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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2012.

PRAXIS Y TEORÍA REVOLUCIONARIA, ¿PARA QUÉ?

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Desde el momento que Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, diera a conocer su célebre frase “No hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria y viceversa”, es mucho lo que se ha dicho y hecho al respecto. En algunas situaciones, la teoría revolucionaria ha prefigurado la práctica revolucionaria mientras que en otras ésta ha antecedido a la teoría, llegándose a cumplir lo que afirmara Salvador Allende respecto a que “la revolución no pasa por la universidad, y esto hay que entenderlo, la revolución pasa por las grandes masas, la revolución la hacen los pueblos, la revolución la hacen, esencialmente, los trabajadores”. No obstante, en ambos casos es innegable la importancia de cada uno de estos elementos, sin los cuales sería difícil definir cualquier proceso revolucionario en el mundo. A pesar de ello, existen los pragmáticos que niegan el valor de la teoría revolucionaria, esgrimiendo como argumento que ella no es necesaria si todo se cumple o se hace con eficiencia. En el lado opuesto, existen los teóricos que no dan su brazo a torcer, desconociendo muchas veces las condiciones específicas que presenta la lucha revolucionaria en determinada coyuntura histórica, lo cual ha traído como consecuencia que se pierdan oportunidades para garantizar y acelerar el avance revolucionario de los sectores populares. Todavía hoy se discute para qué sirven la praxis y la teoría revolucionarias, haciéndose inexcusable la formación de una conciencia revolucionaria que facilite no sólo su comprensión sino las condiciones favorables para que ambas se desarrollen a plenitud.

Por ello mismo, la praxis y la teoría revolucionarias deben marchar a la par, por lo que una no puede excluirse sin perjuicio de la otra. De ahí que sea necesario entre los revolucionarios impulsar la revisión, la rectificación y el reimpulso de ambas, a medida que los objetivos revolucionarios se vayan alcanzando, permitiendo que el pueblo asuma su participación y protagonismo en la orientación y profundización de la revolución socialista. Además de ello, es preciso que los revolucionarios comprendan que tales objetivos pueden obtenerse desde diversas trincheras de lucha, incluso a través de diferentes partidos políticos que, sin anular sus diferencias doctrinales, podrían complementarse, conservando cada quien su autonomía, pero todos concentrados en conquistar definitivamente el camino del socialismo revolucionario. Para ello es imprescindible también despojarse de cualquier actitud sectaria o personalista que entorpezca la construcción de una efectiva unidad revolucionaria, probada en la práctica y en el debate constante que debe existir entre las diversas fuerzas revolucionarias, buscando crear las condiciones subjetivas y objetivas que hagan posible tal unidad. No se trata, por lo tanto, de imponer criterios en base al poder detentado y al hecho de contar con un mayor número de militantes, silenciando cualquier opción contraria, a pesar de ser la más idónea y la mejor sustentada.

Demás está resaltar que la praxis y la teoría revolucionarias contribuyen a evitar el enquistamiento de cualquier proceso revolucionario socialista, preservándolo de lo que llamaríamos inercia histórica al agotarse la acción revolucionaria en la cotidianidad, sobre todo si se está ya ejerciendo el poder, sin trascenderla ni apuntar a metas de largo plazo que impliquen el ejercicio pleno de la soberanía popular y, por supuesto, el cuestionamiento radical del orden establecido. Sólo quienes resulten ser ideológicamente contrarrevolucionarios (pese a autoproclamarse revolucionarios) podrían negarse a admitir lo acertado de la frase antes citada de Lenin. En contrapartida, los verdaderos revolucionarios siempre estarán dispuestos a demostrar cada día, al lado del pueblo, la veracidad de la misma.-   

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01/11/2012 03:22 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

SIN CAMBIO ESTRUCTURAL, LA REVOLUCIÓN NAUFRAGA

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Entretanto la acción revolucionaria esté circunscrita a lo meramente electoral -siguiendo las reglas impuestas por los sectores dominantes- y no esté orientada al cuestionamiento, la supresión y el reemplazo de las diversas estructuras que legitiman y naturalizan el orden social establecido, los ideales de la revolución socialista naufragarán y se diluirán en medidas y leyes de corte reformista que, a largo plazo, no tendrán un efecto duradero que realmente contribuya en hacer posible la emancipación popular. La cabal comprensión de esta situación implicaría asumir un compromiso revolucionario a tiempo completo, por encima de dudas y temores, incluso, que trascienda el marco de referencia personal o existencial de cada revolucionario, en un proceso continuo de desalienación que le dé una fundamentación segura -tanto en lo práctico como en lo teórico- a la revolución que se pretende construir según el ideario socialista. Aun así, cabe admitir que habrá mucho trecho aún por recorrer, entendiendo que las revoluciones -a pesar de ser lideradas por personajes considerados providenciales- son sostenidas, básicamente, por los sectores populares. Bajo este entendimiento, será elemento primordial e imprescindible la formación teórica revolucionaria, a nivel individual y colectivo; cuestión ésta que pudiera incrementarse si la gestión gubernamental en nombre del socialismo revolucionario se hace efectivamente transparente, participativa, oportuna y satisfactoria, de modo que exista un contraste positivo respecto a lo que hace cualquier gobierno representativo, esté o no inspirado por un deseo sincero de cumplir con las aspiraciones del pueblo.

Es fundamental, por tanto, que los revolucionarios lleguen a comprender que, sin un cambio estructural del Estado imperante, la participación y el protagonismo populares sólo cumplirán un papel simbólico, dejando en manos de burócratas la toma de decisiones, la planificación, el control y la ejecución de los diversos programas que involucran al pueblo, conservándose intacta la representatividad. Esto amerita promover iniciativas organizativas en las cuales los trabajadores y sectores populares desarrollen formas de autogobierno y de transformación de las relaciones de producción capitalista, de manera que las mismas tengan una incidencia significativa sobre las tradicionales relaciones de poder establecidas y se alcance finalmente la transición hacia el socialismo revolucionario. En este caso, no es admisible la reproducción del viejo modelo de Estado burocrático y representativo existente sino la constitución de un nuevo modelo en el cual sea elemento cardinal en todo momento la democracia participativa y protagónica.

Este objetivo revolucionario no debería distraerse jamás en aras de intereses particulares y/o partidistas, ya que el mismo tiene que catapultarse a través de la diversidad de organizaciones de base popular que, atendiendo a la búsqueda de beneficios comunes, pero sin olvidar el conjunto de la sociedad, le darán sustentabilidad al socialismo. Por ello es necesario que los revolucionarios estén en capacidad de enfrentar los síntomas de la corrupción del poder, tanto del ya constituido como del que emerja bajo la sociedad de nuevo tipo que se erija, ejerciendo la crítica y la autocrítica como antídotos poderosos para evitar que esto ocurra, a pesar de la resistencia que opondrán -sin duda- quienes lo ejercen, utilizando todos los recursos a su disposición.-  

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07/11/2012 07:28 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EFICIENCIA POLÍTICA Y CALIDAD REVOLUCIONARIA EN EL GOBIERNO. ¡CÚMPLASE!

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Los revolucionarios tenemos que olvidarnos del conformismo y actuar en consecuencia para lograr la eficiencia política y la calidad revolucionaria sin importar si ello perjudica o no los intereses grupales y/o particulares de quienes les ha tocado en suerte dirigir las instituciones públicas en nombre del proceso revolucionario bolivariano. De ahí que lo manifestado este 5 de noviembre por el presidente Hugo Chávez en Consejo de Ministros sea pertinente, puesto que la mayoría de los electores venezolanos tuvieron en cuenta al momento de la elección presidencial del 7 de octubre pasado la necesidad de que haya, realmente, eficiencia política y calidad revolucionaria en las instancias de gobierno o, de lo contrario, será la noche, es decir, el acabose del proceso revolucionario bolivariano, tal como ocurriera con el bipartidismo puntofijista. No otra cosa podría hacerse, dado el evidente respaldo mayoritario recibido por Chávez en todas las elecciones realizadas, incluso favoreciendo a candidatos a gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos y Asamblea Nacional que dejan mucho que desear por su escasa sintonía con el pueblo y su inconsistencia ideológica con el socialismo revolucionario; lo cual representa actualmente un imperativo que no puede pasar por debajo de la mesa, si en realidad se aspira construir y consolidar una revolución socialista en Venezuela.    

Esta demanda revolucionaria sitúa a quienes siguen a Chávez ante la disyuntiva de revelarse como verdaderos revolucionarios o, simplemente, destaparse como simples reformistas a los cuales no les interesa que nada cambie en cuanto al orden social, político y económico establecido, por lo que será altamente necesario que los sectores populares sepan distinguir acertadamente entre una posición y otra, a fin de no equivocar el camino, retrasándose -en consecuencia- la transición hacia el socialismo revolucionario y, con él, el pleno ejercicio de la soberanía popular. Esto nos exige a los revolucionarios la superación del individualismo y de la fragmentación tradicional del Estado burgués-liberal impuestos por los sectores dominantes, a tal grado que cualquier acción de gobierno se ve ajena a los ojos del pueblo, les afecte en uno u otro sentido. De ahí que tenga que cumplirse -ineludiblemente- con una serie de mecanismos participativos establecidos en la Constitución y en las leyes del poder popular para que el proceso de cambios revolucionarios avance y se profundice, ante lo cual no le cabe a los gobernantes regionales y locales (y el conjunto de servidores públicos) que se catalogan de revolucionarios otra cosa que contribuir efectivamente a la instauración de un nuevo modelo de Estado; en el caso venezolano, de un Estado comunal socialista, lo que implica la generación de un debate teórico respecto a sus fundamentos principales en atención a lo que significa el ejercicio de la democracia participativa y protagónica en contraposición a la democracia representativa.

Como sea, el reto del proceso revolucionario bolivariano va más allá de lo dicho por el Presidente Chávez, puesto que no es suficiente alcanzar la eficiencia política y la calidad revolucionaria si éstas no están orientadas hacia la consecución del cambio estructural del Estado vigente mediante la participación constante y consciente de las bases populares, además de la incorporación y actuación de verdaderos cuadros revolucionarios en las diferentes instituciones públicas con el objetivo de hacerlo realmente posible.-   

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09/11/2012 08:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN Y LA EXIGENCIA DE UNA CONCIENCIA REVOLUCIONARIA

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Habitualmente, las revoluciones han tenido como rasgos distintivos el descontento y la violencia de los sectores populares excluidos en contra de los sectores dominantes, lo cual ha hecho que -en muchos de estos casos- los representantes de estos últimos fueran pasados por las armas, como ocurriera durante la Revolución Francesa y la Revolución Bolchevique, marcando así una ruptura radical con el orden establecido; o, sencillamente, terminaran disfrutando de un exilio dorado en Estados Unidos o en algún país europeo. Esto, sin embargo, ha cambiado sobremanera en las dos últimas décadas, especialmente en nuestra América, produciéndose situaciones en las que la hegemonía de las elites ha sido cuestionada, combatida y revertida, haciendo uso de los mismos mecanismos que las legitimaron, como las elecciones y la conquista de los diferentes espacios del poder constituido. De esta forma, en naciones como Bolivia, Ecuador y Venezuela (por citar las más emblemáticas) los sectores populares adelantan cambios de características indudablemente revolucionarias que, más tarde o más temprano, configurarán una revolución de signo socialista que se manifestará en una nueva estructura orgánica de poder, matizada por la toma de decisiones y la participación efectiva de las bases populares, lo que implicaría entonces el establecimiento de unas nuevas relaciones de poder.

Esto ha obligado a los movimientos revolucionarios a rediseñar sus visiones y estrategias, tratando de ajustarse al momento histórico, ya que las previsiones hechas respecto al sujeto histórico que conduciría la revolución socialista no se han concretado totalmente, haciéndose difícil aceptar que algunos aportes teóricos del pasado tengan alguna pertinencia en la actualidad. No obstante, ha habido avances, buscando orientar las nuevas realidades suscitadas bajo lo que se ha terminado por designar el socialismo del siglo XX, estableciendo una diferenciación con lo hecho en la extinta URSS y otras naciones de regímenes similares. Ello ha permitido incorporar elementos que anteriormente no se tomaron en cuenta o fueron minimizados, entre ellos la emancipación femenina, la agro-ecología, la lucha por la tenencia de la tierra, la autonomía de los pueblos indígenas, la preservación de la identidad nacional y la seguridad agroalimenticia, entre otros, que le han imprimido a la propuesta socialista peculiaridades más cercanas a la idiosincrasia de nuestros pueblos.

Tal cosa exige, al mismo tiempo, una conciencia revolucionaria, transformando los patrones de conducta que nos han hecho asumir como cosa natural la existencia del capitalismo y, con él, de las estructuras sobre las cuales han basado su dominio las cúpulas, tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Asimismo, ello exige agotar todas las vías posibles que faciliten el protagonismo y la participación de los sectores populares en la toma de decisiones trascendentales. Para lograrlo, es imprescindible la formación teórica revolucionaria permanente de los sectores populares. Sin esto último, la transición hacia el socialismo revolucionario seguirá retrasándose, dándosele cabida -en consecuencia- al oportunismo y al reformismo, sin afectar las estructuras del orden vigente.-    

25/11/2012 07:47 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

GAZA Y LA SAGRADA IMPUNIDAD DEL SIONISMO

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A pesar del silencio cómplice de los gobiernos y de los grandes medios de información, que no sólo apoyan las agresiones constantes del sionismo contra el pueblo de Palestina, sino que tergiversan los hechos ocurridos en esa lejana región de nuestro planeta, la indignación de millones de personas se hizo manifiesta en muchos lugares ante el bombardeo desproporcionado recientemente desplegado por la Fuerza de Defensa de Israel contra Gaza, acribillando indiscriminadamente tanto a niños como a adultos, sin ningún tipo de reparación. La reacción de la Organización de las Naciones Unidas ha sido, como otras veces, poco menos que estéril y tardía, dada la indiferencia con que es recibida por las autoridades israelíes, apoyadas, como siempre, por el imperialismo yanqui y sus socios europeos, sin que ninguna resolución resulte decisiva para acabar con el martirio de los palestinos, cuya data traspasa más de cincuenta años entre desalojos forzados, detenciones arbitrarias, torturas, asesinatos selectivos de dirigentes, masacres planificadas y bloqueos sistemáticos; todo lo cual ha configurado -sin lugar a dudas- un genocidio mayor al que proyectaron y ejecutaron los nazis en Alemania y Europa.

Todo esto ha sido constantemente esgrimido por los gobernantes sionistas como resultado de una estrategia antisemita de parte de quienes critican y condenan sus agresiones al pueblo palestino, lo cual ha logrado que muchísima gente crea que los agresores son los palestinos, fanatizados por su credo religioso, y no las víctimas, como sucede realmente. A esto ha contribuido el manejo de la información a escala mundial y las llamadas películas de acción que colocan a los árabes en el cuestionable papel de terroristas, capaces de activar una bomba nuclear en medio de cualquier ciudad europea o estadounidense. Esto -y más- le ha permitido al Estado de Israel hacer de las suyas sin que nadie se lo impida, convirtiéndolo en un Estado atípico y decididamente guerrerista. Como lo describiera el escritor Eduardo Galeano, “Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza?”

Por otra parte, no hay que olvidar la limpieza étnica sionista de 1948, buscando dejar sin población palestina los ancestrales territorios que venían ocupando antes de la creación artificial del Estado de Israel. Este procedimiento discriminatorio persiste -no obstante las Regulaciones de La Haya de 1907 y la Cuarta Convención de Ginebra de 1949 sobre el tratamiento del ejército ocupante de las poblaciones ocupadas-, impidiéndoles a los palestinos, incluso, el derecho a la salud y a la alimentación, como a una identidad cultural propia, obligándolos a ser parias en su propia tierra. Para perpetuar sus “hazañas” bélicas, los sionistas se escudan tras una supuesta amenaza de los palestinos contra su existencia como Estado soberano, tratando de hacernos olvidar a todos en el mundo el cuantioso arsenal que poseen, con tanques blindados, artillería pesada, helicópteros de combate y aviones F-16 y F-18, sin incluir las armas atómicas, frente a las escuálidas armas con que pretenden defenderse los palestinos, en una guerra asimétrica en la cual hay más víctimas palestinas que israelitas. La realidad es que la verdadera amenaza para el sionismo es la paz que se logre, en pie de igualdad, con el pueblo de Palestina. De ahí que no sorprenda el por qué se mantiene inalterable su propósito original: liquidar definitivamente a Palestina.-

 

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26/11/2012 10:17 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.


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