfrentaron al primer gobierno sandinista de Nicaragua).

Contrario a lo que pudieran alegar, quienes justifican las acciones belicistas del imperio global yanqui -en una guerra que no distingue frontera ni tiempo algunos, debieran molestarse en entender que ahora no se trata de una confrontación en el plano ideológico, como se quiso hacer ver a propósito de la pugna de Estados Unidos con la desaparecida Unión Soviética en lo que se conoce históricamente como la Guerra Fría. En la actualidad se hallan en grave riesgo algo más que intereses geopolíticos. Se trata de preservar, incluso, más que la paz, la cultura y la soberanía de todos nuestros pueblos, puesto que se amenazaría -sin ánimo sensacionalista- todo trazo de vida en la Tierra de permitírsele a Estados Unidos continuar con sus planes expansionistas.-

ESTADOS UNIDOS Y SU ESTATUTO IMPERIAL FRENTE AL MUNDO

ESTADOS UNIDOS Y SU ESTATUTO IMPERIAL FRENTE AL MUNDO

            Si hubiera una mejor disposición moral y política de los gobiernos, de los pueblos y de los diferentes organismos multilaterales del mundo por hacer cumplir y respetar las disposiciones del Derecho internacional (Convención de Ginebra, Declaración Universal de los Derechos Humanos y/o las resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad de la ONU, éstas últimas vetadas por un solo voto de Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, Francia o China, en un contradictorio ejercicio de la democracia entre las naciones), ya Estados Unidos habría sido juzgado y condenado en reiteradas ocasiones por perpetrar crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y genocidio; del mismo modo que lo hecho por el Tribunal de Nüremberg contra los jerarcas más emblemáticos del nazismo en Alemania. Pero existe un “pequeño” detalle: Estados Unidos no reconoce, por ejemplo, la jurisdicción extraterritorial de la Corte Penal Internacional que podría encargarse de ello, como ya lo ha hecho en varias oportunidades; toda vez que quiere imponer su propia interpretación y aplicación de las leyes, estableciendo en consecuencia nuevas categorías legales que respondan a sus intereses particulares, como sucede con los prisioneros de guerra que mantienen en un limbo jurídico en la ilegítima base naval de Guantánamo, torturados, vejados e incomunicados, sin llegar a demostrarse convincentemente su condición de terroristas, calificados de combatientes o enemigos ilegales, por lo que serían ajenos a la aplicación de la Convención de Ginebra, más aún de los derechos consagrados en la misma Constitución estadounidense al hallarse en un territorio que no pertenece propiamente a Estados Unidos.

            De este modo, Estados Unidos ha asumido una posición de arrogancia por sobre toda la humanidad. Ya bien lo describía en 1998, durante la presidencia de Bill Clinton, la entonces Secretaria de Estado Madeleine Albright, tras un ataque de misiles cruceros contra Iraq: “si tenemos que emplear la fuerza es porque somos Estados Unidos. Somos la nación indispensable. Somos grandes. Anticipamos el futuro”. Siendo así, toda iniciativa de la Casa Blanca inscrita en su guerra contra el terrorismo global tendrá, por consiguiente, una duración y un ámbito territorial indefinidos, y será, además, “justa” desde todo punto de vista. Así, los diferentes gobiernos yanquis se han convertido en los ejecutores consecuentes de la estrategia comercial y militar del capitalismo neoliberal globalizado, en plena correspondencia con lo expuesto por Thomas Friedman, Consejero de Seguridad del gobierno de Clinton, respecto a que “la mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño invisible. Mac Donalds no puede extenderse sin Mc Donald Douglas, el fabricante del F-15. El puño invisible que garantiza la seguridad mundial de las tecnologías del Silicon Valley es el ejército, la fuerza aérea, la fuerza naval y el cuerpo de marines de los Estados Unidos”.

            Como se puede inferir, para Washington es vital que nadie ni nada contraríe este estatuto imperial. Por ello, el estado de ingobernabilidad o caos que viene propiciando desde hace algún tiempo en diferentes regiones y naciones (caso del Medio Oriente y Siria) se transforma por obra y gracia de la política imperial yanqui en escenario que facilite la imposición y existencia del neoliberalismo capitalista como expresión incuestionable de libertad, progreso y civilización; sobre todo, frente a quienes se resisten a ello, defendiendo su identidad cultural y su inalienable derecho a la autodeterminación.-        

OBAMA: LA FACHADA RISUEÑA DE UNA DICTADURA GLOBAL

OBAMA: LA FACHADA RISUEÑA DE UNA DICTADURA GLOBAL

La elección de Barack Obama como nuevo presidente de Estados Unidos llenó de entusiasmo y de expectativas a mucha gente, tanto de su propia nación como del resto del planeta, incluso de personas con una clara formación de izquierda, a tal punto que fue merecedor del altamente prestigioso premio Nobel de la Paz en reconocimiento anticipado del importante papel que habría de cumplir en el aseguramiento de un orden mundial que se destacaría por permitirle a toda la humanidad -finalmente- disfrutar de un clima permanente de paz y de absoluto respeto al derecho internacional y a los derechos humanos. Mucho de ello se debió al hecho que Obama es el primer presidente estadounidense con ascendencia africana, lo que algunos interpretaron (y continúan interpretando) ingenuamente como el cumplimiento del discurso del líder de la lucha por los derechos civiles de la población negra estadounidense, Martin Luther King, en el cual reflejaba su sueño de ver sentados a la misma mesa, sin discriminación alguna, a los descendientes de los esclavistas y a los descendientes de los esclavizados.

Sin embargo, transcurrido el tiempo, tal ilusión de armonía se ha desplomado ante las acciones gubernamentales y militares ordenadas por Obama, a tal grado que muchos coincidimos en que las mismas podrían precipitar una situación catastrófica de guerra mundial que haría añicos todo el nivel de desarrollo alcanzado a lo largo de los siglos por la humanidad, incluyendo su capacidad de sobrevivencia, al igual que en lo que respecta a la naturaleza en general. Así, Obama se ha revelado igual o peor que su antecesor en la Casa Blanca, el presidente de la guerra, como alguna vez se jactó públicamente de sí mismo: George W. Bush. Pero esto no es simplemente parte de un engaño bien urdido sino que responde a los intereses de ese poder tras el poder que domina a Estados Unidos, el cual está conformado, principalmente, por los dueños y señores de los grandes bancos estadounidenses, cuyo control (por vía legal) de la Reserva Federal les permite manejar a su antojo los hilos de la economía interna y externa, provocando quiebras, reajustes económicos draconianos y guerras por doquier que les garantice el dominio exclusivo del planeta, en lo que sería entonces una dictadura de signo global que –hasta ahora- sigue siendo imperceptible para una gran mayoría de ciudadanos de Estados Unidos y de otras naciones.

En este caso, Barack Obama es el peón ejecutante de una conspiración que viene tomando cuerpo visible desde hace varias décadas atrás y que, ulteriormente a la implosión de la URSS, se ha hecho suficientemente evidente luego de la declaratoria de Bush de guerra permanente contra el terrorismo. De este modo, la élite gobernante yanqui ha ido imponiendo los intereses de “seguridad nacional” de Estados Unidos para justificar las agresiones militares a otros Estados soberanos, al mismo tiempo que instalan gobiernos más dóciles a la voluntad de quienes rigen a Washington y Wall Street, sin que los pueblos, los organismos multilaterales y la opinión pública puedan -por ahora- contenerla y anularla, evitando su impío resurgimiento.-