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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2012.

LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA TAMBIÉN ES CULTURAL

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Frente al pensamiento unidimensional que han tratado de imponerle al mundo el imperialismo yanqui y sus socios de la OTAN desde que se autoproclamaran vencedores de la Guerra Fría con la implosión de la URSS, se hace inexcusable la defensa y la preservación de la diversidad cultural de nuestros pueblos, sin que ello pueda descalificarse, aduciendo que es algo anacrónico y contrario al espíritu cosmopolita que debiera prevalecer en la humanidad del siglo XXI, dado el auge creciente de las telecomunicaciones y de la informática que nos haría ser una aldea global, según el pronóstico del filósofo canadiense Marshall McLuhan. Gracias a ello, las clases dominantes han “descubierto” una nueva estratagema para conservar y asegurar así su poder frente a las mayorías populares, haciéndoles creer a éstas que la formula mágica para salir de los muchos apuros económicos que padecen en la actualidad se resolverán mediante la aplicación del recetario neoliberal, enganchando las economías nacionales al carro de la globalización controlado por las grandes corporaciones transnacionales. Por eso, el planteamiento fundamental del socialismo revolucionario de transformar las relaciones de poder y de dependencia que caracterizan a las naciones “tercermundistas” de Asia, de África y de nuestra América tiene que fundamentarse también en la cultura de cada una de ellas, asegurando su continuidad, enaltecimiento y difusión; en consonancia con lo afirmado por Antonio Gramsci respecto a que "no hay revolución sin revolución cultural". En ello residirá una de las mayores fortalezas con que pueda contar cualquier revolución socialista ante las pretensiones “universalistas” de quienes han asumido el rol de máximos jerarcas del planeta, pisoteando la soberanía, los derechos humanos y las culturas autóctonas de nuestros pueblos con la finalidad de imponernos una cultura consumista, según los intereses mercantiles de las grandes empresas capitalistas de Estados Unidos, Europa y Japón, en una combinación altamente letal de Estados y capital privado que amenaza, incluso, con acabar toda la vida existente en La Tierra.

De ahí que, teniendo en cuenta que la revolución brota como un salto violento en el seno de una acompasada y contínua marcha de la sociedad hacia niveles superiores de vida, libertades y convivencia, cabe aseverar que dicha marcha sólo será posible si oponemos los valores culturales de nuestros pueblos al afán arrollador y destructivo del imperialismo binario representado por Estados Unidos y sus socios de la OTAN, colocando dichos valores como barrera infranqueable que garantice nuestra completa independencia. Más aun cuando la construcción del socialismo revolucionario requiere de una nueva hegemonía (de índole popular, no populista) y de nuevos paradigmas que erradiquen para siempre los antivalores generados por el sistema imperante, en un proceso permanente de descolonización del pensamiento que nos permita situarnos con propiedad en el contexto internacional actual, sin subordinaciones de ningún tipo.

La revolución socialista tiene ante sí, por tanto, el reto histórico de no simplemente sacudir y destruir las estructuras económicas capitalistas sino también de descubrir, sacudir y destruir los antivalores que las legitiman mediante una acción cultural consecutiva y re-creadora de los valores que nos identifican como pueblos. Sin tal acción, cualquier proceso revolucionario socialista tendrá dificultades para desarrollarse y asentarse, cayendo, irremediablemente, en las aguas del más rancio reformismo socialdemócrata, frustrándose las aspiraciones populares al obviarse tan importante medio para afrontar eficazmente la voracidad del imperialismo yanqui y de quienes lo secundan en todas sus operaciones económico-militares.-

12/07/2012 11:04 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

CINCO OBJETIVOS HISTÓRICOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SOCIEDAD MEJOR

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Mediante los cinco objetivos históricos que forman parte de su propuesta de gobierno, el Presidente Hugo Chávez ha puesto de relieve asuntos de primer orden que debieran contribuir a una mayor definición de los diversos cambios políticos, económicos, sociales, culturales y militares que han tenido lugar en Venezuela, apuntando con ello a la realización, consolidación y profundización de una revolución socialista inédita y, por tanto, de nuevo tipo que sirva, a su vez, de guía para el resto de los pueblos que luchan por su liberación y su desarrollo integral. Por eso, el objetivo referido a la independencia no sólo abarca el derecho que asiste a  toda nación de existir de manera soberana en el contexto internacional, sino también a lo que la misma implica -de modo general- en el contexto actual cuando el imperialismo yanqui y sus socios de la OTAN pisotean la soberanía de nuestros pueblos para imponerles el control de sus recursos estratégicos, como ocurre con los países del Medio Oriente. Tal cosa no puede interpretarse como patriotería trasnochada, dando por entendido que nuestros países deban plegarse a los dictados imperiales de Washington para acceder a las “bondades” del mercado capitalista globalizado y así “modernizarlos”, tal como se desprende de la oferta demagógica de “progreso” de los sectores contrarrevolucionarios.

Pero ello no sería aún suficiente sino se consigue impulsar, consolidar y profundizar la construcción del socialismo revolucionario, modificando sustancialmente los patrones de conducta y las relaciones de poder actualmente existentes, de manera que correspondan a los esquemas de la democracia participativa. De este modo será posible también construir un nuevo esquema económico productivo, diametralmente diferente al capitalista, y un Estado acorde con las exigencias de mayor participación y de control democrático del poder popular. A la larga, una vez desarrollados estos objetivos históricos, Venezuela se transformaría en un país-potencia económica, política y socialmente que contribuya a la conformación de una zona de paz en nuestra América, en vez de la proliferación de planes y de bases militares bajo la tutela directa del Comando Sur estadounidense. De ahí que resulte fundamental entender que esto responde a la necesidad del establecimiento de una nueva geopolítica internacional -con un mundo multicéntrico y pluripolar-, que rompa así con la hegemonía mundial impuesta por las transnacionales capitalistas por medio de sus gobiernos y ejércitos imperialistas.

Con el quinto objetivo, se plantea la urgencia que tiene la humanidad de salvaguardar la vida en nuestro planeta, cuestión que nos obliga a proyectar un modelo productivo eco-socialista en el cual predomine la relación armónica de las personas y el medio ambiente por encima del interés comercial habitual. Así, conquistados tales objetivos históricos podrían alcanzarse los niveles de soberanía, de democracia, de cambio económico y de justicia social que aspira el pueblo bolivariano de Venezuela.-

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19/07/2012 12:32 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

NO SE TRATA SIMPLEMENTE DE APOYAR A CHÁVEZ

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         En plena campaña electoral por la presidencia del país, las venezolanas y los venezolanos que respaldan a Hugo Chávez no deben olvidar que la trascendencia de su reelección radica más en la disposición de avanzar resueltamente en la construcción de un socialismo revolucionario verdadero  en Venezuela que en la obtención segura de una cantidad desbordante de votos a su favor el 7 de octubre. Esta es una circunstancia histórica que no sólo se reflejará a lo interno de Venezuela sino que tendrá también sus repercusiones en el ámbito internacional, sobre todo en lo que atañe a las luchas populares de nuestra América. Por ello, quienes se manifiestan de acuerdo con el socialismo revolucionario en esta nación tienen ante sí un compromiso que va más allá de la defensa de unas siglas partidistas, de un interés personal o de una gestión de gobierno determinada.

            Así, habría que recalcar que, al hablarse del reconocimiento de la soberanía del pueblo, se debe comprender que ello significa ser partícipes de la idea de transferirle a ese mismo pueblo el poder que tradicionalmente ha sido usufructuado por las elites gobernantes, eliminando todo rasgo de representatividad para dar nacimiento a la democracia participativa y protagónica en toda su potencialidad y originalidad creadora. De ahí que no basten los discursos ni las buenas voluntades para lograrlo. Hace falta producir una revolución desde abajo que termine por influir en el cambio estructural del Estado en todas sus manifestaciones, de manera que el ejercicio pleno de la soberanía popular marque el camino a seguir en la construcción y  el desarrollo del socialismo revolucionario, sin dogmas preestablecidos que afecten su organización y movilización, por lo que todas las instancias gubernamentales han de compartir esta nueva concepción del poder, lo que implicará que la gestión del gobierno (y, por extensión, del Estado) sea esencialmente popular. Habría que procurar, por tanto, una democratización del poder, expresada ésta en la autogestión de las comunidades organizadas, evitándose entonces el autoritarismo, la verticalidad y la jerarquización que caracterizan hoy por hoy, a nivel mundial, las relaciones de poder en beneficio de unas minorías dominantes. Como podría inferirse, todo esto escapa al escenario meramente electoral y supone una tarea permanente, sustentada en la elaboración, difusión y debate de una teoría revolucionaria que la explique y la consolide, definiéndose el socialismo revolucionario propiamente dicho. 

Otra de las cosas que debiera revisarse a profundidad -a la par de la campaña electoral- es lo que tiene que ver con el orden económico imperante, si aún estamos hablando de la construcción de un socialismo revolucionario que, aunque parezca algo trasnochado para algunos dentro del chavismo gobernante, representa la alternativa histórica para desmantelar definitivamente el sistema capitalista, explotador y depredador de plusvalía y de recursos naturales. No se pueden promover relaciones económicas capitalistas que, en el fondo, resultan ser relaciones eminentemente egoístas, y querer construir -al mismo tiempo- formas de convivencia de carácter socialista, siendo las mismas incompatibles, en esencia y objetivos; repitiéndose así, en cierto modo, la historia y planteamientos de los socialistas utópicos de hace siglos atrás, quienes creyeron ingenuamente que de esta forma se humanizaría el capitalismo. Hace falta ser más decididos en esta materia y no prolongar más las contradicciones que resultan de ello, dejando brechas abiertas para que se perfile una nueva clase burguesa, pero ahora con ropajes “socialistas”, manteniéndose en consecuencia los mismos grados de diferenciación entre ricos y pobres que siempre ha combatido el socialismo revolucionario en el mundo. De ahí que no se trate simplemente de apoyar a Hugo Chávez en estas elecciones sino de contribuir a la profundización y ampliación de los cambios hasta ahora alcanzados bajo su liderazgo.-

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26/07/2012 06:36 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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