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LA PRAXIS REVOLUCIONARIA DE LA DEMOCRACIA DIRECTA

LA PRAXIS REVOLUCIONARIA DE LA DEMOCRACIA DIRECTA

En la praxis revolucionaria de la democracia directa resaltan, en lo inmediato, tres elementos fundamentales, a saber: 1.- la soberanía de las asambleas de ciudadanas y ciudadanos, 2.- la horizontalidad en las relaciones y estructuras organizativas y/o de poder, y 3.- la transformación radical del Estado vigente. En síntesis, se trata de acceder a un mayor nivel de participación y de protagonismo de las amplias mayorías populares, generalmente excluidas, de manera que todo ello se concrete en la construcción colectiva de una sociedad de nuevo tipo (mejor entendida como comunidad) que, por lo pronto, llamaríamos socialista al contraponerse al orden social, cultural, político, militar y económico que ha moldeado desde hace cientos de años a nivel mundial el sistema capitalista.

Tales elementos, por consiguiente, habrían de influir decisivamente en la configuración de unas nuevas relaciones sociales, económicas y de poder que tengan por centro primordial a las personas, de manera que ellas mismas hagan posible su propia emancipación, en un ejercicio dialéctico permanente de su plena soberanía. Es por eso que la democracia directa trasciende el marco de la representatividad tradicionalmente aceptada y convierte en voceras y en voceros a quienes son elegidos para asumir responsabilidades ejecutivas o de dirección, quedando sujetadas y sujetados a la voluntad expresada y aprobada por las asambleas. Esto implica, por supuesto, un cambio de paradigmas -tanto en lo individual como en lo colectivo- que requiere de una nueva mentalidad y de unas nuevas prácticas revolucionarias; ajenas al adoctrinamiento y a la lógica capitalistas que realzan el individualismo, la competencia y el consumismo irracional. En vez de esto último, los grupos y los individuos que propugnan la democracia directa buscan poner punto final a las consecuencias nefastas y universales del modelo de sociedad vigente, esto es, a la pobreza, la opresión, el patriarcado, la alienación, la violencia institucionalizada, la explotación del proletariado, el deterioro acelerado de la naturaleza y la injerencia imperialista y neocolonialista de las grandes potencias capitalistas industrializadas en los asuntos internos del resto del planeta; por lo que la democracia directa adquiere también una condición abiertamente antiimperialista.

En consecuencia, la democracia directa tiene planteada ante sí la transformación objetiva y subjetiva de la realidad imperante a través de la construcción de un amplio movimiento popular de concertación revolucionaria, sin que ello represente una uniformización forzada de las tácticas y de las estrategias a utilizar, cuya finalidad última ha de ser la toma del poder y la instauración de una hegemonía de carácter popular y socialista en oposición a la hegemonía de elites. Este es un requisito inexcusable, lo cual -de antemano- constituirá un gran desafío a las maneras como se conciben el mundo y la sociedad, todas ellas originadas desde una cosmovisión (o universo) eurocéntrico que excluye todo aquello que le es ajeno. Cabe decir entonces que la democracia directa (a riesgo de los comunes señalamientos en su contra) es una utopía posible y necesaria. La misma realidad de los sucesos mundiales actuales -con invasiones imperialistas y neocolonialistas encabezadas por Estados Unidos, cuyo propósito nada negado es controlar los territorios ricos en petróleo, gas, biodiversidad y agua dulce; la crisis económica generalizada; la destrucción de un medio ambiente altamente contaminado y sobreexplotado; y la existencia e influencia de instituciones públicas y privadas que mantienen y defienden sus intereses corporativos por encima de los intereses de las mayorías sociales- le hacen ser un mecanismo idóneo para cambiar las cosas que nos afectan a todos, sin menoscabo de otras fórmulas y vías que ayuden efectivamente a superarlas, en función del bien común y de la emancipación integral de las personas.-    

EL 8-D Y EL LEGADO DE CHÁVEZ

EL 8-D Y EL LEGADO DE CHÁVEZ

Quienes sentimos esa vocación patriótica y revolucionaria que cultivara siempre el Comandante Hugo Chávez por hace de nuestra nación un lugar digno donde vivir, rescatando la esencia revolucionaria de nuestro Libertador Simón Bolívar e impulsando la puesta en marcha de una propuesta socialista inédita y basada en el poder creador del pueblo, no podemos ni debemos -en consecuencia- distraernos más en lo adelante con aquellas personas que siguen ignorando a propósito la trascendencia histórica y política de las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre en Venezuela, al evidenciarse que sólo les anima un revanchismo político y deseo pequeño-burgués de satisfacer sus propios intereses personales en vez de mantenerse leales a un proyecto revolucionario que aún requiere consolidarse y profundizarse en función de lograr, de modo definitivo, la transición al socialismo.

En tal sentido, las bases del chavismo tendrán que evaluar concienzudamente cuáles de las opciones electorales actuales están inscritas en los planes de la oposición para causar, sencillamente, la división, la desorganización y el debilitamiento de las fuerzas revolucionarias en cada municipio y estado del país, o si, por el contrario, éstas buscan consolidar y profundizar los logros revolucionarios junto al pueblo organizado. Para ello bastaría conocer de qué manera algunas candidaturas tienen o no un perfil realmente revolucionario y si su propuesta de gestión contiene o no la construcción autónoma y socialista de las comunas y la restitución del poder al pueblo como sus objetivos revolucionarios fundamentales.

Por tales motivos, los revolucionarios y chavistas estamos en la obligación moral y revolucionaria de preservar y apuntalar el legado de Chávez por encima de los enemigos declarados de este proceso revolucionario bolivariano socialista, así como también de aquellos que, llamándose chavistas, únicamente acuden al pueblo en épocas electorales, prometiendo villas y castillos, manteniendo sin solución los diversos problemas que aquejan a las comunidades. Entre ambos grupos, el pueblo debe optar por las candidatas y los candidatos que se identifiquen con sus intereses colectivos, sin quejarse embaucar con promesas fáciles, como siempre sucedió bajo el régimen del puntofijismo.

Asimismo, hay que tener en cuenta que la derecha fascista mantiene inalterable su guión desestabilizador, como lo demuestran sus contactos en el extranjero con personeros de esta ideología retrógrada y contrarrevolucionaria en busca del respaldo necesario para cualquier eventualidad que signifique la ruptura del hilo constitucional en el país. Esto se ha puesto de manifiesto últimamente en el acaparamiento de algunos alimentos y otros productos de uso cotidiano, a pesar de las medidas coyunturales adoptadas por el gobierno nacional, lo cual exige un mayor nivel de organización, de movilización y de madurez política e ideológica de los movimientos sociales y políticos del chavismo que neutralice cualquier acción opositora dirigida a crear un clima de ingobernabilidad. Esta es una cuestión que no puede perderse de vista bajo ninguna circunstancia. De ello dependerá en gran medida la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela, de un modo quizás mucho más amplio y acentuado que antes, obligándose el pueblo a convertirse en el protagonista fundamental del mismo, en todo espacio y en todo momento.

UNA NUEVA CONCIENCIA: ELEMENTO PRIMORDIAL PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO

UNA NUEVA CONCIENCIA: ELEMENTO PRIMORDIAL PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO

En su discurso durante el Seminario de Solidaridad Afroasiática realizado en Argel el 24 de febrero de 1965 exponía el Comandante Ernesto Che Guevara que “no puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de índole individual, en la sociedad en que se construye o está construido el socialismo como de índole mundial en relación a todos los pueblos que sufren la explotación imperialista”. En consecuencia, los cambios que deben producirse en una sociedad regimentada por el sistema capitalista para acceder a otra de signo socialista no podrían restringirse exclusivamente al ámbito político o económico si ello no va acompañado -simultáneamente- con la promoción de unos nuevos valores culturales, éticos y morales que caractericen en lo adelante esa nueva conciencia, adoptando esa “nueva actitud fraternal frente a la humanidad” que ya nos planteara el Che.

Sin embargo, aún faltará algo más qué abordar en este aspecto tan importante. Es preciso que se entienda que tales cambios deben tener una repercusión determinante en la vida cotidiana (incluyendo la familia), en las convicciones de cada quien (en especial, de los revolucionarios), en la concepción tradicionalmente aceptada de lo que es el trabajo (básicamente, en lo que respecta a las relaciones de producción existentes) y el orden cultural en general. Es decir, se impone crear una concepción desalienada de lo que es y debiera ser el sistema-mundo actualmente imperante, lo cual implica libra una batalla más ardua y a largo plazo que no se puede posponer bajo ninguna circunstancia, creyéndose en muchas ocasiones que ella es innecesaria. No hay que obviar que la sociedad de consumo vigente ha sido moldeada por quienes mejor se aprovechan de su existencia: los dueños del capital. Por consiguiente, el germen de la alienación capitalista siempre estará latente, en condiciones de resurgir y de hacer tropezar y sucumbir cualquier proceso revolucionario decidido a construir el socialismo.

Sin duda, esta es una situación exigente, no solamente para los revolucionarios como tales sino para todos los sectores populares que luchan por alcanzar su emancipación integral. De ahí que deba interpretarse la revolución socialista de un modo completo y radical, de lo contrario, todo lo hecho pudiera convertirse en simples reformas que, a la larga, restaurarían el viejo orden que se aspira erradicar, tal como ocurriera con la extinta Unión Soviética. Debe establecerse, por tanto, una interacción de la política con la ética, la economía y la educación (entendiéndola como punta de lanza de la concienciación del nuevo modelo de sociedad), de forma que cada cambio revolucionario tenga una base firme, sustentado -sobre todo- por la participación y el  protagonismo firmes y decisivos de los sectores populares revolucionarios. En este sentido, es fundamental que estos sectores populares revolucionarios se movilicen, se organicen, se radicalicen y se formen teóricamente, haciéndose entonces irreversible la construcción colectiva del socialismo.-  

  

SÍ, HACE FALTA UN VERDADERO GOLPE DE TIMÓN EN VENEZUELA

SÍ, HACE FALTA UN VERDADERO GOLPE DE TIMÓN EN VENEZUELA

            Desaparecido físicamente Hugo Chávez, no ha existido -a pesar del esfuerzo de Nicolás Maduro- un liderazgo capaz de evitar y disminuir las contradicciones, fracturas y controversias que se suscitan en el chavismo, lo que ha sido un caldo de cultivo bien aprovechado por quienes han sido sus enemigos políticos e ideológicos, obteniendo algunos espacios de aceptación que presagian una eventual correlación de fuerzas a su favor si no se profundizan los cambios revolucionarios hasta ahora alcanzados. Pareciera que la dirigencia chavista no atinara a vislumbrar alguna estrategia efectiva que contenga tal eventualidad, limitándose tan sólo a continuar administrando lo adelantado por Chávez, pero sin el mismo ímpetu ni la audacia de éste. Quizás no quieran darse cuenta que la única fórmula a la mano para trascender lo hecho en catorce años de gobierno de Chávez es la restitución efectiva y sin condicionamientos del poder al pueblo, lo cual -de momento- podría ser posible por medio de las comunas, los consejos comunales, los consejos de trabajadores y otras expresiones organizativas populares.

            Haría falta un golpe de timón, tal como lo planteara el Presidente Chávez el 20 de octubre de 2012, el cual tiene que abarcar aspectos y procedimientos relativos a lo político, lo económico, lo social, lo ético y lo moral. Esto haría mermar la confianza recuperada por los grupos de la oposición que actualmente enfilan todas sus baterías en conseguir que estalle en el país una crisis generalizada que obligue a claudicar al gobierno de Nicolás Maduro al no mantenerse la hegemonía popular que se impusiera bajo el liderazgo de Chávez desde 1998.

            A ello ha contribuido, sin duda, el hecho de sólo instruir y comprometer a las bases del chavismo para su participación exitosa en cada contienda electoral celebrada, pero sin ahondar mucho en su formación teórica, de modo que haya un proceso de desalienación de las mismas que les permita plantearse, en consecuencia, la deslegitimación continua del capitalismo y de los esquemas representativos de la democracia burgués-liberal que, en una fase posterior, dé paso, por consiguiente, a la construcción colectiva del socialismo revolucionario.

            Es preciso entonces que el Presidente Maduro y todos los que le acompañan en los diferentes niveles de gobierno y de dirección política acepten y se convenzan que sin la participación real del pueblo, tanto en la toma de decisiones como en la creación socialista de una nueva institucionalidad, el proceso revolucionario bolivariano socialista podría naufragar con más penas que glorias. Sin este elemento primordial, se tendería a precipitar en el vacío todo el esfuerzo y el sacrificio del pueblo venezolano en estas dos últimas décadas de su historia de luchas, y -junto con ello- de las esperanzas de una humanidad subyugada por los intereses hegemónicos de un imperio gringo que ha hecho del mundo entero su coto de caza exclusivo, en complicidad con los grupos antinacionales que le siguen, en una clara demostración de su subordinación colonial.-  

LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA SEGÚN LA VISIÓN SOCIALISTA DEL CHE

LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA SEGÚN LA VISIÓN SOCIALISTA DEL CHE

Desglosando parte de lo escrito en 1965 por Ernesto Che Guevara en su obra “El Socialismo y el hombre en Cuba”, al referirse a esa etapa de transición entre el viejo modelo de sociedad capitalista y burguesa y la que se estaba gestando en Cuba bajo las banderas del socialismo, se podría establecer un paralelo (salvando las distancias y algunas circunstancias muy particulares) con el desarrollo del proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela.  Revelaba el Che, entre otras cosas de importancia: “La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia”. Vistos los resultados de las políticas económicas implementadas durante su mandato presidencial por el Comandante Hugo Chávez y continuadas por el Presidente Nicolás Maduro se pudiera inferir que hay algo chueco en la construcción y consolidación de un modelo de sociedad realmente socialista. Basta ver cómo muchos sectores sociales se han conformado con imitar el consumismo que caracteriza a la sociedad capitalista a nivel mundial, dejando a un lado lo relativo a una nueva conciencia social o colectiva, labrada bajo los valores del socialismo revolucionario, quedándose esto último en un discurso que no es compatible con la praxis revolucionaria que debe prevalecer en todos aquellos que se dicen revolucionarios y seguidores de Chávez.

Más adelante, el Che define con una mayor claridad la situación creada en aquellas naciones donde se ha planteado realizar una revolución de carácter socialista: “En estos países no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación. El subdesarrollo, por un lado, y la habitual fuga de capitales hacia países «civilizados», por otro, hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios. Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande. Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo”.

Aplicando lo expresado por el Che al caso venezolano, hay, por tanto, razones para cuestionar mucho de lo hecho y de lo que se ha dejado de hacer en esta larga transición para la construcción de la sociedad de nuevo tipo que emergerá, tarde o temprano, de la lucha por el socialismo revolucionario en Venezuela, considerando las evidentes contradicciones existentes al mantenerse intactas las estructuras del viejo Estado burgués-liberal (no obstante llamarlas socialistas) y las relaciones de producción derivadas del capitalismo. Esto explicaría en parte lo que está ocurriendo actualmente cuando la derecha intenta cuajar sus intenciones de acabar con el proceso revolucionario bolivariano socialista, valiéndose de ese afán casi natural de muchas personas identificadas con el chavismo de querer acceder a mejores estándares de vida, producto de esa falta de formación de una conciencia revolucionaria y de la alienación infundida durante décadas por la propaganda capitalista. Haría falta, entonces, aprovechar las circunstancias que parecieran cercar en estos momentos al proceso revolucionario bolivariano socialista y optar decididamente por su radicalización, definiéndolo en medio de una lucha de clases que no podría postergarse por más tiempo, so pena de sufrir un revés definitivo, truncándose las esperanzas de todo un pueblo y, más allá, de una humanidad que aún sueña con otro mundo posible sin las rémoras nefastas del capitalismo.-

SEGURO MATÓ A CONFIADO, O LA HORA “TRIUNFANTE” DE LA OPOSICIÓN

SEGURO MATÓ A CONFIADO, O LA HORA “TRIUNFANTE” DE LA OPOSICIÓN

            Con la implementación de una estrategia perversa que persigue estrangular la economía venezolana y así causar disturbios que se generalizarían en todo el país, de forma que éstos conduzcan a una salida anticonstitucional que acabe, finalmente, con el proceso revolucionario bolivariano socialista, los sectores más reaccionarios de la oposición presienten que esta vez sí les llegó la hora de coronar con éxito todas sus acciones desestabilizadoras, a tal punto de sentirse impunes y triunfantes. Hasta ahora pareciera que pocos revolucionarios y chavistas han llegado a entender las estratagemas opositoras al provocar el desabastecimiento y especulación de algunos productos de consumo masivo, al igual que la imposición de un mercado financiero paralelo con un dólar que escapa a los controles gubernamentales hasta ahora adoptados. Frente a ello, algunas personas han terminado por pensar seriamente que Nicolás Maduro y el equipo político-militar que le acompaña están perdiendo la batalla que afrontan al recurrir a medidas que, aparentemente, no tienen el efecto deseado.

             Esto comienza a minar la confianza de alguna gente, especialmente chavista, que es -al fin y al cabo- lo que se ha planteado la oposición como un primer paso para recuperar el poder perdido. Mientras tanto, gran parte del movimiento popular revolucionario pareciera no contar con una orientación adecuada y articulada mediante la cual se conjure lo adelantado por los sectores de la contrarrevolución, tanto dentro como fuera de Venezuela. Muchos perciben que no existe suficiente voluntad política ni claridad ideológica para abordar objetivamente lo que ocurre y echar por tierra la desestabilización del país. Quizás haya una confianza demasiada ingenua respecto a la lealtad y unidad inquebrantable del estamento militar o en el control casi absoluto de las instituciones públicas claves, como la Asamblea Nacional, olvidando lo hecho por la oposición el 11 de abril de 2002. Ya lo dice el viejo adagio popular: “seguro mató a confiado”. Y esto es aplicable a la situación actual venezolana.

             Lo cierto del caso es que, indiferentemente de lo que se afirme a favor o en contra, el proceso revolucionario bolivariano socialista se encuentra ante una coyuntura que puede determinar o no su definitiva consolidación y avance indetenible o, en su defecto, que facilite la restauración del viejo sistema de elites que prevaleciera hasta 1998 cuando Hugo Chávez fuera electo Presidente de la República, instaurándose -subsiguientemente- una socialdemocracia reciclada que daría al traste con todos los cambios alcanzados en la construcción revolucionaria del socialismo. Esto -de no actuarse con la contundencia revolucionaria que la situación del país amerita- podría convertirse en una trampa de arena de la que resultaría difícil de salir, si no se apela a la disposición revolucionaria de los sectores populares, quienes, en definitiva, son los verdaderos sustentadores de este proceso revolucionario bolivariano socialista, tal como quedó demostrado en cada contienda electoral ganada y más durante los aciagos momentos que hubo de enfrentar el Presidente Chávez, desbaratando las diversas embestidas de los grupos fascistas del país.-

           

LA RECAPITULACIÓN INMEDIATA DEL LEGADO DE CHÁVEZ

LA RECAPITULACIÓN INMEDIATA DEL LEGADO DE CHÁVEZ

 

 

La necesidad de avanzar en Venezuela en el logro de una institucionalidad realmente revolucionaria y participativa que tienda, además, al establecimiento de unas nuevas relaciones de poder, se ha convertido en un asunto público que debe discutirse ampliamente en el seno de las filas chavistas, de modo que éstas sepan discernir a ciencia cierta lo que está en juego actualmente si se desperdicia la oportunidad de llevar a cabo, decididamente, la revolución bolivariana socialista; colocándose al poder popular como la pieza fundamental de dicha institucionalidad.

 Por eso, teniendo en cuenta la perspectiva de unas nuevas elecciones de alcaldes y concejales en el país, las candidaturas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) no pueden verse como un simple concurso de preferencias personales o como la oportunidad de zanjar algún un compromiso político o un favor recibido, lo cual hace que se olvide grandemente la existencia de un proyecto de transformación socialista. Esto impone una recapitulación inmediata y sostenida de todo aquello que planteara el Comandante Hugo Chávez desde el primer momento que hablara del socialismo del siglo XXI, no obstante la mucha resistencia que el mismo iba a generar entre muchos de sus seguidores de entonces.

 Ahora que no se cuenta con la presencia física de Chávez como máximo líder del proceso revolucionario bolivariano socialista, hay que resaltar su empeño en que los consejos comunales y las comunas pasaran a ser las organizaciones rectoras de la transformación socialista, tanto en lo que respecta al Estado como a la sociedad entera. Para ello es imprescindible retomar la formación teórica, dirigida por igual a la dirigencia y a las bases del chavismo, de modo que ella contribuya a caracterizar objetivamente el curso histórico del proceso revolucionario bolivariano socialista, definiendo y atacando las diferentes contradicciones existentes y aquellas que, eventualmente, pudieran detectarse en lo futuro. La misma serviría de herramienta eficaz para vencer las diversas tácticas y estrategias desarrolladas por la contrarrevolución, las cuales tienen como designio inmediato causar el descontento y el desmoronamiento moral de las bases chavistas que legitime luego sus acciones desestabilizadoras de acuerdo al plan trazado en unión con el régimen de Estados Unidos.

 Sin embargo, todavía será preciso que quienes ahora se atribuyan la condición de legatarios de Chávez estén abiertos a la comprensión de lo que implica echar adelante el proyecto revolucionario bolivariano socialista de la mano con el pueblo organizado, lo que impone deslastrarse de las concepciones, los comportamientos y los esquemas de la democracia liberal-representativa que son, al fin y al cabo, los que han permeado todas las estructuras del Estado, a pesar del aparente cambio socialista que se les ha aplicado. Esto es algo que, aun sin el visto bueno de la dirigencia partidista y los gobernantes chavistas actuales, tendrá que ocurrir forzosamente, de manera que el proyecto revolucionario bolivariano socialista pueda concretarse sobre bases sólidas y no meramente retóricas. Para ello es vital la conformación de equipos políticos con un propósito común y pertenezcan a organizaciones que actúen de forma estructurada para alcanzar unas metas específicas que contribuyan a definir y a afianzar, en consecuencia, el rumbo a seguir para asegurar la construcción definitiva del socialismo bolivariano.-

 

LAS COMUNAS Y LA NUEVA INSTITUCIONALIDAD REVOLUCIONARIA

LAS COMUNAS Y LA NUEVA INSTITUCIONALIDAD REVOLUCIONARIA

 

 

       De acuerdo al marco jurídico actual en Venezuela, así como al imperativo existente de profundizar el proceso revolucionario bolivariano socialista, tal como lo planteara en su momento el Comandante Hugo Chávez, la conformación, la activación y el desarrollo de las comunas tendrían que orientarse forzosamente hacia la transformación estructural del Estado y del modelo de civilización capitalista dominantes, alterándolos significativamente, de modo que las diferentes instituciones públicas se conviertan en escenario propicio para el pleno ejercicio de la democracia participativa y protagónica; generando, en un primer momento, una institucionalidad revolucionaria, adaptada a los requerimientos de participación y toma de decisiones por parte de los sectores populares. Siendo ello así, habría que interrogarse si esta nueva institucionalidad que impondría la existencia de las comunas definiría objetivamente la construcción del socialismo revolucionario en Venezuela y en qué medida contribuiría a su definitivo arraigo, dada la innegable debilidad y/o inconsistencia ideológica que muestran algunos de sus propulsores, creyéndose que sólo bastaría enunciarla para lograrla. En lo que sí se podría coincidir con muchos revolucionarios y chavistas es que las comunas serían el punto de no retorno respecto a la transición al socialismo y la edificación de un nuevo tipo de sociedad. Para esto último es esencial comprender que se requieren condiciones objetivas y subjetivas que lo hagan realidad, sin que exista la amenaza latente de la restauración del sistema capitalista y la reproducción inadvertida de los viejos esquemas representativos; quedándose todo en sólo reformas parciales y/o superficiales que, a la larga, mantendrían intacta la situación que se pretende revolucionar junto con el pueblo.

    Tal como lo enuncia el artículo 11 de la Ley Orgánica del Poder Popular, “las organizaciones y expresiones organizativas del poder popular tienen como fines: 1.- Consolidar la democracia participativa y protagónica, en función de la insurgencia del poder popular como hecho histórico para la construcción de la sociedad socialista”. No obstante, cabría preguntarse un tanto ingenuamente cómo alcanzar este primer e importante objetivo cuando aún -desde muchos organismos públicos- se desestimula tal insurgencia, sometiendo a controles previos y clientelares a las diferentes organizaciones y expresiones organizativas populares. Existe, por tanto, una antítesis respecto a este punto, la cual pudiera contrarrestarse y abolirse mediante un mayor nivel de conciencia policía e ideológica que se manifieste de forma contundente frente a aquellos que, con su conducta reformista o pequeño-burguesa, impiden el avance revolucionario de los sectores populares, ahogándolos en un mar de procedimientos burocráticos que resultan inadecuados respecto a la realidad revolucionaria del socialismo.

       Haría falta entonces reemprender, ampliar y afianzar la formación teórico-práctica del socialismo revolucionario, sobre todo entre las nuevas generaciones, sin que esto signifique la imposición de dogmas incuestionables; cuestión ésta que debe tener como primera consecuencia la conformación de una verdadera vanguardia revolucionaria que le dé nacimiento a una nueva institucionalidad, de indudable contenido y características socialistas (no maquillada de “socialismo”) que allane el camino a las comunas y a la sociedad de nuevo tipo que las mismas deben prefigurar.-