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LOS EXTREMISTAS “ESPONTÁNEOS” Y LA OPOSICIÓN DICOTÓMICA

LOS EXTREMISTAS “ESPONTÁNEOS” Y LA OPOSICIÓN DICOTÓMICA

La dirigencia de la derecha local comienza a sufrir los estragos de sus propios errores al calcar el libreto de las llamadas revoluciones de colores que hubo en Europa y Medio Oriente y de tratar de aplicarlo sin éxito en Venezuela. Esta es una situación extremadamente peligrosa para el país, más que para el gobierno, al existir entre la oposición algunos grupos espontáneos que no obedecerían líneas de esta dirigencia que, a sus ojos, resulta moderada e indecisa en cuanto a las vías violentas que se deben seguir para lograr el derrocamiento definitivo de Nicolás Maduro y asegurar la eliminación política, moral y, hasta, física de los chavistas, como muchos lo dejan traslucir a través de las redes sociales.

 

Como ya se vio en pasadas ocasiones, estos grupos se alimentan del odio verbal que suele emitir esta misma dirigencia, la cual, debido a la impunidad con que se expresa y actúa, termina por avalar la violencia generada, aun cuando ésta tenga un saldo trágico, atribuyéndole toda la culpa al gobierno, cosa que se replica sin comprobación alguna en medios de información extranjeros y nacionales, aumentando y manteniendo vivo el resquemor hacia todo lo que implique chavismo; así se obtenga alguno de los beneficios sociales promovidos en su momento por Hugo Chávez y ahora por Nicolás Maduro. Todo esto, al no ejercerse ningún tipo de control contra estos grupos violentos, causaría una situación similar a la producida en Colombia con las bandas criminales, no siendo casual que algunos integrantes de tales grupos estén alineados activa e ideológicamente con el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y su política de agresiones constantes contra Venezuela.

 

Sin embargo, lo que llama más la atención es la actitud, llamémosla sumisa y hasta cobarde, de los muchos representantes opositores frente a estos grupos violentos, prefiriendo quedarse callados y escurriendo el bulto antes que condenar públicamente su prontuario criminal, temerosos de ser señalados de cómplices del régimen, ahora dictadura, como gustan llamar al gobierno, constitucional, gústenos o no, de Nicolás Maduro Moros. Saben que les resulta imposible deshacerse del gobierno por la vía constitucional al mismo tiempo que intuyen que forzar su salida supondría la posibilidad de un estallido social de incalculables proporciones, apenas entrevisto con la irrupción de grupos chavistas al hemiciclo de la Asamblea Nacional el pasado 24 de octubre, cuestión que sorprendió a propios y extraños, dando pie a diversidad de conjeturas, entre ellas que hay un pueblo que empezó a cansarse del comportamiento y de las provocaciones de la derecha parlamentaria y que, incluso, podría rebasar al mismo gobierno chavista.

 

Los políticos de la derecha han mostrado muy poco respeto por la capacidad intelectual del pueblo venezolano (incluyendo, lógicamente, a sus seguidores) al tratar de hacerle creer que su insistencia en la realización del referendo revocatorio tiene un objetivo altruista, en defensa de la constitucionalidad y la democracia, y solucionaría, en definitiva, todo tipo de problemas existentes en el país. Mediante tal manipulación obligan a los diversos medios de información, prácticamente, a instituir una exclusión de la diferenciación que pudiera existir tanto en sus filas como en el chavismo, reduciendo todo a un enfrentamiento exclusivo entre ambas agrupaciones, es decir, negándose la posibilidad de opciones igualmente válidas en uno u otro bando, más allá de la simplicidad o estandarización de verse a unos como los buenos y a los otros como los malos.

 

Por supuesto, esta es una situación que pone en entredicho la moral “democrática y pacifista” de la representación de la derecha en Venezuela, resultando ambivalente y/o dicotómica, ya que, por una parte, acusa de violentos y antidemocráticos a los chavistas, incluso de vender al país a potencias extranjeras, mientras mantiene una actitud irresponsable de complacencia con sus seguidores, sin deslindarse de sus acciones evidentemente terroristas y, por tanto, violatorias de las leyes nacionales vigentes.-

 

LA DIETA DE MADURO BENEFICIA AL PUEBLO

LA DIETA DE MADURO BENEFICIA AL PUEBLO

La “dieta” de Maduro beneficia al pueblo de Venezuela. Al verdadero. Al de aguas y tierras profundas. Al que lucha -sin ninguna clase de egoísmo- por un mejor país. No a aquel que se presenta a sí mismo ante los diversos medios de información nacionales e internacionales como representante de la totalidad, del 100%, de la población del país, desconociendo la existencia de un porcentaje significativo de venezolanos que no comulgan con sus “filántropos” propósitos “democráticos”. Como tampoco a aquel que vive -parasitariamente- a expensas de las dádivas del Estado (aunque alegue hacerlo por su propia cuenta). Para muchos sonará objetable, cáustico y/o contradictorio. Dependerá del bando en que cada quien se ubique y qué tipo de intereses defiende. Sin embargo, ello es una realidad cotidiana irrefutable.

 

La llamada dieta de Maduro -metáfora ingeniosa para referirse a la situación de desabastecimiento y de especulación derivada de la estrategia desestabilizadora opositora para salir extraconstitucionalmente del gobierno de Venezuela, quizás surgida de alguno de sus laboratorios de manipulación social, tal como ocurriera con la expresión “pero tenemos Patria” ante la escasez de papel higiénico y de otros productos de consumo diario- nos da cuenta de la marcada asimetría existente a nivel comunicacional donde los factores de derecha tienen una cobertura cotidiana asegurada mientras que sus contrarios (los chavistas y los revolucionarios) apenas son visibilizados. Más aún: tal asimetría se profundiza a medida que surgen en el horizonte político nuevas opciones que, de una u otra forma, discrepan de los puntos de vista y de las acciones de la dirigencia de ambos bandos.  

 

Sin embargo, lo medular de toda esta situación adversa es que la gente percibe -aún con los pronósticos en contra- que debe organizarse y actuar por sí misma ante las embestidas del acaparamiento, desabastecimiento y especulación de diversidad de productos de consumo diario que protagonizan los denominados bachaqueros, funcionarios de distintas ramas del sector público y un porcentaje axiomático de empresarios nacionales y extranjeros que han obligado a muchos venezolanos a alterar sus patrones de consumo, como también a ingeniárselas para obtener todo aquello que requieren sus familias. Esta circunstancia podría servir para fomentar entre el pueblo una cultura del trabajo totalmente distinta a la seguida desde hace ya un siglo, sujeta a los vaivenes de la renta petrolera y, por tanto, escasamente acoplada a las nociones de una economía colaborativa, soberana y realmente diversificada. Hará falta que el gobierno nacional y, en general, la dirigencia chavista sepa comprender a tiempo la necesidad ineludible de generar cambios profundos en relación a la política y a la economía del país, contribuyendo a crear espacios de autonomía en donde los sectores populares organizados construyan, desde sus propios ámbitos y según sus propias experiencias de lucha, el socialismo bolivariano con que acontezca, entonces, la transformación estructural de todo el orden vigente.

 

En este caso, aquellos que disienten del proyecto de la revolución bolivariana (incorporados, obviamente, a las filas opositoras) verán en esta posibilidad una gran amenaza a sus intereses de clase e individuales, por lo que no resulta sorprendente que emprendan y sostengan una guerra abierta contra todo lo que se haga en esta dirección. Entretanto, quienes sólo ven un peldaño para sus aspiraciones de confort y poder (ataviados como chavistas y revolucionarios) tratarán de impedirlo a toda costa, recurriendo a los mismos procedimientos clientelares, coercitivos y administrativos utilizados en su momento por los antiguos gobernantes adecos y copeyanos. En medio de ambos segmentos se encontrarían, por lo tanto, los revolucionarios que se esfuerzan en debatir, elaborar y presentar alternativas viables con las cuales orientar el rumbo a seguir por los sectores populares para la construcción definitiva de la revolución bolivariana. Gracias a la “dieta” de Maduro se podría determinar con más propiedad en cuál bando ubicar a cada quien en Venezuela.-   

LA AN Y EL OTRO GOLPE DE ESTADO

LA AN Y EL OTRO GOLPE DE ESTADO

Si no quiere sufrir una experiencia traumática, la derecha local tendrá que limitar su prepotencia y sus pretensiones de repetir en Venezuela lo logrado por sus pares de Paraguay, Honduras y Brasil, puesto que acá hay un pueblo que tiene plena conciencia de lo que significaría volver al pasado con un gobierno que suprimiría en su totalidad las conquistas populares y que se pondría, sin duda, al servicio de los intereses de las grandes transnacionales capitalistas y del imperialismo gringo. Su temeridad al jugarse la carta del desconocimiento del gobierno de Maduro puso en movimiento a un grupo significativo de chavistas en lo que equivaldría a un contragolpe de Estado, originando una situación singular en el país.  

 

Los hechos ocurridos en los espacios de la Asamblea Nacional vienen a demostrarle al mundo que hay un pueblo que empezó a cansarse del comportamiento y de las provocaciones de la derecha parlamentaria y que, incluso, podría rebasar al mismo gobierno chavista, si éste no llegara a controlar la situación de inestabilidad que podría producirse en el país. Tal pareciera que a la oposición le gustara autocomplacerse, haciéndose sujeto de una estupidez planificada que les hace percibir a sus seguidores una realidad donde ellos, y nadie más, cuentan como ciudadanos dignos, desconociendo a la amplia mayoría que se contrapone a sus designios extraconstitucionales.

 

Es innegable que con este tipo de acciones -ajustadas a un plan preconcebido- lo que persigue la derecha parlamentaria es elaborarle un expediente de Estado forajido al gobierno de Nicolás Maduro, lo cual sería ideal para el imperialismo gringo y sus aliados internacionales a fin de imponerle sanciones de todo género a Venezuela, de una manera parecida a las sufridas por Cuba, Iraq, Libia y otros; de manera que éste se vea forzado a acordar cuotas de poder con la oposición o, en su defecto, sencillamente esté dispuesto a entregar el poder. Pero lo que obvia esta misma oposición (lo mismo que algunos jerarcas del chavismo) es que tenemos en frente a un pueblo consciente que, pese a toda su estrategia desestabilizadora, incluyendo el golpe de Estado de 2002 en contra del Presidente Chávez, se mantiene, no obstante, apoyando el proyecto de la revolución bolivariana. Esto hace cuesta arriba que la oposición logre sus objetivos.

 

Para los chavistas y los revolucionarios, la oposición -con sus furores fascistoides- brinda la oportunidad de recuperar y de profundizar los espacios perdidos. Hará falta promover una campaña de difusión sistemática y más amplia, de realizar movilizaciones y debates junto con el poder popular organizado, y de contribuir a que éste se radicalice y asuma, de una vez por todas, el protagonismo que le corresponde constitucionalmente, de manera que las diversas instituciones públicas se plieguen a la construcción revolucionaria del nuevo Estado comunal socialista en vez de continuar reforzando, con sus comportamientos burocratizados, el viejo Estado burgués liberal existente.-

LA IDEOLOGÍA COMO FACTOR DE LA DOMINACIÓN

LA IDEOLOGÍA COMO FACTOR DE LA DOMINACIÓN

Generalmente, el pueblo siempre ha sido sugestionado -en un grado u otro- por las clases dominantes para que reproduzca una autoestima atrofiada y un endorracismo, de los cuales apenas tendría conciencia plena, generando en él un sentimiento extendido de impotencia y de incapacidad para enfrentar con éxito (así sea relativo) la realidad de injusticias, de desigualdades y de explotación en que éste se desenvuelve. De este modo, prosiguiendo las pautas impuestas por el colonialismo hispano en estas tierras de Abya Yala, las clases dominantes consiguieron que una gran mayoría (si no la totalidad) del pueblo se valorara a sí mismo como un elemento negativo -a pesar de sus cualidades, que las tiene, indudablemente-, induciendo en algunos individuos la preferencia por modos de pensar y estilos de vida foráneos; especialmente los provenientes de Estados Unidos, que dan cuenta de un tipo de sociedad moderna, mejor administrada, culta, pujante y donde se hallan a la mano (aparentemente) todas las oportunidades para superar la pobreza estructural de la que se es víctima y parte involuntaria.

 

Para ello, las elites dominantes recurrieron a la ideología, adoctrinando al pueblo según sus principios de clase, a través de la cultura, la instrucción, la religión y las leyes dictadas a su favor; todo lo cual convergió en la adopción de una visión fatalista de un mundo que jamás podría alterarse, por muchas rebeliones y revoluciones que se gestaran para lograrlo, persuadiendo a los sectores subordinados respecto al papel pasivo que les tocaría cumplir en éste. En referencia a este tema, explica Juan Carlos Barajas Martínez en “Las tres ideologías básicas del Homo Hispanicus”, que “la ideología, desde el punto de vista sociológico, no es simplemente que una persona sea socialdemócrata o liberal, esa sería una visión política. Para los sociólogos la ideología tiene que ver más con una visión del mundo, construida desde la infancia, sujeta a cambios a lo largo de la vida y con una clara influencia del entorno social y familiar. Pero se trata de una visión completa del mundo que rodea al individuo construida socialmente, al menos en parte. Si se trata de una visión completa convendremos en que la ideología contendrá a la ideología política, pero también una ética, formas culturales y económicas, hábitos o costumbres, leyes no escritas más o menos inquebrantables y formas religiosas y supersticiones más o menos asumibles”.

 

Adicionalmente, la realidad del mundo contemporáneo corrobora lo escrito puntualmente por Carlos Marx en "La ideología alemana" hace ya más de cien años: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante". Para conseguirlo, esta clase dominante no precisa de ejércitos exclusivamente para implantar su modelo político, económico y social. Ahora lo obtiene mediante el control desplegado sobre las redes sociales y los medios de entretenimiento y de información masivos, convirtiéndolos en elementos no convencionales de contienda, en lo que muchos concuerdan en designar guerra de cuarta generación, superando en mucho lo hecho por sus predecesores a través del tiempo. De este modo, se han asegurado que el control sobre los sectores dominados no dependa únicamente de agentes externos sino de la complicidad subconsciente de estos mismos, al hacerlos admitir la legitimidad e inevitabilidad del orden establecido, en un proceso de alienación que se reproduce de forma variada y permanente.

 

Por supuesto, para los beneficiarios directos de la globalización capitalista, lo ideal es lograr sin resistencia una uniformidad total de pensamiento, conciencia, lenguaje y patrones de vida de quienes habitamos este mundo, aceptándola como algo inevitable y altamente beneficioso para nosotros; claro está, incrementando día a día, sin restricción moral o legal alguna, su patrimonio particular. En contrapartida, cualquier afirmación de soberanía, de identidad cultural, de lucha anticapitalista y/o de libertad económica que lesione, contraríe e impugne los métodos, la lógica y los objetivos de la globalización capitalista será móvil para que el imperialismo gringo y sus asociados promuevan una estrategia en su contra, de forma que no exista nada fuera de su dominio. Es por eso que se requiere echar mano a un cuestionamiento generalizado del modelo civilizatorio actual y no contentarse con reformas que no eliminan del todo las causas de los diversos problemas que aquejan a la humanidad, solucionando parcialmente sus secuelas; lo que sería -aun cuando no lo desearan algunos de sus promotores- una revolución postcapitalista, sea que se le califique de socialista o no, pero revolución en un sentido bastante amplio y pluralista, a tal punto de incluir en ella a todos aquellos sectores sociales que combaten, desde sus trincheras particulares, las amenazas y la hegemonía devastadora de la globalización capitalista.-    

LA PELIGROSA METAMORFOSIS IMPERIALISTA

LA PELIGROSA METAMORFOSIS IMPERIALISTA

Aunque resulte inverosímil para algunas personas, la élite corporativa que rige Estados Unidos ha tenido siempre como una de sus metas más anheladas el dominio del mundo. Para lograrla, no ha escatimado recursos ni esfuerzos -sean diplomáticos, políticos, económicos, ideológicos y militares- tendentes a imponer sus intereses económicos y geopolíticos, por encima del derecho internacional, ahora amoldado a lo que sus regentes determinen como legítimo o apropiado para todas las naciones del planeta, independientemente de sus derechos y soberanía. Esta especial circunstancia es reforzada cada día, a tal punto que constituye una seria amenaza para la paz global, cosa que no podría abordarse de manera simple y aislada, especialmente cuando ésta ya ha provocado un ambiente generalizado de inestabilidad en las regiones de Oriente Medio y Europa del Este, lo que causaría un eventual enfrentamiento militar con Rusia y, algo no muy remoto, con China, cuya expansión el imperialismo gringo busca refrenar, previendo su declive inminente.     

 

Pero, por otra parte, esta clase corporativa que se ha erigido como gendarme único a nivel global, gracias a las acciones imperialistas y neocolonialistas de Estados Unidos -luego de la implosión de la URSS- “ignora” que el sistema multilateral establecido, cuyas bases de sustentación son la Organización de las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y otros organismos de corte similar, está haciendo aguas ante el empuje de potencias económicas emergentes como el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cuyo PIB común excede los 15,5 billones de dólares. Algo que preocupa sobremanera a los estadounidenses y a los europeos, empeñados en mantener intacta su hegemonía geopolítica y capitalista. Esto no le impide, sin embargo, que se pretenda la aplicación de las leyes estadounidenses de manera extraterritorial, sea que se esté de acuerdo o no con ello, como sería el caso, por ejemplo, de la Ley contra el Tráfico de Droga Transnacional presentada en el Senado de Estados Unidos por la legisladora californiana demócrata Dianne Feinstein, con el apoyo del republicano por Iowa Chuck Grassley, la cual estaría dirigida, según afirman en su exposición,  a conferir “a las fuerzas del orden las herramientas necesarias para reducir el volumen de droga que cruza nuestras fronteras", aparte de permitirles la persecución del crimen transnacional "para reducir el flujo de drogas ilegales que llegan a EE.UU. desde terceros países", con lo que se estaría vulnerando la soberanía de otras naciones, de un modo semejante a lo contemplado en la Ley Helms-Burton empleada contra Cuba. Tal cuestión, obviamente, podría desencadenar aún mayores conflictos en los que estarían envueltos Rusia y China defendiendo sus intereses, potencias militares y económicas contra las cuales el imperialismo gringo ha enfilado su estrategia de contención, tratando de evitar su expansión hacia territorios, como nuestra Abya Yala, donde éste ha ejercido su influencia de forma omnímoda, despótica e incuestionable.   

 

Ante esta peligrosa metamorfosis imperialista -donde la soberanía de cualquier nación dependerá de la clasificación que ésta merezca de parte de los jerarcas de Washington, según sea la actitud de su gobierno y población respecto a los intereses y la hegemonía estadounidenses- otra debe ser la condición antiimperialista a asumir por los revolucionarios y por aquellos que defienden su derecho a la autodeterminación de los pueblos y a la preservación de su economía, integridad territorial e identidad cultural.

 

Ello implicaría asumir, en el caso particular de nuestra Abya Yala, la unidad continental como primera trinchera de lucha contra las pretensiones neo-imperialistas de Estados Unidos, sin que afloren posturas chovinistas de las cuales pueda aprovecharse la potencia del norte. Ser antiimperialista no se limitará, entonces, simplemente a proferir una disconformidad con los designios y las realidades de dominación creadas por los distintos gobiernos de Estados Unidos en diversas latitudes del planeta. Implica también cuestionar, desterrar y reemplazar la racionalidad “occidental” que justifica y le da forma a dichos designios y realidades imperialistas, dado que la misma -pretendiéndose universal, como lo establecieran los europeos, a partir de su Modernidad- niega con soberbia y somete al desprecio los universos (dotados de mayores expresiones humanistas) de los diversos pueblos que integran nuestra Abya Yala y el resto del planeta.-

LA DERECHA Y SU IDEOLOGÍA DE LA BANALIZACIÓN

LA DERECHA Y SU IDEOLOGÍA DE LA BANALIZACIÓN

A nivel nacional e internacional, los políticos de la derecha (y, en algunos casos, también de la llamada izquierda tradicional) han optado por banalizar, prácticamente, todo aspecto de la vida social, restándole la importancia y la seriedad con que debería abordarse cada uno, en función de sus carreras políticas y apetencias particulares de poder. Se ve tanto en Estados Unidos como en Europa y, más cercanamente, en Venezuela donde sus adalides parecen enfrascarse en una competencia por sobresalir en cuanto a la falta de inteligencia y a la escasa, por no decir inexistente, trascendencia de sus actitudes y afirmaciones. Esto, de alguna manera u otra, ha marcado la percepción de algunas personas respecto a los problemas coyunturales y/o estructurales que estarían padeciendo, sin indagar mucho sobre cuáles son sus causas reales y dejándose llevar por lo que se entiende frecuentemente por opinión pública.

 

Así, los políticos de la derecha en Venezuela (calco y copia de sus pares en otras latitudes) muestran repetidamente muy poco respeto por la capacidad intelectual de los sectores populares al insistir en hacerles creer que su solicitud del referendo revocatorio contra Nicolás Maduro tiene un objetivo altruista (incongruente, por demás), como lo sería la defensa de la constitucionalidad y de la democracia, lo que -según indican- solucionaría, en definitiva y de una manera instantánea, todos los problemas existentes en el país. Incluso obligando a los diversos medios de información a instituir, prácticamente, una exclusión de la diferenciación, tanto de aquella que pudiera surgir en sus filas como de la que se hallaría presente en las filas del chavismo, substrayendo la atención sobre sus debilidades ideológicas y haciendo ver que existe una alta polarización de fuerzas, sin opciones igualmente válidas más allá de unas y de otras. Tal situación se extiende y se mantiene sin mucha discrepancia, forzando al chavismo gobernante a mantenerse en esta misma línea, contrapunteando mediáticamente, sin plantearse un debate más profundo y, por consiguiente, sin suscitar una mejor conciencia y un decidido avance revolucionario de los sectores populares.

 

Es por eso que resulta vital entender que la lucha revolucionaria (lo mismo en territorio venezolano que en otros de nuestra Abya Yala) implica crear no sólo mejores condiciones sociales de vida y de trabajo, necesarias desde todo punto de vista, sino -básicamente- despojar al discurso de la derecha de ese carácter de ilusión redentora con que aún atrae a un porcentaje no desdeñable de personas descontentas o que, sencillamente, ansían igualarse algún día con los sectores tradicionalmente dominantes, en vista que el mismo le causa un enorme daño al ejercicio crítico y protagónico de la democracia por parte del pueblo organizado, sobre todo, si se apela a sus mismos recursos, incluyendo el clientelismo político. Es importante entonces que se plantee entre los revolucionarios la construcción de un nuevo lenguaje político con el cual se rearme teóricamente al pueblo, teniendo como consecuencia esperada la revolución socialista en todos los órdenes, no únicamente en cuanto a las formalidades políticas, de manera que exista una verdadera transformación estructural del modelo civilizatorio actual y se logre la supresión de las distintas repercusiones que tendría la ideología de la banalización de los sectores dominantes en los modos de pensar y de vivir de los sectores subordinados, ahora emancipados o en proceso de emancipación.-

EL CHE Y LOS BUENA GENTE “REVOLUCIONARIOS”

EL CHE Y LOS BUENA GENTE “REVOLUCIONARIOS”

Ángel Arcos Bergnes relata en el capítulo 15 del libro “Evocando al Che”, lo expresado en una reunión por el Comandante y entonces Ministro de Industrias, Ernesto Che Guevara, en relación a las cualidades a tomar en cuenta para ser militantes del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC): “Señores, los buena gente no son buenos revolucionarios. Los buena gente, señores, son los que dejan hacer y deshacer, los que no exigen, los que no discuten los problemas, los que no controlan, los que no depuran las responsabilidades, los que les importa lo mismo cumplir como no cumplir, los que no les duelen los problemas, los que no les duele el hígado cuando algo sale mal, los que no chocan con lo mal hecho; ésos, señores, son los buena gente. Y los revolucionarios son los que al revés de los buena gente, discuten, controlan, depuran, cumplen, tienen responsabilidad, sensibilidad, les duelen todos los problemas y cuando ven algo que no está bien hecho les duele el hígado, esos, señores son los revolucionarios”. Es raro que muchos de los nuevos revolucionarios tengan presente esta realidad en su accionar cotidiano y traten de no parecerse demasiado a lo que Che llamara “buena gente”, pero más paradójico aún es que esta “buena gente” sea la encargada de representar, definir y conducir una revolución desde las instancias de gobierno que ocupa.

 

Quizás por ello las múltiples advertencias del Che mantienen una vigencia plena en el mundo contemporáneo y llamen especialmente la atención de muchos jóvenes que asumen la revolución como una vocación de vida y no como un trampolín más para encumbrarse -política, económica y socialmente- por encima del resto de la gente. A ello contribuye, por supuesto, su desprendimiento personal, a tal punto de sumarse a la lucha revolucionaria en otras latitudes sin otro propósito que el de “luchar contra el imperialismo dondequiera que esté”, reafirmando así su condición de revolucionario internacionalista, tal como lo demostrara inicialmente en Guatemala y luego en Cuba junto con Fidel Castro.

Con esto exteriorizaba una unidad de pensamiento y práctica, de experiencias y reflexiones, de un modo muy distinto, por cierto, a los “buena gente” que él criticara y que creen hacer revolución únicamente con discursos que pocas veces saben explicar y, menos, comprenden. Por eso algunos prefieren al Che icónico, al reflejado en fotos, colocando sus afiches en sitios visibles, como una muestra de su filiación socialista, sin embargo, son incapaces de acercarse a sus escritos de modo acucioso para extraer de éstos alguna reflexión que les sirva de guía en algún momento, estimulándolos a madurar y a evolucionar como revolucionarios plenos, en vez de convertirse en figuras mediáticas que compiten en iguales términos con sus pares contrarrevolucionarios.

 

La ventaja que caracteriza al Che, por ende, respecto a la de otros luchadores y teóricos de la revolución socialista, es la de ubicarse fuera de todo dogma que pretenda limitarlo. Esto le otorga también una ventaja a quienes alcanzan a comprender y aplicar sus enseñanzas, propuestas y cuestionamientos sobre la manera de lograr el socialismo revolucionario, permitiéndoles abrir nuevas posibilidades por explorar y por labrar. Nadie dudaría, por tanto, de la intención revolucionaria implícita al especificar en qué sentido los “buena gente” serían lesivos a los intereses colectivos y a la revolución, por mucho carisma que ellos puedan revelar.-             

LA DERECHA Y LOS ALQUIMISTAS DE LA «REVOLUCIÓN»

LA DERECHA Y LOS ALQUIMISTAS DE LA «REVOLUCIÓN»

En coincidencia con Marcelo Colussi, escritor y politólogo de origen argentino, habría que admitir que «la derecha política se ha ido apropiando paulatinamente de lo que años atrás era el discurso de la izquierda. Eso es gatopardismo: cambiar algo para que no cambie nada. Hoy, sin ningún temor, los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional pueden denunciar la situación económica del mundo y hablar de lucha contra la pobreza. Eso puede parecer loable; pero ¡cuidado! Luchar contra la pobreza no es lo mismo que luchar contra la injusticia, contra las verdaderas causas que producen la pobreza».

 

Mediante este mimetismo, la derecha explota a su favor el hecho innegable que todos los pueblos de Nuestra América (y de una vasta porción del planeta) han sido -en uno u otro sentido- permeados y adoctrinados secularmente por la creencia generalizada que el capitalismo y, con él, todo lo que conforma el orden social vigente, jamás podría modificarse, por muchos esfuerzos que se hagan para conseguirlo. Esto ha inducido la aparición de quienes se granjearían la denominación de “alquimistas de la revolución” (entendiendo ésta como algo que parece revolución, pero que no lo es, siendo más bien simple reformismo), distorsionando dicho concepto en función de una práctica totalmente ajena a lo que el mismo conlleva y debe entenderse, sobre todo, cuando éste se acompaña con un discurso de carácter socialista.

 

Además de lo anteriormente expuesto, podríamos agregar lo concluido por Marcos Roitman, sociólogo y ensayista chileno-español, en un análisis titulado “El triunfo cultural del neoliberalismo" respecto a que “el éxito cultural del neoliberalismo consiste en desvirtuar los proyectos sociales democráticos, emancipadores y de izquierda en una opción dependiente del mercado, los medios de disuasión y desinformación social y la telefonía móvil. Un mundo despolitizado y desideologizado es la mejor garantía para el gobierno de la derecha, que hace posible que proyectos considerados transformadores puedan declamar, como un dogma de fe, no ser ni de derecha ni de izquierda. Todo un éxito del neoliberalismo cultural".

 

Ello se puede percibir en la posición adoptada por muchas personas que piensan sólo en sí mismas, sin importarles la suerte corrida por los demás, lo que las hace estar predispuestas a aceptar cualquier régimen en tanto él no afecte sus intereses particulares y se les permita aprovecharse de la ocasión, así esto contribuya a agudizar las tensiones sociales, las desigualdades y la inestabilidad económica en un sentido general. Esto explica el por qué este tipo de personas son renuentes a reconocer lo que es y podría significar el pasado histórico en el impulso de las diversas transformaciones que se requieren en el presente, aduciendo (cuando cree que es necesario) que éste es algo obsoleto, sin nada práctico que aportar al mundo moderno donde lo meritorio es alcanzar el éxito individual, social, política y económicamente, así se carezca de una moral mínima que lo realce.

 

Para quienes promueven la imposición del neoliberalismo económico y el imperialismo corporativo a escala planetaria, este sería el estado ideal de la sociedad que aspiran regir indefinidamente y sin contratiempos de ninguna especie, esperando que sus integrantes -a pesar de las diversas destrezas y altos grados académicos que exhiban- actúen de una manera equivalente a la de unos zombis, absortos únicamente en su autocomplacencia e incapaces de ejercitar su libre albedrío frente a las realidades re-creadas y manipuladas a su antojo por los sectores dominantes, a través de sus cadenas informativas y la gran industria ideológica a su entero servicio.

 

Por eso, al plantearse la puesta en marcha de un necesario proyecto revolucionario en estos y otros países del mundo, inevitablemente se tendrá que lidiar sostenidamente con esta ideología inculcada a través de largos años por las clases dominantes, lo que exigirá de sus conductores emprender una revolución cultural que reivindique la idiosincrasia y la memoria histórica de sus pueblos.

 

No podría ser de otra manera, asumiendo que la revolución tiene como objetivo fundamental lograr la transformación estructural del actual modelo civilizatorio. No otra cosa podría acometerse en momentos que el discurso aparentemente incoloro y desprovisto de contenidos clasistas revolucionarios, tanto de los grupos de la derecha como de los “alquimistas de la revolución”, está enfilado a desarmar, básicamente, a los sectores populares, ilusionándolos con soluciones cortoplacistas en relación a la serie de problemas que confrontan a diario, sobre todo si éstos -como ocurre actualmente- son de género económico.-