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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2016.

¿CUÁL SERÍA EL MODELO DE DEMOCRACIA A CONSTRUIR ENTRE LOS REVOLUCIONARIOS?

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La democracia que debe prevalecer entre los revolucionarios tiene que nutrirse, en todo momento y espacio, de la participación, de la influencia y del protagonismo que le corresponde al pueblo, tanto en la construcción como en la consolidación de la sociedad de nuevo tipo, no únicamente en el orden político sino en todos los demás órdenes, de manera que exista verdaderamente una revolución en lo estructural. Sin este rasgo característico, la democracia constituiría un fraude y, por consiguiente, sería completamente contraria al concepto de revolución.

"La democracia es el poder del pueblo y no el poder de un sustituto del pueblo", sentenciaba Muammar El Gadhafi en El Libro Verde. En tal caso, la democracia sería un proceso desde abajo hacia arriba, trascendiendo y haciendo obsoleto el concepto de la democracia representativa, lo mismo que sus relaciones jerárquicas de poder. Como consecuencia, la representación política tendría que ser trascendida ya que ésta siempre ha sido un medio de usurpación del poder del pueblo, a pesar de los postulados constitucionales tan comunes a nivel mundial, los cuales establecen que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo.

Esto, por supuesto, exige de los revolucionarios redefinir de modo crítico y creativo el concepto y el ejercicio de la democracia, bajo parámetros totalmente diferentes, con toda la carga de novedad y de subversión que ello implica. De modo tal que, desde abajo, se ataque simultáneamente al régimen político representativo y al capitalismo, explicando adecuadamente las injusticias sociales que se derivan de ambos. Sin embargo, la carencia de una clara orientación socialista impide comprender las muchas contradicciones de la realidad imperante, deficiencia ésta que ha sido aprovechada por oportunistas, demagogos y reformistas de toda laya en su propio interés.

Hay que tomar en consideración que las diversas rebeldías populares ocurridas en las últimas tres décadas en nuestra América tienen como característica común la exigencia de acceso directo al poder, algo con lo que la clase dominante nunca estará de acuerdo. Por ello mismo, la construcción de un nuevo tipo de socialismo, ésta deberá enmarcarse en un proceso continuo de socialización y de renovación generacional del poder, evitándose en todo instante la imposición del verticalismo generado por las relaciones clásicas de poder. Ello implica crear espacios permanentes y suficientemente amplios, abiertos a la horizontalidad, de forma que se produzca realmente un cambio estructural, no una simple reforma, que afiancen el secular anhelo humano de justicia social, igualdad, democracia y libertad.-

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28/01/2016 13:32 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN Y LA CUESTIÓN DEL PODER EN VENEZUELA

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La cuestión del Estado es la cuestión del poder. No se podrá avanzar en la transformación estructural del modelo civilizatorio actual sin la toma del poder. Por eso es importante entender que, básica y generalmente, el Estado burgués liberal (tal como se conoce en la mayoría de las naciones del planeta) responde a intereses de clase, siendo éste, en consecuencia, la forma política del capital dominante, como bien ya lo determinaran en su momento los principales teóricos de la revolución anticapitalista o comunista mundial.
 
Por ello, es significativo que mucha gente, con la finalidad de impulsar la revolución socialista bolivariana de un modo que no admita retrocesos, termine sumándose al juego electoral implantado por las elites gobernantes, confiando así en acceder al poder y permitirse entonces cambiar el orden establecido mediante algunas iniciativas de gobierno. Sin embargo, como lo expondría V. I. Lenin en su obra El Estado y la revolución, "la esencia de la cuestión no radica, ni mucho menos, en si seguirán existiendo los ’ministerios’, o habrá ’comisiones de especialistas’ u otras instituciones; esto no tiene importancia alguna. La esencia de la cuestión radica en saber si se conserva la vieja máquina estatal (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta la médula de rutina e inercia) o si se la destruye, sustituyéndola por otra nueva. La revolución no debe consistir en que la nueva clase mande y gobierne con ayuda de la vieja máquina del Estado, sino en que destruya esta máquina y mande y gobierne con ayuda de otra nueva". 
 
Esto, por supuesto, exige -forzosamente- la redefinición de algunos conceptos frente a las nuevas realidades que se pretenden crear. Así, el poder, la política y el Estado (lo mismo que la espiritualidad, la cultura, la economía y otros elementos que podrían abarcarse) tendrían que observarse y comprenderse bajo la luz de nuevos paradigmas, todos ellos como resultado de la acción y de la revisión constantes de organizaciones políticas revolucionarias de nuevo tipo. En consecuencia, el desarrollo de las fuerzas productivas, la conversión de las relaciones de producción capitalistas, la revolución cultural antiburocrática y el nuevo sistema político (invirtiendo radicalmente la pirámide de las relaciones de poder tradicionales) tendrían que ser el resultado de un esfuerzo colectivo creativo que no se limite a un reparto más equitativo de la riqueza social o a retribuir, desde el Estado, a un pueblo demandante de derechos. 
 
Se hace preciso inhabilitar el sello de la vieja sociedad a reemplazar. Esta es una cuestión que muchas veces se tiende a ignorar, calificándose algunas de sus expresiones cotidianas como inofensivas o irrelevantes. De ahí que se requiera instaurar un sentido común revolucionario, es decir, un nuevo esquema espiritual que facilite las condiciones adecuadas para reestructurar de una forma trascendente, ética y lógica el modelo de sociedad vigente. La conciencia revolucionaria es, por consiguiente, un elemento imprescindible e ineludible para alcanzar efectivamente todos aquellos propósitos que conduzcan a la realización definitiva de la Revolución Bolivariana en Venezuela, de manera que ella contribuya a evitar la subordinación apática de los movimientos populares en función de los intereses de una minoría.
 

Todo esto plantea que los movimientos, grupos, sectores y/o colectivos revolucionarios y chavistas asuman el reto de desarrollar entre sí la capacidad de integrarse en una plataforma unitaria para el logro de objetivos comunes, algunos de ellos apenas diferenciados -en condiciones de pluralismo, autonomía, igualdad, reciprocidad, respeto y complementaridad-, lo que les posibilitaría establecer y ejercer en todo momento la democracia consejista, o directa; prefigurando, de una u otra forma, el nuevo poder y el modelo civilizatorio que surgirían bajo los ideales de la Revolución Bolivariana.

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28/01/2016 13:42 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA Y LA EXPLORACIÓN DE NUEVOS MODELOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD

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Gran parte de la oposición en Venezuela suele considerar a los sectores populares (quienes son, al fin y al cabo, en una significativa proporción, seguidores y sustentadores del proyecto revolucionario bolivariano) como una masa abstracta, inculta, despreciable, manipulable e incapaz de entender y de protagonizar el más sencillo avance en la construcción de un nuevo modelo democrático en el país. Según su apreciación, manifestada a través de las diferentes redes sociales a su alcance, los sectores populares no serían personas y carecerían de derechos, aún los más elementales, haciendo gala así de un exacerbado racismo (muchas veces, sin tomar en cuenta su propio origen étnico y/o social), por lo que las opiniones, las aspiraciones y la existencia de estos últimos no contarían para nada, siendo apenas visibilizados en su discurso aparentemente democrático.

Para los sectores de la derecha, las nuevas realidades históricas, sociales, políticas, jurídicas, ideológicas, educativas, religiosas, ecológicas, étnicas y culturales que han tenido lugar en América Latina y el Caribe recientemente, con su carga subversiva, antiimperialista y anticapitalista, resultan totalmente inaceptables y a-históricas. Desconocen abiertamente que éstas son el resultado de las dominantes relaciones capitalistas de producción que se instauraron en nuestro continente prácticamente desde el momento mismo en que sus naciones proclamaran su independencia del imperio español. A ello se une su alienación y cultura colonizada que les hace ver como ideales el sistema político, social y económico de Estados Unidos. En su colmo, hasta han demandado la intervención militar directa estadounidense para, según su mezquino deseo, acabar con la rochela o el bochinche de sus inferiores, los sectores populares.

Esta realidad, para algunos inusitada en el país, para otros exagerada, nos sitúa ante dos grandes bloques antagónicos (con sus matices, sin ser completamente homogéneos) en relación al control del poder y la construcción y fortalecimiento de una nueva visión de lo que debiera ser la sociedad venezolana en el futuro. De hecho, el antagonismo entre ambos suele atribuírselo la oposición al discurso de Hugo Chávez; sin embargo, los hechos históricos de abril de 2002 y de los últimos tres años de mandato de Nicolás Maduro dan cuenta de las acciones violentas, discriminatorias y antidemocráticas (aparte de subordinadas a los dictados e intereses extranjeros) de quienes pretenden presentarse como seres superiores, cristianos devotos y verdaderos demócratas, es decir, los únicos capacitados para ejercer el poder y de manejar la renta petrolera, según sus intereses particulares y su libre albedrío.

Ello contrasta palmariamente con las reivindicaciones largamente postergadas y los deseos de los sectores populares de ejercer la democracia directamente, haciendo obsoleta la representatividad acostumbrada, y de acceder a un mejor nivel material de vida. Algo que vienen demandando desde el primer momento que se instaurara en 1959 el pacto de élites de Punto Fijo. Sin embargo, hay que hacer notar que, a pesar de hablarse de revolución y de socialismo, no se ha producido todavía un viraje ideológico y político, significativo y profundo, que dé cuenta de un avance definitivo en esta dirección, lo que ha constituido desde hace mucho tiempo una debilidad entre los sectores populares. No obstante, es posible que la nueva coyuntura presente del país (independientemente de cuáles sean los resultados de las medidas auspiciadas por el gobierno de Nicolás Maduro para superar la situación crítica de la economía venezolana) termine por impulsarlos a una definición del papel fundamental que les toca representar para que la Revolución Bolivariana sea entonces una realidad, redefiniendo las relaciones de poder y las estructuras y funcionamiento del Estado burgués-liberal vigente, así como la moralización del ejercicio político mediante la designación de voceros que respondan, verdaderamente, a la voluntad popular y no a intereses grupales y/o individuales. Los grupos opositores ven en todo esto una grave amenaza y habría que entenderlos, ya que ello supondría eventualmente la pérdida de sus privilegios habituales, especialmente los de tipo económicos, dado su parasitismo, extrayendo del Estado los recursos que requieren para mantener su status.

De ahí que sea inevitable la exploración de nuevos modelos de interpretación de la realidad nacional, de la adopción y experimentación de nuevas formas organizativas que privilegien el ejercicio sin coacción de la democracia directa, y una toma de conciencia respecto a la necesidad de la Revolución Bolivariana por parte de las amplias mayorías de proletarios y demás colectivos sociales para combatir y derrotar la barbarie capitalista en cualquiera de sus expresiones, nacionales e internacionales. Al hacerlo posible, el pueblo organizado y consciente hará efectiva su soberanía, asumiendo un carácter constituyente vinculante y permanente.-

 

28/01/2016 13:49 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA CONSPIRACIÓN DE PRIMER ORDEN CONTRA LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

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Generalmente, las conspiraciones son auspiciadas por grupos que, a su entender y conveniencia, se muestran contrarios a las políticas y vigencia de un régimen determinado, sea cual sea su naturaleza. Esto es entendible, predecible y hasta justificable en muchos casos, si el régimen en cuestión es todo lo contrario al régimen de libertades y derechos democráticos al cual todo pueblo aspira. Esto sería aplicable, incluso, a aquellos sectores dominantes que, siendo desplazados del poder por cualquier circunstancia, anidan la esperanza de recuperarlo y usufructuarlo, tanto o más que en el pasado.

Sin embargo, en la historia reciente de la República Bolivariana de Venezuela, en medio de la difícil (mas no imposible) construcción de un singular proyecto de revolución inspirado en el ideario republicano de soberanía popular, igualdad y justicia social de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, pareciera existir otro tipo de conspiración, más velada y, por lo tanto, menos perceptible, esta vez dirigida a impedir que dicho proyecto adquiera forma y suficiente autonomía a manos de los sectores populares. Algunos lo considerarán escandaloso e inverosímil, sin embargo, esto podría verificarse sin necesidad de un análisis demasiado profundo. Bastaría observar sencillamente lo acontecido durante este último periodo de la historia venezolana cuando un considerable porcentaje de burócratas de partido y de gobierno se han dedicado a aprovecharse de la fe popular, enriqueciéndose desvergonzadamente y sin temor alguno a la acción de la justicia, desvirtuando absolutamente la esencia y el significado de lo que debiera ser la Revolución Bolivariana y/o socialista.

En atención a lo anterior, no extraña nada que la desconfianza de los grupos burocratizados esté orientada, principalmente y con mucho empeño, hacia los revolucionarios y los chavistas que cuestionan con argumentos sólidos en mano lo que es su proceder común y se atreven, además, a elaborar y a protagonizar otras alternativas revolucionarias para salir de las diversas situaciones conflictivas y de falta de definiciones por las que atraviesa el país; no sólo desde el momento en que Nicolás Maduro pasa a ejercer la presidencia sino desde mucho antes con Hugo Chávez como presidente.

Tal cosa ha exigido mucha voluntad política y conciencia revolucionaria entre quienes se han situado en contra de los sectores políticos tradicionales, con su apuesta a un pasado de país que pocos anhelarían en su sano juicio, y de aquellos que, manejando el «legado» de Chávez según sus intereses particulares, han terminado por parecerse demasiado a sus opositores. Por supuesto, para estos revolucionarios y chavistas la situación no es, ni ha sido, color de rosa, habida cuenta que no manejan los resortes del poder -con los recursos económicos que facilitan el oportunismo, la demagogia y el clientelismo político- y, muchas veces, el acceso a los diferentes medios de información en igualdad de condiciones con unos y otros, resultando así más dificultoso su accionar y la difusión de sus propuestas revolucionarias. Ellos serían los llamados a desenmascarar y a combatir esta conspiración de primer orden contra la Revolución Bolivariana.-

 

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28/01/2016 14:05 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LAS NUEVAS DEMANDAS DEL PROYECTO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

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Al reconocer el Presidente Nicolás Maduro y demás integrantes del gobierno nacional que se llegó al final del rentismo económico, se crea la necesidad inmediata del surgimiento de un liderazgo revolucionario colectivo en reemplazo de la dirigencia y funcionarado burocrático-cupular-clientelista que hizo posible, con su proceder reformista, el avance de los sectores de derecha, dando como resultado que ésta conquistara la mayoría de curules de la Asamblea Nacional.

Es importante que chavistas y revolucionarios entiendan que hay una intención, orientada desde Estados Unidos y otros centros de poder internacionales, de torcer el rumbo del proceso de cambios revolucionarios protagonizado por el pueblo venezolano en función de los intereses de la burguesía parasitaria y de los grandes consorcios económicos norteamericanos, en una especie de gobernabilidad pactada que deje a un lado a los sectores populares. De ahí que no sea nada extraño que en Venezuela se esté repitiendo el mismo formato desestabilizador aplicado en Chile durante la presidencia de Salvador Allende, con un desabastecimiento artificial de productos esenciales para la población, una hiper-inflación inducida por los mismos sectores empresariales que ahora cínicamente le reclaman al gobierno la implementación de medidas de emergencia económica, la posibilidad de un corralito bancario y la desvalorización de la moneda nacional, incitando con ello un malestar popular que, eventualmente, terminaría con el mandato de Nicolás Maduro y restituiría a las viejas élites puntofijistas en el poder.

Además, es pertinente que chavistas y revolucionarios tengan en cuenta que no se pueden mantener intactas las mismas estructuras gubernamentales y partidarias del pasado como hasta ahora se ha hecho, ya que ellas responden a una visión de la sociedad que resulta incompatible con la realidad surgida en nuestro país durante las décadas recientes. Por consiguiente, es preciso que surja y exista una organización socio-económico-político-cultural-militar revolucionaria que sepa orientar e interpretar la lucha popular en su dimensión transformadora, clasista y plebeya, evitando que en su seno aparezca alguna clase de pragmatismo electoral, de sectarismo y de vanguardismo que precipite su desviación y atomización, de modo que pueda alcanzarse verdaderamente el propósito fundamental de la Revolución Bolivariana, es decir, la transformación estructural del Estado y, en general, de todo aquello que comprende e identifica el actual orden establecido.

En tal sentido, se requiere mucha madurez y voluntad política para enfrentar con éxito las embestidas programadas por la oposición. Ello debe producir un saldo organizativo y una redefinición de los valores sobre los cuales se erigió el modelo civilizatorio vigente, en lo que podría llamarse una coalición social y política revolucionaria que dé nacimiento a una nueva ciudadanía política, capaz de cubrir y protagonizar las nuevas demandas del proyecto revolucionario bolivariano.-

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28/01/2016 14:11 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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