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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2013.

EL PODER POPULAR: CONSTITUYENTE, SUBVERSIVO, EMANCIPADOR E INDEPENDIENTE

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El poder popular debe ser, de modo inmutable, un poder constituyente, subversivo, emancipador e independiente de toda tutela gubernamental. Sin esta peculiaridad primordial, el poder popular resultaría en algo que, contrariamente, en vez de impulsar la transformación radical de la sociedad y de las históricas relaciones de poder instauradas por el sistema capitalista y la democracia representativa, contribuiría a un reforzamiento de estas, ahora con un discurso y una práctica aparentemente revolucionarias que son aceptados por los sectores populares. En tal sentido, el poder popular tendría que orientarse a la conquista legal y extralegal de aquellos espacios que -desde siempre- ha ocupado la clase dominante a través de las instituciones del Estado, alcanzando su legitimación mediante el moldeamiento metódico de la conciencia subordinada de quienes dirigen. De ahí que, al proyectarse la transformación y posterior abolición del sistema de cosas imperante, el poder popular tiene que asumir -indefectiblemente- la construcción de unas nuevas relaciones sociales, políticas y económicas que terminen por desplazar a las que hoy por hoy marcan el destino de nuestros pueblos, impidiéndoles alcanzar un desarrollo integral, en correspondencia con sus aspiraciones seculares y los ideales de la democracia participativa y protagónica.

Como bien lo expone en su ensayo “Poder popular, Estado y Revolución”, Guillermo M. Caviasca, “el poder popular es tal si se expresa a través de construcciones propias de las clases oprimidas que trasciendan la existencia de una organización revolucionaria (aunque esta haya ayudado a generarlo). Es decir, la organización popular no solo como retaguardia de la organización política sino como sujeto y estructura contrahegemónica más allá de la organización. Lo mismo puede decirse para el caso de un nuevo Estado: las organizaciones populares deberían tener una existencia propia y legitimante del nuevo orden de cosas, constituir las defensas profundas de la nueva sociedad más allá del Estado propiamente dicho”. Ello supone subordinar las viejas estructuras del Estado al poder popular, de forma que este último vaya prefigurando el nuevo Estado que ha de surgir como característica fundamental del socialismo revolucionario en construcción, sin que se le limite a un ámbito estrictamente institucional.

Por lo tanto, se hace requisito necesario el cuestionamiento subversivo de todo el orden establecido, con unos niveles de organización, de concienciación y de movilización de los sectores populares que permitan que tal cuestionamiento pueda encarnar propuestas y experiencias válidas y exitosas en la construcción de ese poder popular que dará forma y sustento al socialismo revolucionario. Ello representa, además, iniciar y afirmar un proceso permanente de auto-recreación que no puede, ni debe, condicionarse mediante leyes o razones de Estado que inutilizan sus potencialidades emancipatorias y el rol protagónico que le corresponde asumir en la construcción definitiva de la sociedad socialista.- 

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05/06/2013 14:01 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

¿TELEVISORAS POR “LA PAZ SOCIAL”?

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No se puede censurar a priori la solicitud hecha por el presidente Nicolás Maduro a los propietarios de las empresas televisivas venezolanas para que contribuyan a crear un clima de paz a través de su programación diaria, de manera que ésta incida positivamente en la disminución de hechos violentos que afectan a la ciudadanía en general. Con esta descalificación tendenciosa se pretende inculcar la idea de un control de los canales de televisión por parte del gobierno chavista, ignorando adrede la responsabilidad social que los mismos deben cumplir, de acuerdo a lo establecido en la ley que regula su actuación en Venezuela.

En este sentido, es difícil hacerse de la vista gorda y desconocer la influencia que tiene la televisión al inducir un patrón de vida entre quienes recurren a ella diariamente, lo que muchas veces se ajusta al moldeamiento de una conducta que termina por legitimar la lógica del capitalismo, imponiéndonos modelos ajenos a nuestra realidad. De esta forma, se nota a leguas que quienes opinan en contra de esta solicitud del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, sean o no expertos en esta materia, están sencillamente ocultando que algunas de estas televisoras privadas del país frecuentemente difunden programas que estimulan antivalores entre la población, así como su actuación determinante en el desencadenamiento de los hechos violentos que indujeron el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 en contra del Presidente Hugo Chávez cuando manipularon un video sobre quienes se hallaban situados en Puente Llaguno, defendiendo ese día el proceso revolucionario bolivariano.

Así que no puede ni debe confundirse libertad de expresión con este tipo de cosas que contradicen la objetividad y la imparcialidad que le corresponde asumir a todo medio de comunicación, incluyendo, por supuesto, a aquellos que están en manos del gobierno.

Lo que se requiere es que cada ciudadano venezolano, aun cuando milite en la oposición, esté ciertamente dispuesto a aportar su granito de arena en el logro de una sociedad cuyos valores se basen en el respeto mutuo, la paz, la seguridad personal, la igualdad y la justicia social, entre otros, mediante los cuales se formen y/o eduquen a las nuevas generaciones.

En consecuencia, todos los venezolanos estarían obligados moralmente a apoyar esta petición del Presidente Nicolás Maduro, puesto que la misma está sustentada en un sentimiento generalizado de la población venezolana, víctima de una programación televisiva que desdibuja tanto la realidad del país como del mundo y que refuerza cierto desprecio hacia nuestro rico patrimonio artístico-cultural en función de modas e intereses meramente económicos.

Esto jamás podría calificarse como una amenaza a la libertad de expresión, como se acostumbra decir cada vez que se le ha pedido a algún medio de comunicación que cumpla con su deber de informar de modo veraz o que no se parcialice demasiado con una postura política determinada, como muchos lo hacen sin ser sancionados por la ley.

En vez de ello, debiera promoverse un debate abierto sobre el papel cumplido y a cumplir por las diferentes empresas de comunicación, de manera que el pueblo tenga una opinión mejor sustentada al respecto, sin manipulación de ningún tipo.-      

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05/06/2013 14:12 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

ENTRE EL CONTROL DESDE ARRIBA Y EL RECLAMO CONSTANTE DE LAS BASES

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Entre el control desde arriba y el reclamo constante de las bases populares para que se les respete cabalmente su participación, su protagonismo y su soberanía, se debate -ahora sin su líder fundamental- la continuidad y la profundización del proceso revolucionario bolivariano socialista. Esta situación (siempre latente, aun en vida del Presidente Hugo Chávez) ha sido hábilmente aprovechada por la contrarrevolución que, segura del éxito de su estrategia desestabilizadora, no ha menguado en sus arremetidas mediáticas, habiendo obtenido su primer efecto en la significativa migración de votos nominalmente chavistas que incrementaron el tope electoral de la oposición el 14 de abril de 2013. Esto ha generado, como lógica consecuencia, algunos debates serios entre la militancia revolucionaria a nivel nacional, preocupada, sobre todo, por la aparente conciliación de clases adelantada por el Presidente Nicolás Maduro, aunque -hasta ahora- los mismos no han concretado una propuesta factible, a corto y mediano plazo, con la cual materializar sólidamente la revolución bolivariana socialista y que entusiasme y comprometa a los amplios sectores populares de la misma manera como lo hicieran, desde un primer momento, al favorecer al Presidente Chávez con sus votos, su amor y su lealtad.

Para algunos, éste sería el epílogo del proceso revolucionario bolivariano socialista, teniendo en cuenta el cúmulo de debilidades, corrupción administrativa e inconsistencias ideológicas que el mismo ha arrastrado consigo, lo cual fuera reiteradamente criticado en su momento por Chávez, pero que jamás motivaron una acción sostenida en el tiempo que pudiera minimizarlas y erradicarlas por completo. En la actualidad, éstas representan un lastre muy pesado respecto al papel que debe asumir Nicolás Maduro como heredero político del Presidente Chávez, cuestión que -de no asumirla y afrontarla con la firmeza y la seriedad revolucionaria que ella requiere- precipitaría eventualmente la caída del chavismo como factor de poder en Venezuela, dando al traste con catorce años de esperanzas, avances y conquistas políticas, sociales, culturales y económicas que resaltaran la dignidad del pueblo venezolano y optimizaran sus condiciones de vida, habiendo servido de ejemplo para los demás pueblos de nuestra América.

No obstante, aún existe la oportunidad de no dejar que ello ocurra. Lo que haría falta es que los diversos movimientos revolucionarios populares sean capaces de comprender la necesidad de promover, desde ya, un viraje crítico del proceso revolucionario bolivariano socialista, sin que el mismo dependa exclusiva y necesariamente de la voluntad del gobierno, por lo que tendrían que plantearse a sí mismos la autogestión en todos los ámbitos posibles hasta conformar lo que sería entonces un autogobierno; dando paso al establecimiento de un nuevo Estado, de carácter participativo, socialista y popular, que sustituya de forma radical el Estado burgués-liberal todavía vigente. De esta manera, los augurios pesimistas que ahora se ciernen sobre el proceso revolucionario bolivariano socialista serían disipados, recuperándose -en consecuencia- ese nivel de compromiso revolucionario, de activismo político y de entusiasmo popular que originara Hugo Chávez desde su primera aparición pública el 4 de febrero de 1992.-

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05/06/2013 14:14 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

SIN PODER POPULAR NO HABRÁ REVOLUCIÓN NI ESTADO COMUNAL SOCIALISTA

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En su fase actual, consideramos que el proceso revolucionario bolivariano socialista requiere hoy más que nunca de la amplia y decisiva participación de los sectores populares organizados, de manera que los mismos ejerzan un papel protagónico más activo en los asuntos públicos, transformando las estructuras burocratizadas del Estado burgués-liberal que aún rige en Venezuela. Se hace preciso, por consiguiente, que las diferentes entidades gubernamentales quieran transferirle realmente al pueblo gran parte de sus funciones administrativas y de la autoridad que ahora desempeñan, ya que, por razones lógicas, quienes padecen la incompetencia institucionalizada estarían más dispuestos a remediar los problemas y las necesidades que confrontan a diario sus comunidades que aquellos que usufructúan el poder. Esto representaría, sin duda, un avance significativo, un importantísimo salto adelante, en la construcción del socialismo bolivariano y en la conformación de un verdadero Estado Comunal socialista, contando siempre para ello con la participación y el protagonismo del poder popular.

En este sentido, el Presidente Nicolás Maduro tiene ante sí el reto fundamental de hacer realidad la vieja consigna socialista de “todo el poder para el pueblo” y no quedarse nada más que en realizar un buen gobierno porque en esta coyuntura, con una oposición envalentonada, es necesario que el pueblo chavista tenga espacios propios de autogobierno mediante los cuales se sienta identificado con el proceso revolucionario bolivariano socialista y pueda contrarrestar, además, la ofensiva derechista. De ahí que todo chavista que se considere a sí mismo revolucionario tendría que activarse en beneficio de esta iniciativa, puesto que de ella dependerá en gran medida la continuidad del legado político del Presidente Hugo Chávez, siendo insuficiente el control total de las instituciones del Estado si el pueblo se muestra descontento ante el comportamiento aburguesado y la mala gestión cumplida de sus gobernantes, independientemente de cuál sea su nivel jerárquico y su militancia partidista.

Para los revolucionarios, el momento histórico que nos toca vivir, sin Hugo Chávez en la presidencia de la república, nos plantea la construcción inmediata de la unidad revolucionaria, al margen de cualquiera otra consideración que no sea la de hacer realmente la revolución bolivariana socialista. Esto, así no se quiera, pasa por realizar previamente un debate serio y objetivo que nos sirva para aclarar muchos puntos de vista y, claro, para la elaboración conjunta de una propuesta revolucionaria y socialista que todos utilicemos de guía de acción, sin estancarnos en lo meramente retórico y electoral. Sería, por tanto, un plan de acción que se sostenga en el tiempo, de forma que el mismo pueda ser adoptado en todas sus partes por las organizaciones del poder popular, aún en contra de la voluntad de aquellos que tratarían de impedirlo desde las instancias de gobierno que controlan por temor a ver amenazados sus intereses egoístas de constituirse en Venezuela un Estado Comunal de verdad.-

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05/06/2013 14:17 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA PUNTA DE LANZA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO

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Desde un primer momento, el poder popular -como punta de lanza de la construcción del socialismo revolucionario- tendría que consagrar sus esfuerzos en hacer posible un gobierno y unas instituciones públicas alternativas, lograr unas nuevas relaciones de producción a través de la autogestión económica, impulsar un desarrollo endógeno sustentable y una educación popular emancipadora, con valores realmente socialistas, entre otros cambios harto necesarios, que permitan superar la hegemonía y los antivalores del capitalismo. En efecto, de lo que se trata es de trascender el viejo modelo de sociedad y las relaciones de poder engendradas bajo la lógica capitalista, ya que es totalmente ilusorio creer que sólo bastan la buena voluntad y unas cuantas reformas legislativas puntuales para acabar con los múltiples problemas, las necesidades, las injusticias e, incluso, las guerras que ha generado el capitalismo a nivel mundial. Sin embargo, cuando se ha intentado, esto último no ha resultado suficiente como tampoco lo es copar todas las estructuras del poder constituido, si ello no está acompañado por una transformación a fondo del orden social y económico que pueda -y deba- repercutir en un cambio de conciencia de la ciudadanía, con paradigmas que coadyuven a la edificación de una sociedad de otro tipo que resalten la solidaridad, el amor, la justicia social, la igualdad, el respeto a la madre naturaleza, el interés colectivo, la soberanía y el protagonismo democrático del pueblo.

No podría ser de otra forma. Como lo demuestra la historia, el fracaso de muchas experiencias revolucionarias del pasado se debió, a grandes rasgos, al hecho de haber obviado sus dirigentes la necesidad irrenunciable de establecer el poder popular como una prioridad elemental del nuevo Estado por construirse, otorgándosele -en consecuencia- la suficiente o la total autonomía para promocionar y consolidar sus propios espacios de participación y protagonismo, ejerciendo la democracia directa.

En tal sentido, como bien lo expone Miguel Mazzeo en su libro El sueño de una cosa (Introducción al Poder Popular), “para evitar que un proceso de autoinstitución popular sea confiscado y profanado por una elite política, como para permitir que un gobierno popular se deslice por la senda de la radicalización y no impida el despliegue de la sociedad nueva que late en la vieja, se deben borrar las diferencias entre las funciones políticas y las administrativas. Esto significa que el poder popular, en su semántica más fuerte, implica el ejercicio de funciones políticas”. Todo lo cual constituye, hoy por hoy, más que un programa de acción política revolucionaria una alternativa de extrema necesidad colectiva frente a las crisis y los embates del capitalismo en su actual fase neoliberal, la cual ha producido mayores índices de pobreza, de desempleo y de deterioro creciente del medio ambiente a escala planetaria.

Lo que se impone entonces es que el poder popular -frente al poder constituido- se plantee a sí mismo impulsar un proceso constituyente permanente, generando en su seno iniciativas y nuevas formas organizativas revolucionarias que desarrollen un espíritu anticapitalista, evitando de este modo reproducir la representatividad y el burocratismo que son inherentes del viejo Estado burgués-liberal que se busca erradicar. Al alcanzarse este propósito revolucionario, se podría iniciar la transición definitiva hacia el socialismo y se modificaría sustancialmente la realidad actual del mundo.-       

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05/06/2013 14:39 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EL DESDÉN IMPERIAL Y LA LUCHA COMÚN DE NUESTROS PUEBLOS

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Con infinito cinismo y desdén imperial, los gobiernos que han regido Estados Unidos, sobre todo los de las dos últimas décadas, regularmente dan a conocer una lista en la cual condenan a naciones y gobiernos que estarían (aparentemente) patrocinando y/o respaldando la violación sistemática de los derechos humanos, la impunidad del terrorismo internacional y el tráfico ilícito de drogas; en una especie de chantaje que siempre obvia los múltiples desmanes cometidos dentro y fuera por los propios Estados Unidos.

Como lo cita Yldefonso Finol en su libro La falacia imperialista de los derechos humanos: “Bajo el cobijo de la promoción de los valores de la civilización occidental, Estados Unidos, erigido en ejemplo y paradigma de la libertad, ha desarrollado una política exterior, cuyo emblema discursivo ha sido la democracia. Han variado muchas cosas, los estilos, los mecanismos, pero lo que se ha mantenido inmutable es la creencia estadounidense del ‘destino manifiesto’; es decir, el derecho que se atribuyen de dirigir el destino de todo un continente. El argumento de los derechos humanos cae a pelo a esta práctica y se trasmuta en falacia mayúscula ante los horrendos saldos cosechados”. Ahora mismo, esta falacia le sirve al imperialismo gringo para desplegar sus tropas en cualquier parte del planeta, contando con la complicidad de sus socios agrupados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Así, bajo la excusa de preservar la paz mundial, los gobiernos yanquis han creado matrices de opinión que se repiten cada cierto tiempo que legitiman lo que será mañana noticia de primera plana, esto es, la invasión militar a algún país considerado disidente o una potencial amenaza, tal como ocurriera con Afganistán (afirmando que era albergue de las presuntas células musulmanas terroristas que destruyeron las Torres Gemelas de Nueva York), Iraq (acusando a Saddam Hussein de poseer un cuantioso e inexistente arsenal de armas de destrucción masiva), Libia (atribuyéndole a Muammar al-Gaddafi haber emprendido masacres contra su pueblo desarmado) y, últimamente, Siria (esgrimiendo que allí hay una tiranía que el pueblo sirio aspira sacudirse a través de las armas).

Sin embargo, al escrutar objetivamente las consecuencias de tales intervenciones, salta a la vista que las mismas siempre benefician los intereses económicos y geoestratégicos de Washington; quedando, por su parte, los países víctimas devastados o en peores condiciones a las supuestamente padecidas antes que ello ocurriera. Esta realidad -ocultada, minimizada y tergiversada sistemáticamente por las grandes empresas de la información- ha situado a los pueblos del mundo ante el dilema de sucumbir ante la nueva barbarie representada por Estados Unidos y sus socios europeos, o, por el contrario, luchar denodadamente por preservar su identidad cultural, sus recursos naturales y su soberanía, para lo cual será ineludible que se planteen a sí mismos la necesidad de la integración en bloques regionales, al modo de la UNASUR, la ALBA-TCP y la CELAC, promovidas desde Venezuela por el Presidente Hugo Chávez. De esta forma, la resistencia a las intenciones neocolonialistas e imperialistas estadounidenses y europeas se estrellarían, una a una, ante un muro de contención eficaz, cuyo soporte principal será la organización y la conciencia humanista, pluralista y democrática de nuestros pueblos, unidos siempre en un mismo objetivo y en una misma acción colectiva.

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17/06/2013 12:05 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

DEL GRAN POLO PATRIÓTICO AL PODER PATRIÓTICO CONSTITUYENTE

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El Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) debiera convertirse con el tiempo -si es que los diversos factores políticos que lo conforman no frustran y desvían su propósito original- en un poder patriótico constituyente, al modo como el Presidente Hugo Chávez lo instaló en Caracas el 4 de enero de 1999, con la responsabilidad de motorizar, coordinar, promover e impulsar el proceso constituyente que abarcase todos los sectores sociales del país. Mediante su decidida activación, los cinco objetivos históricos que integran el Plan de la Patria heredado de Chávez -sumados a las iniciativas asumidas por el gobierno de Nicolás Maduro para saldar la deuda social existente aún en Venezuela- tendrán una mayor fortaleza y mejores posibilidades de cumplirse al trascenderse su marco meramente institucional y trocarse en herramientas de alto contenido político e ideológico para el avance revolucionario socialista en este país bolivariano.

 De esta forma, el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) dejaría de ser un botín harto apetecido por las organizaciones político-partidistas del chavismo para obtener ciertas prebendas y nominaciones candidaturales para las elecciones venideras. En vez de ello, es fundamental que todos los frentes y movimientos sociales revolucionarios adscritos al GPP-SB comprendan que su participación, protagonismo y autonomía resultan imprescindibles en el diseño, debate, ejecución, control y seguimiento de las diferentes políticas públicas que se lleven a cabo en los niveles de gobierno locales, regionales y nacionales con la finalidad de darle continuidad y solidez al proceso revolucionario socialista bolivariano. En consecuencia, cada uno de estos frentes y movimientos sociales revolucionarios tendrían una misión cardinal que cumplir, sin limitarse a un simple respaldo al Presidente Maduro, siendo actores pasivos, puesto que su visión particular respecto a la realidad venezolana actual contribuiría en mucho a definir de modo más amplio y democrático lo que deba hacerse para conseguir definitivamente la transición al socialismo revolucionario.

 Esto es más que necesario, en vista de mantenerse todavía vigentes las viejas estructuras del Estado burgués-liberal, con todas sus trabas burocrático-representativas que obstruyen, limitan e invisiblizan el protagonismo, la participación, la independencia y la organización revolucionaria de los sectores populares. Esta situación tiene que ser revertida, ya que -de mantenerse intacta- sería inevitable que los grupos de la reacción sigan consiguiendo más niveles de aceptación entre la ciudadanía resentida por la negligencia gubernamental, viéndose frustrada e impotente ante lo que muchos vienen cuestionando (incluso Chávez) desde hace algún tiempo.

 Por todo lo anterior, quienes integran el GPP-SB no deben dejar pasar la oportunidad brindada por el Presidente Maduro de ser co-partícipes de su gobierno, ejerciendo una contraloría social suficientemente objetiva y audaz, además de elaborar propuestas viables que beneficien la conformación de un poder popular realmente revolucionario y socialista. Todo ello en consonancia con la necesidad impostergable de darle vida y espacios adecuados (en lo subjetivo y en lo objetivo) a un poder patriótico constituyente, a fin de satisfacer las expectativas populares y trascender el legado del Comandante Hugo Chávez Frías.-

 

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17/06/2013 12:12 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

La necesidad de la coherencia entre la praxis y el discurso revolucionario

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Dentro del chavismo se debe observar y obtener una coherencia real entre la praxis y el discurso revolucionarios, puesto que muchos de los actuales actores políticos usufructuarios del poder constituido tendrían que ser relevados necesariamente de sus funciones en vista que los mismos no han contribuido en nada en hacer realidad la revolución bolivariana socialista, tal como lo ha esperado la amplia mayoría del pueblo venezolano y lo predicó siempre su primer impulsor, el Comandante Hugo Chávez Frías.

Precisamente, ahora que hay en perspectiva unas elecciones de alcaldes y de concejales el 8 de diciembre de este año, se presta la ocasión para producir lo que resultaría ser una revolución en la revolución que le dé al proceso revolucionario bolivariano socialista una verdadera vanguardia revolucionaria en lugar de la caterva de demagogos, oportunistas y adeco-copeyanos convertidos de la noche a la mañana en todos unos revolucionarios, cuyos máximos ideales se resumen en la obtención de cargos públicos a través de los cuales enriquecerse sin mucho esfuerzo, como cualquier capitalista. De ahí que la selección de candidatos a alcaldes y concejales no pueda ni deba basarse nada más que en la amistad o la simpatía se le profese a algunos compañeros, ya sean del PSUV u otro partido político chavista, o porque -sencillamente- haya la obligación de devolver un favor concedido, cuando lo propio de un revolucionario es apelar a sus convicciones revolucionarias para calibrar si quienes aspiran a estos cargos de elección popular corresponden o no a la necesidad insoslayable de concretar el sueño de Chávez de darle poder al pueblo y construir realmente el socialismo revolucionario bolivariano.

En este último aspecto, hay que recordar que la migración de una importante cuota de votos chavistas y/o pro-chavistas al bando opositor fue consecuencia directa de la corrupción, la inconsistencia ideológica y la negligencia indiscutible de quienes están enchufados en muchas de las instituciones del Estado, disfrazados de revolucionarios, cuestión que pudiera revertirse favorablemente si hay una mejor disposición política de las bases del chavismo por lograrlo. De igual forma, la presente coyuntura (en la cual se proyecta una estrategia abiertamente hostil y desestabilizadora de parte del sector más derechista de la oposición con evidente apoyo extranjero) obliga a todos los revolucionarios a estar alertas ante las ofertas engañosas de aquellos que son chavistas por conveniencia, puesto que son tan enemigos del proceso revolucionario bolivariano socialista como quienes buscan su total destrucción. Esto implica, en consecuencia, que los revolucionarios deben encabezar una defensa consciente de este proceso de cambios revolucionarios más que desesperarse por favorecer a un determinado candidato a las elecciones municipales de diciembre próximo (a menos que el mismo asuma un compromiso verificable y franco de hacer posible la revolución bolivariana socialista y el activismo protagónico del poder popular en el desarrollo de su plan de gestión de gobierno), aunque muchos de los enchufados se esfuercen por impedirlo.-

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25/06/2013 15:57 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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