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EL EFECTO MARIPOSA DE LA OPOSICIÓN

EL EFECTO MARIPOSA DE LA OPOSICIÓN

Los grupos de derecha que se oponen al proceso revolucionario bolivariano dentro y fuera de Venezuela se hallan actualmente activando una campaña de rumores y matrices de opinión que siembren temores, dudas y zozobra entre los venezolanos a través de sus diferentes canales mediáticos, de tal manera que ella pueda precipitar resultados distintos a los proyectados hasta ahora en la mayoría de las encuestas que dan como seguro ganador al Presidente Hugo Chávez. Esta es una situación que -al margen de lo que se crea o no respecto a quién o quiénes estarían detrás de su planificación y ejecutoria- de no saberla enfrentar el gobierno nacional y las fuerzas políticas que le respaldan, podría desencadenar el efecto deseado por las fuerzas opositoras, avivando sus expectativas y estimulando la abstención de algún porcentaje de votantes chavistas al momento de efectuarse la elección presidencial. Esto se aprecia -sobre todo- en el ataque pertinaz de la dirigencia contrarrevolucionaria a propósito del fatal incendio ocurrido en la planta de refinación de PDVSA, ubicado en Amuay, atribuyéndole toda la culpa a Chávez y a su equipo de gobierno, a pesar de conocer que ello pudo ocurrir igualmente en cualquier refinería del mundo y conocer, además, la prontitud con que actuaron las autoridades respecto a la atención a las familias de las víctimas, tanto militares como civiles, y al incendio en sí.


Por ello, no obstante adoptarla oposición una apariencia demócrata, humanista e incluyente para posicionarse electoralmente frente a los sectores populares que siempre despreciaron sin disimulo alguno, tildándolos repetidas veces de hordas salvajes, la misma está afanada en provocar un clima de violencia política, de ingobernabilidad y de miedo que le permita generar el marco adecuado para desconocer los resultados electorales del 7 de octubre, algo que poco se han cuidado de disimular sus dirigentes, en la confianza que serán secundados en sus propósitos fascistas por el imperialismo yanqui, refrescando el guión aplicado en otros países bajo la excusa de defender la democracia. Así, esta campaña de rumores y matrices de opinión tendría un efecto mariposa, con una finalidad predeterminada, por lo que, en esta dirección, se requeriría una contraofensiva mediática de parte del chavismo que desnude los propósitos antidemocráticos, privatizadores y desnacionalizadores que encubren los grupos opositores con su oferta demagógica de “progreso”, desmantelándose, al mismo tiempo, su estrategia de manipulación informativa.

Esto es algo que el pueblo venezolano no puede ignorar ni pasar por alto, haciendo caso de los cantos de sirena de la oposición derechista, puesto que sus intereses no son los mismos de los sectores populares, tal como lo quiere hacer creer en la presente campaña electoral, eludiendo su identificación con el modelo capitalista neoliberal. Por dicho motivo, quienes defienden la posibilidad nunca descartable de organizar una verdadera revolución socialista en la patria bolivariana tendrían que articular esfuerzos alrededor de un mismo proyecto político revolucionario, con una ética socialista bien definida, sin sectarismos partidistas ni ambiciones personalistas que son contrarios al logro de este importante objetivo.-
 

 

LO QUE ESCONDE CAPRILES RADONSKI

LO QUE ESCONDE CAPRILES RADONSKI

El discurso de Capriles Radonski está dirigido primordialmente a una minoría de mentalidad reaccionaria o conservadora, a quien le induce a pensar solamente en el presente y en la satisfacción egoísta de sus propios intereses, sin tener preocupación alguna por los demás ni por el futuro de la nación. Esto último apunta -sin duda- al establecimiento de un proceso de desnacionalización progresiva, como lo apuntara no hace mucho tiempo Carlos Lanz Rodríguez, que cree en lo futuro las condiciones ideales requeridas para un protectorado de Venezuela por parte del imperialismo yanqui, respondiendo así al plan de dominación continental que éste se trazara décadas atrás, cuando apuntalara para ello el ALCA y los diferentes planes militares que harían de nuestra América una vasta colonia regida por Washington. Para Capriles Radonski y sus acólitos, la Patria es algo obsoleto, siendo lo deseable el estilo de vida de los estadounidenses, con lo que se estaría generando la misma situación de alienación, de psicosis y de discriminación que padece -desde hace más de un siglo- la sociedad de consumo norteamericana. Asimismo, se debe resaltar que la oferta electoral de Henrique Capriles Radonski y sus acompañantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) buscan esquivar el espinoso asunto de la explotación capitalista de los trabajadores (profesionales o no), enarbolando un supuesto progreso que alcanzará para “todos”, pero que no alteraría en absoluto la existencia de las dos clases sociales predominantes en el sistema capitalista a nivel mundial: burguesía y proletariado (trabajadores asalariados, profesionales o no), las cuales son antagónicas y bien diferenciadas, en tanto intereses y estilos de vida.

Esto no es admitido, por supuesto, públicamente por los representantes de la oposición, pero el análisis simple de sus “propuestas” de gobierno no dejan lugar a dudas al respecto, quedando en un limbo retorico todo lo referente a la democracia participativa y protagónica, la solidaridad, la inclusión social y la independencia nacional, cuya concepción y comprensión son diametralmente contrarias a aquellos que aprendió a valorar la mayoría de los venezolanos desde 1998. De esta forma, se apela al individualismo, dejando entrever que únicamente quienes estén dispuestos a sobresalir -en una competencia darwiniana promovida y amparada por el Estado- obtendrán el progreso que envidian a Estados Unidos, Japón y Europa (obviando las secuelas de la crisis actual del régimen capitalista neoliberal en todo el planeta); la cual, extendida a toda la nación bolivariana, suscitaría la ruptura de la unidad geopolítica y, por ende, el desequilibrio en la distribución del ingreso nacional, quedando a la zaga aquellos estados y municipios que no disponen de los recursos y las potencialidades económicas de los demás. Esto, forzosa e indudablemente, conduciría a Venezuela a una política de privatización de empresas y servicios a cargo del Estado, sobre todo, de PDVSA, la tan apetecida gallina de los huevos de oro, quedando la población venezolana a merced de los dueños del capital transnacional y de sus lacayos locales, decidiendo los mismos qué le “convendría” a ésta, sin afectar sus negocios e intereses.


Básicamente, Capriles Radonski, y la oposición en general, está reivindicando el viejo recetario neoliberal recomendado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que hizo detonar el alzamiento popular del 27 de febrero de 1989, así como lo contenido en la Agenda Venezuela bajo la presidencia de Rafael Caldera que significó la eliminación de las prestaciones sociales de los trabajadores y la privatización de la CANTV y otras empresas estatales.

Todo ello enlaza la opción opositora con ese pasado adeco-copeyano que niegan y no quieren asumir como propio; de ahí que reiteren las palabras cambio y futuro en su estrategia propagandística como un mecanismo para desmarcarse -aparentemente- de tal pasado nefasto y antidemocrático. Para lograr su cometido final, de resultar victorioso Capriles el 7 de octubre, la oposición tendría que desmontar pieza por pieza el marco jurídico-constitucional levantado en Venezuela por iniciativa (prácticamente) exclusiva del Presidente Hugo Chávez, precisamente todo aquello que ha elevado la moral, la dignidad, la convicción democrática y su razón de ser de los sectores populares, creyendo quizás, en su ceguera ante la realidad nacional, que éstos reaccionarán de modo pasivo e indiferente ante sus medidas de corte neoliberal.-

PARA LLEGAR AL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO SE DEBEN TRASCENDER LOS LÍMITES DE LA DEMOCRACIA RESTRINGIDA

PARA LLEGAR AL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO SE DEBEN TRASCENDER LOS LÍMITES DE LA DEMOCRACIA RESTRINGIDA

Los fundamentos de una nueva estructura económica postcapitalista y de una nueva organización política de la sociedad a través del socialismo revolucionario requieren de una nueva orientación teórica y cultural, lo que debiera redundar -sin duda- en el desarrollo integral de los sectores populares, concibiéndose al mundo de una manera radicalmente distinta. Sería, además, poner en movimiento la adopción de una nueva clase de ciudadanía, activa y no contemplativa, cuyos valores éticos y morales conviertan a cada persona en generadora de los cambios políticos, sociales, económicos, militares y culturales que definirán la transición definitiva hacia el socialismo, haciendo posible la combinación de teoría y acción política, como también la superación de las contradicciones, las inconsistencias y las desviaciones a las cuales estuviere propenso el proceso revolucionario en cualquier momento. Ello exigiría trascender los límites de la democracia restringida, tan del uso en la mayoría de los países, incluidos aquellos donde tienen lugar cambios bajo la advocación del socialismo. Esto contrastará enormemente con lo afirmado por Samuel Huntington en el Informe sobre la gobernabilidad de las democracias para la Comisión Trilateral, publicado en 1975, en el sentido que “la operación efectiva del sistema político democrático usualmente requiere mayor medida de apatía y no participación de parte de algunos individuos y grupos. En el pasado, toda sociedad democrática ha tenido una población marginal, de mayor o menor tamaño, que no ha participado activamente en la política. En sí misma, esta marginalidad de parte de algunos grupos es inherentemente no democrática, pero es también uno de los factores que ha permitido a la democracia funcionar efectivamente”. En la actualidad, la globalización económica neoliberal busca mantener inalterable esta realidad, resistiéndose a las demandas de los sectores populares de una mayor participación política y de una efectiva redistribución de la riqueza, por lo que sus auspiciadores y beneficiarios directos no escatiman ningún método, sutil o violento, para lograrlo.

De ahí que, siendo el socialismo la antípoda política, social y económica del sistema capitalista, debe desprenderse de los esquemas que caracterizan a este último, facilitando el escenario para que se pongan en funcionamiento mecanismos de participación y de protagonismo popular, capaces de producir acuerdos -en medio de la diversidad de intereses e ideas de sus integrantes- que reflejen la unidad de acción y de pensamiento respecto al tipo de socialismo revolucionario que se espera construir, sin que prevalezca la tutela del Estado. Esto pasa por incluir también la definición de las formas de propiedad de los medios y de organización de la producción, además de las relaciones que existirían entre el poder político y la democracia socialista, entendiendo ésta como un ejercicio cotidiano y vinculante por parte de los sectores populares que no podrá ser obviado por el estamento gobernante, invocando para ello razones de Estado, como es habitual en los regímenes de la democracia representativa.

Es preciso, por tanto, asegurar las condiciones objetivas y subjetivas que permitan una retroalimentación de la revolución socialista, de modo que haya una continuidad y una profundización de la misma que la haga totalmente irreversible, sin el titubeo ni la manipulación demagógica característicos de quienes nada más aspiran a una mera reforma cosmética del orden vigente en su propio beneficio. Para alcanzar dichos objetivos es vital inculcar entre los sectores populares la necesidad de la formación teórica y del debate crítico y propositivo, algo que impone el activismo de una dirigencia política compenetrada con los ideales del socialismo revolucionario que, más que representante, sea vocera de los intereses colectivos; de tal forma que no exista posibilidad alguna de una restauración de la sociedad capitalista que se pretende reemplazar por otra de nuevo tipo, es decir, por una definitivamente socialista.-        

EL ESTADO COMUNAL Y LA ECONOMÍA AUTOGESTIONARIA COMO EJES DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIALISTA

EL ESTADO COMUNAL Y LA ECONOMÍA AUTOGESTIONARIA COMO EJES DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIALISTA

       ¿En qué medida podrá construirse el socialismo revolucionario y cuáles serían los mecanismos que lo harán posible algún día? Esta es una interrogante que pocos revolucionarios se plantean, enfrascados como están muchos de ellos en una mera lucha político-electoral que apenas traspasa el umbral de los logros parciales permitidos por los sectores dominantes dentro de su concepción de poder. Aun así, no escasean los aportes de otros que tratan de establecer el modo de abordar la transformación socialista de la sociedad, algo que se intenta tomando en cuenta las particularidades de cada nación, rompiendo con el dogmatismo heredado de los academicistas soviéticos que convirtieron en ley lo que se hizo excepcional durante la revolución bolchevique y el surgimiento de la URSS. A lo que habría que agregar también el hecho que muchos de los promotores de la revolución socialista no supieron asimilar la eclosión de la URSS, cuestión que hizo pensar en el fracaso de las ideas de Marx, Engels y Lenin, extendiéndose la impresión entonces que el sistema capitalista es algo natural de la sociedad humana, inquebrantable e ineludible. Sin embargo, las luchas populares emprendidas en distintas latitudes del planeta comenzaron pronto a desmentir tal derrota. En nuestra América, sobre todo en Venezuela, comenzaron a resurgir con fuerza telúrica los ideales socialistas tras décadas de sistemática represión, reafirmando su vigencia en medio de las crisis y contradicciones capitalistas.

        Todo ello supone que el actual Estado burgués-representativo -al servicio de las grandes corporaciones económicas y de las minorías dominantes- tenga que convertirse en un Estado comunal, orientado por el ejercicio pleno de la soberanía popular, lo cual plantea la necesidad insoslayable de cambiar las relaciones de poder, estableciéndose la condición de gobernar-obedeciendo por parte de quienes accedan a los diferentes cargos de elección y/o de gobierno. Pero esto no será todavía suficiente si no se respalda con una solida formación teórica que potencie la capacidad revolucionaria de nuestros pueblos, de manera que se impida el enquistamiento de un nuevo estamento político parasitario, envuelto en la defensa de sus propios intereses en vez de consolidar las condiciones objetivas que hagan realidad la revolución socialista. Este Estado comunal, por supuesto, no puede ni debe repetir los mismos esquemas administrativos del Estado burgués-liberal que pretende sustituir y eliminar, por cuanto sería un serio revés para la práctica de la democracia participativa y protagónica como elemento fundamental de la construcción socialista, quedando el pueblo tutelado, en consecuencia, por una burocracia político-partidista, siendo ello una abierta negación del socialismo revolucionario, tal como ocurriera en la URSS y otros países bajo su órbita. En este caso, hay que fomentar la constitución de diversidad de estructuras organizacionales del poder popular, de forma que la revolución socialista sea internalizada, desarrollada y protagonizada por todos los sectores sociales, no obstante que se piense que es una utopía, impracticable e imposible de lograr en este tiempo que vivimos.

          De igual manera debe pensarse respecto a las actuales relaciones de producción capitalista, las cuales requieren ser modificadas sustancialmente durante la etapa de transición hacia el socialismo en lugar de adoptarlas y reforzarlas, disfrazándolas de socialismo. Hace falta, por tanto, impulsar  el control obrero y la economía autogestionaria como factores de transformación socialista del sistema capitalista, además de una socialización de la tenencia de la tierra que tenga por objetivo primordial la satisfacción de las necesidades alimenticias de las personas sin que ello afecte el delicado equilibrio del medio ambiente que nos da vida. Esto nos llevaría a plantearnos un cambio igualmente importante del sistema educativo vigente, por cuanto éste tiene mucha incidencia en la preparación y el sistema de valores de los contingentes de profesionales y obreros que sostienen el capitalismo.

         Como conclusión, los revolucionarios debemos comprender que sin un Estado comunal y una economía autogestionaria, producto de la participación efectiva y del control directo del pueblo y de los trabajadores, el socialismo revolucionario estará incompleto, quedando la perspectiva de ser restituidos el capitalismo y la democracia representativa como fatalidades que no se supo afrontar debidamente.-

 

DEMOCRACIA PARTICIPATIVA, PODER POPULAR Y EMANCIPACIÓN INTEGRAL

DEMOCRACIA PARTICIPATIVA, PODER POPULAR Y EMANCIPACIÓN INTEGRAL

El verticalismo burocrático y la exhortación de una disciplina que no deja espacio alguno a la disidencia -así esté ella justificada por razones inapelables- deben verse y combatirse como elementos altamente nocivos para la construcción colectiva del ideario socialista, al ser ambos totalmente contrarios al espíritu y a la práctica revolucionaria de la democracia participativa y protagónica, la cual -a la larga- debiera configurar la activación de un poder popular, revolucionario en toda su potencialidad, creador y re-creador de una sociedad de nuevo tipo. Tales formas tradicionales de entender y de hacer política no se compaginan con la participación pluralista de los sectores populares en el debate, la concepción y la puesta en marcha de aquellas propuestas teóricas y organizativas que tengan por finalidad fundamental la generación de un cambio estructural definitivo que haga de la alternativa revolucionaria del socialismo una realidad tangible frente al capitalismo; máxime cuando éste padece una crisis prolongada, agónica, sin mayores perspectivas de recuperación a corto plazo.     

Se hace preciso, por tanto, que los participantes sociales y políticos en este proceso de cambios revolucionarios estén de acuerdo, primero, en cuestionar radicalmente las estructuras diversas que sostienen el orden imperante, desentrañando sus características, lógica y esencia, para luego abordar conscientemente su desarme, de manera que surjan y se impongan nuevas formas organizacionales y nuevas relaciones de poder, centradas ellas en el ejercicio pleno de la democracia participativa; impidiendo así la reproducción de dicho orden, producto de la plusvalía ideológica de la cual somos piezas inconscientes y que, a su vez, nos hace reproducir modos de vida alienantes. El poder popular tendría entonces ámbitos de actuación e influencia mayores de aquellos que son concebibles o permitidos bajo un régimen representativo. Su desarrollo implicaría la posibilidad nada imposible de una emancipación integral de los seres humanos que abarque, incluso, lo espiritual, al no estar estos forzados a existir bajo condiciones que degradan su dignidad y sus aspiraciones individuales y colectivas de un mejor nivel de vida. En este caso, la orientación del poder popular tendría que englobar algo más que la satisfacción de las necesidades materiales de una comunidad determinada, puesto que esto lo limitaría grandemente, cumpliendo sólo una función gestora de reivindicaciones ante las instituciones del Estado que poco contribuirá a darle ese perfil revolucionario que se requiere del mismo.

En resumen, la práctica revolucionaria de la democracia participativa y protagónica no debe sujetarse a lo estrictamente político. Su consecuencia inmediata debiera ser la organización de un poder popular, armado de un arsenal teórico que lo haga capaz de trascender los marcos de referencia de la sociedad actual, de manera que se concrete la emancipación integral de las personas bajo el socialismo revolucionario. De esta forma, el socialismo revolucionario dejaría de ser una utopía, convirtiéndose en la herramienta más adecuada para reducir y eliminar definitivamente los indicadores de desempleo, pobreza, desigualdad y exclusión social que caracterizan al mundo capitalista.-     

 

 

VENEZUELA Y CUBA, EJEMPLO DE SOLIDARIDAD EN EL MUNDO

VENEZUELA Y CUBA, EJEMPLO DE SOLIDARIDAD EN EL MUNDO

Al hablar de los vínculos de solidaridad que unen a Cuba y a Venezuela en el presente siglo estamos obligados a hablar también de aquellos vínculos que hermanan a cubanos y venezolanos desde el momento de nuestra independencia cuando el abogado Francisco Javier Yánez, nacido en Camagüey, firma como diputado de la provincia de Araure el Acta mediante el cual Venezuela proclamó al mundo su voluntad irrevocable de ser libre. Desde aquel entonces han sido múltiples los lazos existentes entre Cuba y Venezuela. Acá tuvo un refugio José Martí cuando su empeño por ver independizada su Cuba natal se le hizo un peregrinaje y un objetivo fundamental en su vida, siguiendo la senda del Libertador Simón Bolívar, el cual -en su momento- también ideó enviar a la isla antillana (lo mismo que a Puerto Rico) una flota que comandaría el General en Jefe José Antonio Páez con el objetivo revolucionario de luchar por la libertad del pueblo cubano.

Estos antecedentes debemos tenerlos siempre presentes porque ellos nos señalan que no existen nacionalidades que dividan a los revolucionarios cuando los ideales por un mundo mejor son comunes y guían nuestros pasos, especialmente cuando los mismos se basan en el socialismo, siendo el internacionalismo y la solidaridad dos de sus elementos primordiales. Por ello, al ser Cuba un bastión de la construcción del socialismo revolucionario en nuestro América ha hecho gala de estos dos elementos en cualquier parte del mundo donde se necesite esa ayuda que no está apuntalada por el afán de ganancias económicas, como sucede en la sociedad capitalista, sino que está guiada por grandes sentimientos de amor a la humanidad, evocando lo dicho por el Che en algún instante de su vida.

Es así que hoy en Venezuela, bajo la iniciativa conjunta de Fidel Castro y Hugo Chávez, se han visto en marcha diversidad de misiones de contenido social que buscan promover una emancipación integral de la población, sobre todo de aquella que por muchísimas décadas fue marginada social y económicamente, a pesar de hablarse de igualdad, libertad y democracia durante los gobiernos del pasado. Esto ha sido un modo de saldar la deuda social acumulada por más de medio siglo y cuenta con la participación de cubanas y cubanos que vinieron a suelo venezolano con ese compromiso internacionalista que siempre ha caracterizado a Cuba. Esto causó, indudablemente, un gran impacto en las comunidades de Venezuela, dándosele una acogida entusiasta, al mismo tiempo que los grupos opuestos a la política socialista del Presidente Chávez comenzaron a satanizar la presencia de nuestros hermanos cubanos a través de todos los medios de información, echando mano a los argumentos trasnochados de quienes siempre adversaron la revolución cubana, hasta el punto de intentar saquear y destruir la embajada cubana durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002.

De ahí que nos quepa decir igualmente que cuando defendemos a Cuba, defendemos las Misiones sociales y al proceso de cambios en Venezuela, puesto que ambas naciones enfrentan a un enemigo común y peligroso, capaz de cometer cualquier tipo de atropello y de violaciones con tal de imponer su dominio a todo el planeta: el imperialismo yanqui. El mismo que hoy, violentando toda normativa legal y sin evidencias contundentes, condenó injustamente a prisión a cinco ciudadanos cubanos, simplemente por prevenir atentados que iban a cometerse contra su pueblo y su gobierno.

Esta situación común de confrontación con el principal enemigo de la libertad de nuestros pueblos nos obliga a compartir espacios y a asumir el compromiso de extenderlos a otras naciones de nuestro continente, con la misma visión estratégica de la integración promovida hace ya doscientos años por Bolívar y secundada luego por José Martí, teniendo ella una mayor vigencia que antes. Este ejemplo de solidaridad, por supuesto, incomoda grandemente a las cúpulas de poder mundial, fundamentalmente de Estados Unidos, dado que el mismo se propicia bajo una concepción integracionista y sin los compromisos abusivos de los tratados comerciales habituales. Con ello estamos definiendo nuestras potencialidades, actuando colectivamente como pueblo en la defensa permanente de nuestra independencia, compensando, además, la grandeza, el esfuerzo y el sacrificio de nuestros antepasados por hacerla posible.-

NO SE TRATA SIMPLEMENTE DE APOYAR A CHÁVEZ

NO SE TRATA SIMPLEMENTE DE APOYAR A CHÁVEZ

         En plena campaña electoral por la presidencia del país, las venezolanas y los venezolanos que respaldan a Hugo Chávez no deben olvidar que la trascendencia de su reelección radica más en la disposición de avanzar resueltamente en la construcción de un socialismo revolucionario verdadero  en Venezuela que en la obtención segura de una cantidad desbordante de votos a su favor el 7 de octubre. Esta es una circunstancia histórica que no sólo se reflejará a lo interno de Venezuela sino que tendrá también sus repercusiones en el ámbito internacional, sobre todo en lo que atañe a las luchas populares de nuestra América. Por ello, quienes se manifiestan de acuerdo con el socialismo revolucionario en esta nación tienen ante sí un compromiso que va más allá de la defensa de unas siglas partidistas, de un interés personal o de una gestión de gobierno determinada.

            Así, habría que recalcar que, al hablarse del reconocimiento de la soberanía del pueblo, se debe comprender que ello significa ser partícipes de la idea de transferirle a ese mismo pueblo el poder que tradicionalmente ha sido usufructuado por las elites gobernantes, eliminando todo rasgo de representatividad para dar nacimiento a la democracia participativa y protagónica en toda su potencialidad y originalidad creadora. De ahí que no basten los discursos ni las buenas voluntades para lograrlo. Hace falta producir una revolución desde abajo que termine por influir en el cambio estructural del Estado en todas sus manifestaciones, de manera que el ejercicio pleno de la soberanía popular marque el camino a seguir en la construcción y  el desarrollo del socialismo revolucionario, sin dogmas preestablecidos que afecten su organización y movilización, por lo que todas las instancias gubernamentales han de compartir esta nueva concepción del poder, lo que implicará que la gestión del gobierno (y, por extensión, del Estado) sea esencialmente popular. Habría que procurar, por tanto, una democratización del poder, expresada ésta en la autogestión de las comunidades organizadas, evitándose entonces el autoritarismo, la verticalidad y la jerarquización que caracterizan hoy por hoy, a nivel mundial, las relaciones de poder en beneficio de unas minorías dominantes. Como podría inferirse, todo esto escapa al escenario meramente electoral y supone una tarea permanente, sustentada en la elaboración, difusión y debate de una teoría revolucionaria que la explique y la consolide, definiéndose el socialismo revolucionario propiamente dicho. 

Otra de las cosas que debiera revisarse a profundidad -a la par de la campaña electoral- es lo que tiene que ver con el orden económico imperante, si aún estamos hablando de la construcción de un socialismo revolucionario que, aunque parezca algo trasnochado para algunos dentro del chavismo gobernante, representa la alternativa histórica para desmantelar definitivamente el sistema capitalista, explotador y depredador de plusvalía y de recursos naturales. No se pueden promover relaciones económicas capitalistas que, en el fondo, resultan ser relaciones eminentemente egoístas, y querer construir -al mismo tiempo- formas de convivencia de carácter socialista, siendo las mismas incompatibles, en esencia y objetivos; repitiéndose así, en cierto modo, la historia y planteamientos de los socialistas utópicos de hace siglos atrás, quienes creyeron ingenuamente que de esta forma se humanizaría el capitalismo. Hace falta ser más decididos en esta materia y no prolongar más las contradicciones que resultan de ello, dejando brechas abiertas para que se perfile una nueva clase burguesa, pero ahora con ropajes “socialistas”, manteniéndose en consecuencia los mismos grados de diferenciación entre ricos y pobres que siempre ha combatido el socialismo revolucionario en el mundo. De ahí que no se trate simplemente de apoyar a Hugo Chávez en estas elecciones sino de contribuir a la profundización y ampliación de los cambios hasta ahora alcanzados bajo su liderazgo.-

CINCO OBJETIVOS HISTÓRICOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SOCIEDAD MEJOR

CINCO OBJETIVOS HISTÓRICOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SOCIEDAD MEJOR

Mediante los cinco objetivos históricos que forman parte de su propuesta de gobierno, el Presidente Hugo Chávez ha puesto de relieve asuntos de primer orden que debieran contribuir a una mayor definición de los diversos cambios políticos, económicos, sociales, culturales y militares que han tenido lugar en Venezuela, apuntando con ello a la realización, consolidación y profundización de una revolución socialista inédita y, por tanto, de nuevo tipo que sirva, a su vez, de guía para el resto de los pueblos que luchan por su liberación y su desarrollo integral. Por eso, el objetivo referido a la independencia no sólo abarca el derecho que asiste a  toda nación de existir de manera soberana en el contexto internacional, sino también a lo que la misma implica -de modo general- en el contexto actual cuando el imperialismo yanqui y sus socios de la OTAN pisotean la soberanía de nuestros pueblos para imponerles el control de sus recursos estratégicos, como ocurre con los países del Medio Oriente. Tal cosa no puede interpretarse como patriotería trasnochada, dando por entendido que nuestros países deban plegarse a los dictados imperiales de Washington para acceder a las “bondades” del mercado capitalista globalizado y así “modernizarlos”, tal como se desprende de la oferta demagógica de “progreso” de los sectores contrarrevolucionarios.

Pero ello no sería aún suficiente sino se consigue impulsar, consolidar y profundizar la construcción del socialismo revolucionario, modificando sustancialmente los patrones de conducta y las relaciones de poder actualmente existentes, de manera que correspondan a los esquemas de la democracia participativa. De este modo será posible también construir un nuevo esquema económico productivo, diametralmente diferente al capitalista, y un Estado acorde con las exigencias de mayor participación y de control democrático del poder popular. A la larga, una vez desarrollados estos objetivos históricos, Venezuela se transformaría en un país-potencia económica, política y socialmente que contribuya a la conformación de una zona de paz en nuestra América, en vez de la proliferación de planes y de bases militares bajo la tutela directa del Comando Sur estadounidense. De ahí que resulte fundamental entender que esto responde a la necesidad del establecimiento de una nueva geopolítica internacional -con un mundo multicéntrico y pluripolar-, que rompa así con la hegemonía mundial impuesta por las transnacionales capitalistas por medio de sus gobiernos y ejércitos imperialistas.

Con el quinto objetivo, se plantea la urgencia que tiene la humanidad de salvaguardar la vida en nuestro planeta, cuestión que nos obliga a proyectar un modelo productivo eco-socialista en el cual predomine la relación armónica de las personas y el medio ambiente por encima del interés comercial habitual. Así, conquistados tales objetivos históricos podrían alcanzarse los niveles de soberanía, de democracia, de cambio económico y de justicia social que aspira el pueblo bolivariano de Venezuela.-