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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2014.

EL VAQUERO LOCO Y SU GUIÓN GUERRERISTA

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La paulatina y, al parecer, inexorable pérdida de su hegemonía a nivel mundial -disputada en algunos campos por Rusia y China a quienes considera sin ambages sus rivales-, ha hecho que Estados Unidos esté acelerando la puesta en escena de un plan laboriosamente elaborado desde hace unas cuantas décadas por el Pentágono y sus asesores en seguridad nacional y que contempla, sencillamente, el dominio absoluto estadounidense sobre todo aquello que le sea indispensable para sostener su estilo de vida mediante un control indiscutible de recursos y territorios estratégicos. En atención a ello, cada inquilino de la Casa Blanca -desde el ex actor Ronald Reagan hasta el falaz premio Nobel de la Paz Barack Obama- ha contribuido con este guión guerrerista, haciendo ver a su país como un vaquero loco por la irracionalidad y prepotencia con que actúa frente al resto del mundo e imponer sus criterios imperialistas.

Así, las invasiones a varias naciones de Oriente Medio tienen como primordial misión la de apoderarse de los yacimientos de hidrocarburos que éstas poseen más que el combate al terrorismo internacional y el respeto de los derechos humanos, como ya se ha puesto en evidencia tras cada incursión armada de Estados Unidos y de sus aliados de la OTAN, aumentando la inestabilidad y la violencia política propiciadas, precisamente, por estas potencias occidentales. Ahora, sin eufemismos con qué encubrir su estrategia expansionista y neocolonial, la elite gobernante yanqui protagoniza un juego de tensiones diplomáticas y militares con Rusia, lo que ha hecho concluir a muchos analistas que se está en los umbrales de una nueva y más catastrófica conflagración mundial, con unas consecuencias nefastas para toda la humanidad. En tal sentido, Estados Unidos ha recurrido, una vez más, a sus grandes centros industriales de manipulación informativa, distorsionando a su favor todo lo que está ocurriendo con Rusia a propósito de la situación interna de Ucrania. Es un forcejeo entre colosos del que espera Estados Unidos aspira salir airoso, apuntando también a China e Irán.

Como se podrá inferir, el guión guerrerista de este vaquero loco no se limita a lo que sería su confrontación con alguna de estas potencias que, incluso, se han atrevido a tener presencia activa en nuestra América, considerada su patio trasero, sino a todo aquello que represente la posibilidad de implantar un mundo pluripolar, sin centros de poder hegemónico que menosprecien y sometan a su antojo la soberanía de los demás países, ya que todo eso iría en contra de lo que se diseñó en Washington como el nuevo siglo estadounidense, por lo cual todos estaríamos involucrados.-           

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04/09/2014 18:58 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

BRICS: ¿EL TURNO DEL SUR?

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A grosso modo, las economías emergentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica constituyen nada menos que el 43% de la población mundial, con un PIB mundial tan elocuente de un 21%, cuyo valor tiende a incrementarse anualmente, aparte de activar el 20% de la inversión mundial. Este hecho ya de por sí le otorga una importancia capital a dichas economías, especialmente cuando se observa el declive de las economías europeas y estadounidense, a pesar que sus grandes empresas transnacionales ejercen, prácticamente, un control dictatorial sobre todo el sistema capitalista mundial, asistidas en todo momento por el poderío militar de sus respectivos gobiernos. Por ello, cualquier iniciativa del grupo BRICS tendría su repercusión inmediata en el sistema económico del planeta, afectando sobre todo la preeminencia estadounidense, la cual ha buscado apuntalarse a través de la guerra y de los Tratados de Libre Comercio establecidos con algunas naciones de nuestra América. 

De allí que la declaración conjunta de los BRICS en la cumbre realizada en Brasil, donde asumen el compromiso de respeto al derecho internacional (hoy vulnerado impunemente por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN ante la mirada impávida y cómplice de la ONU), el multilateralismo político (estimulado desde nuestra América por Hugo Chávez, Fidel Castro, Rafael Correa, Evo Morales y otros mandatarios de la región, impulsando la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos, el Mercado Común del Sur, la Unión de Naciones Suramericanas, y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), el desarrollo económico, la equidad social, el crecimiento sostenible y la preservación del medio ambiente, viene a ser un hito importante en la búsqueda de un equilibrio económico que beneficio especialmente a los países del sur. En este sentido, la posición de los BRICS respecto al Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (surgidos de los acuerdos de Bretton Woods), que son organismos que defienden únicamente los intereses económicos norteamericanos y de los países industrializados, proyecta un cambio de primer orden en cuanto a las relaciones económicas internacionales, dándoles un nuevo tinte que supera el estado de dependencia y de explotación a que fueran sometidos nuestros países durante siglos a manos de los grandes países industrializados. Tal como lo reconoce Fidel Castro: “En la Declaración de los BRICS, aprobada el 15 de julio de 2014 en Fortaleza, se aboga por una mayor participación de otros países, especialmente los que luchan por su desarrollo con miras a fomentar la cooperación y la solidaridad con los pueblos y de modo particular con los de América del Sur, se señala en un significativo párrafo que los BRICS reconocen en particular la importancia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en la promoción de la paz y la democracia en la región y en el logro del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza”.

Si todo esto llega a cumplirse a cabalidad y la preponderancia de los BRICS se consolida a través del tiempo, podríamos ser optimistas respecto al destino de nuestros países y concluir en que, finalmente, le llegó el turno al sur.-

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06/09/2014 13:37 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

SOCIALISMO CON CARÁCTER DE URGENCIA

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A la puesta en marcha de una especie de imperialismo corporativo liderado por Estados Unidos, el cual ha impuesto -prácticamente sin mayores oposiciones- un régimen de soberanía supranacional que, por supuesto, sólo busca favorecer sus intereses en particular, los pueblos del mundo le han opuesto una resistencia expresada en la implementación de iniciativas integracionistas, como las desarrolladas en nuestra América, como ALBA, UNASUR, CELAC, entre otras, que han servido para contrarrestar el inagotable y voraz afán neocolonial gringo de las recientes décadas. Esto ha obligado a Washington a echar mano, cuando no a la amenaza y la agresión directa, a procedimientos algo más sutiles para asegurar así su hegemonía, tales como los tratados de libre comercio con los cuales ha intentado restituir su propuesta anexionista del ALCA. A dichas iniciativas se agrega la propuesta de un nuevo socialismo, extraído éste de la peculiaridad histórica de nuestros pueblos y que -como lo refiere Atilio Borón en su obra “América Latina en la geopolítica del imperialismo”-  surge “como alternativa ante un sistema cuyos daños son irreparables dentro de sus propios parámetros y cuyas contradicciones son insolubles”.

Pese a los buenos augurios respecto a las condiciones que resultan favorables para la instauración de este socialismo del siglo XXI, lo cierto es que el mismo tiene ante sí un enorme desafío histórico, puesto que de él dependerá si la humanidad podrá evitar la catástrofe a que nos conduce de modo inexorable el sistema capitalista, lo que impondría -forzosamente- la necesidad de revisar bajo qué parámetros podría elevarse este nuevo socialismo como alternativa, parámetros que han de diferenciarse radicalmente de aquellos que caracterizan al capitalismo en general. En consecuencia, tal socialismo no tendría que ser una versión amable del capitalismo sino más bien ser su definitivo sepulturero. Sin embargo, todavía pueblos y gobiernos persisten -de una manera tenazmente absurda- en mantener con vida un modelo civilizatorio que, gracias a su actividad extractiva y consumista exagerada, terminará por condenar a la extinción entera la vida en nuestro planeta.

Tal como lo expone Atilio Borón en su libro, “el capitalismo actual conforma un mundo crecientemente violento, militarizado, excluyente, polarizado, inestable, cruel y predatorio: en suma, la barbarie en toda su expresión. No hace falta demasiada imaginación para comprobar en él los rasgos definitorios de un sistema que se encamina, demencial e irresponsablemente, hacia su propia destrucción. La gran pregunta, que sólo la historia resolverá, es si la única alternativa posible, el socialismo, reúne las condiciones objetivas y subjetivas requeridas para, como decía Marx, acabar con la prehistoria de la humanidad y comenzar a escribir la historia de la emancipación humana. Por supuesto, para esta crucial interrogante no hay respuesta posible desde la teoría. La respuesta la dará la praxis histórica de los pueblos en su lucha por la autodeterminación”.  Una cuestión que está sobre el tapete y exige del campo revolucionario, con sentido de urgencia y suficiente conciencia histórica, toda la disposición para hacerlo realidad, sin que ello suponga la adopción perniciosa de nuevos dogmas que terminarían por abortar su posibilidad cierta.-     

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06/09/2014 13:40 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN Y LA SOBRECARGA ECOLÓGICA DE LA TIERRA

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En un tipo de civilización como el nuestro, cuyos rasgos principales nos hacen víctimas del consumo exacerbado y de la irracional explotación de los bienes comunes de la naturaleza en función de las ilimitadas ganancias a obtener por las grandes corporaciones capitalistas, no resulta ilógico admitir que éste tendría que desaparecer históricamente, dejando tras de sí una estela de consecuencias y situaciones catastróficas sólo anticipadas por algunos estudiosos y cultores de la ciencia-ficción. Ahora ya son escasas las personas que defienden a ultranza este tipo de civilización (hecho a imagen y semejanza de los intereses capitalistas), con argumentos serios que rebatan la convicción extendida respecto a la necesidad urgente de otro mundo posible, libre de los paradigmas actuales. Así, mucha gente sabe y entiende que una gran parte de las causas del cambio climático tienen su origen en el modelo civilizatorio basado en el extractivismo desconsiderado de ingentes recursos naturales perecederos (principalmente, petróleo), la obsolescencia programada de muchos productos electrónicos y la satisfacción inducida -gracias a la manipulación mediática constante- de necesidades artificiales o superfluas que mantienen activo el ciclo de consumo. A este paso, sería necesario disponer del equivalente a dos o tres planetas Tierra para darle continuidad a este mismo modelo civilizatorio.

Tal como lo advierte el reconocido sociólogo argentino Atilio Borón, “las consecuencias de esta sobreexplotación de los bienes comunes son también ya claramente perceptibles: las cada vez más frecuentes guerras por los recursos (agua, petróleo, etcétera), masivas migraciones ocasionadas por la crisis ecológica, hambrunas, enfermedades y otras tragedias humanas, todas las cuales tienen un impacto desproporcionadamente grande sobre los pobres y sobre las naciones de la periferia del sistema capitalista”. Algo que ha influido, por ejemplo, en la deforestación indiscriminada de amplias extensiones de bosques y selvas tropicales en procura de la pasta de celulosa para fabricar papel, a lo cual se une el avance creciente de la actividad agrícola y ganadera, sin incluir la construcción de viviendas, lo que ha causado desequilibrios permanentes en el hábitat natural. Y todo ello para complacer y sostener los patrones de consumo, derivados o copiados de Estados Unidos, que tienden a arropar al mundo entero sin pensar en el destino final de la basura generada gracias a los mismos.

Por consiguiente, la sobrecarga ecológica de la Tierra sólo pudiera aliviarse si se produjera, primeramente, una toma de conciencia ecologista a escala planetaria, con inclusión de los gobiernos; luego, si se pusiera en marcha una verdadera revolución postcapitalista, profunda y extendida, que partiendo del ámbito individual abarcara todos los órdenes que le sirven de bases fundamentales al modelo civilizatorio contemporáneo. Además, es importante también la debida comprensión del peligro de extinción que nos asedia cada día de persistir la demencia depredadora del capitalismo, la cual debiera motivarnos a todos los seres humanos a vernos como una sola humanidad en vez de seguir separados por fronteras de cualquier índole; éste sería entonces el inicio y una plataforma esencial de esta revolución inexcusable.-    

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06/09/2014 13:43 Homar Garcés #RyS. ECOLOGÍA No hay comentarios. Comentar.

LA EXIGENCIA DE UNA REFLEXIÓN REVOLUCIONARIA MENOS SIMPLISTA

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El hecho que se pueda ampliar y consolidar eventualmente la participación democrática de las grandes mayorías (aquellas que invariablemente son excluidas sistemáticamente por los sectores dominantes de la sociedad) tendría que abarcar la posibilidad cierta que éstas accedan a un mayor nivel de igualdad social y de igualdad económica. Algo que, siendo utilizado como señuelo en muchos casos para atraer a las masas populares, le ha permitido -en primer lugar- a tales sectores revestirse de legitimidad, incluso con el tácito asentimiento de quienes, en algún momento, les han adversado desde un punto de vista clasista e ideológico; es decir, revolucionario. Para lograrlo, dichos sectores han contado siempre con recursos de adoctrinamiento (algunos subliminales y otros más abiertos) mediante los cuales buscan inculcar permanentemente en la gente una visión ahistórica, estática y desmemoriada. De este modo, se aseguran de sustraerle la conciencia histórica sobre lo que han sido a través del tiempo las luchas de resistencia y la conquista de sus derechos civiles y de sus más sentidas reivindicaciones. Algo que, indudablemente, exige de mayores análisis y proyecciones por parte de los sectores revolucionarios, contrariando así la idea -en algunos ingenua o indolente- en relación con la supuesta ausencia de propuestas realizables que tengan por norte la emancipación integral de la humanidad.

Más aún, ello exige descubrir y difundir todas las trampas ideológicas que encubren el mismo modelo de dominación, pero que ahora busca reajustarse bajo unos ropajes aparentemente más democráticos, incluso, revolucionarios y progresistas. A esto habría que agregar, por otra parte, la necesidad de una reflexión menos simplista respecto a lo que representa actualmente el imperialismo gringo en el mundo (ahora en su fase globalizada y más guerrerista), como asimismo la lucha de clases (minimizada y hasta ignorada adrede por aquellos que gobernarían en nombre de la revolución socialista, en lo que constituye un vacío ideológico que terminaría por favorecer, indudablemente, los intereses de quienes debieran ser completamente desplazados por las luchas populares en curso); especialmente en el contexto caribeño y latinoamericano. Es importante que se comprenda el momento histórico que nos está tocando vivir, no sólo en cuanto a lo local o nacional sino en el ámbito internacional, puesto que nuestras luchas particulares deben englobarse en una sola contra los grandes centros de poder imperialista que tratan de cercenar nuestras soberanías y derechos.

Ahora, dicha reflexión tiene que contribuir efectivamente a un rearme ideológico de nuestros pueblos en lucha, de manera que éstos dispongan de las herramientas básicas que les permitan emprender, evaluar y conquistar el destino de emancipación integral que tanto anhelan y tanto merecen. Esto pasa, ineludiblemente, por plantearse la sustitución (gradual o inmediata) de toda la armazón estructural y supra-estructural del tipo de civilización en que nos desenvolvemos en vez de creer que el mismo sólo requeriría de algunas reformas puntuales y de la buena voluntad de los sectores dominantes para hacerlo menos depredador de la naturaleza, menos excluyente y menos injusto de lo que es y ha sido éste siempre.-      

 

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06/09/2014 13:45 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN: UNA GUERRA EN DIFERENTES FRENTES

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Tras ser regida durante un tiempo prolongado gracias a una concepción eminentemente elitista y autoritaria que le permitió a los sectores dominantes del país asegurarse -a sangre y fuego, incluso- el usufructúo del poder, Venezuela transita ahora la búsqueda y construcción colectiva de un nuevo tipo de sociedad y de Estado, esta vez de carácter socialista. Esto ha conseguido remecer los cimientos del orden establecido (ya agrietado desde 1989), dado el impulso que le imprimió en todo tiempo el Comandante Hugo Chávez a los sectores populares para alcanzar sus viejos sueños de liberación y de justicia social, cuestión que supone librar mayores luchas y cambios que terminen por profundizar y consolidar los cambios logrados hasta ahora. No obstante, la vieja cultura populista y demagoga aún se mantiene viva, mermando las potencialidades de la democracia participativa y protagónica establecida constitucionalmente al dársele cabida al clientelismo político, a la mediocridad intelectual y al burocratismo ineficiente, representados por muchos gobernantes y dirigentes políticos.

Por eso, el proceso revolucionario bolivariano socialista ha enfrentado, desde un primer momento, una guerra en diferentes frentes, tanto externos como internos, siendo éstos últimos los de mayor dificultad, en vista que sus protagonistas asumen ser revolucionarios y chavistas, muchos ubicados en posiciones de dirección política y de gobierno, que con su doble moral causan mayores estragos entre las bases militantes del chavismo que las mismas acciones desestabilizadoras de la contrarrevolución. En relación a ello, vale la pena citar lo escrito por Farruco Sesto en sus notas sobre el arte de gobernar en revolución escritas con la ayuda de un diablillo al oído “el uso del poder es una verdadera radiografía de la condición revolucionaria de quien lo ejerce. Porque el poder es del pueblo. Quien se lo devuelve cada día, está en la revolución. Quien cada día lo secuestra, esta con la revolución. Quien cada día ejerce el poder con sabiduría y humildad acierta. Quien lo ejerce con torpeza y soberbia (que suelen ir juntas) se equivoca de pleno. (…) hay algunos cuadros en funciones de gobierno que no merecen estar allí. Pues en el uso del poder han revelado su verdadera naturaleza reaccionaria”. Más claro no canta un gallo. Esto ha impactado de modo negativo en la percepción que se tiene respecto a la viabilidad del socialismo revolucionario en Venezuela, causando algunas deserciones y decepciones atentan contra el mismo al dejarle espacios vacíos a la derecha, lo cual es reflejo de la falta de un compromiso revolucionario acérrimo que impida alguna restauración del viejo régimen puntofijista o su versión remozada.

Por supuesto, en esta guerra que se libra en diferentes frentes -que es la revolución socialista bolivariana- se debe exigir un mayor nivel de formación de una conciencia revolucionaria que facilite atacar las desviaciones, inconsistencias y debilidades presentes en el proceso revolucionario socialista y, en consecuencia, aportar propuestas factibles que permitan superarlas y erradicarlas de modo definitivo. Sin embargo, esto no debe ser algo transitorio sino una iniciativa permanente de parte de todos los revolucionarios, cuya meta no sea otra que la construcción de un modelo de sociedad de nuevo tipo, inclusiva, democrática, participativa y, por supuesto, socialista.-

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06/09/2014 14:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL USO Y ABUSO DEL SOCIALISMO Y LA PROPAGANDA CAPITALISTA

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Sin necesidad de ser contrarrevolucionario, no sería difícil inferir que el uso y abuso del término socialismo, al igual que el de revolución, muchas veces funciona como cortina de humo para no hacer nada que trastoque (aún en lo más mínimo o básico) el sistema de democracia burguesa imperante, sirviendo de justificativo para esconder una simple ambición de poder y el deseo mezquino de conservarlo a toda costa. Esto, en momentos que los grandes centros del capitalismo mundial busca convertir al planeta entero en parte fundamental de su propiedad particular (en una combinación poco estudiada de alianzas, estrategias, tácticas y características que requeriría de un nuevo Karl Marx y un nuevo Friedrich Engels que la desentrañe con criterio científico), hace falta comprender que el tránsito al socialismo implica, incluso, su trascendencia histórica, lo cual no debe ni puede limitarse únicamente a la perspectiva electoral, haciéndole el juego, por consiguiente, a la democracia burguesa que se pretende superar y erradicar de raíz. Tal cosa ha hecho que mucha gente (incluso ilustrada) lo considere algo inútil de enfrentar, entendiéndolo como inevitable, casi que predestinado por fuerzas extrañas a la naturaleza humana. Así, en palabras de Oscar Enrique León en su libro Democracia burguesa, fascismo y revolución, “lo que el neoliberalismo hacía, y aún hace, era sustituir la idea de que el mundo mejor estaba por venir por la de que ya había llegado. Sólo que era uno un poco más estrecho de lo que todos habían supuesto, en éste no cabrían todos y no era tan mejor como lo habríamos deseado. Habría que luchar por él, claro, pero no en el terreno de la historia, sino en el de la economía y la democracia burguesa, y hacerlo como manda la naturaleza, comiéndose los unos a los otros. Con esta estética caníbal, no ya de corte darwinista, sino más bien de usurero shakesperiano, esperaba el neoliberalismo pasar por científico; trocar la noción política y moral de explotación y la injusticia en evidencia de sabiduría”.

Ciertamente, en ello ha influido bastante la maquinaria propagandística del capitalismo, la cual induce a un grueso sector de la población a aspirar, a esforzarse y a competir casi salvajemente a fin de poder gozar y merecer un modo de vida fácil, plena de abundancia y de comodidades materiales, haciéndole creer que ésa ha de ser su máxima y única meta por alcanzar, así esto signifique ser víctima de la más aberrante alienación, mercantilización y esclavitud bajo la lógica del capital. Sin embargo, hay esperanzas concretas que tienden a multiplicarse gracias, precisamente, a la avidez insaciable del capitalismo, especialmente financiero, de apoderarse de todo y colocarle un precio que a las grandes mayorías les resulta cada vez más difícil de cubrir, menos cuando se les exige despojarse de derechos sociales, políticos, económicos y culturales que tienen tras de sí una larga lucha acumulada por conquistarlos y que les garantizaba -al menos, en teoría- un nivel de existencia soportable.

Al respecto, habría que recordar también que la indignación de grandes contingentes de seres humanos en oposición a las pretensiones fascistoides de las grandes corporaciones capitalistas mundiales poco ha incidido en una toma de conciencia colectiva que deslegitime por completo, de un modo radical, las bases legales, culturales e ideológicas que sostienen todavía al capitalismo, cosa que dificulta una acción revolucionaria contundente y sostenida contra el mismo que permita pensar que algún día será posible su eliminación. Nuestra América, en este caso, ya está abriendo brechas en este sentido, lo que habla de una revuelta generalizada contra el hegemonismo capitalista que ya dura más de veinte años en nuestros países, rompiendo los moldes de lo que ha sido hasta ahora el camino de la revolución emancipatoria de la humanidad, mal que le pese a muchos de sus detractores, antiguos y recientes, quienes -quizás sin saberlo- se hallan imbuidos de una visión ahistórica, estática y, por ende, desmemoriada que posibilita combatirlos con mayor facilidad al no disponer de un proyecto histórico propio.

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06/09/2014 14:06 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

¿REFORMISTAS DE PRIMERA, REVOLUCIONARIOS DE SEGUNDA?

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Ciertamente, las múltiples trabas y ataques que sufriría cualquier experiencia revolucionaria tendrían que provenir, obviamente, de parte de los sectores dominantes y conservadores desplazados del poder. Lo duro y lo decepcionante es que esto lo protagonicen aquellos que, de una u otra manera, ocupan cargos de gobierno y de dirección política cuando lo lógico es que cada uno de ellos debería contribuir efectivamente con el avance revolucionario y la construcción socialista de una nueva sociedad. De persistir tal situación, la experiencia revolucionaria correría el riesgo de ser secuestrada por el reformismo que, en este caso, es lo mismo que la contrarrevolución, suscitándose entonces la paradoja de ver reformistas reconociéndose a sí mismos como personas de primera mientras que a los revolucionarios (sobre todo, a aquellos con una formación político-ideológica forjada a través del estudio y la lucha permanentes) se les ve y confina a un segundo plano, desestimando de antemano sus posibles aportes en la misión de transformar radicalmente el modelo de sociedad y Estado actualmente imperante, diseñado éste según los intereses capitalistas.

En nuestra América desde largo tiempo se ha reaccionado en contra del modelo civilizatorio impuesto por Europa y reforzado (para satisfacción de sus intereses) por el imperialismo gringo, lo que supuso el desarrollo de una gama de protestas e insurrecciones populares que sólo han cesado parcialmente en l actualidad gracias al surgimiento de gobiernos de inspiración izquierdista y/o centroizquierdista que buscan diferenciarse de sus antecesores conservadores y neoliberales. Esto ha llevado a plantearse seriamente la erradicación del viejo sistema político que excluyó por más de un siglo a los sectores populares y favoreció ampliamente a unas elites oligárquicas enlazadas descaradamente con los grandes centros de poder hegemónicos, especialmente de Estados Unidos, lo que convirtió a nuestras repúblicas en semicolonias de éstos, con una alta dependencia respecto a los mismos. Esta convicción comenzó a extenderse en las últimas décadas entre nuestros pueblos, a tal grado que hoy resultaría prácticamente imposible volver a las situaciones del pasado sin que esto llegue a provocar una sublevación popular incontenible. De ahí que, en correspondencia con ese estado de ánimo generalizado de nuestra América, tal como lo señala Marta Harnecker en su laureado libro Un mundo a Construir (nuevos caminos), “tenemos que crear un sistema político de representación, o delegación, pero éste debe ser muy diferente al sistema democrático burgués. Este último concibe a sus representantes como profesionales de la política y, por lo tanto, considera que deben recibir una remuneración por su desempeño y, una vez electos, su mandato es exclusivamente unipersonal, alejado de sus electores a los que sólo vuelven a contactar en un periodo electoral. El sistema de delegación o vocería que se propone como alternativa es la antítesis de estas concepciones y prácticas: las personas electas como representantes, delegados o delegados, voceros o voceras, deben mantenerse ligadas a sus bases, las que, a su vez, deben supervisar y guiar su trabajo y prevenir su burocratización. No un mandato libre por un cierto tiempo como los representantes burgueses, sino que deben guiarse por las decisiones y orientaciones de sus electores quienes deben evaluar su desempeño de acuerdo a las tareas que le van asignando. Esto es lo que los zapatistas han querido significar al plantear que hay que mandar obedeciendo”.

Por ello, al suscitarse una situación propiamente revolucionaria, con signos evidentes de querer construir realmente una nueva sociedad bajo los ideales socialistas en nuestra América, afloran en lo inmediato las contradicciones, las debilidades y las inconsistencias ideológicas, siendo todas ellas producto del tipo de cultura heredado, por lo que muchas veces el hecho revolucionario sólo se refleja en el discurso, mas no en la práctica. Indudablemente, tal circunstancia ocasiona un choque de visiones e intereses que termina por confundir a los sectores populares, dada su escasa o nula conciencia político-ideológica que los lleva a preferir a quienes le aseguren (aunque luego incumplan) la satisfacción de alguna pronta necesidad material, cuestión que acaba por brindarle oportunidades al bando contrarrevolucionario, cuando el compromiso debiera ser transcender la vieja práctica política burguesa y sus reglas de juego mediante un programa de contenido revolucionario, en articulación con los niveles de organización y de conciencia alcanzados por los sectores populares, manteniéndose en el tiempo y sirviendo de brújula para la acción revolucionaria permanente, lo que evitaría el reformismo y haría posible, en consecuencia, el surgimiento de una sociedad socialista de nuevo tipo.-

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06/09/2014 14:10 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

LAS NUEVAS FRONTERAS DE ESTADOS UNIDOS

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Es un secreto a voces que Estados Unidos busca mantener, reforzar y ampliar su hegemonía a nivel mundial. Esto ha impulsado al complejo militar-industrial que gobierna a Estados Unidos a emprender, a la vista de todos y con la bendición de la ONU y el acompañamiento incondicional de la OTAN, de una expansión militar sin precedentes en su historia particular, la cual -por lo inmediato- se hace sentir desde hace algo más de dos décadas consecutivas y con absoluta impunidad en los países de Asia, con un énfasis especial en la región del Medio Oriente, donde la presencia de una organización extremista como Daesh (mejor conocida como Estado Islámico) le sirve de excusa perfecta para incrementar sus acciones militares en “defensa de la comunidad internacional”, haciendo olvidar su responsabilidad directa en los acontecimientos que en dicha región tienen lugar.

De esta forma, la elite gobernante gringa demuestra su disposición de aplicar lo se ha dado a conocer como la “teoría del caos constructor” (o constructivo), la cual no es otra cosa que el plan diseñado por Washington para remodelar las fronteras, en este caso, de las naciones del Medio Oriente, teniendo en cuenta la riqueza petrolera allí existente, por lo que no es ninguna casualidad que naciones como Afganistán, Iraq, Libia y Siria sean blanco del mismo. Para esto, Estados Unidos ha desconocido y aplicado a su total conveniencia las normativas contempladas en los Convenios de Ginebra, además de sus Protocolos de 1949 y 1977, respecto a la “humanización” de la guerra, e incluso haciendo accesoria la autorización del Congreso al presidente para que ordene la agresión militar contra cualquier país soberano.

Así, considerando al planeta entero como su actual teatro de operaciones, el Pentágono se ha permitido rediseñar la doctrina militar que le fuera característico durante largos años, a tal punto que ha preponderado el número de efectivos activos y de equipos de sus fuerzas navales en cada mar y océano de la Tierra, sumado a la diseminación de bases militares de todo tipo que -como en la amplia geografía de nuestra América- tienen por misión primordial “custodiar” aquellas zonas con profusión de recursos estratégicos para los intereses y el estilo de vida capitalista estadounidenses. Bajo tal lineamiento imperialista y neocolonialista, las fronteras de Estados Unidos se han extendido a todos los continentes, lo que ya ha causado serias fricciones, por ejemplo, con Rusia, la cual se ve cercada y amenazada por vecinos alineados con los dictados gringos, así ello provoque eventualmente un conflicto bélico de incalculables consecuencias para toda la humanidad, aún mayores a las sufridas con la Primera y la Segunda Guerra Mundiales. Por tal motivo, a la humanidad y, por supuesto, a todos los gobiernos, no les debe ser indiferente lo que haga la Casa Blanca en su pretendida guerra contra el terrorismo internacional, puesto que ello sería como otorgarle la aprobación a sus pretensiones imperialistas y neocolonialistas de expandir sus fronteras “naturales” a costa de la soberanía de las demás naciones del mundo, esgrimiendo como argumento válido su presunto “destino manifiesto”.-   

 

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11/09/2014 17:20 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

FRENTE A LA OFENSIVA OPOSITORA, UNA REVOLUCIÓN MAYOR

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Tanta es la preocupación que siempre ha embargado a los grupos opositores por derrocar al Presidente Nicolás Maduro que ya no la disimulan y por eso, llevados por su extremado fanatismo (alimentado a través de diferentes medios de información), no toman partido por ninguna medida que éste implemente en beneficio de la población venezolana en general. Así, buscan sembrar en el ánimo popular la idea que Venezuela está arruinada, en un callejón sin salida y al borde de un caos social, político y económico por culpa exclusiva de los desaciertos de Maduro, a pesar que éste promovió diálogos de entendimiento con el sector privado y la misma oposición para capear la crisis que estos últimos iniciaran desde el año pasado. Esto, lamentablemente, no ha podido conjurarse por completo. Hasta ahora, muchos chavistas y revolucionarios se han limitado al discurso, pero poco a las acciones que fomenten el poder popular en toda su dimensión creadora, sin atarlo a intereses grupales o personalistas que resulten totalmente contrarios a lo que debe ser la revolución bolivariana socialista en definitiva. Al mismo tiempo, éstos tendrían que contribuir a la contraofensiva del gobierno nacional en la guerra económica montada por los grupos de la oposición, ejerciendo la contraloría social y evitando que alguna gente inescrupulosa se dé a la tarea de aprovecharse de la necesidad de usuarios y consumidores sin pensar que están ayudando inconscientemente a crear las condiciones que aumentarían las posibilidades de una explosión social que, a la larga, los afectaría a todos por igual.

Indudablemente, esta situación de guerra económica ha podido ser contrarrestada de alguna forma, gracias a las previsiones estratégicas del Comandante Chávez, las cuales facilitaron una redistribución más equitativa de la renta petrolera en Venezuela, resultando así beneficiado un amplio porcentaje de la población, especialmente aquella que fuera marginada durante décadas por las elites gobernantes. Esto habría que enfatizarlo toda vez que se pueda, a pesar de las innegables deficiencias y contradicciones que presente el proceso revolucionario bolivariano socialista.

De ahí que sea necesario que los diversos factores revolucionarios lleguen a comprender que, frente a la ofensiva opositora y la falta de un verdadero compromiso político con el proceso revolucionario bolivariano socialista entre muchos de los funcionarios de la administración pública, se impone desarrollar unitariamente una política revolucionaria junto al pueblo en la calle. Al mismo tiempo, es preciso que se promueva un rearme político-ideológico de los sectores populares, de manera que estos ayuden a determinar objetivamente cuáles son aquellos elementos que pudieran estar afectando el avance revolucionario en todas las instancias posibles, lo cual le daría, sin duda, un reimpulso significativo a todas las conquistas alcanzadas durante estos últimos quince años, abarcando todos los ámbitos de la vida nacional y combinando lo político con lo social.-

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22/09/2014 16:32 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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