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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2017.

AMAZON LOG 2017, EL ENSAYO DE INVASIÓN DE UNA “AMÉRICA UNIDA”

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Bajo la excusa de realizar el control de la migración ilegal, la asistencia humanitaria, mediaciones de paz, lucha contra el narcotráfico internacional y la protección del ambiente, Amazon Log, el más reciente de los ejercicios militares conjuntos ejecutados por las fuerzas armadas del imperialismo gringo en Sudamérica (ubicado en la ciudad de Tabatinga, fronteriza con Leticia, en Colombia, y con Santa Rosa, en Perú), tiene por epicentro el amplio territorio de la Amazonía.

 

Previamente, durante el transcurso de 2017, los estrategas del Comando Sur han desplegado sus tropas en ejercicios militares en la jurisdicción territorial de las islas de Barbados, de Trinidad y Tobago, el espacio aéreo de Colombia, y las costas de Chile y del Perú, en lo que muchos han interpretado como preparativos para una intervención directa -respaldada por los gobiernos conservadores o derechistas de la región- en los asuntos internos venezolanos, al mismo tiempo que se logra la restauración de la hegemonía perdida (o disminuida) en las dos últimas décadas por Estados Unidos; acentuando su presencia militar en el continente.

 

Si existe alguna duda al respecto, habría que recordar que entre el 23 y 24 de agosto del presente año, se llevó a cabo en Lima una reunión bajo la tutela del comandante general del Comando Sur, Kurt Tidd, con jefes militares provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Paraguay, Perú y Uruguay, cuyos regímenes son manifiestamente injerencistas y contrarios al gobierno venezolano, donde se fijaron nuevas estrategias para "enfrentar amenazas militares" y "atender" la crisis creada en Venezuela en estos últimos cuatro años; lo que se enlazaría con las amenazas proferidas por el presidente Donald Trump.

 

La conformación de una fuerza militar multiestatal, dirigida por el Comando Sur estadounidense, se comenzó a concebir en Estados Unidos desde la época del gobierno de George H. W. Bush (entre 1989 y 1993), lo que obligaría a los países al sur del río Bravo a desmantelar sus fuerzas armadas nacionales y limitarlas a un papel estrictamente policiaco; confiando en que ninguna otra potencia -extinta ya la URSS- habría de disputarle su dominio sobre el planeta. Ahora, con una situación geopolítica en la cual resalta la influencia creciente de Rusia y China, el imperialismo gringo vuelve su mirada hacia Nuestra América a fin de asegurar el control de sus mercados nacionales y el suministro seguro (y exclusivo) de sus materias primas estratégicas.

 

Al respecto, se debe recapitular también que el primer asomo de lo que sería luego el uso habitual de la guerra por parte del sistema capitalista global, abanderado por Estados Unidos, tuvo lugar en Afganistán en 2001, teniendo como chivos expiatorios a los talibanes y como oportuno telón de fondo la sospechosa implosión de las Torres Gemelas de Nueva York.

 

Después los escenarios se trasladarán -en un orden aparentemente aleatorio- a Iraq, Libia y Siria, perfeccionándose en cada uno los planes militares ideados por el Pentágono, junto con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), además de las acciones cumplidas por las diferentes agencias de inteligencia estadounidenses, cuya novedad más notoria es la contratación de ejércitos profesionales privados (con mercenarios de distintos orígenes), encargados de las tareas que no podrían asumir, sin consecuencias legales, de acuerdo a lo contemplado en la Convención de Ginebra, sus tropas regulares.

 

Para Estados Unidos, lo mismo que para el resto del mundo capitalista, tanto el cambio climático como la escasez de agua representan una seria amenaza a sus estándares de vida material, por lo que sus grandes corporaciones transnacionales se han expandido a diferentes regiones que se caracterizan por su biodiversidad y la abundancia de recursos naturales.

 

Por consiguiente, para el capitalismo corporativo global se hace imperativo que hayan regímenes democráticos de excepción con los cuales puedan asegurar sus intereses económicos y controlar y minimizar las diversas luchas sociales (sobre todo, de índole laboral) que socaven el desarrollo de sus iniciativas empresariales y la obtención invariable de ganancias.

 

La merma creciente de la supremacía económica euro-estadounidense tendrá como uno de sus transcendentales resultados que Europa y Estados Unidos (agrupados en la OTAN, con poder de veto en la ONU y bastante influencia en el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio y el Banco Mundial) dejarían de comportarse, en un futuro no lejano, como los grandes gendarmes “democráticos” de la Tierra, apuntando al establecimiento indisputable de un unilateralismo globalizador.-

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09/11/2017 11:57 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA COYUNTURA ACTUAL Y LA POTENCIALIDAD DE LA LUCHA POPULAR EN VENEZUELA

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Apartando lo hecho por los grupos de la oposición para tumbar al gobierno, asesorados, financiados y apoyados mediáticamente por el imperialismo gringo y sus aliados -algo que salta a la vista sin tanto detalle-, con todo lo acontecido hasta ahora en Venezuela (o, en la óptica de algunos, muy a pesar de ello) es inobjetable que cada día se percibe que algo no cuadra con el discurso (repetitivo y vacuo, muchas veces) de la dirigencia gobernante y la realidad crítica del país. Que algo, sencillamente, no funciona del todo bien en las diferentes estructuras del Estado, que en el partido mayor del chavismo (y con mayor razón en los partidos políticos de la derecha) siguen vigentes los arcaicos esquemas y vicios adeco-copeyanos, que la cacareada “revolución” únicamente ha servido de oportuno y eficaz trampolín para que un reducido grupo de “vivos” (políticos, empresarios y militares, mimetizados en un común objetivo) sea el beneficiario directo y casi permanente de todo aquello que se derive de la detentación del poder.

 

Esto explicaría -en un sentido general, sin muchos pormenores- el deterioro de la hegemonía chavista, todavía campante, sin duda, pero con unos flancos débiles -producto de todo lo anteriormente señalado- que han permitido el avance (balbuciente) de la derecha y el surgimiento (incipiente) de otras opciones realmente revolucionarias, algunas reivindicando el ideario bolivariano, otras a Hugo Chávez y, en muchos casos, marcando distancia respecto a éste y a sus sucesores en el ejercicio del poder. De ahí que -tanto chavismo como oposición, dueños y señores, en apariencia, del escenario político nacional, se muestren interesados en desviar el foco de atención de los sectores populares en relación con las verdaderas causas estructurales y coyunturales que han propiciado la asfixiante situación actual venezolana.

 

Esto explica (también en parte y sin profundizar) el por qué, ante los mismos problemas y las mismas necesidades, las reacciones y las actitudes de las venezolanas y los venezolanos difieren ostensiblemente entre sí. En ocasiones, de protesta y movilización, activando las alarmas en los operadores políticos del gobierno. Otras veces, de silente resignación (reforzando el estado de pasividad moral y política inducido por los grupos oligárquicos del pasado) cuando lo que debiera elevarse y concretarse es la potencialidad mostrada por los sectores populares para romper con las estructuras de dominación aún imperantes y darle espacio abierto a la práctica creadora de la democracia participativa y protagónica, de manera que ésta se transforme -de manera permanente- en democracia directa.

 

Repitiendo lo dicho en alguna oportunidad por el comandante guerrillero Douglas Bravo, “el desafío es, pues, la ruptura en el plano teórico y práctico con los conceptos que atrapan y domestican a las revoluciones, impidiéndoles trascender el marco de la civilización capitalista; es el de la ruptura con los mecanismos internos de funcionamiento que caracterizan a la vieja organización, los partidos políticos tradicionales y la ruptura con el tipo de relación que establecen éstos con las fuerzas sociales del cambio”.

 

Dicho desafío -haciendo uso de los diferentes mecanismos legales existentes, aun cuando se dude de su posible eficacia- podrá emprenderse y rendir sus frutos, primeramente actuando de modo realista, eludiendo la eventualidad de ser cooptados sus activadores por el sistema vigente. Luego, plasmando en un programa las diferentes propuestas que surjan, reelaborándolo a medida que el mismo se concrete, sin desvirtuar sus objetivos fundamentales. A su favor, se halla la evolución política observada en los mismos sectores populares a los cuales se dirige, un elemento que beneficia las condiciones requeridas para llevarlo a cabo.

 

Innegablemente, cambiar por completo lo que tiene lugar ahora en Venezuela no será una tarea fácil, ni podrá ejecutarse exitosamente en un corto plazo, sin la participación efectiva y soberana del pueblo. Sin embargo, ello amerita su inicio cuanto antes.

 

Hará falta incitar entre el pueblo, de forma sostenida y retroalimentada, la propaganda, la agitación y la organización autónoma que le permita lograr una caracterización mejor definida del papel histórico que le corresponde asumir en la presente coyuntura; elevando la potencialidad de la lucha popular y, por consiguiente, de lo que entendemos por democracia participativa y protagónica.-  

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23/11/2017 12:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA SOCIALIZACIÓN DEL PODER Y LA EMANCIPACIÓN POPULAR

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El control absoluto del Estado no garantiza el éxito y la trascendencia (o dimensión) histórica de una revolución. De ello da cuenta una variedad de experiencias suscitadas en el transcurso de la historia humana, olvidando, en muchos casos, lo que determinara el Che Guevara respecto a que “para la Revolución se necesita pasión y audacia en gran dosis”. Pasión y audacia que contribuyan, cuando están guiadas por ideales firmemente establecidos, en hacer realidad la evolución y la consolidación -en gran medida, de manera sostenida- de los propósitos democráticos e igualitarios enarbolados.


Ambos elementos son, por tanto, harto necesarios para que tenga lugar una transformación estructural real del Estado, en un primer y decisivo momento, y posteriormente, el establecimiento de unos nuevos paradigmas sociales y políticos que den nacimiento, a su vez, a una conciencia y a una conducta que resulten efectivamente revolucionarias y nuevas. Ello no sucederá producto del voluntarismo y del pragmatismo, como alguna gente aún lo sigue creyendo, confiando en que esto será suficiente para la conformación de un bloque histórico, integrado básicamente por los sectores populares y que tenga por objetivo, en consecuencia, el reemplazo radical del modelo civilizatorio imperante. Se obvia -por interés o simple ignorancia- la cotidianidad creada entre las clases subordinadas por siglos de alienación, aculturación y dependencia inducida, la cual configura, por así decirlo, el primer elemento conspirativo contra todo cambio revolucionario que se pretenda al responder a la ideología de los sectores dominantes tradicionales.


Por consiguiente, la socialización del poder político entraña conquistar también la democracia en el orden económico. Sin ella, sería trunca la emancipación de los sectores populares. Mientras se viva esta transición entre el viejo modelo de Estado y de sociedad y aquel que lo reemplazará de forma definitiva, será preciso combinar la coacción y el consenso a favor de los intereses, las aspiraciones y las necesidades de las grandes mayorías, sin que esto suponga el aniquilamiento o la restricción de las libertades individuales, ya que instituiría la negación del carácter emancipatorio de cualquier proceso de transformación realmente democrático.

 

De esta forma, la influencia y los intereses populares prevalecerán tanto en lo que atañe al funcionamiento estricto de las diferentes instituciones del Estado que surjan (o se reformen) como en lo que atañe al régimen de propiedad y de producción capitalista se refiere. Algo que no se puede, ni se debe, acometer por separado, del mismo modo como ocurre en la actualidad bajo la hegemonía de los sectores oligárquicos. Es, pues, lógico e inevitable que toda transformación estructural (o radical, como algunos lo prefieren) deba manifestarse en el orden político y en lo económico, sin dejar de lado lo social y lo cultural, alterando -en este último caso- su vigencia, dada su función (o efectos) de disciplinamiento y adoctrinamiento colectivos que se expresa, generalmente, a favor de las clases dominantes.

 

Como lo resume Javier Biardeau en su escrito “Democracia socialista o socialismo burocrático”, publicado en 2010, “pensar la revolución implica revolucionar el pensamiento desde nuevas hipótesis estratégicas, apertura a lo intempestivo en el pensamiento, desorden instituyente contra las falsas seguridades, en fin ruptura de dogmas sacrosantos, de creencias ciegamente establecidas. Se trata de ideas revolucionarias, no de creencias revolucionarias. La revolución no avanza desde un marxismo religioso sino desde la demolición de viejas estructuras y construcción de nuevos espacios de liberación.” Semejante ruptura no debe ser condicionada ni acomodada por una minoría, aun cuando ella se muestre como representante del pueblo.

 

En momentos en que las demandas sociales exceden la capacidad de respuestas por parte del Estado, el esfuerzo creativo, instituyente y constituyente (o soberano) de las personas (colectiva e individualmente) deben orientarse a la búsqueda de caminos propios en materia de organización política y de eficacia social. Tiene que recurrirse, por ejemplo, a lo predicado durante más de diez años en Venezuela en relación con el papel determinante que debe cumplir el poder popular organizado para profundizar el ejercicio de la democracia participativa y producir, en consecuencia, los cambios revolucionarios todavía pendientes; cuestión que exige, además, adjudicarse el compromiso con un proyecto creíble de país y una claridad política para llegar a comprender que se impone la obligación de trascender cuanto antes, gústenos o no, el marco de civilización predominante.-  

 

 

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23/11/2017 12:03 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.


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