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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2017.

EL FASCISMO LOCAL Y LA TEORÍA DE LAS VENTANAS ROTAS

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En 1969, el profesor de la Universidad de Stanford (EEUU), Philip Zimbardo, llevó a cabo un experimento de psicología social -que diera origen a la teoría de las ventanas rotas- en dos escenarios completamente diferentes: uno, el Bronx, por aquella época una zona pobre y conflictiva de Nueva York, y el otro, Palo Alto, una zona rica y tranquila del estado de California. En cada uno, colocó un automóvil, abandonado en la calle, de iguales características en cuanto a marca, modelo y color. A las pocas horas de dejar el auto en el Bronx, éste fue completamente desvalijado y, lo que no pudo llevarse, se destruyó. Al contrario del carro en Palo Alto, el cual se mantuvo intacto, sin daño alguno.

En el primer caso, sería fácil concluir que tal comportamiento se debe a la pobreza, predisponiendo a quienes la sufren al delito. No obstante, esta aseveración se debilitó cuando los investigadores decidieron romper un vidrio del automóvil de Palo Alto, con un resultado igual al proceso delictivo observado en el Bronx: robo, violencia y vandalismo.

El experimento demostró que esta conducta negativa o antisocial no aflora exclusivamente entre aquellos que viven entre la pobreza, sea moderada o extrema, sino algo enlazado con las relaciones sociales, sobre todo, si ellas reflejaban una ruptura creciente y escasamente atendida de los códigos de convivencia, escritos o tácitos, que debieran respetar los ciudadanos de una nación o de una comunidad determinada; causada, básicamente, por la ausencia de leyes y la convicción generalizada respecto a que todo es permitido, independientemente de si nuestros actos perjudican a otras. Si nadie toma acciones correctoras y sancionadoras al respecto, especialmente las autoridades encargadas de hacerlo, nada extraño será que los hechos delictivos (estén o no en el catálogo de delitos condenados por la sociedad en general) acaben por imponerse peligrosamente como una realidad cotidiana irremediable, con la que habría que convivir forzosamente, a pesar nuestro.

Algo similar sucede en Venezuela con las acciones violentas (terroristas, en todo caso) de la derecha, instigadas y ejecutadas por personas que, presuntamente, tendrían -según la percepción de sí mismas, como rasgo sobreviviente del régimen colonialista de castas- un mayor grado de moralidad y de raciocinio, dado su rango social privilegiado y sus pomposos títulos universitarios.

Todo lo atribuido al pueblo, en un extendido sentido peyorativo, es exhibido sin rubor alguno por aquellos que se han fijado la meta de aniquilar al chavismo gobernante: lenguaje soez, cargado, además, de odio racista y clasista; violencia sádica, vandalismo, consumo de drogas y utilización de bandas criminales, encargadas de aterrorizar a la población indefensa, sin importarles la edad ni las condiciones físicas de sus víctimas.

Esto es algo que llama poderosamente la atención, puesto que no forma parte de la idiosincrasia del pueblo venezolano. Prueba de ello es su conducta durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002. En vez de tomar represalias contra los diferentes representantes de la oligarquía golpista, se limitó a celebrar el regreso de Hugo Chávez a la presidencia. Igual pasa en fechas recientes, a pesar del acoso, los destrozos y los asesinatos causados por estos mismos representantes oligárquicos.

Vista en conjunto, la actual situación de crisis política y económica que golpea a Venezuela exhibe una impúdica anulación de valores éticos, una práctica clientelar escasamente diferenciada de la fomentada por el régimen puntofijista en cuanto a métodos y resultados, que afecta, además, todo sentido de responsabilidad ciudadana; y una hipertrofia de la presunción y del egoísmo (el síndrome de Hubris, heredado, entre otras cosas, de la vieja España monárquica) que se observa, sin mucho escudriñar, entre una gran parte del estamento gobernante (entendiendo por éste a quienes dominan, desde aparentes posiciones antagónicas e irreconciliables, el escenario político nacional).

Todo esto desemboca en una realidad fatal que quizás convenza a la mayoría de los venezolanos en relación a que ningún cambio positivo será eventualmente alcanzable; cuestión que conviene, por igual, a los bandos políticos que se disputan el poder, por lo que será necesario impulsar una verdadera propuesta de transformación que, sin descartar los avances logrados en Venezuela, motive el protagonismo y la participación de los sectores populares en la construcción y la consolidación de un modelo civilizatorio emancipatorio, soberano y de democracia plena.-

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18/09/2017 11:23 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL MOMENTO HISTÓRICO Y EL ABANDONO DE LA REPRESENTATIVIDAD

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En su obra «Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias», Zygmunt Bauman deja reflejada las vicisitudes, muchas veces angustiantes y llenas de incertidumbre que colman la realidad del mundo contemporáneo, con particular interés en lo que concierne a las necesidades y las preocupaciones económicas de la mayoría de las personas. Según sus observaciones, “las causas de la exclusión pueden ser distintas, pero, para quienes la padecen, los resultados vienen a ser los mismos. Enfrentados a la amedrentadora tarea de procurarse los medios de subsistencia biológica, al tiempo que despojados de la confianza en sí mismos y de la autoestima, necesarias para mantener su supervivencia social, no tienen motivo alguno para contemplar y saborear las sutiles distinciones entre sufrimiento intencionado y miseria por defecto. Bien cabe disculparlos por sentirse rechazados, por su cólera y su indignación, por respirar venganza y por su afán de revancha; aun habiendo aprendido la inutilidad de la resistencia y habiéndose rendido ante el veredicto de su propia inferioridad, apenas podrían hallar un modo de transmutar todos esos sentimientos en acción efectiva".

Muchos quizás secunden el pesimismo que se extraería de tal aseveración; sin embargo, hay que precisar (sobre todo, frente a algunos escépticos), que semejante realidad comienza a hacerse patética y habitual en una gran parte del planeta, con cierta unanimidad en la resistencia mostrada por los diversos pueblos que lo habitan ante lo que consideran, no sin razón, el despojo y la violación de sus derechos fundamentales -en su doble condición de seres humanos y ciudadanos- a manos de aquellos que controlan el engranaje capitalista global. En dirección contraria, casi todos los gobiernos se muestran dispuestos a promocionar e implementar toda ley e iniciativa que sea requerida para abrir las economías de sus naciones al capital transnacional, sin que existan regulaciones de por medio, a fin de atraer a inversionistas extranjeros y garantizarles que ninguna cosa amenazará sus aspiraciones de obtener grandes ganancias.

En el caso concreto de Venezuela, enfrentando semejante eventualidad, cada revolucionario y chavista debiera interrogarse a sí mismo respecto a cuál es su papel y en qué medida está contribuyendo efectivamente con hacer realidad el Proyecto de la Revolución Bolivariana; no únicamente en el aspecto político sino también en lo que se relaciona a lo cultural, lo social y lo económico. Entre otras, preguntarse: ¿Por qué asciende o es promovido a cargos de dirección o de confianza? ¿Porque posee una mayor capacidad, un mayor compromiso o una mayor formación que otros con iguales oportunidades? Si la respuesta es positiva, entonces ¿por qué sus acciones no reflejan algo de esto, es decir, por qué éstas no trascienden lo habitualmente hecho y aceptado, convirtiéndose cada una en una cotidianidad revolucionaria permanente? A todo ello hay que agregarle la ética como ingrediente básico ineludible, entendiendo que ella marcará y evidenciará una diferencia abismal en relación con el comportamiento observado entre aquellos que gobiernan y dirigen a los sectores populares, apegados como están a la usanza tradicional y jerárquica, sin atreverse a modificar de raíz las relaciones de poder que caracterizan desde hace siglos al sistema burgués representativo. 

El momento histórico actual exige que se abandonen los esquemas políticos representativos del puntofijismo y, en su lugar, propiciar y acompañar las diversas iniciativas autogestionarias que pueda adelantar el poder popular, ejerciendo su autonomía en un ciento por ciento.-

 

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18/09/2017 11:34 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UN "ALZAMIENTO" A FAVOR DEL GOBIERNO

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Lo extraordinario del «alzamiento militar» recientemente escenificado en el Fuerte Paramacay, en el estado Carabobo, es que, contrariamente a las presuntas aspiraciones de sus perpetradores, éste no produjo ninguna onda expansiva que pusiera en graves aprietos al gobierno de Nicolás Maduro. Antes que eso, abrieron mayores posibilidades a favor del gobierno, ahora con un as efectivo en la mano (la Asamblea Nacional Constituyente) con el cual podría deshacerse -a riesgo de extralimitarse- de todo aquello que le impide lograr un mejor nivel de estabilidad. Posiblemente este no será el caso de aquellos que, llevados por su fanatismo extremo, crean que esta clase de acciones, malamente calcadas de algún videojuego o guión cinematográfico, sean las más apropiadas para salir del «régimen» chavista, tal como lo han hecho exaltando a sus pretendidos «libertadores» cuando insultan, aterrorizan, linchan y queman a toda persona que señalen de ser militares y chavistas.

Se obvia que, no importa que haya sanciones del gobierno estadounidense o ataques mediáticos de la derecha local y extranjera, la Asamblea Nacional Constituyente -controlada por el chavismo- le otorga a éste un barniz de legalidad que induciría a un número significativo de venezolanos a aceptarla como lo menos malo que pudiera ocurrir en este país (aunque se continúe cuestionando su modo de convocarla y de elegirla), tal vez esperanzado en que sus decisiones reduzcan el clima de violencia impuesta por la ultraderecha, lo mismo que el desabastecimiento y la especulación descontrolada de diversidad de productos. Paradójicamente, pareciera que la dirigencia opositora estuviera en contubernio con el régimen que aparentemente busca derrocar, en un extraño juego de roles con el cual mantener en ascuas al pueblo, impidiéndosele, al mismo tiempo, que inicie por sí solo una verdadera democracia participativa y protagónica, alejado -por consiguiente- de todo dominio partidocrático.

De acuerdo al artículo «Ataque armado al Fuerte Paramacay: análisis y contexto», publicado por Misión Verdad, «Esta operación con ribetes de falsa bandera (pues intenta simular un "alzamiento militar"), no sólo ha servido para que la mediática transnacional imponga una narrativa con coordenadas simbólicas similares a la de "los rebeldes sirios o libios" (fachadas mercenarias de Al Qaeda y el Estado Islámico que han destruido a estas dos naciones), al mismo tiempo legitima y aumenta el alcance del hecho colocándolo como una respuesta, casi espontánea y sobre todo `razonable´, a la Asamblea Nacional Constituyente. Por ende, la mediática internacional ha insistido en blanquear la información alegando que hubo una "rebelión militar", otorgándole respaldo y promoción». En el fondo, se trata de imponer como cierta e inevitable la percepción expuesta por muchos, fuera y dentro de Venezuela, en relación con el agravamiento de la confrontación política que conduciría al país, fortuitamente, a una guerra civil sangrienta. Esto último (en el cálculo de quienes diseñaron tal estrategia desestabilizadora) obligaría al gobierno a refrendar un pacto de gobernabilidad con sus enemigos políticos, según podría extraerse de las manifestaciones de algunos dirigentes opositores de participar en las próximas elecciones de gobernadores y legisladores regionales; lo que estaría ligado al hecho («extraño» para muchos) que antes de este 6 de agosto no hubo reportes en todo el territorio nacional de grandes disturbios por parte de los grupos de la derecha.

Por ello, este «alzamiento» tendría como derivación favorecer más bien al gobierno antes que fracturarlo, como muchos aspiran desde las filas de la derecha; creando, en su lugar, un efecto boomerang, con el ingrediente adicional de ser un elemento estimulado desde Washington. Igualmente, podría utilizarse para cohesionar las fuerzas del chavismo, evitando el surgimiento y la influencia creciente de aquellos que, sin mucha base, son rotulados de traidores y contrarrevolucionarios, por divergir abiertamente del comportamiento clientelar, nepótico, corrupto y burocrático de una inmensa porción de sus dirigentes actuales.-

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18/09/2017 11:36 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UNA OPCIÓN A CONTRACORRIENTE DE TIRIOS Y TROYANOS

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Nuestro pueblo no debe dejarse entrampar nuevamente por la demagogia y los intereses particulares de los representantes de la MUD y del gobierno (ligados, generalmente, al logro, mantenimiento y disfrute de prerrogativas económicas) ya que esto significaría una involución fatídica en materia política, económica, social y cultural en vez del avance y la consolidación -mediante un poder popular organizado autónomo- de un verdadero sistema de democracia participativa y protagónica que viabilice la transformación estructural del Estado liberal burgués existente.

La historia reciente de Venezuela nos revela que cada una de las coyunturas presentadas durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro ha exigido de los sectores populares una adhesión inmediata (y muchas veces acrítica) que no se traduce en una reciprocidad ni en un cambio de comportamiento por parte de las cúpulas chavistas gobernantes, lo que ha producido la deserción y el descontento de un significativo número de personas que confiaron en su «liderazgo». Sin embargo, a pesar de reflejarse esta deserción y descontento en los últimos eventos electorales realizados, se pretende ignorarlos, apelando a una lealtad y a una disciplina partidista que más semejarían la obediencia debida aplicada en otros tiempos en el ámbito castrense que algo absolutamente revolucionario; cuestión que más bien contribuye a acelerar el «auge de masas» ligeramente alcanzado por la derecha al neutralizar el debate (crítico y autocrítico, invocado de manera reiterada por el presidente Chávez) y el activismo constituyente, soberano y, además, creador, de las bases militantes del chavismo, de acuerdo a lo que debiera ser -más allá, incluso, de lo contemplado en el texto constitucional actual- una democracia participativa y protagónica, con una vinculación directa en la toma de decisiones en los diferentes entes del Estado.

Si se continúa transitando este camino, a contracorriente de las expectativas y luchas populares, nada extraño será que la minoría dirigente termine ejerciendo un papel autocrático insostenible, al creerse poseedora de la única razón verdadera, lo que la induciría a desconocer olímpicamente las advertencias y las propuestas de los factores externos al chavismo, a los cuales etiquetaría, sencillamente, de traidores y contrarrevolucionarios. Aún bajo tal perspectiva, no se excluye la probabilidad de rescatar y poner al servicio de los intereses populares aquellos canales de representación y de mediación frente al Estado que fueron, prácticamente, secuestrados por tirios y troyanos.

Se requiere construir e implementar, por tanto, una opción orientada a desmantelar las diferentes estructuras de dominación imperantes, llámense políticas, económicas, sociales y culturales; reemplazando la hegemonía de las élites burguesas dominantes por una nueva hegemonía, esto es, por una de verdadero carácter popular y bolivariano, lo que debe propiciar el surgimiento de un modelo civilizatorio dotado de valores éticos y morales opuestos a la lógica capitalista y a la cultura eurocentrista (que excluyen e invisibilizan a los sectores populares desde largo tiempo). En tal opción deben prevalecer, como elementos completamente esenciales, los intereses, la participación y el protagonismo directo de los sectores populares. Ha de ser, en consecuencia, una propuesta contraria a la idea jerárquica de una «vanguardia esclarecida» (considerándose sus integrantes prácticamente arribados del monte Olimpo), que debe ser objeto de reverencia o hallarse por encima de esta condición primaria, es decir, del poder popular soberano, imponiéndose, en su lugar, una horizontalidad (u horizontalización) que privilegie lo colectivo frente a lo individual, sin que esto signifique negar ni suprimir la presencia y los derechos de toda individualidad y de toda minoría (social o política). En una propuesta así, no habrá una verdad oficial absoluta, al modo de los Estados Unidos, la Alemania nazi y la Unión Soviética, aduciendo razones de Estado -en cualquier caso, «irrefutables»- que impidan el cuestionamiento de los dirigentes, convertidos desde ahora en voceros y delegados del poder popular, a quienes se les juzgará no solamente por su grado de ineficiencia y corrupción (usufructuando el poder) sino también por las omisiones cometidas durante la gestión encomendada, evitándose de este modo que se propague e institucionalice una cultura política delictiva sin castigo alguno.-

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18/09/2017 11:43 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DE LA "RUANDIZACIÓN" A LA "CUBANIZACIÓN" DE VENEZUELA

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Resulta absolutamente reprobable y lamentable confirmar que el odio inculcado por la dirigencia ultraderechista durante todos estos últimos años en Venezuela se exprese en agresiones irracionales (físicas, psicológicas y verbales) de sus respectivos seguidores hacia la población en general, incluyendo a vecinos y familiares, en un escenario de creciente conflictividad que afecta, en un amplio sentido, la estabilidad del país. Contribuyendo a acentuar dicho contexto, The New York Times publicó en semanas recientes: «Las detenciones arbitrarias por motivos políticos son una constante en Venezuela, país que vive una de las peores crisis de derechos humanos de la región». Una persona medianamente inteligente y con criterio propio se preguntaría: ¿Detenciones arbitrarias? ¿No son castigables los delitos de violencia terrorista, la destrucción de bienes públicos, las agresiones a funcionarios militares y policiales, la instigación a un golpe de Estado, la invocación de una intervención armada de una potencia extranjera y el asesinato deliberado de personas con propósitos políticos? ¿Son delitos lícitos y permitidos en el territorio de Estados Unidos y Europa sin actuación alguna de sus respectivos gobiernos? Por último, ¿a qué conduce esta campaña de desinformación abierta contra el gobierno venezolano?

Donald Trump admitió sin eufemismo alguno su intención de ordenar una invasión militar al territorio de Venezuela para desalojar del poder al chavismo. Algo que, indudablemente, tendrá sus repercusiones altamente negativas en toda la región, si se diera, creando una situación similar a la producida durante la guerra de Vietnam; afectando al conjunto de naciones que, de una u otra forma, tienen graves problemas sociales y económicos por remediar, ensanchándose la conflictividad interna en cada una de ellas. Quizás esta eventualidad motivó una reacción en cadena de varios gobiernos del continente, incluyendo a aquellos que han manifestado una declarada hostilidad hacia el de Venezuela, lo cual ha servido para resaltar el carácter neoimperialista y neocolonialista del régimen actual gringo.

Todo lo anterior sería el epilogo de una estrategia largamente diseñada, financiada y ejecutada, pero cuyos frutos no han sido los apetecidos por los grupos de la derecha local y su mentor, el imperialismo yanqui, no tanto por los aciertos de la dirigencia chavista sino, más bien, por el nivel de conciencia adquirido por los sectores populares que los ha inducido a mantener una resistencia hasta ahora pasiva, en vista de los continuos ataques racistas y clasistas propiciados por los opositores extremistas. Como ya se vio en los meses precedentes, se pretendió envolver al país en unas circunstancias semejantes a las padecidas durante el genocidio de Ruanda en 1994, devolviéndose golpe por golpe, en una guerra fratricida, cuyo final sería difícil de profetizar. Ahora que se realizara la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, pareciera disipado este eventual panorama. Sin embargo, la intransigencia de Trump ha devuelto al chavismo a la realidad, una que podría repetir la amarga experiencia padecida por más de cincuenta años por el pueblo de Cuba, con reducción de insumos diversos que, eventualmente, causarían más penurias a la población venezolana, avasallada como está por el desabastecimiento y la especulación desbocados de todo tipo de productos, especialmente alimenticios.

Más allá del aspecto ideológico, el imperialismo gringo -al plantearse eliminar al chavismo y, junto con él, toda perspectiva de índole revolucionaria en Venezuela- busca recuperar, de manera definitiva y sin barreras, su habitual hegemonía en nuestra Abya Yala. Por ello, se propone sitiar a sus habitantes con una intención muy clara: destruir -a gran escala, como lo logró en otros países- los diferentes avances obtenidos en materia política, cultural, económica y social, de manera que se resignen a cumplir el dócil papel de masa trabajadora y consumidora que incremente las arcas de sus explotadores capitalistas; sin mayor aspiración que la de poder sobrevivir.-

 

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18/09/2017 11:57 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

VENEZUELA Y LA REVOLUCIÓN DEL PODER POPULAR SOBERANO

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Aunque se crea arcaico, innecesario y/o irrelevante, si no se promueve efectivamente una revolución en la conciencia de los sectores populares (habituados a aceptar la subordinación impuesta por los sectores dominantes como algo natural e irremediable), no habrá entonces ninguna revolución en el plano político, como tampoco en los planos social y económico, que pueda profundizar y, en consecuencia, ampliar la clásica definición y práctica de la democracia. Así de simple. Dicha revolución tendrá que abarcar, necesariamente, lo cultural y lo espiritual, de modo que se cuestione y se desplace la ideología de los sectores dominantes, cuyos conceptos y prejuicios, de uno u otro modo, terminan por truncar las luchas y las aspiraciones emancipatorias de los pueblos, haciéndolos dependientes de algo totalmente ajeno a sí mismos. Sobre todo, si quienes los dirigen logran convencerles de ser la encarnación de sus largamente postergadas aspiraciones.

Esta revolución tiene, por consiguiente, una trascendencia motivadora y de suma importancia para que se consolide cualquier transformación estructural propuesta. Pero también es vital que se propicie una actitud revolucionaria consecuente que abarque, forzosamente, el combate y la denuncia de las tendencias negativas que puedan distorsionar, en algún momento, el avance y la organización democrática de los sectores populares.

Es fundamental incentivar, al mismo tiempo, el establecimiento de un tejido productivo autónomo de los sectores populares. La actual coyuntura económica, sin ser del todo caótica (como algunos desearían y otros perciben), le da cabida a todas las propuestas y las advertencias hechas por diferentes movimientos sociales y políticos revolucionarios, de forma que éstas puedan servir de instrumento orientador para la lucha. Todo lo anterior, en conjunto, implica asumir un serio cuestionamiento a todo el modelo civilizatorio implantado en nuestro territorio desde hace siglos, en especial, la vigencia del Estado burgués liberal y las relaciones de poder que dimanan del mismo, contradictorias con la esencia vital de la democracia.

Bajo el entendimiento de que todo lo relacionado con la administración pública resulta indefectiblemente ineficiente y corrupto, muchas personas tienden a dejar esta cuestión en manos de quienes, precisamente, critican (solapada o abiertamente), obviando su corresponsabilidad en el manejo de los asuntos de Estado, los que, aún sin quererlo, afectan su vida cotidiana. Ello ha facilitado desde siempre que los destinos nacionales sean controlados y decididos por gente incapaz, cuyo mayor interés está centrado en usufructuar el poder y en obtener, sin mucho esfuerzo de su parte, una fortuna exorbitante. Esta realidad, sin embargo, podrá cambiar radicalmente si se comienzan a generar condiciones y espacios donde se manifieste el poder popular soberano en su dimensión creadora, constituyente e instituyente. Para los escépticos y los condicionados por el orden establecido ello representa una absurda quimera. Muy contrario a lo que piensan quienes están convencidos de la necesidad de transformar radicalmente -no de reformar- el orden vigente. Para extender y hacer entender una propuesta que contemple este objetivo estratégico hará falta emplear todas las opciones legales e ilegales que se presenten para concretarla, teniendo especial cuidado en que sea asumida, dinamizada y enriquecida, en todo momento, por el poder popular soberano, abarcando todos los planos de la cotidianidad social.

En la situación específica actual de Venezuela se impone lograr el rescate y el reimpulso de la propuesta de transformación derivada del ideario bolivariano, robinsoniano y zamorano, con acciones y un discurso extraído de la larga historia de lucha de los sectores populares. Es decir, se requiere que las distintas organizaciones que conformen el poder popular soberano tendrán que desprenderse del tutelaje de quienes, en su nombre, solo han contribuido con el reforzamiento de las viejas estructuras del Estado burgués representativo, impidiéndoles así la participación y el protagonismo que les corresponde ejercer. Bajo esta consideración, el momento histórico en el cual se halla el país exige que se abandonen los esquemas políticos representativos del puntofijismo y, en su lugar, se acompañen las iniciativas autogestionarias del poder popular, de manera que éste ejerza su soberanía en un ciento por ciento.-

 

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18/09/2017 12:19 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA HEGEMONÍA “OCCIDENTAL” Y LA DISOLUCIÓN DEL SENTIDO DE COMUNIDAD

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Existe a nivel mundial una disolución creciente del sentido de comunidad, estimulada de diversos modos por los grandes centros del poder mundial. Esto se manifiesta en la intolerancia (racial, religiosa, clasista y/o ideológica) hacia personas que son, o se consideran, diferentes, eliminando cualquier posibilidad para la convivencionalidad y dando lugar a crímenes de odio que se propagan ante la mirada cómplice y/o indolente de quienes ejercerían algún tipo de autoridad (instigándolos muchas veces), haciéndolos ver como una situación normal que no merece demasiada atención. La concentración monopólica tanto del conocimiento como de la información ha facilitado modelar la política y la vida sociocultural, en general, de la humanidad, a tal punto que todo debe calibrarse y adaptarse de acuerdo a los patrones que identifican a la cultura occidental, representada por Estados Unidos y sus aliados europeos, estableciendo su hegemonía sobre el resto del planeta.


De acuerdo a lo determinado por el sociólogo polaco-británico Zygmunt Bauman, el mundo actual se encuentra envuelto en lo que él denominara modernidad tardía (también conocida como modernidad líquida), caracterizada por una economía capitalista global que no distingue, ni pretende distinguir, fronteras y, de serle siempre posible, recurre a la guerra como opción válida para imponer sus intereses; una modernidad que requiere la privatización creciente de los servicios públicos (otrora en manos del Estado) y donde se manifiesta la tendencia a resaltar como valores básicos ideales el individualismo y, por efecto de éste, la falta de solidaridad, dando fin al compromiso mutuo que se mantuvo presente en la cultura y en la historia de una gran parte de la humanidad.  Cuestión ésta que tiende a ampliarse cada día gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en auge, desarrolladas, justamente, bajo el patrocinio capitalista. De esta forma, los sectores dominantes se aseguran de obtener también una plusvalía ideológica mayor a la obtenida por los grupos de poder del pasado, al mismo que se permiten destruir los cimientos históricos, educativos y culturales de los pueblos a fin de congregarlos en torno a una misma forma de concebir el mundo.


Así, en contraste con lo que caracterizara durante siglos a muchos pueblos de la Tierra, especialmente a los de nuestra América, "el sistema alienta -refiere Javier Tolcachier en su artículo Las nuevas narrativas revolucionarias- una lógica individualista, atomizadora, competitiva y excluyente que aumenta el grado de segmentación y un emplazamiento mental donde la felicidad aparece ligada al éxito, la fama y la singularidad. El ideal es ser diferente, aunque todos crean exactamente lo mismo. La verdad común es reemplazada por verdades particulares, en las que entronca el aparato publicitario, el misil teledirigido de la posverdad a medida. La generalización es pecaminosa y fútil, lo “cool” es lo específico y especial. Todo ello debilita las opciones colectivas, sobre todo, las asentadas en pertenencias y permanencias orgánicas, que hoy son reemplazadas por el vaivén de mareas sociales huracanadas, pero impermanentes”. De esta forma, quienes detentan el poder (lo mismo que aquellos que aspiran obtenerlo) prometen soluciones simples a problemas intrincados, generalmente dejando de lado la importancia del sentido de comunidad que habría de existir y consolidarse en cualquier sociedad para concentrarse en el interés privativo de cada persona, lo que eventualmente tendrá sus efectos negativos respecto a la organización autónoma y solidaria de los sectores populares.


El axioma del prócer y presidente mexicano Benito Juárez, «la paz es el respeto al derecho ajeno», debiera entenderse también como el respeto al derecho de los «otros» a ser tratados realmente en pie de igualdad, sin que salga a relucir ninguna muestra de discriminación. Su comprensión y discernimiento contribuirían, sin dudas, a que los seres humanos, en un sentido bastante amplio, puedan finalmente convivir en paz, haciendo realidad todos aquellos ideales que han nutrido sus aspiraciones compartidas de morar en un mundo cada día mejor. Lamentablemente, este es un asunto de primera importancia que es obstaculizado -de variadas formas- por los diferentes paradigmas impuestos por la ideología de las élites dominantes, llámense nacionalismo, Estado, mercado o religión (y sus derivaciones); los cuales han sido los detonantes principales de cada conflicto ocurrido en la larga historia compartida de la humanidad.-

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29/09/2017 11:23 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.


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