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TEMAS ANTIIMPERIALISTAS

NUESTRA AMÉRICA Y EL “NUEVO” INJERENCISMO GRINGO

NUESTRA AMÉRICA Y EL “NUEVO” INJERENCISMO GRINGO

“Golpes blandos”, “rebeliones de colores”, campañas de desinformación masivas, imposición de sanciones extraterritoriales de todo tipo, sabotaje de las diferentes líneas de telecomunicaciones y la amenaza no tan velada de agresión militar son los elementos constitutivos -a gran escala- de la guerra irrestricta que estaría ya desarrollando el imperialismo gringo para asegurar su hegemonía total e indiscutible en el mundo. Para alcanzar tal objetivo, le resultan útiles por igual los métodos y tácticas convencionales como aquellos que encajan en la categoría de crímenes políticos mediante el asesinato selectivo de dirigentes de comprobada ascendencia sobre los sectores populares, así éstos carezcan, aparentemente, de una intención explícitamente política. 

¿Qué puede suponer esta vasta estrategia imperialista para el planeta entero? En principio, un mayor clima de tensiones, provocaciones y conflictos, en especial con China y Rusia, las dos potencias que la clase política y militar de Estados Unidos mantiene en agenda como sus principales enemigos a vencer, sin dejar de lado a Irán, nación a la cual amaga de vez en cuando, lo mismo que a Corea del Norte. Sin embargo, hasta fechas recientes se cuidó de no acentuarlo, limitándose a movilizar sus comandos operacionales, lo que -con Donald Trump en la Casa Blanca- ha cambiado y se ha traducido en una escalada de confrontación más frontal y decidida. Esto quizás se observe con una mayor preocupación del lado de Europa y de Asia (con Ucrania, Japón y Taiwán de fondo) donde los Comandos Estratégicos estadounidenses sostienen una presencia militar de altos quilates, reforzada con el respaldo de sus pares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, sus fieles escuderos en cada uno de los últimos conflictos bélicos desencadenados por Washington. No es casual, por ende, que en la rica región petrolera de Oriente Medio -contando con el respaldo de Israel, Turquía, las monarquías retrógradas del Golfo Pérsico y la milicia del Daesh- Estados Unidos busque tomar el control directo de sus recursos, por lo que la indefinición prolongada de la guerra desatada contra Siria (contenida gracias a la determinación combinada de Rusia y China) representa un revés, cuyo costo en dólares y uso de armamentos afectará, con el tiempo, la economía interna estadounidense, como ocurriera en su tiempo con la guerra de Vietnam.

En medio de semejante panorama, nuestra América (considerada por Estados Unidos desde hace dos siglos como su patio trasero) no escapa a estos planes de la nueva Estrategia de Defensa Nacional, recientemente reformulada por el gobierno de Trump. Así, nuestras naciones vuelven a convertirse en focos de la atención imperialista. Por ello, tampoco es casual que el injerencismo estadounidense se haga notar sin disimulo alguno, orientando las acciones de quienes se oponen -como en el caso de Venezuela- a los regímenes rotulados como hostiles. Un injerencismo que es, además, estimulado al máximo, día y noche, por las grandes cadenas noticiosas, ignorándose o tergiversándose por completo la voluntad de soberanía que vienen manifestando nuestros pueblos, repetidamente, desde finales del siglo pasado, en rechazo contundente a la subordinación neocolonialista que les adjudica el rol de simples proveedores de materias primas. De ahí que cualquier asomo de rebeldía e independencia termine por percibirse como una amenaza inusual y extraordinaria a los intereses y la seguridad nacional de nuestros “buenos vecinos” del Norte. Lo que se suma a lo pretendido mediante el Consenso de Washington, el Plan Puebla-Panamá, el Plan Colombia, el Área de Libre Comercio de las Américas y la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (propuesta conjunta del Banco Interamericano de Desarrollo, la Corporación Andina de Fomento y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata.-         

LA GUERRA IRRESTRICTA O EL NUEVO REINO DE LAS ARMAS

LA GUERRA IRRESTRICTA O EL NUEVO REINO DE LAS ARMAS

Qiao Liang y Wang Xiangsui, oficiales de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación de China, han definido en su libro “La Guerra Irrestricta” (Unrestricted War), publicado en 1999, los nuevos ámbitos en que se desarrolla la guerra en el mundo contemporáneo como fenómeno social, reduciendo significativamente, como elemento central, la utilización rigurosa de instrumentos militares convencionales, lo cual termina por rebasar el marco de las leyes vigentes y el axioma de la guerra perpetuado por Carl Von Clausewitz.

 

Ellos explican que «mientras que estamos viendo una reducción relativa de la violencia militar, al mismo tiempo, definitivamente estamos viendo un aumento de la violencia en los ámbitos político, económico y tecnológico».​ Según este diagnóstico, la violencia dejó de referirse estrictamente al odio, el uso de la fuerza física y las muertes provocadas por armas de cualquier tipo.

 

Ahora, como sucede en diversas latitudes, ésta se evidencia a través de la desinformación inducida (también conocida como postverdad), la militarización de la vida civil y política, el dominio (directo e indirecto) de algunos espacios estratégicos de un determinado país, como la economía y los recursos básicos (mediante la alteración de su valor en el mercado), la aplicación de las leyes estadounidenses y, por consiguiente, la negación de la soberanía nacional para el resto del planeta.

 

Tempranamente, al darse a conocer públicamente la obra en que asentaron sus ideas, Qiao Liang afirmó que «la primera regla de la guerra irrestricta es que no hay reglas, nada está prohibido». Ya la guerra, en este sentido, adquiere -como teoría- novedosos e inesperados matices, sobre todo, luego de producirse la demolición de las Torres Gemelas de Nueva York que, sirviéndole de excusa al gobierno de George W. Bush, precipitó una escalada guerrerista por parte de Estados Unidos visible, primordialmente en la región del Medio Oriente.

 

En el contexto de la geopolítica mundial actual, con poderes fácticos supranacionales que comprometen gravemente la estabilidad política, social y económica de las naciones, además de su soberanía territorial, se ponen en juego todos los medios disponibles y utilizables, militares y no militares, lo que complica la tipificación de las agresiones contra una nación o un gobierno, dando por descartada cualquier consideración de índole moral y ética. Como lo revelara hace siglos el general y estratega militar chino Sun Tzu en su obra “El Arte de la Guerra”, «no existen en la guerra condiciones permanentes… en el arte de la guerra no existen reglas fijas. Las reglas se establecen conforme con las circunstancias»”.

 

En estas circunstancias, en la guerra sin restricciones se amalgaman lo político y lo militar con lo económico, lo tecno-científico y lo cultural, sin que exista, prácticamente, ninguna separación entre estos elementos. La guerra, así, se convierte en algo polimorfo, abarcando -de manera aislada y/o sincrónica- una serie de estratagemas psicológicas, informáticas, políticas, diplomáticas y militares, a fin de obtener los efectos apetecidos, es decir, el desequilibrio y la eventual derrota del enemigo. Para ello será un asunto fundamental un acoplamiento multidimensional y una sincronización fundada en la gestión de la información.

 

Esto, obviamente, altera todo dogma conocido de la guerra. El campo de batalla no es, como antes, el escenario donde dos ejércitos contienden entre sí en procura de una victoria total de uno sobre el otro. Éste se ha extendido hacia múltiples dimensiones, incluida la mente humana. Como lo sentencian Qiao Liang y Wang Xiangsui, «todos los conceptos prevalecientes sobre la amplitud, profundidad y altura del espacio operativo ya parecen estar pasadas de moda y obsoletas. A raíz de la expansión del poder de la imaginación de la humanidad y su habilidad para dominar la tecnología, la batalla se está estirando hasta el límite».

 

Cuando Estados Unidos (junto a sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte) busca salvaguardar de Rusia y China la hegemonía global que alcanzara tras la Segunda Guerra Mundial y el colapso de la Unión Soviética, representa un imperativo descubrir, estudiar y combatir la clase de beligerancia soterrada que éste lleva a cabo contra algunas naciones y gobiernos, en beneficio exclusivos de sus intereses geopolíticos. A la vista de todos y sin que nadie se perturbe mucho por ello.-     

LA FÓRMULA MODERNA DE GUERRA DEL CAPITALISMO GLOBAL

LA FÓRMULA MODERNA DE GUERRA DEL CAPITALISMO GLOBAL

Además de las amenazas y de las agresiones de tipo militar a las que nos tiene acostumbrados desde hace más de un siglo, el imperialismo gringo (con la complicidad de sus socios europeos) recurre a la coacción económica y financiera contra el resto de naciones del mundo, de modo de asegurar su sumisión y el control de sus riquezas naturales.

 

Esta coacción económica y financiera es una nueva forma de guerra, muy especializada, por cierto, ahora llevada a cabo mediante otros medios, lo cual se refleja en la desestabilización de mercados con acciones, bonos, divisas, materias primas y derivados financieros, entre otros elementos utilizados, afectando la economía de aquellas naciones, cuyos gobiernos son catalogados de amenazas inusuales y extraordinarias a la seguridad nacional yanqui.

 

Cuestión que, de concretarse definitivamente, supondrá la instalación en cada país de una estructura económico-social carente de derechos democráticos extensivos a todo el conjunto de la población, siendo éstos reservados para goce exclusivo de las minorías dominantes. Ello será factible, además, si llegara a ocurrir la derrota de los sectores populares en su lucha por lograr una autodeterminación que se exprese, en un primer plano, en su independencia política y, en un segundo plano, en su independencia económica.

 

Según lo explicara Zbigniew Brzezinski, uno de los llamados tanques pensantes de la geopolítica estadounidense, “el caos constructivo sostiene la necesidad de alentar y apoyar conflictos violentos, crisis económicas y/o sociales, con la finalidad de impulsar el acoso y derrocamiento de un Gobierno”. Para ello, apela al soft power (poder suave) o al uso de artilugios diplomáticos de presión.

 

En el caso venezolano, ya se ha constatado cómo se ha aplicado todo lo indicado por Gene Sharp  en su obra “De la Dictadura a la democracia”: la generación deliberada de un clima de molestia generalizada contra el gobierno nacional, una permanente cruzada en defensa de “la libre empresa, de la libertad de prensa y de los derechos humanos”, con denuncias reiteradas de corrupción, totalitarismo y autoritarismo gubernamentales, la lucha por reivindicaciones políticas y sociales, así como la organización de manifestaciones y protestas que culminen en violencia, amenazas a instituciones o personajes políticos, manipulaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, mediante movilizaciones que impulsen la “ingobernabilidad” y forzar la “renuncia” del presidente o jefe de gobierno y la preparación de una intervención militar, a través del aislamiento internacional del país. Todo lo cual ha resultado inútil, contribuyendo más bien -en sentido contrario- a fortalecer el hegemonismo construido por el chavismo en más de una década, viéndose incrementado ahora con la mayoría obtenida en las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, de las gobernaciones y, más recientemente, de las 335 alcaldías del país; conformando un sistema ajeno a los postulados esgrimidos originalmente hace 18 años.  

 

Como se podrá colegir de lo anterior, para el capitalismo corporativo global se hace imperativo que hayan regímenes democráticos de excepción con los cuales puedan asegurar sus intereses económicos y controlar y minimizar las diversas luchas sociales (sobre todo, de índole laboral) que socaven el desarrollo de sus iniciativas empresariales y la obtención invariable de ganancias.

 

No obstante, la merma creciente de la supremacía económica euro-estadounidense ante gigantes militares y económicos como China y Rusia (a los cuales eventualmente se adherirían países de diversos continentes) tendrá como uno de sus transcendentales resultados que Europa y Estados Unidos (agrupados en la OTAN, con poder de veto en la Organización de las Naciones Unidas y bastante influencia en el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio y el Banco Mundial) cesarían, en un futuro no lejano, en sus papeles de grandes gendarmes “democráticos” de nuestro planeta, fallando en su propósito de imponerle a la humanidad entera un unilateralismo globalizador, cuyos valores sean los que ellos representan.

 

En la circunstancia definitoria por la que atraviesa gran parte del planeta frente a un capitalismo global neoliberal que subyuga la soberanía de los pueblos, independientemente de las garantías establecidas en las constituciones y el derecho internacional, es hora que los diversos movimientos sociales y políticos revolucionarios que lo confrontan activa y conceptualmente lleguen a comprender que ya no basta con proclamar una unidad revolucionaria que, muchas veces, no pasa de ser un elemento meramente retórico. Hace falta apelar a la construcción orgánica -de manera horizontal, desde abajo y en todos los frentes de lucha posibles- de una estructura de coordinación colectiva, basada en procedimientos y actuaciones de carácter consejista que conlleven al logro efectivo de tal unidad.

 

En función de ello, hay que comprender que, además, bajo la lógica perversa del capitalismo, la estructura social se ha diversificado a tal punto que no resulta ninguna novedad «descubrir» categorías y subcategorías sociales existentes en el mundo contemporáneo. Esto, ya de por sí, representa un alto desafío. Desconocer dicha realidad será continuar manejando los esquemas simplistas y legitimadores que moldearon el actual modelo civilizatorio, o sistema-mundo.-

AMAZON LOG 2017, EL ENSAYO DE INVASIÓN DE UNA “AMÉRICA UNIDA”

AMAZON LOG 2017, EL ENSAYO DE INVASIÓN DE UNA “AMÉRICA UNIDA”

Bajo la excusa de realizar el control de la migración ilegal, la asistencia humanitaria, mediaciones de paz, lucha contra el narcotráfico internacional y la protección del ambiente, Amazon Log, el más reciente de los ejercicios militares conjuntos ejecutados por las fuerzas armadas del imperialismo gringo en Sudamérica (ubicado en la ciudad de Tabatinga, fronteriza con Leticia, en Colombia, y con Santa Rosa, en Perú), tiene por epicentro el amplio territorio de la Amazonía.

 

Previamente, durante el transcurso de 2017, los estrategas del Comando Sur han desplegado sus tropas en ejercicios militares en la jurisdicción territorial de las islas de Barbados, de Trinidad y Tobago, el espacio aéreo de Colombia, y las costas de Chile y del Perú, en lo que muchos han interpretado como preparativos para una intervención directa -respaldada por los gobiernos conservadores o derechistas de la región- en los asuntos internos venezolanos, al mismo tiempo que se logra la restauración de la hegemonía perdida (o disminuida) en las dos últimas décadas por Estados Unidos; acentuando su presencia militar en el continente.

 

Si existe alguna duda al respecto, habría que recordar que entre el 23 y 24 de agosto del presente año, se llevó a cabo en Lima una reunión bajo la tutela del comandante general del Comando Sur, Kurt Tidd, con jefes militares provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Paraguay, Perú y Uruguay, cuyos regímenes son manifiestamente injerencistas y contrarios al gobierno venezolano, donde se fijaron nuevas estrategias para "enfrentar amenazas militares" y "atender" la crisis creada en Venezuela en estos últimos cuatro años; lo que se enlazaría con las amenazas proferidas por el presidente Donald Trump.

 

La conformación de una fuerza militar multiestatal, dirigida por el Comando Sur estadounidense, se comenzó a concebir en Estados Unidos desde la época del gobierno de George H. W. Bush (entre 1989 y 1993), lo que obligaría a los países al sur del río Bravo a desmantelar sus fuerzas armadas nacionales y limitarlas a un papel estrictamente policiaco; confiando en que ninguna otra potencia -extinta ya la URSS- habría de disputarle su dominio sobre el planeta. Ahora, con una situación geopolítica en la cual resalta la influencia creciente de Rusia y China, el imperialismo gringo vuelve su mirada hacia Nuestra América a fin de asegurar el control de sus mercados nacionales y el suministro seguro (y exclusivo) de sus materias primas estratégicas.

 

Al respecto, se debe recapitular también que el primer asomo de lo que sería luego el uso habitual de la guerra por parte del sistema capitalista global, abanderado por Estados Unidos, tuvo lugar en Afganistán en 2001, teniendo como chivos expiatorios a los talibanes y como oportuno telón de fondo la sospechosa implosión de las Torres Gemelas de Nueva York.

 

Después los escenarios se trasladarán -en un orden aparentemente aleatorio- a Iraq, Libia y Siria, perfeccionándose en cada uno los planes militares ideados por el Pentágono, junto con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), además de las acciones cumplidas por las diferentes agencias de inteligencia estadounidenses, cuya novedad más notoria es la contratación de ejércitos profesionales privados (con mercenarios de distintos orígenes), encargados de las tareas que no podrían asumir, sin consecuencias legales, de acuerdo a lo contemplado en la Convención de Ginebra, sus tropas regulares.

 

Para Estados Unidos, lo mismo que para el resto del mundo capitalista, tanto el cambio climático como la escasez de agua representan una seria amenaza a sus estándares de vida material, por lo que sus grandes corporaciones transnacionales se han expandido a diferentes regiones que se caracterizan por su biodiversidad y la abundancia de recursos naturales.

 

Por consiguiente, para el capitalismo corporativo global se hace imperativo que hayan regímenes democráticos de excepción con los cuales puedan asegurar sus intereses económicos y controlar y minimizar las diversas luchas sociales (sobre todo, de índole laboral) que socaven el desarrollo de sus iniciativas empresariales y la obtención invariable de ganancias.

 

La merma creciente de la supremacía económica euro-estadounidense tendrá como uno de sus transcendentales resultados que Europa y Estados Unidos (agrupados en la OTAN, con poder de veto en la ONU y bastante influencia en el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio y el Banco Mundial) dejarían de comportarse, en un futuro no lejano, como los grandes gendarmes “democráticos” de la Tierra, apuntando al establecimiento indisputable de un unilateralismo globalizador.-

TRUMP Y EL NEOIMPERIALISMO EN NUESTRA ABYA YALA

TRUMP Y EL NEOIMPERIALISMO EN NUESTRA ABYA YALA

Las sanciones y amenazas proferidas por Donald Trump en contra de Nicolás Maduro y su gobierno no representan novedad alguna. El máximo funcionario militar de Estados Unidos para América Latina, el Almirante Kurt W. Tidd, Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, ya había presentado previamente un informe al Comité de Servicios Militares del Senado de su país el pasado 6 de abril, advirtiendo que Venezuela podría ser un factor «desestabilizador» en la región. Según él, «Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica». Con tales palabras, confirmó lo que ha sido señalado previamente por el gobierno venezolano y por analistas internacionales respecto al plan imperialista concebido décadas atrás para desestabilizar y neutralizar por completo al régimen de Nicolás Maduro, teniendo como base jurídica el decreto ejecutivo de Barack Obama que tilda a Venezuela de ser una «amenaza inusual y extraordinaria a la Seguridad Nacional de los Estados Unidos».

 

Al mismo tiempo, Todd refirió que las relaciones promovidas por Rusia, China e Irán con los países de la región constituyen una amenaza para los intereses estadounidenses. De todo el informe presentado por este alto jefe militar gringo puede extraerse también la pretensión imperial, en lo que podría denominarse neoimperialismo, de montar el escenario requerido para recuperar y asegurar la hegemonía que, desde comienzos del siglo pasado, ha ejercido tradicionalmente sobre todas las naciones al sur de sus fronteras. En su artículo «La exportación del Plan Colombia al Triángulo Norte y la Triple Frontera», Álvaro Verzi Rangel, sociólogo venezolano, resalta que se adelanta la conformación de una fuerza militar multinacional latinoamericana con el propósito fundamental de asegurar esta hegemonía imperial estadounidense en nuestra América. «Sería -explica- la unificación del Plan Colombia, la Iniciativa Mérida y la Iniciativa para la Seguridad Regional de Centroamérica, ya mostrado en los documentos del Comando Sur de EEUU "Plan 2018", y el "Operation Freedom II". No hay quiebres entre las administraciones de Obama y Trump: por encima de ellos, el poder fáctico lo comparten el Pentágono y el complejo industrial militar, que pueden garantizar a las corporaciones trasnacionales el acceso a los recursos de la región».

 

Por su parte, el periodista francés Thierry Meyssan también hace referencia a esta estrategia de control geopolítico, la cual estaría basada en los postulados del influyente estratega gringo-israelí y asesor del Departamento de Defensa,Thomas P. M. Barnett, autor del best-seller «The Pentagon´s New Map», que contempla la reconstrucción, ampliación y consolidación del espacio de seguridad de Estados Unidos. Resalta Meyssan: «Para el imperialismo se trata de dividir el mundo en dos: una zona estable que goza de los beneficios del sistema y otra zona donde el caos alcanza proporciones tan espantosas que nadie piensa ya en resistir sino sólo en sobrevivir, zona donde las transnacionales pueden extraer las materias primas que necesitan sin rendir cuentas a nadie».

 

Sería bastante necio, por tanto, ignorar que se busca sin disimulo alguno una agresión militar directa al territorio soberano de la Patria de Bolívar. Aún más, al pensar que ello no tendrá ninguna consecuencia negativa para el país y para el resto de las demás naciones de nuestra Abya Yala, particularmente en aquellas cuyos gobiernos se esforzarían (con apoyo de sus pueblos) en mantener una posición de dignidad e independencia en relación con la clase gobernante estadounidense. Esto es lo que se ha divulgado extensamente, sin embargo, la realidad va más allá de lo que se discierne o percibe a simple vista, suponiendo que el interés imperialista por Venezuela tiene que ver exclusivamente con el control de los yacimientos petrolíferos. El objetivo central de Estados Unidos no es sólo derrocar los gobiernos considerados progresistas y/o izquierdistas, lo que ya es algo recurrente y tradicional por parte del imperialismo yanqui, o apoderarse por la fuerza del petróleo. Con ello, el neoimperialismo -de la mano de Trump- apunta a hacer realidad en nuestro continente la recomposición de los Estados-nación diseñada durante el gobierno de George W. Bush en el caso de Oriente Medio, lo que comenzó a concretarse con las invasiones a Irak, Libia y, ahora, Siria.-

LA HEGEMONÍA “OCCIDENTAL” Y LA DISOLUCIÓN DEL SENTIDO DE COMUNIDAD

LA HEGEMONÍA “OCCIDENTAL” Y LA DISOLUCIÓN DEL SENTIDO DE COMUNIDAD

Existe a nivel mundial una disolución creciente del sentido de comunidad, estimulada de diversos modos por los grandes centros del poder mundial. Esto se manifiesta en la intolerancia (racial, religiosa, clasista y/o ideológica) hacia personas que son, o se consideran, diferentes, eliminando cualquier posibilidad para la convivencionalidad y dando lugar a crímenes de odio que se propagan ante la mirada cómplice y/o indolente de quienes ejercerían algún tipo de autoridad (instigándolos muchas veces), haciéndolos ver como una situación normal que no merece demasiada atención. La concentración monopólica tanto del conocimiento como de la información ha facilitado modelar la política y la vida sociocultural, en general, de la humanidad, a tal punto que todo debe calibrarse y adaptarse de acuerdo a los patrones que identifican a la cultura occidental, representada por Estados Unidos y sus aliados europeos, estableciendo su hegemonía sobre el resto del planeta.


De acuerdo a lo determinado por el sociólogo polaco-británico Zygmunt Bauman, el mundo actual se encuentra envuelto en lo que él denominara modernidad tardía (también conocida como modernidad líquida), caracterizada por una economía capitalista global que no distingue, ni pretende distinguir, fronteras y, de serle siempre posible, recurre a la guerra como opción válida para imponer sus intereses; una modernidad que requiere la privatización creciente de los servicios públicos (otrora en manos del Estado) y donde se manifiesta la tendencia a resaltar como valores básicos ideales el individualismo y, por efecto de éste, la falta de solidaridad, dando fin al compromiso mutuo que se mantuvo presente en la cultura y en la historia de una gran parte de la humanidad.  Cuestión ésta que tiende a ampliarse cada día gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en auge, desarrolladas, justamente, bajo el patrocinio capitalista. De esta forma, los sectores dominantes se aseguran de obtener también una plusvalía ideológica mayor a la obtenida por los grupos de poder del pasado, al mismo que se permiten destruir los cimientos históricos, educativos y culturales de los pueblos a fin de congregarlos en torno a una misma forma de concebir el mundo.


Así, en contraste con lo que caracterizara durante siglos a muchos pueblos de la Tierra, especialmente a los de nuestra América, "el sistema alienta -refiere Javier Tolcachier en su artículo Las nuevas narrativas revolucionarias- una lógica individualista, atomizadora, competitiva y excluyente que aumenta el grado de segmentación y un emplazamiento mental donde la felicidad aparece ligada al éxito, la fama y la singularidad. El ideal es ser diferente, aunque todos crean exactamente lo mismo. La verdad común es reemplazada por verdades particulares, en las que entronca el aparato publicitario, el misil teledirigido de la posverdad a medida. La generalización es pecaminosa y fútil, lo “cool” es lo específico y especial. Todo ello debilita las opciones colectivas, sobre todo, las asentadas en pertenencias y permanencias orgánicas, que hoy son reemplazadas por el vaivén de mareas sociales huracanadas, pero impermanentes”. De esta forma, quienes detentan el poder (lo mismo que aquellos que aspiran obtenerlo) prometen soluciones simples a problemas intrincados, generalmente dejando de lado la importancia del sentido de comunidad que habría de existir y consolidarse en cualquier sociedad para concentrarse en el interés privativo de cada persona, lo que eventualmente tendrá sus efectos negativos respecto a la organización autónoma y solidaria de los sectores populares.


El axioma del prócer y presidente mexicano Benito Juárez, «la paz es el respeto al derecho ajeno», debiera entenderse también como el respeto al derecho de los «otros» a ser tratados realmente en pie de igualdad, sin que salga a relucir ninguna muestra de discriminación. Su comprensión y discernimiento contribuirían, sin dudas, a que los seres humanos, en un sentido bastante amplio, puedan finalmente convivir en paz, haciendo realidad todos aquellos ideales que han nutrido sus aspiraciones compartidas de morar en un mundo cada día mejor. Lamentablemente, este es un asunto de primera importancia que es obstaculizado -de variadas formas- por los diferentes paradigmas impuestos por la ideología de las élites dominantes, llámense nacionalismo, Estado, mercado o religión (y sus derivaciones); los cuales han sido los detonantes principales de cada conflicto ocurrido en la larga historia compartida de la humanidad.-

EL TOTALITARISMO CORPORATIVO Y LA NOVEDAD DE LA GUERRA

EL TOTALITARISMO CORPORATIVO Y LA NOVEDAD DE LA GUERRA

«En una guerra siempre pierden los mismos» es una frase que se deja oír en una escena de la película española «Soldados de Salamina» y refleja lo que ha sido una constante en cada conflicto bélico que se produzca en cualquier lugar de nuestro planeta; es decir, pierden aquellos que tienen la desgracia de no contar con los recursos suficientes para no ser víctimas de la violencia y de la destrucción desatadas.

 

Lo que en épocas pasadas se catalogó como métodos correctos de hacer la guerra han sido sustituidos por otros que, en estas mismas épocas, resultaran condenables desde todo punto de vista eético y moral, dado el exceso innecesario de crueldad, de destrucción y de muertes de personas de cualqucualquier edad, observado durante la Segunda Mundial y, posteriormente, en la guerra de Vietnam. En la actualidad no sorprende a nadie que se cometan desmanes a diario contra poblaciones enteras indefensas, convertidas en blancos y escenarios de conflictos bélicos, generalmente azuzados por las potencias occidentales, con Estados Unidos al frente, como ocurre desde hace décadas en la región del Medio Oriente, sin visualizarse una solución definitiva.

 

Todo esto representa una nueva metodología para la dominación. Aunque suene inverosimil. No se puede ignorar la utilización de nuevos y mejorados engranajes de control de la vída de poblaciones enteras; muchas veces sin que éstas se den por enteradas. La evolución de la política a una economía-política (basada, sobre todo, en los postulados de la economía neoliberal) impulsa, puesto que le es necesaria, la homogenización de los diversos grupos sociales, al margen de sus características étnicas, antropológicas, culturales y/o religiosas; lo que explicaría, en parte, las expresiones xenófobas y racistas que han aflorado con fuerza en Europa y Estados Unidos durante las dos ultimas décadas, legitimadas por una guerra contra el terrorismo que, por cierto, solo sus gobiernos están autorizados a decretar y llevar a cabo.

 

Es un proceso de disciplinamiento que recurre a todo tipo de recursos jurídico-legales, religiosos, propagandísticos, mediáticos, ideológicos y sicológicos que terminen por moldear a cada individuo a la medida de los requerimientos del nuevo poder corporativo económico-político. Dicho por Michel Foucault, "la disciplina, desde luego, analiza, descompone a los individuos, los lugares, los tiempos, los gestos, las operaciones. Los descompone en elementos que son suficientes para percibirlos, por un lado, y modificarlo, por otro". Para esto es esencial inculcar entre las personas el afán compulsivo por obtener y disfrutar bienes materiales, aún por encima de su propia dignidad, lo cual las empuja al egoísmo y al abandono de cualquier expresión de humanidad y de solidaridad respecto a sus semejantes.

 

Lejos de preservar y resaltar la particularidad de las personas (en un amplio y deseable sentido) lo que se pretende es que ellas sean y actúen como masa, lográndose su encauzamiento colectivo, de manera que respondan más dócil y resignadamente a los designios de aquellos que los gobiernan. El actual predominio de los dispositivos de seguridad contribuye con este propósito, justificado por el temor a convertirse eventualmente en víctimas de terroristas que, como se ha demostrado desde hace tiempo, son estimulados, respaldados, entrenados, financiados y armados por los gobiernos de Estados Unidos y Europa occidental. Todo en nombre de la libertad y la democracia.

 

El enorme crecimiento demográfico experimentado en los últimos cien años y las migraciones masivas hacia Estados Unidos y países de Europa ha hecho que algunos políticos, economistas y asesores de seguridad se planteen incrementar los controles ejercidos mediante genocidios sistematizados. Esto haría más accesible la posibilidad anhelada de influir, dominar y controlar a individuos y grupos sociales en todas sus facetas.

 

De este modo, los sectores dominantes, los usufructuarios de este poder económico-político globalizador, se garantiza a sí mismo la salvaguardia de su hegemonía y la estructura de dominación que la hace factible. Esto, como se puede concluir, conduciría al mundo a un totalitarismo corporativo, quizás no a la manera como lo describe George Orwell en su distopía "1984", pero sí muy cercanamente, el cual le impondría a la humanidad una misma lógica o identidad.-

TRUMP, DABIQ Y ARMAGEDÓN

TRUMP, DABIQ Y ARMAGEDÓN

Finalmente, el gobierno de Estados Unidos decidió ejecutar un ataque aéreo directo en contra de Siria, en vez de continuar haciéndolo de forma no oficial, aduciendo que lo hacía como represalia al presunto uso de armas químicas por parte del gobierno de Bashar al Asad para reprimir a la población civil que lo adversaría. Al mismo tiempo, hizo detonar lo que se ha calificado como la madre de todas las bombas (Massive Ordnance Air Blast - MOAB) en suelo afgano. Esto constituiría un plan largamente calculado, tratando de contener la injerencia de Rusia y, en un grado menor, de China en esta nación del Oriente Medio.

 

Para muchos analistas, dicha acción bélica implica el desencadenamiento de una guerra de mayores proporciones en la que combatirían, además de Estados Unidos y Rusia, Irán, Arabia Saudita (que mantiene una agresión militar desproporcionada contra Yemen, sin mucha objeción de la llamada comunidad internacional), e Israel, siendo éste el mayor beneficiario de este conflicto mundial en potencia, lo que le permitiría expandir sus actuales fronteras, liberarse de la existencia del pueblo ancestral de Palestina y ocupar el amplio territorio que formó el reino de David y, luego, de su hijo Salomón.

 

En su primera orden de tipo militar, Donald Trump alega que el ataque del martes 4 de abril en contra de la provincia rebelde de Idlib, aparentemente perpetrado con gas sarín, con el saldo trágico de más de 80 civiles muertos, le impulsó a “prevenir y disuadir el uso de armas químicas mortíferas es en el interés nacional de Estados Unidos”.

 

Lo que no se revela es que tal ataque coincide con la derrota en ascenso de sus mercenarios del Daesh, así como con el atentado terrorista en San Petersburgo, Rusia. Tampoco se dice que desde hace décadas, en Estados Unidos, la clase gobernante -la más fanática en sentido religioso- se trazó la meta de contribuir con el pronto advenimiento de la guerra de Armagedón prevista en la Biblia, por lo que sus promotores y soldados no sienten ningún remordimiento, dado que están haciendo lo programado hace miles de años por su dios y creador; cuestión paralela a lo pretendido por el Daesh con Dabiq, sitio éste donde habría la batalla final entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal.

 

Sin embargo, la situación general en el conflicto sirio no resulta tan simple, combinándose elementos diversos en  el mismo, pero entre los cuales destaca el interés geopolítico del imperialismo gringo de control directo de los ricos yacimientos de hidrocarburos que allí se hallan, además de los pertenecientes a Irak y Libia.

 

Debiera llamar la atención que esto suceda cuando las fuerzas mercenarias del Daesh han tenido un importante repliegue del territorio sirio y la diplomacia rusa ha logrado cierto consenso respecto a la necesidad de un cese total de la guerra, ya que, de no lograrse en un corto plazo, sus consecuencias podrían manifestarse con creciente intensidad en las naciones europeas, gran parte de las cuales han respaldado, en diferentes niveles, los ataques a Siria.

 

La decisión de Trump no obedece a un hecho aislado ni está inspirada por una vocación justiciera, como se quiere hacer ver a través de las grandes corporaciones de la información, implantando matrices de opinión favorables a los planes desestabilizadores desarrollados en suelo sirio. Ello va más allá. Tiene como objetivo estratégico desplazar la presencia e influencia de Rusia y de cualquier otra potencia que represente una amenaza (cierta o eventual) para los intereses estadounidenses en una región que es vital para el estilo de vida capitalista de su población.

 

En todo caso, la agresión militar estadounidense a Siria no puede simplificarse ni observarse bajo los criterios manejados por la industria ideológica del imperialismo gringo. Hay que entender que sus efectos -de una u otra manera- se harán extensivos a todo el planeta, independientemente de si se origina o no, como en el siglo pasado, una nueva guerra de alcance global.-