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TEMAS ANTIIMPERIALISTAS

EL NUEVO "GRAN JUEGO" DE ESTADOS UNIDOS EN NUESTRA AMÉRICA

EL NUEVO "GRAN JUEGO" DE ESTADOS UNIDOS EN NUESTRA AMÉRICA

Con una presencia militar prácticamente incuantificable alrededor del mundo, Estados Unidos no descuida sus intereses en la región latinoamericana y caribeña. Como en los viejos tiempos, Washigton se propone recuperar la influencia y el espacio perdidos en nuestra América luego que se desatara el huracán de movimientos sociales y políticos reivindicadores de la soberanía y la liberación nacionales en estos países, lo que llevó a la presidencia de sus respectivos países a líderes tan heterogéneos como Hugo Chávez, Luiz Inácio "Lula" Da Silva, Néstor Kirchner, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa; además de otros que se han inscrito en esa onda integracionista y antineoliberal que aún sacude este continente desde finales del siglo pasado, representando una piedrita en el zapato para los inquilinos de la Casa Blanca.

 

Por consiguiente, es difícil sustraerse a la sospecha (nada fortuita, conocida la historia de manipulaciones, despojos e intervenciones de todo tipo del imperialismo gringo en los países de nuestra América) que existe una estrategia común aplicada a estos países, quizás más extendida e imperialista de lo que pudo ser la doctrina Monroe, que desemboque en un clima generalizado de inestabilidad política, conflictos sociales de toda especie y e interrupción del posible flujo de inversiones extranjeras que estarían tramitando sus respectivos gobiernos. Así, nuestras naciones -ricas en yacimientos de recursos naturales estratégicos para la supervivencia del sistema capitalista global, como gas y petróleo- son joyas altamente codiciadas por las grandes corporaciones transnacionales capitalistas, de forma que puedan incrementar todavía más sus ganancias multimillonarias. Esto ocurre en momentos que los acuerdos bilaterales celebrados con Rusia, China y, en algunos casos, con Irán configuran una nueva realidad en nuestros países, siendo relegado a un segundo plano el papel preponderante tradicionalmente asumido por Estados Unidos, cuestión nada grata para la clase gobernante gringa; especialmente cuando avizora una grave amenaza a sus intereses geoestratégicos, sumada a lo que representaría el canal interoceánico de Nicaragua (con inversión china) en cuanto al tráfico del comercio mundial, acortando, por ejemplo, la ruta del petróleo venezolano a Asia, entre otros productos provenientes de nuestra América y el Caribe.

 

De ahí que no deba extrañar lo que ocurre en países considerados como puntas de lanza de ese proceso de orientación socialista, integracionista y antineoliberal, donde se ha hecho sentir una misma estrategia desestabilizadora. Para alcanzar sus metas, Estados Unidos ha montado estructuras de comando, control, comunicaciones e inteligencia, con bases militares diseminadas a todo lo largo y ancho de la geografía americana, incluyendo la reactivación de su Cuarta Flota en aguas del Caribe, lo que combina con el respaldo financiero a organizaciones opositoras a los regímenes que etiqueta como enemigos. Además, continuando con lo iniciado por Ronald Reagan y George Bush (padre), la administración de Barack Obama respalda la utilización de grupos paramilitares en el escenario político de nuestra América, de un modo similar a lo hecho en Nicaragua en la época del gobierno sandinista, al mismo tiempo que la activación de lo que se ha dado en conocer como golpes blandos, repitiendo la experiencia de las revoluciones de colores en Europa del este y norte de África; todo esto sin olvidar los planes supuestamente destinados a combatir y erradicar el narcotráfico y el terrorismo internacionales, cuyos epicentros se ubicarían en México, Centroamérica y Colombia.

 

Con esta singular estrategia en la mente de quienes controlan Estados Unidos, como lo determina Fernando Vicente Prieto, en su artículo "A enfrentar el golpe blando", publicado en www.portalalba, "todas las políticas se dirigen a cambiar el signo de la integración continental. Para recuperar el terreno EE.UU. necesita esterilizar la acción de organismos como Unasur y Celac, y desarticular el ALBA y Petrocaribe como alternativa de los pueblos para la construcción de unidad y soberanía. Para esto, a su vez, precisa debilitar, en cada país, los proyectos políticos que quieren ganar autonomía de la órbita imperial. El entramado que conforman las plataformas políticas locales, junto a ONG’s de actuación global, espacios políticos europeos y los medios privados internacionales, tiene como principal objetivo frenar el avance de un pensamiento liberador que en este siglo XXI, recupera la rica historia de lucha, desde San Martín y Bolívar hasta Fidel y el Che Guevara, pasando por Martí, Sandino y una cantidad de patriotas que se opusieron al dominio extranjero. En términos de proyecto histórico, se trata de Bolívar versus Monroe. El imperialismo tiene una mirada global y una gran similitud en las tácticas locales en esta etapa histórica".

 

Sería algo completamente necio ignorar este asunto de vital importancia para el destino común de los pueblos de nuestra América, cuando el nuevo "gran juego" de Estados Unidos se desarrolla ante los ojos de todos. De nada valdría congeniar ni hacerle concesiones para no sufrir sus embates, pues -como lo dijera el Che Guevara de manera gráfica e incuestionable- "no se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantito así..." Es lo que le tocaría hacer a los gobernantes y movimientos populares como una primera medida para enfrentar y vencer todo lo que hacen (y pretenden hacer) los gringos para minar y usurpar nuestras soberanías nacionales.-

EL POLITICIDIO CONTRA EL PUEBLO PALESTINO

EL POLITICIDIO CONTRA EL PUEBLO PALESTINO

 

“El politicidio (contra el pueblo palestino) es un proceso que cubre una amplia gama de actividades sociales, políticas y militares cuyo objetivo es destruir la existencia nacional y política de toda una comunidad de personas y, de este modo, negarles la posibilidad de autodeterminación. Los asesinatos, las masacres localizadas, la eliminación de líderes y de las élites, la destrucción física de las instituciones públicas y de la infraestructura, la colonización de la tierra, la hambruna, el aislamiento político y social, la reeducación y la limpieza étnica parcial son las principales herramientas utilizadas para alcanzar el objetivo”. Esta explicación de la política llevada a cabo durante décadas por Israel sobre Palestina la escribe Baruch Kimmerling en su obra “Politicidio. La guerra de Ariel Sharon contra los palestinos", en la que hace ver todo el martirio sufrido por este ancestral pueblo árabe ante la indiferencia de quienes tienen en sus manos la posibilidad de redimirlos del mismo, restituyéndosele su derecho inalienable a existir como pueblo y como Estado soberano.

 

No se puede ignorar (por mucha propaganda y matrices de opinión difundidas a través de las grandes cadenas empresariales de la información y del cine) que el sionismo se impuso desde un primer momento el desalojo violento de los palestinos, aduciendo razones "bíblicas" para hacerlo, incluyendo el tratamiento atroz a que fueran sometidos los judíos (sin ser los únicos en toda Europa) a manos del régimen nazi de Alemania; contando desde un primer momento con la complicidad de los gobiernos imperialistas de Gran Bretaña y Estados Unidos para perpetrar este propósito expansionista y colonialista, simbolizado mediante la construcción de un muro que separa ostensiblemente a ambos sectores. Esta acción permanente del sionismo ha desconocido reiteradamente la vieja resolución del 29 de noviembre de 1947 de la Asamblea General de las Naciones Unidas con que terminó el mandato británico sobre Palestina y determinaba la partición del territorio en dos Estados: uno judío, con 14.500 km2 y otro árabe, con una superficie de 11.000 km2, mientras la ciudad histórica de Jerusalén quedaría como una entidad separada, administrada por la ONU.

 

En la actualidad, es noticia habitual el bombardeo indiscriminado que desata frecuentemente Israel contra Gaza y Cisjordania, la demolición de sus viviendas, la limitación extrema de alimentos y de trabajo, el corte de servicios básicos, como salud, agua y electricidad, a lo que se suma el trato discriminatorio recibido por sus ciudadanos por parte de las fuerzas militares israelíes, sin que escapen de ello los niños y los adolescentes, a quienes asesinan, reprimen y encarcelan sin consideración alguna.

 

Para el gobierno y los colonos israelíes es una cuestión fundamental que el territorio de Israel abarque desde la península del Sinaí y partes de Líbano, Siria y Jordania, en lo que sería el "Gran Israel" gobernado en su tiempo por el rey David, por lo cual su estrategia es hacer desaparecer todo vestigio de la presencia de los pueblos que los habitan, de modo que esto sirva para apoyar los supuestos derechos "divinos" que les asisten para ocupar estas tierras. En este sentido, sus agresiones constantes no podrían ser calificadas más que de terrorismo puro -de terrorismo de Estado, para ser más precisos- en contradicción a la propaganda oficial (reforzada continuamente por la industria cinematográfica) que le endilga tal condición a quienes defienden su cultura y su derecho a existir como todo pueblo soberano de este planeta.

 

Hay que recordar que la Asamblea General de la ONU declaró en sesión plenaria realizada en 1975 que el sionismo es una forma de racismo y discriminación racial. En consideración a esta decisión, sus Estados signatarios y los pueblos de la Tierra debieran emprender acciones contundentes contra tal aberración, respaldando el boicot, la desinversión y las sanciones (BDS) como formas efectivas de ejercer una presión sobre Israel que le haga respetar y cumplir con las diversas resoluciones de la ONU que acaben de una vez por todas con su política de exterminio de los palestinos, además del fin de la ocupación y la colonización en los territorios de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán.-

 

 

 

 

LA CONSPIRACIÓN GLOBAL DE LA DERECHA

LA CONSPIRACIÓN GLOBAL DE LA DERECHA

 

El asedio sin cuartel que sostiene la derecha internacional contra varias naciones de nuestra América y con un énfasis muy especial hacia Venezuela, da cuenta de la amplia conspiración que tiene su nervio central en Washington y extiende sus tentáculos desde Miami, Bogotá, Madrid y otros centros, vasallos todos del imperialismo gringo. Ello se pone en evidencia a través de la activación continua de la gran maquinaria propagandística puesta a disposición de los sectores contrarrevolucionarios en nuestras naciones, secundada por cadenas empresariales dedicadas a la información que distorsionan y manejan a su antojo la realidad de nuestras naciones, en un intento deliberado de influir en la opinión pública, haciéndola que se incline ante los intereses de los sectores hegemónicos del capitalismo globalizado.

Esta es una realidad que no podrá ocultarse, por mucho control y manipulación ejercidos sobre lo que las personas tendrían que asimilar como la verdad de las cosas en países como Bolivia, Ecuador y Venezuela, blancos de una guerra de cuarta generación mediante la cual Estados Unidos y sus aliados aspiran modificar a su favor la correlación de fuerzas existente al sur del río Bravo. Para alcanzar dicho objetivo no han escatimado ningún recurso en planes y uso de personajes aparentemente influyentes, como fue el caso reciente de ex presidentes en Venezuela, buscando minar la confianza popular y actuar más decididamente, derrocando a Nicolás Maduro.

Para contraatacar esta conspiración global de la derecha en nuestra América y contrarrestar los posibles efectos que causarían en el ánimo de los sectores populares, es preciso que los gobiernos de nuestros países recuperen los pasos iniciales que les permitieron implementar cambios políticos, sociales, culturales y económicos, acompañados de un amplísimo apoyo de sus pueblos. No es con reacomodos políticos ni alianzas de tipo económico como podrán evadir y quitarse de encima el cerco mediático y económico impuesto por sus enemigos de la derecha. Aún cuando cada uno de estos gobiernos accediera a complacer sus mezquinos intereses, a la larga tendrían que desistir de su empeño en hacer una revolución de carácter popular, multiétnica y, sobre todo, socialista; salvo que los mismos pueblos asediados por esta derecha global asuman la iniciativa y cumplan con este objetivo vital.-

DOS GRANDES FUERZAS ENFRENTADAS EN EL MUNDO

DOS GRANDES FUERZAS ENFRENTADAS EN EL MUNDO


Tal como lucen las cosas en el mundo contemporáneo, dos grandes fuerzas se encuentran enfrentadas en una lucha crucial para la sobrevivencia de toda la humanidad. Simplificando: por una parte (aunque suene a paranoia conspirativa), una conformada por personajes y corporaciones multinacionales que se perciben anónimos e invisibles, pero que son quienes mueven tras bambalinas los hilos del poder y cuyas decisiones -cual dioses juguetones y omnipotentes- terminan por afectar a millares de vidas en todo el planeta.

Son estos los que imponen sus intereses capitalistas a pueblos enteros, valiéndose de diversidad de instrumentos propagandísticos-alienantes a su disposición, todos orientados a vencer cualquier tipo de resistencia ideológico-cultural y, si no, empujando a contingentes militares a la guerra, esto último aun cuando no exista evidencia alguna de ejércitos y armamentos de destrucción masiva con que se pueda contener exitosamente su avance destructivo. Esto lo ha cumplido a cabalidad Estados Unidos, sobre todo bajo la administración de Barack Obama, escudándose en muchos casos con el pueril argumento de representar el nuevo “pueblo elegido de dios”, destinado a preservar y propagar los “valores judeo-cristianos” de la civilización occidental.

Esto ha conducido paulatinamente a la humanidad a un escenario de conflagración mundial, con una perspectiva que muchos analistas, incluso militares, ya anticipan como de devastación definitiva, donde no habrá ganadores ni perdedores. Ello impone que movimientos alternativos de resistencia social (opuestos a la explotación voraz e irracional del capitalismo neoliberal global) se tracen algunos objetivos y acciones que tengan -de una u otra forma- alguna influencia decisiva en la composición, control y toma de decisiones de los gobiernos de sus respectivas naciones, ayudando a cambiar, en consecuencia, el actual panorama mundial en beneficio del respeto irrestricto al derecho internacional y la autodeterminación de los pueblos. Algo que, evidentemente, requerirá de tales movimientos un radical cambio de conciencia que les permita comprender que sus luchas serán totalmente estériles mientras no se produzca realmente un cambio estructural profundo, no únicamente a nivel político, sino también económico, modificando por igual las relaciones de poder y las relaciones de producción tradicionalmente aceptadas.

Esta guerra asimétrica ya ha tomado cuerpo en varios continentes, especialmente en Asia y Medio Oriente. En nuestra América (con énfasis en Ecuador, Bolivia y Venezuela) esto se manifiesta en una confrontación política polarizada. Aunque sin reconocerse como lucha de clases, incluso por aquellos que impulsan un cambio revolucionario de carácter socialista. Sin embargo, ello no deja de ser una realidad que podamos eludir tranquilamente, al contrario, nos exige a diario un mayor grado de participación y de protagonismo; siendo críticos, pero con principios de amplitud, solidaridad y pluralismo, lo que nos ayudaría a construir un nuevo mundo, pluripolar y multicéntrico, sin exclusión alguna.-    

ESTADOS UNIDOS Y SU NUEVA POLÍTICA IDEOLÓGICA HEGEMÓNICA

ESTADOS UNIDOS Y SU NUEVA POLÍTICA IDEOLÓGICA HEGEMÓNICA

En ocasión de la ceremonia de graduación de los cadetes de la academia militar de West Point el 28 de mayo de 2014, el presidente Barack Hussein Obama definió lo que algunos interpretaron como parte de la nueva doctrina militar de los EE.UU. En su discurso hizo un reconocimiento de los diferentes obstáculos que enfrenta la nación norteamericana para conservar y expandir su hegemonía mundial. Allí mencionó la necesidad del uso de la fuerza militar, en caso que fueran o se vieran amenazados los intereses estadounidenses; las acciones directas, como el arresto de presuntos terroristas o los ataques con drones; la movilización de los aliados de la OTAN en la eventualidad de una amenaza indirecta contra los intereses de los EE.UU.; el establecimiento de un fondo dotado con 5.000 millones de dólares para el desarrollo de tácticas antiterroristas; y el incremento de las inversiones en los países alineados para participar en misiones de paz o lucha antiterrorista. Para alcanzar tales fines, Washington precisaría de la colaboración de sus aliados de la OTAN, de la ONU, del Banco Mundial y del FMI.

Con base en estas líneas definidas por el presidente estadounidense, las fuerzas militares de este país se han encargado de apoyar el financiamiento militar extranjero, de forma que los países socios adquieran artículos, servicios y entrenamiento militares de los Estados Unidos, lo cual incluiría ejercicios combinados/multinacionales, operaciones contra-narcóticos y contactos policíacos, militares y de defensa. Esto exigiría, al mismo tiempo, el empleo de todos los instrumentos de autoridad nacional disponibles, entre ellos, diplomático, de información, militar, económico, financiero, de inteligencia y jurídico, así como la colaboración con organizaciones no gubernamentales. Es decir, todo aquello que pueda contribuir al logro total de sus objetivos.

A ello se une el desarrollo de una propaganda estratégica que contribuya a crear una política ideológica hegemónica en nuestras naciones mediante la captación y adoctrinamiento de dirigentes potenciales que sean propicios a los designios militares y económicos estadounidenses, en un proceso de transculturización que legitime el derecho unilateral de Estados Unidos de intervenir -directa o indirectamente- en los asuntos internos de las naciones de nuestra América, lo cual significaría a la larga una recolonización de nuestro continente, con una soberanía meramente nominal.

Así, más que a guerras preventivas, el Pentágono y el Departamento de Estado se han enfocado a influenciar las decisiones de países en encrucijadas estratégicas, como China y Rusia, con la movilización y equipaje de tropas de los gobiernos aliados (como ocurre con el caso de Ucrania), al igual que a la mercenarización, el paramilitarismo y/o los ejércitos particulares de los consorcios empresariales encargados de la reconstrucción de las naciones atacadas (como en Irak); de una manera tal que todo el planeta es el gran teatro de operaciones de las fuerzas militares gringas, lo que ha colocado a la humanidad ante la perspectiva de una nueva conflagración mundial, en función de la conveniencia e intereses de las grandes transnacionales estadounidenses.-  

SUBVERSIÓN “MADE IN USA”

SUBVERSIÓN “MADE IN USA”

      Es paradójico afirmar que Estados Unidos está desarrollando abiertamente una política subversiva hacia las naciones situadas al sur de sus fronteras, en especial en aquellas cuyos gobiernos se han apartado ostensiblemente de la sumisión tradicional a los dictados e intereses imperialistas de Washington, como han sido los casos emblemáticos de Bolivia, Ecuador y Venezuela; cuestión que se viene cumpliendo a través de la CIA, la NED y la USAID de manera sistemática, contando con la incondicionalidad de sus colaboradores locales. A ello se suman Argentina y Brasil, cuyas economías emergentes podrían alterar significativamente la hegemonía capitalista estadounidense, si se considera que ambas naciones forman parte vital de MERCOSUR, de la CELAC y de UNASUR, por lo que serían amenazas potenciales que deben conjurarse a tiempo.

            Así, ante el fracaso estrepitoso del ALCA, Estados Unidos tuvo que recurrir a la puesta en vigencia de tratados de libre comercio con algunos gobiernos de nuestra América, al mismo tiempo que acrecentar su presencia militar en el continente, en puntos estratégicos que apuntan al control directo de los recursos minerales e hídricos que acá existen. Esto ha hecho que la Estrategia del Comando Sur de Estados Unidos 2018 “Amistad y cooperación por las Américas” enuncie que la “misión del Comando Sur sigue la dirección nacional, con un énfasis especial en la Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia Militar Nacional”. De ahí que no sea algo casual que existan bases militares de control y monitoreo diseminadas en Aruba (Reina Beatriz), Colombia (Malambo, Palanquero, Apiay, las bases navales de Cartagena y el Pacífico; el centro de entrenamiento de Tolemaida y la base del Ejército de Larandia), Costa Rica (Liberia), Cuba (Guantánamo), Curazao (Hato Rey), El Salvador (Comalapa), Honduras (Soto Cano) y Puerto Rico (Roosevelt); todas con el suficiente apresto operacional para invadir cualquier país latinoamericano y caribeño en un tiempo relativamente corto, según lo decida el inquilino de la Casa Blanca.

            Hoy en día se habla de la excepcionalidad y del “destino manifiesto” auto-atribuidos por Estados Unidos, pretendiendo ser los únicos autorizados por “Dios” de extender los supuestos valores de la “civilización occidental y cristiana” a todos los confines del planeta, cuestión que les hace desconocer cualquier normativa internacional que obstruya el logro de sus objetivos geopolíticos y económicos, contando con la complicidad tácita de regímenes y grupos políticos-empresariales que acatan sin protesta sus directrices imperiales. A ello apela ahora Obama, escudándose tras una presunta defensa de los derechos humanos y de la democracia, aplicando su propia legislación a otros gobiernos y personas, juzgando además a las demás naciones en temas esenciales como tráfico de drogas, terrorismo y proliferación de armas nucleares, a lo que se añade lo relativo a la libertad religiosa, según coincidan o no con los valores y prácticas estadounidenses; así no ocurra lo mismo fronteras adentro. Más allá de lo anterior, prevalece la misión de promover y de resguardar siempre los grandes intereses de las corporaciones transnacionales con sede en suelo estadounidense.

            Como queda expuesto, la aparente paradoja imperial estadounidense tiene mucho que ver con los cambios vividos en nuestra América y al hecho cierto que Estados Unidos requiere imponer un desorden a escala mundial que responda a su visión hegemonista respecto al resto del mundo, teniendo a su entera disposición el oligopolio tecnológico y mediático, el dominio del mercado financiero internacional, la propiedad creciente de grandes reservorios de recursos naturales (incluyendo cuantiosa agua y biodiversidad), planteándose el desplazamiento forzoso de grandes masas, y una dotación abundante de armas de destrucción masiva que le permitan marcar territorio frente a sus rivales potenciales (China y Rusia). Esto ha obligado a la Casa Blanca y al Pentágono a rediseñar su estrategia imperial hacia los países de nuestra América, sin obviar la militarización de su política exterior exclusiva, con tácticas y estrategias de tipo conspirativo que le faciliten alcanzar la añeja aspiración neocolonialista contenida en la doctrina Monroe.-    

LA EQUIVOCACIÓN DE OBAMA Y EL REAVIVAMIENTO CHAVISTA

LA EQUIVOCACIÓN DE OBAMA Y EL REAVIVAMIENTO CHAVISTA

La orden ejecutiva de Barack Obama al considerar a Venezuela como una amenaza a la seguridad nacional de su país ha logrado que gran parte de la población se pronuncie en su contra, plenando calles y plazas, tal como lo solicitara el Presidente Maduro. Esta nueva acción del imperialismo gringo en contra del proceso revolucionario bolivariano viene a ser un estímulo para el reagrupamiento y reavivamiento de las fuerzas patrióticas y revolucionarias, ocupadas en su mayoría en obtener dividendos electorales y no en anticipar situaciones como las planteadas en el presente por la administración belicista de Obama.

De igual forma, ha tenido sus repercusiones en el bando opositor, especialmente en cuanto a sus posibilidades de triunfo en los comicios parlamentarios de este año, considerando que los factores chavistas estarían en desventaja ante la supuesta disminución del porcentaje de aceptación popular que tendría (según la propaganda opositora) el gobierno de Maduro. Esto ha provocado que mucha gente descontenta con el chavismo en algunos casos haya entendido que la estrategia enemiga está en correspondencia con los planes imperialistas del norte, los cuales contemplan, entre otras cosas, el control directo de los yacimientos petrolíferos de Venezuela y la instauración de un régimen socialdemócrata más dócil a los dictados de la Casa Blanca, lo que serviría de efecto dominó para acabar también con todo el proceso de integración y de unión latinoamericana y caribeña impulsada desde Caracas durante la presidencia de Hugo Chávez. El gran sueño de los jerarcas del complejo político-militar-empresarial gringo que aspiran contar con una enorme reserva de recursos naturales a su entera disposición en nuestra América.   

Aparte de lo anterior, la equivocación de Obama le cierra -de momento-  cualquier posibilidad a los fines desestabilizadores de los grupos de la oposición, al querer envolver al pueblo venezolano en una “transición” extraconstitucional que sólo existe en sus mentes disociadas, permitiendo -en su lugar- una recuperación de la iniciativa por parte del gobierno y de las fuerzas chavistas.  Todo esto obliga a plantearse el inicio de una nueva fase de construcción y afianzamiento del proceso revolucionario bolivariano, con un contenido y una práctica que terminen de definir el carácter clasista y revolucionario del socialismo que se viene planteando en el país bajo el liderazgo de Chávez; cuestión que podría eliminar todas las amenazas y estrategias desestabilizadoras que provengan de Washington y sean replicadas servilmente por la derecha en Venezuela.-  

"PATRIOTAS" CON ESPÍRITU PRESTADO

"PATRIOTAS" CON ESPÍRITU PRESTADO

Vene-gringos sería la palabra que mejor encajaría para definir a aquellos que, por efectos de un destino inexorable, nacieron en el territorio venezolano, pero que -de una u otra forma- anhelarían ser gringos. Aunque es de reconocer que ya en la década de los cincuenta del siglo pasado, el historiador nacionalista y antiimperialista Mario Briceño Iragorry los definiera con el término pitiyanqui en su ensayo de 1952 "Léxico para antinacionalistas" y explicaba cómo estas personas nacidas en Venezuela no sentían amor alguno por su Patria, renegando de sus orígenes ancestrales e imitando sin reserva alguna los patrones de conducta provenientes de Estados Unidos, estableciendo comparaciones entre las realidades actuales que podrían conocer -de viajar a través del tiempo- Simón Bolívar y George Washington en sus respectivas naciones.

Este singular comportamiento viene a aflorar con cierta intensidad en los últimos períodos, especialmente entre quienes conformarían las llamadas clases sociales alta y media en confrontación con los sectores populares que defienden y protagonizan (en distintos niveles) el proceso revolucionario bolivariano socialista, llegando a mostrar un desprecio rayano en el racismo más virulento hacia estos últimos. También se ha hecho sentir tal actitud ante la situación de sabotaje económico que sufre Venezuela desde hace algún tiempo cuando se refieren irónicamente en torno al concepto de Patria y más aún cuando invocan la intervención directa del gobierno estadounidense en los asuntos internos venezolanos en contraste con la actitud patriótica y el sentido de pertenencia exhibidos por los sectores populares, reivindicando la memoria y la gesta de sus antepasados libertadores.

Esto quizás haya servido de inspiración para que Barack Obama haya considerado decretar la emergencia nacional ante lo que considera "una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior" de su país por parte de Venezuela, creyendo que estos vene-gringos representan a la mayoría de la población venezolana. Sin embargo, Obama ha pasado por alto el nivel de conciencia nacionalista existente en la generalidad de los venezolanos, herederos de una arraigada tradición de defensa de la soberanía y el territorio nacionales simbolizada en Bolívar y que se entronca con la lucha de resistencia que llevaron a cabo los pueblos originarios ante la invasión y la conquista españolas.

De nada le valdrá al complejo político-económico-militar que controla la Casa Blanca contar con estos "patriotas" con espíritu prestado agrupados en la oposición mientras se mantenga viva dicha tradición entre el pueblo de Venezuela. Para estos "patriotas" con espíritu prestado (o vene-gringos) la posibilidad que se incrementen las arremetidas del imperialismo contra Venezuela representan algo que puede revertírseles, causándoles más males que beneficios; cuestión que debieran sopesar con suma cautela, dados los antecedentes que dieron origen en su momento a la lucha social que se insertara en la lucha por la independencia y que supo interpretar con acierto el Libertador Simón Bolívar.-