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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2016.

REVOLUCIÓN DESDE LA REALIDAD VENEZOLANA

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La articulación práctico-teórica de los saberes y las luchas populares es uno de los fundamentos sobre los que debería llevarse a cabo una verdadera revolución bolivariana, socialista y eminentemente popular en Venezuela. Sin ella -aunque se apele al conocimiento y práctica de experiencias históricas y aportes teóricos de otras latitudes y tiempos, todos importantes, sí, pero no totalmente adecuados a la realidad venezolana- todo proyecto revolucionario subsistirá como mera ilusión.

Así, es vital que se piense desde la realidad misma del país, recurrir a su memoria histórica de luchas, desde el momento en que nuestros pueblos originarios iniciaron su lucha de resistencia contra los invasores europeos hasta el presente, revisando las causas y las consecuencias de cada lucha emprendida, esencialmente, por los sectores populares, antes que fijarse mayormente en la figura de quienes se destacaron al frente de las mismas. Otro elemento fundamental a considerar es la comprensión respecto a la influencia ejercida por la ideología de los sectores dominantes sobre las capas y sectores subordinados, manifestada a través de diversos aspectos, pero escasamente percibida por estos últimos; contribuyendo dicha ideología a mantenerlos en un estado de indefensión, dependencia y sumisión perpetuo, pese a constituir el mayor porcentaje de la población y de atribuírseles el ejercicio inalienable de la soberanía nacional.

Desde este punto de vista, podríamos concordar absolutamente con lo expuesto por el Libertador Simón Bolívar ante el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819: “¿Queréis conocer los autores de los acontecimientos pasados y del orden actual? Consultad los anales de España, de América, de Venezuela; examinad las leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios, la influencia de la religión y del dominio extranjero; observad los primeros actos del gobierno republicano, la ferocidad de nuestros enemigos y el carácter nacional”

Sin negar a rajatabla los estudios y orientaciones teóricos hechos con el propósito de darle explicaciones y viabilidad a lo iniciado por Hugo Chávez a partir de 1999, se hace preciso amalgamar en un todo -explicando, por supuesto, las diferencias existentes entre cada uno de los procesos históricos referidos, investigados o consultados- las resistencias y las rebeliones protagonizadas, en un amplio sentido, por el pueblo a través del tiempo, gran parte de las cuales estuvieron (y están) motivadas por demandas no siempre satisfechas en relación a obtener un mayor grado de mayor participación democrática y de justicia social.

Si todo esto fuera relevante y constante en la promoción y el desarrollo de los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que tiendan a desembocar en una revolución popular irreversible, habría entonces un salto cualitativo, motorizado éste por un nivel de conciencia revolucionaria, forjado a través de la lucha y del debate constantes, algo que debiera reflejarse en la transformación estructural (en un sentido general) que se requiere para instaurar un nuevo modelo civilizatorio en el país.

Al respecto, habría que recordar con Chávez que “cada día habrá que construir más instrumentos para la democracia directa y romper la trampa de la democracia representativa, que termina siendo al final una dictadura, la dictadura de una élite en contra de los intereses del pueblo” Considerando estrictamente estas palabras de Chávez, se hace preciso que los movimientos populares se muestren capaces de trascender el viejo modelo representativo y asuman desde sus propios espacios, autónomamente, la definición, el diseño y la implementación de esta democracia directa. En la medida que los sectores populares estén dispuestos a alterar radicalmente las viejas reglas del juego de los sectores dominantes, imponiendo a cambio su hegemonía democratizadora y emancipadora, en términos de empoderamiento democrático, de disminución decidida de sus niveles de pobreza y de garantía efectiva de sus más elementales derechos humanos, existirá siempre la posibilidad de concretar la revolución bolivariana, socialista y popular que se procura hacer en Venezuela.- 

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07/04/2016 16:15 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA ARREMETIDA DEL CAPITAL CONTRA LOS PUEBLOS

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Hay -sin duda alguna- un choque tácito entre la realidad del capitalismo y la realidad de la democracia, siendo comprobable en todo momento y en cualquiera nación. Esto se ve reflejado en la multiplicidad de acontecimientos que han derivado en crisis económicas sufridas en diversidad de naciones (incluido el paladín universal del capitalismo, Estados Unidos), algunas apenas paliadas por los gobernantes de turno, las mismas que han causado una depreciación significativa del poder adquisitivo de las personas mientras se incrementan los niveles de protestas populares, desempleo, pobreza y desigualdad social en cada nación afectada.

Los usufructuarios de los grandes capitales asociados buscan acelerar la reconfiguración de un mundo totalmente ajustado a sus intereses. Así, desde la era en que Ronald Reagan y Margaret Thatcher impusieron su visión política neoconservadora, políticos y empresarios forjaron una dupla encargada de establecer gobiernos y políticas públicas que beneficiaran altamente el modelo capitalista neoliberal a nivel mundial a costa de los recursos, bienes y los logros de los pueblos, tal como ocurriera en gran parte de nuestra América bajo gobiernos y dictaduras al servicio, primordialmente, de Estados Unidos.

Para alcanzar sus propósitos, las grandes corporaciones multinacionales (a través de la OTAN, el Pentágono y el Departamento de Estado gringo) han promovido la desestabilización y derrocamiento de regímenes considerados como hostiles a los mismos, así como guerras imperialistas bajo la excusa de defender la democracia y los derechos humanos, pero que tienen un objetivo bien claro: apoderarse de las riquezas existentes en sus países.

Durante tres décadas consecutivas, el capitalismo globalizado se ha dirigido a conseguir el control de la población mundial por medio de una estrategia de propaganda, caos y terror que induzca a las personas a sacrificar sus derechos democráticos por un clima de seguridad, así esto produzca la criminalización de los reclamos populares, la aplicación de leyes como la Ley Patriota, la guerra antiterrorista y aberraciones como la detención arbitraria de supuestos extremistas islámicos en la base naval de Guantánamo, ocupada ilegítimamente por Estados Unidos. Esto se refuerza a diario gracias a la industria ideológica, la cual contribuye a afianzar los valores que distinguen el modelo civilizatorio estadounidense-europeo mientras se empequeñecen, desvirtúan y ridiculizan aquellos pertenecientes a culturas y pueblos periféricos; desconociendo frontalmente cualquier tentativa por instaurar un mundo pluricéntrico y pluripolar, respetuoso del derecho internacional y toda soberanía.

Por tanto, la columna vertebral de la arremetida del capital contra los pueblos está conformada, principalmente, por esta industria ideológica, cuyas expresiones más visibles son la industria cinematográfica y de entretenimiento general, que influyen notablemente en la imposición de modas y consumo de drogas de todo tipo, sobre todo al nivel juvenil. Además de ello, las corporaciones cuentan con ejércitos privados, facultados para fiscalizar y ejecutar operaciones militares que normalmente estarían a cargo de los ejércitos regulares, una cuestión adecuada a los gobiernos que actúan a su favor para eludir las normas que restringen y penan la violación de los derechos humanos (casos de Afganistán e Iraq).   

En palabras de Michael Löwy y Samuel González (El capitalismo contra la democracia en Europa y América Latina, revista Memoria, México), “hay una necesidad apremiante de profundizar la democracia mediante la construcción de poder popular; un ejemplo muy significativo al respecto son las comunas generadas en Venezuela desde 2009. Es importante remodelar los Estados desde una visión que sobrepase y rompa con los designios de la democracia liberal y los dictados del gran capital. Las experiencias conquistadas en las asambleas constituyentes resultan fundamentales, sin perder de vista la necesidad de construir poder popular más allá de sus formas estatales, generando un puente y vínculo entre lo democrático y lo comunitario, como demuestran diversas experiencias en la actualidad, para repensar los horizontes anticapitalistas y comunistas de nuestro siglo”.

Esto nos coloca a los seres humanos en una disyuntiva muy importante para la sobrevivencia, la paz y la libertad de toda la humanidad. Ello implica emprender movilizaciones, nuevas formas de organización popular y una lucha sostenida contra las pretensiones del capital corporativo, echando mano al mismo desarrollo tecnológico e informático que éste ha promovido, de forma que exista una democratización comunicacional que trascienda las fronteras nacionales y permita el desenmascaramiento de la estrategia utilizada por los capitalistas en contra de los intereses de los sectores populares.

La principal línea de combate sería, entonces, en el rango ideológico-cultural, precisando modos nuevos de comprensión, desalienación y educación que fomenten, en primera instancia, un sentido de pertenencia en las personas y, en una segunda instancia, la firme convicción de poder resistir y vencer las ambiciones del capital corporativo de apoderarse de todo.-    

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07/04/2016 16:18 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA IMPERIAL DE DOBLE PROPÓSITO

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La guerra, desde finales del pasado siglo, ha sido utilizada por el complejo financiero-industrial-militar gringo (junto a sus aliados de la OTAN) como elemento disuasivo de doble propósito. Mediante ella, el derecho internacional -lo mismo que las acciones e influencia de la ONU y de otros organismos multilaterales- fueron puestos a la orden de los requerimientos de los grandes capitales corporativos transnacionales; situación que es disfrazada (gracias a la industria ideológica a su servicio) bajo argumentos contradictorios de defender la libertad, la democracia y los derechos humanos, pero cuyo saldo visible resulta completamente lo contrario. Pero, la guerra ya no es la típica guerra, presente a lo largo de la historia humana. Es una guerra sin fronteras territoriales, siendo perfeccionada en muchos campos, a los cuales se extiende sin que los ciudadanos, en su gran mayoría, lo admitan y se percaten de ello.

Con esto, el complejo financiero-industrial-militar gringo (como adalid del capitalismo global) obtiene una ventaja significativa de alcance mundial, a tal punto de consolidar lo que muchos señalan como dictadura o imperio a escala planetaria, permitiéndose la decisión arbitraria de desestabilizar cualquier nación y/o gobierno que ose ir en contra de sus intereses; entablándose una lucha desigual entre quienes defienden su soberanía y aquellos que pretenden arrebatársela.

Esta lucha desigual, sin embargo, podría reforzar (de haber la suficiente madurez y voluntad política para hacerlo, sin desmayar en el esfuerzo)  la necesidad de una organización y de una conciencia populares orientadas a romper, por un lado, la dependencia tradicionalmente aceptada respecto a Estados Unidos (“la nación indispensable”) y, por otro, emprender un vasto movimiento emancipatorio capaz de trascender el marco capitalista y crear, en su lugar, uno de características colectivas o comunistas, donde se deje de cosificar a la naturaleza y a los seres humanos. No obstante, para que esto llegue a suceder es ineludible que haya un proceso revolucionario que agrupe en igualdad de importancia, sin que se aísle uno de otro, tres grandes objetivos: 1.- justicia social, 2.- independencia económica, y 3.- soberanía política. Cada uno protagonizado e influenciado en todo momento por los sectores populares. Sabiendo de antemano que la conquista de mercados y de recursos naturales estratégicos, a fin de asegurar e incrementar sus ganancias multimillonarias (sin importar para nada el bienestar de los pueblos) constituye la razón principal por la que el capitalismo global recurre a la guerra, no podría hallarse otra forma de confrontarlo y vencerlo que el impulso de este proceso, oponiéndose frontalmente al esquema de especialización de la producción por parte de regiones y países que pretende imponerse desde los centros de poder hegemónicos.

Hay que rememorar que el imperialismo gringo ya había perfilado su remozado papel dominante en el documento “Proyecto para un nuevo siglo (norte) americano” que, tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, debía comportarse, como nunca antes lo hiciera potencia alguna en el pasado, “como imperio mundial de pleno derecho, poseedor único de la responsabilidad y la autoridad como policía planetario”, al decir de Miguel Ángel Contreras Natera en su obra “Geopolítica del Espíritu”. Para los ideólogos del imperio yanqui, “la gran estrategia de Estados Unidos -según lo reflejan en el antemencionado documento- debe perseguir la preservación y la extensión de esta ventajosa posición durante tanto tiempo como sea posible. Nuevos métodos de ataque electrónicos, no letales, biológicos serán más extensamente posibles; los combates igualmente tendrán lugar en nuevas dimensiones por el espacio, por el ciber-espacio y quizás a través del mundo de los microbios; formas avanzadas de guerra biológica que puedan atacar a genotipos concretos, pueden hacer del terror de la guerra biológica una herramienta políticamente útil”.

Con todo esto en mente, los apologistas obviaron, no obstante, dos obstáculos que -de una u otra manera- limitarían y cambiarían su meta (aunque sólo fuera momentáneamente): la resistencia de los pueblos, básicamente de nuestra América, y el progreso tecno-científico, económico y militar logrado por Rusia y China, dos rivales de cuidado en el actual escenario internacional.

¿Qué queda entonces por hacer?

La lucha de resistencia ejemplificada por los pueblos de nuestra América, tanto antes como después del paréntesis neoliberal de las décadas de los 80 y los 90, podría servir de clave para interpretar el momento histórico actual y prefigurar la estrategia a seguir frente a la guerra imperial de doble propósito de los grandes centros de poder; así como la posibilidad de delinear nuevas formas organizativas de vida, justicia y reivindicación cultural que le den una nueva significación a la democracia como práctica cotidiana emancipatoria.-     

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07/04/2016 16:21 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.


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