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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2017.

LA ILUSORIA EXISTENCIA DE UNA DERECHA DEMOCRÁTICA EN VENEZUELA

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Para evitar una mayor escalada de violencia que pueda revertirse en su contra, la dirigencia de la derecha democrática en Venezuela (si acaso existe) tendría que recapacitar y desmarcarse de los grupos violentos y fascistas que buscan aterrorizar a toda la población. No debería, por tanto, hacerse cómplice silenciosa de los desmanes cometidos por tales grupos, ya que de esta manera estaría estimulándolos para que continúen generando una reacción similar de parte del chavismo (ya no de los cuerpos de seguridad del Estado), envolviendo a todo el país en una situación lamentable, con víctimas de ambos bandos. Sin embargo, parece bastante ilusorio que semejante cosa ocurra, dado que desde hace tiempo los grupos más radicalizados (como Primero Justicia y Voluntad Popular) han sido los artífices y protagonistas principales de esta estrategia desestabilizadora, bendecidos y financiados, además, por la extrema derecha internacional.

 

Si diera señales de vida y de verdad estuviera interesada en defender la paz, la soberanía y la constitucionalidad de Venezuela, lo menos que podría avalar esta presunta oposición democrática es la destrucción nada espontánea de las edificaciones públicas, unidades de transporte de pasajeros, instituciones educativas y centros de salud, cuyos mayores beneficiarios son los sectores populares.

 

Si se le aceptara que su lucha es justa y democrática, tendría que exigírsele a los seguidores de este tipo de oposición que, en correspondencia con las banderas que enarbolan, adecuaran su lenguaje a la búsqueda real de soluciones ante la situación que denuncian, especialmente en lo concerniente al odio mostrado hacia los chavistas, con expresiones abiertamente racistas y homicidas. Esto implica, lógicamente, dejar de alimentar actitudes que predisponen un escenario de violencia, con lo cual solo estarían de acuerdo sicópatas y sociópatas.

 

En contraposición, a los chavistas, lo mismo que a los revolucionarios, les toca contribuir a que las medidas adoptadas por el gobierno nacional se concreten en beneficio del pueblo, condenando y denunciando todo aquello que sirva para justificar las acciones opositoras, tomando como primera referencia la gestión deficiente que puedan presentar algunas instituciones del Estado, sean éstas nacionales, regionales o municipales, y hacer todo lo posible porque se constituya y funcione un poder popular verdaderamente revolucionario e independiente, siendo éste capaz de marcar el rumbo en la transición hacia el socialismo.-

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07/06/2017 11:56 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA «MODA» FASCISTA Y EL SILENCIO DE LA VERDAD

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Hay una frase de Marcel Proust, plasmada en su obra «Sodoma y Gomorra», que bien podrá ilustrar la situación presente en Venezuela: «Sólo el mal hace observar y aprender, y permite descomponer los mecanismos que no conoceríamos si no fuera por él». De una forma que reconocemos simple, pero pertinente, ésta daría cuenta del carácter de los hechos violentos, presuntamente espontáneos, ocurridos en fechas recientes, con gente de la derecha que recurre sin remordimiento alguno al terrorismo y al asesinato como armas políticas.

 

Sin embargo, ello es obviado adrede por algunos responsables de la prensa nacional y extranjera, sin medir sus consecuencias, resaltando como absolutamente negativa y condenable la actuación seguida por los organismos de seguridad del Estado, cuyos integrantes -contrario a lo comúnmente observado en otras naciones del mundo- son víctimas de insultos, agresiones físicas y hasta de asesinatos; cosa muchas veces estimulado y celebrado por quienes se proponen acabar, a cualquier precio, con todo vestigio de la experiencia chavista en el país.

 

Esta tendencia se ha generalizado sin límites, reduciendo, soslayando y suavizando la crudeza de los acontecimientos suscitados, pese a la existencia de evidencias fotográficas y audiovisuales que la refutan.

 

Un balance serio en relación con la cobertura noticiosa del acontecer venezolano determinaría que un número abultado de medios dejó de ser imparcial y ahora actúa frontalmente como emisor de propaganda antichavista. Éstos emiten juicios de valor, lo que no solamente se transmite a través de titulares y calificativos aparentemente objetivos e inocuos, sino también mediante el uso de imágenes, mensajes y noticias que induzcan a creer que Venezuela es un caos total, envuelta en una atroz guerra civil. Ello bajo la advocación del derecho a la libre expresión que les asiste por vía constitucional.

 

Dicha situación rememora mucho el escenario previo a la guerra y limpieza étnica sufridas en la antigüa Yugoslavia y en Ruanda cuando los diferentes medios de información avivaron odios racistas y ultranacionalistas dormidos, lo que fuera sancionado por el Tribunal Penal Internacional, en el último caso, como responsabilidad intelectual directa de dueños y directivos de estos medios. Se observa un empeño diario en conformar las condiciones ideales para que caiga finalmente la «dictadura» chavista, desdeñándose la normativa constitucional que avala al gobierno actual como un gobierno legítimo, producto de un proceso electoral que fuera, además, supervisado por la comunidad internacional.

 

En este balance cabe incluir necesariamente la estrategia fraguada desde Washington para impedir la factibilidad de una verdadera revolución popular socialista que termine por afectar su hegemonía geopolítica; amenazada, asimismo, por Rusia y China, cuyas cuantiosas inversiones han traspasado sus antiguas áreas de influencia, rivalizando con el capital estadounidense. Este importante elemento, negado o puesto en duda por muchos de los patrocinadores de las acciones opositoras emprendidas, explicaría en una gran proporción el auge de las mismas, sustentadas mayormente a través de las redes virtuales y las grandes corporaciones mediáticas, cuestión que ha obstaculizado las iniciativas de diálogo de Nicolás Maduro para restablecer la paz y el orden constitucional.

 

En lo inmediato, en Venezuela se libra una verdadera guerra mediática donde la verdad es la primera víctima. Un elemento secundario y moldeado por medios prácticamente corporativizados que adoptan una línea editorial ostensiblemente hostil al gobierno, según los intereses opositores perseguidos.

 

En tal contexto, resulta adecuado citar lo dicho por la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, durante la 39 sesión del Comité de Información Pública de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas: «Con más frecuencia la libertad de expresión, la imparcialidad y la objetividad se sacrifican a la coyuntura política». Una «moda» fascista que conspira contra el logro de la paz y el respeto de la democracia como rasgos de una verdadera sociedad igualitaria, tolerante y pluralista.-

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07/06/2017 12:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA NECESIDAD REVOLUCIONARIA DE LA DEMOCRACIA DIRECTA

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En la coyuntura actual de enfrentamiento y terrorismo alentada por grupos ultraderechistas en Venezuela, los revolucionarios tendrán que asumir como línea fundamental de combate la organización y la movilización revolucionaria del pueblo como pasos trascendentales que aceleren la praxis de la democracia directa por parte de los sectores populares. Se impone así, como agenda primordial de los distintos factores revolucionarios, la consolidación del poder constituyente del pueblo, a fin de que sea éste quien determine realmente la transformación estructural del vigente Estado burgués liberal, las nuevas relaciones de producción bajo una óptica postcapitalista y la evolución democrática del país, y no una minoría que nada más vele por sus propios intereses.

 

En medio de este escenario de agudización de confrontación política -predispuesto, primordialmente, por la dirigencia derechista-, tendrá que llevarse a cabo un debate abierto respecto al desarrollo, los alcances y las debilidades de la Revolución Bolivariana, con la intención de reorientar y reimpulsar el avance de las fuerzas revolucionarias populares en vez de continuar fortaleciendo, en algunos casos inconscientemente, el viejo modelo de Estado burgués liberal y el clientelismo político que lo obstruyen. Tal propuesta se enlaza con la necesidad de elevar la conciencia revolucionaria de los sectores populares, de modo que les sirva para desmantelar el acoso mediático y las apetencias de poder de los grupos apátridas y fascistas del país, lo mismo que la injerencia descarada del imperialismo gringo y de sus satélites internacionales en los asuntos internos venezolanos.

 

Al respecto, cabe decir que, independientemente de las previsiones gubernamentales, legítimas y normales en cualquiera nación del mundo, incluida la convocatoria hecha por Nicolás Maduro para una Asamblea Nacional Constituyente, son los diversos factores políticos y sociales de la Revolución los llamados a mantener un perfil vigilante y de lucha constante frente a la estrategia de desestabilización ejecutada por los grupos oligárquicos en Venezuela, ahora magnificada y rebotada simultáneamente por redes virtuales y demás medios de información, siendo esto último, por cierto, su principal soporte, ya que no cuenta con un masivo y decidido respaldo popular, como lo hacen ver a diario; pese a las innegables deficiencias presentes en muchas instituciones públicas.

 

Por consiguiente, se debe entender que el papel de los factores revolucionarios no sólo se refiere a simplemente salvaguardar la estabilidad del gobierno nacional y la existencia política del chavismo sino el de defender, en un primer plano, la soberanía nacional al estar la oposición aspirando y exhortando a que las tropas del Comando Sur de Estados Unidos le faciliten lo que no han conseguido con su sabotaje económico continuado, sus noticias falsas recicladas y sus incesantes violaciones al orden constitucional vigente, todo avalado por una Asamblea Nacional en desacato.

 

En un segundo plano, sin dejar de ser importante por ello, se requiere activar mayores mecanismos de participación y protagonismo de los sectores populares hasta lograr, en consecuencia, el ejercicio revolucionario de la democracia directa por parte de éstos, lo que definirá el carácter socialista del proyecto de transformación de la Revolución Bolivariana. Todo ello podrá iniciarse y obtenerse, a pesar de la autocensura y las limitaciones impuestas por algunos medios informativos privados a la difusión de noticias y declaraciones favorables al gobierno, a través de campañas divulgativas y foros públicos donde se dé a conocer cuáles son sus fuentes, sus instigadores y sus intereses reales.-

 

 

 

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07/06/2017 12:04 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA PAZ, LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA… DE LAS “ELITES”

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¿Qué diferencia en Venezuela a los ricos (y quienes ambicionan serlo) de los pobres (y quienes no quieren serlo)? Desde la época colonial, la degradación moral es uno de los estereotipos creados y atribuidos generalmente a estos últimos, calificados de gente de baja calaña (en otros casos, ralea), producto de su falta de autoestima, su ignorancia y su convivencia diaria con la pobreza. Arriba estaría la gente de bien, ejemplar, ilustrada y de altos quilates éticos y morales, llamada a dirigir, por ende, el destino común de la nación. Sin embargo, frente a los acontecimientos producidos en los últimos meses, toda esta visión sesgada tradicional de la realidad socioeconómica nacional se ha venido a pique.

 

Quienes se jactan de pertenecer a los altos estratos sociales y económicos han dejado ver, públicamente, de qué madera están hechos, actuando con la mayor impudicia posible, a tal nivel que muchas personas no saben si reír o escandalizarse ante sus extravagancias cada vez que la dirigencia antichavista les convoca a protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro; repitiendo imágenes y esquemas que bien pudieron funcionar en otras latitudes, pero que son ajenas a la idiosincrasia venezolana.

 

Aun así, diferentes medios destacan este tipo de actuaciones como algo absolutamente válido en la lucha contra la «dictadura madurista» y la defensa de la Constitución; dejando entrever, además, que ella cuenta con el ciento por ciento del apoyo del pueblo mientras el chavismo gobernante carece de un mínimo porcentaje de apoyo, lo que implica que -en un corto plazo, según el vaticinio de los expertos consultados en dichos medios- éste sería derrocado y reemplazado por un gobierno de verdaderos propósitos políticos democráticos, a la usanza de los existentes en Argentina o Brasil, por no mencionar los de Colombia y Estados Unidos, paradigmas de lo que debiera ser uno similar en este territorio bolivariano.

 

Por eso, estas personas (luciéndose ante las cámaras de sus amigos y periodistas) suponen y están convencidas que lo justo de esta lucha les permite echar mano de todos los recursos disponibles, sin importar que los mismos atenten contra la ley y causen la muerte de sus semejantes, muchos de ellos ajenos al escenario de confrontación política que se intenta generalizar.

 

Dicho comportamiento evidencia, sin duda, una psicopatía o idiocia, no obstante los títulos universitarios que algunas de estas personas puedan exhibir con justificado orgullo; lo cual es digno de estudio de parte de las diferentes ciencias sociales, sirviendo de base para un mejor entendimiento respecto a los motivos reales que impulsan la «resistencia» opositora. Cabe entender si el hecho de desnudarse y defecar en la vía pública, a la vista de todo el mundo, refleja o no algún tipo de daño cerebral o, sencillamente, es parte de un deseo largamente reprimido que, en las circunstancias actuales, pudo al final aflorar, liberando a sus protagonistas de una pesada carga emocional. También se podrá concluir, someramente, que se tenga la intención que entre los chavistas ocurra algo parecido; igualándose ambos bandos en un torneo de nunca acabar en cuanto a muestras de estupidez y de falta de valores, convirtiendo la convivencia y la tolerancia democráticas en una cuestión inexistente y despojada de significado alguno.

 

Posiblemente esto sea parte del mensaje que se le quiere transmitir a las nuevas generaciones, sin estimar sus eventuales consecuencias, en una tierra de nadie, donde -pese al orden jurídico vigente- toda inmoralidad, toda violencia terrorista y toda violación de los derechos humanos de quienes no comparten sus intereses y su ideología, es impunemente permitida. Para los ricos (y quienes ambicionan serlo), lo mismo que para la élite gobernante estadounidense, esto será lo mejor que suceda, en bien de sus respectivos intereses. ¿Qué relevancia tiene la matanza de unos «cuantos» demonios chavistas si la misma se produce en beneficio de su altruismo y su «fe» democrática?

 

Cosa semejante se hizo sin escándalo alguno (incluso de la jerarquía eclesiástica católica, convertida en un factor político innegable) en Alemania bajo el régimen nazi, en Italia con el fascismo, en España con Franco, su «caudillo por la gracia de dios» y en Chile, sometido -por voluntad del imperialismo gringo- al mando «benévolo» del general Pinochet. De este modo, cualquier tentativa de agresión física y de asesinato, independientemente de cuál sea la edad y la condición social de las víctimas (seleccionadas o al azar), la solicitud a gritos (y oída con suma atención en Washington) de una invasión militar yanqui que extermine de raíz al chavismo plebeyo; la destrucción deliberada de bienes públicos que benefician, principalmente, a los sectores populares de bajos recursos económicos; y las faltas a la moral y las buenas costumbres, tendrán un asidero, más que legal o legítimo, irreprochable. Todo sea -según su punto de vista- por la consecución de la paz, la libertad, la democracia y el derrocamiento final de la «dictadura madurista».-

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07/06/2017 12:08 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

VENEZUELA Y… LA «OTRA»VENEZUELA

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Respecto a la oposición, es lícito pensar (sin lugar a la duda ni a la chanza ni a la mala intención) que no es gente seria e inteligente al «drenar» sus manías callejeramente como expresión política.

 

Sus extravagancias -salvo las acciones terroristas, con su saldo de asesinatos, asaltos y destrucción de inmuebles (muchos pertenecientes a pequeños y medianos comerciantes), continuamente negadas por sus dirigentes y, en contrapartida, todas atribuidas al chavismo- han servido para reanimar su escuálida presencia en las calles del país, buscando causar más un impacto sicológico en la opinión pública exterior que una reacción política en la local, imitando lo hecho en otras épocas y en otras latitudes. Pero, al contrario de aquellos que imitan, combatiendo gobiernos y políticas públicas que afectan los derechos y el bienestar colectivos, acá el objetivo primario no es otro que la salida extraconstitucional (preferiblemente sangrienta) de Nicolás Maduro de la presidencia, sin disponer de otros elementos de causa que legitimen sus protestas «pacíficas y democráticas».

 

Siendo esto tan cierto, habrá que concluir, forzosamente que, con tantas gríngolas mediáticas, es difícil que un fanático derechista se anime a reconocer la verdad expuesta ante sus ojos. Ya esto sucede, en cualquier ambiente y a cualquier hora; complicando la posibilidad de lograr un mínimo de diálogo y de entendimiento respecto al tipo de país que se aspiraría -entre todos- compartir. Esto ha logrado que la dirigencia ultraderechista de la oposición mantenga una posición inflexible, confiada en que sus objetivos están pronto a alcanzarse, contando con el apoyo de sus aliados extranjeros, sobre todo de los regímenes de Argentina, Brasil, Colombia, Perú y, por supuesto, de Estados Unidos, dispuestos a emprender medidas coercitivas (económicas, diplomáticas y, sin exponerlo más explícitamente, militares) que obliguen a Maduro a renunciar. A esta posición de inflexibilidad extrema, se agrega la Conferencia Episcopal Venezolana en abierto desacato de lo expresado por su líder espiritual, el Papa Francisco, como de sus buenos oficios para contribuir a una solución consensuada (o negociada) entre todos los sectores involucrados. Lo mismo pasa con los gremios empresariales y profesionales que son controlados por la derecha, cada uno promoviendo pronunciamientos que produzcan la sensación que el chavismo gobernante ha caído en completa desgracia, restándole nada más que el respaldo interesado de la cúpula castrense.

  

En la concepción de la democracia de la derecha, ella representa la totalidad de la población de la nación. Así, aquellos que protestan «pacíficamente» por el respeto a la Constitución (la misma que ellos, por cierto, rechazaran a gritos en 1999 y luego abolieran mediante el gobierno de facto del empresario Pedro Carmona Estanga en 2002) serían entonces los que mejor podrán gobernar Venezuela para bien de todos. El resto (entiéndase, según su óptica clasista y racista, la chusma, los tierrúos, los pata en el suelo, los sectores populares) sólo tendrán que adaptarse y sobrevivir con las migajas que deje caer de sus mesas la nueva clase gobernante de la derecha mientras recupera el rumbo perdido e impulsa programas del neoliberalismo económico que satisfagan las apetencias de los grandes consorcios del capitalismo transnacional; al modo «democrático» de Argentina o Brasil.

 

De esta forma, la derecha representa una Venezuela que confronta a la «otra» Venezuela, la conformada por el chavismo, que es -básicamente, aunque muchos lo cuestionen- la mayoría de la población, los sectores populares, de los cuales -por cierto- se expresan en términos bastante degradantes y despectivos, copiando la jerga bravucona neo-nazi. Algo que se deja ver en los sitios escogidos por la derecha para llevar a cabo su ahora cotidiana labor de «protestas pacíficas» contra el régimen de Maduro, dejando tras su paso de hordas enfurecidas una estela de destrucción y muerte; a diferencia de lo que ocurre normalmente en las movilizaciones chavistas (invisibilizada en la mayoría de las cadenas empresariales informativas), con sus expresiones de alegrías, cantos y bailes, irradiando optimismo y, muy especialmente, un profundo amor por la Patria bolivariana, en vez de prodigar -como su contraparte- una excesiva admiración y dependencia emocional respecto a la potencia tutelar del continente, Estados Unidos.

 

Esto marca, indudablemente, una diferenciación de clases sociales, profunda, que se ha manifestado con todo lo que ella implica, ya no sólo en el plano político o económico, sino muy especialmente en lo cultural, ideológico y/o espiritual de cada persona, independientemente del hecho evidente que gente de los estratos más bajos acompañen a los representantes oligárquicos y apátridas de la derecha; como también en sentido contrario. Aun así, habría espacio para determinar, con algo más de precisión que esta simple categorización, la existencia de la «otra» Venezuela, aquella a la que tanto temen por igual la derecha (local y extranjera) como los que gobiernan en su nombre.-

 

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07/06/2017 12:14 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL ÚLTIMO CAMPO DE LA CONFRONTACIÓN EN VENEZUELA

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The New York Times publicó recientemente: «Las detenciones arbitrarias por motivos políticos son una constante en Venezuela, país que vive una de las peores crisis de derechos humanos de la región». Al respecto, una persona medianamente inteligente y con criterio propio se preguntaría: ¿Detenciones arbitrarias? ¿No son castigables los delitos de violencia terrorista, la destrucción de bienes públicos, las agresiones a funcionarios militares y policiales, la instigación pública a un golpe de Estado, la invocación de una intervención armada de una potencia extranjera y el asesinato deliberado de personas con propósitos políticos? ¿Son delitos lícitos y permitidos en el territorio de Estados Unidos y Europa sin actuación alguna de sus respectivos gobiernos?

 

Como se detecta en diferentes medios informativos, la situación interna venezolana es tratada con una evidente parcialidad. Esto salta a la vista en el uso del lenguaje al referirse a las acciones violentas del antichavismo como protestas pacíficas, lo cual es reforzado con la selección de imágenes que exponen a policías y militares como represores que violan sistemáticamente los derechos humanos de todo el pueblo venezolano; sin identificar la fuente del efecto efusivamente reseñado. Se esquiva así, repetidamente, la violencia convocada y legitimada por la dirigencia derechista, dándole un carácter cotidiano, a fin de influir en la percepción que se tenga de todo lo generado en el territorio, de modo que no existan más salidas que las exigidas por los sectores opositores.

 

En todo este panorama se puede determinar la deficiencia comunicacional del gobierno y del chavismo en general, muchas veces centrados en apagar fuegos, pero sin manejar una estrategia comunicacional que no sólo esté dirigida a informar a la colectividad respecto a la gestión gubernamental cumplida, o a mantener viva la imagen del Comandante Hugo Chávez, transformado en ícono, incluso por encima del Libertador Simón Bolívar; lo cual no ha evitado que la oposición continúe en su empeño por minar la confianza en Nicolás Maduro como presidente y en su capacidad para contribuir realmente al logro de los objetivos primordiales de la Revolución Bolivariana, Socialista y Popular que se busca impulsar y arraigar en Venezuela desde hace más de una década.

 

No obstante reconocerse este innegable talón de Aquiles, los factores y funcionarios chavistas se empeñan en depender (casi de manera exclusiva) del centimetraje que puedan obtener en diarios y demás medios de información, así dispongan de aquellos que dependen del Estado o sean partidarios de su programa político. De este modo, terminan por aceptar las reglas de juego impuestas por la ideología antagónica de las élites dominantes en vez de producir y consolidar unos medios propios que sean capaces de contrarrestar las matrices de opinión opositoras, evitando que éstos se conviertan en meros instrumentos propagandísticos que, en lugar de aclarar y orientar, oscurezca más la verdad de las cosas.

 

Igual ocurre con el manejo de las diferentes redes virtuales a las que tiene acceso una gran cantidad de personas (mayormente jóvenes) en donde se difunden noticias falsas, en muchas ocasiones recicladas, sin comprobación previa, lacerando la credibilidad del gobierno, así como contribuyendo (quizás inconscientemente) con las metas trazadas por la derecha local y extranjera para acabar con el orden constitucional vigente, configurándose de tal forma en Venezuela el último campo de la confrontación.-

 

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07/06/2017 12:22 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

“INVENTAR” UN PODER POPULAR REVOLUCIONARIO

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De existir en Venezuela, como generalmente se proclama, un poder popular revolucionario que, además de verdadero, actuara de una manera totalmente autónoma frente a las diversas instituciones que conforman al Estado, hace largo tiempo se habría dilucidado el dilema en cuanto a continuar o no con las viejas estructuras políticas, económicas y sociales liberal-burguesas aún vigentes o, contrariamente, reemplazarlas de raíz, dando lugar a una transformación estructural y, por ende, produciendo una revolución popular que se extienda a todos los aspectos o ámbitos de la sociedad.

 

De resultar positiva esta segunda situación, jamás habría tenido efecto nada de lo hecho o pretendido por las agrupaciones opositoras y el imperialismo gringo para acabar con todo lo logrado en más de una década de gobierno chavista. Pero ello no ha sido posible en un cien por ciento gracias a la cooptación de dirigentes populares por parte de gobernantes locales que recurren con suma frecuencia al clientelismo político tradicional, evitando así que se incremente el protagonismo y el nivel de conciencia revolucionaria de los sectores populares y, adicionalmente, su organización revolucionaria independiente.

 

Cuestión que también es aprovechada por la oposición de derecha, alimentando la ilusión de una prosperidad a granel para todos a través del sistema capitalista (aunque no lo mencionen específicamente), dando por sentado que sólo se requiere renovar el antiguo sistema de élites gobernantes y seguir incondicionalmente las pautas dictadas por Washington para librar al país de las consecuencias de las políticas socioeconómicas del «nefasto régimen» que actualmente lo estarían destruyendo. Esto último, obviando, por supuesto, las causas que han llevado a Venezuela a la condición actual de dificultades productivas y económicas, con una propaganda negra internacional y nacional que busca acentuar el malestar y frustración del pueblo, mayoritariamente chavista.

 

Para reimpulsar y profundizar los objetivos primordiales del proyecto de la Revolución Bolivariana es necesario que se abandonen y se combatan en todo momento los patrones burocrático-representativos institucionalizados que impiden, confrontan, impugnan y buscan tutelar el surgimiento de un verdadero poder popular revolucionario.

 

Es preciso, por tanto, “inventar” un poder popular revolucionario. Asumir una mayor audacia revolucionaria para que se alcancen estos importantes objetivos, de modo que estos sirvan para desmantelar no solamente estos patrones contrarrevolucionarios sino también para fortalecer la organización y la conciencia de los sectores populares frente a las pretensiones derechistas de restaurar las distintas realidades del pasado. Esto implica adoptar posiciones radicales que cuestionen en todo momento las políticas de Estado que estarían afectando, de una u otra manera, la marcha de los cambios revolucionarios que anticipen este nuevo modelo de sociedad.-

 

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07/06/2017 12:28 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA «SAGRADA MISIÓN» DE LA DERECHA EN VENEZUELA

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Con tanta apología de la violencia -promovida a diario por la derecha fascista en Venezuela-, sus ejecutores quizás se crean investidos de una misión sagrada que deben cumplir. Ya varios analistas se han encargado de ahondar en torno a este tema. Muchos de ellos, reconocen que ésta es una cuestión insólita en toda la historia política del país. Según otros, ella tiene sus antecedentes en la «cultura» estamental y/o segregacionista implantada durante el régimen colonial español. Otros lo atribuyen a la «reedición» de la ideología anticomunista que caracterizó las primeras décadas del siglo XX y, con un mayor énfasis, los años 60 y 70 de este mismo siglo cuando las fuerzas represivas del Estado puntofijista combatieron, encarcelaron, torturaron y asesinaron a los combatientes izquierdistas de entonces; despojándolos (al estilo nazi) de todo derecho y de todo rasgo de humanidad.

 

De este modo, simplificado el asunto, Venezuela se hallaría en la actualidad envuelta en una decisiva guerra entre el bien y el mal (como lo determinara el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, frente a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, antes de su eclosión, lo mismo que cuando ordenó el adiestramiento, el equipamiento y el financiamiento de la Contra en Nicaragua), donde los malos, los subhumanos y/o los demonios están representados por los chavistas y, por extensión, los sectores plebeyos y mestizos, es decir, los sectores populares, que son, para mayor precisión, la mayoría poblacional venezolana.

 

Los buenos, los humanos y/o los santificados serían, obviamente, quienes se encuentran en la acera de enfrente, es decir, los seguidores de la oposición antichavista. Para los primeros, nada está permitido, ni siquiera el derecho a la autodefensa, a pesar de la vigencia de la Constitución y las leyes que condenan cualquier tipo de agresión física y moral a las personas, así como el quebrantamiento de las garantías que preservan la continuidad del orden democrático instituido. Para los últimos, es todo lo contrario. Considerándose a sí mismos «luchadores por la paz, la libertad y la democracia» les es lícito entonces volcarse a las calles y crear zozobra entre la población, destruir instalaciones gubernamentales y comerciales, además de servicios públicos, necesarios para la gente de menores recursos económicos, a la que dicen defender; e incitan públicamente a las fuerzas castrenses nacionales a que derroquen y/o maten a Nicolás Maduro, al mismo tiempo que invocan y secundan una invasión militar de parte del imperialismo gringo junto con sus aliados del continente.

 

Visto así este escenario, al no imperar la sensatez entre las cúpulas derechistas locales y no pronunciarse éstas, abierta y sostenidamente, por un cese total de la violencia, será poco probable que los sectores populares dejen de reaccionar en igual medida, al margen de lo que haga o deje de hacer el gobierno nacional. Este convencimiento de la derecha respecto a su «misión sagrada» ha dejado aflorar resentimientos que, desgraciadamente, han desembocado en deplorables crímenes de odio, resultando lesionada y asesinada, incluso, gente de sus propias filas. Siendo esto cierto, la derecha fascista camina sobre una alfombrilla roja de muertes, buscando una ruta macabra que le conduzca finalmente hacia Miraflores.-

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08/06/2017 11:31 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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