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TEMAS ANTIIMPERIALISTAS

LA AGRESIÓN SIONISTA AL LÍBANO DEMOSTRÓ SER OTRA ESTRATEGIA DEL IMPERIALISMO YANQUI

LA AGRESIÓN SIONISTA AL LÍBANO DEMOSTRÓ SER OTRA ESTRATEGIA DEL IMPERIALISMO YANQUI
             
          La arremetida, el hostigamiento y el ensañamiento con que Israel agredió al pueblo árabe del Líbano demostró al mundo que la misma responde a la estrategia orquestada por el imperialismo yanqui y sus aliados europeos para configurar una nueva realidad geopolítica en el Medio Oriente favorable a sus intereses económicos, especialmente en lo que atañe a las reservas de petróleo allí existentes. Aparte de la brutal y desigual acometida bélica israelí, sin  parangón alguno en la historia común de la humanidad, el interés de los neoconservadores de Estados Unidos refleja su disposición por ignorar el Derecho internacional y desacatar cualquier resolución de la ONU que afecte sus decisiones unilaterales. Basta ver cómo Estados Unidos quiere ejercer el control imperial en toda la región del Medio Oriente, partiendo de la invasión aún no concluida con éxito de Afganistán y de Irak, como asimismo sus amenazas nada disimuladas a la República Islámica de Irán y a Siria. Las razones alegadas para desatar  esta acción genocida sin precedentes ocultan los verdaderos objetivos que se tienen para hacer del Medio Oriente y una parte del Asia Central un polvorín que consolide la posición hegemonista e indiscutible del imperialismo binario de Estados Unidos e Inglaterra; siendo su ariete el sionismo israelí.
De igual modo, la resistencia del Hezbollah hace que el imperialismo yanqui se imponga una revisión de su estrategia de guerra preventiva, ya que no bastó el desproporcionado arsenal militar suministrado a Israel para dominarlo. En esto, la visión sesgada y prejuiciada de la camarilla neoconservadora que gobierna a Estados Unidos se mostró equivocada, representando un duro revés a su política exterior fundamentalista, la cual ha impuesto la caracterización de algunos gobiernos y naciones como pertenecientes a un “eje del mal”, acusándolos de fomentar el terrorismo internacional, a quienes se impone reducir y a exterminar a sangre y fuego en nombre de la humanidad, cumpliendo un propósito divino.
Se creyó repetir la Guerra de los Seis Días cuando Israel atacó a Egipto y a Siria, arrebatándoles los territorios del Sinaí y las alturas del Golam, respectivamente, contando con el visto bueno –como ahora- de los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña. Esta tríada (Estados Unidos-Gran Bretaña-Israel) comparte propósitos comunes de dominación y, para lograrlo, requieren disminuir y eliminar la idiosincrasia árabe e imponer el laicismo, más acorde con el modelo de pensamiento único que se pretende implantar en el mundo gracias la globalización económica neoliberal.
Es importante que se comprenda que, como lo escribiera Alejandro Teitelbaum,  “después de la invasión a Panamá y las guerras del Golfo, contra Yugoslavia, contra Afganistán y contra Irak, la sexta guerra neocolonial en poco más de dieciséis años, desatadas con distintos pretextos humanitarios o de seguridad, pero con evidentes objetivos geopolíticos expansionistas y con el fin de reanimar la economía estadounidense a través de la industria de armamentos funcionando a pleno régimen”. La guerra desatada por el sionismo entra en los planes de supremacía mundial que el imperialismo yanqui se ha impuesto a sí mismo, partiendo de la ambiciosa idea de hacer del siglo XXI el “siglo (norte) americano”, es decir, un siglo en el que todo gire alrededor de Washington, sin oposición alguna. Esto debe alcanzarlo en estos primeros veinte años de siglo, ya que requieren asegurar sus reservas energéticas, de lo contrario, eclosionaría su economía; de ahí que no pueda augurarse ninguna paz duradera, tanto en el Medio Oriente como en otra región del globo terráqueo, incluyendo la América nuestra. Por ello mismo, no puede obviarse el espíritu guerrerista que anima al régimen estadounidense, dispuesto a la siniestra utilización de armas nucleares, sin importarle para nada la reacción antiimperialista que podría suscitar en todos los pueblos del planeta y que representaría su hundimiento final como potencia hegemónica.- 

EL SILENCIO SOBRE GUANTÁNAMO

EL SILENCIO SOBRE GUANTÁNAMO En artículo reciente, el afamado autor de Las Venas Abiertas de América Latina, Eduardo Galeano, escribió sobre lo que ocurre, a los ojos del mundo civilizado, en el territorio usurpado por Estados Unidos en Guantánamo.  Según sus palabras, “no debe continuar la tolerancia del mundo, ni el secreto ni el silencio. Al iniciarse el Tribunal de Nuremberg el fiscal norteamericano, el juez Robert Jackson, declaró que para evitar esos crímenes había que hacer responsables de ellos a los gobernantes. Digo que lo mismo debe hacerse con Bush, Condoleezza Rice, Donald Rumsfeld, Paul Bremen, y otros. Pienso también que deben ser juzgados en Nuremberg”. Han pasado los años y se han denunciado los abusos y torturas allí cometidos contra prisioneros de Afganistán y de otras nacionalidades, a los cuales se les niega arbitrariamente el estatuto de prisioneros de guerra e, incluso, de seres humanos. Todo porque así lo determinó la camarilla fascista y totalitaria que rige actualmente a Estados Unidos, quien se niega a acatar cualquier disposición legal en el ámbito internacional que sea contraria a sus objetivos y convicciones intolerantes.Tal situación, no obstante, ha sido sistemáticamente ignorada por una infinidad de gobiernos y organizaciones políticas, sociales, académicas, religiosas y de defensa de los Derechos Humanos que se han visto parcializadas, con su silencio, con la política supuestamente antiterrorista estadounidense y se niegan a enfrentarla, asumiendo una posición de sumisión colonial e, incluso, de complacencia por el hecho de que Estados Unidos trate de implantar un sistema unipolar de dominación mundial, ejerciendo el rol de gendarme imperialista en todos los continentes. En este sentido, se entiende la posición de los gobiernos de Europa, con Inglaterra a la cabeza, que respaldan activamente la política de guerra preventiva aplicada por la administración Bush, tanto en Irak como en Afganistán, además de las que procura emprender en Irán, Siria, Corea del Norte, Cuba y Venezuela, alegando proteger la democracia y combatir el terrorismo internacional. Todos unidos en un mismo afán: adueñarse de los mercados y de los recursos naturales de todos los países del planeta, reeditando el colonialismo, sin pretender entender siquiera, volviendo a lo escrito por Galeano, que “la guerra es la mayor amenaza de este planeta del sistema solar. Y la especie humana es una especie en peligro de extinción”.Por eso, situaciones como las suscitadas en Guantánamo, Abu Grhaib y las cárceles clandestinas montadas por la CIA en algunas naciones europeas para eludir la jurisdicción de las mismas leyes de Estados Unidos y las reconocidas a nivel internacional, debe motivar a una acción de conciencia de todos los pueblos de La Tierra en contra de la práctica guerrerista y, hasta, racista del gobierno de George Walker Bush. Pero implica desafiar el poder aparentemente omnímodo yanqui, sobre todo, en los diversos organismos multilaterales, como la ONU, controlados o influidos por Estados Unidos y sus socios comerciales. Esto significa, entonces, asumir una posición y una conciencia abiertamente antiimperialista, capaz de desarmar la campaña mediática orquestada por el gobierno de Bush para convencer al mundo de sus “buenas intenciones”, utilizando la mentira sistemática, como ocurriera con las armas de destrucción masiva atribuidas al régimen de Saddam Hussein, además de descalificar unilateralmente a los gobiernos que evalúe como sus enemigos, sean éstos potenciales o declarados, como en el caso Venezuela. De ahí que el silencio que envuelve a Guantánamo debe ser roto con estridencia e indignación por todos aquellos que se consideren a sí mismos como demócratas y personas civilizadas. La humanidad es una sola y ésta debe ser la principal bandera que se debe enarbolar, en todo tiempo y espacio, en la lucha contra la barbarie gringa que busca protagonizar apocalípticamente el nuevo Fuhrer, George W. Bush.-  

DÓLARES Y MISILES EN LA ESTRATEGIA IMPERIALISTA DE ESTADOS UNIDOS

DÓLARES Y MISILES EN LA ESTRATEGIA IMPERIALISTA DE ESTADOS UNIDOS             En la película de Stanley Kubrick, “Chaqueta metálica” (exhibida en Venezuela bajo el título de “Nacido para matar”), un soldado norteamericano confiesa que fue a la guerra de Vietnam porque “quería conocer gente de una vieja cultura y matarla”. Algo similar debe pasearse en las mentes simplistas de algunos de los soldados de George Walker Bush cuando atacan y matan a ciudadanos inermes en Irak y en Afganistán, y pretender que lo hacen en resguardo del mundo libre, occidental y cristiano amenazado por extremistas bárbaros que, simplemente, deben desaparecer de la faz de la Tierra. Una cuestión concienzudamente exacerbada por el fundamentalismo mesiánico de Bush y su séquito de halcones guerreristas en la Casa Blanca (secundados por sus socios ingleses y europeos) para quienes la guerra preventiva dejó de ser un ejercicio teórico del Pentágono para convertirse en una realidad que amenaza la paz mundial.
            A pesar de la autocensura impuesta por las corporaciones industriales de noticias estadounidenses, el presidente Bush no pudo impedir que algunas imágenes de la guerra contra el “terrorismo” en Irak fueran difundidas en algunas cadenas televisivas de los propios Estados Unidos y en Internet, despertando indignación y horror en distintas ciudades del mundo, al observarse el comportamiento habitual de las fuerzas militares anglosajonas en aquellas tierras milenarias; para algunos, la base de la civilización que conocemos. El asunto de las armas de destrucción masiva producidas por el gobierno iraquí y su conexión con Osama Bin Laden son motivo de sospecha para la opinión pública estadounidense, al revelarse documentos que prueban todo lo contrario de lo afirmado por la administración Bush. Los ciudadanos estadounidenses dudan, incluso, que su gobierno desconociera los planes terroristas que se concretaron en los ataques del 11 de septiembre de 2001 y, tras la fachada de la lucha contra el terrorismo, descubren que existen poderosos intereses de grandes corporaciones transnacionales que buscan controlar el mercado de los hidrocarburos en el Asia Central, conectados a Bush y a su entorno.
            Esto confirma lo plasmado en el Documento de Santa Fe IV, según el cual “Estados Unidos no debe tener miedo de actuar como la superpotencia invencible que es en realidad. La mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño invisible. que la mayoría de la opinión pública norteamericana aceptara el llamado de venganza McDonald´s no puede expandirse sin McDouglas, el fabricante de los aviones F-15. El puño invisible que garantiza la seguridad mundial de las tecnologías del Silicon Valley se llama Ejército de los Estados Unidos”. Tales patrones de imperialismo y fascismo descarado se vieron oportunamente estimulados por los ataques del 11-S, lo que facilitó proferido por su presidente y viera enemigos a vencer en todos aquellos que no compartieran su visión parcializada del mundo; justamente aquellos que luchan por mantener sus raíces históricas ante el avance demoledor, excluyente y uniformador de la globalización capitalista. De ahí en adelante todo giraría (o debiera girar) en torno de los intereses vitales de seguridad nacional de que constituyen el imperio económico y geopolítico de Estados Unidos en todo el planeta. Así, Bush estableció que el “eje del mal” contra los “buenos” de Estados Unidos no sólo lo representaban Corea del Norte, Irán, Siria o Cuba, sino todo aquello que pudiera ser denominado radicalismo populista, según la acepción del General James T. Hill, ex jefe del Comando Estratégico del Sur, al referirse a los casos particulares de Haití y Venezuela.
            Lo peor de todo este panorama es que Bush y sus halcones están convencidos que no existe fuerza alguna, a nivel mundial, que les haga contrapeso o contenga sus apetitos territoriales. Por ello, buscan acomodar sus piezas de dominio hegemónico en América Latina y el Caribe, enfilando sus baterías hacia las reservas energéticas e hídricas que existen en abundancia en esta importante región del planeta, como es el caso de la Amazonia. De este modo, a la par de la diplomacia del dólar, representada en el caballo de Troya que es el ALCA, Estados Unidos ha ido potenciando firmemente su supremacía militar en esta región, gracias a la implementación de algunos planes militares que le dan potestad para intervenir, incluso, en los asuntos internos de estos países si considera que deben hacerlo y si sienten amenazados sus intereses comerciales.-

ESTADOS UNIDOS Y LA LLAMADA DE LA HISTORIA

ESTADOS UNIDOS Y LA LLAMADA DE LA HISTORIA

Según el Presidente George Walker Bush: “Aceptamos la llamada de la historia para liberar a los pueblos oprimidos y hacer avanzar este mundo hacia la paz”. Esto comprende, para Estados Unidos, una meta a largo alcance:”el fin de la tiranía en el mundo”. Para ello, el grupo neoconservador que controla la Casa Blanca no escatima esfuerzos en asentar en cualquier lugar de este planeta su condición de gran potencia, recurriendo a la acción militar sin respetar el Derecho Internacional, como lo demostró con las agresiones a Irak y Afganistán. Es una cruzada de tintes religiosos que ataca enemigos declarados y potenciales por igual bajo el tamiz de sus exclusivos intereses geopolíticos y económicos, amparada en una lucha sin cuartel contra el terrorismo internacional, pero utilizando métodos muy similares para el logro de sus objetivos.
            La guerra preventiva, probada exitosamente por los sionistas de Israel contra sus vecinos árabes, es el recurso de primera mano de la política exterior yanqui. Para justificarla, el gobierno de Bush miente de modo descarado y reiterado a la opinión pública de su país y del resto del mundo, contando con el control o monopolización de la información por medio de las grandes cadenas noticiosas que tienen su sede en Estados Unidos, de modo que exista una uniformidad de criterio que haga dudar sobre la sinceridad y las verdaderas intenciones de su “adversario” de turno. Así, las armas de destrucción masiva que albergaba supuestamente Irak, a pesar de comprobarse que era una falsa información, sirvió para sojuzgar a dicho país y para apropiarse de sus yacimientos petrolíferos, en contubernio con sus aliados ingleses; sin embargo, un segmento de la población estadounidense sigue creyendo que la guerra ayuda al pueblo iraquí. Lo mismo está ocurriendo con Irán, sólo que esta vez el imperialismo yanqui ha tropezado con una muralla difícil de sortear, ya que los iraníes estarían dispuestos a dar la batalla por su soberanía, lo cual supone un serio dilema que Estados Unidos no podría resolver del mismo modo como en el caso iraquí o afgano. Esta confrontación con Irán representa para Estados Unidos el desconocimiento de su rol de potencia unipolar. Desde la implosión de la Unión Soviética, Estados Unidos no había tenido un enemigo ideológico como Irán y ello abre muchas interrogantes sobre el futuro global.
            Esto obliga a los halcones de Washington a plantearse la agresión militar como única fórmula efectiva para contener a Irán y a otros integrantes del “eje del mal”, manteniendo inalterable el orden internacional bajo su égida indiscutible. Por ello, el gobierno de Bush busca incrementar la eficiencia operativa de sus fuerzas armadas, revistiéndolas, además, de inmunidad diplomática a fin de eludir la justicia de los países donde actúen, como ocurre en Colombia. Igualmente ha dispuesto de un conjunto de bases militares esparcidas por todo el mundo que apuntan a objetivos estratégicos vitales, ubicados en el Golfo Pérsico y en el Amazonas, permitiéndose un grado de movilidad inmediata que le permita situar a sus tropas allí donde sea amenazada la seguridad nacional de Estados Unidos, esto es, el mundo entero. Si a esto le añadimos la intención iraní de crear una bolsa petrolera basada en el euro y no en el dólar estadounidense, lo cual repercutiría negativamente sobre la fortaleza de esta moneda, y el enorme déficit comercial que sufre Estados Unidos desde hace décadas; podríamos prever un desenlace catastrófico global que empujaría a estos halcones a declarar la guerra.

            Lo peligroso de dicha realidad es que el inquilino de la Casa Blanca está convencido de la justicia de sus acciones imperialistas, enmarcadas en el “destino manifiesto” que Dios le reservara a su nuevo pueblo escogido, Estados Unidos, siendo esto la expresión más acabada del fanatismo religioso que se ha adosado a la política en ese país. Todo esto podría hundir a su propia nación, acabando con su hegemonismo imperialista, al igual que trastocaría el planeta entero. En consecuencia, la llamada de la historia de la cual se ufana Bush no anticipa la paz, sino –orwellianemente- lo contrario: una guerra total.-          

VENEZUELA ANTIIMPERIALISTA

VENEZUELA ANTIIMPERIALISTA

Quienes suponen exageradas y desfasadas las declaraciones de advertencia emitidas por el Presidente Hugo Chávez sobre los planes en marcha del gobierno de Estados Unidos para invadir a Venezuela, ignoran –quizás de modo inconsciente o condicionado- que la política exterior de Washington, desde la declaración unilateral e interesada del Presidente James Monroe, en 1823, siempre ha estado signada por su carácter intervencionista e imperialista, cuyas huellas se hicieron sentir en gran parte de nuestra América, desde mediados del siglo XIX hasta el presente, de manera atroz y abusiva. No debe sorprender, por tanto, que ante la agresividad verbal de la camarilla neoconservadora que controla el poder en EE.UU. y su predisposición en hacer de la guerra preventiva su principal instrumento de dominación a nivel mundial, el gobierno venezolano esté dando la voz de alerta y prepare a su pueblo para resistir los ataques imperialistas. Aún más cuando las líneas maestras de su política internacional están dirigidas a promover la integración latino-caribeña y un mundo multipolar que elimine cualquier tipo de subordinación neocolonialista en nuestros países.
Además, quienes critican las advertencias de Chávez olvidan adrede que el proceso revolucionario bolivariano, inspirado en el ideario del Libertador Simón Bolívar, está llamado a ser un proceso antiimperialista por antonomasia, dado que proclama el derecho que tienen todos los pueblos a su libre autodeterminación, a la paz, a la justicia y a un orden económico internacional que borre para siempre la explotación y las desigualdades económicas creadas por el sistema capitalista; cuestiones todas que, forzosamente, plantean un enfrentamiento con el imperialismo yanqui, ya éste defiende todo lo contrario. Ello tiende a agudizarse también, cada día más, si tomamos en cuenta cuáles son los intereses vitales de EE.UU., sobre todo, en materia de hidrocarburos, se podrá entender –simple vista- el por qué de las preocupaciones de Washington por la evolución política de Venezuela, cuyas reservas petroleras probadas sugieren ser las mayores del mundo.
Con el arma del petróleo en mano, el gobierno chavista prueba que sí es posible adoptar una política independiente respecto al imperialismo yanqui y de sus aliados del Grupo de los Ocho (G-8), lo que genera toda una serie de situaciones totalmente adversas al tutelaje que éstos le impusieran a los países tercermundistas a finales de la Segunda Guerra Mundial y, con mayor énfasis, desde la implosión de la Unión Soviética en la última década del siglo XX; primero, con el cebo del desarrollo capitalista que algún día alcanzarían y, ahora, con sus tropas desplegadas en cualquier punto del planeta donde crean vulnerados sus intereses imperialistas, pisoteando impune y abiertamente el Derecho Internacional y las recomendaciones de la ONU.
Creer que Venezuela no será un blanco del intervencionismo de EE.UU., con la complicidad de sus socios europeos y, hasta, latinoamericanos (recuérdese el Plan Patriota en Colombia) es harto ilusorio. Las perspectivas muestran otra cosa. De ahí que sea fundamental que el pueblo venezolano disponga de una concepción antiimperialista más profunda que una simple proclama, ya que requiere ahondar más en la visión continentalista de Bolívar y de otros luchadores antiimperialistas para superar la contradicción existente entre lo que se afirma y lo que se hace, por ejemplo, en la industria petrolera, permitiendo la instalación de transnacionales directamente vinculadas al gobierno neoconservador de Bush. Lo otro es el carácter anticapitalista que esta posición ha de tener porque no es posible desvincular al capitalismo del imperialismo, ambos íntimamente ligados, siendo ésta la parte más débil del diseño de la Venezuela antiimperialista que se quiere levantar.-

LA GUERRA PREVENTIVA Y LA NUEVA REALIDAD CONTINENTAL

LA GUERRA PREVENTIVA Y LA NUEVA REALIDAD CONTINENTAL             En previsión de una realidad geopolítica totalmente adversa a sus intereses hegemónicos en nuestra América, el imperialismo yanqui ha estado moviendo sus piezas para una intervención militar generalizada en el Continente, de modo que las ovejas descarriadas –comenzando por Venezuela- vuelvan a su redil.

          Para ello ha dispuesto una serie de bases militares, esparcidas en algunas regiones estratégicas de América Latina que, vistas en conjunto, representaría el mayor despliegue de fuerzas militares de Estados Unidos desde los tiempos de la Guerra Fría, sólo equiparable al realizado en Europa en torno de la extinta Unión Soviética. Sin embargo, no puede pensarse que todo esto responde al espíritu guerrerista y neocolonialista que anima a la administración de George W. Bush, ya que ello supondría que la política exterior de Estados Unidos obedece a coyunturas y no a planes deliberados, cocinados fríamente en el Pentágono y el Departamento de Estado y proyectados a mediano y a largo plazo. En tal sentido, hay que recordar con William Izarra “que, desde 1997, existe el compendio ideológico de lo que sería, un par de años más tarde, la base filosófica de la política exterior de EE.UU. Ese compendio o manual de orientación política de la corriente más derechista de los republicanos ha sido denominado El Proyecto del Nuevo Siglo Americano, convirtiéndose en la línea del gobierno para el dominio del espectro mundial”.
         Por aquel entonces, el actual Vicepresidente estadounidense Richard Cheney anticipó que “la primera misión política y militar de EE.UU., luego de la Guerra Fría, consiste en asegurar que ningún poder rival emerja en Europa, Asia y la desintegrada URSS”, dando por descontado la pasividad y control de su patio trasero, la América nuestra. En la práctica, esta misión se tradujo en la llamada guerra preventiva, cuyos efectos se sienten aún en Afganistán y en Iraq, buscando abarcar a Siria e Irán, de modo que EE.UU. pase a controlar directamente los principales yacimientos de hidrocarburos del planeta. Para lograrlo, el gobierno de Bush no escatima recursos y esfuerzos que le den a su país la superioridad militar y el control estratégico, político y económico del mundo entero, en una visión estratégica conjunta que apunta a aniquilar cualquier tipo de resistencia a sus dictados imperialistas, por muy remota que ésta sea.
         En el caso de América Latina, EE.UU. ha diseminado por la mayoría de sus naciones planes y bases militares con la aviesa intención de contener situaciones amenazantes que terminarían por desplazar a las oligarquías y grupos políticos dominantes que, tradicionalmente, aceptaron de buena gana la tutela imperial yanqui para preservar sus privilegios y mantenerlos a salvo de las masas. Por ello, ante lo inevitable del proceso de transformación socio-política que tiene lugar en Venezuela y su irradiación sobre la mayoría de los pueblos latinoamericanos y caribeños, manifestándose –por ahora- en la conformación de gobiernos progresistas afines, Washington trata de que no se produzca el temido efecto dominó en estos países que marcaría el comienzo del fin de su papel secular de potencia imperialista. Esto empuja al gobierno de Bush a no descuidar el escenario sudamericano, a pesar de encontrarse empantanado en Iraq y Afganistán, sin hallar una salida honorable e inmediata que aleje el fantasma de Vietnam; en una combinación de presiones diplomáticas y económicas, sumadas a la amenaza recurrente de una intervención armada de gran envergadura. Por eso, situaciones como la suscitada en Bolivia con la elección de Evo Morales como Presidente, unidas al coro de voces antiimperialistas que se alza cada día en todas las latitudes, llevará a la Casa Blanca a un grado mayor de intervencionismo y desestabilización en la región, incluyendo el asesinato político, en una reedición de experiencias ya probadas en Chile, El Salvador, Haití, Panamá y Ecuador y, llegado el caso, aupando movimientos secesionistas que serían reconocidos y protegidos inmediatamente por Estados Unidos, precisamente en aquellas regiones que, como el Amazonas, el estado Zulia en Venezuela o la provincia de Santa Cruz en Bolivia, tienen un vital interés para las transnacionales estadounidenses; lo que encajaría en su doctrina de guerra preventiva y global.-
        

EL IMPERIO NO SE RINDE POR LAS BUENAS

EL IMPERIO NO SE RINDE POR LAS BUENAS

La línea política asumida por la Casa Blanca hacia Venezuela y el gobierno de Hugo Chávez Frías busca aumentar el clima de tensiones existente entre ambos gobiernos. Cada día la administración Bush arma sus dardos de falsas acusaciones en contra de Chávez y el proceso bolivariano, asociándolos al terrorismo, al narcotráfico internacional y al intervencionismo en países de la región, como Bolivia y Ecuador. Todo con la aviesa intención de que sea aislada Venezuela y se creen las condiciones para que se produzca una sanción diplomática de parte de la OEA y, eventualmente, una invasión militar para “restituir la democracia y la libertad”, tal como se hiciera con Afganistán e Iraq.
A esto se aúna el hecho de que el imperialismo estadounidense incrementa su presencia militar en el hemisferio en prevención de situaciones contrarias a sus intereses vitales, suscitados la mayoría de ellos a raíz de la firma y aprobación de Tratados de Libre Comercio bilaterales con algunos gobiernos latinoamericanos, cuestión que le atribuye el gobierno de Washington al binomio Chávez-Fidel Castro. Para reforzar este señalamiento se menciona el apoyo brindado a dirigentes como Evo Morales y otros que estarían subvirtiendo el orden establecido, desarrollando una política de masas antinorteamericana. De ahí que al mismo tiempo que disemina planes militares a todo lo largo del Continente americano (Puebla-Panamá, Colombia y Dignidad, sobre el Amazonas) y asienta bases para sus tropas en Curazao, Ecuador y, últimamente, en Paraguay, a escasos doscientos kilómetros de Bolivia; el gobierno guerrerista de George Walker Bush se esfuerza en rescatar los objetivos primordiales que animaron el proyecto del ALCA, suscribiendo en su lugar acuerdos económicos bilaterales que minimicen el impacto de la propuesta del ALBA lanzada por el Presidente Chávez. Estos planos de confrontación Washington-Caracas son agudizados cada vez por funcionarios ultraderechistas y anticomunistas del régimen de Bush al referirse al gobierno de Venezuela, lo cual es amplificado por los diversos medios de información opositores, nacionales y extranjeros, dando cuenta del peligro que se cierne sobre las libertades democráticas del país, de modo que haya la impresión que en Venezuela existe un totalitarismo opresor.
Un elemento adicional en esta confrontación es el surgimiento de TELESUR y la iniciativa legislativa montada por el Congreso estadounidense para contrarrestar su influencia en el sur de nuestro Continente, acusando a esta televisora latinoamericana de fomentar el odio antiyanqui y de distorsionar las informaciones a emitir, sirviendo de vehículo al mismo tiempo para la ideologización de aquellos que la sintonicen. Para ello se apela a argumentos fútiles como el que se haya incluido en sus imágenes promocionales a Tirofijo, el comandante de las FARC, lo cual sería una apología del terrorismo. Sin embargo, se ignora adrede la campaña desinformativa implementada por los medios de información opositores al proceso bolivariano y el papel activo que éstos cumplieron en la detonación y justificación del golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y cómo éstos han intentado explotar las fricciones que se producen con el gobierno colombiano. En esto se ve un paralelismo con la campaña de propaganda negra que llevara a cabo la administración Reagan contra los sandinistas en Nicaragua y la administración Nixon contra Allende en Chile, lo que le da la impronta de la CIA y del Departamento de Estado yanqui innegable.
No contentos con esta estrategia, Estados Unidos recurre a la USAID (Agencia de los EE.UU. para el Desarrollo Internacional) para socavar la base de apoyo popular del Presidente Chávez a través del financiamiento y de la actuación de organizaciones no gubernamentales (ONG`s), a semejanza de lo que hiciera en Ecuador con buenos resultados. En esto su embajador en Caracas se ha mostrado activo, recorriendo algunas ciudades del país, tratando de hacerles ver a los venezolanos que EE.UU. son los buenos de la película y Chávez un buscapleitos que entorpece la democracia y el progreso venezolanos al pretender implantar una ideología trasnochada, contraria al devenir humano.
Todo esto forma parte de una sola estrategia, bifurcada en distintas tácticas que se irán aplicando según el momento que se viva. Toda ella apunta a derrocar, por cualquier medio disponible a su alcance, al gobierno chavista. El imperialismo yanqui comprende que sólo así podrá controlar y minimizar los profundos cambios que se están dando en nuestra América y presagian el final de su hegemonía neocolonial, ya que éstos –de una u otra manera- siguen el modelo revolucionario acá propiciado. No tiene nada de extraño, por consiguiente, que se mantenga caliente la controversia entre ambos gobiernos, puesto que cada uno representa tipos de sociedades que son antagónicos: la democracia representativa frente a la democracia participativa. No se puede esperar, a pesar de las declaraciones emitidas en contra, que dicha confrontación se acabe felizmente, sin mayores traumas. Esto sería lo ideal, pero ya conocemos al Imperio: nunca se rendirá por las buenas. Cuba y Vietnam son los mejores ejemplos de esta afirmación.-