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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2020.

EL ODIO COMO LEGITIMACIÓN RACIAL Y POLÍTICA

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Los focos de violencia ocurridos durante las últimas semanas en suelo estadounidense a propósito del asesinato de otro ciudadano afrodescendiente a manos de la policía tienden a ser interpretados como una reacción popular legítima en contra del racismo que, desde hace siglos, es un signo social característico del país norteño. Aun cuando se tenga razón en este sentido, habría causas o motivos más profundos que el racismo para entender tal explosión social, lo que implicaría la realización de un estudio sociológico y/o antropológico que escudriñe la sociedad estadounidense desde sus mismos orígenes.

Esto nos remite a las situaciones que han tenido lugar en el ámbito político al sur de nuestro continente, resaltando las escenificadas en Venezuela, Brasil y Bolivia donde grupos autocalificados de derecha, cristianos y democráticos trazaron una línea divisoria abiertamente racista respecto a los sectores populares, descalificando su capacidad para autogobernarse y para ejercer sus derechos constitucionales. Lo mismo podrá afirmarse en relación con los migrantes venezolanos quienes han sido víctimas de la xenofobia alentada por sectores políticos y medios informativos en su empeño por achacarles la culpa de todos los males que se producen en cada uno de estas naciones de nuestra América; buscando así fortalecer y recuperar sus posiciones e influencias internas. Es una regresión histórica que busca expandirse en nuestra América luego de vivirse una etapa importante de esfuerzos integracionistas que servirían de herramientas para deslastrarse de la dominación imperialista ejercida secularmente por Estados Unidos. No es casualidad notar que los sectores reaccionarios de la potencia norteamericana y de sus pares al sur de su frontera coincidan en retórica, acciones e, incluso, en el uso fanático de la Biblia para impedir el avance y el acceso al poder constituido de los sectores populares, en una diferenciación que rememora la clasificación racial impuesta por el colonialismo español en estas tierras.

Esto es, en resumen, la puesta en práctica de una política del odio como legitimación racial y política, cuyo objetivo principal es coartar cualquier posibilidad de emancipación que tenga como eje central la soberanía plena del pueblo. A nuestros pueblos les corresponde, por tanto, trascender el marco de referencia eurocéntrico que ha regido su existencia, de un modo totalmente radical, recuperando así sus raíces históricas y culturales, lo que supone dejar atrás los cánones impuestos por el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado a través de la educación y el  adoctrinamiento constantes, puesto que tales elementos representan por igual la dominación, la desigualdad y la violencia que les ha tocado enfrentar para asegurar sus derechos, lo que incide -directa e indirectamente- en la percepción que se tiene del mundo en general.

Bajo tal orientación, lo que debiera constituir el deber ético humanitario de todas las personas (que, incluso, podría derivarse en buena parte de las enseñanzas religiosas que profesa una mayoría, independientemente de cuál sea su denominación), cuya orientación básica habrá de expresarse siempre en el logro del bien común, la solidaridad, la cooperación y el sentido de comunidad en lugar de los antivalores que caracterizan al tipo de civilización vigente, dominado como está por la lógica depredadora, excluyente y competitiva del sistema capitalista neoliberal.

Ello nos obliga a comprender que los auspiciadores de este modelo civilizatorio son los ejecutantes de una larga trama perversa mediante la cual se trata de doblegar y derogar la voluntad soberana de los pueblos que aspiran vivir en paz y democracia, sin las imposiciones neocolonialistas e imperialistas de las grandes empresas transnacionales de las naciones desarrolladas. Para ello, es preciso descubrir el discurso seudo democrático y nacionalista -replicado sin pudor por las cadenas noticiosas a su servicio- con el cual ocultan su verdadero objetivo: la instauración de un régimen a imagen y semejanza del existente en Estados Unidos, creyéndolo el mejor y más idóneo del mundo. No obstante, se han visto enfrentados a una resistencia popular inaudita que, pese a las inconsistencias ideológicas e, incluso, corrupciones de la dirección política (sin distinción de derecha o de izquierda) les dice que se requiere transformar el orden establecido, ya que éste no admite más reformas.

Como elemento esencial de su estrategia para que los sectores populares terminen por aceptar su condición subalterna y neocolonial, los sectores derechistas no ocultan su intención de asesinar a aquellos que considera inferiores, por lo que estarían exentos de cualquier acción legal en su contra. El odio como legitimación racial y política es, a grandes rasgos, una realidad condenable. Por consiguiente, resulta vital y necesario confrontarlo desde todo punto de vista aunque ello represente emprender una guerra asimétrica contra aquellos que poco o nada les importa la vida ajena.

 

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07/07/2020 10:00 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

DISCURSOS CRUZADOS: DERECHA E IZQUIERDA

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Derecha e izquierda han sido, desde los tiempos de la Revolución Francesa, términos políticos antagónicos que identificarían a quienes, por un lado, defienden el orden establecido, siendo conservadores, y, por el otro, a quienes cuestionan y aspiran abolir dicho orden, llamándose revolucionarios. Hasta ahí todo sería sencillo de observar y explicar. Sin embargo, desde la última década del siglo pasado hasta el presente tales rasgos apenas representan una división ideológica escasamente diferenciada en sus discursos y prácticas. En el caso de la derecha radicalizada (habitualmente identificada con el fascismo), esta se presenta como promotora de los cambios que exige la ciudadanía para vivir mejor y como la única capaz de llevar a cabo los ideales de la democracia. En contraste, lo que se podría designar como izquierda, a pesar de su discurso, repite patrones normalmente atribuidos a los sectores capitalistas, en la búsqueda de un desarrollo económico más equitativo con reformas de contenido social y político que contribuyan a expandir el ejercicio de la misma democracia.

Citando a John Holloway, debemos considerar el hecho que “vivimos en una sociedad antagónica y estos antagonismos nos atraviesan a nosotros. Nos declaramos anticapitalistas, pero tenemos la cabeza llena de ideas generadas por el capitalismo. Nos declaramos procapitalistas, pero en la práctica cotidiana luchamos de mil maneras contra la agresión del dinero y por hacer las cosas de otra forma. Nuestra existencia es una existencia contradictoria y en la lucha contra el capitalismo tenemos que reconocer y manejar estas contradicciones, no buscar una pureza revolucionaria que no puede existir. La búsqueda de la pureza nos lleva muy fácilmente a descalificar a todos los que no comparten nuestra perspectiva precisa. El reto revolucionario es más bien promover la confluencia de las rebeldías que existen dentro de todos nosotros”. Generalmente ocurren rebeliones individuales y colectivas que se enmarcan en una reacción contra alguna acción del Estado o del sistema capitalista que afectan los derechos constitucionalmente establecidos. Según algunos analistas, éstas representan el preámbulo de una revolución social, política y económica que excede el control del Estado y anticipa la extinción del capitalismo como sistema económico preponderante. Así, bajo este punto de vista, las protestas del movimiento de los chalecos amarillos en Francia, de los estudiantes en Chile y, más recientemente, en Estados Unidos a propósito del asesinato de George Floyd serían hitos de tal revolución. Lo que podría ser. No obstante, la dinámica de las mismas se expresa en los efectos y no en las causas; es decir, es poco lo que se ha teorizado al respecto, apelándose a las conclusiones binarias a que estaríamos largamente habituados.

Esta perspectiva, sin embargo, tiende a expandirse cuando, a raíz de la pandemia del Covid 19, la mayoría de las naciones se han visto obligadas a implementar cuarentenas y restringir sus actividades económicas, contrayéndose, en consecuencia, los mercados y elevándose las cifras de desempleo. Esto podría ser un elemento más para plantearse seriamente cambiar las reglas de juego que, hasta ahora, han sido provechosas para los intereses corporativos de los sectores dominantes. Ello obligaría a los sectores populares excluidos a explorar y a consolidar una visión propia del mundo que habitan mediante un programa político extraído de su memoria histórica de luchas, el cual servirá de pilar fundamental para el logro de las transformaciones estructurales que deben emprenderse, con criterio de urgencia, para acceder a un nuevo tipo de civilización, más centrado en el ser humano y en la relación armoniosa de éste con la naturaleza, entendido en un sentido general.

Esto último exige la combinación de una diversidad de expresiones del poder popular organizado con iniciativas realmente revolucionarias. Tanto ancestrales como modernas. Desde la base local o comunal hasta abarcar lo que sería un proyecto mayor a escala nacional y global. Sería, por consiguiente, algo totalmente distinto a lo que son hoy en día los discursos cruzados de la derecha y la izquierda, a sabiendas que ambas partes son herederas del pensamiento eurocentrista, lo que explica, de un modo simple, el porqué de su idiosincrasia excluyente y, en los últimos tiempos, coincidente. Habrá que profundizar lo que representa verdaderamente cada discurso y contrastarlo frente a la realidad creada por sus acciones. En el caso de nuestra América esta posibilidad es aún mayor, dada la historia de resistencia protagonizada por nuestros sectores desde los albores de la independencia respecto al dominio colonial español. Ello supone un re-planteamiento cultural, en un incesante proceso de intercambio de saberes que coadyuve a la autodeterminación económica y política de nuestros pueblos, sin exceptuar los aspectos positivos que puedan mantenerse y desarrollarse del actual modelo de civilización.   

 

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08/07/2020 11:57 Homar Garcés #RyS. TEMAS REVOLUCIONARIOS No hay comentarios. Comentar.


EL TSUNAMI TECNOLÓGICO Y EL VIEJO SUEÑO HUMANO

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Con escasa o nula conciencia de lo que ocurre con los datos que, de una forma espontánea y hasta ingenua, proporcionan toda vez los millones de usuarios que acceden a una red o servicio de internet, éstos componen un recurso económico extraordinario, prácticamente inagotable, del cual las grandes corporaciones transnacionales obtienen formidables réditos, sin que se vean obligadas a retribuirle a aquellos el aporte que realizan a diario. En vista de esta nueva situación creada por la lógica del capitalismo, a nivel mundial se levantan voces exigiendo la imposición de mecanismos legales que controlen y restrinjan este derecho de facto por parte de las grandes corporaciones transnacionales, de modo que se protejan los derechos y la potestad de las personas sobre sus datos, tanto en lo que concierne a su condición individual como colectiva.

Todo esto indujo a Just Net Coalition a presentar el 25 de noviembre de 2019 un Manifiesto por la Justicia Digital durante la realización del  Foro de Gobernanza de Internet, en la ciudad alemana de Berlín, sintetizado en la frase “Un llamado para que nuestro futuro digital nos pertenezca”. Sus Principios clave comprenden lo siguiente: 1. Todas las personas deben tener potestad sobre sus datos, `ya sea individual o colectiva. 2. Nuestros datos requieren protección contra el abuso. 3. Necesitamos las herramientas para controlar nuestros datos. 4. Los bienes comunes de datos requieren marcos de gobernanza adecuados. 5. La protección, el intercambio y la utilización de datos requieren nuevas instituciones. 6. El trabajo que genera datos debe ir acompañado de derechos digitales. 7. Los datos deben procesarse cerca del punto de su origen. 8. Los flujos transfronterizos de datos deben regirse a nivel nacional. 9. Es necesario reivindicar las tecno-estructuras como espacios personales y públicos. 10. Deberíamos tener potestad sobre el software que utilizamos y poder controlarlo. 11. Las infraestructuras digitales clave deben ser administradas como servicios públicos. 12. Las tecno-estructuras deben ser descentralizadas para un uso abierto, con interoperabilidad. 13. Los monopolios digitales globales deben desarticularse. 14. La datificación de las sociedades debe gestionarse democráticamente. 15. El desarrollo de los estándares digitales debe ser la responsabilidad de organismos de interés público. 16. La esfera digital debe ser gobernada de lo local a lo global.

Como se pone de relieve cada día, las tecnologías de información y comunicación (TIC) han constituido un gran avance en los últimos treinta años. Computadoras, teléfonos móviles y otros elementos similares les han permitido a muchas personas acceder a una conexión global, en tiempo real, conocer noticias ocurridas a miles de kilómetros de distancia, y compartir datos de su particular interés desde la comodidad del hogar. Algunos califican dicho avance de tsunami tecnológico, del cual pocos perciben las posibles consecuencias que este tendría respecto a la concepción y el funcionamiento de las estructuras del modelo civilizatorio actual, a pesar de estar presente en la actividad cotidiana de la banca y de los mercados financieros; las transacciones con monedas digitales; y la utilización, entre otras cosas, de drones, satélites, big data, cámaras de vigilancia, aparatos de reconocimiento facial y diversos sensores acoplados con inimaginables bases de datos en manos de empresas y gobiernos, que hacen de la vida de cada ser humano un libro abierto, carente, prácticamente, de privacidad. Apenas comienzan a analizarse sus impactos e implicaciones, cuestión que se extiende a la infraestructura digital que debiera existir en todo país, sobre todo en lo que respecta a África y nuestra América, donde la mayoría de sus poblaciones escasamente cuenta con servicios de internet; todo ello sin considerar el efecto de la radiación electromagnética en la salud de las personas, a lo que se añade el hecho de que se requiere extraer grandes cantidades de minerales necesarios para fabricar teléfonos celulares y demás artefactos de trasmisión y recepción, presentes en ambos continentes, lo que incrementa la destrucción creciente de ecosistemas, suscitando conflictos de intereses políticos y comerciales diversos.

Para muchos, la infinidad de posibilidades creativas, recreativas y utilitarias que podría derivarse de las tecnologías de información y comunicación les anima a creer que el futuro podría ser algo mejor que el presente. No obstante, también suscita el temor reflejado en las distopías creadas por los autores de ciencia ficción con un mundo dominado por minorías despóticas que uniforman al extremo el pensamiento y el estilo de vida del resto de la humanidad, dándole la sensación y la convicción que no tienen otras opciones factibles, resignados a su condición y destino. Tal dualidad de criterios obliga, sin embargo, a fijar posiciones respecto a lo que ello significa. La larga historia del sistema capitalista y de los usos dados a la ciencia y la tecnología en materia militar nos debiera prevenir respecto a sus efectos negativos, lo que impondría la necesidad de ejercer un mejor control. Lo que quedaría pendiente es saber hasta qué límite y cómo se haría. Lo segundo sería lograr que todos estos avances sirvan realmente para dotar a los seres humanos de unas mejores condiciones materiales de vida, en armonía con su entorno natural, las que, eventualmente, contribuirían a consolidar el viejo sueño humano de una emancipación integral. -     

 

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15/07/2020 09:46 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LUCHA FEMENINA Y RELACIONES DE PODER

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De acuerdo con Abdullah Öcalan, muchos sistemas civilizados han empleado el sexismo para preservar su poder. Reforzaron la explotación de las mujeres y las utilizaron como una valiosa reserva de mano de obra barata. Las mujeres también son consideradas como un recurso valioso en tanto y en cuanto producen descendencia y proveen a la reproducción del hombre. De esta forma, la mujer es tanto un objeto sexual como una mercancía. Ella es una herramienta para la preservación del poder masculino y puede progresar, en el mejor de los casos, para convertirse en un accesorio de la sociedad masculina patriarcal”. Si bien es cierto que, desde la época en que esta reflexión se hizo conocer hasta el tiempo presente, las mujeres han alcanzado diversos grados de reconocimiento y de inclusión, desde su participación política e igualdad de derechos hasta el mando militar y poder económico, en la generalidad de los casos se observa que la discriminación, la explotación y la violencia respecto a las mismas es parte de la lucha que aún les toca librar.

Así, al conjunto de las reivindicaciones específicas de los diferentes movimientos feministas alrededor del mundo, así como la igualdad real de género, se suman aspectos que deben también ser tomados en cuenta como la feminización de la pobreza, considerando (especialmente en naciones de África y de nuestra América) que la mujer tiene el rol principal -como madre- en el sostenimiento de la familia, en lo que algunos antropólogos identifican como familia matricentrada, con escasas posibilidades de superar las deficiencias materiales que padece. Todo lo anterior supone determinar las relaciones de poder existentes en el modelo civilizatorio vigente, sean estas de clase, de origen étnico y/o geopolíticas, todas las cuales han hecho de las mujeres sujetos secundarios y/o subordinados. Para ello, es importante la promoción y el uso cotidiano de un lenguaje inclusivo que permita el reconocimiento de la mujer en su condición de ser humano, persona y ciudadana, sin menoscabo de su feminidad.

Se debe entender que el género no es simple cuestión de mujeres. Es un concepto relacional que se extiende a todos los ámbitos de la vida social en lo que sería una revolución más amplia que alguna en el terreno político o en la economía; siendo éste un elemento importante que no podrá obviarse si se pretende obtener y consolidar una emancipación integral real de todos los seres humanos. Esto nos llevaría a la producción y conformación de una contracultura femenina a manos de mujeres diversas, pensantes y actuantes que puedan contribuir efectivamente a la construcción de un nuevo tipo de sociedad y, obviamente, de una nueva política. Para esto es requisito el cuestionamiento radical de las bases mismas de todo el sistema-mundo vigente, de otro modo sólo será posible una igualdad inclusiva que poco afectaría las relaciones de poder usuales.

La lucha femenina enfrenta, desde todo ángulo, la ideología patriarcal que fue cimentándose a través de los siglos, generando leyes, normas y sanciones que terminaron por reprimir las características femeninas de nuestras sociedades, normalmente basadas en preceptos religiosos que hicieron de la mujer la gran culpable de nuestros males como especie. Sin embargo, no se puede pasar por alto la íntima conexión existente entre patriarcado y capitalismo, por lo que los objetivos de la lucha de las mujeres no podrían alcanzarse sin afectar o transformar, de manera simultánea, las estructuras que los hacen posibles. -          

 

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15/07/2020 10:06 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA TOMA DEL PODER ESTATAL Y EL SUJETO HISTÓRICO

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Desde finales del siglo pasado se han visto y experimentado diversos cambios en el ámbito político que desafían el sentido y los procedimientos existentes en el pasado, con unas estructuras de Estado concebidas para legitimar la hegemonía de sectores minoritarios (normalmente económicos) y unas relaciones de poder que excluyen a la mayoría, segregada de acuerdo a la edad, sexo, condición social, credo y origen étnico, entre otros elementos. Sin embargo, pese a su contundencia y a su inminente arraigo, muchos de estos cambios sufren el embate de quienes ejercen el poder, incluso de aquellos que predican un discurso aparentemente revolucionario y/o innovador sin proponerse llevarlo a cabo, menos a profundizarlo, en beneficio del interés colectivo. Los muchos movimientos sociales y/o populares que irrumpieran contra la burocracia soviética en la Europa del Este, lo mismo que aquellos que se deslumbraran con las ofertas engañosas del neoliberalismo económico (especialmente en las naciones de nuestra América), tienen en común la exigencia de un papel más visible y, en alguna escala mínima, de un protagonismo en los asuntos de Estado; lo que incidió en la búsqueda de una mejor definición de cuál sería el nuevo sujeto histórico llamado a transformar el modelo de sociedad imperante.

La democracia evolucionó a un nivel mayor. Ya no se denominaría representativa sino participativa, siendo ello una consecuencia directa del discurso de izquierda, no obstante el colapso de la URSS y la campaña de descrédito sobre el socialismo revolucionario que se extendió a partir de ese momento hasta compartir la afirmación de Francis Fukuyama respecto al fin de la historia y al triunfo del sistema capitalista. De este lado del planeta, fue usual que se consagrara la democracia participativa y protagónica como un logro revolucionario supremo mediante la cual los sectores populares subyugados, excluidos y explotados podrían asumir la construcción compartida de su propio destino, eliminando todo aquello que sólo favorecía a las minorías gobernantes.               

En esta perspectiva, el nuevo sujeto histórico que comenzó a delinearse y a luchar desde diferentes trincheras, muchos teóricos coinciden en que éste comprende un sujeto transversal e, incluso, multifactorial. No al modo habitual como lo conciben los militantes de izquierda, determinándolo -como clase social antagónica de la burguesía- en los trabajadores asalariados. Para que éste surja y se consolide tiene que trabajarse activamente en la promoción de un amplio tejido organizacional de los sectores populares autónomos que, desde sus particulares intereses y reivindicaciones, confrontan el mismo sistema de dominación. No es, en modo alguno, una tarea simple. No obstante, la conformación y las funciones del poder popular soberano que se origine de tal tejido tendrán que basarse, ineludiblemente, en las premisas de una verdadera democracia participativa y protagónica, además de aquellas que ésta origine, a medida que se consolide y sea una realidad diaria, en pro del buen vivir y de los derechos de todos y de todas.

De acuerdo con lo anterior, es muy importante -de acuerdo con Win Dierckxsens en “Política y mercado”- comprender una cosa: “La democracia participativa no se puede decretar desde arriba. En efecto, si se quiere instaurar la democracia participativa, es necesario que el pueblo se convierta en el sujeto del poder. Para eso es necesario luchar por un nuevo tipo de democracia, construido desde abajo, para los de abajo, a través de los gobiernos y las comunidades de comunidades”. Esto implica que la toma del poder estatal y su objetivo máximo, la transformación estructural del Estado, deben responder a una visión biocéntrica y policéntrica de la política. Se debe apuntar a la edificación colectiva de una nueva diversidad y de una nueva identidad, sin que esto implique que sean sacrificadas las diferencias que podrían existir en algún momento, a pesar dársele preeminencia a los intereses generales de la sociedad. Ello no solamente representa una meta eminentemente política sino que debe extenderse a todos los aspectos y órdenes sobre los que se sustenta el modelo civilizatorio actual, con un sujeto histórico diversificado y diferente, capaz de innovar y de crear una nueva hegemonía, esta vez de una profunda raigambre democrática y popular. -      

 

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17/07/2020 09:59 Homar Garcés #RyS. TEMAS REVOLUCIONARIOS No hay comentarios. Comentar.


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