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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2018.

¿QUEDA AÚN ALGO POR HACERSE EN NOMBRE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA?

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¿Queda algo todavía por hacerse en nombre de la Revolución Bolivariana frente al empobrecimiento (forzado, inducido y/o permitido) de la esperanza popular? En el caso de una mayoría del pueblo venezolano, sí. Y mucho. En cambio, para aquellos desencantados de la vieja izquierda revolucionaria, muchos pasados ahora a las filas de la oposición, los tiempos se agotaron por completo, quedando todo en mero discurso. Para quienes sólo aspiraron ascender política y económicamente, éste es el momento más oportuno de alcanzar estas metas personales, así aún se hable de revolución y de socialismo desde los púlpitos del gobierno y del PSUV. No obstante, hay también revolucionarios de convicción que aún luchan y mantienen en alto, pese a estas y otras circunstancias adversas que conspiran en su contra, la vigencia del proyecto histórico de la Revolución Bolivariana; poniendo de relieve la experiencia histórica y cultural de las prácticas democráticas del pueblo, a fin de alcanzar los más altos niveles de coherencia ante un presente caótico que hace conjeturar un futuro incierto.

 

Javier Biardeau R., en su artículo Las cenizas del “nuevo socialismo bolivariano del siglo XXI”, resume lo “que el propio Chávez en vida logró afrontar en diversas coyunturas: a) eficacia política, b) responsabilidad social, c) ética del bien común, d) capacidad tecno-política y e) claro liderazgo situacional”. Cuestiones estas que los sectores populares demandan del estamento burocrático-militar gobernante, pero que éste no ha sabido canalizar o articular oportuna y debidamente. En especial, cuando la crisis económica del país (y la corrupción que ella ha institucionalizado o legalizado, a los ojos de todos) oprime a los sectores populares, máximamente a los de mayor vulnerabilidad, y no se vislumbra siquiera una salida a corto o mediano plazo -si no es acogiéndose a las fórmulas neoliberales en boga- que acabe con la misma. Una situación que otros analistas y políticos de la talla de Luis Britto García, el ex Fiscal General de Venezuela Isaías Rodríguez y el excomandante guerrillero Julio Escalona han expuesto de una u otra forma, alarmando al estamento gobernante     

 

Esta realidad exige replantearse de un modo objetivo, sin sectarismo, el proyecto histórico de la Revolución Bolivariana, a la luz de los acontecimientos de estos últimos años. No es, por tanto, una cosa imposible plantearse recuperar y reorientar la propuesta bolivariana de instituir un modelo social, político, cultural y económico distinto al existente; moldeado asimismo por la práctica cotidiana de una democracia participativa y protagónica que supere los límites legales y extralegales de la representatividad para acceder a un mayor estadio de democracia, en este caso, el de una democracia directa e incluyente. Como tampoco lo es plantearse (dentro de este mismo proyecto histórico) el manejo práctico del excedente productivo-económico por parte del pueblo y con prioridad a la inversión y al gasto social, todo lo cual supondría un avance importante orientado al logro de un mayor grado de ciudadanía activa y de convivencia con alto sentido de comunidad.

 

Esto exige entender, de igual modo, que la lucha por lograr estos propósitos emancipatorios no es un asunto meramente nacional. Es una lucha de alcance mundial, aunque, de momento, localizada en un escenario local. Supone también enfrentar y eliminar la ideología dominante que legitima la existencia y las relaciones sociales derivadas del sistema capitalista global y su expresión política, el Estado burgués liberal. En esto habrá coincidencias, sin duda, totales o parciales, con otros movimientos políticos, gremiales y/o sociales, con los que habrá que articular -indefectiblemente- acciones orientadas a conseguir, en una primera instancia, las reivindicaciones enarboladas por cada uno de ellos, pero sin dejar de perseguir como un objetivo fundamental, en una instancia posterior y permanente, la toma total del poder. Para escándalo de algunos, la Revolución Bolivariana mantendría así su vigencia intacta como proyecto y como realización. -

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08/06/2018 14:10 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

PORFIADAMENTE, CON MARX

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Los capitalistas siempre han sucumbido ante la incertidumbre que les causaría una eventual bancarrota. Esto los impulsa a mantener e incrementar su flujo constante de ganancias, de manera que se ven obligados a multiplicar las fuerzas de producción, reproducir la innovación tecnológica del momento en sus empresas y aprovechar al máximo la fuerza y la experiencia acumulada a través del tiempo de los trabajadores; lo mismo que explotar a un bajo costo los recursos naturales de las naciones periféricas y transformar sus materias primas en una amplia variedad de mercancías.

Esta situación tiende a incrementarse, aun cuando existen indicios que hacen prever lo contrario, especialmente al considerarse el surgimiento de un nuevo tipo de economía que ya muchos comienzan a denominar la economía digital, en otros casos, comercio electrónico, economía uber o economía colaborativa; lo que implica un nuevo estadio de estudios respecto a la vigencia del sistema capitalista a nivel mundial.

En la actualidad, muchas personas en todo el planeta, sobre todo en los países con economías depauperadas, han comprobado en carne propia que la alegre y algo irracional presunción existente a finales del siglo XIX en relación a que el sistema capitalista forjaría las condiciones de un mundo sin hambre ni penurias de ningún tipo carece de fundamentos sólidos. No obstante, pocos advertirían durante el último siglo transcurrido que esta supuesta riqueza de la sociedad en general únicamente conseguiría desarrollarse destructivamente, como llega a concluir Karl Marx en El Capital, su obra cumbre: “La producción capitalista sólo desarrolla la técnica y combinación del proceso de producción social minando a la vez la fuente de toda riqueza: la tierra y los trabajadores”.

Adentrados en el siglo XXI, nuestro mundo contemporáneo, de una u otra forma, ha comprobado la veracidad de las determinaciones hechas por Marx respecto al capitalismo, a pesar de corresponder a épocas distintas, pero ambas impregnadas por la misma lógica del capital. Hoy, la alta concentración de capitales en manos de una minoría que triplica los presupuestos de algunas naciones (lo que conduce generalmente a un mayor índice de desempleo y a una alta depreciación de los salarios de los trabajadores), la privatización en auge de las redes de comunicación, la autoridad global ejercida por las grandes corporaciones transnacionales en detrimento de las soberanías nacionales, la industrialización de la agricultura, la devastación creciente, irracional e indetenible de los ecosistemas existentes, y la dinámica impuesta por la globalización neoliberal han acabado por instaurar una brecha, al parecer infranqueable, entre la riqueza obscena que dicha minoría exhibe a diario y la miseria de una población mayoritaria, son los rasgos más notorios que podrían tomarse en cuenta a la hora de juzgar si los aportes científicos de Marx resultan obsoletos e inapropiados para captar y tratar de cambiar lo que ocurre en las distintas esferas de la vida social.

Se debe entender, comprender y discernir que el sistema y la lógica del capital implican la puesta en marcha de un proyecto ilimitado de crecimiento, lo que ha desembocado en el resurgimiento de formas de explotación del trabajo que, aparente y formalmente, habían desaparecido de la faz de la tierra, como la esclavitud y la servidumbre de niños, las que refutan de alguna forma los premisas “democráticas” enarboladas desde siempre por los apologistas del capitalismo.

Citado por Max Seitz en su análisis “200 años de Karl Marx: 4 ideas del ideólogo de la Revolución rusa que siguen vigentes a pesar del fracaso del comunismo”, el pensador marxista Jacques Rancière, profesor de filosofía de la Universidad de París VIII, concluye que "el proletariado, lejos de enterrar el capitalismo, lo mantiene con vida. Trabajadores explotados y mal pagados, liberados de la mayor revolución socialista de la historia (China), son llevados al borde del suicidio para que Occidente pueda seguir jugando con sus iPads. Mientras tanto, el dinero chino financia a un Estados Unidos, que de otra manera estaría en bancarrota".

Con Marx, podríamos adherirnos a la propuesta de lo que debiera verse y constituirse entre los sectores populares como la asociación de productores libres e iguales, con arreglo a un plan común encauzado a transformar de raíz las relaciones sociales de producción y, junto con éstas, las relaciones de poder que hacen posible la existencia del Estado burgués liberal y el capitalismo. Todo lo cual tendría que concretarse de un modo constante -y sin dogmas que encorseten el esfuerzo para conseguirlo- en la emancipación integral y la autorreproducción democrática de los sectores sociales. -   

 

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14/06/2018 12:07 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA AUTORIDAD POLÍTICA GLOBAL DEL CAPITALISMO TRANSNACIONAL

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La humanidad se halla en una situación en que los niveles de precariedad, pobreza y desempleo se han incrementado considerablemente, causando, entre otros efectos negativos, que el trabajo asalariado ya no sea considerado como un medio de subsistencia para cualquier persona o familia que no posea recursos. De manera simultánea, en muchas regiones del planeta se observa cómo el capital tiende a concentrarse y a centralizarse en unos pocos millonarios y cómo esto conduce a elevar la tasa de desempleo y a una mengua sin pausa de los salarios de los trabajadores.

Como contrapartida, algunos economistas recomiendan la dolarización de las economías depauperadas -especialmente en los países de nuestra América- como una opción válida y prácticamente única para salir de la situación crítica en que éstas se hallan, lo cual, aparte de ser inconstitucional en algunas de estas naciones, vulnera la soberanía monetaria e involucraría la desnacionalización de las principales actividades económicas generadoras de divisas, así como un endeudamiento externo, lo que -en perspectiva- avalaría la inversión extranjera privada y, con ella, la salida a la crisis.

Esto no obvia la autoridad política global ejercida por el capitalismo transnacional, a pesar de enfrentar circunstancias que escapan a su control, como la creciente influencia de China y Rusia en el mercado mundial. Por ello se recurre a “golpes blandos”, “rebeliones de colores”, asesinatos selectivos, imposición de bloqueos, sanciones extraterritoriales, campañas de desinformación masivas, sabotaje de las líneas de telecomunicaciones y formas abiertas y encubiertas de intervención que, con la complicidad de grupos internos afines, terminen por doblegar a las naciones que osen manejarse en un sentido contrario a sus intereses, en una guerra no convencional o asimétrica que escasamente merece la atención de los organismos multilaterales encargados de velar por que ello no ocurra. Elementos constitutivos -a gran escala- de la guerra irrestricta en fase de desarrollo que tiene como principal propulsor al gobierno de Estados Unidos, a fin de asegurar así su hegemonía total e indiscutible en el mundo.

En el libro “10 años de crisis. Hacia un control ciudadano de las finanzas” de ATTAC España, se resume que, al presente, “vivimos en una sociedad donde interactúan muchos actores: Ciudadanía, Mercado, Empresas, Finanzas, Comercio Internacional, Estados, Familias, Comunes y Tierra, todos ellos conformando un complejo escenario en el que el papel que se le asigna a cada uno de ellos condiciona y puede condicionar nuestra vida presente y futura. La sociedad se ve amenazada cuando uno de sus componentes, que se ha convertido en hegemónico, domina y esclaviza a todos los demás, impone sus demandas y puede subordinarlo todo a su expansión indefinida. La sociedad actual, por más democrática que se imagine a sí misma, está experimentando también el yugo de un sector poderoso dispuesto a llevar su ventaja tan lejos como le parezca. Esta fuerza, que ignora los límites, son las finanzas globalizadas, a las que llamamos ‘casino’ en el sentido de que la gestión del riesgo y el juego tienen algunos puntos en común”.

En medio de semejante panorama, nuestra América (considerada desde hace dos siglos por Estados Unidos como su “legítimo” patio trasero) es foco de la atención de los grandes consorcios transnacionales, seducidos por la posibilidad nada remota de poder controlar no solamente las economías dependientes de estos países sino también su biodiversidad y demás recursos estratégicos. Tratar de neutralizar este unilateralismo globalizador, exige una reelaboración consciente de experiencias compartidas y protagonizadas desde abajo por los sectores populares, evitando que éstos continúen catequizados como agentes involuntarios de la reproducción del sistema de valores de su propia dominación, discriminación y explotación; condicionados a existir en un estado de resignación permanente. -

 

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26/06/2018 16:31 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

ESTADOS MODERNOS Y SOCIEDADES COLONIALES

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Tal como lo deja asentado el investigador de origen brasileño Danilo Assis Clímaco en el prólogo de la obra “Cuestiones y Horizontes. De la Dependencia Histórico-Estructural a la Colonialidad/Descolonialidad del Poder”, del sociólogo peruano Aníbal Quijano: “Encarnamos la paradoja de ser Estados-nación modernos e independientes y, al mismo tiempo, sociedades coloniales, en donde toda reivindicación de democratización ha sido violentamente resistida por las élites ‘blancas’”. Para cierta gente, algo difícil de digerir, obviando el hecho indiscutible que, desde los primeros tiempos de nuestras naciones (hablando de nuestra América), los estratos sociales subordinados han resistido las pretensiones hegemónicas de quienes detentan el poder político, económico y, hasta, religioso; convertidos, por obra y gracia de dicho poder, en los únicos autorizados y capaces de asumir las riendas de la sociedad.  

 

En cierta forma (visible a veces, en otras no) somos víctimas frecuentes de la eurocéntrica visión unilineal, asimilada e institucionalizada sin cuestionamiento alguno. Quienes comenzaron a regir los destinos de las repúblicas nacientes de Nuestra América lo hicieron generalmente despreciando lo autóctono y glorificando, en su lugar, todo aquello proveniente de Europa, inicialmente, y de Estados Unidos, luego. Simultáneamente, tendemos a ignorar (consciente y/o inconscientemente) que esta situación histórica emergió junto con el advenimiento del capitalismo colonial global. Respecto a esto último, habrá que decir que todo cuestionamiento a uno de estos dos elementos implicaría, forzosamente, el cuestionamiento del otro; estando como están ambos fuertemente entrelazados. Esto -visto en conjunto y, sobre todo, considerando el desarrollo de las fuerzas productivas internas- creó un sistema altamente dependiente, lo que influyó en la condición de subdesarrollo atribuida desde mucho tiempo a nuestras naciones.   

 

Esto nos sitúa frente a lo que en nuestra América se identifica todavía (sin mucho análisis) como burguesía, pero en un contexto diferente a lo determinado por los teóricos del comunismo, dada su singularidad frente a la imagen clásica de la surgida en Europa, a partir de la Revolución Francesa, frente a la cual posee muy escasas semejanzas. Al referirse a esta situación, uno de los principales ideólogos del movimiento de descolonización francés, nacido en Martinica, Frantz Fanon, en su obra «Los condenados de la tierra», expone: «En los países subdesarrollados, hemos visto que no hay verdadera burguesía sino una especie de pequeña casta con dientes afilados, ávida y voraz, dominada por el espíritu de tendero y que se contenta con los dividendos que le asegura la antigua potencia colonial. Esta burguesía caricaturesca es incapaz de grandes ideas, de inventiva. Se acuerda de lo que ha leído en los manuales occidentales e imperceptiblemente se transforma no ya en réplica de Europa sino en su caricatura». 

 

A ello se suma la realidad del modelo de Estado imperante, el cual tiene como rasgo distintivo una estructura oligárquica que responde a esta visión y, por tanto, a los intereses grupales de las clases dominantes, o burguesía terrateniente y comercial, acoplada -desde los albores del siglo 20- a los grandes capitales monopólicos imperiales radicados en el norte del continente; correspondiéndoles -dentro de los esquemas de la división internacional del trabajo- el papel de exportadores de materias primas.

 

Aun teniendo en cuenta las peculiaridades de cada uno de los países de este continente (al igual que en otros), se mantiene prácticamente inalterable esta visión eurocéntrica unilineal. Esto explica en gran parte la diversidad de tensiones y de conflictos sociales generados a través de nuestra historia común, especialmente en lo que respecta a la concepción, las garantías y el ejercicio real de la democracia, así como todo aquello que tendría lugar en cada uno de los ámbitos de la vida social, si ésta fuera efectivamente extensiva a toda la población y no únicamente a un sector específico. Explica además el por qué teniendo, en apariencia, Estados modernos, todavía pervivan sociedades coloniales en nuestra América. -  

 

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28/06/2018 12:28 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.


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