El efecto Netanyahu
Homar Garcés
No sería preciso describir los horrores desatados sobre la población de Palestina por el régimen sionista de Israel sino fuera por las enormes repercusiones que su conducta genocida produce en las demás naciones del mundo. Bastaría simplemente dar un repaso a las distintas informaciones difundidas por algunos medios, a pesar de la censura y de la autocensura existentes, donde se retrata la crueldad con que actúan soldados y colonos en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania sin hacer ninguna clase de diferencia entre niños, jóvenes, hombres, mujeres o adultos mayores, gran parte de los cuales son físicamente atropellados, encarcelados arbitrariamente, sin leyes que los puedan amparar y, en el peor de los casos, ametrallados o bombardeados sin misericordia alguna, a la vista de todos, como si se tratara de un espectáculo cinematográfico más. Cuando estas acciones genocidas rebasan la sensibilidad de mucha gente en diferentes países, solidarizándose en las calles con el pueblo de Palestina, ocurre que sus gobiernos desatan la represión, golpeando y apresando a sus propios ciudadanos y comportándose como una fuerza de choque de un poder extranjero, en este caso, de Israel. Todo esto en nombre de la democracia y de la tolerancia, salvo que esto último sólo es aplicable respecto a los grupos xenófobos y racistas que apoyan a Israel y acosan a ciudadanos de origen árabe, africano o sudamericano, alimentando una cultura de odio que es estimulada desde los grandes monopolios mediáticos, partidos políticos y esferas gubernamentales de la derecha autoritaria o extremista.
Lo que se deriva, entonces, de estos acontecimientos -hasta cierto punto, normalizados sin mucho escándalo- es el deterioro creciente de las libertades públicas y el ensañamiento desbordado de los funcionarios policiales contra todos aquellos que osaron manifestar su solidaridad con la causa palestina y su repudio al gobierno sionista de Benjamín Netanyahu. Lo peor es que, lejos de hacer valer sus tradiciones de defensa de la democracia y los derechos humanos -como siempre pretendieron presentarse ante la faz de la Tierra-, dichos gobiernos respaldan sin miramientos el genocidio palestino, obviando tercamente los llamados de atención hechos por la Organización de las Naciones Unidas y de otros organismos multilaterales; convirtiéndose Israel en un Estado que viola reiteradamente el derecho internacional y ataca impunemente a sus vecinos regionales, sin sufrir sanción alguna. La parálisis ética que todo esto en conjunto ha ocasionado le ha servido de fundamento al régimen sionista para continuar con su expansión colonialista y despojo territorial a costa de las poblaciones del Líbano y de Palestina, en un alarde de supremacismo y limpieza étnica que ya ni sus representantes se esfuerzan nada por ocultar, proclamándolo abiertamente en todo medio existente.
Ahora, en lo que comprende Nuestra América/Abya Yala/Améfrica Ladina, varios presidentes se han inclinado a respaldar ampliamente al régimen de Tel Aviv, procediendo a reprimir cualquier asomo de protesta contra el genocidio que este lleva a cabo en las tierras ocupadas de Gaza y Cisjordania, cuestión que incide en el socavamiento de la soberanía nacional de estas naciones, así como del respeto consagrado a las libertades públicas y, especialmente, de la Declaración universal de los derechos humanos. Podría afirmarse, por consiguiente, que el espectro político de dominación que se posiciona sobre nuestro continente estaría regido por la dupla coimperial yanqui-sionista, cuyo objetivo es -sin mucha duda- mantener fragmentada la posibilidad de unidad geopolítica, económica y social de nuestros pueblos. La presencia del sionismo en naciones del subcontinente americano podría consolidarse a través de la concesión de tierras que pueda explotar o colonizar de forma exclusiva, sin habitantes nativos a la vista ni legislación alguna que limite sus acciones, en algo que recuerda mucho a lo hecho en Palestina al acabar la Segunda Guerra Mundial, comprometiendo, por tanto, la vigencia de la soberanía de las naciones en que éste podría plantearse.