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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2020.

LA CONCIENCIA HUMANA FRENTE A LA PACHAMAMA

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La pandemia del Covid 19 ha destapado (o puesto de relieve) lo que es, aunque se niegue o se minimice, una realidad incuestionable: la destrucción de la naturaleza a manos de los seres humanos guiados por la lógica irracional del capitalismo. No hace falta recurrir a Karl Marx u otro destacado teórico del comunismo para detectar y denunciar los estragos causados por el sistema capitalista en todo el orbe. Es algo que cada persona sensata puede confirmar solo con observar las consecuencias del extractivismo y de la industrialización que impulsa la mayoría de los gobiernos del mundo, anhelando alcanzar los mismos niveles de desarrollo de Estados Unidos y demás naciones capitalistas, afectando grandes extensiones de territorios, generalmente ocupados por campesinos y pueblos originarios que son desplazados a la fuerza por grupos paramilitares al servicio de terratenientes y empresarios interesados en conseguir su control.

Ahora, al margen del resurgimiento de algunas antiguas supersticiones europeas, muchas personas perciben que la aparición y extensión del Covid 19 obedece a la ruptura existente respecto a la naturaleza.


«Estamos -como lo advierte Alberto Acosta en su artículo 'Reecuentro con la Madre Tierra: Tarea urgente para enfrentar las pandemias'- en medio de un colapso climático: No podemos olvidar que los cambios en el clima han sido parte consustancial en la historia de la Tierra. Y este colapso lo hemos fraguado los seres humanos en el marco de lo que se conoce superficialmente como el 'antropoceno'; en términos correctos corresponde al 'capitaloceno'». La conciencia que adquieran en este contexto nuestros pueblos podría contribuir a revertir sus efectos negativos, al modo de la cosmovisión de los pueblos indígenas, sintiéndose cada quien como parte de esa misma naturaleza que nos sirve de base para nuestra sobrevivencia, pero sin la separación aportada por la visión eurocéntrica que tanto ha generado a través de los siglos.

En este caso, la Pachamama, nuestra Madre Tierra, tendrá que ser reivindicada. Es una misión que debe motivar a todos al cambio radical del tipo de sociedad vigente. No es creer que, superada la pandemia, todo volverá a la normalidad cuando dicha 'normalidad' es la raíz del problema. Es un cambio de índole cultural necesario. Esto supone desprenderse de los conceptos y de los paradigmas que sustentan este tipo de sociedad, de modo que puedan concretarse, realmente, los ideales de la democracia, la libertad, la igualdad, la soberanía de los pueblos y, por supuesto, esa armonía que debiera existir entre la humanidad y la naturaleza. Algo que no debe limitarse a una simple enunciación idealista o utópica sino a una práctica social que se extienda a todos los ámbitos aunque ella implique mantener una lucha constante, asimétrica y, a veces, agotadora contra quienes (desde las grandes empresas capitalistas transnacionales) pretenden ejercer una hegemonía absoluta sobre los seres humanos y la naturaleza en beneficio exclusivo de sus intereses económicos. Esto exige una nueva conciencia, orientada al establecimiento de unas nuevas relaciones de poder, de unas nuevas relaciones de producción, de unas nuevas relaciones humanas y, básicamente, de unas nuevas relaciones respecto a nuestra Pachamama, nuestra Madre Tierra.

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09/05/2020 10:27 Homar Garcés #RyS. ECOLOGÍA No hay comentarios. Comentar.

LA EMPATÍA POPULAR VS EL DOMINIO GLOBAL

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A diferencia de lo que representa la empatía a nivel general, el sistema capitalista globalizado prioriza la satisfacción compulsiva del individuo a costa del interés y de las necesidades colectivas. De ahí que poco les importa a sus principales beneficiarios y auspiciadores que exista una asimetría social y económica que pone en entredicho las supuestas bondades que se generarán para todos de implementarse y acatarse sin ninguna oposición sus postulados fundamentales. Por ello, cualquier referencia a la justicia social, a la emancipación de los pueblos, a la democracia participativa y a la transformación estructural del Estado (esto último, orientado a asegurar de manera efectiva el ejercicio de la soberanía de las mayorías populares) es percibido como un atentado a la estabilidad, a la libertad y a la paz que defienden las clases dominantes de la sociedad, enlazadas éstas en un extenso conglomerado empresarial, cuyo objetivo primordial es la obtención de cuantiosas ganancias cada día.
Para el neoliberalismo económico globalizado es vital que la humanidad se envuelva en un proceso creciente de hiperconsumismo, incluso a riesgo de agotar por completo los recursos naturales y poner al borde de la extinción total a cualquier forma de vida existente sobre la Tierra. También estimula la autoexplotación entre las personas, independientemente de cuál sea su profesión u oficio, lo que le garantiza al capitalismo globalizado un nuevo ciclo de existencia, dando la impresión que evoluciona;  permitiéndose al mismo tiempo deshacerse de los derechos laborales que fueran conquistados a sangre y fuego por las masas trabajadoras desde hace más de un siglo. A ambas realidades se suma (ahora con mejor justificación, gracias a la pandemia del Covid 19) el miedo al otro, expresado en el rechazo (empapado de innegable racismo) de europeos y norteamericanos al ingreso de inmigrantes a sus respectivas naciones, al margen de cualquier noción y respeto del derecho internacional y de los derechos humanos; cosa que se ha extendido y manifestado con inusual virulencia en contra de la diáspora de venezolanos y venezolanas que buscaron mejores horizontes al sur de nuestra América, víctimas de un endoracismo inculcado por políticos y medios de información interesados en desviar la atención de sus conciudadanos hacia problemas locales acuciantes y explosivos. 
En un sentido amplio, de acuerdo con lo determinado por el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en sus estudios respecto al tipo de sociedad en que vivimos, en la actualidad se está instaurando una estrategia de dominio global que se basa en la separación de lo público de lo privado, lo que ha logrado que mucha gente esté más motivada a elevar su desempeño y potencialidades particulares a fin de disfrutar al máximo el éxito y el reconocimiento que le augura el capitalismo globalizado, pero sin llegar a involucrarse en las luchas reivindicativas de nuestros pueblos, excusándose de obedecer a cualquier moralidad opuesta que lo impida. Esto explicaría el por qué muchas personas le presten escasa atención a los problemas sociales, por muy simples que sean, adoptando posiciones que contradicen en un gran porcentaje la ideología que defienden (aunque éstas no sepan definirla como tal ni les importe hacerlo). Así, situaciones trágicas como las padecidas cotidianamente por las poblaciones de Yemen, Haití o Palestina no merecerán la misma atención que el atuendo o la extravagancia pública de algún cantante o estrella de cine de moda. Igual sucede con las afirmaciones y las negaciones extremas que se filtran por medio de las diferentes aplicaciones de internet, lo que conspira contra toda posibilidad de crear espacios y actitudes de sociabilidad, es decir, la posibilidad de emprender una mejor comprensión del mundo que nos rodea, de modo que éste sea transformado colectivamente. 
Queda concluir entonces que, frente a esta estrategia de dominio global (para muchos, todavía imperceptible) se debe erigir y defender la empatía popular. Ésta es parte de la historia común de las luchas y las resistencias protagonizada por nuestros pueblos, cuya trascendencia es minimizada por quienes pretenden sojuzgarlos en provecho propio, haciéndoles creer -gracias a su influyente industria ideológica- que sus acciones benefician a todos y fortalecen la estabilidad democrática en cada uno de nuestros países.

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09/05/2020 10:37 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.


MERCENARIOS, CIPAYOS Y AFINES

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Venezuela ha sido víctima de diversas formas de agresión por parte de Estados Unidos, indistintamente de quién se halle ocupando la Casa Blanca, en una estrategia combinada de acciones que incluye la puesta en marcha de una diplomacia siempre amenazante y el respaldo abierto a bandas armadas (con captación de delincuentes comunes, ligados al narcotráfico colombiano) que, de una u otra forma, contribuyan a la sustitución del gobierno de Nicolás Maduro por uno más acorde a sus intereses. Ahora, en medio de la pandemia del Covid 19, Venezuela se ve acosada por grupos de mercenarios, entrenados, equipados y financiados por el régimen imperialista estadounidense y sus gobiernos satélites de este continente, creando una situación similar a la experimentada décadas atrás por Cuba y Nicaragua, sólo por el hecho de no compartir la ideología que profesan sus líderes.

Asimismo, la utilización de mercenarios recuerda lo acaecido en Libia. Sin embargo, a diferencia de aquel escenario, las tácticas de los cipayos de este país se han caracterizado por un reiterado fracaso, teniendo a su favor que sus principales representantes se mantienen en libertad, en una inexplicable impunidad que es acremente cuestionada desde hace tiempo por la mayoría de la población venezolana. Todo ello en el marco de los planes estadounidenses para derrocar, primero al gobierno de Hugo Chávez y, actualmente, a Maduro, teniendo como clímax el golpe de Estado propiciado el 11 de abril de 2002, gracias a la acción concertada de los medios televisivos al servicio del  antichavismo que le hicieron ver al país y al resto del mundo una realidad distorsionada, pero ajustada a su objetivo de tomar el poder. 

Como ingrediente adicional, el régimen de Donald Trump ha endurecido y extendido las sanciones económicas que iniciara Barack Obama al calificar a Venezuela como una amenaza contra la seguridad de Estados Unidos, lo que se ha manifestado en dificultades para acceder a diferentes rubros e insumos necesarios para la actividad económica venezolana, pretendiendo de esta forma ahogar la economía nacional y estimular el descontento popular, de manera que este sea el caldo de cultivo para un alzamiento general que permita a Estados Unidos y a sus gobiernos satélites intervenir sin pudor alguno en los asuntos internos de Venezuela, tal como ya lo hacen ver cada vez a través de todos los medios de información. Esto último hizo que mucha gente migrara, atraída por las ofertas de bienestar y de apoyo de los gobiernos del continente, en una jugada que buscaba estimular un éxodo masivo de familias venezolanas que sirviera de excusa para condenar internacionalmente a Maduro y, finalmente, desalojarlo de la presidencia.
 
Con lo que no han contado (ni medianamente entendido) la cúpula política imperialista y los cipayos dentro y fuera del país es que la mayoría del pueblo venezolano tiene tras de sí una larga historia de luchas por su emancipación integral, lo que terminó de confirmarse al producirse la rebelión popular del 27 de febrero de 1989 cuando se le quiso imponer el paquete de medidas económicas neoliberales del Fondo Monetario Internacional como también al votar masivamente por Chávez en cada elección presidencial.
 
Aún arrastrando todas las penalidades creadas por el resentimiento y la ambición de poder de la oposición derechista, esta mayoría sabe que bajo un gobierno dirigido desde Washington no serán respetadas las diferentes conquistas sociales, políticas, culturales y económicas alcanzadas al amparo de la Constitución bolivariana y la democracia participativa. Y no porque exista un adoctrinamiento efectivo de parte del chavismo sino porque ha sido la misma derecha cipaya quien lo expresa con su discurso y su violencia racista, adosados a un repudio pertinaz de la Constitución vigente. Ante un panorama donde se deroguen todos los logros (aún limitados) de la democracia participativa, los sectores populares optan por mantener su amplio respaldo a Maduro y al chavismo. Quienes ignoran, a propósito e inconscientemente, la historia de luchas del pueblo venezolano no sabrán explicarse a sí mismos y a los inquilinos de la Casa Blanca el por qué de su continuo fracaso. Incluso, habría que advertir que otro tanto ocurre con un porcentaje de "líderes" chavistas que se mantienen aferrados a las viejas estructuras del Estado burgués liberal, pero esto ya sería otro tema pendiente por abordar. Mientras tanto, la realidad que confrontan mercenarios, cipayos y afines, bajo la tutela directa del régimen imperialista gringo, no es otra que la de un pueblo consciente de los pasos necesarios para alcanzar sus ideales de democracia participativa y protagónica, de autodeterminación y de soberanía; al contrario de aquellos que anhelan su total sumisión y exclusión del escenario público. Materia que les cuesta mucho asimilar a sus contrarios.

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09/05/2020 10:57 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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