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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2015.

LA VERDAD RELATIVA DEL SOCIALISMO EN VENEZUELA

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El derroche de discursos y propaganda oficiales respecto a la existencia del socialismo en Venezuela ha causado que alguna gente sea pasto de la demagogia de los grupos opositores al gobierno chavista. Esto, por una sencilla y evidente razón: no existe tal socialismo en Venezuela. Algo escandaloso, si se quiere, pero que es preciso desnudar sin tapujos, de modo que ello provoque una reacción en cadena propositiva entre quienes aspiran y luchan por ver convertida en realidad plena esa alternativa utopista frente al modelo de civilización capitalista actual. Sería obligatoria la generación de un debate serio y profundo que dé cuenta del tipo de socialismo revolucionario que responda a la idiosincracia, las costumbres y las necesidades materiales y espirituales del pueblo venezolano, entendido éste como los sectores populares mayoritarios, los mismos que identificaron en Hugo Chávez la encarnación de sus luchas y esperanzas de siglos.

 

Ahora que la derecha nacional e internacional han enfilado con mayor énfasis sus ataques contra el gobierno de Nicolás Maduro, creando situaciones de proto-guerra que, de alguna forma, posibiliten una intervención abierta y a gran escala por parte del imperialismo gringo, se hace más que necesario ahondar más en las definiciones, las características y los objetivos de ese socialismo que muchos etiquetan como bolivariano y otros del siglo 21, pero que, en un sentido amplio y general, representa la mejor opción que tienen ante sí los sectores populares para acceder a un nivel superior de bienestar material, cosa que se les haría prácticamente imposible bajo el régimen de la lógica capitalista, sobre todo de estirpe neoliberal.

 

Es por eso que se replantea tal debate. Sin embargo, muchos lo limitan a los espacios de sus respectivas organizaciones partidistas, donde todos sus militantes estarían automáticamente de acuerdo, sin dejar lugar a una crítica y a una autocrítica reales que pudieran esclarecer y resolver las deficiencias, las inconsistencias y las contradicciones de las que adolecería la construcción y conceptualización de este nuevo socialismo bolivariano, o del siglo 21. Lo que conspira contra ello es el pragmatismo dominante en los partidos políticos, en los colectivos populares y, destacando por encima de éstos, en las instituciones (viejas y nuevas) del Estado demo-liberal-burgués, como lo denominara muchas veces en sus escritos José Carlos Mariátegui; prevaleciendo en todos el tareísmo, especialmente electoral, sin permitirse crear plataformas innovadoras desde las cuales se puedan anticipar y concretar espacios de protagonismo y participación popular que den nacimiento a una democracia más directa y, por tanto, socialista. Este sería un compromiso largamente diferido con el proceso de revolución patriótico-popular que habría en Venezuela, beneficiando especialmente a aquellos que ocupan y dirigen las diversas estructuras que conforman el Estado demo-liberal-burgués, incluyendo a sus partidos políticos legalmente constituidos.

 

Por supuesto, tal compromiso implica mantener una posición explícitamente subversiva, o subvertora, que demanda -a su vez- no sólo el cuestionamiento radical de todo lo que representa el orden establecido sino también, y fundamentalmente, elaborar una propuesta revolucionaria a ser adoptada, comprendida, compartida y enriquecida por los sectores populares que serán -al fin y al cabo- sus destinatarios y protagonistas principales; aun cuando la misma dinámica política oscile, por ahora, entre la oferta opositora y la oferta chavista, sin que (aparentemente) haya otras en perspectiva.

 

Al mismo tiempo, este compromiso con la revolución patriótico-popular no puede estancarse en resaltar únicamente lo hecho y lo dicho por Hugo Chávez (sin hacerlo a un lado). Tiene que extenderse al rescate y valorización del ideal bolivariano, de la fe popular en el ideal socialista y de la capacidad creadora del pueblo venezolano para asumir el desafío de instaurar un nuevo orden social, económico y político donde su influencia, su cultura, su historia de luchas, sus decisiones y su participación sean elementos insoslayables en todo momento; evitando lo más que se pueda que el pragmatismo (a pesar de sus muchas justificaciones) termine por diluirlos y pervertirlos, haciendo del socialismo revolucionario una verdad relativa, pero jamás una realidad concreta (e inmediata) en Venezuela.-

 

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02/10/2015 17:42 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

CHE, MÁS ALLÁ DEL MITO

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El 11 de octubre de 1967, Walt Rostow, asesor del presidente estadounidense Lyndon Johnson, le envía a éste un memorando donde analiza las implicaciones del ajusticiamiento de Ernesto Che Guevara: "Su muerte marca la desaparición de otro de los agresivos revolucionarios románticos... En el contexto latinoamericano, tendrá un gran impacto en descorazonar futuros guerrilleros”. A pesar de la sensación de triunfo que embargó a los sectores dominantes estadounidenses y latino-caribeños del momento, la desaparición física del Comandante Guevara no impidió que se mantuviera latente la lucha de resistencia de los pueblos de nuestra América por su liberación nacional.

 

Médico de profesión, pero revolucionario internacionalista de convicción, más allá del mito, el Che representa un ejemplo permanente de pensamiento y de acción en pos de la construcción de un modelo de civilización de nuevo tipo, como lo demostrara en diversos momentos de su vida, reivindicando una tradición de lucha revolucionaria que diera comienzo con el proceso independentista de las naciones de nuestro continente. En él no tenían cabida los prejuicios chovinistas exhibidos por algunos seudo revolucionarios para quienes la revolución es un proceso a desarrollarse fronteras adentro de sus países, sin llegar a comprender a cabalidad la dimensión de la lucha anticapitalista y antiimperialista al lado de todos los demás pueblos del planeta.

 

Esa visión internacionalista de la revolución le llevó a dejar Cuba, donde fácilmente pudo quedarse con su familia y ejercer funciones importantes de gobierno. Sin embargo, en vez de ello decidió incorporarse a las guerrillas que combatían el colonialismo belga en África. Incluso, tuvo la idea de unirse a la lucha guerrillera en Venezuela, pero por diferencias con quienes estaban al frente de la misma no pudo concretarse, teniendo que esperar su momento para ir a Bolivia y, desde allí, crear las condiciones necesarias para que la América nuestra insurgiera en masa contra el imperialismo gringo y sus lacayos tradicionales. Todo esto en un contexto generalizado de lucha antiimperialista, cuyos símbolos más resaltantes entonces eran Vietnam y Cuba, enfrentados en una guerra asimétrica contra el poderío militar y económico de Washington.

 

Pero, al margen de sus experiencias militares conocidas, el Che demostró sus dotes como teórico original del socialismo revolucionario, de modo que se pudiera contar con las herramientas ideológicas adecuadas a la realidad cubana, en un primer lugar, y que éstas, en un segundo plano, sirvieran para orientar lo propio en otras latitudes a fin de destruir el orden imperante de explotación y alienación creado por el sistema capitalista hegemónico. Esto lo condujo a teorizar sobre el hombre y la mujer nuevos, dejando a la posteridad un conjunto de reflexiones fundamentales para emprender la transición hacia el socialismo.

 

Como lo recordara el Comandante Fidel Castro el 15 de octubre de 1967 durante la velada en su memoria, el Che “no es que reuniera esa doble característica de ser hombre de ideas, y de ideas profundas, la de ser hombre de acción sino que Che reunía como revolucionario las virtudes de un revolucionario: hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le puede encontrar una sola mancha. Constituyó, por sus virtudes, lo que puede llamarse un verdadero modelo de revolucionario”.

 

Para el Che Guevara, la conciencia revolucionaria mediante el trabajo voluntario, sin percibir remuneración material alguna, como es habitual bajo la lógica del capitalismo, era un modo apropiado de formar y elevar la conciencia socialista de los revolucionarios y convertirla en fuerza vital para alcanzar los cambios estructurales que debiera impulsar y consolidar la Revolución en todo momento. Por ello, no elude la polémica (todavía vigente) frente al dogmatismo soviético, el cual contradecía los postulados ideológicos del materialismo científico y que, décadas después, confirmaría lo que ya anticipaba el Che respecto al verdadero carácter contrarrevolucionario y reformista del Estado y de la burocracia imperantes en la extinta Unión Soviética.

 

Del mismo modo que el Che lo alertara en su Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, en abril de 1967, “todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos. Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos. Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio”. En la actualidad, su legado revolucionario conserva toda una vigencia plena, fuera de todo dogma que pretenda limitarlo y siempre abierto a las nuevas generaciones de revolucionarios a profundizar en sus enseñanzas para la construcción definitiva y verdadera de la revolución socialista.-

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07/10/2015 18:16 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

UN GENOCIDIO A CIELO ABIERTO

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Mediante el asesinato masivo de pobladores palestinos, la expulsión y el sometimiento de millares de ellos y la confiscación de sus tierras y de sus bienes ancestrales, el Estado sionista de Israel ha implementado una limpieza étnica que, pese a la condena que ha merecido a través del tiempo de parte de organizaciones, gobiernos y pueblos de todo el mundo, mantiene inalterable, buscando así desterrar por completo cualquier vestigio que recuerde la presencia del pueblo palestino. Es, prácticamente, un genocidio a cielo abierto, presenciado desde todas las latitudes, sin que haya existido un mecanismo efectivo para contenerlo y erradicarlo, dándosele la oportunidad de vivir como pueblo libre a Palestina.

 

De este modo, el bloqueo ilegal e inhumano que el régimen israelista le impone a la población gazatí ha impedido la reconstrucción de sus viviendas, bombardeadas con frecuencia por sus fuerzas de defensa, sin considerar la muerte ocasionada a cientos de familias enteras. Lo mismo se observa con las restricciones respecto a la adquisición de materiales e instrumentos de primera necesidad, en lo que recuerda al viejo ghetto y el apartheid implantados, respectivamente, en la Alemania nazi y Sudáfrica. Todo ello, en conjunto, representa sin duda una gama innumerable de crímenes de lesa humanidad, violatorios del derecho internacional y de todas las normativas sancionadas y establecidas por la ONU; cuestión que no podría ignorarse, evitando el riesgo nada descartable de ser estigmatizado de antisemitismo.

 

No obstante, gracias a la ayuda política, financiera y militar de la Unión Europea y de Estados Unidos, Israel ha podido establecer sin marcha atrás un proceso de colonización y de despojo arbitrario en contra del pueblo palestino, incluyendo la aplicación de leyes discriminatorias y violatorias de los derechos humanos más elementales, a tal punto que se reprime, maltrata, asesina y encarcela a un gran número de niños y adolescentes, sin que la Unicef u otro organismo internacional pare tales atropellos.

 

Algo semejante ocurre con el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), cuyas conclusiones en 2004 sobre la construcción del muro de la vergüenza, determinaron entre otras cosas que el Estado sionista de Israel tendría la obligación de detener inmediatamente la construcción de este muro, destruir los tramos existentes, eliminar el sistema de asentamientos ilegales adyacente, además de reparar los daños causados a las familias palestinas afectadas. Igualmente, la CIJ señaló que “cualquier Estado” que sea Alta Parte Contratante de los Convenios de Ginebra “tiene la obligación de asegurar que se cumplan las exigencias de los instrumentos en cuestión” y que “la ONU, y especialmente la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, deben estudiar qué otras medidas son necesarias para poner fin a la situación ilegal que se produce como consecuencia de la construcción del muro”. Sin embargo, todo esto ha quedado en letra muerta. Entre tanto, la población palestina sigue siendo víctima de la represión y el odio de los israelitas, a tal punto que se les impide visitar sus lugares santos, como la mezquita de Al Aqsa.

 

Esta política -desde todo punto de vista racista y genocida- busca desconocer absolutamente la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947, la cual decidió la culminación del mandato ejercido por Gran Bretaña sobre el territorio de Palestina y la partición del mismo en dos Estados: uno judío, con 14.500 km2 y otro árabe, con una superficie de 11.000; mientras que la ciudad histórica de Jerusalén quedaría como una entidad separada bajo la administración de la ONU. De esta forma, Israel -desplazando a sangre y fuego a los palestinos- tendría justificada su aspiración de poblar un territorio sin habitantes y re-crear lo que sus dirigentes sionistas han llamado el Gran Israel (Eretz Israel), dominando toda la extensión comprendida entre el río Nilo y el río Eúfrates, incluyendo a Siria, Líbano, la parte noriental de Irak, la parte norte de Arabia Saudita, la franja costera del Mar Rojo y la península del Sinaí de Egipto; lo que explicaría también su respaldo a los terroristas del autodenominado Estado Islámico junto con Estados Unidos.-

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14/10/2015 13:30 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

WASHINGTON, LAS BURGUESÍAS "NACIONALES" Y LA VIEJA FÓRMULA DEL FASCISMO

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La burguesía vive a la espera del cataclismo inminente que la abolirá”. Esto lo extraemos de las páginas del libro de Simone de Beauvior “El pensamiento político de la derecha” y ello nos expresa una realidad que, desde hace décadas (por no hablar de siglos), siempre ha llenado de inseguridades y de temores a la clase burguesa, por lo que sus opciones no dejan de ser las mismas aplicadas durante mucho tiempo, es decir, la represión policíaco-militar, la imposición de leyes arbitrarias que respondan a sus intereses y las guerras que aseguren su preponderancia como clase dominante. Estas inseguridades y temores de la burguesía se manifiestan con mayor énfasis en nuestra América, donde esta -a pesar del dominio económico y político que aun ejerce en varios de sus países- sabe que cada día pierde espacios ante el avance (ojalá indetenible y triunfante) de los sectores populares, a quienes parecía corresponderle asumir fatalmente el papel de parias de la historia.

 

Como lo refiere Simone de Beauvior, “el optimismo de la burguesía se sintió seriamente quebrantado. En el siglo anterior, la burguesía creía en el desarrollo armonioso del capitalismo, en la continuidad del progreso, en su propia perennidad. Cuando se sentía dispuesta a la justificación, podía invocar en su provecho el interés general: el avance de las ciencias, de las técnicas; a partir de las industrias fundadas sobre el capital aseguraba a la humanidad futura la abundancia y la felicidad. Sobre todo, confiaba en el porvenir, sentíase fuerte. No ignoraba la ’amenaza obrera’, pero poseía, contra ella toda clase de armas”.

 

Este optimismo se incrementó en la última década del siglo 20 con la implosión de la Unión Soviética, el primer Estado auto proclamado proletario del mundo. Sin embargo, luego del “fin de la historia” que otorgaba al sistema capitalista una victoria que parecía desmentir todos los esfuerzos e ideologías puestos en su contra, con un Estados Unidos convertido en un gendarme mundial sin competidor alguno, comenzó a germinar una nueva realidad en este territorio predestinado para la lucha revolucionaria.

 

Al triunfalismo de los monopolios transnacionales le sucedió un conjunto de secuelas que hicieron ver el fracaso de las medidas impuestas por el capitalismo neoliberal, lo que empujó a grandes contingentes a protestar en las calles, exigiendo solución a los distintos problemas originados por dichas medidas, fomentadas en gran parte por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. De ahí en adelante, los antiguos parias de la historia comenzaron a hacerse visibles, reescribiendo la historia y, por supuesto, dando a la burguesía razones para mostrarse insegura y temerosa ante su insurgencia; revelando así su vulnerabilidad.

 

De ahí que la burguesía (entendida esta como el sector dominante, opuesto a los intereses de los sectores populares mayoritarios de cada nación) se muestre dispuesta a recurrir, en el caso de nuestra América, a la vieja fórmula del fascismo, conformando -incluso- una internacional de la derecha (con apoyo directo de Washington), en la cual figuran el senador Marco Rubio en Estados Unidos; el ex presidente Sebastián Piñera en Chile; los ex presidentes Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana en Colombia; los ex presidentes Felipe Calderón y Vicente Fox en México; los ex presidentes del gobierno Felipe González y José María Aznar en España, encargados de encabezar una cruzada contra el gobierno venezolano, explotando y magnificando la matriz de opinión que lo señala de violar los derechos humanos de los dirigentes opositores, encarcelados por cometer delitos contra el orden público e incitar a sus seguidores a tratar de derrocar al Presidente Nicolás Maduro; lo mismo que se ha planteado lograr en Ecuador, Bolivia y, más recientemente, en Brasil, de manera que la misma población que eligiera a Rafael Correa, Evo Morales y Dilma Rousseff termine por aceptar su salida de forma inconstitucional y la conformación de un gobierno, en consecuencia, de signo neoliberal.

 

A ello se agrega la estrategia diseñada por Washington para recuperar la hegemonía perdida en nuestra América durante estas últimas décadas, contando con algunos gobiernos derechistas a su favor. Para alcanzar dicha meta, Estados Unidos ha diseminado bases militares por todo este continente, apuntando a objetivos estratégicos, vitales para su modo de vida capitalista, entre estos los yacimientos energéticos y acuíferos, además de otros que se hallan en grandes cantidades en la mayoría de las naciones latinoamericanas. No obstante, en esta perspectiva de desestabilización general, los gringos no han logrado las condiciones ideales para alterar el rumbo tomado por los pueblos y gobiernos al sur de sus fronteras, aun cuando acaricie la idea de echar mano al fascismo para revertir a su favor la situación latinoamericana actual, como ya lo hiciera en el pasado; cuestión que a todas luces parece improbable.-

 

 

 

 

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21/10/2015 15:53 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA IMAGINACIÓN SUBVERSIVA Y EL CONSERVADURISMO “NEOLIBERAL”

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Si “el conservador rechaza toda idea de cambio por una especie de incapacidad mental para concebirla y para aceptarla”, como lo expusiera José Carlos Mariátegui en su artículo La imaginación y el progreso, escrito en 1924; en contraparte, el revolucionario tendría que diferenciarse de éste haciendo uso de su imaginación para cambiar la realidad imperfecta contra la cual le toca insurgir.

 

Es decir, mientras que los conservadores sólo están opuestos a cualquier posibilidad de cambio o revolución, por muy minúscula que esta sea, dada su limitación espiritual para imaginar algo mejor a lo ya existente y que represente, por consiguiente, un desarrollo integral de la humanidad, además de hallarse saturados de rutinas predecibles y de prejuicios heredados de todo tipo; a los revolucionarios les corresponde imaginar, promover y aceptar tal posibilidad, revolucionando, por tanto, la conciencia de sus semejantes o, como lo diría Paulo Freire, problematizando su conciencia, a riesgo de terminar adoptando las mismas posiciones reaccionarias de sus contrarios.

 

En tal caso, la imaginación sería subversiva a los ojos de un modelo de civilización, cuyos valores en decadencia pasan a ser los fundamentos sobre los que se erigirán aquellos que, tarde o temprano, acabarán por reemplazarlos.

 

Anquilosados orgullosamente en una beatitud rígida, antihistórica, sectaria y con pretensiones de superioridad racial, social, cultural y/o intelectual que, sin embargo, los equipara a quienes más odian, producto de la angustia y el terror irracionales ante la nueva realidad que se supone construirá la revolución, los sectores conservadores estarán siempre dispuestos a destruir cualquier tentativa por modificar el orden establecido, así ello suponga transgredir las mismas leyes que aducen defender; tal como ha ocurrido en gran parte de nuestra América donde sus mejores ejemplos se hallan en Bolivia, Ecuador y Venezuela, contando con el apoyo político y financiero de sus mentores de Washington.

 

Así, la negación del conservadurismo “neoliberal” en reconocer la existencia, la dignidad y los derechos de sectores populares que han comenzado a prefigurar un tipo de civilización más humanizada y realmente democrática tendría que ser contrarrestada activa y efectivamente por esa imaginación subversiva que deben exhibir los revolucionarios para generar nuevas esperanzas y crear, en consecuencia, una nueva realidad, totalmente contraria a la existente.

 

En oposición a dicho conservadurismo, se pudiera insistir -desde la ortodoxia comunista- en la constitución de un modelo civilizatorio carente de propiedad privada, con una planificación económica, donde los trabajadores, en general, sean quienes controlen, administren y socialicen la producción y la distribución de la riqueza. Sin embargo, ello no significa desconocer la idiosincrasia y los modos solidarios de nuestros pueblos, trasplantando automáticamente experiencias revolucionarias de otras latitudes. Tampoco significa que sea posible instituir, contradictoriamente, de una forma duradera y orgánica, tal como ocurriera en la extinta Unión Soviética, una sociedad en donde haya una elite dominante en la estructura económica mientras que en el plano político haya otra; incapaces ambas de trascender al régimen de dominación que se pretende reemplazar y sepultar en nombre de la revolución.

 

Por eso, hay que situar las luchas que caracterizan el momento histórico en un contexto mucho más amplio de lo que pudiera ser. Como lo refleja John K. Galbraith en su obra La sociedad opulenta, “el primer requisito para la comprensión de la vida económica y social contemporánea es lograr una visión clara de la relación existente entre los hechos y las ideas que los interpretan. Ya que cada una de éstas posee vida propia y, por muy contradictorio que pueda parecer, cada una de ellas es capaz de seguir un curso independiente durante mucho tiempo”.

 

Como es natural, algunos entenderán esto bajo un punto de vista bastante particular, sin plantearse un estudio más profundo de lo que ocurre, lo cual ayuda, precisamente, a quienes se combate, en este caso, a las llamadas burguesías “nacionales” que, apoyadas por el imperialismo gringo, sabrán aprovechar inmediatamente cualquier duda y contradicción. Otros lo harán quizás de un modo más avanzado, pero sin entender ni tener en cuenta las peculiaridades del pueblo que buscan emancipar, contribuyendo también -de manera inconsciente- a fortalecer a los enemigos ideológicos de la revolución popular. En este sentido, la imaginación subversiva de los revolucionarios tendría que extenderse a todo lo que integra y caracteriza al modelo civilizatorio vigente, de forma que sea capaz de desmantelar la ideología, los rasgos y las relaciones de poder que legitiman, o podrían legitimar, al conservadurismo, ahora “neoliberal”.-

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29/10/2015 16:42 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.


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