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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2018.

¿CUÁNTO ACERTÓ MARX RESPECTO AL OPIO DEL PUEBLO?

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Hasta qué punto puede admitirse como cierta la sentencia de Steven Weinberg, galardonado en 1979 con el premio Nobel de física, al aseverar que «la religión es un insulto para la dignidad humana. Con o sin ella, habría buena gente haciendo cosas buenas, y gente malvada haciendo cosas malas, pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta religión». Dependerá básicamente de la visión particular de cada persona y lo que ésta representa en su vida (sea cual su denominación y su dios particular); lo que determina su actitud ante el resto de sus semejantes, tanto en su forma individual como en su forma colectiva (social, cultural y/o étnica). Una posición que podría estar hincada en el prejuicio, el estereotipo y la ignorancia. O, contrariamente, fruto de un libre raciocinio y de una convicción propia de la necesidad de un respeto mutuo sincero que nos haga ver a todos los seres humanos dotados con los mismos derechos.

 

Quizás lo más difícil y más terrible que puede hacer cualquier ser humano en este mundo es defender y hacer valer su derecho a creer o no en una deidad determinada. Desde los tiempos más antiguos de la historia de la humanidad, la intolerancia religiosa ha sido uno de los detonantes principales de persecuciones, agresiones y muchos conflictos bélicos. Incluso entre personas y naciones que profesan la misma fe. Unos quinientos años atrás, el fanatismo religioso sirvió de motor para impulsar la invasión, el saqueo y el sometimiento colonial a manos de las monarquías cristianas europeas mediante las cruzadas sobre «Tierra Santa». A fin de propiciarlas con éxito, la iglesia católica difundió la promesa que sus participantes serían redimidos de sus pecados y, de este modo, contribuirían a la recuperación de Jerusalén del dominio de los infieles, esto es, de los pueblos musulmanes que aún pueblan este amplio territorio, devastado y sacudido por la guerra. Fue el antecedente histórico de la beligerancia cotidiana que ahora tiene lugar en todo el Oriente Medio, lo que se pretende encubrir nuevamente con el ropaje religioso, magnificando un presunto enfrentamiento entre el Islam y el Cristianismo (entre Oriente y Occidente, como algunos gustan presentarlo) que sólo sirve para satisfacer los intereses de las grandes corporaciones transnacionales capitalistas que obtienen de la guerra, justamente, sus mayores dividendos.

 

También vale afirmar que ello es producto de la herencia cultural, eurocentrista en este caso, marcada -como se puede rastrear fácilmente en el resto del planeta- por una concepción racista que le hace creer a sus partidarios que están predestinados por la Providencia a doblegar a los pueblos considerados salvajes, incultos y supersticiosos con el sublime propósito de “civilizarlos”. En ello se debe incluir lo relativo al irrespeto, incluso las agresiones irracionales de todo tipo, que sufren quienes tienen la «osadía» de manifestarse ateos o, simplemente, que no comulgan con religión alguna, sea cual sea el territorio en que moren; dándose por sentado la existencia de un solo dios y, por tanto, la obligatoriedad de una adoración común para todos los seres humanos.

 

En «Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel», Karl Marx consideró la religión como una expresión alienada de la humanidad y dijo de ella que era «el opio del pueblo». Así, él escribió: «la miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra ella. La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo. La eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo, es la condición para su felicidad real. El estímulo para disipar las ilusiones de la propia condición es el impulso que ha de eliminar un estado que tiene necesidad de las ilusiones. La crítica de la religión, por lo tanto, significa en germen, la crítica del valle de lágrimas del cual la religión es el reflejo sagrado».

 

Pero no ésta no sería su única alusión a tan controversial tema. Para el autor de El Capital, la crítica de la religión no era un fin en sí misma: «La crítica del cielo se convierte así en una crítica de la tierra; la crítica de la religión, en la crítica de la ley; la crítica de la teología, en la crítica de la política». En otra de sus obras, "Sobre la cuestión judía», atacada a veces, injustamente, de antisemitismo, enunció por primera vez la idea de que la emancipación humana estaba ligada al fin del capitalismo. En ella, establece que «la dignidad humana carece de ideologías y credos religiosos específicos. No es exclusividad de un grupo étnico o de una clase social. Ni está determinada por la subordinación o por la preeminencia de los otros valores que puedan regir los destinos y la vida en sociedad». No obstante, la historia nos revela que una gran parte de los conflictos humanos ha tenido su detonante en estas ideologías y credos, dando lugar a conclusiones sesgadas respecto al carácter belicoso que incubaría cada persona, independientemente de su extracción social y étnica; cuestión que es alimentada de forma interesada por los sectores dominantes, induciendo a las clases subordinadas a aceptarla como una fatalidad infranqueable.

 

En la actualidad, los fundamentalismos religiosos se han hecho notorios en la actividad política de una gran parte de nuestra América. Su influencia en ascenso (junto a la onda expansiva del fascismo que comienza a percibirse, sobre todo, en el escenario electoral brasileño) es, sin duda, una amenaza cierta para todas las libertades democráticas de nuestros pueblos; encubierta por aparentes llamados al rescate de sus valores tradicionales, del sagrado ámbito familiar y de la moral frente a la decadencia encarnada por los librepensantes, los diferentes defensores de los derechos humanos, los pobres que luchan por mayores condiciones de igualdad social y la comunidad LGTB (ésta última, blanco preferido de sus ataques). Sus acciones apuntan a la eliminación del libre albedrío como rasgo común de la gente; explotando atavismos que parecían superados y ya olvidados, pero que ahora han aflorado y dan forma a una estrategia de miedo, rechazo y desprecio que hace ver al otro, al diferente, como un elemento prescindible al cual no le asiste ninguna clase de derechos.

Este opio «renovado» no difiere en mucho de la conclusión expuesta hace miles de años por el filósofo romano Séneca: «la religión es verdad para la gente común, falsa para los sabios y útil para los poderosos». Por ello, la comunión entre política y religión es, sin duda, liberticida. La división que ella fomenta en el seno de las clases populares es ganancia para los sectores dominantes (locales o no). Esta ha permitido, además, que el número cuantioso de víctimas causadas por las guerras imperialistas de las últimas décadas no cause demasiada indignación entre mucha gente; en especial si éstas son palestinos, africanos, asiáticos o latinoamericanos considerados inferiores, lo cual conduciría a la “normalización” de unas relaciones sociales marcadas por una violencia “justificada”. Todo esto no hace más que reforzar lo ya expresado hace más de un siglo por Karl Marx. -   

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17/10/2018 12:44 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

LAS TICS Y EL DESAFÍO DEL COMERCIO ELECTRÓNICO

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La acelerada concentración de empresas que brindan servicios en tecnologías de informática y comunicaciones ha obligado a muchos analistas de la economía capitalista a plantearse el estudio respecto a las nuevas realidades que están surgiendo en la actualidad y que, de un u otra manera, cambiarán totalmente el panorama mundial.

Respecto a este tema, algo que escapa a la comprensión de mucha gente alrededor del planeta es que los algoritmos utilizados por las principales corporaciones globales que acaparan la tecnología digital de una forma casi monopólica (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft), están diseñados para alinear y automatizar las decisiones de todos aquellos que recurren a ellas en búsqueda de información, lo que contribuye a cimentar una visión sesgada de la realidad y, por tanto, del conocimiento (lo cual implicaría una limitación enorme de nuestra capacidad de pensar por cuenta propia) en favor de quienes -así suene a ciencia ficción- pretenden ejercer un dominio incuestionable del mundo. En tal caso, los datos suministrados voluntariamente por los usuarios pasan a ser productos de estas grandes corporaciones, las cuales le darán el uso mercantil que sea necesario para incrementar sus elevadas ganancias.

“Estas corporaciones -explica Alfredo Moreno en su artículo ‘Las TICs. El debate: politizar o asumir el colonialismo digital’- cuentan con plataformas tecnológicas basadas en software que han logrado penetrar en la intimidad de cada ciudadano y ser el centro del deseo de pertenecer a la comunidad digital organizada. Las plataformas Uber, Airbnb, WhatsApp, Facebook, Instagram, Alibaba, etc. han empoderado a las empresas más ricas del planeta. Solamente con crear un ámbito para intermediar la conexión de personas y servicios pagos para los usuarios (ciudadanos) de las redes sociales y servicios TICs, nos integraron a un ecosistema donde no tenemos ni voz, ni voto. Si aceptas, perteneces y pasas a ser ‘usuario’, sino te quedas afuera”.

Como muchos ya lo advierten, abriendo una brecha en medio de la cartelización creciente de la información, las tecnologías digitales y la automatización han provocado una serie de realidades que tienen un impacto profundo en la vida íntima de muchas personas, así como en todo el conjunto social. Cuestión que también tendrá sus repercusiones en las estructuras de la gobernabilidad, a tal punto que algunos analistas anticipan (en el mejor de los casos) que éstas podrían caracterizarse por una racionalidad, una transparencia, una efectividad y una democracia mayores a las actualmente existentes; de evitarse el control social que otros perciben mediante el uso de las redes sociales.

En su análisis “Comercio electrónico y la agenda de las transnacionales”, la periodista británica-ecuatoriana Sally Burch previene que “cualquier acuerdo comercial que regule (o desregule) el ‘comercio electrónico’ estaría de hecho sentando las bases globales para el conjunto de la nueva economía digital, hacia la cual estamos transitando velozmente, con enormes implicaciones para el modelo económico, el empleo, el desarrollo, la dependencia o soberanía nacional e incluso los derechos humanos”. El entendimiento de esta nueva realidad bajo el capitalismo debiera incitar el debate, la elaboración y la puesta en práctica de un vasto proyecto transformador y rupturista que abarque todos los elementos que conforman la realidad inmediata del sistema-mundo en que se halla la humanidad entera. Éste es uno de los desafíos ineludibles que nos impone a todos la economía digital. Su superación supone la construcción de un mundo menos desigual donde la autogestión y la independencia de toda dominación (interna y externa) sean sus principales elementos constitutivos. -

 

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17/10/2018 12:53 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.


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