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TEMAS ANTIIMPERIALISTAS

LA RECOMPOSICIÓN IMPERIAL SOBRE NUESTRA AMÉRICA

LA RECOMPOSICIÓN IMPERIAL SOBRE NUESTRA AMÉRICA

 

Al margen de todo razonamiento ideológico que lo justifique a plenitud, Estados Unidos inició y mantiene una militarización generalizada en todo el continente americano bajo la excusa, primero, de la guerra contra las drogas y, posteriormente, contra el terrorismo internacional. No obstante, la propaganda a su favor no ha podido evitar establecer una relación entre la guerra contra las drogas y la escalada de violencia que se vive en cada país involucrado en la misma, además del alto consumo de drogas que se produce en el mismo territorio estadounidense.

 

Con ello, el imperialismo gringo ha ido conformando en Nuestra América un colonialismo sin territorialidad, contando con el beneplácito de algunos gobiernos confabulados con sus intereses económicos, ideológicos y geopolíticos. Además, en la actualidad, se observa cómo Estados Unidos -en un ejercicio de malabarismo legal para eludir cualquier tipo de acusación respecto a la violación de sus propias leyes, especialmente en materia de derechos humanos- le ha permitido a sus grandes corporaciones transnacionales contar con ejércitos privados, autorizados para supervisar y perpetrar operaciones militares en reemplazo de sus tropas regulares; todo lo cual procura minimizar el impacto que esto podría causar entre la opinión pública interna.

 

Este sería el gran paso a dar por el imperialismo gringo para ejercer un dominio indiscutible en toda Nuestra América, salvada las situaciones planteadas por los gobiernos progresistas y/o izquierdistas surgidos, principalmente, en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela, los cuales dieran muestras de independencia y, de uno u otro modo, deshicieron los propósitos hegemonistas estadounidenses contemplados en el ALCA, formulando en su lugar la creación de organismos multilaterales (ALBA-TCP, CELAC, UNASUR) que incluyeran sólo a naciones caribeñas y latinoamericanas.

 

Controlado nuestro continente, Estados Unidos extendería su autoridad imperial al resto de los continentes, utilizando todos los recursos a su disposición, sean éstos militares, diplomáticos o económicos, como ya lo ha hecho y aspira hacerlo exitosamente respecto a China y Rusia; integrando con sus aliados europeos de la OTAN lo que ya algunos denominan un imperialismo colectivo, destinado a gobernar el planeta entero, sin la existencia de mecanismos arbitrales independientes que cuestionen y sancionen sus actuaciones en contra de gobiernos y pueblos, como ocurre con la ONU y, más cercanamente, la OEA.   

 

En este sentido, como lo reseña Juan Pérez Ventura, “la idea de un gobierno mundial controlado por una pequeña élite financiera y económica es cada vez más aceptada por la sociedad. Con la última crisis económica se ha puesto en evidencia que no son los gobiernos los que controlan los países, sino organismos de rango superior a los propios ministros y presidentes. Las decisiones que se toman en cualquier país parecen estar continuamente influenciadas (directa o indirectamente) por entidades como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC)… etc. Entidades cuyos líderes no han sido elegidos por la ciudadanía y, por lo tanto, están tomando decisiones decisivas sin legitimidad democrática”. Para ello, explotan en su provecho el estado de incertidumbre y de indefensión en que se encuentra un porcentaje creciente de la población -ocasionado, entre otras cosas, por el ciclo de militarización (interna y externa), de ofensiva contra diversas regiones del mundo y las crisis económico-financieras protagonizadas y estimuladas periódicamente por las grandes corporaciones transnacionales- induciendo de esa manera la necesidad de elegir gobiernos más identificados con sus líneas económicas neoliberales y conformados, esencialmente, por funcionarios extraídos de sus nóminas; asegurándose de esta manera que sus inversiones no corran ningún riesgo a manos de gobernantes progresistas, nacionalistas y/o izquierdistas, respaldados por los sectores populares.

 

En el caso de la recomposición imperial proyectada por Estados Unidos sobre Nuestra América, hará falta que se comprenda la necesidad perentoria de configurar amplios movimientos sociales y políticos revolucionarios decididos a luchar por el establecimiento de un nuevo modelo civilizatorio, a articular acciones de integración efectivas y a frenar, colectivamente, los procesos contra-revolucionarios actuales.-

  

ACOSO Y DESESTABILIZACIÓN DE NUESTRA AMÉRICA

ACOSO Y DESESTABILIZACIÓN DE NUESTRA AMÉRICA

En Venezuela (lo mismo que en las demás naciones de nuestra América) se ha de comprender, a la luz de lo expresado por Florestan Fernández, que "dentro del capitalismo en América Latina sólo existen salidas para las minorías ricas, para las multinacionales, para las naciones capitalistas hegemónicas, y su superpotencia, los Estados Unidos (...) no le ofrece alternativas a mayoría" Esto significaría vencer la idea sembrada en nuestro subconsciente respecto a la ineluctibilidad de la historia de subordinación, subdesarrollo y dependencia que pesaría sobre el destino de nuestro continente; tornándose ello en una posición ostensiblemente subversiva e intolerable a los ojos de quienes aspiran su dominio total. Así, una de las estrategias implementadas desde Washington e incondicionalmente replicada por sus servidores en cada una de estas naciones es hacerle creer a nuestros pueblos que -fuera del marco capitalista- toda opción de transformación estructural estará irremediablemente condenada a un absoluto fracaso, aún cuando se cuente con todo recurso útil para lograrla.

Tal fatalismo inducido se refuerza al observarse la conducta de aquellos que alcanzan el pináculo del poder, corrompiéndose, interesados sólo en su propio bienestar; lo que ha servido de propaganda a los enemigos de la revolución, tergiversando los verdaderos propósitos revolucionarios e impedir su avance y restarle apoyo popular. Ahora con una situación común que pareciera inexorable, los procesos de cambios ocurridos durante las últimas décadas en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela -con sus grados particulares que los distingue- son objeto de un vasto plan de desgaste, acosos y desestabilización que apunta a minar y anular los altos niveles de combatividad, de conciencia y de autoconfianza de los sectores populares para producir y consolidar efectivamente una ruptura paradigmática en relación al orden vigente. Es, indudablemente, una arremetida coordinada por el imperialismo gringo y cuyo impacto sicológico se busca incrementar a través de acciones puntuales que afecten sensiblemente la economía interna (como sucede desde hace ya tres años consecutivos en Venezuela), de modo de forzar un giro político en beneficio de los factores de la derecha.

Frente a dicha arremetida derechista e imperialista, “el papel de la Revolución no es salvar a la democracia burguesa -advierte Óscar Enrique León en su libro “Democracia burguesa, fascismo y revolución"- mucho menos haciendo causa común a tales efectos con una derecha moderada. El papel histórico de la Revolución es destruir la democracia burguesa, única forma real y realista de acceder a la democracia participativa y el poder popular que ella postula como forma política. En la medida que lo logre, y sólo en tal medida, habrá derrumbado el orden burgués". Se hace necesario, por tanto, entender que no basta con impulsar reformas tendentes a mejorar las condiciones materiales de vida y de participación política de la amplia mayoría excluida mientras no se alteren significativamente las estructuras que soportan y legitiman el modelo de sociedad imperante.

Sin embargo, el cortoplacismo, o inmediatez, impuesto por las mismas exigencias cotidianas de los sectores sociales (alimentado por demagogos y oportunistas de toda laya) conspira en contra de esta democracia participativa y el poder popular, abogándose por resultados tutelados desde el Estado que, en esencia, sigue siendo burgués-liberal.

Como lo determinara el Libertador Simón Bolívar, a nuestros pueblos se les ha dominado más por el engaño que por la fuerza. También afirmó en su famoso Discurso de Angostura que “la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil". Esto revelaría en qué consistirían las fallas y deficiencias que podrá afrontar todo proceso revolucionario cuya meta es crear alternativas viables frente al capitalismo global, la representatividad política y la dependencia en todas sus manifestaciones posibles, entre otros elementos que deberán removerse y de sustituirse de raíz. Entretanto no exista suficiente voluntad política y compromiso revolucionario, actuando en consecuencia para derrotar las pretendidas acciones “humanitarias" y “democráticas" de la derecha nacional e internacional. Con ello se dificultarán tales acciones, lo cual obliga a los sectores revolucionarios de nuestra América a no titubear en la lucha por preservar y hacer valer nuestro derecho a la autodeterminación, en un avance continuo y colectivo. Como lo hicieran nuestros Libertadores.-

WASHINGTON, LAS BURGUESÍAS "NACIONALES" Y LA VIEJA FÓRMULA DEL FASCISMO

WASHINGTON, LAS BURGUESÍAS "NACIONALES" Y LA VIEJA FÓRMULA DEL FASCISMO

 

 

La burguesía vive a la espera del cataclismo inminente que la abolirá”. Esto lo extraemos de las páginas del libro de Simone de Beauvior “El pensamiento político de la derecha” y ello nos expresa una realidad que, desde hace décadas (por no hablar de siglos), siempre ha llenado de inseguridades y de temores a la clase burguesa, por lo que sus opciones no dejan de ser las mismas aplicadas durante mucho tiempo, es decir, la represión policíaco-militar, la imposición de leyes arbitrarias que respondan a sus intereses y las guerras que aseguren su preponderancia como clase dominante. Estas inseguridades y temores de la burguesía se manifiestan con mayor énfasis en nuestra América, donde esta -a pesar del dominio económico y político que aun ejerce en varios de sus países- sabe que cada día pierde espacios ante el avance (ojalá indetenible y triunfante) de los sectores populares, a quienes parecía corresponderle asumir fatalmente el papel de parias de la historia.

 

Como lo refiere Simone de Beauvior, “el optimismo de la burguesía se sintió seriamente quebrantado. En el siglo anterior, la burguesía creía en el desarrollo armonioso del capitalismo, en la continuidad del progreso, en su propia perennidad. Cuando se sentía dispuesta a la justificación, podía invocar en su provecho el interés general: el avance de las ciencias, de las técnicas; a partir de las industrias fundadas sobre el capital aseguraba a la humanidad futura la abundancia y la felicidad. Sobre todo, confiaba en el porvenir, sentíase fuerte. No ignoraba la ’amenaza obrera’, pero poseía, contra ella toda clase de armas”.

 

Este optimismo se incrementó en la última década del siglo 20 con la implosión de la Unión Soviética, el primer Estado auto proclamado proletario del mundo. Sin embargo, luego del “fin de la historia” que otorgaba al sistema capitalista una victoria que parecía desmentir todos los esfuerzos e ideologías puestos en su contra, con un Estados Unidos convertido en un gendarme mundial sin competidor alguno, comenzó a germinar una nueva realidad en este territorio predestinado para la lucha revolucionaria.

 

Al triunfalismo de los monopolios transnacionales le sucedió un conjunto de secuelas que hicieron ver el fracaso de las medidas impuestas por el capitalismo neoliberal, lo que empujó a grandes contingentes a protestar en las calles, exigiendo solución a los distintos problemas originados por dichas medidas, fomentadas en gran parte por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. De ahí en adelante, los antiguos parias de la historia comenzaron a hacerse visibles, reescribiendo la historia y, por supuesto, dando a la burguesía razones para mostrarse insegura y temerosa ante su insurgencia; revelando así su vulnerabilidad.

 

De ahí que la burguesía (entendida esta como el sector dominante, opuesto a los intereses de los sectores populares mayoritarios de cada nación) se muestre dispuesta a recurrir, en el caso de nuestra América, a la vieja fórmula del fascismo, conformando -incluso- una internacional de la derecha (con apoyo directo de Washington), en la cual figuran el senador Marco Rubio en Estados Unidos; el ex presidente Sebastián Piñera en Chile; los ex presidentes Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana en Colombia; los ex presidentes Felipe Calderón y Vicente Fox en México; los ex presidentes del gobierno Felipe González y José María Aznar en España, encargados de encabezar una cruzada contra el gobierno venezolano, explotando y magnificando la matriz de opinión que lo señala de violar los derechos humanos de los dirigentes opositores, encarcelados por cometer delitos contra el orden público e incitar a sus seguidores a tratar de derrocar al Presidente Nicolás Maduro; lo mismo que se ha planteado lograr en Ecuador, Bolivia y, más recientemente, en Brasil, de manera que la misma población que eligiera a Rafael Correa, Evo Morales y Dilma Rousseff termine por aceptar su salida de forma inconstitucional y la conformación de un gobierno, en consecuencia, de signo neoliberal.

 

A ello se agrega la estrategia diseñada por Washington para recuperar la hegemonía perdida en nuestra América durante estas últimas décadas, contando con algunos gobiernos derechistas a su favor. Para alcanzar dicha meta, Estados Unidos ha diseminado bases militares por todo este continente, apuntando a objetivos estratégicos, vitales para su modo de vida capitalista, entre estos los yacimientos energéticos y acuíferos, además de otros que se hallan en grandes cantidades en la mayoría de las naciones latinoamericanas. No obstante, en esta perspectiva de desestabilización general, los gringos no han logrado las condiciones ideales para alterar el rumbo tomado por los pueblos y gobiernos al sur de sus fronteras, aun cuando acaricie la idea de echar mano al fascismo para revertir a su favor la situación latinoamericana actual, como ya lo hiciera en el pasado; cuestión que a todas luces parece improbable.-

 

 

 

 

UN GENOCIDIO A CIELO ABIERTO

UN GENOCIDIO A CIELO ABIERTO

 

Mediante el asesinato masivo de pobladores palestinos, la expulsión y el sometimiento de millares de ellos y la confiscación de sus tierras y de sus bienes ancestrales, el Estado sionista de Israel ha implementado una limpieza étnica que, pese a la condena que ha merecido a través del tiempo de parte de organizaciones, gobiernos y pueblos de todo el mundo, mantiene inalterable, buscando así desterrar por completo cualquier vestigio que recuerde la presencia del pueblo palestino. Es, prácticamente, un genocidio a cielo abierto, presenciado desde todas las latitudes, sin que haya existido un mecanismo efectivo para contenerlo y erradicarlo, dándosele la oportunidad de vivir como pueblo libre a Palestina.

 

De este modo, el bloqueo ilegal e inhumano que el régimen israelista le impone a la población gazatí ha impedido la reconstrucción de sus viviendas, bombardeadas con frecuencia por sus fuerzas de defensa, sin considerar la muerte ocasionada a cientos de familias enteras. Lo mismo se observa con las restricciones respecto a la adquisición de materiales e instrumentos de primera necesidad, en lo que recuerda al viejo ghetto y el apartheid implantados, respectivamente, en la Alemania nazi y Sudáfrica. Todo ello, en conjunto, representa sin duda una gama innumerable de crímenes de lesa humanidad, violatorios del derecho internacional y de todas las normativas sancionadas y establecidas por la ONU; cuestión que no podría ignorarse, evitando el riesgo nada descartable de ser estigmatizado de antisemitismo.

 

No obstante, gracias a la ayuda política, financiera y militar de la Unión Europea y de Estados Unidos, Israel ha podido establecer sin marcha atrás un proceso de colonización y de despojo arbitrario en contra del pueblo palestino, incluyendo la aplicación de leyes discriminatorias y violatorias de los derechos humanos más elementales, a tal punto que se reprime, maltrata, asesina y encarcela a un gran número de niños y adolescentes, sin que la Unicef u otro organismo internacional pare tales atropellos.

 

Algo semejante ocurre con el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), cuyas conclusiones en 2004 sobre la construcción del muro de la vergüenza, determinaron entre otras cosas que el Estado sionista de Israel tendría la obligación de detener inmediatamente la construcción de este muro, destruir los tramos existentes, eliminar el sistema de asentamientos ilegales adyacente, además de reparar los daños causados a las familias palestinas afectadas. Igualmente, la CIJ señaló que “cualquier Estado” que sea Alta Parte Contratante de los Convenios de Ginebra “tiene la obligación de asegurar que se cumplan las exigencias de los instrumentos en cuestión” y que “la ONU, y especialmente la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, deben estudiar qué otras medidas son necesarias para poner fin a la situación ilegal que se produce como consecuencia de la construcción del muro”. Sin embargo, todo esto ha quedado en letra muerta. Entre tanto, la población palestina sigue siendo víctima de la represión y el odio de los israelitas, a tal punto que se les impide visitar sus lugares santos, como la mezquita de Al Aqsa.

 

Esta política -desde todo punto de vista racista y genocida- busca desconocer absolutamente la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947, la cual decidió la culminación del mandato ejercido por Gran Bretaña sobre el territorio de Palestina y la partición del mismo en dos Estados: uno judío, con 14.500 km2 y otro árabe, con una superficie de 11.000; mientras que la ciudad histórica de Jerusalén quedaría como una entidad separada bajo la administración de la ONU. De esta forma, Israel -desplazando a sangre y fuego a los palestinos- tendría justificada su aspiración de poblar un territorio sin habitantes y re-crear lo que sus dirigentes sionistas han llamado el Gran Israel (Eretz Israel), dominando toda la extensión comprendida entre el río Nilo y el río Eúfrates, incluyendo a Siria, Líbano, la parte noriental de Irak, la parte norte de Arabia Saudita, la franja costera del Mar Rojo y la península del Sinaí de Egipto; lo que explicaría también su respaldo a los terroristas del autodenominado Estado Islámico junto con Estados Unidos.-

EL TRIÁNGULO DE LA NUEVA GUERRA FRÍA

EL TRIÁNGULO DE LA NUEVA GUERRA FRÍA

Durante su discurso en la 70° asamblea de la ONU, Barak Obama expresó: “Se ha construido un sistema internacional que impone un costo a los que eligen el conflicto y no la cooperación”. Con esta amenaza velada, la clase gobernante estadounidense (por boca de Obama) muestra su total disposición en reconfigurar el mundo según sus intereses y en recurrir, una vez más, a las armas si ello no fuera alcanzado de forma expedita y sin contratiempos; cosa que viene haciendo sin consideración alguna hacia el derecho internacional desde la implosión de la URSS, contando con la bendición del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el concurso de la OTAN.

Así, la situación de conflicto regional planeada, financiada y creada por Estados Unidos en el Medio Oriente mediante la violencia descontrolada a manos del auto-denominado Estado Islámico, ha obligado a Rusia a asumirla con toda la seriedad que la misma merece, dadas las repercusiones que ella tendría para el futuro de sus propias fronteras, ya de por sí amenazadas por el conflicto originado en Ucrania.

De este modo, los jerarcas políticos-económicos-militares de Washington han venido desarrollando frente a Rusia una versión «modernizada» de la Guerra Fría, recordando el enfrentamiento interimperialista que sostuviera Estados Unidos durante casi cincuenta años con la extinta Unión Soviética. A eso habría que agregar el hecho cierto que Estados Unidos también enfrenta a China en otros escenarios, principalmente en el orden económico, al observarse cómo el gigante asiático ha extendido su influencia a gran parte del mundo, con énfasis especial en nuestra América y Asia; cuestión que -de una u otra forma- entorpece y amenaza los planes de dominio mundial diseñados y rediseñados por los estadounidenses desde la década de los 80.

Del otro extremo, el proyectado Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) de China constituye otra amenaza seria que pende sobre el sistema financiero mundial capitalista dominado por Estados Unidos. Cuestión que ha sido reconocido por muchos analistas económicos y políticos. El mismo le da a los naciones asiáticas la posibilidad de no depender en lo adelante de forma exclusiva del Banco Mundial y del FMI. Del lado atlántico, a los antiguos aliados europeos de Estados Unidos se les ofrece también una opción de desprenderse del control omnipotente ejercido por las diversas entidades dominadas por Washington.

Un detalle interesante y que aumenta las preocupaciones estadounidenses es el hecho que las relaciones ruso-chinas se han hecho más estrechas que nunca en los últimos tiempos, más de lo que pudieron serlo en el pasado.

Como resultado de estos planes, acciones y preocupaciones de la Casa Blanca, el planeta se halla envuelto en la actualidad en conflictos que podrían generalizarse, al modo del Medio Oriente, como ya muchos analistas anticipan, precipitando situaciones que envolverían a todas las naciones en un caos sin control. Se estaría, por consiguiente, ante una proto-guerra, cuyos elementos más relevantes serían el asedio económico, mediático y militar activados en contra de aquellos pueblos y gobiernos calificados como enemigos del gigante gringo; en un proceso de disciplinamiento global que mantendría -como es su aspiración- en el redil a los pueblos y gobiernos díscolos.

Para el complejo industrial-militar que gobierna Washington, la estabilidad del orden internacional tendría que descansar, por tanto, en manos de Estados Unidos como una responsabilidad permanente, reivindicando una vez más su excepcionalidad ante las demás naciones de la Tierra, representando en este caso -por supuesto- a las fuerzas del bien (recordando a Ronald Reagan) frente a las fuerzas del mal. La paz y el orden internacionales serían función exclusiva de este imperio benéfico.

Ya no se trata de la simple conquista del lebensraum, el espacio vital que reclamara la Alemania naz antes que estallara la Segunda Guerra Mundial, enfrentando a los imperios decadentes y a los imperios emergentes de Europa, Estados Unidos y Japón. La guerra, en estas circunstancias, adquiere rasgos de guerra multidimensional, en la cual resalta el uso y preponderancia de los medios de información masivos como instrumentos de propaganda y manipulación de la opinión pública. Frente a ella, sin embargo, los pueblos del planeta -en una significativa y nada desdeñable mayoría- mantienen una lucha de resistencia en todos los escenarios posibles, conscientes de lo que les depararía el destino a toda la humanidad si la voluntad y los intereses del consorcio imperialista europeo-estadounidense-sionista terminan por imponerse, ya sea mediante la guerra más atroz o por medio de tratados de libre comercio que apenas se han dado a conocer públicamente.-

 

EL NUEVO "GRAN JUEGO" DE ESTADOS UNIDOS EN NUESTRA AMÉRICA

EL NUEVO "GRAN JUEGO" DE ESTADOS UNIDOS EN NUESTRA AMÉRICA

Con una presencia militar prácticamente incuantificable alrededor del mundo, Estados Unidos no descuida sus intereses en la región latinoamericana y caribeña. Como en los viejos tiempos, Washigton se propone recuperar la influencia y el espacio perdidos en nuestra América luego que se desatara el huracán de movimientos sociales y políticos reivindicadores de la soberanía y la liberación nacionales en estos países, lo que llevó a la presidencia de sus respectivos países a líderes tan heterogéneos como Hugo Chávez, Luiz Inácio "Lula" Da Silva, Néstor Kirchner, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa; además de otros que se han inscrito en esa onda integracionista y antineoliberal que aún sacude este continente desde finales del siglo pasado, representando una piedrita en el zapato para los inquilinos de la Casa Blanca.

 

Por consiguiente, es difícil sustraerse a la sospecha (nada fortuita, conocida la historia de manipulaciones, despojos e intervenciones de todo tipo del imperialismo gringo en los países de nuestra América) que existe una estrategia común aplicada a estos países, quizás más extendida e imperialista de lo que pudo ser la doctrina Monroe, que desemboque en un clima generalizado de inestabilidad política, conflictos sociales de toda especie y e interrupción del posible flujo de inversiones extranjeras que estarían tramitando sus respectivos gobiernos. Así, nuestras naciones -ricas en yacimientos de recursos naturales estratégicos para la supervivencia del sistema capitalista global, como gas y petróleo- son joyas altamente codiciadas por las grandes corporaciones transnacionales capitalistas, de forma que puedan incrementar todavía más sus ganancias multimillonarias. Esto ocurre en momentos que los acuerdos bilaterales celebrados con Rusia, China y, en algunos casos, con Irán configuran una nueva realidad en nuestros países, siendo relegado a un segundo plano el papel preponderante tradicionalmente asumido por Estados Unidos, cuestión nada grata para la clase gobernante gringa; especialmente cuando avizora una grave amenaza a sus intereses geoestratégicos, sumada a lo que representaría el canal interoceánico de Nicaragua (con inversión china) en cuanto al tráfico del comercio mundial, acortando, por ejemplo, la ruta del petróleo venezolano a Asia, entre otros productos provenientes de nuestra América y el Caribe.

 

De ahí que no deba extrañar lo que ocurre en países considerados como puntas de lanza de ese proceso de orientación socialista, integracionista y antineoliberal, donde se ha hecho sentir una misma estrategia desestabilizadora. Para alcanzar sus metas, Estados Unidos ha montado estructuras de comando, control, comunicaciones e inteligencia, con bases militares diseminadas a todo lo largo y ancho de la geografía americana, incluyendo la reactivación de su Cuarta Flota en aguas del Caribe, lo que combina con el respaldo financiero a organizaciones opositoras a los regímenes que etiqueta como enemigos. Además, continuando con lo iniciado por Ronald Reagan y George Bush (padre), la administración de Barack Obama respalda la utilización de grupos paramilitares en el escenario político de nuestra América, de un modo similar a lo hecho en Nicaragua en la época del gobierno sandinista, al mismo tiempo que la activación de lo que se ha dado en conocer como golpes blandos, repitiendo la experiencia de las revoluciones de colores en Europa del este y norte de África; todo esto sin olvidar los planes supuestamente destinados a combatir y erradicar el narcotráfico y el terrorismo internacionales, cuyos epicentros se ubicarían en México, Centroamérica y Colombia.

 

Con esta singular estrategia en la mente de quienes controlan Estados Unidos, como lo determina Fernando Vicente Prieto, en su artículo "A enfrentar el golpe blando", publicado en www.portalalba, "todas las políticas se dirigen a cambiar el signo de la integración continental. Para recuperar el terreno EE.UU. necesita esterilizar la acción de organismos como Unasur y Celac, y desarticular el ALBA y Petrocaribe como alternativa de los pueblos para la construcción de unidad y soberanía. Para esto, a su vez, precisa debilitar, en cada país, los proyectos políticos que quieren ganar autonomía de la órbita imperial. El entramado que conforman las plataformas políticas locales, junto a ONG’s de actuación global, espacios políticos europeos y los medios privados internacionales, tiene como principal objetivo frenar el avance de un pensamiento liberador que en este siglo XXI, recupera la rica historia de lucha, desde San Martín y Bolívar hasta Fidel y el Che Guevara, pasando por Martí, Sandino y una cantidad de patriotas que se opusieron al dominio extranjero. En términos de proyecto histórico, se trata de Bolívar versus Monroe. El imperialismo tiene una mirada global y una gran similitud en las tácticas locales en esta etapa histórica".

 

Sería algo completamente necio ignorar este asunto de vital importancia para el destino común de los pueblos de nuestra América, cuando el nuevo "gran juego" de Estados Unidos se desarrolla ante los ojos de todos. De nada valdría congeniar ni hacerle concesiones para no sufrir sus embates, pues -como lo dijera el Che Guevara de manera gráfica e incuestionable- "no se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantito así..." Es lo que le tocaría hacer a los gobernantes y movimientos populares como una primera medida para enfrentar y vencer todo lo que hacen (y pretenden hacer) los gringos para minar y usurpar nuestras soberanías nacionales.-

EL POLITICIDIO CONTRA EL PUEBLO PALESTINO

EL POLITICIDIO CONTRA EL PUEBLO PALESTINO

 

“El politicidio (contra el pueblo palestino) es un proceso que cubre una amplia gama de actividades sociales, políticas y militares cuyo objetivo es destruir la existencia nacional y política de toda una comunidad de personas y, de este modo, negarles la posibilidad de autodeterminación. Los asesinatos, las masacres localizadas, la eliminación de líderes y de las élites, la destrucción física de las instituciones públicas y de la infraestructura, la colonización de la tierra, la hambruna, el aislamiento político y social, la reeducación y la limpieza étnica parcial son las principales herramientas utilizadas para alcanzar el objetivo”. Esta explicación de la política llevada a cabo durante décadas por Israel sobre Palestina la escribe Baruch Kimmerling en su obra “Politicidio. La guerra de Ariel Sharon contra los palestinos", en la que hace ver todo el martirio sufrido por este ancestral pueblo árabe ante la indiferencia de quienes tienen en sus manos la posibilidad de redimirlos del mismo, restituyéndosele su derecho inalienable a existir como pueblo y como Estado soberano.

 

No se puede ignorar (por mucha propaganda y matrices de opinión difundidas a través de las grandes cadenas empresariales de la información y del cine) que el sionismo se impuso desde un primer momento el desalojo violento de los palestinos, aduciendo razones "bíblicas" para hacerlo, incluyendo el tratamiento atroz a que fueran sometidos los judíos (sin ser los únicos en toda Europa) a manos del régimen nazi de Alemania; contando desde un primer momento con la complicidad de los gobiernos imperialistas de Gran Bretaña y Estados Unidos para perpetrar este propósito expansionista y colonialista, simbolizado mediante la construcción de un muro que separa ostensiblemente a ambos sectores. Esta acción permanente del sionismo ha desconocido reiteradamente la vieja resolución del 29 de noviembre de 1947 de la Asamblea General de las Naciones Unidas con que terminó el mandato británico sobre Palestina y determinaba la partición del territorio en dos Estados: uno judío, con 14.500 km2 y otro árabe, con una superficie de 11.000 km2, mientras la ciudad histórica de Jerusalén quedaría como una entidad separada, administrada por la ONU.

 

En la actualidad, es noticia habitual el bombardeo indiscriminado que desata frecuentemente Israel contra Gaza y Cisjordania, la demolición de sus viviendas, la limitación extrema de alimentos y de trabajo, el corte de servicios básicos, como salud, agua y electricidad, a lo que se suma el trato discriminatorio recibido por sus ciudadanos por parte de las fuerzas militares israelíes, sin que escapen de ello los niños y los adolescentes, a quienes asesinan, reprimen y encarcelan sin consideración alguna.

 

Para el gobierno y los colonos israelíes es una cuestión fundamental que el territorio de Israel abarque desde la península del Sinaí y partes de Líbano, Siria y Jordania, en lo que sería el "Gran Israel" gobernado en su tiempo por el rey David, por lo cual su estrategia es hacer desaparecer todo vestigio de la presencia de los pueblos que los habitan, de modo que esto sirva para apoyar los supuestos derechos "divinos" que les asisten para ocupar estas tierras. En este sentido, sus agresiones constantes no podrían ser calificadas más que de terrorismo puro -de terrorismo de Estado, para ser más precisos- en contradicción a la propaganda oficial (reforzada continuamente por la industria cinematográfica) que le endilga tal condición a quienes defienden su cultura y su derecho a existir como todo pueblo soberano de este planeta.

 

Hay que recordar que la Asamblea General de la ONU declaró en sesión plenaria realizada en 1975 que el sionismo es una forma de racismo y discriminación racial. En consideración a esta decisión, sus Estados signatarios y los pueblos de la Tierra debieran emprender acciones contundentes contra tal aberración, respaldando el boicot, la desinversión y las sanciones (BDS) como formas efectivas de ejercer una presión sobre Israel que le haga respetar y cumplir con las diversas resoluciones de la ONU que acaben de una vez por todas con su política de exterminio de los palestinos, además del fin de la ocupación y la colonización en los territorios de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este y los Altos del Golán.-

 

 

 

 

LA CONSPIRACIÓN GLOBAL DE LA DERECHA

LA CONSPIRACIÓN GLOBAL DE LA DERECHA

 

El asedio sin cuartel que sostiene la derecha internacional contra varias naciones de nuestra América y con un énfasis muy especial hacia Venezuela, da cuenta de la amplia conspiración que tiene su nervio central en Washington y extiende sus tentáculos desde Miami, Bogotá, Madrid y otros centros, vasallos todos del imperialismo gringo. Ello se pone en evidencia a través de la activación continua de la gran maquinaria propagandística puesta a disposición de los sectores contrarrevolucionarios en nuestras naciones, secundada por cadenas empresariales dedicadas a la información que distorsionan y manejan a su antojo la realidad de nuestras naciones, en un intento deliberado de influir en la opinión pública, haciéndola que se incline ante los intereses de los sectores hegemónicos del capitalismo globalizado.

Esta es una realidad que no podrá ocultarse, por mucho control y manipulación ejercidos sobre lo que las personas tendrían que asimilar como la verdad de las cosas en países como Bolivia, Ecuador y Venezuela, blancos de una guerra de cuarta generación mediante la cual Estados Unidos y sus aliados aspiran modificar a su favor la correlación de fuerzas existente al sur del río Bravo. Para alcanzar dicho objetivo no han escatimado ningún recurso en planes y uso de personajes aparentemente influyentes, como fue el caso reciente de ex presidentes en Venezuela, buscando minar la confianza popular y actuar más decididamente, derrocando a Nicolás Maduro.

Para contraatacar esta conspiración global de la derecha en nuestra América y contrarrestar los posibles efectos que causarían en el ánimo de los sectores populares, es preciso que los gobiernos de nuestros países recuperen los pasos iniciales que les permitieron implementar cambios políticos, sociales, culturales y económicos, acompañados de un amplísimo apoyo de sus pueblos. No es con reacomodos políticos ni alianzas de tipo económico como podrán evadir y quitarse de encima el cerco mediático y económico impuesto por sus enemigos de la derecha. Aún cuando cada uno de estos gobiernos accediera a complacer sus mezquinos intereses, a la larga tendrían que desistir de su empeño en hacer una revolución de carácter popular, multiétnica y, sobre todo, socialista; salvo que los mismos pueblos asediados por esta derecha global asuman la iniciativa y cumplan con este objetivo vital.-