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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2020.

LOS POBRES NO SON POBRES PORQUE QUIEREN

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Básicamente, la falta de oportunidades sería la causa principal de la pobreza en cualquier latitud del mundo. Sin embargo, suele pasarse por alto la existencia de las grandes disparidades económicas, culturales, sociales y, hasta, políticas que separan a ricos y pobres, lo que tiende a crear el mito que le atribuye a estos últimos la responsabilidad total de su vida menesterosa o, cuando menos, a un designio inapelable de la Providencia, salvando así cualquier cuestionamiento que pudiera hacerse en contra del orden establecido.

Aferradas a esta convicción, muchas personas -sin admitirlo abiertamente- justifican el hecho que haya  una división de clases en nuestro modelo de sociedad. Como mantra, repiten que la igualdad de oportunidades nos permite a todos, si trabajamos con ahínco, escalar hasta la cúspide mientras los fracasados (empobrecidos) sólo son víctimas de su propia incapacidad y flojera. Olvidan el detalle de que los exitosos económicamente alcanzan este nivel gracias a la plusvalía obtenida de la explotación de quienes trabajan a diario para ellos, incluso indirectamente, obteniendo a cambio una remuneración que apenas cubre sus necesidades básicas para vivir junto con sus familias. Bajo la óptica del capitalismo, los pobres encarnan, por otra parte, a los enemigos de la población -considerándoseles, incluso, simples delincuentes contra quienes no resultaría suficiente la aplicación rigurosa de las leyes- por lo que debieran excluirse del radar de atención moral del Estado y, en consecuencia, de toda la sociedad, en lo que sería una práctica de darwinismo social convertida, ahora, en una doctrina económica en beneficio de la preservación del mercado. A los pobres se les acusa de ser pobres porque quieren y de no pensar en el futuro, de solo buscar satisfacciones lúdicas diarias e inmediatas, lo que traba el normal desenvolvimiento y la consolidación del progreso económico de las naciones en que residen. Este aspecto criticable entre los pobres es, sin embargo, destacado y reforzado entre aquellos que mejor se adaptan a la lógica capitalista, preocupándose por vivir, también, el presente y por convertirse en herramientas eficaces de su propia esclavitud al procurar ser unos emprendedores altamente competitivos y productivos.

Como parte de una estrategia que pueda contribuir efectivamente a la reducción y la erradicación de la pobreza, algunos estudiosos de esta realidad social proponen que debe estimularse entre la gente pobre, o empobrecida, la convicción de la autosuficiencia, lo que equivale a emprender la eliminación de los hábitos de dependencia que les impiden darse cuenta de cuáles son sus potencialidades. Equivale igualmente a desprenderse de los viejos prejuicios existentes en torno suyo. En la situación específica de Venezuela estos han sido creados y reforzados ideológicamente por los sectores dominantes, imponiendo lo que Franco Vielma llama una “cultura de elite extrapolada a la sociedad en su conjunto, que da cuenta de nuestras relaciones culturales parasitarias y dependientes de la renta petrolera. Es la explicación de la inconformidad venezolana que empuja a los pobres a aspirar a ser clase media y los clases medias a aspirar a ser ricos de manera fácil y rápida”. Esta es, dicho sea de paso, una cultura heredada de cuando la España monárquica dominaba este ancho territorio, que, en muchos aspectos, sobrevivió a la era republicana y terminó por expandirse hasta el sol de hoy, gracias, precisamente, a los ingentes dividendos obtenidos desde hace cien años del extractivismo petrolero. La fatalidad que ella transmite no estaría representada, no tanto en la falta de disciplina para el trabajo (algo que muchos vienen haciendo desde su más temprana edad y en condiciones inhumanas de explotación) o de aspiraciones personales sino en los antivalores de dicha cultura, los que les facilitan a unos cuantos disfrutar, al margen de cualquier miramiento legal y moral, del bienestar derivado del capitalismo.  Por ello, la opción es obvia: la construcción necesaria de una identidad sociocultural propia que estimule la autoestima y la autogestión entre quienes se hallan en el rango oprobioso de la pobreza. Ella representa, asimismo, la ruptura de la dependencia en relación con quienes controlan el poder y, de profundizarse, la constitución de un nuevo orden civilizatorio, más justo, democrático y emancipatorio. -   

 

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24/10/2020 16:32 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

REPLANTEAR EL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO FRENTE AL CAOS CAPITALISTA

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Las posibilidades de construcción de una sociedad socialista como alternativa revolucionaria a la hegemonía del capitalismo siempre han sido combatidas acérrimamente por los sectores conservadores dominantes. Sin importar los costos que ello signifique en vidas humanas ni los medios legales e ilegales utilizados para lograr su supresión definitiva. Como ya aconteciera en Chile (con Salvador Allende), Nicaragua (al triunfo de la Revolución Sandinista) y Bolivia (con Evo Morales), manteniéndose un paréntesis aún abierto en los casos de Cuba y Venezuela, gracias al comportamiento obtuso de la clase gobernante gringa de querer cumplir -por encima de la lógica- con su auto atribuido- «destino manifiesto». Sin olvidar que en el cono sur de nuestra América se produjo una cadena de golpes de Estado que precipitaron persecuciones, encarcelamientos, torturas, ejecuciones y desapariciones forzosas de militantes de izquierda, en un proceso sistemático de exterminio total que, adicionalmente, contó con el beneplácito, el apoyo económico y la asesoría de los distintos gobiernos de Estados Unidos.
Esto no se diferencia mucho de lo ocurrido en Europa -consolidada la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas- cuando los sectores conservadores se ampararon bajo el nazismo y el fascismo como fórmulas de contención frente al auge de masas obreras y campesinas que, inspiradas en los ideales marxistas leninistas, esperaban darle un vuelco completo a las condiciones de explotación, de desigualdad y de miseria en que se hallaban sumidas. Todo este historial de crímenes de lesa humanidad no le ha servido a los sectores conservadores para alcanzar todavía la meta anhelada desde hace siglos. Como tampoco el vasto y continuo proceso de ideologización que, a través de la religión, la educación, la industria del entretenimiento, la moda y los medios de información masivos, entre otros elementos no menos importantes, contribuye a que gran parte de la gente perciba con sentido de fatalidad y de autoconvencimiento que el orden establecido es el mejor posible, por lo que cualquier intento por transformarlo radicalmente les resulta antihistórico y, por consiguiente, algo que redundará en mayores perjuicios que beneficios para la población en general.
Ahora que los avances tecnológicos en materia de comunicaciones le permiten a la humanidad enterarse de lo que ocurre en cualquier latitud de la Tierra de un modo directo e instantáneo, la lucha en contra de las propuestas socialistas revolucionarias abarca la difusión e imposición de falsas noticias, así como el régimen de George W. Bush hizo creer a muchos que el régimen de Iraq poseía armas de destrucción masiva, algunas de las cuales habrían sido utilizadas para masacrar a la población iraquí, por lo que se justificaba desatar una guerra que acabara con la situación allí creada. Esto mismo pero con herramientas de mayor sofisticación, tiende a ser parte esencial de la estrategia de desestabilización aplicada por Washington para garantizar su hegemonía unipolar, lo que crea dudas en cuanto a la veracidad de las noticias divulgadas a través de sus medios aunque algunos lleguen a aceptarlas como verdades inapelables, generándose así todo tipo de opiniones intolerantes que, en algunos casos, causarán hechos de violencia y muertes. Tal estrategia ayuda a que el caos y la posibilidad que éste pueda incrementarse en algún grado sirvan para que los ciudadanos opten por políticos que ofrezcan mayores controles y seguridad en vez de arriesgarse a revolucionar lo existente, llegando a sacrificar sus derechos a cambio de unas ofertas electorales abiertamente reaccionarias.
Aún con un enorme historial propagandístico en su contra, las múltiples condiciones contradictorias que abruman al mundo contemporáneo imponen la necesidad de reemplazar el modelo civilizatorio existente, lo que replantea echar mano a lo que, de una manera general, se deriva de los ideales socialistas revolucionarios; ahora con una visión más amplia y menos eurocentrista de lo que fue desde sus inicios al nutrirse en la actualidad de elementos pertenecientes a otros pueblos, culturas y grupos sociales. Más todavía cuando estos mismos pueblos, culturas y grupos sociales mantienen una lucha de resistencia prolongada en contra de la exclusión, la explotación, la desigualdad y la miseria a que han sido condenados desde siempre por el sistema capitalista, no importa cual sea el rostro con que éste pretenda presentarse. 

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24/10/2020 16:37 Homar Garcés #RyS. TEMAS REVOLUCIONARIOS No hay comentarios. Comentar.


EL "SACROSANTO" DERECHO DE PROPIEDAD PRIVADA

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Es harto revelador que el nombre de Caín, cuya acción más recordada, según lo recoge la Biblia, haya sido asesinar a su hermano Abel, esté asociado a los términos adquisición o posesión, en lo que éste sería el primer propietario conocido sobre la faz de la Tierra. En esta línea, la propiedad privada tendría un trasfondo delictuoso, con lo que quedaría corroborada la clásica afirmación de Pierre Joseph Proudhom respecto a que “la propiedad es un robo”. De esta forma, tanto el sistema jurídico como los valores que lo avalan terminan por darle al sistema de propiedad privada visos de legalidad y de moral en lo que constituiría un delito contra la sociedad.

En la actualidad, el sacrosanto derecho de la propiedad privada que sustenta al sistema capitalista (ahora neoliberal) se ha convertido -gracias a la complicidad de gobiernos solícitos y motivados, aparentemente, por el común deseo de conseguir el progreso material de sus respectivas naciones- en una privatización masiva de recursos colectivos, independientemente del derecho consuetudinario que podrían invocar pueblos y comunidades, principalmente indígenas y campesinos. Vista la historia de nuestro continente, la expropiación de la tierra a los pueblos originarios colonizados sirvió para enriquecer a la metrópoli española. Desde entonces, la lucha por la tierra ha seguido un curso invariable, apenas disminuido por el asesinato sistemático de sus dirigentes más emblemáticos o combativos.

Karl Marx condensó las lecciones de los pueblos sobre el problema de la tierra al escribir: “Al igual que en la industria urbana, en la moderna agricultura la intensificación de la fuerza productiva y la más rápida movilización del trabajo se consiguen a costa de devastar y agotar la fuerza de trabajo del obrero. Además, todo progreso, realizado en la agricultura capitalista, no es solamente un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino también en el arte de esquilmar la tierra, y cada paso que se da en la intensificación de su fertilidad dentro de un período de tiempo determinado, es a la vez un paso dado en el agotamiento de las fuentes perennes que alimentan dicha fertilidad. Este proceso de aniquilación es tanto más rápido cuanto más se apoya en un país, como ocurre por ejemplo con los Estados Unidos de América, sobre la gran industria, como base de su desarrollo. Por tanto, la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre”.

La predisposición al control total de las principales esferas de la coexistencia social -expresada, por ejemplo, en el manejo autocrático del Estado mediante el fascismo- no es un asunto extraño al darwinismo social que muchos promulgan como solución única a los diferentes problemas existentes en sus países, obstaculizando así cualquier espacio a la pluralidad democrática, a la tolerancia y a la interculturalidad que debiera definir al mundo contemporáneo. Ella ha llevado a los sectores dominantes conservadores a imponer entre personas de disímiles condiciones sociales y económicas una visión sumamente personalista y sesgada del mundo, gracias a la hegemonía ideológica ejercida desde sus grandes emporios de información y de entretenimiento; asegurando de esta manera la estabilidad del espacio privilegiado que ocupan en la pirámide de la sociedad. A pesar de esta circunstancia, no puede pasarse por alto la crisis de hegemonía que corroe al Estado burgués liberal desde hace largo tiempo, gracias, en gran medida, a las luchas protagonizadas por una amplia gama de grupos que cuestionan sus estructuras, lo mismo que al capitalismo global, responsabilizándolos a ambos de las desigualdades, de las injusticias y del cambio climático sufridos por la mayoría de la humanidad. 

Esto último conforma la simiente necesaria de nuevos horizontes históricos que podrían contribuir a la desacralización del poder (el mismo que consagra el derecho de dominio que tendrían unos individuos sobre sus semejantes; generalmente vistos como seres inferiores) y la desacralización de las relaciones mercantiles (el cual consagra el derecho de explotación de unos sobre otros; legitimándolo como algo natural e inalterable), lo que ya sería el preludio de un nuevo tipo de civilización, esta vez marcado por verdaderos valores humanos que incluyan el respeto a la naturaleza que nos sustenta a todos. -

 

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24/10/2020 16:44 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL APREMIO DE UNA DEMOCRACIA REAL Y DE UNA NUEVA CIVILIZACIÓN

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Cuando se trata de analizar lo que ocurre en muchos países frente a la vigencia (para algunos, moribunda) del sistema capitalista se debe tener presente que este genera a lo interno de cada país una multiplicidad de resistencias populares que no encajan (ni debieran encajar, como generalmente se acostumbra) en una clasificación única o universal. Esta heterogeneidad de resistencias, vale afirmar, se ajusta a la realidad creada bajo el influjo del capitalismo neoliberal durante las últimas tres décadas, una realidad que, por otra parte, ha influido notablemente en el desplazamiento masivo de migrantes hacia las naciones más desarrolladas en búsqueda de oportunidades de una vida mejor, sin obviar el agotamiento acelerado de recursos naturales y el estallido de frecuentes protestas callejeras en muchos países frente a la sumisión y la complicidad mostrada por sus gobiernos respecto a los grupos hegemónicos capitalistas.

Esto ha desembocado en la generación y debate de diversas propuestas con que se pudieran resolver los problemas que agobian a un grueso porcentaje de la población mundial. Así, en la perspectiva de Noam Chomsky, «la única esperanza del ser humano de escapar de su extinción es a través de la construcción de una democracia real, en la que una ciudadanía bien informada participe plenamente en el debate del rumbo que han de mantener las políticas que se apliquen, y la acción directa». Este apremio comienza a ser entendido por los sectores populares, algunas veces sin disponer de una base teórica única y detallada con qué crear un nuevo modelo de lo que debiera ser la sociedad. No obstante, sus reclamos y sus iniciativas organizativas, tanto en lo económico como en lo social, definen su objetivo de cambiar de una manera radical el orden vigente, asumiendo al mismo tiempo una posición de mayor beligerancia en el ámbito político tradicional, como ocurre en varias partes de nuestra América desde algún tiempo atrás.

Por eso, visto el neoliberalismo económico como modo de poder, de dominación y desposesión se hace necesario oponer la conformación de redes económicas informales que, de algún modo, siendo gestadas desde abajo por los productores y consumidores, sean ajenas a la lógica y a las relaciones de producción capitalistas. Éstas suponen dar un paso importante en la dirección de acabar con la depredación de la naturaleza (vista equivocadamente como una fuente inagotable de recursos) y la explotación de quienes solo cuentan con su fuerza de trabajo para vivir, habitualmente sumidos en condiciones de sobrevivencia, sin los elementos materiales básicos que requieren; además de permitir crear espacios organizativos populares en los cuales prevalezca la práctica de una democracia participativa, protagónica y directa. Con esto último se impone la transformación estructural del Estado, orientada a lograr una mayor soberanía del pueblo en lugar de privilegiar los intereses de una minoría dominante, cuestión que sólo se plantea, superficialmente, para garantizar las inversiones e intereses de las grandes corporaciones transnacionales y de sus asociados locales.

Aunque no se crea posible, la humanidad estará obligada a construir alternativas que profundicen la práctica democrática. Junto con esta, es imperativo transformar de raíz las relaciones de producción, manteniendo el cuidado de no repetir la historia de explotación que hasta ahora ha caracterizado al sistema capitalista. La meta principal de todas estas alternativas no podría ser otro que la emancipación integral de todos. - 

 

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24/10/2020 16:48 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.


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