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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2016.

¿CÓMO AYUDA EL “CHAVISMO” A LA OPOSICIÓN?

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Al proclamar Hugo Chávez que su gestión de gobierno estaría enmarcada en una revolución de corte socialista, inspirada en el ideario revolucionario de Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez, muchos oportunistas de izquierda creyeron allanado el camino para alcanzar sus viejos objetivos, sin necesidad de enfrascarse en una aventura foquista, vanguardista o, simplemente, pustchista como se había pretendido desde los años 60 hasta 1992. Hasta ahí todo parecía marchar de maravilla, oyéndose hablar públicamente del Che Guevara, Fidel Castro, Antonio Gramsci, Marx, Lenin, Rosa Luxemburgo y León Trotsky como si se tratara de viejos compatriotas ligados a la historia del país, sin el temor a las represalias anticomunistas del período adeco-copeyano.

Luego vendrían a agregárseles (casi en tropel) muchos militantes nada o poco destacados de los dos principales partidos políticos tradicionales, AD y COPEI, quienes en lo adelante estarían disertando respecto a las bondades del nuevo socialismo bolivariano, calcando discursos e indumentaria de su reciente líder, el Comandante Chávez. Entre unos y otros, los sectores populares optaron por los descollados por Chávez, independientemente de cuál fuera su perfil ideológico; conformándose entonces un estamento político-partidista que sustituirá al existente desde 1958 (insertándose en el mismo a muchos militares promocionados por Chávez, antes, y por Nicolás Maduro, ahora), pero que, en la práctica, escasamente se diferenciará de este último.

Este hecho, fácilmente demostrable y advertido por los mismos sectores populares, al no haber una vocación revolucionaria que les impulse a ir más allá de los triunfos electorales obtenidos y de ocupar hegemónicamente todos los cargos públicos existentes, aunado al mantenimiento y hasta el reforzamiento de las viejas estructuras del Estado burgués liberal (concebido desde sus inicios para legitimar y defender los intereses de los sectores oligárquicos parasitarios), le ha permitido a la derecha recuperarse, pasar a la ofensiva y ocupar espacios, viéndose, además, ampliamente respaldada por el gobierno estadounidense y demás aliados foráneos en su propósito por derrocar a Nicolás Maduro.

Mientras tanto, los sectores populares y movimientos revolucionarios continuaban movilizándose, apoyando y tratando de concretar las iniciativas de Chávez, encontrándose muchas veces en confrontación abierta con quienes ahora pasaron a dirigir (sin cuidarse de caer en la típica corrupción administrativa del pasado puntofijista) las diferentes instituciones del Estado, gracias a los votos de aquellos, sin corresponder a lo esencial de la democracia participativa, es decir, a la soberanía popular; cuestión ésta que, aún en medio de la coyuntura actual, no ha sido modificada de ninguna manera. Así, siendo ello parte resaltante de los muchos diagnósticos y reclamos presentados por las bases chavistas toda vez que son convocados por su dirigencia (más recientemente a través del Congreso de la Patria), al quedarse en el papel sin efecto pragmático que posibilite un verdadero cambio de situación, se está ayudando irresponsablemente a la oposición, avalando -por inercia- sus argumentos tendenciosos.

No obstante, las bases populares del chavismo, al margen de la posición acomodaticia de muchos de sus dirigentes nacionales, regionales y/o locales, del insensible desabastecimiento programado por los sectores empresariales de la oposición y del acoso mediático impuesto por la Casa Blanca y su séquito internacional de medios de información tarifados, continúan esperanzados en que la revolución bolivariana se convierta en un suceso cotidiano, capaz de superar el antiguo orden establecido y todas las dificultades padecidas; sin embargo, aún será preciso que ellas tomen plena conciencia de su papel histórico (lo mismo que los distintos movimientos revolucionarios existentes, independientemente de si puedan o no participar en cualquier contienda electoral) y se atrevan a gestionar sus propios espacios de poder constituyente, de manera que los cambios políticos, económicos, culturales y sociales implícitos en este singular proyecto de transformación revolucionaria tengan como características fundamentales su participación, su direccionalidad y su protagonismo.-

 

 

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15/06/2016 11:19 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿POR QUÉ ACONSEJAR AL GOBIERNO DE MADURO?

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Quizás resulte ingenuo, osado y hasta altanero creer que, de uno u otro modo, el gobierno venezolano (en sus diferentes escalas) pueda prestar algún tipo de atención a los análisis, los consejos o las recomendaciones que hacen públicos a diario tanto revolucionarios como chavistas, preocupados por el rumbo seguido por el proceso revolucionario bolivariano en su etapa actual.

Si tal cosa no es posible, le bastaría a los representantes del chavismo en posiciones de gobierno recapitular sus respectivos programas de gestión, sobre todo en lo que respecta al cambio estructural y al poder popular, entendiendo que ambos son factores primordiales para lograr la revolución bolivariana socialista; de manera que esto contribuya a que exista una corresponsabilidad efectiva con las diferentes organizaciones comunitarias y/o populares para impulsar los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que definirán esta revolución.

Por lo tanto, resulta incongruente que todavía se continúen solicitando nuevas acciones propositivas, sin antes verificar cuán exactamente se cumplieron, o dejaron de cumplir, aquellas que fueron promovidas bajo el liderazgo de Chávez, al igual que aquellas bajo Maduro, determinándose así cuáles han sido sus debilidades, fortalezas e inconsistencias durante su desarrollo.

Todo esto serviría para superar exitosamente la coyuntura por la que atraviesa el país, teniendo en cuenta que muchas de las iniciativas impulsadas por el Comandante Chávez no fueron abordadas y cumplidas adecuadamente por la gente designada para esta importante responsabilidad, dando lugar, en algunos casos, a hechos de corrupción y de despilfarro de recursos (totalmente condenables desde todo punto de vista) lo que impone dotarlas de una nueva visión y de unos nuevos ejecutores para su total consolidación.

Con esto, tanto chavistas como revolucionarios tendríamos que trabajar en conjunto para romper con la vieja cultura política que aún nos domina, con su secuela de sectarismo y su clientelismo político, heredada de adecos y copeyanos, cosa que se ha revertido en contra del gobierno y del proceso revolucionario bolivariano, resultando favorecida de esta forma la campaña demagógica montada por la oposición para culpar al gobierno de Maduro de todos los males causados por ella misma durante estos últimos tres años.

Por lo tanto, es una obligación moral ineludible que los chavistas y los revolucionarios demostremos una mejor disposición -indiferentemente de si aconsejamos o no a Nicolás Maduro y, junto con él, a toda la dirigencia y militancia chavista, o si los mismos lo soliciten- y nos encaminemos a desmontar realmente esta vieja cultura política, simultáneamente al desmantelamiento que se debe hacer del Estado burgués liberal todavía vigente. Sin ello en vía de concretarse, será una inmoralidad inaceptable que se le siga hablando al pueblo de revolución socialista si no existe ninguna disposición verdadera de llevarla a cabo.-

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15/06/2016 11:26 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

ERRORES REVOLUCIONARIOS, GANANCIA DERECHISTA

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     Al analizar Álvaro García Linera, Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, en un reciente foro internacional las causas que le facilitaron a la derecha recuperar fuerzas, derrotar y poner en jaque a los distintos gobiernos progresistas y/o izquierdistas surgidos durante las dos últimas décadas en Nuestra América, admitió: "Nuestro error fue que enfrentamos la redistribución de la riqueza sin politización social". Es decir, se hizo una gestión de justicia social hacia los sectores populares largamente postergados de la inclusión en términos sociales, políticos y económicos, pero se obvió la necesidad de conducirlos a un nivel de comprensión de la realidad para trascenderla y reemplazarla radicalmente, además de ayudarlos a convertirse en sujetos históricos de su propia emancipación.

 

     Aunque algo a destiempo, pero no innecesario, esta autocrítica no deja de ser bastante interesante. Máxime al saber que quien la emite es uno de los sociólogos que ha estudiado de cerca la actualidad de nuestro continente, comprometiéndose con su vida a gestar el cambio estructural en su nación, al lado del Presidente Evo Morales y los movimientos campesinos y aborígenes que insurgieran contra los remanentes del colonialismo hispano y el imperialismo gringo. Ella es, además, la aceptación de un error muy común entre quienes asumen la revolución -en especial, la socialista- como un proceso de transformaciones que, como se está desarrollando, o trata de desarrollarse, en el marco legal vigente, será íntegramente respetado por las clases sociales y sectores políticos despojados del control del poder estatal y económico; olvidándose de la ingrata experiencia padecida por el Presidente Salvador Allende y el pueblo de Chile.

 

     Hubo entre éstos, por decirlo de algún modo, cierta ingenuidad de su parte, quizás por no entender cabalmente que toda revolución verdadera apunta a una transformación estructural permanente que debe ser protagonizada, en un primer nivel, por un pueblo realmente consciente y organizado. Sin embargo, no sería algo del todo exacto. Muchos de éstos, posiblemente de buena fe, estaban convencidos de que lo que hacían desde el gobierno y partidos políticos era parte determinante de la acción revolucionaria, bastando nada más con seguir asegurándose el voto de las mayorías para disponer del poder y satisfacer cada cierto tiempo las demandas que éstas les presentaran; repitiéndose un ciclo que ya se había vivido bajo los gobiernos reformistas tradicionales (salvo durante la etapa dictatorial, auspiciada por Washington).

 

     De esta forma se podría explicar, someramente, cómo teniendo un amplio respaldo popular ahora estén tales gobiernos sometidos a los embates de la derecha, sin hallar una fórmula efectiva que pueda contenerlos exitosamente, si no es alguna apegada a las establecidas por las leyes y la Constitución; lo que aumenta las posibilidades de la derecha de lograr su único y mayor objetivo: el poder constituido. Esto reduce enormemente el grado de maniobrabilidad de cada gobierno izquierdista y/o progresista mientras sus enemigos hacen acopio de todos los recursos disponibles para hostigarlos y vencerlos, así ello implique colocarse al margen de la democracia y de las leyes, como se evidencia a diario en Venezuela, secundados por una campaña mediática abiertamente injerencista, cuyos núcleos se ubican en Bogotá, Madrid y Miami, distorsionando desvergonzadamente la realidad de cada una de nuestras naciones.

 

     De ahí que sea imperativo que la dirigencia de estos procesos de cambios revolucionarios sepa entender e implementar a tiempo las medidas que se requieren para conjurar las amenazas crecientes y nada disimuladas de la derecha fascistoide y, por supuesto, del imperialismo gringo, ansioso por ejercer un control exclusivo y directo de los diversos recursos estratégicos que se hallan en Nuestra América; medidas que únicamente resultarán eficaces si los sectores populares se organizan, actúan y crean sus propios espacios autogestionarios, dando nacimiento a unas nuevas relaciones de poder y, en consecuencia, a un modelo civilizatorio de nuevo tipo (aunque suene utopista).

 

     En resumen, entretanto se mantenga sin afectación alguna el viejo régimen burgués liberal -no obstante la existencia de leyes que harían factible su transformación de raíz mediante la activación contínua del poder popular constituyente- jamás se podrá consolidar ninguna revolución (sobre todo, de carácter socialista) en Nuestra América. Es aún necesario, como lo reconoce García Linera, que al gobierno con pretensiones revolucionarias lo acompañe un vasto movimiento social organizado, sin cooptación o dependencia de por medio que invalide su accionar revolucionario y constituyente; lo que permitiría vencer efectivamente (ojalá para siempre) los planes desestabilizadores y neocolonialistas del imperialismo yanqui y de sus acólitos locales.-

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15/06/2016 11:56 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.


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