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LA REVOLUCIÓN FRENTE A LA GUERRA "POPULAR" DE LA BURGUESÍA

LA REVOLUCIÓN FRENTE A LA GUERRA "POPULAR" DE LA BURGUESÍA

Se ha hecho evidente que el accionar violento de los grupos más extremistas de la oposición en Venezuela viene a cumplir el papel de detonante de una situación que obligue al gobierno de Nicolás Maduro a bajar la guardia y, eventualmente, a dimitir en función de alcanzar un estado de paz y gobernabilidad mediante un aparente nuevo gobierno democrático. En todo caso, ello comprende, sencillamente, un deseo de poder que les hace disfrazar sus discursos, propagando sin rubor alguno mentiras deliberadas y conscientemente tramadas, con evidente asesoramiento de sus mentores yanquis, lo que ya deja mucho que decir sobre lo que quizás ellos pudieran entender eventualmente como libertad y como democracia.

Así, el hecho concreto que el Comandante Hugo Chávez haya planteado una revolución de carácter socialista en Venezuela, restableciendo los ideales de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, encendió las alarmas de la Casa Blanca, pero más aún de aquellas capas sociales que hasta entonces se habían dedicado a usufructuar el poder y suponían que jamás el pueblo venezolano habría de reaccionar de una u otra forma, ante su indiferencia su corrupción y sus arbitrariedades. Por ello, resulta irónico que la burguesía haya emprendido una guerra “popular” en contra del mismo pueblo venezolano al atacar y al negarse a aceptar los diversos logros del proceso revolucionario bolivariano socialista.

Desde entonces, los sectores oligárquicos y ultraderechistas han apelado a la violencia extrema, al sabotaje económico, a la manipulación informativa y al golpe de Estado para imponerle al pueblo venezolano su agenda particular y restablecer el viejo orden existente antes de 1999. Todo ello estimulado por la falta de resolución de un estamento político chavista que no ha sabido y, en algunos casos, no ha querido, corresponder a las expectativas y al carácter subversivo de las luchas populares, impidiendo -de una u otra manera- que se hagan letra viva la práctica y los espacios democráticos participativos contenidos en la Constitución Bolivariana y en las diversas leyes del poder popular. A ello se agrega la indolencia y la incapacidad de un Estado adecuado para una realidad nacional que ya dejó de existir, que -por sus características- resulta anacrónico para dar respuestas puntuales a los problemas y necesidades generados por la dinámica social actual, por lo que se hace más que necesaria su total transformación; pero sin obviar (bajo ningún criterio) la participación y el protagonismo efectivos inherentes a las organizaciones y/o colectivos del poder popular, ya que, de no hacerlo así, cundiría la indiferencia entre éstos por la suerte que le tocaría enfrentar al gobierno chavista, incrementándose entonces la espiral de terrorismo y violencia desatada por los grupos más reaccionarios de la oposición.-

 

NO HAY MÁS OPCIÓN QUE PROFUNDIZAR EL PROCESO REVOLUCIONARIO

NO HAY MÁS OPCIÓN QUE PROFUNDIZAR EL PROCESO REVOLUCIONARIO

Intolerancia, fanatismo, racismo, violencia, odio, xenofobia y disociación son los rasgos más evidentes observados a través del tiempo entre los grupos más radicalizados de la oposición antichavista en Venezuela. A tales rasgos se añade su empeño en hacer creer a la opinión pública internacional toda una realidad virtual, presentando hechos generados por ellos mismos como si fueran ocasionados por adeptos del gobierno presidido por Nicolás Maduro, incluso recurriendo a la descarada manipulación de fotografías pertenecientes a otros hechos acaecidos en diversos países, u ocurridos anteriormente en Venezuela durante los gobiernos que precedieron al mandato de Hugo Chávez. Todo esto, en medio de una guerra económica que ha afectado la distribución y adquisición oportuna por parte del pueblo de aquellos productos de primera necesidad, en una gran parte acaparados por empresarios y comerciantes inescrupulosos, ocasionando malestar y zozobra entre la población, sin que las medidas adoptadas por el gobierno de Maduro hayan tenido los efectos deseados.

En general, la arremetida opositora busca poner en jaque al gobierno chavista, exigiéndole su dimisión e imponiéndole condiciones secundadas desde Washington, según el mismo guión aplicado en algunas naciones del Este europeo (como actualmente en Ucrania), lo mismo que en varias del Medio Oriente, incluso con el asesoramiento, financiamiento y apoyo político a grupos de mercenarios que han asolado diversas poblaciones en Siria. Como se podrá deducir, lo que acontece en esta patria bolivariana tiene demasiadas similitudes con dichas situaciones, lo que indica que tras todo ello se halla la mano del imperio yanqui, lo cual debiera motivar al Presidente Maduro y al estamento político chavista en general a entender que la opción revolucionaria que les queda aplicar es la profundización y el aseguramiento permanentes de las iniciativas y cambios impulsados por Hugo Chávez desde la presidencia, puesto que las mismas contribuyeron a la movilización y a la organización a los sectores populares al mismo tiempo que se elevaba su conciencia política, siendo el soporte principal que hizo el triunfo de Chávez en cada elección realizada. Maduro tendría que convencerse que no hay más opción que ésta en vista que su llamado al diálogo y a la paz hecho a quienes lo adversan acérrimamente sólo ha servido para que éstos se hayan radicalizado, sin importarles los graves daños causados al patrimonio público ni las diferentes muertes de ciudadanos venezolanos que han causado, tanto en abril del año pasado como ahora en febrero de 2014.

Todo este plan de desestabilización, sin embargo, pudo evitarse a tiempo si el Presidente y las diferentes organizaciones político-sociales del chavismo se habrían aprestado a contrarrestarlo a tiempo, a través de una amplia y sostenida movilización popular y manteniendo sin pausa alguna el avance revolucionario de los sectores populares. Aun con ello, se puede llevar a cabo, pero contando siempre con la participación y el protagonismo del pueblo organizado y consciente, de modo que éste resulte ser un dique imbatible ante las pretensiones antidemocráticas de los grupos opositores.-

LOS MEJORES CÓMPLICES DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

LOS MEJORES CÓMPLICES DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

 

La ineficiencia administrativa, la falta de visión política y el bajo nivel de compromiso y de formación revolucionarios que exhiben muchos de los responsables de la dirección del Estado venezolano podrían convertirse, a la larga, en los mejores cómplices de la oposición fascistoide para dar al traste con todo aquello que ha significado el proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela e, incluso, en las demás naciones de nuestra América.

Por ello mismo, el debate político e ideológico debiera constituir la mejor herramienta a utilizar para fortalecer la convicción y el compromiso de la militancia chavista y revolucionaria en todos los niveles posibles, lo cual serviría, a su vez, para lograr los avances necesarios que establezcan las condiciones objetivas y subjetivas que aseguren la continuidad y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano socialista, sin que sus enemigos de clase puedan aprovecharse de sus debilidades, inconsistencias y contradicciones. Al respecto, los militantes chavistas y revolucionarios, en especial aquellos con responsabilidades de dirección política y de gobierno, tendrían que esforzarse algo más en comprender que el escenario político nacional, con el resurgimiento de algunos hechos violentos aislados y minúsculos de parte de los grupos fascistas de la oposición, exige actuar -ahora con mayores razones que antes- con determinación para concretar la transición al socialismo bolivariano revolucionario.

Esto último obliga -ineludiblemente- a hacer realidad, de manera consciente y sostenida- la democracia participativa y protagónica, de manera que la soberanía popular sea capaz de influir en los cambios estructurales que deben producirse a lo interno del Estado venezolano, transformándolo, en consecuencia, en un Estado socialista y comunal que corresponda fielmente a la voluntad soberana de las amplias mayorías populares y no de una minoría social, política o económica. Hace falta, por tanto, empezar a cumplir con seriedad y suficiente voluntad política para concretar todos los propósitos inconclusos del Comandante Hugo Chávez. No puede haber, entonces, comportamientos irresponsables y cuartorepublicanos por parte de quienes ejercen cargos de elección gracias al liderazgo carismático de Chávez, limitándose éstos a darle más vida a las viejas prácticas demagógicas y clientelares que tanto caracterizaron a los gobiernos y a la dirigencia política del pasado puntofijista. Es hora que el pueblo consciente y organizado sepa distinguir entre quienes se afanan en satisfacer sus mezquinos intereses y aquellos que buscan definir y construir un nuevo orden social, económico, cultural y político, inspirado en los ideales e historias de luchas de resistencia de nuestros pueblos.-

LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y LA DOMINACIÓN CULTURAL CAPITALISTA

LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y LA DOMINACIÓN CULTURAL CAPITALISTA

LA REVOLUCIÓN NO ES GOBIERNO

LA REVOLUCIÓN NO ES GOBIERNO

Al considerarse los quince años transcurridos desde el momento en que el Comandante Hugo Chávez Frías asumiera la presidencia de la República de Venezuela, generalmente se resaltan los diversos logros materiales e, incluso, culturales que fueran impulsados y consolidados durante este período. Sin embargo, ello reduce la trascendencia de lo hecho por Chávez, limitándolo a unas acciones de gobierno que bien pudieron implementarse antes bajo el bipartidismo derivado del Pacto de Punto Fijo mediante una redistribución equitativa y efectiva de los ingresos nacionales, sobre todo de la renta petrolera. Al hacerlo de esta manera, se tiende a confundir que el proceso revolucionario bolivariano socialista es nada más que el control absoluto de las diferentes estructuras que componen el Estado vigente, obviándose que, al plantearse la construcción de un socialismo bolivariano, éste abarcaría también la deslegitimación y la sustitución radical del sistema capitalista, de modo que existan las condiciones subjetivas que permitan el surgimiento de nuevos paradigmas que caractericen-en lo adelante- a las nuevas ciudadanas y a los nuevos ciudadanos del país.
           
De ahí que sea necesario insistir en que la Revolución no es simplemente ser gobierno. A ésta le atañe sustentarse en la práctica cotidiana de la democracia participativa y protagónica por parte del pueblo organizado, en la transformación estructural del Estado y en el desarrollo de unas nuevas relaciones de producción. En esta situación, el dominio hegemónico del Estado debería servir para el impulso y consolidación de estos objetivos mínimos, apartándose en un cien por ciento de aquellas normativas burocráticas que fueron sostén de la democracia representativa que se instauró en este país a partir de 1.958, impidiéndole a las amplias mayorías ejercer su plena soberanía. A ello hay que agregarle el obligatorio nivel de compromiso y de madurez revolucionarios al cual se deben todos aquellos servidores públicos que, identificados con el proceso revolucionario bolivariano socialista, estarían- aparentemente- mejor dispuestos en hacer la Revolución socialista junto con el pueblo revolucionario.

Si tal cuestión pudiera ser cabalmente comprendida por revolucionarios y chavistas, en especial de quienes ostentan cargos de elección popular, se podría trascender todo aquello que ahora se enmarca en lo que se ha dado en llamar el legado de Chávez. Esto implicaría, por supuesto, adoptar cambios de actitud, una ética y una voluntad política decididamente revolucionarios, esto es, la disposición de producir verdaderos cambios revolucionarios, quedando el gobierno subordinado a su papel de vocero del poder popular, tal como debiera ocurrir según los ideales y la praxis del socialismo.- 

NUESTRA AMÉRICA Y LA CORRESPONSABILIDAD PLANETARIA

NUESTRA AMÉRICA Y LA CORRESPONSABILIDAD PLANETARIA

En la reciente cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) celebrada en Cuba, el Presidente de Uruguay José “Pepe” Mujica expresó de una forma sencilla y, si se quiere, filosófica, la gran preocupación que embarga en la actualidad a los pueblos de la Tierra en su conjunto ante la hegemonía militar, económica y cultural de un imperio combinado de gobiernos y corporaciones transnacionales capitalistas (con Estados Unidos a la cabeza), cuya característica principal es la de no importarle para nada la suerte (o la muerte) de aquellos que tienen la desgracia de padecer sus embestidas arbitrarias. Y no es casual que esto haya ocurrido en nuestra América, el antiguo patio trasero de Estados Unidos, un amplio territorio donde los pueblos se han pronunciado en las últimas décadas por recuperar su dignidad, su identidad cultural y su total soberanía frente al despotismo de unas minorías gobernantes que sólo usufructuaron el poder y se contentaron con seguir, de forma estricta y sumisa, todos los dictados de Washington.

“Hay una corresponsabilidad planetaria, - expuso el primer mandatario uruguayo a sus pares de nuestra América y del Caribe- y esta es la batalla más dura, más larga; porque si no hay cambios culturales, no existe la fortaleza para la semejante tarea que tenemos por delante. Creo que el Hombre tiene que luchar por la felicidad concreta, y eso es tener tiempo para vivir. Para ser libre hay que tener tiempo, un poco de tiempo para vivir, para poder cultivar las 3, 4, 5 cosas inapelables, fundamentales, unidas a la vida; y después de eso, lo demás es bulla y lamento. Pero, para que las masas puedan tener ese tiempo hay que cuidar los recursos, y hay que cuidar la política, la imagen de la política. Nuestra vida, nuestra conducta, nuestra vidriera, precisamente, son las formas más directas de comunicación con nuestros pueblos. Y si perdemos la confianza de nuestros pueblos, si nuestros pueblos no entienden, y no entienden por nuestras gestualidades, a veces inútiles, porque también nosotros pertenecemos a una cultura invasora, agresiva”. Con ello compendió lo que le correspondería asumir a los diversos regímenes progresistas y revolucionarios, además de los distintos movimientos populares, que han emergido en este continente, ya que el colapso del sistema capitalista mundial, unido a la emergencia que padece el planeta entero debido a los cambios climáticos que nos afectan a todos, ha logrado que las luchas y los planteamientos revolucionarios de nuestros países sean hoy una referencia para el resto del mundo; cuestión que exige mucha claridad y mucha madurez político-ideológica de nuestra parte, sobre todo cuando se le ha dado nuevos ímpetus y una nueva interpretación a los ideales del socialismo revolucionario.

Así, nuestra América -con ese ejemplo integracionista dado en La Habana, a pesar de las evidentes disparidades existentes entre sus pueblos y sus gobiernos- podría adjudicarse un papel fundamental en la construcción de un nuevo orden social, político y cultural que sea reflejo de las aspiraciones y de las potencialidades creadoras de toda la Humanidad. Con todo, hay que estar conscientes que, como lo dijo el Presidente Mujica, “esta es la batalla más dura, más larga; porque si no hay cambios culturales, no existe la fortaleza para la semejante tarea que tenemos por delante”. Tales cambios son importantes y necesarios. Sin ellos cualquier tentativa por transformar las estructuras que sostienen el orden establecido sería inútil y nos conduciría a nuevos y trágicos callejones sin salida que sabrían aprovechar el imperio capitalista mundial y sus colaboradores de siempre, imponiéndonos un yugo mayor y más difícil de arrojar.- 

EL SOCIALISMO SIGUE SIENDO LA ALTERNATIVA AL CAPITALISMO

EL SOCIALISMO SIGUE SIENDO LA ALTERNATIVA AL CAPITALISMO

Quienes se han afanado inútilmente desde siempre en anatematizar los ideales revolucionarios del socialismo parten de un razonamiento (si es que alguna vez el fanatismo extremo llegara ser racional) totalmente equivocado. Acusan -siempre- al socialismo revolucionario de ser un fracaso histórico a nivel mundial, olvidando a propósito que nada de lo previsto por los teóricos socialistas -con Marx y Engels en primera fila- ha podido concretarse debido a múltiples factores, pero principalmente por la alienación y la fetichización del poder de las cuales ha sido víctima la humanidad entera, sobre todo, luego de producirse la Revolución Francesa de 1789, cuyo epílogo fue el surgimiento de la burguesía como clase dominante. A partir de este importante hecho histórico, la burguesía no basó su poder -como lo hicieran reyes y “nobles” invocando la sacrosanta voluntad de un dios conveniente que legitimara su lugar en la pirámide social- sino que lo hizo a través del capital y de las relaciones sociales y productivas que de él se derivarían, ejerciendo el control de las distintas instituciones del Estado en su propio beneficio. Para alcanzar este propósito, la burguesía inculcó entre los sectores populares que explota la ilusión de armonía entre ambas clases sociales, en un modelo de sociedad que garantiza la igualdad de oportunidades para escalar social y económicamente, bastando para ello trabajar arduamente y respetar las leyes existentes. Sin embargo, la realidad cotidiana revela la verdad de las cosas que niega y oculta el capitalismo, como ocurriera en Venezuela en 1989 y, luego de ese año emblemático hasta ahora, a escala planetaria.

Por lo tanto, aquellos que vilipendian al socialismo revolucionario buscan minimizar el impacto negativo de todo lo sucedido en nuestros países para que exista el capitalismo, siendo una evidencia innegable de ello, por ejemplo, el cambio climático, llegándose al colmo de pretender imponer que el mismo es algo natural, un ciclo que se cumple por leyes inexorables de la naturaleza. Para esto le es indispensable al capitalismo que haya entre los seres humanos cierta plasticidad de sus conciencias que los impulse a renunciar a su propia identidad y que esto se sujete posteriormente a una conveniente ausencia de memoria crítica de la realidad que les rodea. Este tipo de personas es el que legitima las relaciones sociales, de poder y de producción engendradas bajo el sistema capitalista, viéndolas y sintiéndolas de modo fatalista e imposibles de trascender y de reemplazar, aun cuando las resienta y combata al verse afectado en su condición individual.

Tal alienación se manifiesta en la aceptación tácita de la propiedad privada, la división del trabajo y la producción mercantil, siendo entonces necesario que tales elementos sean radicalmente transformados mediante una revolución de signos socialista y popular que permita, en consecuencia, que los cambios culturales, espirituales, económicos, sociales y políticos se manifiesten igualmente en el desarrollo integral de la individualidad de cada persona, sin que ello signifique la reproducción y permanencia de los antivalores capitalistas que siempre han menoscabado el deber social y el interés colectivo. Por consiguiente, ante la devastación causada por el capitalismo en muchos aspectos de la vida en sociedad, la alternativa revolucionaria al mismo seguirá siendo el socialismo (así continúen recurriendo los apologistas del capitalismo a la experiencia fallida de la URSS para convencernos de lo contrario).-

LA JUVENTUD Y EL OBJETIVO GRANDE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA JUVENTUD Y EL OBJETIVO GRANDE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

 

Es hora de definir, en este año decisivo para el logro de muchos cambios aún pendientes, el objetivo grande de la Revolución Bolivariana. Para ello es necesario asegurar -desde ya- el relevo generacional que se encargue de acentuar y de darle la continuidad requerida a los diversos cambios producidos en Venezuela bajo la tutela del Comandante Hugo Chávez, lo cual podrá producirse si a este mismo relevo lo caracteriza -además de una práctica revolucionaria- una verdadera formación teórico-política revolucionaria, siendo entonces capaz de entender cuál es su papel a cumplir en el desarrollo de los futuros acontecimientos que definirán el curso de la revolución socialista bolivariana en este país.

Aunque algunos quizás piensen que es prematuro plantearlo, hay que tomar en cuenta que la población juvenil en Venezuela (en una gran mayoría) ha vivido estos cambios propiciados por Chávez, algo que le permitiría admitir con una mayor facilidad la necesidad de consolidarlos y de ampliarlos al hallarse ésta dotada de mejores herramientas de conocimientos que sus antecesoras. Esto último -por supuesto- no implica que muchos de los revolucionarios y chavistas provenientes de las primeras generaciones ya no tengan nada que aportar al proceso revolucionario bolivariano socialista. Al contrario. De muchos de estos dependerá también que este proceso avance y se concrete, dada su innegable experiencia y sus conocimientos, sobre todo en el área formativa, un talón de Aquiles que es preciso fortalecer cuando se ha propuesto la construcción socialista de las comunas en todo el territorio nacional; evitándose así que todo se limite a discursos y a propaganda oficiales, sin conexión con la realidad imperante.

De ahí que le corresponda a la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista retomar la senda iniciada por Chávez, esta vez con la convicción de ser la continuadora de su obra y de su pensamiento, pero imprimiéndole su propia dinámica subversiva, de manera que exista siempre esa posibilidad de agotar etapas en la búsqueda permanente de condiciones objetivas y subjetivas que precisen mejor lo que será el socialismo bolivariano en Venezuela. Por ello mismo, los y las jóvenes revolucionarios/as y chavistas no deberían sujetarse a las viejas reglas políticas heredadas del pasado, reglas que sólo conducirían a una restauración firme del antiguo régimen, con una democracia representativa que sólo representa los intereses de una minoría dominante y una dependencia semicolonial con el imperio estadounidense. De hacerlo, se convertirían entonces en unos viejos prematuros, enredados en un conservadurismo totalmente inapropiado para echar adelante la revolución socialista, en lugar de ser los motores impulsores de la organización, la movilización y la concientización de los sectores populares, conformando por consiguiente la vanguardia de esta revolución aún incipiente.

Consecuentemente, la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista tiene ante sí el formidable desafío de desplegar toda su potencialidad creadora y re-creadora en función de alcanzar y afianzar el objetivo grande de la Revolución Bolivariana que es la institucionalización de un Estado comunal en el cual predomine la voluntad, el interés, la toma de decisiones vinculantes y la influencia de los sectores populares. Esto tendrá que ser acompañado -ineludiblemente- por un cambio significativo de las actuales relaciones de producción, de manera que surjan y se impongan unos nuevos valores sociales, espirituales y culturales que permitan, a su vez, propagar un nuevo tipo de ciudadanía en la Patria chica de Bolívar. Por ello, no resultaría desmedido afirmar que gran parte de este compromiso revolucionario le toca en suerte ser asumido conscientemente -a partir del presente año- por la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista de Venezuela.-