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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2016.

LA DIETA DE MADURO BENEFICIA AL PUEBLO

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La “dieta” de Maduro beneficia al pueblo de Venezuela. Al verdadero. Al de aguas y tierras profundas. Al que lucha -sin ninguna clase de egoísmo- por un mejor país. No a aquel que se presenta a sí mismo ante los diversos medios de información nacionales e internacionales como representante de la totalidad, del 100%, de la población del país, desconociendo la existencia de un porcentaje significativo de venezolanos que no comulgan con sus “filántropos” propósitos “democráticos”. Como tampoco a aquel que vive -parasitariamente- a expensas de las dádivas del Estado (aunque alegue hacerlo por su propia cuenta). Para muchos sonará objetable, cáustico y/o contradictorio. Dependerá del bando en que cada quien se ubique y qué tipo de intereses defiende. Sin embargo, ello es una realidad cotidiana irrefutable.

 

La llamada dieta de Maduro -metáfora ingeniosa para referirse a la situación de desabastecimiento y de especulación derivada de la estrategia desestabilizadora opositora para salir extraconstitucionalmente del gobierno de Venezuela, quizás surgida de alguno de sus laboratorios de manipulación social, tal como ocurriera con la expresión “pero tenemos Patria” ante la escasez de papel higiénico y de otros productos de consumo diario- nos da cuenta de la marcada asimetría existente a nivel comunicacional donde los factores de derecha tienen una cobertura cotidiana asegurada mientras que sus contrarios (los chavistas y los revolucionarios) apenas son visibilizados. Más aún: tal asimetría se profundiza a medida que surgen en el horizonte político nuevas opciones que, de una u otra forma, discrepan de los puntos de vista y de las acciones de la dirigencia de ambos bandos.  

 

Sin embargo, lo medular de toda esta situación adversa es que la gente percibe -aún con los pronósticos en contra- que debe organizarse y actuar por sí misma ante las embestidas del acaparamiento, desabastecimiento y especulación de diversidad de productos de consumo diario que protagonizan los denominados bachaqueros, funcionarios de distintas ramas del sector público y un porcentaje axiomático de empresarios nacionales y extranjeros que han obligado a muchos venezolanos a alterar sus patrones de consumo, como también a ingeniárselas para obtener todo aquello que requieren sus familias. Esta circunstancia podría servir para fomentar entre el pueblo una cultura del trabajo totalmente distinta a la seguida desde hace ya un siglo, sujeta a los vaivenes de la renta petrolera y, por tanto, escasamente acoplada a las nociones de una economía colaborativa, soberana y realmente diversificada. Hará falta que el gobierno nacional y, en general, la dirigencia chavista sepa comprender a tiempo la necesidad ineludible de generar cambios profundos en relación a la política y a la economía del país, contribuyendo a crear espacios de autonomía en donde los sectores populares organizados construyan, desde sus propios ámbitos y según sus propias experiencias de lucha, el socialismo bolivariano con que acontezca, entonces, la transformación estructural de todo el orden vigente.

 

En este caso, aquellos que disienten del proyecto de la revolución bolivariana (incorporados, obviamente, a las filas opositoras) verán en esta posibilidad una gran amenaza a sus intereses de clase e individuales, por lo que no resulta sorprendente que emprendan y sostengan una guerra abierta contra todo lo que se haga en esta dirección. Entretanto, quienes sólo ven un peldaño para sus aspiraciones de confort y poder (ataviados como chavistas y revolucionarios) tratarán de impedirlo a toda costa, recurriendo a los mismos procedimientos clientelares, coercitivos y administrativos utilizados en su momento por los antiguos gobernantes adecos y copeyanos. En medio de ambos segmentos se encontrarían, por lo tanto, los revolucionarios que se esfuerzan en debatir, elaborar y presentar alternativas viables con las cuales orientar el rumbo a seguir por los sectores populares para la construcción definitiva de la revolución bolivariana. Gracias a la “dieta” de Maduro se podría determinar con más propiedad en cuál bando ubicar a cada quien en Venezuela.-   

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16/11/2016 12:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS EXTREMISTAS “ESPONTÁNEOS” Y LA OPOSICIÓN DICOTÓMICA

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La dirigencia de la derecha local comienza a sufrir los estragos de sus propios errores al calcar el libreto de las llamadas revoluciones de colores que hubo en Europa y Medio Oriente y de tratar de aplicarlo sin éxito en Venezuela. Esta es una situación extremadamente peligrosa para el país, más que para el gobierno, al existir entre la oposición algunos grupos espontáneos que no obedecerían líneas de esta dirigencia que, a sus ojos, resulta moderada e indecisa en cuanto a las vías violentas que se deben seguir para lograr el derrocamiento definitivo de Nicolás Maduro y asegurar la eliminación política, moral y, hasta, física de los chavistas, como muchos lo dejan traslucir a través de las redes sociales.

 

Como ya se vio en pasadas ocasiones, estos grupos se alimentan del odio verbal que suele emitir esta misma dirigencia, la cual, debido a la impunidad con que se expresa y actúa, termina por avalar la violencia generada, aun cuando ésta tenga un saldo trágico, atribuyéndole toda la culpa al gobierno, cosa que se replica sin comprobación alguna en medios de información extranjeros y nacionales, aumentando y manteniendo vivo el resquemor hacia todo lo que implique chavismo; así se obtenga alguno de los beneficios sociales promovidos en su momento por Hugo Chávez y ahora por Nicolás Maduro. Todo esto, al no ejercerse ningún tipo de control contra estos grupos violentos, causaría una situación similar a la producida en Colombia con las bandas criminales, no siendo casual que algunos integrantes de tales grupos estén alineados activa e ideológicamente con el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y su política de agresiones constantes contra Venezuela.

 

Sin embargo, lo que llama más la atención es la actitud, llamémosla sumisa y hasta cobarde, de los muchos representantes opositores frente a estos grupos violentos, prefiriendo quedarse callados y escurriendo el bulto antes que condenar públicamente su prontuario criminal, temerosos de ser señalados de cómplices del régimen, ahora dictadura, como gustan llamar al gobierno, constitucional, gústenos o no, de Nicolás Maduro Moros. Saben que les resulta imposible deshacerse del gobierno por la vía constitucional al mismo tiempo que intuyen que forzar su salida supondría la posibilidad de un estallido social de incalculables proporciones, apenas entrevisto con la irrupción de grupos chavistas al hemiciclo de la Asamblea Nacional el pasado 24 de octubre, cuestión que sorprendió a propios y extraños, dando pie a diversidad de conjeturas, entre ellas que hay un pueblo que empezó a cansarse del comportamiento y de las provocaciones de la derecha parlamentaria y que, incluso, podría rebasar al mismo gobierno chavista.

 

Los políticos de la derecha han mostrado muy poco respeto por la capacidad intelectual del pueblo venezolano (incluyendo, lógicamente, a sus seguidores) al tratar de hacerle creer que su insistencia en la realización del referendo revocatorio tiene un objetivo altruista, en defensa de la constitucionalidad y la democracia, y solucionaría, en definitiva, todo tipo de problemas existentes en el país. Mediante tal manipulación obligan a los diversos medios de información, prácticamente, a instituir una exclusión de la diferenciación que pudiera existir tanto en sus filas como en el chavismo, reduciendo todo a un enfrentamiento exclusivo entre ambas agrupaciones, es decir, negándose la posibilidad de opciones igualmente válidas en uno u otro bando, más allá de la simplicidad o estandarización de verse a unos como los buenos y a los otros como los malos.

 

Por supuesto, esta es una situación que pone en entredicho la moral “democrática y pacifista” de la representación de la derecha en Venezuela, resultando ambivalente y/o dicotómica, ya que, por una parte, acusa de violentos y antidemocráticos a los chavistas, incluso de vender al país a potencias extranjeras, mientras mantiene una actitud irresponsable de complacencia con sus seguidores, sin deslindarse de sus acciones evidentemente terroristas y, por tanto, violatorias de las leyes nacionales vigentes.-

 

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16/11/2016 12:15 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

POLARIZACIÓN MEDIÁTICA. NI LOS UNOS, NI… ¿LOS OTROS?

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Vista la situación creada en Venezuela a raíz de los acaecimientos en los espacios de la Asamblea Nacional, pocas personas se han pronunciado objetivamente respecto a lo que éstos revelarían aguas abajo, más allá del mero hecho noticioso. A simple vista, se podría concluir escuetamente en que todo es parte de la alta polarización alcanzada en el país entre los sectores de la derecha y los sectores de la izquierda (entendiéndose que entre estos está representado el chavismo), dejándose establecido de antemano que a lo interno de ambos sectores existe una unidad monolítica, es decir, sin fisura alguna.

 

Esto último, por supuesto, obvia la existencia de algunos grupos alternativos, más concretamente del lado que enarbola -a la par del chavismo- las banderas de una revolución popular y, por añadidura, de características anticapitalistas, nuestroamericanistas y antiimperialistas. Lo mismo podrá afirmarse en el caso de la derecha donde conviven extremistas “espontáneos”, inclinados sin mucho disimulo hacia el fascismo, y los moderados, favorecedores de consensos y fórmulas tradicionales como la socialdemocracia. Ello ha sido posible gracias al manejo mediático logrado por los representantes de cada uno de estos grupos antagónicos; reflejándose, a pesar de la diversidad de opciones candidaturales, en los votos obtenidos en todos los comicios realizados desde 1998 hasta el presente. Sin embargo, en la coyuntura actual pareciera que esta situación creada empezara a desdibujarse, dando paso al aparecimiento de propuestas novedosas, específicamente en el campo revolucionario, que suponen un cuestionamiento abierto en relación a la dirección política del proceso revolucionario bolivariano, siendo éste desvirtuado, en muchos casos, en función de intereses particulares, lo que es aprovechado por la derecha para obtener concesiones, mantenerse vigente y ocupar espacios, minando así la hegemonía chavista.

 

El problema de tales propuestas es que se concentran quizás demasiado en el marco electoral acostumbrado, desdeñando otras formas, igualmente legales y viables, de acceder al poder y de hacer la Revolución Bolivariana. Esto ha hecho que los chavistas y muchos en contra de las pretensiones de los grupos opositores (sin ser militantes activos) no puedan, o no sepan, distinguir las diferencias entre éstas y el Movimiento V República (MVR), en un primer momento, y, ahora, con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), lo que ha permitido la preeminencia electoral y organizativa de este último. En este caso, la polarización mediática conspira contra estas propuestas. Sin embargo, es posible que la última coyuntura que viven el chavismo y la oposición, mesas de diálogo de por medio en búsqueda de un ambiente de gobernabilidad consensuado, permita que finalmente se den a conocer ampliamente estas nuevas propuestas, diversificando el escenario político nacional, lo que obligará a los dos principales factores de la política venezolana a plantearse una nueva estrategia de entendimiento (si aspiran conservar su estatus) o, contrariamente, abrirles campo, neutralizando su beligerancia.

 

Quizás esto lo perciban unos y otros como una amenaza. No obstante, debiera interpretarse como una manera de fortalecer y de ampliar el ejercicio democrático en Venezuela, tomando en cuenta el nivel de participación política alcanzado por la población venezolana, en especial aquella que durante más de tres décadas fuera invisibilizada y marginada por las élites gobernantes del pacto de Punto Fijo; reflejándose en una lucha de clases sociales a la que pocos aluden y, menos, atinan a definir. Lo que quedará pendiente será saber si así lo entenderán las dirigencias de la oposición y del chavismo, evitando su propio desgaste y la posibilidad nada ilógica de ser substituidos ambos por unos nuevos actores políticos que terminen por confinarlos al pasado.-   

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16/11/2016 12:20 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UNA DE DOS: O CAPITULAMOS O RECAPITULAMOS

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Es necesario que los revolucionarios de nuestra Abya Yala sean capaces de luchar por crear un mundo posible donde quepan muchos otros mundos (al decir de los zapatistas y de otros demandantes de la alteridad) no puramente el que ahora habitamos, donde sólo es permitido y estimulado el ‘american way life’ como muestra avanzada de civilización y de modernidad. Uno de los objetivos que debiera imponerse, por tanto, cualquier proyecto de emancipación revolucionaria es refutar y derrotar la hegemonía euro-yanqui que ha pretendido, desde hace cinco siglos, representar a todo el mundo mediante una universalidad y una modernidad que sólo se ajustan a los patrones emanados de Europa y Estados Unidos, gracias a los cuales a estos les correspondería la misión de civilizar al mundo bárbaro que no conoce lo que es la libertad, la libre economía y la democracia, permitiéndose reconfigurar, incluso, sus fronteras nacionales en función de optimizar sus supremos intereses geopolíticos y económicos. De allí que sea inaplazable fraguar -hasta donde ello sea factible, siendo conscientes, por supuesto, de las múltiples dificultades y de las limitaciones que la misma implicaría- la construcción de una fundamentación teórica de una nueva lógica (anticapitalista y antipatriarcal), de unos nuevos paradigmas y, en general, de una nueva cultura social, económica y política; extraídos de la realidad específica de las naciones nuestraamericanas, pero que no por eso suprimiría completamente la realidad experimentada en común con los demás pueblos periféricos del planeta.    

 

En tal sentido, es fundamental entender que “en América latina nos encontramos -tal como lo describe Juan José Bautista Segalés en su obra ¿Qué significa pensar desde América Latina? Hacia una racionalidad transmoderna y postoccidental- en una coyuntura histórica sin igual en la cual estamos empezando a producir no sólo otra idea de economía, política y sociedad, sino también el conocimiento con el que esta otra idea de vida, distinta de la forma de vida que los modernos nos han impuesto durante 500 años, sea posible. Ya no basta con producir los conceptos y categorías con los cuales hacer inteligible, pensable y posible este otro proyecto. El problema no está en cuestionar solamente el capitalismo, el modelo neoliberal o, si se quiere, el socialismo real del siglo XX, sino en problematizar y criticar la racionalidad que los presupone y les da sentido, para no recaer en lo que siempre criticamos y que queremos superar”.

 

Tal cuestión impone no escasos desafíos conceptuales, además de prácticas que evidencien la posibilidad real de concretarlos. Es importante comprender, además, que una revolución que se plantee reemplazar el sistema capitalista por uno más enfocado hacia los seres humanos y la naturaleza, estableciendo una simbiosis beneficiosa para ambos, lo cual no podría lograrse si aún se apela a la racionalidad que lo engendró y justifica, aun cuando se diga que es parte del cambio sugerido y anhelado por muchos a nivel mundial. Ante tamaño reto no sería extraño que algunos claudicaran mientras otros, quizás, sencillamente recapitulen y retomen la lucha bajo unos nuevos parámetros, esta vez mejor compenetrados con la realidad particular de cada pueblo y/o nación. Ello resulta más urgente cuando se observa la arremetida de los grupos y gobiernos conservadores de derecha, incluyendo triunfos electorales y los denominados golpes blandos -en lo que se considera el final del denominado ciclo progresista, tomando en cuenta lo ocurrido en Argentina y Brasil, buscando extenderse a Bolivia, Ecuador y Venezuela- en contra de las reivindicaciones de los sectores populares, restaurando y reelaborando el esquema neoliberal capitalista que tutelaba, hace tres décadas atrás, la economía mundial, sobre todo en los países de nuestra Abya Yala.

 

Este último escenario (que algunos perciben irreversible) obliga a los revolucionarios a definir posiciones. Una de dos: o capitulamos o recapitulamos. No podría confiarse en algo intermedio al respecto, si no existen criterios precisos que permitan ahondar y darle continuidad a un proyecto de transformación estructural que abarque la totalidad del modelo civilizatorio vigente. Tal cosa exige, obviamente, determinar los cambios que se harán en el campo político y su reflejo inmediato en lo económico, de manera que exista una compatibilidad entre ambos, trascendiendo el marco reformista tradicional. Pero ello requiere en todo momento que los sectores populares adquieran plena conciencia del rol histórico que les tocará cumplir para alcanzar sus aspiraciones de emancipación integral, organizándose de forma independiente en relación al Estado, con sus propias normativas y liderazgos, sin que esto signifique caer en un idealismo que, luego, al no producir resultados tangibles, haga que muchos se decepcionen y abandonen la lucha, reflejándose en la desmovilización social y el abstencionismo electoral que asegurarían -eventualmente- la restauración de las clases oligárquicas y proimperialistas.-      

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16/11/2016 12:26 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

IMPERIALISMO, OPOSICIÓN Y REFERENDO

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Como cuestión habitual en ellos, los dirigentes de la oposición repiten el esquema de la manipulación mediática y del autoengaño para desmentir, a propósito de la realización de las mesas de diálogo con representantes del gobierno venezolano, el fracaso de su estrategia para acabar de modo definitivo con el chavismo mediante la convocatoria y celebración del referendo revocatorio en 2016. Con esto pretenden, evidentemente, evitar que ocurra una masiva desbandada de sus seguidores (sobre todo, de los extremistas “espontáneos” que hay en sus filas), decepcionados al no ver unos resultados inmediatos y concretos que colmen sus aspiraciones revanchistas. La situación actual, ubicados en el ojo del huracán de la opinión pública en general, pendiente de sus posturas ambivalentes, lejos de hacerlos desistir de sus propósitos, los induce a fijarse acciones lindantes con el terrorismo, como única opción a la mano para obligar a Nicolás Maduro a dimitir, teniendo en cuenta las recomendaciones de Gene Sharp en su manual de guerra no convencional, aprobadas y financiadas por Washington; todo lo cual no exime la posibilidad que sigan usando el referendo revocatorio como excusa, a pesar de la imposibilidad legal de formalizarlo en lo que resta del año, para mantener así un ambiente de protestas y de violencia política que pueda extenderse por todo el país.

 

Para el imperialismo gringo -con Barack Obama aún de inquilino de la Casa Blanca- esta situación luce oportuna e ideal para socavar las bases de apoyo del chavismo en Venezuela, aprovechando las debilidades mostradas en el área productiva que, sin embargo, no han mellado tales bases con la fuerza suficiente que permitan pronosticar su total derrumbe. Por tal motivo, enfila sus baterías mediáticas cada vez que percibe el agotamiento de la estrategia opositora, incluso haciéndose partícipe -desde lejos- del diálogo propiciado por Maduro con la oposición, brindándole un estímulo compartido con otros personajes de la farándula y de la derecha internacionales que obvian situaciones aún más conflictivas y abiertamente contrapuestas al ejercicio de la democracia y al respeto de los derechos humanos -como “normalmente” acaece en Estados Unidos, Palestina, Yemen, Siria, México, Argentina y España- sin dar lugar a unas actitudes similares al respecto.

 

Alfredo Serrano, en “Geopolítica de América latina: entre la esperanza y la restauración del desencanto”, explica que "el pesimismo reinante en algunas filas autodenominadas ’progresistas o de izquierdas’ allana el camino para aquellos que realmente sí desean la restauración conservadora. Los momentos de vacas flacas son siempre propicios para aquellos que se apean en la siguiente parada. El desencanto creciente en nuestras filas abona el terreno para el retorno de las carabelas en versión siglo XXI. Esto sería conceder demasiada ventaja al enemigo en estos tiempos de disputa. La crítica es bienvenida siempre y cuando venga acompañada de búsqueda de soluciones, de motores generadores de nuevas esperanzas, sin terminar cediendo al chantaje del desencanto". Esta mella renueva los bríos contrarrevolucionarios, elevando la confianza opositora en que el final del proceso revolucionario está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, pareciera presentarse una especie de pausa que trastocaría los planes de la derecha en Venezuela, dado el triunfo electoral de Donald Trump, franqueando el paso a especulaciones diversas respecto a sus posibles acciones como presidente de Estados Unidos; lo que serviría al chavismo en el gobierno -de saber interpretarlo y aprovecharlo de forma adecuada, con un respaldo popular activado en todas las esferas de la vida nacional- para contener y vencer las intenciones de quienes propician su eventual caída.-

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16/11/2016 12:30 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

TRUMP, ¿UN APOCALIPSIS MENOS DESTRUCTIVO?

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A vuelo de pájaro, la elección del multimillonario Donald Trump como el sucesor de Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos ha sido catalogada como una revuelta de la población “blanca, anglosajona y protestante” (en algunos casos, percibida como una minoría) contra las élites políticas, económicas y financieras identificadas con el capitalismo neoliberal, cansada de ser víctima constante de sus manipulaciones y demás acciones para asegurar sus patrimonios particulares y/o grupales en detrimento de los ingresos, necesidades e intereses de la amplia masa laboral estadounidense. En consecuencia, su discurso antiglobalización tuvo un primer efecto en el ánimo de esta población, pero no podría interpretarse, a priori, como algo totalmente en su contra.

 

Atendiendo a sus palabras durante la campaña electoral, con Donald Trump en la Casa Blanca, según lo vaticinan algunos estudiosos del tema, todos los proyectos de la restauración económica neoliberal a nivel global podrían desbaratarse en función de una política económica nacional más proteccionista y, por ende, aislacionista. Así, los tratados de libre comercio que promovieran y suscribieran los gobiernos posteriores a la era de Ronald Reagan fueron satanizados y culpados de suprimir una cantidad considerable de puestos de trabajo tuvo su eco efectivo en las áreas más empobrecidas de Estados Unidos, lo que -de algún modo- sirvió para apuntalar el ascenso de Trump a la presidencia estadounidense.

 

Adicionalmente, la postura conservadora del nuevo presidente ha hecho suponer el inicio de un período que hará retroceder y limitar muchos avances en materia de derechos humanos. Por ejemplo, Emilio Marín, en su artículo “Un ‘remedio’ peor que las enfermedades del imperio”, describe que “dentro y fuera de EE UU el resultado supone un espaldarazo a políticas de derecha y ultraderecha, de limitación de los derechos civiles y avances elementales en cuestiones como el aborto, cambio climático y matrimonio igualitario, exacerbación de la xenofobia, sobre todo contra los mexicanos y musulmanes (estos, ‘el último orejón del tarro’ para el magnate y sobre lo cual los medios mucho no hablan) y la vilipendiada mujer, tocable y violable”.

 

Claudio Katz, por su parte, hace notar que “el nuevo presidente exhibe con orgullo su condición de potentado y reforzó la idealización del capitalista que impera en Estados Unidos. Reavivó también la fábula que asimila el éxito en los negocios con la capacidad para dirigir un país”.  Sin embargo, como lo menciona Katz, “olvidó recordar cómo refutaron esa creencia los últimos millonarios que habitaron la Casa Blanca”. Esto, obviamente, tendrá sus repercusiones en el caldo de cultivo explosivo que representa la gigantesca crisis política y social que embarga desde hace varios años a los Estados Unidos y, más allá de sus fronteras nacionales, a todo el sistema imperialista mundial, envuelto en toda clase de acciones intervencionistas y agresiones militares contra gobiernos y naciones opuestos a sus designios hegemónicos.

 

No hay que olvidar que desde hace siglos, el imperialismo gringo ha explotado e inculcado el excepcionalismo o destino manifiesto que les concierne por la gracia divina para civilizar al mundo; lo que podría precipitar una situación quizás más extrema y belicista frente a las dos potencias que ahora le disputan la hegemonía global a Estados Unidos, Rusia y China, lo mismo que con aquellas naciones que han sido objeto de su constante atención, entre ellas algunas pertenecientes a nuestra Abya Yala.  Nada de esto significa que Trump sea un apocalipsis menos destructivo que el simbolizado por Hillary Clinton, incluyendo al saliente premio Nobel de la “paz”, Obama, con su estela de destrucción, violación de derechos humanos (dentro y fuera de suelo estadounidense) y guerras imperiales.-  

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17/11/2016 12:18 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.


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